La navidad ya está próxima, y lo celebramos con la familia y amigos. Hoy traigo un dibujo que hice para un evento y lo publico aquí. El Cid y Regulus de niños con disfraces =3 espero que les guste.
Historias que nacen del silencio, escritas entre el azul tenue de lo que ya no fue y lo que aún habita. Soy Mikaori Aqua (Nikiitah). Bienvenido a mi blog, donde compartiré mis fanfics e historias originales, así como algunos fan-cómics e ilustraciones propias. * ✧Please do not repost my art/fanfics/stories without permission✧ *
lunes, 15 de diciembre de 2014
miércoles, 8 de octubre de 2014
Mi amado Milo (One-shot) (Milo x Camus)
Mi Amado Milo
Clasificación: Para todo Público
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada
y Shiori Teshirogi
Género: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas~
Resumen: Camus
cuenta su vida junto a su amado Milo, hasta el día de la muerte de ambos.
(Shounen ai) (Milo/Camus)
-:-:-:-:-:-:-:-
Mi Amado Milo
One-Shot
Aquel
día, aquel día en donde todo ocurrió, tal vez suene melancólico, pero a veces
desearía que siempre fuera ese día, aquel día donde lo vi por primera vez,
donde éramos felices, donde con una sonrisa siempre alegraba aquellos momentos
de tristeza y melancolía que dejo aquellas muertes y traiciones, no sé cómo
explicarlo, nunca he podido expresarme, tal y como lo hago ahora.
Aún recuerdo
cuando el patriarca nos llamó por primera vez, ahí estabas tú, tan inquieto
como siempre, tratando de llamar siempre la atención de uno de los mayores, me
daba envidia ver que siempre lo lograbas, me daba envidia que tu atención era
solamente de él y no mía. Cuando te percatabas que te miraba, siempre te
despedías con una sonrisa y te acercabas a mí, me agarrabas de la mano y me mirabas
tiernamente, diciéndome que siempre estarías a mi lado, que siempre sonreirías,
solo para verme feliz, que no importaba si el destino nos ponía en contra,
siempre estarías a mi lado, en aquel momento no existía nada más, excepto tú y
yo, y eso me hacía dichoso, feliz de ser el único que tenga tu alegría más
sincera, tus palabras, tus promesas y tu amistad.
Al terminar de hablar el patriarca teníamos que
separarnos, cada quien por su lado, he de admitirlo que no quise ser caballero
si tú no estabas a mi lado, eras la única persona que siempre ha estado a mi
lado, mi gran amigo, mi mejor amigo, el ser por el cual, ahora entrego mi amor.
Te acercaste a mí y me sonreíste, como siempre solías hacer, me cogiste de la
mano y me llevaste casi arrastras, tus manos suaves y pequeñas como las mías,
me sujetaban fuertemente, me llevaste a un pequeño jardín, en donde miles de
flores blancas permanecían meciéndose por el viento, nos sentamos en una de las
rocas que estaban cerca de un enorme árbol, permanecimos en silencio, era
extraño, generalmente tu eres el que hablaba.
El viento soplo un poco más fuerte, elevando
suavemente los pétalos de las flores que bailaban en el aire, sacándote una
sonrisa que me regalaste, me sonroje al ver que te hacia feliz, cuantas veces
desearía ser yo el que te la saque, me miraste unos segundos, acercándote a mí,
me quede sin aire al sentir unos suaves y tiernos labios, sobre los míos,
parpadee un par de veces y te vi, con un leve rubor en tus lindas mejillas y me
sonreíste, luego de unos segundos reaccione y te devolví la sonrisa, me tomaste
de la mano y me abrazaste, me prometiste volver trayendo la armadura dorada,
solo te quede mirando y sonreí, aceptando tu promesa.
Por aquella promesa, es la que me mantuvo vivo, a
pesar del frio de Siberia, a pesar de estar a cero grados, era tu sonrisa lo
que me mantuvo vivo, la calidez de aquel beso, active mi cosmo y conseguí mi
armadura, al regresar el patriarca nos volvió a llamar, e busque con la mirada
pero no apareciste, sentí un nudo en la garganta, no hasta que escuche, varios
gritos de los aprendices que te miraban con deseo, al verte ahí tan elegante,
mostrando orgullosamente tu armadura dorada, hiciste una reverencia y
levantaste la mirada, el patriarca no te dijo nada y te pusiste a mi lado, ahí
fue donde nuestras miradas se cruzaron, sonreíste de lado y vimos al patriarca.
Aquel
día, aquel día en donde todo ocurrió, tal vez suene melancólico, pero a veces
desearía que siempre fuera ese día, aquel día donde lo vi por primera vez, donde
éramos felices, donde con una sonrisa siempre alegraba aquellos momentos de
tristeza y melancolía que dejo aquellas muertes y traiciones, no sé cómo
explicarlo, nunca he podido expresarme, tal y como lo hago ahora.
Nos reunimos como la primera vez, todos habíamos
cambiado incluso yo, que me mostraba frío y distante con todos, te volví a
buscar con la mirada y no te vi, al momento de pararme, apareciste con una
sonrisa, siendo recibido por un meloso caballero de cáncer que sonreía, te dijo
algo al oído y que hizo que tu sonrisa creciera cada vez más, te acercaste a mí
y tomaste asiento a mi costado, tan solo te vi, me miraste y me tomaste
suavemente la mano, tus manos ya no eran pequeñas, ahora eran más grandes y
finas, tome asiento contigo y celebramos nuestro reencuentro.
Me llevaste hacia una de las habitaciones del templo,
no me dijiste nada y me sonreíste como aquella vez, sin más que decir me
abrazaste, una lágrima cayo por tus mejillas, como si fuera una fuerza,
juntamos nuestros labios uniéndonos en un suave y tierno beso, te sonrojaste al
igual que yo, juntamos nuestras frentes y sonreímos, salimos sigilosamente
hacia mi templo, que quedaba más cerca.
Nos besamos, sintiendo la calidez de nuestros labios
juntándose, aquella calidez que creí a ver olvidado y perdido, me miraste
tiernamente, recostándome en la cama suavemente, mirándome queriendo recordar
este momento toda tu vida, me besaste el cuello, sentí corriente eléctricas
recorrer mi cuerpo, era la primera vez que sentía algo así, te rodee el cuello
y te apegue más a mí, sintiendo tu duro miembro rozar con mi entrepierna, gemía
al sentirlo, tu sonreíste y me empezaste a desnudar, mis manos temblorosas,
también te empezaron a tocar el cuerpo, quitando cada una de las ropas.
Al quedar desnudos, cada uno se deleitó con el cuerpo
del otro, seguías besándome, tus manos recorrían mi cuerpo con tanta pasión, ya
no soportaba la excitación que me hiciste sentir, te apegue e mi cuerpo y
susurre en tu oído, te sonrojaste como tomate y metiste un dedo en mi interior,
moviéndolo en círculos, hiciste lo mismo con el segundo y el tercero, me
retorcía por el placer que sentía, cuando terminaste, los sacaste,
reemplazándolo con tu ya erecto miembro, que se puso en mi virgen entrada, me
miraste preocupado, preguntándome con la mirada si continuar o no, te sonreí,
te bese con amor, entendiste mi mensaje y me penetraste, el dolor era agudo, me
aferre a ti, unas lágrimas traviesas salieron de mis ojos, al cual tu besaste,
limpiadoras. Empezaste a moverte suavemente en mi interior, mientras que yo,
solamente cerraba mis ojos sintiendo el placer, llegarme al orgasmo, sintiendo
como te derramabas en mi interior y yo entre ambos vientres.
Desde aquel día fuimos pareja, era extraño ya no verte
con ojos de amigos, pero aun así me gusto, la forma en como me susurrabas
cuanto me amabas, mis sentimientos por fin correspondidos.
Aquel
día, aquel día en donde todo ocurrió, tal vez suene melancólico, pero a veces
desearía que siempre fuera ese día, aquel día donde lo vi por primera vez,
donde éramos felices, donde con una sonrisa siempre alegraba aquellos momentos
de tristeza y melancolía que dejo aquellas muertes y traiciones, no sé cómo
explicarlo, nunca he podido expresarme, tal y como lo hago ahora.
Entonces llego aquel día, luego de la guerra contra
Hades, tú te enfrentaste al, el rey de los dioses, Zeus que deicidio poner fin
a nuestras vidas, por haber atacado a los dioses, Atena lucho, pero también
cayó, activaste tu cosmo, el dios te atravesó con uno de sus rayos llevándose
tu última sonrisa, que me dirigiste. Mis manos temblaron, corrí hacia dónde
estabas tú y te abrace, tu calor se desvanecía me regalaste el último beso y
cerraste los ojos. Nuestros compañeros, amigos y hermanos activaron sus cosmos
y atacaron con la última esperanza de luz al dios, logrando la victoria, te
abrace y active mi cosmo, una lagrima cayó sobre tu rostro. Esta vez no estarás
solo, esta vez no estaré solo, los demás quisieron detenerme, pero yo me negué,
active mis cosmo congelándome junto a ti, no sin antes darte el último adiós,
con un beso.
Somos santos, caballeros dorados, seres que fueron
destinados a proteger a nuestra diosa, Atena, vivimos juntos, morimos juntos,
siempre juntos, Mi amado Milo, ahora tú y yo, estaremos juntos, por toda la
eternidad…
~o~FIN~o~
sábado, 11 de enero de 2014
Nuestro video
Gotas de sudor escurrían por su torso desnudo, marcas de una soga se podían apreciar por todo su cuerpo, junto a él estaba su hermano que tenía el ceno fruncido, estaba de brazos cruzados mirándolo fijamente, tenía ganas de matarlo, el menor ponía ojos de borreguito, pidiendo disculpas, pero eso no hizo que el hielo se derritiera del cuerpo de su hermano.
-Saga discúlpame –susurro el gemelo menor, estaba nervioso, su hermano estaba demasiado enojado con él.
Saga no dijo nada, estaba tratando de bañarse, respiraba profundo, el hielo de acuario no se derretía fácilmente, miraba a su hermano y luego a su cuerpo, termino de descongelarse el brazo izquierdo y suspiro tranquilo.
-Saga… -volvió a susurrar el menor- me perdo…
-Ya cállate Kanon –dijo fastidiado- Si quieres que te perdone ayúdame a descongelarme –dijo molesto, le tiro una esponja y le dio la espalda, el menor se sonrojó y empezó a tallar la espalda de su hermano.
¿Cómo había ocurrido eso? Pues todo ocurrió por la idea del gemelo menor…
Ese mismo día 8:45 am
En el templo de géminis sus guardianes estaban sentados en el sofá, el mayor de ambos estaban leyendo el periódico mientras el menor estaba apoyando su cabeza en las piernas de su hermano viendo televisión, desde que las guerras habían terminado había pasado ya un año, la mayoría se dedicaban a entrenar a sus pupilos, mientras que los otros se dedicaban a recuperar el tiempo perdido con sus parejas, ellos no eran le excepción pues, luego de revivir Kanon se le confesó a Saga, diciéndole que era su gran amor.
-¿En que piensas Kanon? –el menor voltea a ver a su hermano-amante con una sonrisa.
-Que eres un apestoso –dice divertido, le quito el periódico y se fue corriendo hacia su habitación, el mayor divertido empezó a correr detrás de su hermano.
Ambos salieron felices de la tercera casa deteniéndose a ver a una pareja que se regalaba besos, el menor se quedo sorprendido, no era que no sabía que eran pareja, sino que jamás los había visto así de cariñosos, sintió como su hermano se acercaba y lo jalo hacia los arbustos.
-¿Que ocurre? –pregunto curioso el mayor, su hermano le dijo que mirara y se sorprendió al ver a los santos de acuario y escorpio besándose con ternura y amor.
-Al parecer te afecta –susurra el menor haciendo un puchero.
El mayor sonrió tiernamente y le robo un beso a su hermano.
-A veces pienso que te afecta a ti –susurra- Me sorprende verlos, eso es todo.
Kanon se quedo pensativo, en eso algo cruzo por su mente, había algo que desde siempre quiso ver, sonrió maliciosamente y jalo a su hermano hacia Géminis.
-¿Qué ocurre Kanon? –pregunta sorprendido por la actitud de su hermano, el gemelo menor lo tumba a la cama y se pone en cuatro, acorralando a su hermano.
-Vamos a jugar –dice divertido, sonríe al ver el sonrojo de su hermano- ¿Te parece si apostamos?
Saga se sorprendió por lo que dijo y asintió, el gemelo menor sonrió y le empezó a explicar cada detalle de lo que consistía la apuesta, Saga sonrió igual que su hermano y acepto, todo empezaría esta tarde.
Ese mismo día, 5:50 pm Templo de Escorpio
El dueño de la casa se encontraba besando a su amado francés, ya tenía 10 años de relación con Camus, nada ni nadie los podía separar, a pesar de la actitud fría y distante del onceavo custodio, el no podía negarse al amor de su amado Milo, ese día era su aniversario, así que lo celebraron, con una cena hecha por Milo y el mejor vino francés de Camus.
-Estuvo delicioso mi amor –dijo tiernamente el francés, ayudo a Milo a levantar los trastes, Milo sobrio y se puso a lavar.
El francés se fue y abrazo por la espalda a Milo empezó a besar el cuello de su amado, el griego se estremeció por las caricias de su amado, se dio la vuelta y le abrazo por la cintura, lo cargo y lo llevo hacia su habitación, le recostó tiernamente en la cama, empezó a besar a Camus apasionadamente. El francés lo rodeo por la cintura, mientras que este le rodeo el cuello. Definitivamente este iba a ser el mejor día de toda su vida. Aun tomándolo de la cintura, Camus se empezó a echar a la cama con Milo. Este ultimo dejo sus labios y se dirigió hacia su cuello. Empezó a besarlo, mordisquearlo y chuparlo. Camus tocaba toda la ancha espalda de su esposo. El griego empezó a bajar hasta uno de sus pezones en donde succiono el pezón derecho dejándolo erecto, mientras que con su mano pellizcaba el otro. Camus gemía y jadeaba de placer. Milo sabía como hacerlo perder el control. Al ver la cara roja excitada de su compañero empezó a descender hasta sus muslos. Con la ayuda de su uña (la aguja) empezó a acariciar el muslo derecho, provocando cosquillas. El heleno rio bajito.
Con su mano empezó a acariciar el miembro de su amante. Lo movía de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba. Camus ya no aguantaba más y empezó a gemir con más fuerza. Los sonidos que provocaba eran música para los oídos del griego. Dejo de lado sus manos y le sujetaron las caderas. Camus iba a quejarse, pero en eso sintió la lengua tibia de su amado lamiendo la punta de su miembro, eso hizo que empezara a gritar de placer. Milo empezó a besar y succionar el miembro ya erecto de su amante. Y lentamente empezó a metérselo en la boca. En donde dio un pequeño mordisco. El francés no aguanto más y empezó a gemir más fuerte. Agarro la cabeza de Milo y empezó a hacer embestidas en la boca de su esposo.
Mientras tanto el griego seguía mordisqueando a su esposo, no aguanto más y se derramo en la boca de su bicho. El heleno trago gustoso la esencia de su esposo. Dejo la entrepierna de Camus y se dirigió a sus labios. Ambos se besaron y empezaron a jugar con sus lenguas. Milo dejo sus labios y le puso cuatro dedos en la boca de Camus. Este empezó a lamerlos y chuparlo como si de un caramelo se tratara. Mientras una de las manos del francés empezó a masturbar el pene semi erecto de Milo.
El griego gemía y jadeaba, Camus sabía perfectamente como hacerle llegar hasta el cielo con una simple caricia. Luego de que sus dedos estén bien lubricados metió de golpes los cuatro dedos. El galo gimió de dolor y placer. Milo empezó a mover los dedos en la entrada de Camus. Este gimió cada vez mas fuerte una vez listo el griego se le empezó a penetrar poco a poco. Lo hizo despacio para que Camus se excitara más. Cuando vio la cara de su esposo sonrió, estaba completamente rojo. Cuando llego hasta el fondo empezó a embestirlo lentamente. Camus arañaba su espalda mientras gritaba su nombre. Le pedía que fuera más rápido.
Ante tal petición Milo obedeció a su amigo y empezó a embestir más rápido, el galo clavaba sus uñas en la espalda del octavo guardián. Mientras que gritaba su nombre. Ambos cerraron sus ojos. Sintieron que iban a llegar al clímax. Entonces Milo agarro el miembro de Camus y empezó a masturbarlo para que el llegara también. El griego expulso su semen en el interior de Camus y este en la mano de Milo. Aun agitados se dieron un beso, que representaban todo su amor. Un amor puro y verdadero. Milo subió su mano y empezó a lamerlo ya que tenía el semen de su francés. Se acerco al abdomen de Camus que también estaba con semen y empezó a lamerlo también.
-Te amo –dijo tiernamente el escorpión, el galo sonrió y se recostó en su pecho.
A la mañana siguiente, Milo entra hecho una furia a su habitación, Camus salía del baño envuelto en una toalla, vio que Milo estaba molesto y se acerco a su amado, el griego le explico todo lo que había hecho Saga, el francés suspiro pesadamente y le dijo tiernamente a Milo que se diera una ducha y que lo esperara en la cama, que el regresaría pronto. El peliazul asintió y se fue al tocador.
Dos horas después el galo se acerco a su amado y empezaron a besarse apasionadamente, empezando otra vez su ritual de amor.
Presente
Kanon seguía tallando el cuerpo de su hermano, sin darse cuenta se quito la ropa y se metió a la tina, agarro la cámara de video y rodeando a su hermano por la espalda ambos vieron su pequeña travesura, ahí estaban Milo y Camus, ambos haciendo el amor, sonrieron ambos gemelos y siguieron viendo el video.
Espiando a mi Vecino [MiloxCamus] [SagaxMilo]
Espiando a mi Vecino
Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
Género: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Camus se muda a Grecia, y mientras espera a su amigo Kanon, conocerá a su sexy vecino; Milo. Quién será su amor a primera vista, pero el joven heleno no está soltero. ¿Qué hará Camus? [Milo/Camus] [Saga/Milo] [Ligero Kanon/Milo]
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Si hubiera sabido
que a partir de ese día conocería al amor de mi vida, créeme que habría luchado
por ti a penas nuestras miradas chocaron. Pero ahora… me alegro haber esperado
ya que pude conocer al gran ser humano que eres.
Camus Blanc.
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El camión había llegado hace una hora, maldijo su
suerte cuando salió del taxi y el calor rozó su piel. El clima en Grecia era
muy distinto a su tierra natal, Francia, mientras que allá era frío aquí era
todo lo opuesto. Sus cansados zafiros se fijaron sobre la construcción que
ahora llamaría hogar, no podría
quejarse, la casa era enorme, una de las mejores del todo el barrio, tenía un
extenso jardín y un gran árbol de Sakura en donde podría quedarse a leer por
las tardes después de ir al trabajo o mejor, el fin de semana. Una sonrisa
apareció en sus labios involuntariamente, tal vez venir a Grecia no habría sido
tan malo, estaba lejos de su familia, sobre todo de su padre que siempre le
molestaba por no conseguir alguna prometida. Suspiró cansado y se sentó debajo
del árbol a esperar a Kanon, su único amigo desde la universidad, y el único con suficiente coraje para soportar
su mal humor. Al ser un hombre proveniente de una familia de gran poder sobre
Francia era muy difícil conseguir un buen amigo, generalmente siempre se
acercaban personas interesadas en su fortuna, por eso valoraba a Kanon. Miró el
reloj de su bolsillo y bufó bajito. ¡Odiaba que o hicieran esperar!
Las horas habían pasado con rapidez y eso lo estaba
aburriendo, dio un vistazo rápido al lugar donde sería su hogar y se sorprendió
que la casa de lado hubiera tantas personas reunidas, a decir verdad era la más
grande del lugar.
— Tal vez sea su familia — susurra bajito
recordando a la suya — Bien… creo que ya no vendrá.
Decidiendo que lo mejor era seguir por su cuenta
abre la puerta trasera del vehículo y mira todas las cajas, entre ellas leyó la
palabra Infancia tal vez debería
empezar por ahí. Era pesada, pero estaba seguro que el solo podría encargarse
de eso, sin esperar más lo agarró con ambos brazos y se dirigió hacia su casa,
pero apenas tocó el primer escalón se resbala. Aferrando la caja a su pecho
cierra los ojos esperando el impacto de su rostro contra el pavimento pero no
siente nada, ni siquiera ha llegado a tocarlo. Confundido, abre los ojos con
lentitud, primero mira hacia abajo suspirando aliviado al saber que estaba
lejos. Entonces una pregunta pasa por su mente ¿Qué pasó? Una suave risa lo
desconcierta, el galo sintió que el tiempo corría en cámara lenta mientras se
giraba para ver a su héroe, a unos pocos centímetros de su rostro unas
brillantes turquesas lo miraban fijamente con una sonrisa divertida.
Sus mejillas empezaron a calentarse, en ese
instante solo existía ambos y lo que pasaba a su alrededor le ere irrelevante.
El viento soplaba con suavidad meciendo los largos cabellos de ambos. Miró con
atención al muchacho que vestía solamente unos pantalones ceñidos que dejaba
apreciar las torneadas piernas una playera sin mangas ajustada de color negro
que hacía resaltar los músculos trabajados, y el cabello azul recogido en una
coleta alzada. Al sentir la mirada violácea de su acompañante el muchacho
sonríe, Camus desvió el rostro sonrojado y lo mira de reojo. Nunca había creído
en el amor a primera vista, pero parecía que este era el caso.
— ¿Estás bien? — pregunta — Permíteme ayudarte…
Simples palabras que habían logrado ponerle
nervioso, Camus abrió los labios para decir algo pero rápidamente los cerró al
no poder emitir sonido. Era la primera vez en toda su vida que no sabía que
decir pero eso al parecer divertía a su acompañante que sonrió. Se limitó a
asentir con algo de brusquedad.
— No… yo… no podría aceptar eso…
— ¡Vamos! ¡Quiero ayudar! — al principio lo miró
dubitativo pero viendo que las horas pasaban y encima que Kanon no llegaba
aceptó.
— De acuerdo… pero me dejaras invitarte algo de
comer ¿entendido?
— ¡Si señor! — dijo saludando como militar,
haciendo reír al galo.
Las horas pasaban entre pláticas y anécdotas,
Camus nunca había sido esa clase de persona que gustara de hablar con alguien,
pero sentía que con el muchacho podría ser el mismo, ni siquiera a Kanon le
sonreía con tanta soltura. La última caja fue puesta en la casa cuando el ocaso
empezó a hacerse presente, ya era hora de decir adiós. Cumpliendo con el trato,
Camus fue a la cocina a preparar algunos bocadillos y una anaranjada siendo
ayudado por el griego que le hacía reír con sus bromas. Al terminar, se sentaron
en el pórtico mirando como la luna empezaba a brillar.
— Es la primera vez que puedo hablar con alguien
sin tener que fingir — comentó el muchacho — ¿Sabes? Me he dado cuenta que
hemos hablado y no me he presentado. Soy Milo Dalaras ¿y tú?
— Camus Blanc… soy de Francia — susurra algo
nervioso por la cercanía del griego.
— ¿Francia, eh? Siempre he querido ir, sobre todo
a París, la ciudad del amor… — sonríe coqueto.
—Tal vez te enseñe la ciudad, he vivido casi toda
mi vida allá — siguió Camus, nunca había coqueteado a alguien pero ahora que lo
hacía se sentía extrañamente bien.
Milo solo sonrió ampliamente. Se quedaron así
unos minutos, contemplándose mutuamente. Camus miró los labios entreabiertos de
Milo y sin darse cuenta se fue acercando hacia los labios carnosos, Milo que no
se quedaba atrás también se acercaba, sus alientos chocaban entre sí. El galo
podía sentir el suave aroma a manzanas que desprendía los cabellos de Milo, sus
manos se rozaron apenas acariciándose con sus dedos, pero cuando estaban a
escasos centímetros de tocarse una voz seria y varonil se escuchó, seguido de
algunos pasos.
— ¡Milo! — el aludido se separó con rapidez al
reconocer la voz. Los largos cabellos azules del hombre se elevaban mientras
que corría, los esmeraldas que tenía por ojos relampagueaban furiosamente
cuando llegó hasta donde estaban.
Camus lo había reconocido, sintiendo las ganas de
matarlo por haberse tardado, hasta que se percató de cierto detalle ¿Cómo sabía
su nombre? “Kanon” jaló del brazo de Milo con brusquedad y rápidamente atrapó
sus labios demandando un apasionado beso que no tardó en ser correspondido con
algo de torpeza. Las manos grandes del mayor se posaron en la cintura de Milo
apegándolo a su cuerpo, era como si quisiera unirse en un solo individuo. Fue
en ese momento que se dio cuenta de lo que pasaba, se había enamorado a primera
vista de Milo. Agachó su cabeza, ocultando sus ojos violáceos ¿acaso algo más
podría salir mal? Kanon salía con la persona que amaba y no podía arrebatarle
la pareja a su amigo.
— ¡Camus! ¡Lo siento! — la voz de Kanon se
escuchó. Camus giró con rapidez y luego volvió a mirar a Milo y su novio ¡no es
posible!
A falta de aire, y por escuchar la voz de Kanon,
se separaron, Milo desvió el rostro mostrando un fuerte sonrojo. Su pareja no
era esa clase de personas que demostraba sus sentimientos en público a menos
que… ¿estaba celoso? Se mordió el labio inferior y evitó hacer contacto con
Camus, por alguna razón no tenía el valor suficiente de enfrentarlo, sentía que
había hecho algo incorrecto.
— Saga… — susurra Kanon sorprendido. Su gemelo lo
ve con frialdad y luego a Camus, eso no pasó desapercibido por el menor de los
gemelos, que rápidamente se situó delante del galo. Saga se mostraba
amenazante, solo eran algunas ocasiones cuando su hermano se molestaba y temía
que algo le pasara a Camus.
— Kanon, veo que conoces a este sujeto ¿es tu
novio? — pregunta Saga aferrando la cintura de Milo hacia su cuerpo de forma
posesiva.
— Si… — mintió — Lo conocí en Francia — se
dirigió al galo pidiendo con la mirada que siguiera su juego — Cami, él es Saga
Andreatos, mi hermano mayor y veo que ya conociste a su prometido, Milo
Dalaras, hijo del hombre con más poder sobre Grecia.
— ¡…! — Saga miró con desprecio a Camus, no era
un idiota pero por esta vez dejaría pasar eso, y solo porque Kanon estaba
involucrándose. La tensión se estaba haciendo presente y eso empezaba a
inquietar a Milo y Kanon que en un silencioso acuerdo decidieron agarrar cada
uno a su acompañante.
— Será mejor que nos vayamos, nos vemos mañana
Camus… — se despidió Milo — Kanon ¿te quedarás con nosotros?
— En realidad voy a quedarme en casa de Camus…
aun debo ayudarle a desempacar y hubiera llegado más temprano si no fuera por
Saga y sus recados.
— Hm, mejor para nosotros — susurra con
indiferencia el mayor, llevándose a Milo.
Kanon sabía que le debía muchas explicaciones a
Camus, pero debía decirle algo acerca de Saga y era mejor mantener informado al
galo antes de que se metiera en problemas con el mayor. Una vez en la sala
Camus miraba ausente su taza, esperando a que Kanon empezara a hablar.
— Primero que nada… lamento la demora. Ya has
conocido a mi hermano, es muy celoso y posesivo cuando se trata de algo que
quiere…
— Milo no es un objeto — masculló recordando la
forma en como agarró al griego — ¡Tu hermano está loco!
— Lo sé…
— ¿Qué? — Camus se quedó callado al escucharlo —
¿lo sabes?
— Fue una de las razones por la cual me fui de
Grecia. Saga siempre ha sido una persona inestable psicológicamente y mis
padres no podían controlarlo a excepción tal vez de Milo.
— ¿Por qué él? — pregunta, sintió escalofríos al
preguntar.
— Los padres de Milo siempre fueron amigos de los
míos, y cada vez que venían de visita su hijo se acercaba a nosotros… Saga que
ya había sido diagnosticado con bipolaridad y cualquier cosa podría alterarlo.
Mis padres estaban aterrados de que cometiera alguna locura con Milo, pero para
sorpresa de ellos Saga lo había aceptado, adoptando una posesiva forma de amar
que fue creciendo con los años.
— ¿Entonces Milo está atrapado? — susurra
aterrado ante el asentimiento del otro — ¿Y que tiene que ver el hecho de irte
de Grecia?
— Me gusta Milo —dijo directamente — Aunque él
solo me ve como un amigo, por lo menos tengo el placer de verlo de lejos.
— Kanon…
— Olvídalo… por lo menos estoy aliviado de saber
que puede escapar.
— ¿Ah? — Kanon sonríe con picardía y se cruza de
brazos.
— No creas que soy ciego… la razón por la cual
Saga estuvo tan molesto es porque Milo y tú tuvieron un flechazo. Hace mucho
tiempo que no veía ese brillo en sus ojos.
— Oye… no creas que…
— Camus… las oportunidades llegan una sola vez, y
es por eso que trataré de juntarlos, pero por ahora solo debes conformarte con
verlo de lejos.
— ¿A qué te refieres?
Sin pensarlo, jaló a su amigo hacia la habitación
del taheño, Camus no sabía a donde lo llevaba, o mejor dicho ¿Por qué lo
llevaba a su habitación? Mas al llegar Kanon le dijo que guardara silencio y
mirara hacia la ventana donde Milo estaba sentado desnudo, mirando hacia el
cielo. Camus se quedó sorprendido, sus labios estaban ligeramente separados,
sus mejillas estaban con un tenue sonrojo y sus ojos agrandados.
— ¿Pero qué…? — miró a Kanon con sorpresa, éste
tenía un tenue sonrojo en sus mejillas y solo negó con la cabeza.
—Solo mira… — susurra bajito.
Sus ojos se quedaron mirando hacia el Adonis
griego que miraba absorto la luna llena, si pudiera compartir esa bella vista a
su lado. Un par de manos aparecieron de la nada tocando el pecho y jugueteando
con las tetillas, logrando que de los carnosos labios una sinfonía de gemidos
se escuchara. Saga marcaba el cuello de Milo con hambre, queriendo demostrar
que nadie más que él podría poseerlo. Milo le pertenecía y eso no lo iba a
cambiar nadie, ni su hermano ni el francés. Saga ingresó en Milo, apoyando el
cuerpo en la ventana, mientras que el menor gemía con fuerza.
Camus se sintió voyerista por no quitar la mirada
del rostro sonrojado y excitado de Milo, y al igual que Kanon empezó a
masturbarse, su mente empezó a imaginar al griego debajo suyo y él montado en
sus caderas, subiendo y bajando, mientras que Milo lo marcaba como suyo una y
otra vez, recorriendo con sus labios y dientes el cuello mientras que sus manos
exploraban la anatomía griega.
—Milo…
Las siguientes semanas fueron tranquilas o eso
aparentaba Camus pues no soportaba ver a Milo y Saga tan apegados. Además que
había notado ciertas actitudes en el mayor con Milo, se lo había dicho a Kanon
pero éste intentaba tranquilizarlo, mientras que cumplía con su promesa,
distrayendo a Saga cada vez que se veían o evitaba que interfiriera cuando su
amigo y Milo se encontraban juntos. Renunciar al amor de su vida nunca sería
fácil, pero si con eso Milo sería feliz lo haría.
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Ya era una costumbre, siempre era la misma hora.
Como todas las noches Camus y Kanon iban a la habitación del francés a
contemplar a Milo, sintiéndose aliviados al no ver a Saga siempre con el griego
menor. A veces Milo solo se dedicaba a observar la luna, u otras veces leía
algún libro. Camus había notado que el brillo en la mirada de Milo empezaba a
desaparecer lentamente, y cada vez que lo mencionaba Kanon se hacía el
desentendido o se ponía nervioso.
— Kanon… creo que no debemos hacer esto — susurra
sintiendo la culpa. Siempre había querido parar porque a veces Milo se
encontraba desnudo, sobre todo en las noches calurosas.
— No está…
— ¡Oye! ¿Me estas escuchando? — reclamó el menor,
pero al ver la mirada horrorizada de Kanon se preocupó — ¿Kanon?
El sonido del celular lo sobresaltó, casi con
temor leyó el contenido, poniéndose pálido al terminar. Sin decir nada, salió
corriendo de la casa del francés. Camus cerró los ojos y se tiró a su cama boca
arriba, debía parar con todo, mañana mismo se lo diría a Milo, aunque eso
signifique recibir su odio. No debió hacer caso a su amigo.
— ¿A dónde habrá ido? — susurra al recordar la
palidez en el rostro de Kanon. Volvió a mirar hacia la habitación de Milo y
suspiró — ¿Dónde estarás?
Dispuesto a dormir un poco para relajar su
consciencia Camus se acomoda mejor sobre la cama, pero cuando cerró sus ojos el
timbre empezó a sonar con insistencia. Con algo de pereza se levanta miró la
hora en su reloj de la muñeca suspirando al ver la hora ¿Quién sería? Al abrir
se quedó de piedra al ver a Milo que tenía algunos rasguños en su rostro y
brazos, la ropa estaba hecha jirones y su cuello tenía las marcas de unos
dedos.
— ¿Milo…? — el menor enterró el rostro en su
pecho evitando llorar. Le dejó entrar yendo por un vaso de agua.
Ya más calmado, Milo dejó el vaso en la mesita de
centro que había frente a él. Camus sentía como su corazón se oprimía cuando
vio las primeras lágrimas resbalar por las mejillas. El griego le explicó que
había terminado con Saga ya que éste era demasiado celoso y posesivo, y que en
uno de sus arranques de celos casi lo violaba. Que ya no podía controlar el
temperamento del mayor cuando dejaba salir a “Arles”. Al oír esto, Camus sentía
su sangre hervir al ver como Milo empezaba a llorar desesperadamente. El griego
amaba a Saga, a pesar de casi haberlo violado, pero ya no soportaba recibir los
maltratos cada vez que enloquecía, y temía que si regresaba a su lado y de
nuevo se ponía celoso llegara más lejos, hasta matarlo. Camus escuchaba
atentamente cada una de las palabras que decía Milo, sintiendo impotencia al no
poder borrar el mal momento que vivía. Su corazón estaba hecho un revoltijo de
sentimientos, por una parte estaba feliz ya que ahora podía estar con Milo,
pero por otra parte sentía una gran ira que amenazaba con salir. El peliazul se
acurrucó en los brazos del francés, sintiendo su calor, estaba demasiado
vulnerable, no podría ayudar más a Saga y eso lo llenaba de nostalgia. Cuando
era un niño era más fácil, cuando los dos pasaban las horas debajo del gran
árbol del jardín de sus padres, hablando de las anécdotas del mayor. La sonrisa
amable y tierna que Saga le dedicaba no tenía precio. Aun podía ver aquellos
tiempos de antaño, a Saga con un enorme libro y él sentado en su regazo,
escuchando cada palabra que salía de aquellos labios que muchas veces lo habían
besado.
— Lo siento Milo… — susurra acariciando los
azules cabellos — Si pudiera hacer algo…
— Ya has hecho suficiente… me has escuchado y eso
basta.
Levantó su rostro para encontrarse con el rostro
preocupado de su vecino y amigo, le sonrió agradecido y apenado por escuchar su
historia, Camus negó con la cabeza enternecido por el pequeño rubor que tenía
Milo en sus mejillas y el brillo que volvía a sus ojos, le devolvió la sonrisa,
revolvió los cabellos de Milo con su mano haciendo que el rubor incrementara.
Cuando se levantaron del sillón, Milo se tropezó con la alfombra y cayó encima
de Camus, quedando sus labios pegados. El corazón de ambos empezó a latir con
fuerza y las corrientes eléctricas no se hicieron esperar en el cuerpo de ambos
muchachos. Ambos estaban en aquella posición, sin ni siquiera moverse, al
separarse ambos tenían los rostros rojos que podían compararse como un
jitomate, no deseaban mirarse, pero sus ojos los traicionaron. Sus miradas se
encontraron haciendo que un calor invadiera sus cuerpos. Camus no lo soportó
más, agarrando la playera de Milo, lo jaló volviendo a juntar sus labios,
besándolo con ternura y pasión, lo amaba, desde el primer día que lo vio, es
por ello que siempre quiso acompañarlo, en todo. Los ojos de Milo se abrieron
de la sorpresa, hace unas horas atrás había terminado una larga relación con
Saga y aun no se sentía listo para otra, pero aun así decidió que por hoy
olvidaría aquel mal momento, cerrando sus ojos, disfrutó aquel contacto que
hacía vibrar su cuerpo y acelerar su herido corazón. Con algo de torpeza, ayudó
a Camus a levantarse, bruscamente se separaron para tomar el aire robado para
otra vez besarse con la misma intensidad. Así Camus fue desabrochando el
pantalón de Milo mientras que éste, le desabotonaba la camisa. Todo esto lo
hacían sin dejar de besarse. Su recorrido a la habitación de Camus empezó,
chocando con cuanta cosa se hallaban en el camino, las ropas empezaron a
desaparecer con cada paso que daban.
Entraron a la habitación y Camus acorraló a Milo
en la pared y lo abrazó tratando de rememorar el momento, soltó un suspiró de
placer mientras que una de sus piernas se metía entre las del peli azul, el
cual con el acto, soltó un profundo gemido. Después de acabar con el resto de
la ropa, ambos llegaron a la cama, donde las manos y los labios se llenaban de
sus cuerpos, llegando a lo más profundo e íntimo que se pueda describir,
provocando en ambos gemidos de excitación y placer, Camus encima de Millo se
deleitó con aquel cuerpo que deseó poseer desde que lo vio. Jadeos y suspiros
llenaban la habitación, Milo cerró los ojos tratando de aspirar el aroma que
desprendía de Camus, el galo en eso, se acercó a su oído. Al sentir el aliento
cálido de Camus, su cuerpo entero se estremeció.
— Deseo que me poseas… quiero ser tuyo Milo — la
voz ronca y cargada de lujuria, prendió más a Milo, que soltando un gemido
grave intercambió de posición con Camus, esta vez quedándose él encima del
francés.
Milo lo veía con ternura y Camus igual, ambos
estaban estudiándose, transmitiéndose, lo que querían decirse desde hace ya
mucho tiempo, aunque uno de ellos no lo sabía. En ese momento, Milo empezó a
recorrer el cuerpo de Camus con maestría, deleitándose con el suave tacto de su
cuerpo, bajó hasta llegar a la altura del miembro del galo. Besó la punta
haciendo estremecer al mayor, para luego meterlo a su boca, sus manos se
encargaron de masajear los testículos de Camus, sacando varios gemidos a este,
el francés no se quedó atrás y agarró suavemente sus hombros, para luego
simular pequeñas penetraciones en la boca del griego. El griego metió tres
dedos en la boca del francés diciéndole que los chupara, Camus obedeció y
empezó a degustar como si de un dulce se tratase, una vez listo empezó a
besarle, anticipándose a lo que vendría, metió un dedo en el interior de Camus.
Al sentir la intromisión del dedo en su interior no pudo evitar soltar un leve
gemido ahogado de dolor, el griego se apresuró a distraerlos con su labio,
siguió con su tarea de lubricar su estrecha y virginal entrada. Cuando ya
estaba bien lubricado lo reemplazó con su ya erecto miembro, se mordió el labio
inferior sintiendo lo estrecho que estaba, empezó su vaivén una vez que Camus
le diera la señal, ambos empezaron a gemir por el placer que estaban sintiendo,
así ocurrió hasta llegar al satisfactorio clímax carnal. Ya era de noche, ambos
cansados de su muestra de amor se quedaron dormidos, Camus acurrucado en los
brazos de Milo con una sonrisa y un sonrojo al igual que su amado.
~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~*~
Los primeros rayos de sol empezaron a colarse en
la ventana de su habitación, los párpados de Camus empezaron a temblar
ligeramente al sentir la luminosidad chocar con su blanquecino rostro con
pereza empezó a abrir sus ojos. Palpó con la mano un sitio donde debía estar
Milo, encontrándolo vacío, estaba solo, pensó que lo de anoche era un sueño,
una fantasía que su propia mente le había jugado, por el deseo de su corazón.
Sus ojos se anegaron por las lágrimas
que deseaban salir, empezando a llorar, cuanto había deseado amanecer a lado de
su amado. Con la mirada desvió sus ojos para posarla por la ventana, para ver
si Milo estaba en casa, mas no lo vio, sintiendo otra vez un vacío en su
corazón. Suspiró con tristeza al pensar que su amado estaría con Saga en su
casa, más todo pensamiento desapareció al tener un escalofrió al sentir unos
fuertes brazos rodear su cintura, se giró y lo vio, Milo estaba ahí abrazándolo
con una sonrisa.
— Mmm no sabía que desde aquí se podía ver mi
habitación — le dijo divertido — Creo que no he
sido el único que ha estado espiando a su vecino — esta confesión lo
hizo voltear asombrado, el peliazul se sonrojó apenado por la confesión,
mientras que el galo le empezó a besar tiernamente.
— Te amo — susurró y siguió besándole.
No se dijeron más y se quedaron abrazados,
repartiéndose besos y caricias, diciéndose lo mucho que se amaban con cada
caricia.
Minotauro
Mi nombre, es Kardia, tenía 22 años cuando morí, en aquella época en el año de 1950, aun era un chiquillo prácticamente, vivía en la antigua ciudad de Atenas, mis padres murieron quedándome huérfano a muy temprana edad, tenía un amigo, con quien hablábamos sobre historias de todo tipo, un día me conto sobre una antigua caverna, en donde se encontraba una criatura mitológica, me decían que cada cierto tiempo, aparecía de entre las tinieblas un ser que se comía humanos, volvería, en aquel entonces no sabía lo que me podría haber pasado, mil veces me arrepiento de haber ¡¡ido!!
Aquella vez, era un 2 de noviembre cuando ocurrió todo, caminaba por los alrededores de aquella vieja ciudad abandonada, miraba sin mucho ánimo las advertencias, caminaba junto a él, me sentía feliz de haberlo tenido a mi lado, la luna se puso en lo más alto dejando ver hermosa, una perfecta luna llena, el me agarro del brazo, me dijo que debíamos regresar, le dije que no se preocupara, que nada pasaría y que yo lo cuidaría, ¡Debí haberle hecho caso!
Entramos en aquel laberinto todo estaba silencioso, le tome de la mano y fuimos hacia el centro, lo mire y le sonreí tiernamente.
-Ves te dije que no pasaba nada –le dije con una gran sonrisa. Entonces vi como su rostro se volvía pálido, no sabía lo que le pasaba me preocupo ver su rostro lleno de horros y preocupación.- ¿Qué ocurre? –le pregunte, me señaló hacia atrás, cuando voltee lo vi, era aquel ser mitológica, el minotauro, al ver que no se movía lo tome de la mano y empecé a correr.
Seguimos corriendo, pero ninguno de los dos recordaba el camino que era de regreso, el se aferro a mí, unas lagrimas empezaron a salir de sus bellos ojos, me sentí el ser más estúpido, estaba arriesgando la vida de la persona que mas amaba en este mundo. El minotauro nos encontró, alzo su enorme garra y nos ataco, lo cubrí con mi cuerpo y me deje golpear por él, empecé a sangrar, mas no me importo, vi como mi amado sufría por mis heridas, tratando de detenerme pero le negué- Te protegeré con mi vida –le dije sonriendo.
El minotauro volvió a atacarme, y me tiro al suelo dejándome medio muerto, la sangre salía a montones, empezaba a perder la conciencia, pero el grito de mi amado me despertó, agarre un pedazo de piedra que rompió y le clave en la espalda, este furioso me lanzo por los aires y se fue corriendo hacia donde estaba yo, cerré los ojos fuerte, pero un grito me hizo abrirlos, y ahí fue lo que vi, el cuerpo de mi amado herido, el minotauro iba a matarlo.
Si tan solo le hubiera hecho caso, si tan solo hubiera sido más responsable, ¡yo y mi maldita curiosidad!
Corrí hacia mi amado y lo agarre, lo cargue y lo lleve hacia la salida, el minotauro aun nos seguía, si seguíamos huyendo, nos mataría a los dos, el se volvió a aferrar a mí, lo mire dulcemente y lo empuje hacia los arbustos, el minotauro me miro y empezó a correr hacia mí, agarre una piedra filosa y la escondí, empecé a correr, yo seria la carnada para aquella bestia, cuando ya no tuve escapatoria me atravesó el cuerpo, justo a tiempo le clave la piedra en el corazón, me percate que él lo había visto todo, lo único que le pude decir fue un- Perdóname –de ahí quede inconsciente y fallecí.
Lo que supe de él fue que me llevo entre brazos a su casa, sus lagrimas escurrían por su bello rostro, lo sé, lo vi desde el cielo, mi alma observaba como mi hermoso ángel de los hielos derramaba lagrimas amargas por mí, su mirada se hizo de hielo, se mantenía aferrado a mi inerte cuerpo, sus padres estaban preocupados, ya que no salía de su habitación, cuando lograron abrir la puerta, vieron a mi amado muerto, sus ojos con rastros de lagrimas, su piel mas pálida de lo normal, y lo más sorprendente, estaba aferrado a mi ¡me arrepiento! ¡Soy un ser egoísta en solo haber pensado en mi y no en el! Solo espero que algún día, tal vez en otra vida volverlo a ver.
Siempre te voy a amar mí amado príncipe de los hielos, mi amado acuariano, mí amado Dégel…
Sentado en una nube admiro la belleza de la vida, si tuviera la oportunidad de volverte a ver, desearía estar a tu lado otra vez.
“Y siempre lo estarás” al escuchar aquel susurro sonrío “¿Esperaste mucho?” se empezó a acercar y me dio un tierno beso, negué con la cabeza y se sentó a mi lado, y así nos quedamos, los dos, admirando lo que desperdiciamos por mi culpa… la vida… y nuestro amor…
Dégel y Kardia
El Rapto de Kardia [Capítulo 01]
El Rapto de Kardia
Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
Género: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Kardia y Dégel tienen una misión nueva, donde tendrán que escoltar a dos duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se empieza a obsesionar con el escorpión llegando el límite de raptarlo. Ahora Dégel debe recuperar a la persona más importante y de la que está enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo logrará? (Yaoi) (Kardia/Degel) (Manigoldo/Albafica)
-:-:-:-:-:-:-:-
001
El Rapto de Kardia
Reinaba en
Esparta, pequeña ciudad de Grecia, el joven príncipe Menelao, hijo de Antreo y
hermano del poderoso rey de Micenas, Agamenón. Su morada real era pequeña, casi
rústica, pero él vivía feliz en medio de su pueblo, al que amaba, teniendo a su
lado a la mujer que había conquistado venciendo a mil rivales. Estos, los más
poderosos y gallardos entre los príncipes aqueos (griegos), llegaron de todas
partes para disputarse la mano de Helena, hija de Leda, la mujer más bella del
mundo. Hacía dos años que Menelao había desposado a Helena, y tenían una linda
niña llamada Hermione.
Un día quebró la
quietud de la pequeña ciudad la llegada de algunos extranjeros. Estos entraron
por la puerta principal y bajaron de sus caballos en la plaza, frente a la
morada real, en medio de un grupo de curiosos que miraban maravillados sus
extrañas vestimentas, sus monturas cubiertas de polvo y sus rostros bronceados
de tipo oriental. Entre los recién llegados se
destacaba una joven singular belleza que, por la riqueza de sus
vestimentas y la dignidad de su porte, parecía ser el jefe. Este penetró con un
compañero en la mansión del rey Menelao y solicito asilo para sí y los suyos.
“Yo soy” dijo
“El príncipe París, hijo de Príamo, rey de Troya. Viajo para anular un presagio
de Apolo de Delfos y quisiera detenerme algunos días para que descanses mis
hombres y mis caballos.”
Menelao acogió de
buen grado al huésped; hizo preparar el baño y los ungüentos perfumados, un
convite digno del extranjero. Durante el banquete París resplandecía de
juventud en las suntuosas vestimentas asiáticas. Se abrieron las puertas del
salón y apareció la dueña de casa acompañada de sus doncellas. Con solo verla,
el huésped comprendió que su viaje no había sido inútil. Helena le pareció más
hermosa aún que la diosa aparecida en aquella mañana, entre las encinas del
monte Ida. Por desgracia el pastor (París) había suscitado el mismo sentimiento
en el corazón de Helena, a quien Afrodita, invisible, susurraba palabras
persuasivas.
Esa misma noche,
mientras la mansión real se hallaba sumida en el silencio, los extranjeros
ensillaron los caballos y salieron sin ruido de la ciudad, llevando consigo la
presa codiciada. Para mayor vergüenza, París, además de Helena, se llevaba todo
lo más precioso de su anfitrión. Pocas horas después, un veloz navío cretense,
impelido por fuerte brisa, se deslizaba sobre el mar Egeo, transportando a las
costas de Tróade (Troya) su cargamento, triste presagio y fruto de traición.
Tal acción Paris, originaría, pues, la llamada “Guerra de Troya”.
.
.
.
.
.
— ¡Guau! Que
interesante historia —exclamó la pequeña Sasha de ocho años, que se encontraba
junto a Kardia en el onceavo templo, ambos, sentados en la cama de Degel— ¿Cómo
se llama?
—El Rapto de
Helena —respondió Degel, que estaba sentado en una silla al frente de ambos,
con una leve sonrisa. Kardia, que había empezado a devorar un cesto de manzanas
sonrió de lado ante la curiosidad de Sasha y el rostro iluminado de Degel.
—Degel me
gustaría escuchar otra historia mañana —dijo Sasha— Ahora estoy cansada —dio un
pequeño bostezo.
—Como usted desee
Señorita Athena —dijo cortes Degel regalándole una sonrisa
—Gracias —dijo
con una sonrisa y salió hacia su templo corriendo.
—Mmmmm nos dejó
solos —Kardia, que sonreía pícaramente ante el adorable rubor que apareció en
las mejillas de Degel, gateó hacia donde se encontraba el francés, tomándolo
entre sus brazos, Degel iba a contestarle, pero fueron llamados por Manigoldo,
que se encontraba en la entrada de Acuario, gritando.
Dégel suspiró y
Kardia chasqueó la lengua frustrado.
—Iré a ver que
desea —se levantó de la silla y e agarre de Kardia, dándole un pequeño pero
rápido beso en los labios griegos, dejando a un ruborizado Kardia, que no se
esperaba tal acción del siempre recto Acuario, que tras dar una sonrisa
divertida por el pequeño juego de Degel volvió a atacar la canasta de manzanas.
Después de unos
minutos apareció Dégel, que venía concentrado leyendo unos papeles, Kardia lo
ignoro y siguió con su labor las dos últimas manzanas que quedaban. Al terminar
de comer y ver que aun Dégel estaba concentrado en aquellos papeles se acercó
lentamente por la curiosidad y le arrebató los papeles de las manos.
—Kardia —reprocho
el francés— Lo estaba leyendo.
—Me aburrí de
verte leer —dijo alzando los hombros— ¿Qué son? —Dégel sorprendido de verlo
curioso en algo que tenga que ver con papeleo, pero aun así contestó.
—Es una misión,
tenemos que ir a recoger a unos duques italianos, que tienen una conferencia
con el patriarca y Athena.
—Espera… ¿‘tenemos’? ¿Por qué tengo que ir yo?
—Preguntó aburrido— Es una misión aburrida y simple, no iré.
—Kardia —suspiró
derrotado— Es una orden del patriarca.
—No me importa,
no quiero ir —Kardia se levantó y se tumbó en la cama de Dégel, boca arriba. El
acuariano se levantó y se sentó a su lado, le acarició la cabeza, relajando al
de escorpio.
—Si quieres te
compro un saco de manzanas mañana después de la misión —trató de negociar con
el pero le fue imposible.
—NO —dijo firme
Kardia.
—El patriarca
está de acuerdo con esto —Dégel suavizó su mirada.
— ¿Con el saco de
manzanas?
—No, que vayas y
que si no te obligara —dijo, Kardia vio la sonrisa que se dibujó en el rostro
de Dégel, haciéndolo estremecer, resignado aceptó.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
La misión
consistía en escoltar a unos duques que venían a negociar con el patriarca
acerca de una armadura griega, que ellos hallaron hace unos años atrás en una
excavación cerca del Coliseo Romano. Para eso ambos caballeros tenían que
viajar a Italia para recoger a los duques. El transcurso fue aburrido Kardia que
estaba jugando con sus dedos mientras miraba por la ventana del carruaje todo
Roma. Ahora entendía porque Manigoldo siempre decía que su natal era especial y
muy rico en gastronomía. Ambos hombres vestían unos pantalones ceñidos de color
negro, una camisa holgada blanca y un abrigo también negro largo hasta dos
centímetros antes de la rodilla. Con cada lugar que pasaban, Kardia miraba
pegado a la ventanilla asombrado. Cualquiera que lo mirara o que lo conociera
no podrían creer que sea el mismo santo de escorpión. Degel que estaba sentado
a su lado miraba a Kardia con ternura, se sentía afortunado de ser el único en
saber cómo era realmente el griego.
Al llegar, Kardia
se sorprendió al ver la enorme mansión del duque, sin darse cuenta de sus
acciones, apretaba la mano de Degel para poder controlar la emoción que
recorría, ya que podía parecer indiferente, pero por dentro se sentía dichoso
de poder estar con el francés en otro país. Dégel solo lo miró de soslayo y
sonrió, toco la puerta y esperaron unos minutos. La puerta se abrió y de ahí
salieron dos jóvenes duque, uno de ellos era el más alto, tenía el cabello
corto con algunos mechones largos cayendo por sus mejillas de color azabache,
su piel era pálida y tenía ojos color violeta que podría competir con los de
Degel, mientras el otro era unos centímetros más bajo tenía los cabellos
semi-largo de color rubio con tonos anaranjados, sus ojos eran de color azul
grisáceo y su piel estaba levemente bronceada resaltando aún más sus ojos.
Cuando el
azabache miró a Kardia sintió que estaba en los Elíseos, era el ser más bello
que jamás haya visto. Aquella mirada traviesa y ese aire rebelde que desprendía
Kardia lo estaba hechizando. El griego no se percataba de la intensa mirada,
mantenía su rostro una mueca de fastidio por tan simple misión, aunque varias
ideas cruzaban por su mente, ¡claro! Degel era el protagonista de todas y cada
una de sus fantasías. Nunca lo admitiría abiertamente, pero ya se estaba
enamorando de ese hombre.
Los duques se
presentaron cuando Degel y Kardia terminaron, al azabache se llamaba Arion
Devlin quien era el Duque de la mansión y el de cabellos rubios Altair
Draconiss, su mano derecha.
El recorrido
hacia el santuario fue silencioso, Kardia dormitaba en él se le iluminaron los ojos al ver a Kardia,
éste no le tomó importancia, estaba fastidiado ya que Dégel lo había obligado a
ir, o mejor dicho convencido. Se presentaron, el pelinegro se llamaba Arion y
el rubio se llamaba Altair, el recorrido hacia el santuario fue silencioso,
aparte de ellos, los duques fueron escoltados por unos guardias que manejaban
su propio barco (el del duque), Kardia solo miraba aún más aburrido el paisaje,
mientras Dégel se divertía por los gestos de su amigo, ya le recompensaría,
volvió a su lectura, uno de los guardias le trajo una canasta de manzanas, que
Kardia no dudo ni un segundo y se abalanzo a la pobre canasta y empezó a
devorar cada manzana, de ante la mirada atenta de Dégel que se reía por dentro,
pero no era el único que lo miraba, sino Arion que se embelesaba con cada uno
de los gestos del peliazul.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Luego de su
reunión con Atena y el patriarca, la primera les invitó a quedarse en el
santuario como muestra de su gratitud por el objeto devuelto. Arion se
encontraba caminando por los alrededores, admirando el enorme paisaje del
santuario, a su lado se encontraba Altair, su mejor amigo y mano derecha, ambos
estaban en silencio, hasta que vieron a Kardia que subía hacia la octava casa,
Altair sintió un poco de celos al ver a su amigo embobado con el caballero de
Atena.
—Hola Kardia
—saludó alegremente el pelinegro, el peliazul lo miraba, tratando de recordar
donde lo había visto.
—Hmmmm, eres Aron
¿Verdad? —dijo Kardia con tono desinteresado, el pelinegro se rio bajito, cosa
que incomodó a Kardia.
—Arion —corrigió
divertido, Kardia solo chasqueo con la lengua, mientras Altair los miraba
receloso.
—Por cierto ¿Qué
haces aquí? —preguntó Kardia comiendo una de sus manzanas.
—Estaba admirando
el paisaje —dijo sonrojado, mirando a Kardia que ni se dio cuenta de las dobles
intenciones de su interlocutor.
—Pues no deberías
estar aquí —dijo mirándolo, había terminado sus manzanas, se acercó a Arion
hasta quedar a unos centímetros de su rostro, esto hizo que el azabache se
sonrojara hasta competir con una de sus manzanas, Kardia se separó y se dio
media vuelta— Debes irte con el patriarca —sentenció serio— Las doce casas no
es un lugar turístico te puede pasar algo si no tienes cuidado —diciendo esto
entró a sus aposentos privados. Arion quiso seguirlo pero se detuvo, ya tendría
mucho tiempo.
El cielo estaba
siendo cubierto por el manto de la noche, fría, donde se podía sentir la
llegada del invierno. En esos instantes Kardia deseó nunca más salir de su
habitación, pero siendo un caballero de Athena no podía darse ese lujo. Con un
último pensamiento de cierto hombre de los hielos quedó profundamente dormido
en su lecho. Sin darse cuenta que alguien se acercaba peligrosamente hacia él.
Arion caminaba
con elegancia y sigilo por los pasillos de la octava casa, admirando el lugar
donde su pequeña obsesión custodiaba, elevó su cosmo, llamando a Altair quien
se encontraba listo para cumplir las órdenes del azabache. Admiró aquellos
rasgos tranquilos e inocentes que Kardia ponía al dormir, quien quiera que lo
mirara jamás creería que al despertar una fiera indomable e encontraría. Sin
esperar ni un minuto más, teletransportó a su mano derecha y al octavo custodio
rumbo a su hogar.
—Ahora mi querido
Kardia, yo seré tu único dueño, y tú serás mi único amor —susurró y le dio un
beso en los labios.
—Mi señor —dijo
haciendo una reverencia el rubio— ¿Está seguro de lo que desea? —preguntó
celoso.
—Si Altair —dijo
serio— O es que acaso quieres estar en contra de tu dios —agregó con la voz más
fría y escalofriante que pudo soltar. El rubio negó y siguió agachando la
cabeza.
—No… —susurró
Altair con cierto temor—…mi señor Apolo —se levantó y se retiró de la
habitación.
Comentarios de la
Autora:
Sinceramente este
fic es el más extraño que he hecho. Una historia inspirada en el “Rapto de Helena” en donde dio inicio a
la gran guerra de Troya XD Al principio quería poner a Degel, pero luego me
dije: ¿Por qué no a Kardia? XD además que como él tiene un fuerte carácter
daría más dolores de cabeza XD
En fin, gracias
por tomarse su tiempo de leer y no olviden dejarme un reviews para saber si les
gustó o no. SOLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS.
Se despide
Nikiitah.
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