Mi Niño [Saga x Milo]
Mi Niño
Clasificación: Para todo público
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada.
Género: Romance, Humor
Advertencias: ----
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Saga recuerda su pasado. Donde era un hombre amable y bondadoso hasta cuando fue controlado por Ares, donde su única luz fue el pequeño Milo de Escorpio. (Shounen ai) (Saga/Milo)
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One-Shot
I.- Culpa
¿Mi nombre? Tal vez cuando lo escuches tiembles
al recordar las maldades que en el pasado hice durante trece años. Tal vez
recuerdes al rostro del asesino de inocentes que quiso dirigir en el lugar de
un dios. Sí, porque ese soy yo. Un asesino que no le importaba nada. ¿Sabes?
Incluso encerré a mi propio hermano en una prisión para que se ahogara y se
libre de pecados. Él gritaba siempre que nos parecíamos que la maldad dentro de
mí florecerá en cualquier momento y cuando eso pasara ya sería muy tarde. ¿Aún
así quieres saber mi nombre? Bueno, lo diré: Soy Saga de Géminis, el guardián
de la tercera casa del Zodiaco y el futuro Patriarca.
Cuando apenas tenía quince años, era uno de los
elegidos para ser patriarca. Shion me había considerado apto para eso, pero al
final había decidido elegir a Aioros. Las palabras de Kanon empezaron a resonar
con más fuerza en mi cabeza.
— Debemos acabar
no solo con Athena sino con el maestro que eligió al inútil de Aioros.
Afortunadamente nadie en el refugio sabe que somos hermanos gemelos, podría
ayudar a matarlos y juntos podemos gobernar toda la tierra.
Fue entonces que mi vida cambió de rumbo.
Caminando hacia la cámara de Athena, y luego de matar al patriarca, alcé la
daga dorada dispuesto a atravesar el pecho de la recién nacida deidad, pero no
contaba con que Aioros se interpusiera en mi camino. Por supuesto no podía
permitir que él revelara mi identidad, así que mandando a los guardias para que
pudiera ser retenido, llamé a uno de los jóvenes caballeros dorados, Shura de
Capricornio.
Creí que nada me importaría ahora. Yo no tenía a
nadie de quien preocuparme, por eso me fue fácil deshacerme de Saga de Géminis,
para volverme la cabeza que dirigiría al santuario. Pero lo que no contaba es
que aquel niño de cabellera azulada se presentaría ante mí. La inocencia y
pureza que representaba me hacía flaquear cada vez más. Nunca me percaté lo
mucho que ese niño hizo por mí, Milo, futuro caballero de Escorpio. El único
ser humano capaz de quebrar cada uno de los muros que ponía alrededor. Él me
admiraba y siempre caminaba a mi lado para llegar a ser algún día como yo ¿Qué
pensaría si se enterara que todo lo que había sido solo era una vil farsa? ¿Qué
pasaría si se enterara de todo lo que planeo hacer ahora como patriarca?
Un recuerdo fugaz cruzó por mi mente.
Por un momento mi lado racional estaba
presentándose, no quería seguir lastimando a Milo, a él no.
Pero mi mente empezó a jugar otra vez conmigo,
recordando, aún sabiendo que eso solo traería desesperación y dolor a mi pobre
alma.
II.- Niñez
Cuando el sol empezaba a ocultarse, fue el
momento que eliminé al patriarca Shion, y lo dejé en Star Hill, en donde
mantuve su cuerpo inerte. Mis manos manchadas de sangre, su sangre fueron
cubiertas apenas escuché unos pasos y salí para poder eliminar al intruso que
se atrevía a profanar mis nuevos aposentos, más al verte tan intranquilo y con
los ojos opacos, mostrando una sombra de decepción mi corazón empezó a
oprimirse. ¿Por qué debías ser tú quien estuviera frente a mí? ¿Acaso sabes el
efecto que tienes sobre mí?
— Milo, ¡Qué bueno verte, por aquí!—le dije
mostrando una sonrisa sincera, la única que puedo regalarte y que tienes el
privilegio. Me miraste con curiosidad para luego sonreír ampliamente, por un
momento la sombra de tristeza y decepción se borraron de tus ojos turquesas —
¿Qué te trae por acá?—indague, pero al terminar de preguntar me arrepentí. Tus
ojos volvieron a mostrar la sombra de decepción que se había esfumado.
—El patriarca Shion me dijo que viniera, me iba a
contar una historia sobre lo que ocurrió en la antigua guerra santa — susurró —
Llevo esperándolo toda la mañana. Según me dijeron aún no baja de Star Hill,
pero él nunca se queda mucho tiempo. ¿Sabes dónde puede estar?
—No lo he visto Milo —pude ver como soportabas el
llanto. Eres orgulloso. Tal vez fue esa la razón por la cual siempre te
permitía estar a mi lado. Para mí, tú siempre fuiste una caja de sorpresas,
siempre mostrándome cada uno de tus gestos, tus expresiones, y por eso me
sentía más privilegiado.
Es por eso que no me arrepentí cuando te acogí en
mis brazos, tu pequeño cuerpo se amoldaba perfectamente entre ellos. Tu rostro
sorprendido lo ocultaste en mi pecho. Podía jurar que escuchaba tu pequeño
corazón golpear con tanta fuerza tu pecho que por un momento creí que se
saldría de ahí. Di un vistazo al lugar y desaparecí, utilizando el Another
Dimension para dirigirme a mi templo, donde ambos podríamos estar más cómodos.
Apenas reconociste el lugar corriste hacia mis
aposentos privados para subirte a mi cama. ¿Cuántas veces ya has estado aquí?
Debieron ser muchas si reconoces cada lugar. Por un momento la idea de que
siempre estuvieras aquí me perturbó. Casi siempre estaba en misiones o tenía
rondas nocturnas y era Kanon quien siempre se quedaba en mi templo, ocupando mi
lugar sin proponérselo, soportando al resto de los niños que siempre me
buscaban. No quería compartirte. La sola idea de saber que mi hermano también
tenía el privilegio de recibir tus sonrisas hacía que la ira que sentía
incrementara.
— ¿Qué clase de historia te iba a contar
Shion?—le pregunté al llegar a mi habitación y verte entre las cobijas de mi
cama.
—Sobre el antiguo caballero de Escorpio, mi
antecesor —dijo Milo aceptando silenciosamente el vaso de leche tibia que
preparé para él.
— Ohhh — solo pude decir sin saber exactamente
que decirle a Milo. Él no lo iba a demostrar pero sus acciones decían mucho —
Lo siento — solté involuntariamente, Me miraste con sorpresa, para luego
sonreír con ternura y abrazarme ¿merezco tu abrazo? Soy el causante de tu
decepción.
—No es tu culpa —me dijo aun abrazándome— El
patriarca se le habrá olvidado.
Te acune en mis brazos como tantas veces hasta
que te quedaste dormido. La túnica desapareció solo para dejarme con los
pantalones que usaba para entrenar. Frente a mí estaba el espejo de cuerpo
completo que me ayudó a ver lo inevitable. La sangre del patriarca.
Si ibas a dormir conmigo hoy, por lo menos
trataría que no sintieras el olor metálico de la sangre. No podía perturbar tus
sueños mi niño.
III.-
Adolescencia
Con mi desaparición, fue difícil sacarte de
Géminis en varias ocasiones. Tú no aceptabas que me haya ido, aunque en
realidad yo estuviera más cerca de lo que creías. Pero creo que esa era la
etapa que fue más fácil manejar. Te vi crecer y fortalecerte cada día. Dejando
desenvolverte como todo un fuerte y gallardo hombre. Aunque a veces creía que
te daba demasiada libertad, como aquella tarde, cuando el Arconte de Acuario
regresó de Siberia y tú deseabas ser el primero en recibirlo.
El atardecer se hizo presente, como patriarca
salí a caminar, estaba cansado y estresado, entonces te vi, tan ansioso, con
unos ojos tan brillantes que me pareció curioso. ¿Qué es lo que te tenía tan
entusiasmado como para estar fuera de tu templo? Caminabas de un lado a otro,
como si te debatieras en ir o no ir. Por unos momentos parecías dispuesto a
descender los templos, pero luego te retractabas. La situación he de confesar
que me pareció graciosa.
— ¿Por qué tan alegre Milo de Escorpio? —pregunte
con voz seria y autoritaria.
—Patriarca… — susurró hincándose hacia mí —
Solicito permiso para ir al primer templo — aunque parecía estar serio, su voz
lo delataba. Estaba ansioso y podía percibir una pizca de súplica.
La curiosidad que antes había incrementaba. ¿Qué
te tenía así?
— Sabes cuáles son las reglas, Milo. — sentenció
con firmeza, siendo testigo del mohín de disgusto infantil que puso.
— Pero… —
sabía que Milo no se rendiría fácilmente, además que la curiosidad estaba
ganando terreno.
—Está bien —acepté resignado observando que el
brillo de tus ojos regresaban— Lo haré con la condición que me digas, la razón
por la cual quieras ir allá.
Alzó su vista sorprendido mientras su rostro
empezaba a enrojecer. Una actitud poco inusual en él.
—Camus, él regresará hoy — susurró al final
desviando el rostro. Algo en mí empezó a vibrar, sabía que él estaba despertando.
—Anda no te entretengo más—le dije como si no me
importara y le di la espalda, sentí su mirada sobre mí pero al final se echó a
correr rumbo a la primera casa, Aries.
Mi otra personalidad estaba haciéndose presente,
como Saga de Géminis, sabía que debía olvidarme de Milo, él merecía estar con
alguien mejor, y si Acuario era el indicado no debía interponerme. Pero mi otro
yo se negaba a perder. Lo que era mío debía ser mío.
Mis pies empezaron a moverse por sí solos,
caminando por los pasillos secretos e ir a la primera casa. Me detuve cuando
escuché las exclamaciones de Milo y oculté lo más que pude mi cosmos para
evitar ser detectado.
Las columnas me servían como escondite y pude
acercarme sin que los otros dos me vieran.
Fue algo extraño ver tanta felicidad en los ojos
de Milo cuando corriendo se lanzó hacia Camus que ya lo recibía con los brazos
abiertos. Milo siempre había sido uno de los niños más infantiles y alegres que
habían aparecido en el santuario, tal vez esa era la razón por la cual varios
niños se acercaban a él. Era como un faro que guiaba a los demás, y Camus,
quien era todo lo opuesto, fue elegido para complementarlo. Sabía que llegaría
el momento en donde ambos cruzarían la delgada línea de la amistad para dar el
paso que definiría su relación. Y no me equivoqué.
Di media vuelta mientras apretaba mis puños.
— Deshazte de Acuario. Nos quitará lo más
valioso.
Por segunda vez, le haría caso.
Después de todo, los maestros de los hielos
siempre deben morir por su alumno ¿no?
IV.-Renacimiento
Llega el momento en que sabes que todo ha
terminado. Yo lo sentí así cuando mis ojos verdes cruzaron con tus turquesas.
Sabía las consecuencias que mis actos traerían cuando la verdad saliera a la
luz.
Siempre había dicho que, él único que tenía poder
sobre mí eras tú.
Ver tu decepción fue doloroso, como si una daga
me atravesara.
Athena lucía con una mirada fría, apuntando Niké
hacia mí mientras que yo la sujetaba. Quería salvarme, quería que tú me
salvaras. Pero tú no lo harías.
¿Sabes por qué?
Porque fui el responsable de la muerte de tu
mejor amigo y amante.
Fui el responsable de la muerte de tus camaradas,
y encima fui el verdadero traidor, no Aioros.
Sobre todo, fui la decepción. Tú, que siempre
creías en mí y defendías mi nombre aun cuando todos murmuraban que me había
vuelto otro traidor.
Mis errores no podrán ser borrados y tú ya no me
salvarías de mi mismo.
Moví la Niké de Athena, atravesando mi pecho.
Moriría para poder pagar mis pecados. Moriría por ti.
Mis cabellos grises, empezaron a cambiar a mi
color natural.
Mi mirada psicópata cambió por completo.
Mostrando una meláncolica.
No vi a Athena, no pude. En cambio mis ojos
buscaron los tuyos, esperanzados que me devolvieras la mirada, pero lo único
que vi, fue como cargaste el cuerpo inconsciente del caballero de Cisne. El
alumno de Camus.
Lo sabía… ahora velarías por él en nombre de
Acuario.
Solo espero, que algún día me perdones.
.
.
Podía sentirlo, como una voz cálida y bondadosa
me llamaba. Estaba seguro que esta vez no era Hades.
Athena me llamaba.
Intento responderle, decirle que la escucho, pero
mis labios estaban resecos y mi voz… no podía hablar.
Mi diosa seguía llamándome, quería decirle que
estaba aquí, pero mis intentos estaban siendo en vano.
Rendido y sin ánimos de continuar, pude sentirte.
Ahora eras tú quien me llamaba.
Alcé mi mano para poder alcanzarte, pero no te
veía, todo aun permanecía oscuro.
— ¡Saga! — esa voz… ¿Kanon? ¿tú también?
Siento como algo me empieza a arrastrar. Sentía
como me ahogaba, mis ojos se cerraron con fuerza esperando el impacto que nunca
llegó y al querer abrirlos los sentía
pesados.
— ¡Al fin, idiota! — exclamó Kanon mirándome con
molestia y… ¿preocupación? A su lado Athena lucía aliviada ¿Qué estaba pasando?
— Creímos que tu alma se había perdido en la
eternidad, me da gusto verte, Saga.
Aioros, él me miraba con una sonrisa. ¿Por qué no
me guardaba rencor? Sentía mis ojos escocer, había tenido que recorrer un
camino de espinas, aún después de la muerte y al parecer había dado resultado.
Solo esperaba que también él me hubiera
perdonado.
Podía sentir la penetrante mirada de Milo sobre
mí, poniéndome nervioso. Respiré profundo e intenté girar, más mi cuerpo no
respondió. Quiero verlo, quiero saber si en verdad él me había perdonado luego
de mentirle todos estos años.
Al parecer Kanon se dio cuenta de mis
intenciones, pues colocando una mano en mi hombro, agitó su mano para llamar a
Milo, que sin esperar se situó a nuestro lado.
— Saga — susurró Milo con una media sonrisa.
— Milo —respondí sin saber qué más decir.
La presión alrededor me hizo saber que me estaba
abrazando. Pude escuchar las carcajadas de Kanon a lo lejos que se burlaba de
mi rostro sorprendido, la exclamación de los alumnos de Acuario que intentaban
contener a su fúrico maestro. Mis brazos rodearon la figura más delgada en un
fuerte abrazo, mientras que mi rostro se enterraba en la curvatura de su
cuello.
Aspiré el suave aroma que salía de los cabellos
azules y me quedé por unos segundos absorto en ellos. La dulce fragancia de
manzanas, aquellas que te describen a la perfección.
— Creí que no volvería a verte, Saga — susurró al
separarse de mí. Parpadee confuso y miré hacia Kanon que aún seguía riendo.
Aioros se acercó a nosotros y colocó una mano
sobre el hombro de Milo.
— Cuando Athena nos resucitó, fuiste el último en
despertar. — comentó — Has pasado 5 meses en coma, por eso creíamos que tu alma
se había perdido en la eternidad.
Ahora lo entendía.
Tú siempre habías sido un hombre orgulloso, desde
que eras un pequeño niño lo eras. Era comprensible que al principio hayas
estado molesto, más el tiempo que pasó te hizo meditar las cosas. Eso
explicaría porque ahora lucía más tranquilo. a mirada resentida que me habías
dedicado en el pasado desapareció por
completo. Ahora podía decir, que me volvías a aceptar como compañero de armas.
Los rencores parecía haberse disipado, era como
volver el tiempo atrás. Todos juntos reunidos en uno de los templos, con Aioros
contando anécdotas de la época de aprendices. No pude resistir esbozar una
sonrisa al verlo.
— Creí que nunca más volvería a ver esa mirada
humilde en ti, Saga — la voz de Shion me sobresaltó. Haberlo matado será uno de
mis crímenes que no me perdonaría nunca.
Si no hubiera sido por Shion, tal vez Kanon y yo
hubiéramos terminado en algún orfanato, separados.
— Patriarca… yo…
— No te tortures más, ve y diviértete con tus
compañeros.
— Gracias… — susurré. Shion dio media vuelta
saliendo del recinto detrás de Athena y Dohko.
Esta nueva vida trajo muchas sorpresas para
todos.
Athena nos había dado a elegir; tener una vida
ordinaria o seguir siendo caballero.
Por supuesto, nadie quiso irse. Pero a pesar de
sus palabras, en su mirada el brillo de la libertad, de la vida común y
corriente de un hombre estaba en sus pensamientos.
Así fue como empezó el nuevo camino de cada uno.
Prometiendo volver cuando nuestra diosa lo necesitara.
Shion había decidido retirarse como patriarca,
dándome el puesto que tanto anhelaba, siendo Aioros mi mano derecha. El anciano
maestro (ahora joven) había regresado a los Cinco Picos llevándose a Shion con
él. Afrodita y Deathmask decidieron viajar por el mundo para seguir remediando
el daño que provocaron cuando estaba a cargo del santuario. Mu volvió a
desaparecer, dejando su legado en Kiki, que se convirtió en un gran caballero
dorado. Shaka volvió a sus orígenes.
Para sorpresa de todos, Aioria decidió irse a
España junto a Shura, según palabras de Aioros debían limar asperezas. Aunque
yo creo que hay algo más oculto.
Aldebarán y Kanon fueron los únicos que
decidieron quedarse con nosotros al igual que los caballeros de bronce, que
ahora portaban sus armaduras doradas.
Milo… ¡Ah Milo! él ya se había vuelto un hombre
que no necesitaba más de mí y eso lo tuve que aceptar cuando decidió también
irse. Mientras que estaba en mi estado vegetal, Milo y Camus volvieron a ser lo
amigos íntimos que fueron antes. Aquella línea roja que cruzaron fue subiendo
de nivel aceptando dar un gran paso que cambiaría la vida de ambos; casarse.
Como el nuevo patriarca, tuve que casarlos. No
importaba si yo sentía mi corazón estrujarse por dentro, si él era feliz, yo
también lo sería.
Ver la felicidad irradiar en su rostro fue el
mejor regalo que pude tener, aunque fue difícil dejarlo ir.
Una sonrisa surcó en mis labios mientras veía a
cada uno marcharse desde la entrada de la primera casa.
Mi mente empezó a jugar, yo no veía a ninguno
como los adultos que eran, más bien, la imagen de cuando eran unos niños era lo
que mis ojos veían, y tú estabas ahí.
(***)
(**)
(*)
Saga dejó de lado su cuaderno, estaba satisfecho
de haber terminado su diario. Las memorias del pasado, su pasado, plasmadas con
pulcra letra. Sus ojos se cerraron unos instantes, el tiempo había pasado
rápido. Diez años sin verse. En eso, unos brazos más delgados que los suyos
rodearon su cintura.
— Hola Saga — dijo una voz muy conocida por él.
— Milo —dijo sonriendo, giró su cuerpo para
devolverle el abrazo— ¿Cuándo volviste?
— Esta mañana —dijo mientras que lo soltaba— Hoy
es tu boda ¿cierto? —Saga solo sonrió lo más cálido posible, debía admitir que
aún seguía enamorado de ese muchacho, ya que un amor como el que sentía no se
podía borrar tan fácilmente.
— Sí, creí que aún estarías en Italia ¿Cómo va tu
nueva vida?
— Es como siempre soñé — se sentó en el sofá
frente a él, con una sonrisa enorme que a Saga le encantó comentó — Tengo una
hija… se llama Aileen. ¡Es preciosa! Tiene un gran parecido con nosotros. Su
piel tersa y pálida como Camus, al igual que sus ojos color violeta. Pero el
carácter es igual que el mío, al igual que su cabello.
— Veo que la vida te ha sonreído…
— ¡Así como a ti! — exclamó con alegría. Los
labios de Saga se curvaron mostrando una tierna sonrisa.
— “…”
— Por cierto… ¿Qué desearías de regalo? Sabes aun
no decido que regalarte ha pasado tanto tiempo —susurró apenado, sintiendo de
pronto algo de nervios por la penetrante mirada del mayor.
—Te lo diré, pero ¿me lo darías? —preguntó
mientras se acercaba al octavo custodio. Hasta acorralarlo.
— Claro —dijo Milo, estaba nervioso por la
cercanía de Saga, pero aun así no dejo de sonreír.
El mayor se acercó a él, acercando sus labios con
los del menor. Fue un beso lento y a la vez tierno. Las manos de Saga empezaron
a recorrer el cuerpo de Milo hasta llegar a sus caderas dejando a un Milo muy
sorprendido, las manos del menor que estuvieran aferradas a su pecho empezaron
el recorrido por los pectorales hasta rodear su cuello. Saga mordió ligeramente
el labio inferior metiendo su lengua con la ajena, entrelazándose. Se disponía
a desabrocharle la camisa, pero fue detenido por Milo.
— ¿Qué haces? —preguntó el menor, el geminiano lo
miraba, se sentía estúpido por dejarse llevar, iba apartarse, pero Milo lo
detuvo— Saga lo siento, pero yo amo a Camus —esas palabras lo destrozaron, pero
él tenía razón— Además te vas a casar —la voz del escorpión no sonaba molesta,
sino al contrario era suave y calmada.
— ¿Estas molesto? —preguntó temeroso a la
respuesta
—No, sólo sorprendido.
En eso la puerta se abrió dejando ver a Camus,
que al ver a su esposo acorralado por Saga se dio media vuelta furioso, Milo se
separó de Saga y se fue tras el francés.
—Nos vemos más tarde —gritó al salir de la
puerta.
Cuando la puerta se cerró, la figura de Camus se
hizo presente. Se encontraba con la espalda apoyada a la pared y los brazos
cruzados a la altura del pecho. Mantenía sus ojos cerrados y el ceño
ligeramente fruncido.
—Así que su regalo ¿verdad? —una sonrisa
divertida se dibujó en los labios griegos, que sin pensarlo se acercó hacia su
celoso esposo.
—Me tomó por sorpresa, pero eso ya lo sabes
¿verdad? —le guiñó el ojo de manera cómplice, el francés se sonrojo y desvió la
mirada, tomándolo por la cintura.
—Si se hubiera propasado, hubiéramos celebrado un
funeral en vez de boda —Milo solo soltó una carcajada.
— Sabes que te amo, pero también sabes que él fue
mi amor de niñez —comentó con melancolía. Camus solo frunció el ceño, apegando
el cuerpo del griego hacia él. Estaba considerando matar congelado a Saga—
Pero, yo estoy contigo y así será para siempre —compartieron un beso
apasionado, demostrando todo el amor que sentían en aquellos momentos. La
pasión empezaba a descontrolar a Camus que intentaba desabotonar la camisa de
Milo, más éste lo detuvo— Aquí no mi amor.
Siguieron su camino hasta perderse en el pasillo.
Milo y Camus no lo notaron, pero justo detrás de la puerta, Saga había
escuchado toda la conversación. Su mirada esmeralda brillaba con intensidad y
sus labios dibujados en una sonrisa amenazaban con soltar algunas risas. Todo
este tiempo Milo estaba enamorado de él, tal vez no lo superaría nunca, pero
podía estar seguro que ahora podía seguir su vida con normalidad y sin dudas.
— Ay mi pequeño niño —dijo y se regresó a la
habitación para terminar de arreglarse.
~o~FIN~o~
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