jueves, 31 de diciembre de 2015

Beso Indirecto [Milo/Camus] [Saga/Kanon]

Beso Indirecto


Clasificación: Para todo público

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Humor

Advertencias: ----

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:  Cuando se disponía a entregar un libro que le prestaron, Camus escucha accidentalmente una discusión entre Saga y Kanon, donde el primero le recamaba al menor sobre el beso indirecto que le dio a cierto arquero. (Yaoi) (Milo/Camus) (Saga/Kanon)


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One-Shot


— ¡Ya deja de hacer drama!

— ¡Entonces deja de darle un beso!

—No le he dado ningún puto beso ¡Joder Kanon! Deja tus celos.

Camus, futuro caballero de Acuario, siempre se consideró el caballero dorado más inteligente del santuario, su habilidad de comprender las cosas más complicadas para un adulto le orgullecía, para sus siete años ese era un gran motivo, y era por eso que no entendía porque ahora, frente a sus ojos, los gemelos Saga y Kanon se encontraban peleando por algo que, para él, no tenía sentido. Y es que, el nuevo problema que había surgido desde hace una hora, fue, según palabras de Kanon, el beso indirecto que su hermano se dio con el joven caballero de Sagitario. Camus apretó con más fuerza el libro que tenía en sus bracitos y se acercó a ambos que no se habían percatado de su presencia.

—Saga… —llamó tímidamente, más ambos mayores no  le escucharon por los gritos que se lanzaban— Saga… —volvió a llamar esta vez alzando más la voz, pero al ver que n le escuchaban, decidió tomar aire y gritar— ¡Saga!

—Oh, perdona Camus ¿Qué ocurre? —dijo el gemelo mayor apenado por haberlo ignorado.

—Te busque a tu templo para devolverte el libro, pero no te encontré… —al ver el entrecejo fruncido de Kanon y sus mejillas ligeramente infladas miró a Saga interrogante.

—Kanon solo hace un berrinche.

— ¡No es un berrinche! —rugió Kanon asustando un poco a Camus, se acercó al pequeño francés y se agachó a su altura— Escucha Camus, esto es un consejo que te voy a dar, y tal vez el último. —el menor lo miró atento asintiendo suavemente— Nunca, ¡JAMÁS! Permitas que Milo tome de la botella de otra persona, o nunca permitas que él le dé una botella a otra persona que no seas tú. Porque eso significa que le está dando un beso. —al terminar de decir eso Saga se dio un golpe en la frente mientras negaba con la cabeza.

— ¡Kanon! No le des un consejo tan malo a Camus —se agachó hasta quedar en la misma altura que Camus y movió su cabeza negando las palabras de su hermano— Ignora a Kanon, como te dije, solo está haciendo su berrinche.

Camus decidió que era momento de irse, y a pesar de creer en las palabras de Saga, algo le inquietaba. Las palabras de Kanon aun resonaban en su pequeña cabecita, y es que… había visto a Milo darles de su botella de agua a varios de los aprendices, ¿acaso eso significaba que Milo les dio a todos ellos un beso? Solo al pensarlo hizo que se enojara, y sintiera un fuerte dolor en su corazón. Sus ojos violetas empezaron a anegarse de lágrimas y caminó con más velocidad hacia el coliseo, donde todos ya estaban reunidos. En el camino su cabecita pensaba en miles de cosas ¿Milo sabría que estaba besando a todo el mundo? Intentó recordar todas aquellas veces que Milo había dado de beber de su botella de agua a sus compañeros. De repente se dio cuenta de algo… a él jamás le dio un beso. Apretando sus puños contra sus piernas empezó a correr.

Jamás creyó tener esa clase de sentimientos, es decir… Milo era su mejor amigo, entonces ¿Por qué le molestaba tanto el que no lo haya besado? Miraba a su alrededor intentando localizar los cabellos semiondulados de Milo. Éste se encontraba charlando animadamente con Mu y Shaka, aunque el rubio parecía que no les escuchaba. Respirando profundamente, se acercó decidido hacia donde estaba su amigo.

— ¡Milo! —habló con voz firme atrayendo la atención del resto. El aludido giró su cabeza y le sonrió entusiasmado.

— ¡Camus! Creí que tendría que ir por ti a las doce casas ¿Por qué demoraste tanto? —sin responder al interrogatorio de su amigo, Camus se acercó arrebatándole la botella de agua que traía en sus manos. Lo había visto beber antes de llegar hasta ahí, así que, armándose de valor y con los nerviosismo a flor de piel, se bebió todo el líquido y lo miró fijamente, manteniendo su rostro aun serio. — ¿Camus?

— ¡A partir de ahora no quiero que les des a nadie más tu botella de agua! ¿Entendiste? —Milo parpadeó un par de veces confundido y sonrió con alegría moviendo su cabeza rápidamente.

— ¡Sí! —los demás aprendices no entendían que había pasado y a que se refería Camus con respecto a la botella de agua, pero decidieron no darle importancia al asunto, ese par siempre fueron muy unidos que solo ellos hablaban su mismo idioma.

— ¿Qué está ocurriendo aquí? —susurró Saga que recién llegaba, Aioros que había presenciado la pequeña escena de ambos niños, sonrió divertido.

—Camus marcó su territorio. —Saga lo miró sin entender que trataba de decir su amigo castaño. Aioros señaló hacia la botella vacía y lo comprendió— Aunque al parecer Kanon también lo hizo… deberías taparte esos chupetones Saga.

— ¡Cállate Aioros! —gruñó al escuchar las carcajadas de Aioros, intentó tapar lo mejor que podía las marcas, ya se encargaría de darle una lección a su hermanito.



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—Mmm —Milo miró con curiosidad como Camus bebía de aquella botella de agua, su mente empezaba a retroceder varios años atrás, donde aún eran dos aprendices. Algo parecido había ocurrido. Sin darse cuenta una sonrisa apareció, atrayendo la atención de Camus.

— ¿Qué ocurre? —preguntó. Milo negó con la cabeza y sonrió más.

—Solo recordaba algo… ¿nos vamos?

— ¡Sí!

—Por cierto Camus… —Camus lo miró, esperando a que continuara— Ese día… ¿Por qué bebiste toda el agua de mi botella?

— ¿Ah? —susurró parpadeando un par de veces sin comprender a que se refería. Pero un recuerdo lejano, donde un pequeño niño de cabellos azul-turquesa había bebido, en un arrebato, de la misma botella apareció. Sus mejillas pálidas empezaron a enrojecer al recordar el motivo, y más cuando el griego empezó a beber de la misma botella que él ¿Por qué Milo justamente recordaba eso? — Bueno… yo…

— ¡Ey, chicos! —llamó Kanon con una sonrisa atrayendo la atención de los más jóvenes.

— ¡Hola Kanon! —saludó Milo con una sonrisa, Camus solo se limitó a asentir.

—He estado haciendo los encargos que mi malvado hermano me obligó a hacer y muero de calor —se quejó— ¿Me invitas algo de agua Milo?

—Clar…

— ¡No! —gritó Camus, sobresaltando a ambos. Milo no entendía que le había pasado hasta que Kanon empezó a reír a carcajadas.

—Ok, ok, veo que al final seguiste mi consejo ¡Bien hecho Camus! —Miró su reloj y empezó a caminar— Los veo en las doce casas. Adiós. —se despidió sin voltear, alzando solamente la mano.

— ¿Camus…? —Milo volteó intentando descifrar que había pasado, más Camus empezó a caminar con más rapidez. — ¡Camus! ¡Camus! —Gritó intentando alcanzarlo— ¡Camus de Acuario detente ahora!


~o~FIN~o~

Comentarios de la Autora:
Este fic surgió cuando en una anime mencionaron los besos indirectos (justamente la protagonista bebía una botella de agua xD y el chico iba a beberlo sin limpiar y ella dijo: ¡Un Beso Indirecto!), también en un dou que estaba leyendo y dije: El universo quiere que escriba sobre besos indirectos XD Aunque sinceramente, traté de ponerle un poco de humor (no soy buena en ello u3u) pero aun así siento que algo le faltaba -3-

En fin, gracias por tomarse su tiempo de leer y no olviden dejarme un reviews para saber si les gustó o no. SOLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS.

Se despide Nikiitah.


Una llamada lo cambió todo [Milo/Camus]

Una llamada lo cambió todo


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Humor

Advertencias: Lemon

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Luego de ser ignorado Milo recibe una llamada de Camus que le pide ir a su departamento urgente, sin saber la sorpresa que se llevaría apenas cruce la puerta. (Yaoi) (Milo/Camus)


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Las manos acariciaban con desesperación el cuerpo del menor como si éste se fuera a escapar en cualquier momento, tal vez lo presentían, nunca se lo podía tener sólo sin que su sombra estuviera cerca y era justo lo que pasó a continuación, el timbre del celular se empezó a escuchar con insistencia haciendo enfadar al mayor que no deseaba ser interrumpido. Había esperado tener ese trío por mucho tiempo y no iba a permitir que quien sea interfiriera, pero la mano del menor fue más rápida y al escuchar la voz al otro lado del teléfono toda la pasión y la excitación que tenía se esfumó. Ambos hermanos se miraron por encima del hombro del menor sabiendo quien era el dueño de la llamada e intentaron en vano detenerlo entre sus cuerpos. Se movieron lentamente para volver a encender la chispa del deseo pero el menor decidió ignorarlos. Con una sonrisa traviesa besó al par y se escabulló hacia fuera de la biblioteca.

El mensaje fue claro, era urgente que fuera a su departamento, y él como su mejor amigo debía ir, porque en su vida el francés era lo más importante que tenía. Camus había estado actuando raro últimamente, lo rehuía cada vez que se veían incluso llegaba a ignorarlo, y eso empezaba a exasperar. Ambos son los mejores amigos, se conocían prácticamente desde que nacieron, luego del accidente de sus padres en la carretera ellos se tenían el uno al otro y nunca más se habían separado. La indiferencia del francés lo estaba matando.

Por suerte para Milo, el departamento del mayor no estaba tan lejos y en menos de cinco minutos llegó. Hace tiempo le había propuesto a Camus que vivieran juntos, ambos eran los mejores amigos desde que eran unos niños se conocían mejor que ellos mismos y eso era lo que había impulsado al menor a decirlo, pero el francés se había negado, alegando que se sentiría incómodo cuando ambos tuvieran pareja. Debía admitir que eso le molestó un poco, quería mucho a Camus pero nunca creyó que llegaría el día en el que tuviera una pareja o estuviera con alguien que no sea él. Al llegar, sacó de sus bolsillos las copias de las llaves que Camus le había entregado en caso de una emergencia y entró. El lugar estaba oscuro y en silencio, las ventanas estaban cerradas evitando que el sonido del exterior se filtrara en el departamento. Milo quiso prender la luz pero era imposible, las luces no funcionaban y eso lo puso alerta. Su corazón empezó a latir con fuerza al pensar que algo le hubiera pasado a su amigo dirigió su mano al bolsillo de su casaca para sacar su celular pero no lo encontraba.

— Tal vez se quedó con los gemelos... — susurra — ¿Camus?

Caminó despacio intentando no hacer ruido pero la suave melodía le hizo dar un respingo, no era terrorífica, más bien era... ¿romántica? Un suave aroma a rosas y chocolates lo embriagó por completo cerró sus ojos cuando sintió unas manos tocar su torso con timidez, el tibio aliento en su oreja le hizo estremecer.

— Tardaste... — susurra — Abre los ojo mon ami.

Al reconocer la voz Milo obedece sorprendiéndose al ver el pasadizo alumbrado con velas aromáticas, en el suelo había un camino de pétalos de rosas ¿cómo no se había dado cuenta antes? Las frías manos de Camus en su brazo lo hizo voltear y cuando lo hizo sintió que su corazón se aceleraba con fuerza. Camus llevaba puesto el traje de Ganímedes que le regaló para una fiesta de disfraces que había organizado, aunque al final no lo había usado al sentir que demostraba mucho. Ahora que lo tenía frente le había gustado la idea de que no lo usara, Camus se veía exquisito, y más con el leve sonrojo en sus mejillas.

— Camus... ¿Por qué...?

— Quise darte una sorpresa... — susurra, mientras que sus manos desabotonaban la camisa de Milo — Vamos mon ami...

Todo había pasado tan rápido que no le dio tiempo de reaccionar. Camus le besó con timidez en los labios y luego con una sonrisa salió corriendo hacia el interior de la casa, Milo que salió de su aturdimiento sale corriendo hacia donde Camus se había ido. Las velas se apagaron dejándolo en las penumbras a excepción de una que se encontraba en medio de la mesita de noche, Milo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caerse, y tuvo que seguir  hasta donde estaba la vela, una pequeña nota escrita por la perfecta caligrafía del francés se podía apreciar eran algunas pistas que había dejado donde podría estar, y de paso recoger algunas cosas. La primera le había dirigido hacia la biblioteca donde una vela estaba encendida y en ella una nota al lado de una bolsita de tela. Camus le decía que no la abriera hasta que fuera a su habitación. El aroma a rosas se hacía más fuerte con cada paso que daba embriagándolo, a abrir la puerta una lluvia de pétalos se alzó y la música se empezó a hacer más fuerte hasta detenerse por completo. La puerta se cerró con fuerza y el sonido de la llave se escucha.

— Bienvenido mon amour.

La sonrisa en los labios galos fue el detonante para que la lujuria y el placer recorrieran su cuerpo, Camus rodeó con sus brazos el cuello de Milo y éste la cintura del francés, los labios de ambos empezaron lo que sería el inicio de una nueva etapa en sus vidas. Milo lamió los labios de Camus y mordió con suavidad el labio inferior. Ambas lenguas se encontraron al instante dando inicio a la danza prohibida en donde Milo salió vencedor. Las manos inquietas del griego empezaron a quitar con torpeza la ropa de Camus que a través de tirones logro quitar la camisa y abrir la bragueta dejando expuesto el enorme y palpitante miembro, con una juguetona sonrisa empuja a Milo hacia la cama y se dirige hacia uno de los cajones donde saca una botellita color marrón, jarabe de chocolate, leyó el griego sonriendo ampliamente.

— Mmmm interesante — susurra mientras sonreía de costado. Camus se acercó hacia el miembro embarrándolo por completo. La bolsita de tela había quedado olvidada sobre el pequeño buró.

La fría sensación hizo que Milo soltara un gemido placentero, su cabeza la hizo para atrás y cerró sus ojos con fuerza, quiso agarrar a Camus y si era necesario obligarlo a que le hiciera una felación pero el sonido de algo cerrarse lo hizo abrir de nuevo sus ojos. Camus lo había esposado y mostraba una sonrisa traviesa dibujada en sus labios. ¿De dónde lo había sacado? La respuesta vino cuando recordó la bolsita de tela que le hizo traer. Camus quitó el resto del pantalón de un solo tirón dejando a Milo completamente desnudo y se posicionó a la altura del pene para luego dar una pequeña lamida, con su mano derecha agarró el miembro y la otra empezó a acariciar con ternura los testículos. Engulló por completo sintiendo como el dulce sabor del chocolate empezaba a mezclarse con el líquido salado del semen.

— Ngh... mmmm... — Milo intentó reprimir los gemidos, quiso tocar también a Camus pero éste no se lo permitía. Camus siguió con su felación, bajando y subiendo, dejando que sus dientes presionaran un poco el miembro — C-Camus...

Era la primera vez que veía esa faceta de Camus y le sorprendía mucho. Su amigo era muy tímido y en algunas ocasiones frío, siempre paraba callado y casi no socializaba con los demás, aunque bien dicen que los callados son los más pasionales y ahora lo creía. Cada vez que el chocolate se terminaba, Camus echaba más. Milo se sorprendía de lo mucho que estaba resistiendo ante las caricias que le daban. Un gemido gutural dejó escapar mientras derramaba su esencia dentro de la boca de Camus, quien no le importó y tragó la esencia de Milo sin dejar ninguna gota.

— Delicioso... nunca creí que tu sabor sería tan exquisito — susurra en el oído de un jadeante Milo — Pero esto aún no termina...

Bajo la atenta mirada griega, Camus empezó a desnudarse con lentitud, primero dejando descubierto sus hombros y luego el resto de su torso. Milo solo se relamía los labios gustoso al ver como la piel cremosa del francés empezaba a dejarse expuesta. Camus se dirigió hacia el cinturón y desató la cinta azul haciendo que la túnica cayera al suelo. Se subió gateando a la cama encima de Milo y se sentó en las caderas de Milo, empezando a frotar sus nalgas sobre el flácido miembro que empezó a despertar. El griego intentó liberarse del agarre de las esposas pero le fue imposible.

— Camus... — gimió lastimero — Suéltame...

— No — las palabras sonaron firmes, pero aún así Camus disfrutaba torturar a Milo — Quiero torturarte un poco más...

Siguió moviendo sus caderas con frenesí y agarró la botellita de jarabe, para su suerte aún quedaba chocolate. Embarró todo el contenido sobre el amplio pecho y con una mirada juguetona que reconoció Milo empezó a lamer el contenido mordiendo de paso los pezones hasta dejarlos erectos. Camus también estaba excitado pero debía usar su autocontrol si deseaba seguir, tocando su miembro empezó a masturbarse bajo la atenta mirada de Milo que estaba por llorar al no poder tocar el cuerpo del galo.

— Camus... ¡Camus!

Cuando terminó todo el chocolate, Camus se apiadó del griego y lo soltó. A penas sus manos quedaron libres, se abalanzó hacia el delgado cuerpo abriendo las piernas de Camus y acomodándose entre ellas.

— ¿Impaciente? —susurra con diversión al ver los ojos cargados de deseo de Milo.

— No sabes cuanto... — se dirige hacia el cremoso cuello, dando una lamida y luego una mordida, succionando con fuerza — Eres mío...

— ¡...! — los ojos de Camus empezaron a brillar con emoción y agarró la mano de Milo empezando a chupar gustoso los dedos.

— Camus... — susurra con deseo. Ninguno de los dos dijo otra cosa. Ambos embriagados por la lujuria y el deseo empiezan su danza.

Camus empieza a gemir suavemente al sentir los dedos del griego jugar en su interior, su mano acaricia la excitación de su amante frotando con fuerza pero a la vez jugueteando con la puntita. Cuando ya estaba listo, Milo reemplaza los dedos por su erección, metiendo apenas la puntita y deleitándose con cada expresión en el rostro de Camus. De un empujón logró meterse hasta llegar al fondo tocando la próstata y haciendo que el cuerpo de Camus se arqueara por el placer, sus finas manos se dirigen hacia la espalda ancha enterrando su uñas. Los cabellos de Milo caían sobre sus hombros haciéndole cosquillas en el proceso. El dulce aroma a manzanas logra embriagarlo aún más. Moviendo sus caderas, le avista para que la erótica danza de sus cuerpo comience.

Los gemidos empezaron a escucharse como un canto que solo ellos tenían el derecho de escuchar. Con cada estocada que daba el cuerpo de Camus lo recibía gustoso, apresando el pedazo de carne. Las blancas y largas piernas rodearon la cintura de Milo apegando ambos cuerpo, el orgasmo estaba cerca y la estrecha cavidad de Camus se lo decía. Un grito ahogado de parte de ambos los hizo tocar el cielo. Milo derramó toda su esencia en su interior mientras que Camus hacía lo mismo entre ambos vientres.

— Te amo — soltó con una sonrisa divertida al ver el rostro de sorpresa de Milo. No esperó un 'Yo también', Camus atrajo el rostro del griego y lo besó con ternura. No le importaba que no lo amara, con haberle dado esa noche inolvidable le bastaba. Al separarse se acurrucó en el pecho de su amigo y cerró los ojos resistiendo las lágrimas que amenazaban con salir.

— Yo también te amo, Cam — alzó su vista sorprendido encontrándose con la sonrisa tierna de Milo. No pudo evitar sonreír ante eso, aunque él no era de demostrar sentimientos siempre haría una excepción con Milo — Pero eso no evita que me hayas torturado...

— ¿Qué...? — no pudo terminar de hablar al sentir los labios carnosos del griego sobre los suyos y sentir el frío metal de las esposas sobre sus muñecas. Milo lo había esposado sobre su cama, lo que significaba... — M-Milo...

La lengua tibia del griego empezó a degustar el miembro del galo que había vuelto a despertar por la suave caricia. Esta vez no había chocolate pero a Milo eso no le importó, prefería sentir directamente el sabor de su amado, que ahora le pertenecía solamente a él. Y así pasaron las horas, algo le decía a Camus que ese día no tendría descanso y así se lo hizo ver Milo que durante toda la noche en la que Camus perteneció al griego. Ambos se dejaron caer agotados, Camus acurrucado en el pecho de Milo y éste acariciando los cabellos de Camus, sus manos estaban entrelazadas y una sonrisa dibujada en sus labios.

— Realmente creí que algo te había pasado — rompió el silencio.

— ¿Mmmmm? pero si no lo decía no me hubieras hecho caso — susurra, un pequeño bostezo se escapó de sus labios.

— Tonto... no importa con quien esté, siempre que se trate de ti yo estaré a tu lado — Camus enterró su rostro en el pecho de Milo para evitar que mirara su sonrojo — Por cierto... ¿cómo aprendiste hacer sexo oral? Que yo recuerde nunca has tenido pareja...

— ¡Ah! lo vi en una de esas películas que tienes debajo de tu cama, lo saqué el día que fui a tu casa.

— ¿Películas...? — Milo enmudeció y se levantó mirándolo sorprendido y sonrojado — ¡Camus, eso es...!

— ¿Qué es...? — habló con un tono inocente Camus esperando a que el otro completara su frase, Milo solo se echó en la cama tapándose el rostro por la vergüenza, nunca más dejaría a Camus solo en su habitación.



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Milo suspiró cuando su mente recordó ese día, habían pasado 5 meses desde que se volvieron pareja, hasta ahora al griego le parecía increíble que Camus fuera un experto en el tema del sexo, y a veces pensaba que en realidad sí había tenido por lo menos una pareja, y aunque ese era un tema que le molestaba no podía reclamarle. Además ¿cómo era que acertaba en realizar sus fantasías más profundas?

— Creo que al final será Shun quien se confiese...

— Confío en Hyoga, después de todo es mi hermano.

— Por ser tu hermano es que lo digo Milo, es igual de despistado que tú.

— ¡Oye! yo estaba a punto de enloquecer cuando me ignorabas ¿cómo iba a saber que te gustaba? — Camus besó su mejilla y se sentó a su lado.

— Te di muchas pistas… incluso los gemelos lo sabían —se alzó de hombros restándole importancia, ahora ya no le importaba, Milo estaba a su lado

— Cam... ¿en serio viste esas películas? — preguntó sintiéndose ansioso.

— En realidad no sabía sobre dichas películas — sonrió de lado al recordarlo — Pero si querías dibujarme contigo en posiciones sugerentes te sugiero que a la próxima vez te compres un cuaderno de dibujos...

— Espera... ¡¿Qué?! — escuchando la suave risa de Camus, Milo se levantó caminando hacia su salón de clases, tendría que arrancar las últimas hojas de sus cuadernos.


Un Idiota Encantador [Milo/Camus] [Kardia/Degel]

Un Idiota Encantador


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Humor

Advertencias: --

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Camus ha empezado a experimentar sentimientos hacia Milo, un muchacho arrogante con quien siempre suele pelear, pero un pequeño accidente le hará ver que... el idiota puede ser encantador. (Yaoi) (Milo/Camus) (Kardia/Degel)


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Su mirada se perdió, como tantas otras veces, en aquel cuerpo divinamente esculpido mientras que un suspiro brotaba de aquellos finos labios. Se sentía en las nubes cada vez que ese alto, atlético y encantador muchacho pasaba a su lado, con esa brillante mirada turquesa que dedicaba solo a sus victorias en las competencias en que participaba. Le provocaba un sentimiento cálido, ternura quizás; incluso cuando hacía algunas de sus tontas bromas en clase siempre conseguía sacarle una sonrisa. Y eso que siempre se había considerado a sí mismo como un hombre muy serio.
¿Qué había hecho ese joven para tenerlo así de enamorado? Por que sí, se había enamorado de ese sujeto que al principio le resultaba arrogante y altanero; sin embargo, había un ‘pequeño’ inconveniente: ambos se detestaban.
Bufaba algo disconforme en cuanto el recuerdo volvía a su mente, si ambos hubieran tenido un primer encuentro algo... diferente, podrían haber sido aunque sea amigos, pero el hubiera no existe.

Su mirada violácea se perdió en el paisaje que se mostraba afuera, cerca al instituto se podía ver un hermoso jardín de rosas rojas que, desde que había descubierto aquel sentimiento, le habían parecido hermosas. Hundirse en aquellas fantasías le hacía suspirar casi a cada momento ¿Quién podría culparlo? Era la primavera, esa estación tenía la culpa.

— ¡Hola, ratón! — le dirigió una mirada fría al dueño de aquella voz, pero aún así no pudo evitar que su corazón latiera con rapidez, porque sí, ese era...

— Milo — masculla con molestia — Ya te dije que dejaras de llamarme ratón — tiempo atrás había dejado de llamarlo por su apellido, tal vez porque el griego le había insistido hasta el hartazgo o tan solo porque, en el fondo, buscaba la manera de ser más cercano a ese joven que le robaba el sueño.

— ¡Vamos, ratoncito! — pasó su brazo por encima de los hombros de Camus para acercarlo a sí mismo y sonreír abiertamente — Sé que te gusta ese apodo, además te va bien.

— Suéltame — le da un codazo a sus costillas con algo de fuerza, obligando al otro a soltarlo. Soltando un bufido el muchacho se va hacia las mesas de al fondo donde, como siempre, los gemelos Saga y Kanon, el italiano apodado "Death Mask" y su inseparable amigo Aioria lo esperaban.

Suelta un nuevo suspiro cuando escucha las risas de los más revoltosos del instituto y, apoyando la cara en su mano, vuelve a mirar por la ventana. Aunque deseaba que las horas pasaran con rapidez, el tiempo parecía transcurrir a un ritmo lento y despreocupado. Como burlándose de él.

— Parece que otra vez Milo te molestó ¿qué te dijo esta vez?

— Ratón — el mayor no puede evitar soltar una carcajada al escuchar aquel apodo — ¡No te rías, Saga!

— Lo siento... es que... — intentaba no volver a reír pero le resultaba imposible — No puedo creer que Milo siempre trate de ponerte sobrenombres... por lo menos es mejor que ‘cabeza de alga’ ¿no?

— Tal vez... — desvió su mirada algo avergonzado — Es tu hermano... debes saber algo ¿no?

— No tengo ni la menor idea — respondió alzando los hombros, claro que sabía, pero no podría delatar a su hermanito.

— Estoy harto de su burlas... ¿Acaso no tiene él algún defecto?

— ¿Defecto? — arqueó una ceja, no creyendo del todo las palabras del francés ¿Enserio hablaban del mismo Milo?

— ¿Qué?

— Creo que estudiar tanto ha hecho explotar tus neuronas — dice con diversión — Los defectos de Milo son incontables...

— ¡...! — al darse cuenta de lo que había dicho no pudo evitar sonrojarse y ocultarse tras su libro — Como sea...

Saga negaba con la cabeza al ver las reacciones de su compañero y miró de reojo como sus hermanos se reían de la pelea de Death y Aioria; decidió no mencionar nada más y fue hacia su asiento cuando la profesora de Francés apareció.

Aquella clase pasó sin emociones ni contratiempos, más le daría una grata sorpresa al final. La profesora le solicitó unos minutos de su tiempo para hablar y él, antes de obedecer, dio un vistazo rápido a Milo que prácticamente corría fuera del salón. La mujer miró a Camus con gesto pensativo, como si dudara aún de lo que tenía que decirle al muchacho que esperaba con paciencia las palabras de la docente.

— Camus, sé que eres uno de los mejores estudiantes, y sobre todo eres francés — el joven le miró interrogante pero aun así no interrumpió — Uno de tus compañeros ha tenido problemas con la clase y no hay mejor candidato para ser su tutor que tú.

— No se preocupe — dijo con suavidad — Con gusto lo seré.

— Muchas gracias joven Camus, puede retirarse — asintiendo tomó sus cosas y salió cuando la mujer le entregó el nombre de la persona a quien enseñaría.

(***)

(**)

(*)

— ¿Tutor? — dijo sorprendido Shura — ¿De quién?

— Míralo tú mismo — desviando su rostro le extiende el pedazo de papel que le entregaron. Al principio, el español no entendió de dónde venía tanta timidez por parte de Camus pero al leer no pudo ocultar su expresión burlona.

— Entonces deberías aprovechar, podría ser tu oportunidad para que dejaras de babear por Dalaras.

— No babeo por Milo...

— Mmm ahora es Milo ¿eh?

— Cállate, no debí decirte nada.

— Venga, hombre — le dió una ligera palmada en su hombro — Todos en el salón saben que babeas por Milo y él por ti.

— Solo me ve como un ratón de biblioteca. Además, desde que llegué al instituto me ha estado haciendo bromas.

— ¿No sabes lo que dicen? Del odio al amor hay un solo paso...

— Si tú lo dices...

Camus simplemente suspiró, si Milo lo viera como hombre y no solo como su blanco de bromas desde el principio, todo hubiera sido diferente. Cuando apenas había llegado a Grecia desde Francia, y asistió el primer día al salón de clases, solo bastó que sus miradas cruzaran para saber que él era el indicado, pero lastimosamente por un pequeño error, o mejor dicho ‘confusión’, habían protagonizado una estúpida riña que dio inicio a la extraña relación que ahora tenían.

(***)

(**)

(*)

— ¡Otro reprobado! — gritó colérico — ¡¿Cuándo vas a aprender que primero son tus estudios y luego las fiestas?!

— Tranquilo viejo, ya hablé con la profesora y dijo que me colocaría algún tutor...

— ¿Y qué harás con la nota? ¡Joder, Milo! Es importante que saques altas calificaciones si quieres ir a una buena universidad y...

— ...ser alguien en la vida — completó imitando la voz de su padre, que lo miró con rabia — Ya lo sé viejo, pero...

— Pero el pequeño Milo está enamorado — canturrean Saga y Kanon, logrando sacar una carcajada de Kardia que miraba con expresión burlona al menor de los hermanos.

— ¿Enamorado? ¿de quién? — pregunta con confusión Zaphiri, el padre.

— Un francés — responde Kanon alzando sus hombros — ¿Por qué crees que el pequeño idiota está tan mal en esa asignatura?

— ¡Cállate, Kanon! — gruñe molesto ante la mirada de su padre.

— Cof, cof, cof — Kardia se lleva una mano a sus labios al atorarse con la manzana que comía, caminando hacia las escaleras para subir a su habitación.

— ¿Y a ese que le pasa? — pregunta Milo, tratando de desviar la atención de su padre hacia el mayor de sus hermanos.

— Nosotros iremos a ver... — comenta Saga con una sonrisa burlona, agarra la mano de Kanon y se van, dejando a padre e hijo solos. Milo maldijo su suerte y a sus hermanos por abandonarlo, pero aún así no se salvaría del castigo que su padre le daría.

El silencio se había hecho incómodo, mientras la mirada grisácea de Zaphiri chocaba con las turquesas de Milo, ninguno de los dos daría su brazo a torcer tan fácilmente, el primero quería demostrar su autoridad mientras que el segundo solo quería ganar aquel duelo de miradas por orgullo. Fue hasta que el sonido insistente de su celular interrumpió que ambos relajaron el ceño. Zaphiri aún miraba a su hijo con desaprobación, pero al ver cómo la mirada de este cambiaba a una de sorpresa, no pudo evitar sentir curiosidad por la persona que llamaba al menor de sus hijos.

— ¿Diga? — dijo, tratando que la voz saliera normal, al otro lado de la línea pasaron unos segundos antes que su interlocutor contestara.

— Milo... Soy Camus. Mañana quiero verte en la biblioteca a las cinco de la tarde para...

— ¡Oh! ¡Así que el ratón de biblioteca quiere tener una cita con el gran Milo!

— No seas molesto y solo ven — gruñe con fastidio, Zaphiri alza una ceja al ver el brillo en los ojos de su hijo — Lleva tu cuaderno y lapicero, que soy tu tutor de Francés, no llegues tarde o me iré.

— Claro amorcito, lo haré.

— Idiota.

Camus cuelga sin despedirse y Milo solo sonríe más ampliamente, le encantaba hacerlo rabiar.

— ¿Quién era? — pregunta con los ojos entrecerrados el mayor, Milo solo bufa molesto al recordar que su padre estaba cerca y en cuanto partió sus labios para responder, fue interrumpido por el olor de algo quemándose.

— Algo se quema...

— ¡Mierda! — dándose la vuelta, Zaphiri apaga la cocina. Por andar discutiendo con su hijo, había olvidado por completo que estaba cocinando.

— Iré a comprar pizza — aprovechando la distracción de su padre, el peliazul sale corriendo.

— Ay Milo...

(***)

(**)

(*)

— ¡Por favor!

— No.

— ¡Kardia!

— Carajo Milo, he dicho que no.

— Por favoooor — el menor se sube encima de su espalda y empieza a jalar la playera de su hermano.

— ¡Joder, Milo! Tienes a Saga y Kanon también ¿por qué me molestas a mi?

— Ese par de traidores se fueron temprano, papá les dio permiso de salir.

— ¿Qué hay de papá? — murmuró aburrido, dejando sobre la almohada el libro que intentaba leer, había deseado terminar con eso pero desde que Milo entró a su habitación no había podido avanzar ni una sola oración y si lo hacía, no la entendía del todo.

— Sabes que va a tener uno de esos ataques de sobreprotección cuando lo vea — bufaba molesto — Por eso recurro a ti, eres mi última esperanza y... Espera, ¿qué haces leyendo un libro? ¿no decías que nunca los tocarías?

— ¿Sabes qué?, para que me dejes de joder te llevaré a la biblioteca —dijo levantándose de mala gana— Andando.

— ¡Por eso te amo, hermano! — exclamó con alegría — Pero aun así quiero saber por qué lees ¡Es un milagro que lo hagas!

— Cállate o no te llevo — agarrando sus llaves y chaqueta se dirigió hacia la salida con Milo que seguía haciendo miles de preguntas. Había una razón por la cual tenía ese libro, pero era una historia que a su hermano no le incumbía.

(***)

(**)

(*)

— ¿Tienes todo listo? ¿estás seguro que no quieres que me quede a tu lado?

— Si, no quiero darle más motivos para que me moleste.

— Camus... ese muchacho que me dices no es...

— Por favor Degel, no quiero que empieces.

— Tómalo como una oportunidad de conocerlo mejor hermanito — no quería admitirlo pero para el mayor era una situación muy cómica, además estaba experimentando un deja vù.

— No hay mucho más que conocer.

— Quien sabe... — susurró con una sonrisa — Con suerte ya me dirás si tengo o no un cuñado nuevo.

— ¡Degel!

El francés mayor solo suelta algunas risitas, apenas había ingresado a su casa, fue hacia la habitación de su hermano mayor. Degel Fontaine, era una de las únicas personas en que confiaba, su padre, Krest solía estar siempre ocupado y nunca tenía tiempo para estar con ambos, por eso el vínculo que había formado con Degel era tan fuerte e imposible de romper.

— He pasado por una situación similar, Camus. Por lo que me has dicho, ese muchacho gusta de ti.

— Si le gustara no saldría con toda chica o chico que se le cruzara ¿no crees?

—Sigo diciendo que... — el sonido del claxon detiene su charla, al girar ambos hermanos vieron a un par de peliazules que salían del auto discutiendo. Camus sintió su corazón palpitar en cuanto sus ojos se cruzaron con los del joven griego.

Milo vestía una camiseta ceñida al cuerpo de color rojo que resaltaba sus músculos, vaqueros de color negro, una casaca de cuero y zapatillas del mismo color. A su lado, Kardia lucía más relajado, con la camisa blanca con unos cuantos botones abiertos en la parte superior, dejando su pecho al descubierto, unos pantalones del mismo color y unas zapatillas grises.

— ¡Ey, ratón! — le saludó el menor, recibiendo una mirada fastidiada por parte de Camus, mientras que Degel contenía las ganas de reír al igual que Kardia.

— ¡Milo! — gruñó de nuevo molesto — ¡Ya te dije que no me llames así!

— Tranquilo amorcito, estamos en confianza — contestó despreocupadamente — Él es mi hermano mayor, Kardia.

— ¿Ah? Mu-Mucho gusto — hizo una leve reverencia antes de voltear hacia su hermano que no le quitaba la vista al mayor — Él es Degel, mi hermano mayor.

— Milo no ha dejado de hablar de ti Camus, al parecer le has encantado — dijo Kardia, esquivando del golpe que Milo casi le da — Espero que logres hacer un milagro, a mi pequeño hermano le cuesta retener información, su cabeza está llena de aire.

— ¡Kardia! ¡ya largate! — el mayor solo le revolvió los cabellos y se acercó a Degel con una sonrisa coqueta.

— Hola francesito, ya que los niños van a estudiar ¿Qué te parece tener una cita los dos? — susurró mientras rodeaba la cintura del francés con sus brazos, pegando ambos cuerpos.

— Primero invitame a comer y hablamos — le guiñó el ojo a modo de respuesta, ante la mirada asombrada de los otros dos. Kardia sonrió y, luego de dar un mordisco a su manzana, posó sus  labios sobre los de Degel, compartiendo un beso lleno de pasión y deseo.

— Degel...

— Kardia...

— Milo, si le dices algo al viejo te colgaré del balcón — le amenazó el mayor, haciendo una mueca al terminar. Se llevó a Degel que solo le reprochaba por su vocabulario hasta que ambos se perdieron en el auto.

Al quedarse solos, un silencio incómodo apareció. Ambos habían hablado con anterioridad pero nunca lo había hecho estando solos y eso les ponía nerviosos, más aún a Milo. Debió imaginar que Kardia le delataría pero era un riesgo que había tenido que correr si deseaba que su hermano lo llevara en su auto.

— Bien ratón, debemos entrar y... ¿ah? — una mueca de disgusto se dibujó en su rostro al leer que la biblioteca estaba cerrada hasta nuevo aviso — Esto debe ser una broma...

Camus soltó un suspiro, desanimado al darse cuenta que no podrían hacer nada ese día. Al menos no allí.

— Bueno... será mejor que me vaya.

— ¡No! ¡No me levanté tan temprano para nada!

— Milo, son las cinco de la tarde...

— ¿Y? a veces tomo algunas siestas en la tarde — Camus lo observó torciendo sus labios en una sonrisa cínica, pero no pudo decir nada cuando Milo ya lo llevaba arrastrando hacia el centro comercial.

— ¿Por qué nos dirigimos al centro comercial?

— ¿No es obvio? Tengo hambre — el francés ladeó el rostro un poco para ver la expresión de Milo, pero el muchacho no volteaba e incluso incrementaba la velocidad.

Al llegar, y luego de ordenar a Camus que eligiera una mesa para poder comer, se formó en fila de los puestos de comidas. El joven solo suelta un suspiro mientras esperaba que su acompañante volviera; no había podido opinar siquiera, Milo había decidido hacer todo él mismo, ¡Incluso se había atrevido a ordenarle!

— Y yo como idiota le hago caso — susurra con un tinte rojo sobre sus pálidas mejillas. Su corazón de nuevo había empezado a latir con fuerza al recordar aquella descarada e irritante mirada que el griego solía dedicarle.

— ¡Vaya! ¡Qué hermosura trajo el centro comercial!

— ¿Ah? — al alzar la mirada se percató que estaba siendo rodeado por cuatro muchachos. El que le había hablado, de cabello plateado, se inclinó hasta quedar a la altura de su rostro mientras se relamía los labios con descaro al recorrerlo de pies a cabeza con los ojos, como si fuese a comerlo.

— ¿Cómo te llamas, preciosura? — le preguntó, sin embargo Camus se limitó a dedicarle una gélida mirada de desprecio absoluto— ¿Eres mudo muchachito?

— Largo — espetó con tono cortante.

— ¿O qué? ¿Me vas a pegar? — las risas de sus amigos no se hicieron esperar, incrementando el enojo de Camus.

— Él no, pero yo sí — al oír la voz, el joven volteó solo para encontrarse con el puño que le derribaría con increíble facilidad— ¡No se atrevan a volver a molestar a mi novio, bastardos!

— Maldito — masculló otro muchacho abalanzándose hacia Milo.

Los otros dos chicos también se precipitaron sobre el griego, dejándolo en una clara desventaja. Camus, que miraba horrorizado como su compañero era golpeado despiadadamente, se levantó para tratar de ayudarlo pero dos manos en sus hombros lo hicieron detenerse. Creyendo que eran otro de los amigotes de ese sujeto, giró dispuesto a propinarles un golpe pero se detiene al reconocer a ese par.

— Saga... Kanon... — susurró con un ligero alivio aunque la mirada de los gemelos mostraba una profunda ira, nunca antes los había visto así.

— Quédate atrás Camus, Milo nos mataría si algo te pasara — dijo con una pequeña sonrisa Kanon. Saga lo soltó de inmediato para ir a socorrer a su hermano menor, seguido de su gemelo.

“Por lo menos ahora la pelea está pareja…” pensó el francés en ese instante.

En la sección de comida, solo se podía escuchar los gritos de las señoras al ver charcos de sangre. Algunos niños lloraban asustados, mientras que otros más grandes apoyaban a los tres peliazules. La presencia policial no se hizo esperar y entre varios lograron separar a los siete (porque el primero había despertado de su inconsciencia). Aunque ellos habían salido notablemente lastimados, Milo si que daba buenos golpes y más con la ayuda de los gemelos.

(***)

(**)

(*)

Camus tuvo que llamar a su hermano de inmediato cuando los policías le informaron que si no pagaban la fianza, se quedarían en la comisaría un buen rato acusados de destrucción de la propiedad privada y lesiones.

— Mierda... pero solo lo defendía — murmuró el griego menor ante las risas nerviosas de los gemelos, si su padre se llegara a enterar... estarían muertos.

Camus miraba la casaca de cuero que Milo le había dado cuando entró a la celda para que se abrigara, cuando el estruendoso ruido de la puerta al abrirse lo sobresaltó. Kardia caminaba con rapidez con los ojos inyectados de sangre por la furia que sentía en esos momentos; estaba haciéndole el amor a Degel cuando la llamada de Camus resonó en la habitación del hotel, provocando que mascullara cuanta maldición pasaba por su mente al enterarse que sus tres hermanos estaban tras las rejas por una pelea, y encima por casi destruir el mobiliario del centro comercial. Pero no se lo diría a su padre, claro que no. Zaphiri ya tenía que lidiar con los cuatro siendo padre soltero como para darle otra carga más, pero él, el Gran Kardia se encargaría de darles una lección a ese trío.

— Degel... — susurró sintiendo un poco de temor por el destino de Milo y los gemelos.

— Tranquilo Camus, Kardia no los matará — dijo con una pequeña sonrisa — Por ahora...— soltó una risilla de nerviosismo al entrar en la celda a petición de éste.

Luego de haberle entregado el cheque con la cantidad exacta de la fianza, Kardia se tronó los dedos mientras la celda era cerrada a sus espaldas. Los otros presos que estaban ahí, se arrimaron a una esquina sintiendo lástima por el trío recién llegado.

— ¡Tuve que pagar unos 500.000.000 $ por la estupidez de ustedes! ¡Todo por una estúpida pelea! ¡¿Creen que el dinero sale de los árboles, trío de pendejos?!

— Kardia... — intervino Saga tragando duro — Todo tiene una explicación...

— ¡Explicación mis pelotas! ¡Malditos imbéciles! — alza su puño propinándoles fuertes golpes en la cabeza — ¡Por una puta vez quisiera tener sexo sin que me interrumpan! ¡Esto les costará caro, pendejos de mierda!

Nadie se atrevía a decir nada, incluso Camus se había ocultado detrás de su hermano, que lucía un fuerte sonrojo en el rostro por la vergüenza. Milo solo pudo maldecir su suerte, su hermano tenía el mismo carácter de su padre ¿Por qué creyó que iba a ser diferente?

— Vayan a mi auto ¡ahora! y pobre de ustedes si hacen alboroto — gruñó, un momento después miró a Milo aún encabronado y lo sujetó del hombro — ¡Tú! ¡¿Acaso no te dejé en la biblioteca?! ¡¿Así estudias?!

— La biblioteca está cerrada y...

— ¡¿Y la casa?! ¡¿No se te ocurrió ir directamente a la casa y llamarme?!

— Pero tú dijiste...

— ¡Mierda, Milo! ¡Usa la cabeza! — le agarró de la oreja y lo arrastró hasta la salida, tirándolo dentro del coche.

Degel se sentó en el asiento del piloto, esperando a que Kardia se calmara, sabía de sobra que cuando el griego se enojaba podría causar un accidente él mismo, y era mejor prevenir que lamentar. El camino a la casa de los griegos era silenciosa, podía ver por el retrovisor como Milo se quejaba por el dolor de su oreja y de cabeza, Kardia le había obligado a subirse encima de las piernas de unos de los gemelos por falta de espacio, mientras que Camus solo lo miraba de reojo.

Al llegar, Saga y Kanon fueron los primeros en salir volando hacia su casa, no deseaban que Zaphiri los viera con las vendas en su rostro y brazos, tuvieron suerte de no romperse nada.

— Baja Milo, llevaré a Degel y Camus a su casa — ordenó Kardia aún molesto.

— Pienso ir con ustedes, aunque no te guste —respondió el menor con firmeza, aunque por dentro estaba nervioso.

— No he pedido tu opinión, pequeño idiota — masculló entre dientes.

— Por esta vez déjalo Kardia, así nos cuenta lo que en realidad ocurrió ¿no crees? — las palabras de Degel surtieron efecto.

Durante el camino, Milo se dedicó a relatar lo que había ocurrido, el enojo de Kardia había disminuido, pero aún así no fue suficiente. Kardia ya tenía una fuerte migraña, pero por lo menos se sentía más aliviado sabiendo que aquello no había sido del todo culpa de una rabieta de su hermano. Cuando llegaron a su destino, los mayores fueron los primeros en salir, Degel hablaba con Kardia y éste se sentía más relajado.

— Lo siento — susurró Camus cuando estuvieron solos — ¿Te duele mucho?

— No importa —contestó el peliazul alzando sus hombros — No me duele Camus, es más, volvería a pelear por ti si es necesario.

— ¡...! — la sonrisa que le había dedicado Milo le había hecho sonrojar, si antes estaba enamorado de él, ahora lo estaba más — Idiota...

Milo extendió su brazo para rodear la cintura de Camus y atraerlo hacia su cuerpo.

— En verdad volvería a pelear si alguien te molesta Camus.

— No digas tonterías — susurró con las mejillas rojas por la vergüenza — Ya debo irme...

— Espera — Milo se acercó al menor para regalarle un beso en los labios que lo deja sorprendido — Adiós... ratón.

— ¡Milo! — gritó molesto y apenado, corriendo hacia el interior de la casa luego de despedirse de Kardia y Degel para poder esconderse en la comodidad de su habitación. Su corazón latía con fuerza pero aún así sonrió. Acarició la casaca de Milo y su sonrisa creció más. Ese chico tan irritante y descarado se había enfrentado a esos sujetos por él, sin importarle que les superaran por número. Milo era un idiota, pero... era un idiota encantador.



Volver a Amar [Chapter 10]

Volver a Amar Clasificación:  No menores de 18 años (NC-17) Autor:  Nikiitah Categoría:  Saint Seiya Disclaim...