Título: Todos quieren a Milo
Temas: Aventura, amistad, romance, Comedia, shounen ai.
Personajes
Principales: Milo y Camus
Personajes
Secundarios: Mu, Aldebarán, Saga, Kanon, DeathMask, Aioria, Shaka,
Dohko, Aioros, Shura, Aphrodite, Shion, Seiya, Shun, Hyoga, Ikki y Shiryu
Parejas: MiloxCamus, ShunxHyoga, DeathMaskxAphrodite,
DohkoxShion
Advertencia: Si no te gusta el shounen ai (chico x chico) no leas~
Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
NOTA: los únicos caballeros que no sienten nada
por Milo excepto una linda amistad son Deathmask, Aphrodite, Dohko, Shion, Shun
e Hyoga (aunque al principio este perdidamente enamorado del peliazul). Cáncer
y Piscis solo se pondrán nerviosos por la presencia del Escorpión. Aquellos que no le gustan la pareja
SagaxKanon no lo lean.
ACLARACIONES:
Ø El fic ocurre
después de la guerra con Hades.
Ø Todos serán
revividos, incluso Aioros
Todos quieren a Milo
Capitulo 1: La
promesa
En el santuario
Tras la batalla
sangrienta que se desato contra Hades, los y su muerte en el muro de los
lamentos, los santos dorados (incluyendo a Kanon y Shion) fueron revividos
gracias a que Zeus convenciera a Hades. Este último junto a Atena tratan de
llevarse mejor. A pesar de ser la diosa protectora Saori no vive en el
santuario, sino en la mansión Kido. Pero un día. Los caballeros dorados fueron
llamados por el patriarca Shion y la diosa Athena, lo cual les pareció extraño
ya que ella jamás iba al santuario, al menos que sea una emergencia, cosa que
alarmo a todos en el santuario.
Luego de sor
horas, cada uno de los santos se fueron a sus propios templos. Los caballeros
dorados estaban extrañados, lo único que hablaron era sobre los fuertes lazos
de amistad que existen entre ellos, y que hablar de las palabras de Milo, sobre
que hay que estar unidos pase lo que pase. Sus palabras sonaban más a una
despedida. Aun en la salida, todos sintieron un escalofrío ¿seria posible…?
Iban a preguntarle a Camus, pero él no se encontraba con ellos.
Shion: Camus
retírate, necesitamos hablar con Milo de algo importante.
Camus: pe…pero
señor –por ningún motivo quería dejar a Milo con Shion y Saori, se había
enterado que ambos deseaban a Milo, a decir verdad el ya sabía que todo el
santuario lo deseaba. Pero había una razón más, lo que Milo dijo sobre los
lazos de amistad, sobre lo de estar unidos pase lo que pase. Le dieron un mal
presentimiento.
Milo: Cam, no te
preocupes apenas termine, iré a tu templo –sonrió tiernamente, pero algo en esa
sonrisa no le convenció del todo al francés, algo dentro suyo le decía que no
se apartara, que pasaría algo malo con él.
Camus: está bien
–suspiro resignado.
Iba caminando
aun pensativo, ese mal presentimiento no lo dejaba tranquilo, en su mente solo
pudo ver a Milo, ese presentimiento tenía que ver con él, pero ¿Por qué? Al
salir de la sala del patriarca noto que no había nadie, hace unos instantes
había sentido el cosmo de todos sus
compañeros.
Cuando se estaba dirigiendo a su templo pudo
ser testigo a Dithe y Deathmask en pleno acto, no se sorprendió, ya sabía que
ambos se sentían atraídos, pero lo que le sorprendió fue la insinuación de
ambos caballeros.
Death: Camus ¿no
quieres acompañarnos? –por su voz el francés pensó que estaba borracho, pero lo
más curioso, el ambiente no olía a alcohol. El canceriano se encontraba en el
gran sillón negro de Afrodita. Este último se encontraba encima del cuarto
custodio.
Dithe: o es ¿Qué
acaso nos tienes miedo? –mientras se paraba y se dirigía hacia él, le dio un
suave beso, que poco a poco se fue haciendo más apasionado.
Camus: de…
detente –sintió que alguien lo jalaba cuando se fijo, se sorprendió, era nada
más ni menos que Death, a pesar de su esfuerzo de zafarse del agarre le fue
imposible.
En ese momento
el caballero que hacia suspirar a todo el santuario se dirigía al templo con la
cabeza cabizbaja, esa estúpida promesa, a veces llegaba a recriminarse por
haberla hecho pero eso ya no importaba, esperaba por lo menos relajarse a lado
de su mejor amigo, pero lo que vio lo dejó sorprendido y a la vez dolido.
Milo: Ca… Camus
–susurro, sus ojos se abrieron, Camus se encontraba encima de Death, mientras
era besado por Dithe.
Camus: Milo… no…
no es lo que parece –mientras se levantaba, los otros dos se incorporaron de
inmediato- perdón –susurro.
Milo: ¿Por qué?
–Mirándolo a los ojos, aunque se sintiera mal por dentro, no podía reclamarle
nada, ya que el francés y el son solo amigos- no tengo nada que perdonarte
–empezó a caminar- somos amigos –seguía caminando sin voltear- los mejores
amigos ¿verdad? –se detuvo. Volteo mientras mostraba una sonrisa nostálgica,
cosa que noto el acuariano.
Camus: lo siento
–mientras agachaba la cabeza, trataba de evitar que las lágrimas salieran.
Milo: olvídalo
me tengo que ir –hablo fríamente.
Camus se quedo
inerte, se volteo para darles una golpiza a Dithe y Death, pero se sorprendió
al verlos discutir.
Dithe: eres un
maldito pervertido, ¿Cómo te atreves?
Death: ¿a que te
refieres? De seguro fue tu culpa
Camus los miro
perplejo, ¿se habían vuelto locos? No les dio importancia y se fue hacia la
octava casa. Al llegar a la octava casa escucho unos sollozos, que provenían de
los aposentos privados de la casa.
Camus: ¿Milo?
Al no tener
respuesta se fue directo a la habitación del escorpión, estaba todo oscuro, lo
único que podía iluminar la habitación era la luna que se asomaba por la
ventana. Allí sentado mirando atentamente la luna se encontraba el griego. Su
rostro estaba triste, sus ojos hinchados de tanto llorar.
El francés se
dirigió sigilosamente hacia el griego, no se daba cuenta por donde caminaba e
hizo ruido. Al escucharlo Milo volteo a verlo. Se sorprendió al verlo ahí, no
sabía en que momento había entrado a su habitación.
Camus: perdóname
Milo: ¿ah?
Camus: por lo
que viste, te lo juro Deathmask y Dithe tuvieron la culpa trate de zafarme pero
no pude.
Milo: ¿no
entiendo?
Camus: ¿Cómo que
no entiendes? ¿Qué cosa no entiendes?
Milo: porque te
disculpas
Camus: no… ¿no
estas enojado?
Milo: no
Camus: entonces…
¿Por qué lloras?
Milo: por una
promesa
Camus se quedo
perplejo, Milo lloraba por… ¿una promesa? Pero ¿de quién? Cuando iba a hablar,
apareció Atena junto a Dohko y Shion.
Shion: Camus
¿Qué haces aquí? –el francés pudo ver que Shion estaba de malhumor, no le
respondió, lo único que hizo fue sentarse en la cama del griego.
Saori: no le
vas responder a Shion, Camus
Camus: solo vine
a ver a Milo –el patriarca y la diosa sabían perfectamente, que cuando Camus
hablaba fríamente era porque estaba enojado.
Shion: bueno al
menos le queda hasta mañana
Saori: de
acuerdo –y se fueron.
Camus no
entendían lo que se referían ese par, cuando volteo a ver al griego noto que
estaba sentado a su lado. Respiro profundamente y cuando se disponía a hablar
el griego le gana.
Milo: Camus ¿Qué
sientes por mi?
Esa pregunta no
se lo esperaba, así que con la voz más sincera que pudo contesto.
Camus: te amo
Eso sorprendió
al heleno que se giro a verlo, pudo ver la sinceridad de sus ojos. El francés
lo miraba con ternura y amor. Milo no lo soporto más y se abalanzo hacia él.
Besándolo como si su vida dependiera de ello. Camus se sorprendió y
correspondió al beso rodeándolo por la cintura, el griego lo rodeo por el
cuello acercando sus cuerpos mas.
El beso duro un
par de minutos, se separaron por falta de oxigeno. La mirada de ambos
resplandecían de amor y felicidad, en eso el griego lo jalo hasta que el
francés quedara sobre él.
Camus: ¿estas
seguro?
Milo: si
Camus empezó a
desvestir al griego mientras lo besaba. Una vez desnudo, fue el turno de Camus.
Milo no dudo en ayudarlo. Pero al contrario del otro lo hizo salvajemente.
Cuando los dos
estaban completamente desnudos, no duraron en contemplarse. Camus empezó a
besar, lamer y mordisquear esa suave piel bronceada, mientras sus manos
jugueteaban con sus tetillas, logrando que el peliazul gimiera bajito. Pero
Milo no se quedaba atrás, con sus manos exploraba cada rincón del cuerpo
francés. Acaricio las tetillas rosadas del galo, bajando hacia su abdomen y
llegando hasta sus muslos. En donde sintió la gran erección del francés. Agarro
e miembro duro de su amado y lo empezó a masturbar, el francés empezó a gemir
de placer mientras, seguía en el cuello de su griego. Dejo el cuello y siguió
hacia sus tetillas, empezó a mordisquearlas una por una dejándolo duro. Miro el
rostro y vio una sonrisa perversa en su
rostro.
Camus no entendió
a que se debía pero luego, sintió una mano intrusa entrar por el pequeño
orificio de su miembro, haciéndolo gritar de dolor y placer.
Camus: Mi… Milo
Milo: ¿te gusta?
Camus: S…Si
El francés
aparto la mano para agarrar la cintura del griego y rozar ambos miembros duros,
con tan solo un leve contacto hizo que ambos gritaran de placer. Milo se aferro
a él. Arañando su espalda. En ese momento Camus lo separo y bajo su cabeza
hacia la carne palpitante. Y lo metió a su boca, el griego empezó a sentir pequeñas corrientes
por todo su cuerpo, Camus no le daba tregua, empezó a lamerlo, como si de un
dulce se tratara, de arriba hacia abajo y viceversa. Luego empezó a besarlo y a
chuparlo y al final morderlo. Milo gimió de dolor y placer ante tal acción,
Camus sonrió y se dirigió hacia los labios rosados del escorpión.
Al ver el
miembro de su amante y el suyo erectos y palpitantes, lo volteo e introdujo un
dedo en la virgen entrada del griego. El francés se sorprendió, luego puso el
segundo, ante los dedos intrusos Milo empezó a botar pequeñas lágrimas. Al ver
aquellas lagrimas Camus las beso. Cuando puso el tercer dedo, las dejo quietas
haciendo que Milo se acostumbrara. Una vez que se acostumbro, empezó a
moverlas.
Una vez
dilatadas las saco e introdujo su erecto miembro en su entrada. Apenas sintió
su contacto Milo grito de dolor.
Camus: ¿estas
bien?
Milo si… sigue… estaré
bien.
Lentamente el
francés introdujo todo su miembro, el griego empezó a botar mas lagrimas.
Cuando se acostumbro a la penetración, le indico a Camus para que continuara.
El francés
empezó a moverse lentamente, al principio Milo gimió de dolor, pero al ir más
rápido, los gemidos de dolor se convirtieron en gemidos de placer. Camus
dirigió una de sus manos a la entrepierna de Milo para darle mas placer. Camus
embestía cada vez más fuerte, haciendo que Milo gritara de placer. Ambos
llegaron juntos al clímax derramándose al mismo tiempo. Camus dentro de Milo y
Milo en la mano del francés, que lamio su mano, saboreando la esencia de su
amante. Ambos cayeron exhaustos en la cama del octavo guardián. Quedándose
dormidos.
A la mañana
siguiente, Camus despertó sonriendo, con sus manos buscaba a su mejor amigo y
ahora amante. Al no encontrarlo pensó que todo era un sueño, pero cuando miro a
su alrededor vio que se encontraba en la habitación de la casa de escorpión. En
la habitación de su amante.
Cerro sus ojos
para poder saber en donde se encontraba el cosmo de su amado bicho, al no
sentirlo se preocupo, se dio una ducha y salió del octavo templo con su
armadura. Dirigiendose al coliseo se encontró con Aioria que se dirigía hacia
la octava casa.
Aioria: Buenos
días Camus
Camus: Buenos
días Aioria –respondió fríamente.
Aiora: Haz visto
a Milo
Camus: no, me
dirigía hacia el coliseo por eso
Aioria: ¿Qué
raro? El jamás faltaría a una práctica ni mucho menos el desayuno
Camus: ¿el
desayuno?
Aioria: si,
ahora que lo pienso tu tampoco has ido ¿ocurre algo?
Camus: no, nada,
adiós.
Mientras tanto
en otro lugar Milo veía a todo el santuario, desde la cima de una montana.
Voz: ¿listo?
Milo: te hice
una promesa, así que vámonos.
Tras decir eso
ambos desaparecieron.
Continuara...