martes, 3 de enero de 2017

Volver a Amar [Chapter 10]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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jueves, 9 de junio de 2016

Volver a Amar [Especial 01: La estadía en Asgard]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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Volver a Amar [Chapter 09]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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lunes, 6 de junio de 2016

El Rapto de Kardia [Capítulo 03]

El Rapto de Kardia


Clasificación: Para todo público

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Humor

Advertencias: ----

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:
Kardia y Dégel tienen una misión nueva, donde tendrán que escoltar a dos duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se empieza a obsesionar con el escorpión llegando el límite de raptarlo.

Ahora Dégel debe recuperar a la persona más importante y de la que está enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo logrará?

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miércoles, 9 de marzo de 2016

AGAIN [MiloxCamus/CamusxMilo]

AGAIN


Clasificación: Para todo público

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

Género: Romance (?), Angustia, Drama

Advertencias: ----

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:  Los recuerdos de Milo se desvanecen lentamente hasta matarlo. Ahora Camus deberá ayudarlo a que los recupere, aunque ésto le lleve años. (Milo/Camus)


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jueves, 14 de enero de 2016

El Rapto de Kardia [Capítulo 02]

El Rapto de Kardia

Temas: Aventura, amistad, romance, Shounen ai, un poco de angst, humor

Personajes Principales: Dégel (Acuario LC), Kardia (Escorpio LC)

Personajes Secundarios: Aldebarán (Tauro LC), Dohko, Shion, Asmita (Virgo LC), Regulus (Leo LC), Manigoldo (Cáncer LC), Sasha (Athena LC), Albafica (Piscis LC)... y más.

Parejas: Kardia/Degel

Advertencia: Si no te gusta el shounen ai (chico x chico) no leas~

Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

NOTA: Una historia inspirada en el “Rapto de Helena” en donde dio inicio a la gran guerra de Troya.

Resumen:
Kardia y Dégel tienen una misión nueva, donde tendrán que escoltar a dos duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se empieza a obsesionar con el escorpión llegando el límite de raptarlo.

Ahora Dégel debe recuperar a la persona más importante y de la que está enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo logrará?

ACLARACIONES:
—El fic está ambientado antes de la guerra santa, Kardia y Degel han de tener 16 años.



002 La agonía de un Dios

Por mucho tiempo lo había buscado, siglos enteros sin siquiera una pista de su amado príncipe. Hasta ahora.
Sintió esa extraña conexión cuando lo vio por primera vez, la actitud era muy diferente pero el espíritu era idéntico. Aquellos ojos azules penetraban su alma como dagas, más al recordar la mirada estoica que le dirigió ¿Por qué no lo reconocía? ¿Acaso no sabía lo mucho que le lastimaba su actitud? Había pasado muchas noches en vela observando el mundo de los humanos, esperanzado porque su amado volviera entre los muertos. Apolo sabía que Jacinto o lo reconocería al principio, pero tenía fé que su alma sí. Su mirada se posó sobre el durmiente joven deseando tocar de nuevo aquel hombre que le enseñó el amor. Acarició los cabellos azules, antes rubios, con fervor, anhelando poder enterrarse en aquel cuerpo que antes fue suyo. Si tan solo pudiera rozar aquellos rosados labios sabía que volvería a sentir la gloria…

PUM

El sonido de una cachetada se escuchó por todo el recinto, sorprendiendo a los sirvientes, que empezaron a rezar por sus vidas. Mientras que gritos y groserías era lo único que los asustadizos sirvientes podían escuchar en los aposentos de su señor. Apolo podría tener paciencia, pero cuando se enojaba era peor que ver a Ares. Las ninfas salían azoradas del recinto cuando se cruzaron con uno de los hombres más fieles del dios del sol. Altair, el único hombre que podía acercarse al dios sin temor portaba su Glory (*) con orgullo. La mirada fría y ese porte gallardo imponían respeto y miedo, las ninfas se hicieron a un lado e hicieron una pequeña reverencia cuando el hombre pasó por su lado. Contuvieron la respiración cuando las grandes puertas que daban a los aposentos de Apolo fue abierta y el hombre de ojos amatistas entraba sin temor alguno.

—Mi señor… —susurró haciendo una mueca al ver a su dios tirado en el suelo con un gesto infantil y agarrando su mejilla adolorida. Dio un rápido vistazo a Kardia que estaba con el entrecejo fruncido y la mano aún extendida.

— ¡Eso dolió Jacinto! —gritó Apolo, levantándose de golpe. Kardia rodó los ojos desesperado y se cruzó de brazos.

—Por una mierda… —masculló molesto— Te he dicho que no me llamo Jacinto, soy Kardia.

— ¡No es verdad! —Miró hacia su mano derecha y le exigió— ¡Díselo Altair!

— Pienso lo mismo… el joven Jacinto era un hombre amoroso y honesto, éste de aquí es una bestia azul.

— ¡Oye imbécil! ¿A quién le dices bestia? —rugió Kardia acercándose peligrosamente hacia el rubio que aún se mantenía sin mostrar emoción alguna. Kardia alzó su mano y mostró su uña roja— ¡Te reto a que lo digas de nuevo! ¡Veamos qué tan valiente eres al enfrentarte al gran Kardia de Escorpio!

—No me interesa vencer a un tipo que ni armadura tiene —sentenció aburrido, girando para ayudar a su dios.

— ¡¿Qué carajos?! — Kardia se miró de pies a cabeza al darse cuenta que su cuerpo estaba cubierto con una extraña túnica de color blanco con decorados dorados y pequeños mini soles.

— Idiota… — susurró Altair, rodando los ojos y soltando un bufido — Sigo pensando que fue una mala idea traer a este hombre de tan poca educación a su santuario, mi señor Apolo.

Kardia que seguía mascullando maldiciones se quedó  callado al enterarse que era un dios el que había golpeado. Su corazón latió con fuerza y una extraña emoción recorrió su cuerpo. Tal vez había encontrado al fin la persona indicada que le haría latir su corazón de emoción, su premio. Se levantó con rapidez y apuntó con su aguja hacia Apolo.

— Pelea conmigo Apolo, tal vez esto haya sido el destino — dijo con una sádica sonrisa — Te quiero como mi premio.

— ¿Qué insolencia es esa? — gruñó Altair, más Apolo se lo impidió, caminando hacia Kardia.

— ¿Qué pasará si te gano? — susurró con la voz cargada de lujuria.

— Te lo advierto ahora, no soy pasivo de nadie — gruñó preparándose para atacar a Apolo. Más éste con un solo movimiento ya lo había estrellado contra una columna— Tsk… es fuerte —susurró Kardia escupiendo un poco de sangre.

—Eres muy estúpido por atreverte a enfrentar a un dios… soy el más fuerte de los Dodekatheon.

—Creí que ese puesto era de Zeus —se burló Kardia, levantándose con lentitud. Sin su armadura dorada estaba en clara desventaja, y tal vez su cuerpo no lo resistiría, pero aun así no perdería la oportunidad de enfrentarse a un dios.

—Ohhh aun tienes fuerza… eres realmente sorprendente… —su mano empezó a brillar con intensidad. Kardia agrandó sus ojos al ver la esfera dorada en la mano derecha de Apolo. Su corazón empezó a arder, al igual que su cosmo— Interesante…

—Toma esto… ¡Arde cosmo! —gritó Kardia corriendo hacia Apolo apuntando con su aguja— ¡Scarlet Needle Katakeo!

(***)

(**)

(*)

SANTUARIO DE ATHENA



Degel…

Degel despertó asustado cuando sintió ese enorme cosmo. Su respiración empezó a ser irregular. No recordaba qué era lo que había soñado, pero lo que sí podía asegurar es que tenía que ver con cierto griego. En su mente el nombre de Kardia se repetía con rapidez. Podía sentir el calor del corazón del escorpión, parecía como aquella vez cuando ambos se conocieron. Los fuertes latidos de Kardia se escuchaban retumbando en sus oídos. Sin importarle salir con su ropa de dormir, empezó a descender los templos, ignorando a sus guardianes, que lo miraban con sorpresa. ¿Kardia? Pensó angustiado. Solo esperaba que fuera solo un mal presentimiento.

Al llegar a la octava casa llamó a su guardián, pero nadie respondía. Sin pensarlo dos veces se fue hacia los aposentos privados encontrándolo vacío. La desesperación empezaba a crecer cuando notó la armadura brillar con intensidad.

—Escorpio… — susurró. Se acercó a la caja que se abrió dejando ver la armadura dorada. En una de sus pláticas con el patriarca había escuchado que las armaduras podían comunicarse con sus portadores, solo se necesitaba escucharlas con atención. Colocó una mano encima y un torrente de imágenes aparecieron. Su cosmo empezó a descontrolarse hasta casi congelar todo el octavo templo — Kardia… — susurró antes de caer agotado.

— Oi, Degel, no te desmayes — su cuerpo fue sujetado a tiempo por Manigoldo, que iba camino al recinto del patriarca. Ambos estaban en el suelo, y Manigoldo estaba algo nervioso, tal vez se deba a que nunca había visto a Degel tan pálido.

— Manigoldo… — susurró, más pasos se escucharon, y las voces incrementaron su volumen, más Degel no prestó atención a ninguna. Agarrando la capa del cuarto  custodio lo miró desesperado — Ayúdame a encontrar a Kardia.

— ¡…! — Manigoldo se quedó sorprendido y sujetó la mano de Degel que empezaba a temblar. Al principio el italiano pensaba en ignorar lo que pasaba en el octavo templo, después de todo, estaba acostumbrado a las peleas de Kardia y Degel, pero al sentir como su armadura le pedía entrar no lo dudó dos veces.

— Manigoldo — la voz del patriarca los separó un poco. Atrás del sumo pontífice estaba toda la élite de caballeros dorados, sus armaduras brillaban con intensidad que si no fuera porque esto era algo serio hubiera hecho un comentario al respecto.

— Viejo… al parecer el alacrán se metió en problemas. — Degel volvió a temblar involuntariamente, entonces eso significaba que Kardia había activado el Katakeo.

— Kardia… — susurró aferrándose a Manigoldo.

— Patriarca, me ofrezco como voluntario para buscarlo — la voz seria de Albafica sorprendió a todos. Manigoldo trató de evitar aquella mirada que, estaba seguro, mostraba molestia.

— No puedo enviarte sin saber exactamente dónde está Kardia — Sage miró al resto de los caballeros y ordenó que salieran todos. Albafica se quedó mirando de reojo a Degel y Manigoldo, mientras que Sage se dirigía hacia la armadura y poder escucharla. Degel no estaba en condiciones para que le contara lo que ocurrió.

— Patriarca… — susurró Degel recuperándose de su estado de shock, se separó de Manigoldo que se levantó del suelo y se cruzó de brazos.

— Esto podría significar una nueva guerra santa — susurró Sage, mirando con seriedad a los tres dorados — Apolo no es un dios que acepte negociar con los humanos… no podemos hacer nada, y la señorita Athena aún es muy joven para que se enfrente contra él.

— Debemos buscar otra manera — dijo Manigoldo — No podemos dejar al bicho con ese sujeto…

— No podemos ser tan imprudentes Manigoldo — regañó Albafica, aunque él había sido el primero en ofrecerse sabía que enfrentar a un Dios era un suicidio — Aunque fuéramos los tres, no podríamos contra un dios, y no podemos dejar al santuario desprotegido contra la guerra santa.

— Pero… — miró a su maestro que negó con la cabeza y evitó mirarlo.

— No importa… — habló Degel atrayendo la atención de los tres — Iré solo… Kardia es mi responsabilidad… debí quedarme con él — apretó sus puños y agachó la mirada — Déjeme ir patriarca… traeré a Kardia.

— Tsk, si va Acuario Alba-chan y yo iremos.

—…—Albafica se quedó en silencio y observó al patriarca que suspirando aceptó, había esperado que Manigoldo insistiera, incluso, aunque pareciera imposible, se lo esperaba de Degel también, pero si Albafica no se negaba entonces no debía preocuparse… tanto.

—Si ven que esto es peligroso, regresen.

(***)

(**)

(*)

El suave aroma a cerezo empezó a despertarlo, sus párpados empezaron a temblar, clara muestra de que empezaba a despertar, podría jurar que hace tan solo un momento estaba en medio de una pelea contra el dios Apolo, entonces… ¿Por qué seguía vivo? Las cantarinas risas empezaban a desesperarle, abrió sus ojos, intentando localizar a esos seres que osaban en molestarlo cuando apenas despertaba, pero lo que vio lo dejó mudo. Estaba en medio de un campo de flores y encima de él podía ver las ramas del árbol Sakura, tan bellas y tan perfectas, quiso alcanzarlas pero su cuerpo no le respondía.

— ¿Estoy muerto…? — susurró, escuchando risas molestas, giró su cabeza y se quedó sorprendido al ver a un hombre de cabellos rubios y cabellos algo alborotados recoger algunas flores y colocarlas encima de la cabeza de Apolo — Jacinto… — susurró.

El muchacho de dorados cabellos sonrió con ternura y río cuando Apolo se sonrojó con fuerza. El dios del sol se veía tan distinto, se veía más... ¿Humano? Jacinto tenía un gran parecido a él a excepción tal vez por el cabello y la mirada. El muchacho se veía más inocente.

— Jacinto, mi príncipe, creo que ya es hora de formalizar nuestra relación... Quiero invitarte al Olimpo ¿qué dices?

— Será para mí todo un honor, mi señor. — Kardia pudo moverse, pero cuando lo hizo se arrepintió. Era testigo de lo que daría inicio a la locura del dios del sol... La muerte de Jacinto.

Cerró los ojos al sentir como algo lo arrastraba, era como unas garras que tocaban sus piernas, brazos y su cuello — No respiro... — pensó. Sintió como el agua, que no sabía de dónde salió, empezaba a ahogarlo — Degel...


Se levantó con rapidez empezando a escupir el agua que había entrado a sus pulmones. Su mirada azul empezó a recorrer el lugar ¿una bañera? Podía sentir aún el aroma a Sakura. Miró su cuerpo intentando recordar lo que había pasado pero a su mente sólo venía la pelea. Había usado el Katakeo para poder acabar con Apolo pero después de eso ya no recordaba nada.

— Eres alguien afortunado humano — bufó molesto al escuchar la voz de Altair, gira para verlo pero este tenía la mirada perdida en el techo.

— Si te refieres porque aún sigo vivo, la respuesta es no.

— No seas idiota — Kardia le lanzó una mirada fulminante, pero lo dejó terminar — Tienes suerte de que el señor Apolo te haya elegido como su Jacinto.

— ¿No entiendes que yo NO quiero ser Jacinto? — masculló — Además no soy pasivo de nadie.

— ¿Y Degel? — preguntó con curiosidad.

— ¿Que hay con él?

— Pensé que era alguien importante para ti...

— Lo es... — susurró sin ganas de hablar del tema, mira de reojo a Altair y suspira — ¿Por qué no le dices a Apolo que te gusta? Es obvio que babeas por su culo.

— No seas grosero... Mi señor te eligió a ti.

— Me irritas... — masculló molesto — ¿En donde está mi ropa?

—El señor Apolo me ordenó que usaras esto... — alzó una larga túnica blanca.

— Tu dios está loco si piensa que usaré algo tan corto — gruñe mirando con repulsión las prendas — ¡Ni a un niño le quedaría eso!

— Solo obedece y no hables — la paciencia de Altair tenía un límite y eso parecía divertir a Kardia, que sonriendo aún más se cruza de brazos.

— ¿Qué pasa si me niego? Tú no eres nadie a quien deba escuchar.

— … — todo había pasado tan rápido que cuando Kardia se percató de la situación su espalda su cuerpo era apresado por el de Altair. Podía sentir como su espalda rozaba contra las frías baldosas y la mano ajena apretar con fuerza su cuello.

La mano de Altair temblaba pero aún así no aflojó el agarre que lo mantenía preso. Con dificultad, Kardia abrió los ojos para ver directamente a su oponente, la tristeza de Altair era latente en su mirada azul grisácea, por un momento un sentimiento de culpa le invadió, sentía que había visto aquella mirada antes, en un pasado lejano. Kardia llevó una de sus manos al brazo de su enemigo enterrando las uñas en ella, entreabrió los labios dispuesto a seguir retándolo cuando de repente sintió como la cabeza le daba vueltas. La falta de aire en sus pulmones empezaba a afectarle. Su cuerpo empezó a sentirse liviano y cuando menos lo esperó, todo se volvió oscuro.

Altair miraba extrañado a Kardia, había aflojado su agarre cuando sintió que las uñas de Kardia empezaban a aflojar y por un momento había temido haberlo matado. Su señor Apolo no se lo perdonaría nunca, él no soportaría ver decepción y odio en aquellos ojos azul zafiro que tanto amaba.

— No me digas que un simple apretón te lastimé — musitó esperando alguna reacción, pero Kardia seguía con los ojos cerrados se acercó con cautela esperando el ataque que nunca llegó y colocó su oreja a la altura del pecho. El corazón de Kardia aún palpitaba y eso le aliviaba, además que aún podía sentir su respiración, aunque era muy lenta — ¡Despierta Escorpio! — gritó dándole algunas bofetadas.

Teniendo el mismo resultado.

Altair era un ser con mucha paciencia y siempre sabía controlar sus sentimientos, pero saber que por su culpa aquel hombre, que su señor insistía en llamarlo Jacinto, no despertaba empezaba a alterar sus nervios. Alzó su mano dispuesto a retomar la ronda de bofetadas cuando una mano lo detuvo a medio camino.

— Por fin reaccionas imbécil — masculla — Sabía que fingías estar muerto, bastardo.

— …

— ¡Oye! ¿Me estás escuchando? — gruñó empezando a irritarse, más cuando intentó liberarse del agarre éste empezó a hacerse más fuerte — ¡¿Pero qué…?!

Las palabras murieron cuando un extraño cosmo empezó a rodear el cuerpo de Kardia, una sensación que empezaba a quemarle el brazo. No lo había olvidado, reconocía aquel cosmos. Intentó soltarse del griego pero la suave pero escalofríante risa que soltó lo paralizó. Al alzar la vista sus ojos chocaron contra los azules de Kardia.

— Veo que sigues siendo tan confiado — susurró Kardia con la voz fría y siseante — ¿Cuántas veces debo decirte? ¡No quiero que te vuelvas a meter en mi camino!

La cosmo-energía que lo empujó abruptamente, enviándolo hacia el otro extremo de donde Kardia estaba. Altair estaba paralizado, literalmente, el cosmo de aquel hombre que había poseído al escorpión era demasiado fuerte, aunque aún así no se comparaba como la de un dios.

— Maldito… — escupió, mirándolo con odio.

— Altair… que esto solo sea una advertencia. No querrás que nuestro señor se entere de lo ocurrido ¿o sí?

— Tú… nunca… lo tendrás… — Kardia sonrió con frialdad y por un momento Altair pudo ser testigo de cómo sus cabellos azules, empezaron a ser rubios. En ese momento se dio cuenta de su error, había sido imprudente al no darse cuenta de la gravedad de la situación, apretó sus dientes con fuerza mientras escupía el nombre de aquel hombre — ...Jacinto.

(***)

(**)

(*)

OLIMPO

El Olimpo era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presididos por Zeus. Los griegos creían que en él había construido mansiones de cristal en las que moraban los dioses. Siendo su único camino el Gran Monte Olimpo, donde se decía, que si un humano intentaba subir, el acto sería considerado una ofensa, por lo cual provocaría la ira de los Dioses. Estaba conformado por doce templos, en los cuales los Dodekatheon residían en armonía.

Una silueta recorría hasta lo más profundo del lugar, donde lo único que se podía escuchar eran los golpes de sus sandalias al chocar contra el suelo de cristal y el bello canto de las ninfas. Ese cosmo tan familiar pero a la vez tan temible había despertado al fin, y aunque sabía que se arrepentiría al ir en contra de las órdenes del señor Altair, más lo haría cuando la ira de su señor se fuera sobre él.

— Señor, señor — llamó el joven, su mirada se paseó por toda la habitación hasta hallar al hombre.

Apolo miraba a través del balcón sin punto específico, algo temeroso por la reacción del hombre, el joven sirviente se quedó a una distancia prudente. Entreabrió los labios para poder hablar y fue ahí cuando la suave melodía calló abruptamente. Apolo giró con lentitud dejando ver una sonrisa algo torcida. Sus cabellos, antes negros, empezaron a brillar hasta transformarse en un rojo intenso que se asemejaba al fuego.

— Señor Apolo… — tragó saliva al sentir la penetrante y fría mirada del hombre sobre él — … ese cosmo… es…

— Lo sé — interrumpió abrazándose así mismo — Mi pequeño Jacinto, por fin ha despertado.


El soldado se paralizó al ver al siempre frío dios soltar algunas cristalinas lágrimas, el despertar de Jacinto tal vez no haya sido la mejor idea.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Beso Indirecto [Milo/Camus] [Saga/Kanon]

Beso Indirecto


Clasificación: Para todo público

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Humor

Advertencias: ----

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:  Cuando se disponía a entregar un libro que le prestaron, Camus escucha accidentalmente una discusión entre Saga y Kanon, donde el primero le recamaba al menor sobre el beso indirecto que le dio a cierto arquero. (Yaoi) (Milo/Camus) (Saga/Kanon)


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One-Shot


— ¡Ya deja de hacer drama!

— ¡Entonces deja de darle un beso!

—No le he dado ningún puto beso ¡Joder Kanon! Deja tus celos.

Camus, futuro caballero de Acuario, siempre se consideró el caballero dorado más inteligente del santuario, su habilidad de comprender las cosas más complicadas para un adulto le orgullecía, para sus siete años ese era un gran motivo, y era por eso que no entendía porque ahora, frente a sus ojos, los gemelos Saga y Kanon se encontraban peleando por algo que, para él, no tenía sentido. Y es que, el nuevo problema que había surgido desde hace una hora, fue, según palabras de Kanon, el beso indirecto que su hermano se dio con el joven caballero de Sagitario. Camus apretó con más fuerza el libro que tenía en sus bracitos y se acercó a ambos que no se habían percatado de su presencia.

—Saga… —llamó tímidamente, más ambos mayores no  le escucharon por los gritos que se lanzaban— Saga… —volvió a llamar esta vez alzando más la voz, pero al ver que n le escuchaban, decidió tomar aire y gritar— ¡Saga!

—Oh, perdona Camus ¿Qué ocurre? —dijo el gemelo mayor apenado por haberlo ignorado.

—Te busque a tu templo para devolverte el libro, pero no te encontré… —al ver el entrecejo fruncido de Kanon y sus mejillas ligeramente infladas miró a Saga interrogante.

—Kanon solo hace un berrinche.

— ¡No es un berrinche! —rugió Kanon asustando un poco a Camus, se acercó al pequeño francés y se agachó a su altura— Escucha Camus, esto es un consejo que te voy a dar, y tal vez el último. —el menor lo miró atento asintiendo suavemente— Nunca, ¡JAMÁS! Permitas que Milo tome de la botella de otra persona, o nunca permitas que él le dé una botella a otra persona que no seas tú. Porque eso significa que le está dando un beso. —al terminar de decir eso Saga se dio un golpe en la frente mientras negaba con la cabeza.

— ¡Kanon! No le des un consejo tan malo a Camus —se agachó hasta quedar en la misma altura que Camus y movió su cabeza negando las palabras de su hermano— Ignora a Kanon, como te dije, solo está haciendo su berrinche.

Camus decidió que era momento de irse, y a pesar de creer en las palabras de Saga, algo le inquietaba. Las palabras de Kanon aun resonaban en su pequeña cabecita, y es que… había visto a Milo darles de su botella de agua a varios de los aprendices, ¿acaso eso significaba que Milo les dio a todos ellos un beso? Solo al pensarlo hizo que se enojara, y sintiera un fuerte dolor en su corazón. Sus ojos violetas empezaron a anegarse de lágrimas y caminó con más velocidad hacia el coliseo, donde todos ya estaban reunidos. En el camino su cabecita pensaba en miles de cosas ¿Milo sabría que estaba besando a todo el mundo? Intentó recordar todas aquellas veces que Milo había dado de beber de su botella de agua a sus compañeros. De repente se dio cuenta de algo… a él jamás le dio un beso. Apretando sus puños contra sus piernas empezó a correr.

Jamás creyó tener esa clase de sentimientos, es decir… Milo era su mejor amigo, entonces ¿Por qué le molestaba tanto el que no lo haya besado? Miraba a su alrededor intentando localizar los cabellos semiondulados de Milo. Éste se encontraba charlando animadamente con Mu y Shaka, aunque el rubio parecía que no les escuchaba. Respirando profundamente, se acercó decidido hacia donde estaba su amigo.

— ¡Milo! —habló con voz firme atrayendo la atención del resto. El aludido giró su cabeza y le sonrió entusiasmado.

— ¡Camus! Creí que tendría que ir por ti a las doce casas ¿Por qué demoraste tanto? —sin responder al interrogatorio de su amigo, Camus se acercó arrebatándole la botella de agua que traía en sus manos. Lo había visto beber antes de llegar hasta ahí, así que, armándose de valor y con los nerviosismo a flor de piel, se bebió todo el líquido y lo miró fijamente, manteniendo su rostro aun serio. — ¿Camus?

— ¡A partir de ahora no quiero que les des a nadie más tu botella de agua! ¿Entendiste? —Milo parpadeó un par de veces confundido y sonrió con alegría moviendo su cabeza rápidamente.

— ¡Sí! —los demás aprendices no entendían que había pasado y a que se refería Camus con respecto a la botella de agua, pero decidieron no darle importancia al asunto, ese par siempre fueron muy unidos que solo ellos hablaban su mismo idioma.

— ¿Qué está ocurriendo aquí? —susurró Saga que recién llegaba, Aioros que había presenciado la pequeña escena de ambos niños, sonrió divertido.

—Camus marcó su territorio. —Saga lo miró sin entender que trataba de decir su amigo castaño. Aioros señaló hacia la botella vacía y lo comprendió— Aunque al parecer Kanon también lo hizo… deberías taparte esos chupetones Saga.

— ¡Cállate Aioros! —gruñó al escuchar las carcajadas de Aioros, intentó tapar lo mejor que podía las marcas, ya se encargaría de darle una lección a su hermanito.



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—Mmm —Milo miró con curiosidad como Camus bebía de aquella botella de agua, su mente empezaba a retroceder varios años atrás, donde aún eran dos aprendices. Algo parecido había ocurrido. Sin darse cuenta una sonrisa apareció, atrayendo la atención de Camus.

— ¿Qué ocurre? —preguntó. Milo negó con la cabeza y sonrió más.

—Solo recordaba algo… ¿nos vamos?

— ¡Sí!

—Por cierto Camus… —Camus lo miró, esperando a que continuara— Ese día… ¿Por qué bebiste toda el agua de mi botella?

— ¿Ah? —susurró parpadeando un par de veces sin comprender a que se refería. Pero un recuerdo lejano, donde un pequeño niño de cabellos azul-turquesa había bebido, en un arrebato, de la misma botella apareció. Sus mejillas pálidas empezaron a enrojecer al recordar el motivo, y más cuando el griego empezó a beber de la misma botella que él ¿Por qué Milo justamente recordaba eso? — Bueno… yo…

— ¡Ey, chicos! —llamó Kanon con una sonrisa atrayendo la atención de los más jóvenes.

— ¡Hola Kanon! —saludó Milo con una sonrisa, Camus solo se limitó a asentir.

—He estado haciendo los encargos que mi malvado hermano me obligó a hacer y muero de calor —se quejó— ¿Me invitas algo de agua Milo?

—Clar…

— ¡No! —gritó Camus, sobresaltando a ambos. Milo no entendía que le había pasado hasta que Kanon empezó a reír a carcajadas.

—Ok, ok, veo que al final seguiste mi consejo ¡Bien hecho Camus! —Miró su reloj y empezó a caminar— Los veo en las doce casas. Adiós. —se despidió sin voltear, alzando solamente la mano.

— ¿Camus…? —Milo volteó intentando descifrar que había pasado, más Camus empezó a caminar con más rapidez. — ¡Camus! ¡Camus! —Gritó intentando alcanzarlo— ¡Camus de Acuario detente ahora!


~o~FIN~o~

Comentarios de la Autora:
Este fic surgió cuando en una anime mencionaron los besos indirectos (justamente la protagonista bebía una botella de agua xD y el chico iba a beberlo sin limpiar y ella dijo: ¡Un Beso Indirecto!), también en un dou que estaba leyendo y dije: El universo quiere que escriba sobre besos indirectos XD Aunque sinceramente, traté de ponerle un poco de humor (no soy buena en ello u3u) pero aun así siento que algo le faltaba -3-

En fin, gracias por tomarse su tiempo de leer y no olviden dejarme un reviews para saber si les gustó o no. SOLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS.

Se despide Nikiitah.


Volver a Amar [Chapter 10]

Volver a Amar Clasificación:  No menores de 18 años (NC-17) Autor:  Nikiitah Categoría:  Saint Seiya Disclaim...