sábado, 11 de enero de 2014

Nuestro video

Gotas de sudor escurrían por su torso desnudo, marcas de una soga se podían apreciar por todo su cuerpo, junto a él estaba su hermano que tenía el ceno fruncido, estaba de brazos cruzados mirándolo fijamente, tenía ganas de matarlo, el menor ponía ojos de borreguito, pidiendo disculpas, pero eso no hizo que el hielo se derritiera del cuerpo de su hermano.

-Saga discúlpame –susurro el gemelo menor, estaba nervioso, su hermano estaba demasiado enojado con él.

Saga no dijo nada, estaba tratando de bañarse, respiraba profundo, el hielo de acuario no se derretía fácilmente, miraba a su hermano y luego a su cuerpo, termino de descongelarse el brazo izquierdo y suspiro tranquilo.

-Saga… -volvió a susurrar el menor- me perdo…

-Ya cállate Kanon –dijo fastidiado- Si quieres que te perdone ayúdame a descongelarme –dijo molesto, le tiro una esponja y le dio la espalda, el menor se sonrojó y empezó a tallar la espalda de su hermano.

¿Cómo había ocurrido eso? Pues todo ocurrió por la idea del gemelo menor…

Ese mismo día 8:45 am

En el templo de géminis sus guardianes estaban sentados en el sofá, el mayor de ambos estaban leyendo el periódico mientras el menor estaba apoyando su cabeza en las piernas de su hermano viendo televisión, desde que las guerras habían terminado había pasado ya un año, la mayoría se dedicaban a entrenar a sus pupilos, mientras que los otros se dedicaban a recuperar el tiempo perdido con sus parejas, ellos no eran le excepción pues, luego de revivir Kanon se le confesó a Saga, diciéndole que era su gran amor.

-¿En que piensas Kanon? –el menor voltea a ver a su hermano-amante con una sonrisa.

-Que eres un apestoso –dice divertido, le quito el periódico y se fue corriendo hacia su habitación, el mayor divertido empezó a correr detrás de su hermano.

Ambos salieron felices de la tercera casa deteniéndose a ver a una pareja que se regalaba besos, el menor se quedo sorprendido, no era que no sabía que eran pareja, sino que jamás los había visto así de cariñosos, sintió como su hermano se acercaba y lo jalo hacia los arbustos.
-¿Que ocurre? –pregunto curioso el mayor, su hermano le dijo que mirara y se sorprendió al ver a los santos de acuario y escorpio besándose con ternura y amor.

-Al parecer te afecta –susurra el menor haciendo un puchero.

El mayor sonrió tiernamente y le robo un beso a su hermano.

-A veces pienso que te afecta a ti –susurra- Me sorprende verlos, eso es todo.

Kanon se quedo pensativo, en eso algo cruzo por su mente, había algo que desde siempre quiso ver, sonrió maliciosamente y jalo a su hermano hacia Géminis.

-¿Qué ocurre Kanon? –pregunta sorprendido por la actitud de su hermano, el gemelo menor lo tumba a la cama y se pone en cuatro, acorralando a su hermano.

-Vamos a jugar –dice divertido, sonríe al ver el sonrojo de su hermano- ¿Te parece si apostamos?

Saga se sorprendió por lo que dijo y asintió, el gemelo menor sonrió y le empezó a explicar cada detalle de lo que consistía la apuesta, Saga sonrió igual que su hermano y acepto, todo empezaría esta tarde.

Ese mismo día, 5:50 pm Templo de Escorpio

El dueño de la casa se encontraba besando a su amado francés, ya tenía 10 años de relación con Camus, nada ni nadie los podía separar, a pesar de la actitud fría y distante del onceavo custodio, el no podía negarse al amor de su amado Milo, ese día era su aniversario, así que lo celebraron, con una cena hecha por Milo y el mejor vino francés de Camus.

-Estuvo delicioso mi amor –dijo tiernamente el francés, ayudo a Milo a levantar los trastes, Milo sobrio y se puso a lavar.

El francés se fue y abrazo por la espalda a Milo empezó a besar el cuello de su amado, el griego se estremeció por las caricias de su amado, se dio la vuelta y le abrazo por la cintura, lo cargo y lo llevo hacia su habitación, le recostó tiernamente en la cama, empezó a besar a Camus apasionadamente. El francés lo rodeo por la cintura,  mientras que este le rodeo el cuello. Definitivamente este iba a ser el mejor día de toda su vida. Aun tomándolo de la cintura, Camus se empezó a echar a la cama con Milo. Este ultimo dejo sus labios y se dirigió hacia su cuello. Empezó a besarlo, mordisquearlo y chuparlo. Camus tocaba toda la ancha espalda de su esposo. El griego empezó a bajar hasta uno de sus pezones en donde succiono el pezón derecho dejándolo erecto, mientras que con su mano pellizcaba el otro. Camus gemía y jadeaba de placer. Milo sabía como hacerlo perder el control. Al ver la cara roja excitada de su compañero empezó a descender hasta sus muslos. Con la ayuda de su uña (la aguja) empezó a acariciar el muslo derecho, provocando cosquillas. El heleno rio bajito.

Con su mano empezó a acariciar el miembro de su amante. Lo movía de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba. Camus ya no aguantaba más y empezó a gemir con más fuerza. Los sonidos que provocaba eran música para los oídos del griego. Dejo de lado sus manos y le sujetaron las caderas. Camus iba a quejarse, pero en eso sintió la lengua tibia de su amado lamiendo la punta de su miembro, eso hizo que empezara a gritar de placer. Milo empezó a besar y succionar el miembro ya erecto de su amante. Y lentamente empezó a metérselo en la boca. En donde dio un pequeño mordisco. El francés no aguanto más y empezó a gemir más fuerte. Agarro la cabeza de Milo y empezó a hacer embestidas en la  boca de su esposo.

Mientras tanto el griego seguía mordisqueando a su esposo, no aguanto más y se derramo en la boca de su bicho. El heleno trago gustoso la esencia de su esposo. Dejo la entrepierna de Camus y se dirigió a sus labios. Ambos se besaron y empezaron a jugar con sus lenguas. Milo dejo sus labios y le puso cuatro dedos en la boca de Camus. Este empezó a lamerlos y chuparlo como si de un caramelo se tratara. Mientras una de las manos del francés  empezó a masturbar el pene semi erecto de Milo.

El griego gemía y jadeaba, Camus sabía perfectamente como hacerle llegar hasta el cielo con una simple caricia. Luego de que sus dedos estén bien lubricados metió de golpes los cuatro dedos. El galo gimió de dolor y placer. Milo empezó a mover los dedos en la entrada de Camus. Este gimió cada vez mas fuerte una vez listo el griego se le empezó a penetrar poco a poco. Lo hizo despacio para que Camus se excitara más. Cuando vio la cara de su esposo sonrió, estaba completamente rojo. Cuando llego hasta el fondo empezó a embestirlo lentamente. Camus arañaba su espalda mientras gritaba su nombre. Le pedía que fuera más rápido.

Ante tal petición Milo obedeció a su amigo y empezó a embestir más rápido, el galo clavaba sus uñas en la espalda del octavo guardián. Mientras que gritaba su nombre. Ambos cerraron sus ojos. Sintieron que iban a llegar al clímax. Entonces  Milo agarro el miembro de Camus y empezó a masturbarlo para que el llegara también. El griego expulso su semen en el interior de Camus y este en la mano de Milo. Aun agitados se dieron un beso, que representaban todo su amor. Un amor puro y verdadero. Milo subió su mano y empezó a lamerlo ya que tenía el semen de su francés. Se acerco al abdomen de Camus que también estaba con semen y empezó a lamerlo también.

-Te amo –dijo tiernamente el escorpión, el galo sonrió y se recostó en su pecho.

A la mañana siguiente, Milo entra hecho una furia a su habitación, Camus salía del baño envuelto en una toalla, vio que Milo estaba molesto y se acerco a su amado, el griego le explico todo lo que había hecho Saga, el francés suspiro pesadamente y le dijo tiernamente a Milo que se diera una ducha y que lo esperara en la cama, que el regresaría pronto. El peliazul asintió y se fue al tocador.

Dos horas después el galo se acerco a su amado y empezaron a besarse apasionadamente, empezando otra vez su ritual de amor.

Presente

Kanon seguía tallando el cuerpo de su hermano, sin darse cuenta se quito la ropa y se metió a la tina, agarro la cámara de video y rodeando a su hermano por la espalda ambos vieron su pequeña travesura, ahí estaban Milo y Camus, ambos haciendo el amor, sonrieron ambos gemelos y siguieron viendo el video.

Espiando a mi Vecino [MiloxCamus] [SagaxMilo]

Espiando a mi Vecino


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:  Camus se muda a Grecia, y mientras espera a su amigo Kanon, conocerá a su sexy vecino; Milo. Quién será su amor a primera vista, pero el joven heleno no está soltero. ¿Qué hará Camus? [Milo/Camus] [Saga/Milo] [Ligero Kanon/Milo]


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Si hubiera sabido que a partir de ese día conocería al amor de mi vida, créeme que habría luchado por ti a penas nuestras miradas chocaron. Pero ahora… me alegro haber esperado ya que pude conocer al gran ser humano que eres.

Camus Blanc.

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El camión había llegado hace una hora, maldijo su suerte cuando salió del taxi y el calor rozó su piel. El clima en Grecia era muy distinto a su tierra natal, Francia, mientras que allá era frío aquí era todo lo opuesto. Sus cansados zafiros se fijaron sobre la construcción que ahora llamaría hogar, no podría quejarse, la casa era enorme, una de las mejores del todo el barrio, tenía un extenso jardín y un gran árbol de Sakura en donde podría quedarse a leer por las tardes después de ir al trabajo o mejor, el fin de semana. Una sonrisa apareció en sus labios involuntariamente, tal vez venir a Grecia no habría sido tan malo, estaba lejos de su familia, sobre todo de su padre que siempre le molestaba por no conseguir alguna prometida. Suspiró cansado y se sentó debajo del árbol a esperar a Kanon, su único amigo desde la universidad, y  el único con suficiente coraje para soportar su mal humor. Al ser un hombre proveniente de una familia de gran poder sobre Francia era muy difícil conseguir un buen amigo, generalmente siempre se acercaban personas interesadas en su fortuna, por eso valoraba a Kanon. Miró el reloj de su bolsillo y bufó bajito. ¡Odiaba que o hicieran esperar!

Las horas habían pasado con rapidez y eso lo estaba aburriendo, dio un vistazo rápido al lugar donde sería su hogar y se sorprendió que la casa de lado hubiera tantas personas reunidas, a decir verdad era la más grande del lugar.

— Tal vez sea su familia — susurra bajito recordando a la suya — Bien… creo que ya no vendrá.

Decidiendo que lo mejor era seguir por su cuenta abre la puerta trasera del vehículo y mira todas las cajas, entre ellas leyó la palabra Infancia tal vez debería empezar por ahí. Era pesada, pero estaba seguro que el solo podría encargarse de eso, sin esperar más lo agarró con ambos brazos y se dirigió hacia su casa, pero apenas tocó el primer escalón se resbala. Aferrando la caja a su pecho cierra los ojos esperando el impacto de su rostro contra el pavimento pero no siente nada, ni siquiera ha llegado a tocarlo. Confundido, abre los ojos con lentitud, primero mira hacia abajo suspirando aliviado al saber que estaba lejos. Entonces una pregunta pasa por su mente ¿Qué pasó? Una suave risa lo desconcierta, el galo sintió que el tiempo corría en cámara lenta mientras se giraba para ver a su héroe, a unos pocos centímetros de su rostro unas brillantes turquesas lo miraban fijamente con una sonrisa divertida.

Sus mejillas empezaron a calentarse, en ese instante solo existía ambos y lo que pasaba a su alrededor le ere irrelevante. El viento soplaba con suavidad meciendo los largos cabellos de ambos. Miró con atención al muchacho que vestía solamente unos pantalones ceñidos que dejaba apreciar las torneadas piernas una playera sin mangas ajustada de color negro que hacía resaltar los músculos trabajados, y el cabello azul recogido en una coleta alzada. Al sentir la mirada violácea de su acompañante el muchacho sonríe, Camus desvió el rostro sonrojado y lo mira de reojo. Nunca había creído en el amor a primera vista, pero parecía que este era el caso.

— ¿Estás bien? — pregunta — Permíteme ayudarte…

Simples palabras que habían logrado ponerle nervioso, Camus abrió los labios para decir algo pero rápidamente los cerró al no poder emitir sonido. Era la primera vez en toda su vida que no sabía que decir pero eso al parecer divertía a su acompañante que sonrió. Se limitó a asentir con algo de brusquedad.

— No… yo… no podría aceptar eso…

— ¡Vamos! ¡Quiero ayudar! — al principio lo miró dubitativo pero viendo que las horas pasaban y encima que Kanon no llegaba aceptó.

— De acuerdo… pero me dejaras invitarte algo de comer ¿entendido?

— ¡Si señor! — dijo saludando como militar, haciendo reír al galo.

Las horas pasaban entre pláticas y anécdotas, Camus nunca había sido esa clase de persona que gustara de hablar con alguien, pero sentía que con el muchacho podría ser el mismo, ni siquiera a Kanon le sonreía con tanta soltura. La última caja fue puesta en la casa cuando el ocaso empezó a hacerse presente, ya era hora de decir adiós. Cumpliendo con el trato, Camus fue a la cocina a preparar algunos bocadillos y una anaranjada siendo ayudado por el griego que le hacía reír con sus bromas. Al terminar, se sentaron en el pórtico mirando como la luna empezaba a brillar.

— Es la primera vez que puedo hablar con alguien sin tener que fingir — comentó el muchacho — ¿Sabes? Me he dado cuenta que hemos hablado y no me he presentado. Soy Milo Dalaras ¿y tú?

— Camus Blanc… soy de Francia — susurra algo nervioso por la cercanía del griego.

— ¿Francia, eh? Siempre he querido ir, sobre todo a París, la ciudad del amor… — sonríe coqueto.

—Tal vez te enseñe la ciudad, he vivido casi toda mi vida allá — siguió Camus, nunca había coqueteado a alguien pero ahora que lo hacía se sentía extrañamente bien.

Milo solo sonrió ampliamente. Se quedaron así unos minutos, contemplándose mutuamente. Camus miró los labios entreabiertos de Milo y sin darse cuenta se fue acercando hacia los labios carnosos, Milo que no se quedaba atrás también se acercaba, sus alientos chocaban entre sí. El galo podía sentir el suave aroma a manzanas que desprendía los cabellos de Milo, sus manos se rozaron apenas acariciándose con sus dedos, pero cuando estaban a escasos centímetros de tocarse una voz seria y varonil se escuchó, seguido de algunos pasos.

— ¡Milo! — el aludido se separó con rapidez al reconocer la voz. Los largos cabellos azules del hombre se elevaban mientras que corría, los esmeraldas que tenía por ojos relampagueaban furiosamente cuando llegó hasta donde estaban.

Camus lo había reconocido, sintiendo las ganas de matarlo por haberse tardado, hasta que se percató de cierto detalle ¿Cómo sabía su nombre? “Kanon” jaló del brazo de Milo con brusquedad y rápidamente atrapó sus labios demandando un apasionado beso que no tardó en ser correspondido con algo de torpeza. Las manos grandes del mayor se posaron en la cintura de Milo apegándolo a su cuerpo, era como si quisiera unirse en un solo individuo. Fue en ese momento que se dio cuenta de lo que pasaba, se había enamorado a primera vista de Milo. Agachó su cabeza, ocultando sus ojos violáceos ¿acaso algo más podría salir mal? Kanon salía con la persona que amaba y no podía arrebatarle la pareja a su amigo.

— ¡Camus! ¡Lo siento! — la voz de Kanon se escuchó. Camus giró con rapidez y luego volvió a mirar a Milo y su novio ¡no es posible!

A falta de aire, y por escuchar la voz de Kanon, se separaron, Milo desvió el rostro mostrando un fuerte sonrojo. Su pareja no era esa clase de personas que demostraba sus sentimientos en público a menos que… ¿estaba celoso? Se mordió el labio inferior y evitó hacer contacto con Camus, por alguna razón no tenía el valor suficiente de enfrentarlo, sentía que había hecho algo incorrecto.

— Saga… — susurra Kanon sorprendido. Su gemelo lo ve con frialdad y luego a Camus, eso no pasó desapercibido por el menor de los gemelos, que rápidamente se situó delante del galo. Saga se mostraba amenazante, solo eran algunas ocasiones cuando su hermano se molestaba y temía que algo le pasara a Camus.

— Kanon, veo que conoces a este sujeto ¿es tu novio? — pregunta Saga aferrando la cintura de Milo hacia su cuerpo de forma posesiva.

— Si… — mintió — Lo conocí en Francia — se dirigió al galo pidiendo con la mirada que siguiera su juego — Cami, él es Saga Andreatos, mi hermano mayor y veo que ya conociste a su prometido, Milo Dalaras, hijo del hombre con más poder sobre Grecia.

— ¡…! — Saga miró con desprecio a Camus, no era un idiota pero por esta vez dejaría pasar eso, y solo porque Kanon estaba involucrándose. La tensión se estaba haciendo presente y eso empezaba a inquietar a Milo y Kanon que en un silencioso acuerdo decidieron agarrar cada uno a su acompañante.

— Será mejor que nos vayamos, nos vemos mañana Camus… — se despidió Milo — Kanon ¿te quedarás con nosotros?

— En realidad voy a quedarme en casa de Camus… aun debo ayudarle a desempacar y hubiera llegado más temprano si no fuera por Saga y sus recados.

— Hm, mejor para nosotros — susurra con indiferencia el mayor, llevándose a Milo.

Kanon sabía que le debía muchas explicaciones a Camus, pero debía decirle algo acerca de Saga y era mejor mantener informado al galo antes de que se metiera en problemas con el mayor. Una vez en la sala Camus miraba ausente su taza, esperando a que Kanon empezara a hablar.

— Primero que nada… lamento la demora. Ya has conocido a mi hermano, es muy celoso y posesivo cuando se trata de algo que quiere…

— Milo no es un objeto — masculló recordando la forma en como agarró al griego — ¡Tu hermano está loco!

— Lo sé…

— ¿Qué? — Camus se quedó callado al escucharlo — ¿lo sabes?

— Fue una de las razones por la cual me fui de Grecia. Saga siempre ha sido una persona inestable psicológicamente y mis padres no podían controlarlo a excepción tal vez de Milo.

— ¿Por qué él? — pregunta, sintió escalofríos al preguntar.

— Los padres de Milo siempre fueron amigos de los míos, y cada vez que venían de visita su hijo se acercaba a nosotros… Saga que ya había sido diagnosticado con bipolaridad y cualquier cosa podría alterarlo. Mis padres estaban aterrados de que cometiera alguna locura con Milo, pero para sorpresa de ellos Saga lo había aceptado, adoptando una posesiva forma de amar que fue creciendo con los años.

— ¿Entonces Milo está atrapado? — susurra aterrado ante el asentimiento del otro — ¿Y que tiene que ver el hecho de irte de Grecia?

— Me gusta Milo —dijo directamente — Aunque él solo me ve como un amigo, por lo menos tengo el placer de verlo de lejos.

— Kanon…

— Olvídalo… por lo menos estoy aliviado de saber que puede escapar.

— ¿Ah? — Kanon sonríe con picardía y se cruza de brazos.

— No creas que soy ciego… la razón por la cual Saga estuvo tan molesto es porque Milo y tú tuvieron un flechazo. Hace mucho tiempo que no veía ese brillo en sus ojos.

— Oye… no creas que…

— Camus… las oportunidades llegan una sola vez, y es por eso que trataré de juntarlos, pero por ahora solo debes conformarte con verlo de lejos.

— ¿A qué te refieres?

Sin pensarlo, jaló a su amigo hacia la habitación del taheño, Camus no sabía a donde lo llevaba, o mejor dicho ¿Por qué lo llevaba a su habitación? Mas al llegar Kanon le dijo que guardara silencio y mirara hacia la ventana donde Milo estaba sentado desnudo, mirando hacia el cielo. Camus se quedó sorprendido, sus labios estaban ligeramente separados, sus mejillas estaban con un tenue sonrojo y sus ojos agrandados.

— ¿Pero qué…? — miró a Kanon con sorpresa, éste tenía un tenue sonrojo en sus mejillas y solo negó con la cabeza.

—Solo mira… — susurra bajito.

Sus ojos se quedaron mirando hacia el Adonis griego que miraba absorto la luna llena, si pudiera compartir esa bella vista a su lado. Un par de manos aparecieron de la nada tocando el pecho y jugueteando con las tetillas, logrando que de los carnosos labios una sinfonía de gemidos se escuchara. Saga marcaba el cuello de Milo con hambre, queriendo demostrar que nadie más que él podría poseerlo. Milo le pertenecía y eso no lo iba a cambiar nadie, ni su hermano ni el francés. Saga ingresó en Milo, apoyando el cuerpo en la ventana, mientras que el menor gemía con fuerza.

Camus se sintió voyerista por no quitar la mirada del rostro sonrojado y excitado de Milo, y al igual que Kanon empezó a masturbarse, su mente empezó a imaginar al griego debajo suyo y él montado en sus caderas, subiendo y bajando, mientras que Milo lo marcaba como suyo una y otra vez, recorriendo con sus labios y dientes el cuello mientras que sus manos exploraban la anatomía griega.

—Milo…

Las siguientes semanas fueron tranquilas o eso aparentaba Camus pues no soportaba ver a Milo y Saga tan apegados. Además que había notado ciertas actitudes en el mayor con Milo, se lo había dicho a Kanon pero éste intentaba tranquilizarlo, mientras que cumplía con su promesa, distrayendo a Saga cada vez que se veían o evitaba que interfiriera cuando su amigo y Milo se encontraban juntos. Renunciar al amor de su vida nunca sería fácil, pero si con eso Milo sería feliz lo haría.

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Ya era una costumbre, siempre era la misma hora. Como todas las noches Camus y Kanon iban a la habitación del francés a contemplar a Milo, sintiéndose aliviados al no ver a Saga siempre con el griego menor. A veces Milo solo se dedicaba a observar la luna, u otras veces leía algún libro. Camus había notado que el brillo en la mirada de Milo empezaba a desaparecer lentamente, y cada vez que lo mencionaba Kanon se hacía el desentendido o se ponía nervioso.

— Kanon… creo que no debemos hacer esto — susurra sintiendo la culpa. Siempre había querido parar porque a veces Milo se encontraba desnudo, sobre todo en las noches calurosas.

— No está…

— ¡Oye! ¿Me estas escuchando? — reclamó el menor, pero al ver la mirada horrorizada de Kanon se preocupó — ¿Kanon?

El sonido del celular lo sobresaltó, casi con temor leyó el contenido, poniéndose pálido al terminar. Sin decir nada, salió corriendo de la casa del francés. Camus cerró los ojos y se tiró a su cama boca arriba, debía parar con todo, mañana mismo se lo diría a Milo, aunque eso signifique recibir su odio. No debió hacer caso a su amigo.

— ¿A dónde habrá ido? — susurra al recordar la palidez en el rostro de Kanon. Volvió a mirar hacia la habitación de Milo y suspiró — ¿Dónde estarás?

Dispuesto a dormir un poco para relajar su consciencia Camus se acomoda mejor sobre la cama, pero cuando cerró sus ojos el timbre empezó a sonar con insistencia. Con algo de pereza se levanta miró la hora en su reloj de la muñeca suspirando al ver la hora ¿Quién sería? Al abrir se quedó de piedra al ver a Milo que tenía algunos rasguños en su rostro y brazos, la ropa estaba hecha jirones y su cuello tenía las marcas de unos dedos.

— ¿Milo…? — el menor enterró el rostro en su pecho evitando llorar. Le dejó entrar yendo por un vaso de agua.

Ya más calmado, Milo dejó el vaso en la mesita de centro que había frente a él. Camus sentía como su corazón se oprimía cuando vio las primeras lágrimas resbalar por las mejillas. El griego le explicó que había terminado con Saga ya que éste era demasiado celoso y posesivo, y que en uno de sus arranques de celos casi lo violaba. Que ya no podía controlar el temperamento del mayor cuando dejaba salir a “Arles”. Al oír esto, Camus sentía su sangre hervir al ver como Milo empezaba a llorar desesperadamente. El griego amaba a Saga, a pesar de casi haberlo violado, pero ya no soportaba recibir los maltratos cada vez que enloquecía, y temía que si regresaba a su lado y de nuevo se ponía celoso llegara más lejos, hasta matarlo. Camus escuchaba atentamente cada una de las palabras que decía Milo, sintiendo impotencia al no poder borrar el mal momento que vivía. Su corazón estaba hecho un revoltijo de sentimientos, por una parte estaba feliz ya que ahora podía estar con Milo, pero por otra parte sentía una gran ira que amenazaba con salir. El peliazul se acurrucó en los brazos del francés, sintiendo su calor, estaba demasiado vulnerable, no podría ayudar más a Saga y eso lo llenaba de nostalgia. Cuando era un niño era más fácil, cuando los dos pasaban las horas debajo del gran árbol del jardín de sus padres, hablando de las anécdotas del mayor. La sonrisa amable y tierna que Saga le dedicaba no tenía precio. Aun podía ver aquellos tiempos de antaño, a Saga con un enorme libro y él sentado en su regazo, escuchando cada palabra que salía de aquellos labios que muchas veces lo habían besado.

— Lo siento Milo… — susurra acariciando los azules cabellos — Si pudiera hacer algo…

— Ya has hecho suficiente… me has escuchado y eso basta.

Levantó su rostro para encontrarse con el rostro preocupado de su vecino y amigo, le sonrió agradecido y apenado por escuchar su historia, Camus negó con la cabeza enternecido por el pequeño rubor que tenía Milo en sus mejillas y el brillo que volvía a sus ojos, le devolvió la sonrisa, revolvió los cabellos de Milo con su mano haciendo que el rubor incrementara. Cuando se levantaron del sillón, Milo se tropezó con la alfombra y cayó encima de Camus, quedando sus labios pegados. El corazón de ambos empezó a latir con fuerza y las corrientes eléctricas no se hicieron esperar en el cuerpo de ambos muchachos. Ambos estaban en aquella posición, sin ni siquiera moverse, al separarse ambos tenían los rostros rojos que podían compararse como un jitomate, no deseaban mirarse, pero sus ojos los traicionaron. Sus miradas se encontraron haciendo que un calor invadiera sus cuerpos. Camus no lo soportó más, agarrando la playera de Milo, lo jaló volviendo a juntar sus labios, besándolo con ternura y pasión, lo amaba, desde el primer día que lo vio, es por ello que siempre quiso acompañarlo, en todo. Los ojos de Milo se abrieron de la sorpresa, hace unas horas atrás había terminado una larga relación con Saga y aun no se sentía listo para otra, pero aun así decidió que por hoy olvidaría aquel mal momento, cerrando sus ojos, disfrutó aquel contacto que hacía vibrar su cuerpo y acelerar su herido corazón. Con algo de torpeza, ayudó a Camus a levantarse, bruscamente se separaron para tomar el aire robado para otra vez besarse con la misma intensidad. Así Camus fue desabrochando el pantalón de Milo mientras que éste, le desabotonaba la camisa. Todo esto lo hacían sin dejar de besarse. Su recorrido a la habitación de Camus empezó, chocando con cuanta cosa se hallaban en el camino, las ropas empezaron a desaparecer con cada paso que daban.

Entraron a la habitación y Camus acorraló a Milo en la pared y lo abrazó tratando de rememorar el momento, soltó un suspiró de placer mientras que una de sus piernas se metía entre las del peli azul, el cual con el acto, soltó un profundo gemido. Después de acabar con el resto de la ropa, ambos llegaron a la cama, donde las manos y los labios se llenaban de sus cuerpos, llegando a lo más profundo e íntimo que se pueda describir, provocando en ambos gemidos de excitación y placer, Camus encima de Millo se deleitó con aquel cuerpo que deseó poseer desde que lo vio. Jadeos y suspiros llenaban la habitación, Milo cerró los ojos tratando de aspirar el aroma que desprendía de Camus, el galo en eso, se acercó a su oído. Al sentir el aliento cálido de Camus, su cuerpo entero se estremeció.

— Deseo que me poseas… quiero ser tuyo Milo — la voz ronca y cargada de lujuria, prendió más a Milo, que soltando un gemido grave intercambió de posición con Camus, esta vez quedándose él encima del francés.

Milo lo veía con ternura y Camus igual, ambos estaban estudiándose, transmitiéndose, lo que querían decirse desde hace ya mucho tiempo, aunque uno de ellos no lo sabía. En ese momento, Milo empezó a recorrer el cuerpo de Camus con maestría, deleitándose con el suave tacto de su cuerpo, bajó hasta llegar a la altura del miembro del galo. Besó la punta haciendo estremecer al mayor, para luego meterlo a su boca, sus manos se encargaron de masajear los testículos de Camus, sacando varios gemidos a este, el francés no se quedó atrás y agarró suavemente sus hombros, para luego simular pequeñas penetraciones en la boca del griego. El griego metió tres dedos en la boca del francés diciéndole que los chupara, Camus obedeció y empezó a degustar como si de un dulce se tratase, una vez listo empezó a besarle, anticipándose a lo que vendría, metió un dedo en el interior de Camus. Al sentir la intromisión del dedo en su interior no pudo evitar soltar un leve gemido ahogado de dolor, el griego se apresuró a distraerlos con su labio, siguió con su tarea de lubricar su estrecha y virginal entrada. Cuando ya estaba bien lubricado lo reemplazó con su ya erecto miembro, se mordió el labio inferior sintiendo lo estrecho que estaba, empezó su vaivén una vez que Camus le diera la señal, ambos empezaron a gemir por el placer que estaban sintiendo, así ocurrió hasta llegar al satisfactorio clímax carnal. Ya era de noche, ambos cansados de su muestra de amor se quedaron dormidos, Camus acurrucado en los brazos de Milo con una sonrisa y un sonrojo al igual que su amado.

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Los primeros rayos de sol empezaron a colarse en la ventana de su habitación, los párpados de Camus empezaron a temblar ligeramente al sentir la luminosidad chocar con su blanquecino rostro con pereza empezó a abrir sus ojos. Palpó con la mano un sitio donde debía estar Milo, encontrándolo vacío, estaba solo, pensó que lo de anoche era un sueño, una fantasía que su propia mente le había jugado, por el deseo de su corazón. Sus ojos  se anegaron por las lágrimas que deseaban salir, empezando a llorar, cuanto había deseado amanecer a lado de su amado. Con la mirada desvió sus ojos para posarla por la ventana, para ver si Milo estaba en casa, mas no lo vio, sintiendo otra vez un vacío en su corazón. Suspiró con tristeza al pensar que su amado estaría con Saga en su casa, más todo pensamiento desapareció al tener un escalofrió al sentir unos fuertes brazos rodear su cintura, se giró y lo vio, Milo estaba ahí abrazándolo con una sonrisa.

— Mmm no sabía que desde aquí se podía ver mi habitación — le dijo divertido — Creo que no he  sido el único que ha estado espiando a su vecino — esta confesión lo hizo voltear asombrado, el peliazul se sonrojó apenado por la confesión, mientras que el galo le empezó a besar tiernamente.

— Te amo — susurró y siguió besándole.

No se dijeron más y se quedaron abrazados, repartiéndose besos y caricias, diciéndose lo mucho que se amaban con cada caricia.


Minotauro

Mi nombre, es Kardia, tenía 22 años cuando morí, en aquella época en el año de 1950, aun era un chiquillo prácticamente, vivía en la antigua ciudad de Atenas, mis padres murieron quedándome huérfano a muy temprana edad, tenía un amigo, con quien hablábamos sobre historias de todo tipo, un día me conto sobre una antigua caverna, en donde se encontraba una criatura mitológica, me decían que cada cierto tiempo, aparecía de entre las tinieblas un ser que se comía humanos, volvería, en aquel entonces no sabía lo que me podría haber pasado, mil veces me arrepiento de haber ¡¡ido!!

Aquella vez, era un 2 de noviembre cuando ocurrió todo, caminaba por los alrededores de aquella vieja ciudad abandonada, miraba sin mucho ánimo las advertencias, caminaba junto a él, me sentía feliz de haberlo tenido a mi lado, la luna se puso en lo más alto dejando ver hermosa, una perfecta luna llena, el me agarro del brazo, me dijo que debíamos regresar, le dije que no se preocupara, que nada pasaría y que yo lo cuidaría, ¡Debí haberle hecho caso!

Entramos en aquel laberinto todo estaba silencioso, le tome de la mano y fuimos hacia el centro, lo mire y le sonreí tiernamente.

-Ves te dije que no pasaba nada –le dije con una gran sonrisa. Entonces vi como su rostro se volvía pálido, no sabía lo que le pasaba me preocupo ver su rostro lleno de horros y preocupación.- ¿Qué ocurre? –le pregunte, me señaló hacia atrás, cuando voltee lo vi, era aquel ser mitológica, el minotauro, al ver que no se movía lo tome de la mano y empecé a correr.

Seguimos corriendo, pero ninguno de los dos recordaba el camino que era de regreso, el se aferro a mí, unas lagrimas empezaron a salir de sus bellos ojos, me sentí el ser más estúpido, estaba arriesgando la vida de la persona que mas amaba en este mundo. El minotauro nos encontró, alzo su enorme garra y nos ataco, lo cubrí con mi cuerpo y me deje golpear por él, empecé a sangrar, mas no me importo, vi como mi amado sufría por mis heridas, tratando de detenerme pero le negué- Te protegeré con mi vida –le dije sonriendo.

El minotauro volvió a atacarme, y me tiro al suelo dejándome medio muerto, la sangre salía a montones, empezaba a perder la conciencia, pero el grito de mi amado me despertó, agarre un pedazo de piedra que rompió y le clave en la espalda, este furioso me lanzo por los aires y se fue corriendo hacia donde estaba yo, cerré los ojos fuerte, pero un grito me hizo abrirlos, y ahí fue lo que vi, el cuerpo de mi amado herido, el minotauro iba a matarlo.

Si tan solo le hubiera hecho caso, si tan solo hubiera sido más responsable, ¡yo y mi maldita curiosidad!

Corrí hacia mi amado y lo agarre, lo cargue y lo lleve hacia la salida, el minotauro aun nos seguía, si seguíamos huyendo, nos mataría a los dos, el se volvió a aferrar a mí, lo mire dulcemente y lo empuje hacia los arbustos, el minotauro me miro y empezó a correr hacia mí, agarre una piedra filosa y la escondí, empecé a correr, yo seria la carnada para aquella bestia, cuando ya no tuve escapatoria me atravesó el cuerpo, justo a tiempo le clave la piedra en el corazón, me percate que él lo había visto todo, lo único que le pude decir fue un- Perdóname –de ahí quede inconsciente y fallecí.

Lo que supe de él fue que me llevo entre brazos a su casa, sus lagrimas escurrían por su bello rostro, lo sé, lo vi desde el cielo, mi alma observaba como mi hermoso ángel de los hielos derramaba lagrimas amargas por mí, su mirada se hizo de hielo, se mantenía aferrado a mi inerte cuerpo, sus padres estaban preocupados, ya que no salía de su habitación, cuando lograron abrir la puerta, vieron a mi amado muerto, sus ojos con rastros de lagrimas, su piel mas pálida de lo normal, y lo más sorprendente, estaba aferrado a mi ¡me arrepiento! ¡Soy un ser egoísta en solo haber pensado en mi y no en el! Solo espero que algún día, tal vez en otra vida volverlo a ver.

Siempre te voy a amar mí amado príncipe de los hielos, mi amado acuariano, mí amado Dégel…

Sentado en una nube admiro la belleza de la vida, si tuviera la oportunidad de volverte a ver, desearía estar a tu lado otra vez.

“Y siempre lo estarás” al escuchar aquel susurro sonrío “¿Esperaste mucho?” se empezó a acercar y me dio un tierno beso, negué con la cabeza y se sentó a mi lado, y así nos quedamos, los dos, admirando lo que desperdiciamos por mi culpa… la vida… y nuestro amor…

Dégel y Kardia

El Rapto de Kardia [Capítulo 01]

El Rapto de Kardia


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen:  Kardia y Dégel tienen una misión nueva, donde tendrán que escoltar a dos duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se empieza a obsesionar con el escorpión llegando el límite de raptarlo. Ahora Dégel debe recuperar a la persona más importante y de la que está enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo logrará? (Yaoi) (Kardia/Degel) (Manigoldo/Albafica)


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001
El Rapto de Kardia


Reinaba en Esparta, pequeña ciudad de Grecia, el joven príncipe Menelao, hijo de Antreo y hermano del poderoso rey de Micenas, Agamenón. Su morada real era pequeña, casi rústica, pero él vivía feliz en medio de su pueblo, al que amaba, teniendo a su lado a la mujer que había conquistado venciendo a mil rivales. Estos, los más poderosos y gallardos entre los príncipes aqueos (griegos), llegaron de todas partes para disputarse la mano de Helena, hija de Leda, la mujer más bella del mundo. Hacía dos años que Menelao había desposado a Helena, y tenían una linda niña llamada Hermione.



Un día quebró la quietud de la pequeña ciudad la llegada de algunos extranjeros. Estos entraron por la puerta principal y bajaron de sus caballos en la plaza, frente a la morada real, en medio de un grupo de curiosos que miraban maravillados sus extrañas vestimentas, sus monturas cubiertas de polvo y sus rostros bronceados de tipo oriental. Entre los recién llegados se  destacaba una joven singular belleza que, por la riqueza de sus vestimentas y la dignidad de su porte, parecía ser el jefe. Este penetró con un compañero en la mansión del rey Menelao y solicito asilo para sí y los suyos.


“Yo soy” dijo “El príncipe París, hijo de Príamo, rey de Troya. Viajo para anular un presagio de Apolo de Delfos y quisiera detenerme algunos días para que descanses mis hombres y mis caballos.”


Menelao acogió de buen grado al huésped; hizo preparar el baño y los ungüentos perfumados, un convite digno del extranjero. Durante el banquete París resplandecía de juventud en las suntuosas vestimentas asiáticas. Se abrieron las puertas del salón y apareció la dueña de casa acompañada de sus doncellas. Con solo verla, el huésped comprendió que su viaje no había sido inútil. Helena le pareció más hermosa aún que la diosa aparecida en aquella mañana, entre las encinas del monte Ida. Por desgracia el pastor (París) había suscitado el mismo sentimiento en el corazón de Helena, a quien Afrodita, invisible, susurraba palabras persuasivas.


Esa misma noche, mientras la mansión real se hallaba sumida en el silencio, los extranjeros ensillaron los caballos y salieron sin ruido de la ciudad, llevando consigo la presa codiciada. Para mayor vergüenza, París, además de Helena, se llevaba todo lo más precioso de su anfitrión. Pocas horas después, un veloz navío cretense, impelido por fuerte brisa, se deslizaba sobre el mar Egeo, transportando a las costas de Tróade (Troya) su cargamento, triste presagio y fruto de traición. Tal acción Paris, originaría, pues, la llamada “Guerra de Troya”.

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— ¡Guau! Que interesante historia —exclamó la pequeña Sasha de ocho años, que se encontraba junto a Kardia en el onceavo templo, ambos, sentados en la cama de Degel— ¿Cómo se llama?


—El Rapto de Helena —respondió Degel, que estaba sentado en una silla al frente de ambos, con una leve sonrisa. Kardia, que había empezado a devorar un cesto de manzanas sonrió de lado ante la curiosidad de Sasha y el rostro iluminado de Degel.



—Degel me gustaría escuchar otra historia mañana —dijo Sasha— Ahora estoy cansada —dio un pequeño bostezo.



—Como usted desee Señorita Athena —dijo cortes Degel regalándole una sonrisa


—Gracias —dijo con una sonrisa y salió hacia su templo corriendo.


—Mmmmm nos dejó solos —Kardia, que sonreía pícaramente ante el adorable rubor que apareció en las mejillas de Degel, gateó hacia donde se encontraba el francés, tomándolo entre sus brazos, Degel iba a contestarle, pero fueron llamados por Manigoldo, que se encontraba en la entrada de Acuario, gritando.

Dégel suspiró y Kardia chasqueó la lengua frustrado.



—Iré a ver que desea —se levantó de la silla y e agarre de Kardia, dándole un pequeño pero rápido beso en los labios griegos, dejando a un ruborizado Kardia, que no se esperaba tal acción del siempre recto Acuario, que tras dar una sonrisa divertida por el pequeño juego de Degel volvió a atacar la canasta de  manzanas.



Después de unos minutos apareció Dégel, que venía concentrado leyendo unos papeles, Kardia lo ignoro y siguió con su labor las dos últimas manzanas que quedaban. Al terminar de comer y ver que aun Dégel estaba concentrado en aquellos papeles se acercó lentamente por la curiosidad y le arrebató los papeles de las manos.



—Kardia —reprocho el francés— Lo estaba leyendo.



—Me aburrí de verte leer —dijo alzando los hombros— ¿Qué son? —Dégel sorprendido de verlo curioso en algo que tenga que ver con papeleo, pero aun así contestó.



—Es una misión, tenemos que ir a recoger a unos duques italianos, que tienen una conferencia con el patriarca y Athena.



—Espera… ¿‘tenemos’? ¿Por qué tengo que ir yo? —Preguntó aburrido— Es una misión aburrida y simple, no iré.



—Kardia —suspiró derrotado— Es una orden del patriarca.



—No me importa, no quiero ir —Kardia se levantó y se tumbó en la cama de Dégel, boca arriba. El acuariano se levantó y se sentó a su lado, le acarició la cabeza, relajando al de escorpio.



—Si quieres te compro un saco de manzanas mañana después de la misión —trató de negociar con el pero le fue imposible.



—NO —dijo firme Kardia.



—El patriarca está de acuerdo con esto —Dégel suavizó su mirada.



— ¿Con el saco de manzanas?


—No, que vayas y que si no te obligara —dijo, Kardia vio la sonrisa que se dibujó en el rostro de Dégel, haciéndolo estremecer, resignado aceptó.



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La misión consistía en escoltar a unos duques que venían a negociar con el patriarca acerca de una armadura griega, que ellos hallaron hace unos años atrás en una excavación cerca del Coliseo Romano. Para eso ambos caballeros tenían que viajar a Italia para recoger a los duques. El transcurso fue aburrido Kardia que estaba jugando con sus dedos mientras miraba por la ventana del carruaje todo Roma. Ahora entendía porque Manigoldo siempre decía que su natal era especial y muy rico en gastronomía. Ambos hombres vestían unos pantalones ceñidos de color negro, una camisa holgada blanca y un abrigo también negro largo hasta dos centímetros antes de la rodilla. Con cada lugar que pasaban, Kardia miraba pegado a la ventanilla asombrado. Cualquiera que lo mirara o que lo conociera no podrían creer que sea el mismo santo de escorpión. Degel que estaba sentado a su lado miraba a Kardia con ternura, se sentía afortunado de ser el único en saber cómo era realmente el griego.


Al llegar, Kardia se sorprendió al ver la enorme mansión del duque, sin darse cuenta de sus acciones, apretaba la mano de Degel para poder controlar la emoción que recorría, ya que podía parecer indiferente, pero por dentro se sentía dichoso de poder estar con el francés en otro país. Dégel solo lo miró de soslayo y sonrió, toco la puerta y esperaron unos minutos. La puerta se abrió y de ahí salieron dos jóvenes duque, uno de ellos era el más alto, tenía el cabello corto con algunos mechones largos cayendo por sus mejillas de color azabache, su piel era pálida y tenía ojos color violeta que podría competir con los de Degel, mientras el otro era unos centímetros más bajo tenía los cabellos semi-largo de color rubio con tonos anaranjados, sus ojos eran de color azul grisáceo y su piel estaba levemente bronceada resaltando aún más sus ojos.



Cuando el azabache miró a Kardia sintió que estaba en los Elíseos, era el ser más bello que jamás haya visto. Aquella mirada traviesa y ese aire rebelde que desprendía Kardia lo estaba hechizando. El griego no se percataba de la intensa mirada, mantenía su rostro una mueca de fastidio por tan simple misión, aunque varias ideas cruzaban por su mente, ¡claro! Degel era el protagonista de todas y cada una de sus fantasías. Nunca lo admitiría abiertamente, pero ya se estaba enamorando de ese hombre.


Los duques se presentaron cuando Degel y Kardia terminaron, al azabache se llamaba Arion Devlin quien era el Duque de la mansión y el de cabellos rubios Altair Draconiss, su mano derecha.

El recorrido hacia el santuario fue silencioso, Kardia dormitaba en él  se le iluminaron los ojos al ver a Kardia, éste no le tomó importancia, estaba fastidiado ya que Dégel lo había obligado a ir, o mejor dicho convencido. Se presentaron, el pelinegro se llamaba Arion y el rubio se llamaba Altair, el recorrido hacia el santuario fue silencioso, aparte de ellos, los duques fueron escoltados por unos guardias que manejaban su propio barco (el del duque), Kardia solo miraba aún más aburrido el paisaje, mientras Dégel se divertía por los gestos de su amigo, ya le recompensaría, volvió a su lectura, uno de los guardias le trajo una canasta de manzanas, que Kardia no dudo ni un segundo y se abalanzo a la pobre canasta y empezó a devorar cada manzana, de ante la mirada atenta de Dégel que se reía por dentro, pero no era el único que lo miraba, sino Arion que se embelesaba con cada uno de los gestos del peliazul.



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Luego de su reunión con Atena y el patriarca, la primera les invitó a quedarse en el santuario como muestra de su gratitud por el objeto devuelto. Arion se encontraba caminando por los alrededores, admirando el enorme paisaje del santuario, a su lado se encontraba Altair, su mejor amigo y mano derecha, ambos estaban en silencio, hasta que vieron a Kardia que subía hacia la octava casa, Altair sintió un poco de celos al ver a su amigo embobado con el caballero de Atena.



—Hola Kardia —saludó alegremente el pelinegro, el peliazul lo miraba, tratando de recordar donde lo había visto.



—Hmmmm, eres Aron ¿Verdad? —dijo Kardia con tono desinteresado, el pelinegro se rio bajito, cosa que incomodó a Kardia.



—Arion —corrigió divertido, Kardia solo chasqueo con la lengua, mientras Altair los miraba receloso.



—Por cierto ¿Qué haces aquí? —preguntó Kardia comiendo una de sus manzanas.



—Estaba admirando el paisaje —dijo sonrojado, mirando a Kardia que ni se dio cuenta de las dobles intenciones de su interlocutor.



—Pues no deberías estar aquí —dijo mirándolo, había terminado sus manzanas, se acercó a Arion hasta quedar a unos centímetros de su rostro, esto hizo que el azabache se sonrojara hasta competir con una de sus manzanas, Kardia se separó y se dio media vuelta— Debes irte con el patriarca —sentenció serio— Las doce casas no es un lugar turístico te puede pasar algo si no tienes cuidado —diciendo esto entró a sus aposentos privados. Arion quiso seguirlo pero se detuvo, ya tendría mucho tiempo.



El cielo estaba siendo cubierto por el manto de la noche, fría, donde se podía sentir la llegada del invierno. En esos instantes Kardia deseó nunca más salir de su habitación, pero siendo un caballero de Athena no podía darse ese lujo. Con un último pensamiento de cierto hombre de los hielos quedó profundamente dormido en su lecho. Sin darse cuenta que alguien se acercaba peligrosamente hacia él.

Arion caminaba con elegancia y sigilo por los pasillos de la octava casa, admirando el lugar donde su pequeña obsesión custodiaba, elevó su cosmo, llamando a Altair quien se encontraba listo para cumplir las órdenes del azabache. Admiró aquellos rasgos tranquilos e inocentes que Kardia ponía al dormir, quien quiera que lo mirara jamás creería que al despertar una fiera indomable e encontraría. Sin esperar ni un minuto más, teletransportó a su mano derecha y al octavo custodio rumbo a su hogar.



—Ahora mi querido Kardia, yo seré tu único dueño, y tú serás mi único amor —susurró y le dio un beso en los labios.



—Mi señor —dijo haciendo una reverencia el rubio— ¿Está seguro de lo que desea? —preguntó celoso.



—Si Altair —dijo serio— O es que acaso quieres estar en contra de tu dios —agregó con la voz más fría y escalofriante que pudo soltar. El rubio negó y siguió agachando la cabeza.



—No… —susurró Altair con cierto temor—…mi señor Apolo —se levantó y se retiró de la habitación.


Comentarios de la Autora:
Sinceramente este fic es el más extraño que he hecho. Una historia inspirada en el “Rapto de Helena” en donde dio inicio a la gran guerra de Troya XD Al principio quería poner a Degel, pero luego me dije: ¿Por qué no a Kardia? XD además que como él tiene un fuerte carácter daría más dolores de cabeza XD

En fin, gracias por tomarse su tiempo de leer y no olviden dejarme un reviews para saber si les gustó o no. SOLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS.

Se despide Nikiitah.


Volver a Amar [Chapter 10]

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