lunes, 29 de junio de 2015

Du Ciel á L´enfer [Capítulo 2]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)





Capítulo 2: Opposé


En los rincones de la biblioteca acostumbraba a pasar en limpio sus grabaciones sobre aquel caso especial que lo ha impulsado a tomar los estudios en Psicología, una parte muy íntima que no pretendía exhibir en su tesis, por lo que esta última estaba enfocada a la terapia de lectura a los pequeños enfermos de cáncer, la manera en que mentalmente  eleva el entusiasmo de los menores para luchar contra las células malignas.


Sus cabellos color jade reposan como cascada sobre la mesa de trabajo, el bolígrafo terminaba por deslizarse hacia el piso, una  y otra vez su propia voz resonaba en los audífonos que resbalaron al cabo de los minutos de sus oídos. El cansancio de su ritmo de vida sucumbía ya en su físico, visibles ojeras abultadas remarcan sus bellos ojos amatistas tras el cristal de sus gafas.



Apenas un suave movimiento  de  Anabela, la anciana a cargo de la biblioteca de la universidad le hace reaccionar – Degel te volviste a quedar  dormido – su voz baja apenas era audible para el adormilado peliverde que se frotaba los ojos para enfocar mejor, mira su reloj dándose cuenta que de nuevo llegaría tarde a una de sus clases, apaga el reproductor de cinta de audio y guarda todo en la mochila al igual que las libretas que tenía extendida sobre el escritorio de trabajo.

La cátedra del profesor Dohko había comenzado hacía ya veinte minutos, consciente  de ello, el joven francés  – Señor Darcy, es la última vez que le permito la llegada tan tarde a mi clase – sentencia el profesor al ver el intento de Degel por pasar desapercibido al colarse a la clase.

–Lo siento profesor Long, no volverá a suceder– el peliverde baja la mirada al sentir a toda la clase con los ojos puestos sobre él.

–Ya se lo he dicho, no se pueden hacer  dos cosas al ciento por ciento a la par, o trabaja o termina su universidad – la mirada severa del mayor provoca en Degel el querer sumergirse en su pupitre el resto de la clase que fue poco más de quince minutos pues cinco minutos ya estaban siendo desperdiciados en un extenso sermón que tuvieron que escuchar por culpa del francés que como costumbre como lo decían sus compañeros, era quedarse dormido por los rincones de la universidad.



–Vamos no le hagas caso al viejo – alguien susurra detrás  suyo, el castaño payaso del grupo le sonríe, a decir verdad, Degel no tenía mucho acercamiento con sus compañeros, pero en el caso de Yato era prácticamente imposible a veces entablar conversación por lo impertinente y parlanchín que resultaba.



–Como si fuera tan fácil – fue lo único que logro responderle al ladearse solo unos cuantos centímetros para mirar de reojo a su compañero de clases, antes que el viejo le llamase la atención de nueva cuenta exhibiéndole como irresponsable.



La campana al fin le quita de encima la sombría mirada del mayor, dando por terminada la clase –Darcy… quiero ver el adelanto de tu anteproyecto – lo intercepta antes de que el francés pueda abandonar el aula.



–Profesor Long, se la entregaré en cuanto el Doctor Paudel me la devuelva, está dándole una revisión – explica con toda seguridad aceptando el gesto molesto del impaciente Dohko.


–Pues no te tardes… lo necesitas para la asignación de hospital residente para tus prácticas – el mayor cierra su portafolios dejándolo ahí de pie observando escasos segundos la cara de espanto de su estudiante, al salir del aula enmarca una sonrisa burlona, disfrutaba presionarles para que dieran su mayor esfuerzo, consideraba que solo sacrificándose al máximo lograrían sus metas, por el contrario Shion Paudel siempre era condescendiente con los alumnos muy posiblemente para alivianarlos de las exigencias de su amante secreto Long.



Algo estresado por la situación el peliverde sale en busca del Doctor Shion Paudel para preguntar por la revisión de su documento, sin embargo, le avisa una de las asistentes que acaba de salir a comer con el Doctor Long – Viejo mañoso – susurra entre dientes esperando que nadie le haya escuchado, sentía que el anciano Dohko ya la traía contra él.



Su agenda tan apretada le obligaba a salir a las carreras de la universidad, a cada minuto miraba su reloj corriendo una maratónica carrera para alcanzar el autobús que lo dejaría a dos calles de su casa, por suerte logra alcanzarlo aunque para ello corre calle y media gritándole al conductor para que se detenga. Completamente escurriendo gruesas gotas de sudor logra abordar y pagar su viaje más era evidente al girar su cuerpo que lugares vacíos no encontraría para recuperar el aliento sentado. Empujones de algunas personas mayores para poder descender del autobús, arrimones en el trasero de algunos tipos morbosos, rozamiento de  pechos de chicas voluptuosas en la espalda, era la rutina diaria que padecía, ventaja de ser estudiante de Psicología… todo eso lo bloqueaba su mente para no sufrir traumas posteriores, pues con su vida ya era suficiente como para apilarle más líos.



Al bajar del autobús se dirige a la casa de dos niveles en color azul cielo donde vivía solo con su hermano desde hace casi ocho años, que era el tiempo en que sus padres habían fallecido, eso sin contar un año en los que posterior a quedar en la orfandad, su abuela materna los acompañó sus últimos días.



Sus deberes en la cocina ya le esperaban, antes se apresura a colocar toda la ropa sucia en la lavadora, mientras este aparato hacia su labor, aprovecha para cocinar para que cuando llegue su hermano encuentre todo listo. No era una gran variedad su alacena, pero lo básico nunca faltaba en casa, una buena sopa de verduras acompañado de arroz fue lo que preparó antes de ir de nueva cuenta a la lavadora para colgar la ropa en el tendedero. Exhausto toma un descanso de tan solo quince minutos antes de darse un baño, no había más tiempo o llegaría tarde al casino donde laboraba todos los días hasta la madrugada.



–Hey… ¿a dónde crees que vas? – el jefe de sala Tatsumi le toma del brazo cuando el peliverde intenta incorporarse a su área llegando tan solo cinco minutos tarde, lo que para el calvo ameritaba un castigo, sabía bien en donde darle al menor – Te vas a la sala de Póker y no quiero objeción o te levanto un acta – advierte amenazante el tipo con sus malos humores de siempre.



– No he dicho nada, no tiene por qué amenazarme señor Tatsumi - responde Degel en un intento por querer defender sus derechos humanos sobre el atosigante jefe, arrastrando un poco los pies camina a la sala contigua donde el olor a tabaco y ebrios inundaba el lugar, coge sus instrumentos de trabajo y se coloca en una de las mesas de juego, ya varios hombres rabos verdes se encontraban a la espera del Croupier para la repartición de las barajas.



Cuatro jugadores miraban ansiosos la ronda de barajas en sus manos, tan solo el peliverde mantenía la mirada neutra en el momento que el primer jugador muestra  doble par en su jugada, nervioso el hombre canoso mira a su contrincante mostrar una escalera simple, estaba por arrebatar las fichas de diversos colores, cuando el más joven de los jugadores baja sus cartas mostrando una escalera real – Gané… y esta preciosura sí que me trajo suerte – da un sorbo de golpe a su copa, al bajar el recipiente golpea algo fuerte la mesa, al tiempo que su mano da al trasero de Degel dando un buen apretón, el Croupier aprieta los ojos para controlar su ira pues al frente estaba paseándose Tatsumi echándole una miradita para que no se atreviera a hacer escándalo alguno queriéndose hacer el digno porque ya conocía lo morbosos que eran algunos clientes con unas copas de más.



Dos mesas atrás un joven apuesto miraba con atención aquella escena, termina de dar la última bocanada a su cigarro antes de aplastarlo contra el cenicero, no faltó el momento en que pudiese escanear la bella figura del empleado con la sonrisa socarrona que le caracterizaba. Más se detiene al ver la reacción del hermoso peliverde… – Felicitaciones Señor, solo le pido el favor que respete mi trabajo, aquí estoy solo para repartir las cartas y nada más – la mirada asesina de esos ojos amatista lo cautivan al controlar al tipo con modales tan propios para su edad, sin embargo, el hombre iba a reclamarle algo, pero el joven de cabellos cortos azulados que seguía la discusión detiene el brazo del hombre solo para hacerle correr al siguiente asiento e incorporarse al juego.



–Buona fortuna  – su exquisito acento italiano llamó la atención del chico francés por unos segundos antes de concentrarse en el mazo que empezaría a repartir, la buena suerte le iluminaba esa noche a Manigoldo como tantas otras donde arrasaba con grandes cantidades a sus contrincantes, y esa noche para nada fue la excepción, jamás había visto Degel tanta suerte en un hombre en una sola noche, cosa que le tenía sorprendido. En las bocinas avisaban del cierre del casino en los próximos minutos, por lo cual Degel debía apoyar al ganador para recibir su premio, registrando la cantidad de fichas en una tarjeta electrónica.



Como era costumbre al retirarse el ganador entregaba una buena propina al empleado que atendió la mesa, sólo que esta ocasión el peliverde se lleva un palmo de narices, era lo último que le faltaba, irse a casa sin la mínima propina del día, que era utilizada parte de ese dinero para pagar el taxi de regreso a su casa.



Al irse vaciando la sala, él se acerca con el jefe de sala para entregar las cuentas correspondientes, no falta el momento del reclamo por parte del calvo –Ajá ¿y la propina?... no me quieras hacer trampa, seguro que estás haciendo lo mismo que los otro pelagatos que se esconden hasta en las calcetas el dinero, sabes que debe quedar asentado en los registros todo – sin pedir permiso ni dar tiempo a que Dégel responda algo, comienza a levantar de los tobillos los dobladillos del pantalón oscuro que porta el Francés.



–Ya te dije que ese tipo no dejó nada, yo no tengo la culpa, ¿acaso cree que estoy feliz porque no dejó propina? – el menos reprocha con gesto afligido su mala suerte con ese cliente, por lo que Tatsumi lo libera, da gracias de tener unas monedas en el pantalón para pagar su taxi puesto que paga consumir sus alimentos no es suficiente. Por la puerta trasera de empleados se retira, camina hacia la avenida principal para esperar algún taxi que pueda llevarlo a casa.

– Hola hermoso… no me saqué el premio dentro de la sala, pero ahora mismo me llevaré el de consolación - el tipo que había osado en querer manosearle durante la noche aparece detrás suyo para acorralarlo, el francés intenta esquivarle, pero este le presiona de la cintura para atraerlo a su cuerpo, el cuerpo pesado del tipo ebrio cae sobre él, ante la sorpresa de que detrás del ebrio se encuentra sobándose la el avaro ganador del póker, tras haber neutralizado con un certero golpe por la espalda al borracho aprovechado.



–Gracias señor – apenas en un susurro asustado se dirige al hombre que acaba de prestarle ayuda, este se acerca y ayuda a levantarse al peliverde, quitándole de encima al mastodonte ebrio.



–No tienes que agradecer, soy yo el que debería de disculparse, creo que de la emoción olvidé dejarte la propina jeje–  se rasca la cabeza mostrando lo despistado que podía ser ante una situación como esa. –Pero te ruego que me dejes al menos invitarte a cenar ¿qué dices? – intenta por todos los medios de convencer al desconfiado muchacho. – Vamos… no muerdo – la sonrisa de medio lado dejaba su lado cínico a la vista.

– No debería, es usted un cliente y yo el empleado, además es un extraño – rápidamente responde Degel queriendo rechazar la propuesta de la mejor manera, pero este del bolsillo saca una tarjeta que le entrega al menor – Médico Forense Manigoldo Rossetti – lee en voz baja más que nada para él.



– Ya lo ves, dejé de ser un desconocido, ahí dice mi nombre, profesión y donde trabajo – el de cabellos cortos no pierde el humor en sus gesticulaciones, tratando de ganarse la confianza del menor.



– Está bien – acepta aun no muy convencido, pero realmente tenía bastante hambre, sería la primera vez que sale con un cliente, aunque es todo de la manera más limpia, una simple salida a cenar que no le ve nada de malo. El médico italiano lo dirige a su automóvil, caballerosamente le abre la puerta del copiloto para que esta suba, más adelante sobre la misma avenida principal se detiene frente a un negocio de hamburguesas al carbón, el solo pide un tarro de cerveza, mientras que Degel cohibido decide por la hamburguesa sencilla con papas y agua mineral.



– ¿Y tu nombre es? – pregunta Manigoldo, el sonrojo adorna deliciosamente para su gusto el rostro níveo del chico.



– Soy un maleducado – extiende la mano para presentarse lleno de pena por su descortesía – Degel Darcy. Disculpe creo que dé la impresión por el tipo ebrio olvide presentarme – juega de momento con el popote de la bebida, hasta que el mayor suelta una carcajada.



– Ni te fijes, lo entiendo Degel… y cuéntame mas de ti – con algo de disimulo miraba cada detalle del muchacho, era tan bello que le daban ganas de llevarlo a la morgue y hacerlo suyo en una de las planchas para muertos.



– Estudio psicología, bueno ya estoy en la fase final trabajando con lo que será mi proyecto recepcional, es sobre cómo utilizar como una terapia de lectura de cuentos en los niños con enfermedades terminales para su recuperación – animado y con cierta pasión por el tema empleado para su proyecto, relata al atento médico que le miraba con sorpresa.

– Muy bien Degel, eso es bueno aunque creo que eso debe ser más bien un placebo, pero bueno respeto tu teoría – se cruza los brazos mirando irónicamente – Tu de alguna manera quieres salvar vidas y yo me dedico a recibir y estudiar las causas de muerte de las personas… ¿qué paradójico no crees? –



– Es una hipótesis, pero para ello tendría que llevarlo a la práctica y saber los resultados  – responde Degel abierto a las posibilidades de comprobar su teoría de la terapia o en el caso contrario de que fuera errónea. El resto del rato la charla fue de lo más trivial, rompiendo el hielo entre ambos, yendo de viento en popa para el mayor, así sería más fácil estrategia de conquista.



El viaje hacia la casa de Degel fue menos tenso que la salida del casino, ya con más confianza se despide del médico que advierte ser de ahora en adelante un cliente asiduo del casino  – Si necesitas ayuda en tu tesis puedo echarte una mano, ya sabes dónde encontrarme pequeño, de todos modos iré más seguido al casino  – lento pero seguro iría hasta poder tenerlo en sus brazos, la sonrisa inocente del menor le hacía más antojable a su gusto.

– Te lo agradezco mucho Manigoldo y lo tendré en cuenta  – saca del bolsillo la tarjeta mostrando que la conservaría. El auto sigue su camino hasta que el peliazul confirma que el menor entre a su casa.

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Se detiene en seco cuando lo ve avanzar hacia la misma dirección de él, apenas alcanza a ocultarse detrás de algunos casilleros del pasillo lateral, en cuanto Degel pasa de largo sin percatarse de su presencia, sale de su escondite, tan solo para dirigirse a su aula. Antes de acomodarse en su lugar, ata su sedosa cabellera pelirroja para que no le estorbe mientras realiza sus prácticas.



Bostezo tras bostezo hacerse a un lado – esto es estúpido – hace a un lado el cuerpo humano falso que analizaba con su equipo de trabajo, el grupo de chicos que estaban a su alrededor se quedan completamente callados, saben de su carácter bastante ácido como para llevarle la contraria, solo observan como Camus Darcy se va a un rincón del salón con una novela en mano a hojear un rato. En arranques como aquellos recordaban las recomendaciones que daba a escondidas su hermano Degel, por aquello de la enfermedad que le había diagnosticado… la bipolaridad.



Aquella era una de las razones por las que el pelirrojo prefería perderse todo el día de su hermano, desde que murieron sus padres quedó al cuidado de su hermano, empeñándose a que trate de recordar algunos pasajes de su vida que había olvidado por el trauma que le causó encontrar a sus padres muertos cuando solo tenía diez años de edad.



– Isaac, ya me voy… luego me pasas los apuntes, me duele mucho la cabeza – se excusa Camus con su compañero de equipo, este no responde nada, pero asiente en repetidas ocasiones con movimientos rápidos de su cabeza. No era muy lejano de la realidad, comenzaba a sentirse de cierta manera un tanto débil, con mochila en los hombros decide salir de la institución para tomar un poco de aire fresco, caminando sin rumbo ni dirección, solo a donde sus pasos le aconsejaran, a donde su cuerpo no se sintiera tan tenso.

Cierra los ojos al llegar a un lugar lleno de árboles, su frente la recarga de momento sobre la corteza gruesa y rasposa, la cabeza le da vueltas y sus piernas tiemblan, una superficie de cemento fría logra tentar con sus palmas, ahí se sienta tomando un respiro, como si  el ambiente le proveyera de energía para volverse a poner en pie, una risa burlona sale de sus labios, las aves que se encontraban revoloteando entre las ramas de esos árboles vuelan asustados por el repentino ruido de sus carcajadas.


Sus ojos color rubí brillaban más que nunca al darse cuenta del sombrío lugar en el que se encontraba, las botas de agujetas en color negro pisaban las flores que adornaban varias sepulturas, como si fuese un pequeño en el parque, brincaba de una lápida a la otra hasta encontrar lo que buscaba.



– Esposa… madre amorosa Rose Darcy, ohh papi también está aquí, el mejor padre y esposo Joseph Darcy – Su voz portaba mucha ironía al leer las lápidas de quienes en vida fueron sus padres – No cabe duda que Degel es un cursi y aburrido–  se coloca en pie para caminar sobre las rosas que tenía sobre la tumba perdiendo el mínimo respeto a los que yacían debajo de la tierra.



–  Por cierto, tu hijito abnegado esta hartándome cada día que pasa, se la vive vigilándome, quizá en un día de estos hasta te hace compañía jaja –  el viento agitaba las hojas de los árboles pareciendo una danza perfecta de la naturaleza en ese frío lugar, con la sonrisa marcada en el rostro se mece al ritmo de aquella música imaginaria, girando y girando alrededor de las tumbas.



Finalmente se detiene en seco bajando de golpe a lo que servía de pasillos entre las lápidas, escuchando como revienta algo bajo sus botas negras –  ohh asqueroso e inservible roedor –  levanta de la cola la rata que acababa de aplastar con sus pies por accidente, lo acerca a unos centímetros de su rostro para observar lo repugnante que era el animal todo ensangrentado, tan solo para arrojarlo sobre las tumbas del matrimonio Darcy, continúa caminando a la salida del cementerio sin prestar importancia ya del desastre que había dejado en el lugar.



Ya comenzaba anochecer, sin embargo, el horario ni le inmuta al pelirrojo, por el contrario con toda la calma del mundo continúo con su andanza por la ciudad, tan solo se detiene al escuchar el estómago rugir. – Maldición, tendré que buscar un lugar donde alimentar este bello cuerpo – la punzada en la cabeza le provoca cerrar los ojos unos segundos al llegar al parque central, al abrir los ojos se siente un tanto confundido que hacía en el parque, tan solo dejándose llevar por su instinto biológico avanza hasta llegar a un local de donas, comprando una de chocolate, apenas daba la primer mordida escucha el timbrazo de su teléfono móvil.



– Degel, apenas voy para la casa – retuerce los ojos cuando el hermano mayor le regaña, hasta cierto punto aleja un poco el auricular de su oreja pudiendo escuchar aun así el tono de voz de su hermano.



– ¡Me tenías preocupado, tiene cuatro horas que estoy tratando de llamarte y simplemente la llamada no conectaba, me enviaba al buzón! – el peliverde sentía que el corazón se le salía por todas las horas de angustia, aunque ahora el alma le había regresado al cuerpo al poder escuchar su voz, temía que hubiese hecho una locura su hermano, por la dichosa enfermedad mental que le había diagnosticado no podía vivir tranquilo pensando que pudiese recurrir al suicidio como muchos casos de personas con desórdenes mentales.



– Ya te dije que estoy bien, solo estaba haciendo tarea – o al menos eso quería creer puesto que no recordaba realmente lo que había hecho en esas cuatro horas – Si Degel, ya voy para la casa ¿ok? – responde restando importancia, como era su costumbre despreocupada cuando sentía la excesiva vigilancia de su hermano – Adiós – prácticamente no deja que continúe el mayor de los Darcy con el sermón, básicamente sabía que en cuanto llegara a casa se libraría de los reproches puesto que Degel se tenía que ir a trabajar el resto de la noche y madrugada.



Siente la mirada penetrante de alguien cuando da una mordida a la rosquilla de chocolate, ensuciando la mejilla por mero accidente,  con la lengua intenta limpiar un poco cuando siente la sustancia cremosa, sin embargo no termina del todo el rastro del dulce, el ruido de un maullido despavorido provoca que su postre caiga al piso – Demonios… – se agacha a recoger el pedazo de pan, aquel movimiento provoca que los jeans oscuros se adhieran más a su cuerpo delineando su exquisita figura. En un bote de basura cercano termina por echar la porción de la rosquilla desperdiciada, al girarse se encuentra con una enigmática mirada azul violáceo, sostiene por algunos momentos la mirada, pero poco tiempo se quedó frente a él – Permiso… – paso junto al chico de cabellos azules, de gallarda postura y mucho más alto que el propio Camus.



Su cabello se ondea con una pequeña ráfaga de viento que sopla al momento de cruzarlo fuera de su camino, golpeado las largas hebras rojizas el rostro del peliazul, tomando por unos segundos ese mechón para olerlo, llenando sus fosas nasales del delicioso aroma afrodisíaco que destilaba el francés, no pierde el tiempo en continuar escaneando con esa mirada penetrante cargada de deseo.



Lo ve dar la vuelta más adelante, la sonrisa en su rostro predomina l imaginar todo el mundo de perversiones que podría hacer con el chico, era carne fresca y de un porte exótico que nunca había probado nunca en todos esos años devorando el sexo y alma de muchas víctimas.



Con sigilo continúa siguiendo al muchachito – Este es mi día de suerte, encontré el amante perfecto… tienes algo que nunca he visto y no voy a dejarte escapar  – aprieta el paso hasta que de nuevo se detiene al escuchar el quejido de un gato, su gesto de desagrado por el animal impertinente no puede evitarlo, observa como la bola de pelos brinca prácticamente a donde su deliciosa presa se detiene.



– ¿Estás perdido  pequeño? – dulce y tierno, una mezcla perfecta con la mirada fiera que le acababa de mostrar momentos antes el pelirrojo, entre las sombras observa relamiéndose los labios imaginando quitar aquella pequeña mancha en la comisura de su boca, tocarlo… besarlo… morderlo… entrar en el fondo de su ser para hacerlo gemir tan fuerte . El peliazul baja lentamente su mano a la entrepierna tan solo para ajustar el bulto que era ahogado por el pantalón, era inevitable que con esos pensamientos mundanos se excitara al grado de tener una erección de esa magnitud. Camus levanta al gatito en brazos, con una ternura que era rara en él, acaricia la cabecita del animalito  – Te llevaré a casa conmigo ­  – lo levanta en brazos acercando la carita a la suya solo para sonreírle, alerta por las pisadas acercándose acelera el paso para salir del sombrío parque solitario.



Notas finales del capítulo:
By PrincessIce

Personajes:

*Degel Darcy, Origen Francia, estudiante del último semestre de Psicología, 22 años

*Camus Darcy, Origen Francia, estudiante de medicina, 18 años

*Dohko Long, Origen China, Profesor de Psicología familiar, 55 años

*Anabela, Origen desconocido, Bibliotecaria, 70 años

* Shion Paudel, Origen Himalaya, Profesor de Psicología Clínica, 54 años

*Yato Sang, Origen Corea, Estudiante de Psicología, 23 años

*Tatsumi Tokumaru, Origen Japonés, Jefe de sala del casino, 48 años

*Manigoldo Rossetti, Origen Italia, Médico Forense, 32 años

*Isaac Koski, Origen Finlandia, Estudiante de medicina, 19 años

Du Ciel á L´enfer [Capítulo 1]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)




Capítulo 1: Tragédie ou remède

La brisa apenas entraba a través de la ventana de una cómoda habitación, en el segundo piso de una casa modesta, que, para muchos, sin lujos, más se puede apreciar ese toque hogareño de una familia normal, las pesadas cortinas no permiten del todo el paso del viento, el cielo estaba limpio de toda nubosidad, perfecto para jugar, un día hermoso con el sol en su mejor posición que no se apreciaba muy seguido en tiempos de verano. La risa de un niño resonaba en las paredes, la sonrisa de ambos era más radiante a medida que jugaban, las plumas de aquel ángel hacían cosquillas sobre la nariz del chiquillo que cuidaba con tanto amor, como una joya preciada, tal y como aquellos dos perfectos zafiros que adornaban su rostro.



—Sabes que… no me alejare de ti… de alguna u otra forma siempre estaré contigo… la fe es importante, así como la...— beso su mejilla dando un poco de luz a su rostro que palidecía a cada segundo, su guardián sabía el destino cruel que le deparaba al pequeño, su soplo de vida era breve, eso provocaba aún más dolor y sufrimiento en el corazón del ángel, su sonrisa solo era una máscara que cubría sus lágrimas. Sobre la sábana, una pluma cayó siendo descubierta por el infante, que la tomó entre sus manos con cariño.


— ¿Fe…?— mencionó con una voz cargada de emoción, sin embargo, sus pensamientos fueron invadidos por la nostalgia al pensar en sus padres que cada día lo miraban de manera extraña para él —Escuche que mamá la había perdido… o eso fue lo que le dijo al señor de la bata blanca... debe ser muy costosa para no poder conseguir otra… y muy pequeña para perderse tan fácilmente— El ángel sonrió con ternura y acarició su cabeza donde en algún momento hubo una larga cabellera.



—Si… lo es… es muy difícil encontrarla cuando alguien ya la ha perdido… lo único que nos queda es un poco de esperanza a que suceda un milagro y vuelva a nosotros— el pequeño tomo la mano del ángel y colocó aquella pluma blanca sobre ella.



— ¿Por qué se caen tus plumas…? Incluso hay muchas en el piso— el ser de luz no supo qué responderle realmente para no preocuparlo, amaba a su humano tanto que era imposible que causara una cara triste en él —Tengo sueño…— el infante tomó la mano del ángel cerrando sus ojos mientras se acomodaba entre las blancas sábanas, su bostezo impidió que siguiera con sus preguntas —No me sueltes… quiero sentirte aquí conmigo...— El ángel se acercó sólo un poco dejando un beso sobre su frente dándole seguridad, dándole esa paz aunque fuese en sus sueños, observando pacientemente cada segundo que pasaba, cada milagro como él lo llamaba, el tiempo… solo era cuestión de tiempo.

Una mujer entró a la habitación poco después, sus ojos estaban hinchados por las lágrimas sin mencionar la falta de sueño, su rostro estaba demacrado, la preocupación devoraba su apetito. Con sus débiles brazos levantó al pequeño que aún dormía por el beso de su ángel guardián, lo sostuvo en sus brazos, amorosamente beso su rostro, soltó algunas lágrimas que le fue imposible seguir aguantando desde que supo el triste destino de su amado hijo. Lo cubrió con una manta y lo llevó a su auto recostando su delicado cuerpo en los asientos traseros. El guardián de los sueños del pequeño no soltó su mano tal y como le había prometido. El auto arrancó, al cabo de algunos minutos, se detuvo frente al hospital sin bajar, sostuvo el volante por algunos minutos sin saber qué hacer, el dolor de madre la hacía rezar todos los días por su pequeño, daría su vida por él de ser necesario, estaba dispuesta a pagar el precio que fuera necesario, comprendió a través de los escasos años del menor, que no hay nadie en el cielo que escuche su petición, no hay quien pueda ayudarla. Los médicos solo le habían dicho que ellos podrían prolongar su vida por lo menos un año más, siempre y cuando estuviera las 24 horas en observación conectado con máquinas, medicación y sufrimiento por intervenciones. La mujer volvió a encender el auto arriesgándose a tomar un camino equívoco, un camino que con el tiempo se arrepentiría con tal de salvarlo del destino.



Todo se volvió oscuro para el ángel, hacía frío, no soltó la mano de su pequeño protegido, sus alas lo abrazaron protegiéndolo — ¡Lo tendrás sobre mi cadáver! — El humo oscuro envolvía su cuerpo, debilitando, el pequeño parecía asfixiarse cuando el ángel no lo soltaba, el ser de oscuridad tomó la otra mano del niño en una oportunidad, sonreía triunfal, el aire regresaba a él cuando el demonio lo tomó. Ahí comprendió que ya no había nada más que hacer, tenía que dejarlo vivir, la conexión entre ambos se había roto y ya no podía hacer nada.

— ¡No, dijiste que siempre estarías conmigo, por favor no te vayas! — Los ojos del pequeño infante se llenaron de lágrimas, el cuerpo de su ángel se desvaneció hasta que finalmente soltó su mano.



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El ángel despertó de uno de los tantos sueños que lo atormentaban, miro hacia el vacío blanco del techo, hasta que su cuerpo se levantó de forma mecánica y caminar hasta salir de su habitación, sus alas se arrastraron por el largo pasillo y esa mirada perdida se hundía entre eventos fortuitos, ¿mala suerte tal vez? Sus plumas caían haciendo un camino a su paso, la culpa no lo dejaba vivir, su corazón estaba quebrado. Conocía la muerte, la pobreza, las enfermedades, el sufrimiento, la miseria, el dolor, el abuso, entre otras cosas, siempre se preguntaba él porque, ¿Por qué los humanos tenían que sufrir de esa manera para ser aceptados al lugar que desde un inicio les corresponde? Pasó su mano por su rostro pensando en todas aquellas veces que había perdido a incontables almas a muy corta edad. Estaba harto, cansado, pensando en terminar de una vez por todas con la situación que lo volvía loco. Sus alas se extendieron lo más que pudieron para bajar a la tierra y buscar a su ala gemela, su compañero de juegos como de armas.



Se detuvo en el techo de aquella casa rustica, silbo suave, casi como el canto de un ave que solamente era identificado por el otro. Una sombra detrás de él se asomó, más el ángel de cabellera azul no giró a mirarlo, conocía esa silueta a la perfección. —Por lo visto esta vez te tiene embobado tu humano… tardaste demasiado— rio con muy pocas ganas mirando hacia el abismo de la noche.



— ¡Kardia! — gritó con las mejillas sonrosadas, aquel otro ángel que en su cabello poseía tonos púrpuras, solo conocía el amor, el cariño, la bondad en los seres humanos, algo que Kardia jamás probaría, por lo tanto su personalidad era diferente —Tal vez un poquito...— Jugó con sus dedos agachando la mirada, tal y como un niño que es descubierto por una travesura, al levantar la vista, notó el aura que poseía su compañero, está, comenzaba a extinguirse —¿Te ocurre algo Kardia?— preguntó angustiado tocando su mejilla, eso era extraño en él, siempre mostraba ese lado alegre, bromista así como poco ortodoxo en cada uno de sus comentarios, se sentó a su lado esperando una respuesta.



—Comienzo a creer que mi tarea debió ser otra, me asignaron otra tarea, por lo que sé, tendrá el mismo final que los demás humanos, siempre pasa lo mismo Milo...— las lágrimas de aquel rostro serio comenzaron a brotar ocultándose entre su cabello, los brazos de su hermano lo hicieron desplomarse.



— Kardia.... ¿entonces cual crees que es tu destino? — alzó su rostro y tomo el de su hermano con ambas de sus manos, demostrándole con la mirada que sentía tristeza de igual manera por el destino que lo había tocado. No solo él se había dado cuenta de la pérdida de sus plumas, todos los ángeles lo sabían, sin en cambio, solo lo miraban como si nada pasara, algo no estaba bien y su ala gemela lo sabía. Con la cabeza negó alejándose suavemente de él



—No lo sé... — se levantó y extendió una de sus alas, ante la impotencia y la ira algunas plumas fueron arrancadas con sus propias manos sin importarle el daño que se auto provoca.



—Cada que alguien muere pierdo mis plumas, ¿acaso es un castigo? ¡¿Un castigo por preocuparme, por derramar lágrimas cada que él los manda al mundo a sufrir?! — no medía sus palabras pero era algo que no podía arrancarse del pecho, estaba molesto, indignado, la tristeza era lo único que había probado del mundo humano, entre más hablaba más caían las plumas —La última vez... No pude salvar a mi humano, ¿sabes que... su madre prefirió entregárselo a un demonio y así no perderlo...? No dejo de soñarlo, ver su rostro con lágrimas en los ojos, ¡maldición Milo ya estoy harto!— ellos sólo son observadores —Siento mucho tener que decirte esto pero... Creo que es demasiado para mí... Tal vez... Si hablo con él lo entienda y me aleje de los humanos... estoy cansado…— cayó de rodillas aun con el nudo en la garganta apenas sosteniéndose con ambas manos en el suelo, su hermano quiso ayudarlo, Kardia lo negó, sabía que eso representaba un acto de rebelión —Tú debes quedarte aquí… tu humano te necesita, no quiero que termines como yo, te avisare cuando haya hablado con nuestro señor, te prometo regresar para darte buenas noticias... —Subió a la orilla del techo firme, dejándose caer al vacío, sus alas se extendieron nuevamente impulsándose hacia el cielo, llenando de luz su cuerpo listo para atravesar ese puente entre este mundo terrenal y el plano celestial.



Aquel lugar era un palacio de luz, miles de años que no perdían su figura. El ideal de Kardia era llegar para pedir una audiencia ante su señor, sin embargo eso atentaría a pecar en más de una ocasión, pues su corazón ya no era completamente puro. Con pasos apresurados camino hasta la entrada, pero fue detenido por la guardia de ángeles, se concentró abriendo sus alas para lanzarlos lejos, solo para desorientarlos, algo andaba mal. Su paso se detuvo justo en la sala principal, al observar al arcángel que hacía eco entre las paredes con esa pesada armadura dorada, uno de los siete comandantes. Quien se cerciora del trabajo de los ángeles hacia los mortales sea de forma armoniosa y ordenada, al igual que asigna un castigo a quienes han transgredido los designios de dios.



—Te estuve llamando pero… ahora sé que desistes de tu tarea…. Kardia… llevas cargando pecados… los crímenes que has cometido contra nuestro señor son mortales… aun puedes arrepentirte…— Se detuvo frente a él impidiéndole que continuará con su camino, su cabello caía como una cascada por su espalda y en su mirada demostraba un orgulloso toque de misericordia.



— ¡Me hablas como si fuera un subordinado… ¿Quién es el soberbio aquí?! — La soberbia como otros deseos terrenales, eran un pecado mortal de los ángeles, siendo seres perfectos, su poder derivar de sus creencias, del amor y fe hacia su Dios.



— ¡Basta Kardia, cada que escupes más pecados pierdes tus plumas, el odio, la soberbia y la desobediencia e incluso la envidia te están condenando, ¿Qué eso no te es suficiente para que reacciones?!— Apretó los dientes molesto, el arcángel quería hacerlo añicos por su altanerismo, ante su posición, tenía que dar el ejemplo, era una falta grande pelear entre ellos, respiro profundamente antes de continuar. —Los humanos son seres que no aprenden, nuestro señor les ha dado más de una oportunidad y no quieren ver, ¿crees que vale la pena romper el pacto ante criaturas tercas? Tu tarea era simplemente vigilar, encaminar hasta el último día de su vida… proteger… ¿aún no has aprendido nada?— Cegado por el rencor, el peli azul blandió su espada atacando a aquel arcángel pero fue detenido con su mano desnuda, su espalda se tiñó de carmín. La luz del cuerpo de ese ser celeste se hizo más intensa quemando las alas de Kardia, lanzando su cuerpo a pocos metros. El arcángel se acercó tomando su espada, pensaba si realmente era buena idea de otorgarle el perdón o ejecutarlo rápidamente.

—Detente Kanon…— El mensajero de dios, uno de los vencedores de dragones, quien solo se revela cuando ha recibido una orden directa de Dios o cuando la guerra se presenta en el mundo celestial —Ya es tiempo que sea juzgado…— Se interpuso entre ambos deteniendo la locura que estaba a punto de cometer —Entiendo tu dolor ángel guardián… pero… no puedo permitir que tus deseos efímeros sean quienes te destruyan…— Kardia herido, fue llevado ante la corte y arrojado en medio de un salón de los juicios, todos los ángeles de diferentes rangos fueron convocados, no era muy común que un ángel se revelara en contra de Dios desde la batalla contra Lucifer hace años atrás.. Desde el inicio de los tiempos, Saga leyó la sentencia que había sido designada por el ser supremo, pecó no sólo contra un ángel, sino en contra del mismísimo Dios, al renegar de la misión tan importante que dieron y revelarse en contra de todo lo armonioso y bueno. —Por tus crímenes, se te ha impuesto la pena máxima… Se te está otorgando misericordia, arrepentirte...— Saga quedó como el ángel benevolente ante todos, mientras Kardia era la fruta podrida, la cual hiciera lo que hiciera, sería destituido de su cargo sin posibilidad a renacer.



— ¡Olvídalo, prefiero arder en el infierno! — A ninguno le sorprendió por su comportamiento. Sísifo golpeó el mallete, dando orden a los susurros de los ángeles presentes, no había nada más que hacer, como abogado del pueblo y jefe supremo del ejército celestial, no podía arriesgarse a que sus actos afectan a la humanidad.



—Es suficiente…— Asmita se acercó con una daga dorada en sus manos, el poder que emanaba dejaba inmóvil a Kardia hasta que se completara la sentencia, era el ángel encargado de purificar y sanar, muchos lo llaman “Medicina de Dios” por lo tanto limpiador de pecados, sin consideración tomó el ala derecha de Kardia y la arrancó de un solo tajo, sin darle oportunidad, la segunda incisión fue en el ala izquierda, el terrible grito de dolor fue tan fuerte y lastimero que muchos derramaron lágrimas en su nombre, el ángel herido cayó al piso arrodillado, su vista se nubla.



—Como acto de misericordia vivirás, en el mundo terrenal, sufrirás como ellos, aprenderás de las ovejas y serpientes por el resto de tu existencia...— La sangre pintaba el suelo, las ropas de Kardia e incluso sus manos aún sostenían su cuerpo, su respiración era constante apenas soportando el dolor, el delirio comenzaba a ser víctima, escuchó la voz de su hermano que lo llamaba, sus brazos lo rodearon, a pesar de la nubosidad de su vista, sentía lágrimas sobre su rostro.



— ¡Kardia…! — Milo jamás imaginó que llegaría a ver esto, de no ser porque desobedeció la petición de Kardia, jamás se hubiera enterado del juicio. Miró a los arcángeles molestos, otros decepcionados por la interrupción, la mirada de aquel joven ángel se vuelve fuego en contra de ellos, un sentimiento crece de igual forma en su pecho, uno que no conocía su corazón y terminaría siendo su redención.



— ¿Por qué nos miras de esa forma Milo…? Él eligió su destino, sabes perfectamente que las órdenes de nuestro señor son ley, ¿o es que tenemos que enjuiciarte a ti también por revelarte? — Kardia hizo un gran esfuerzo por hablar, con ayuda de Milo se levantó colocando su brazo en su hombro.



—Déjate de excusas Saga… Agh… yo… yo acepto mi condena, iré a la tierra… y… aprenderé… lo haré así como tu...— Una risa apagada se logró escuchar de ese ser faltante de alas —Te… han castigado en más de una ocasión… ¿cierto? tu soberbia fue y sigue siendo igual que la mía ¡tú deberías estar en mi lugar!— Milo sabía que la existencia de Kardia se evapora mientras hablan, no tuvo otra opción que tomar en brazos a su hermano, extendió sus alas y escapar de aquel salón, derribó la puerta principal hacia el mundo terrenal, solo ahí podría curar sus heridas, las consecuencias eran lo que menos importaba. Kardia por su parte, su mente fue más allá y juró a sí mismo a vengarse de cada uno sin importar quien cayera en el intento. El cielo parecía llorar al ver esa escena, la guarda de ángeles los perseguían, entre ellos Saga como su comandante, quien jamás había perdido una batalla y menos delante de un traidor. Los perdieron brevemente, pero los hermanos saben que es cuestión de tiempo para que los encuentren. —Déjame aquí... Estaré bien... Tal vez este era mi destino desde el principio... Al igual que esos niños...— Milo intentaba decirle a su hermano que no pensara de esa manera, que lo ayudaría así tuviera que morir en el intento, Kardia sabía perfectamente que eso no pasaría, lo recostó sobre el basto pavimento que se bañaba la sangre caída, su hermano tomó su mejilla como un adiós que su hermano reconoció al instante. La guarda llegó apresando a Milo antes que pudiera curarlo por completo, sus gritos no fueron suficientes para que se detuvieran, Saga era muy rencoroso y no perdonaba que se burlaran de él, blandió su espada aun sin una orden, actuaría aunque tuviera que vivir pidiendo perdón.



— ¿Ves lo que has hecho? No sólo tú te has condenado, sino también a tu ala gemela, quien te ha defendido incluso de nosotros... Dime... Kardia... ¿Estás listo? — Lo tomó del cuello amenazante, mas este solo le sonrió de forma divertida, tal y como solía ser.



—Siempre renegando de Dios... — A centímetros de enterrar su espada en su corazón, esta se deformó impidiendo que su cuerpo fuera tocado, un viento de fuego oscuro quemó sus alas hiriendo mortalmente a Saga. La oscuridad abrazo el cuerpo inerte de lo que quedaba del ángel guardián. Cuando un ángel reniega de su creador, tiene la protección de aquel que lo hizo por primera vez, aquel a quien la soberbia le abrió los ojos. Las ropas de Kardia se volvieron oscuras, cada herida fue curada, así como sus alas, mas no su color, eran más brillantes que el ónix, Lucifer se apareció entre sobras, tomando entre sus brazos el cuerpo de su protegido, los ángeles no tuvieron otra alternativa de llevarse a un Saga mal herido, ya no había nada que se pudiera hacer. Milo no dejo de llamar a su hermano constantemente mientras era llevado al cielo para recibir el castigo que le correspondía.



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Los pasos apresurados de Sísifo fueron a dar hasta el salón principal, donde Saga era atendido por Kanon al ser su ala gemela, podría reconstruirlas, sanarlas aunque llevaría un tiempo en recuperarse. Saga le contó todo lo sucedido con Milo, más omitió que estaba dispuesto a acabar con Kardia. Sísifo no tuvo otra opción, así como había sido enjuiciado Kardia por rebeldía, su ala gemela tendría el mismo destino, siempre y cuando su corazón fue puesto a prueba, pues no había maldad realmente en él, el amor hacia su hermano fue un acto de compasión, pero tampoco fue redimido del pecado. Sus alas fueron retiradas de la misma manera, de esta forma, no tendría ninguna conexión con el ángel caído. Comenzó a perder toda esperanza, no por él, sino por su humano, el cual no dejaba de pensar en él ni un solo día, se le prohibió bajar a la tierra hasta que se diera la nueva orden. 



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El tiempo para los seres supremos transcurre en un simple parpadeo, es falso para ellos que el tiempo cure sus heridas, los humanos tienen sentimientos que son sanados o sustituidos por cosas materiales. Un ángel al contrario, su todo es ese objetivo que se les dio al ser creados, sin ello no tienen una verdadera razón para continuar con su existencia, se vuelven tan vacíos y huecos en sus corazones que tienden a ser orillados a la oscuridad, esa fue la verdadera prueba de Milo. Soportar la soledad, preguntándose cada segundo por su humano, perdiendo su mirada en el vacío del techo. La puerta de su habitación se abrió, un ángel entró dejando una charola con una copa de agua en sus manos, se sentó a su lado, dibujando una sonrisa suave. —El tiempo terminó Milo...debes regresar con tu humano… Saga ha pedido a nuestro señor misericordia por ti...— Kanon fue el único testigo del sufrimiento de su compañero, y fue él en realidad quien se lo pidió pero… dado que Milo genero odio hacia él, era una forma de redimir un poco la culpa. Aquella copa no era común y corriente, era cierto que no restauraría sus antiguas alas, pero le daría unas alas totalmente nuevas al beber de esa agua. —Tu humano te está esperando Milo… búscalo...—



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Un ángel perdido se aventura en plena noche de luna llena y rápidamente se roba el corazón de una dama de corazón indefenso. Surra en sus pensamientos palabras de efímero amor, promesas bañadas en engaño, hasta que el ritual se concibe en una sola noche, la venus cautivada inconscientemente entrega más que solo su cuerpo, su alma es lo que bebe la bestia, hasta su  último aliento de vida. Su vida se alarga por cada vida que toma, las almas rejuvenecen su cuerpo pero no su corazón. No importa que tanto ame, jamás lograra llenar ese vacío.



La oscuridad se une con sus ropajes buscando un nuevo amante, mujer u hombre no importa realmente, un castigo impuesto por designios divinos —Gracias por el castigo— mira hacia el cielo con una sonrisa cínica, su camino fue detenido al ver a un chico entrar por el callejón, se volvió un imán, cuando lo tuviera entre sus brazos, sería su perdición. Sigilosamente como una serpiente se acercó, sin embargo a centímetros de devorarlo, fue detenido por dos inmensas alas blancas resplandecientes, haciendo retroceder al vampiro energético que se cubrió con sus nuevas alas. Al separarse, pudo ver frente a él a un nuevo ángel, más aquellos recuerdos resonaron en su cabeza, dándose cuenta de quién se trataba —Así que… tienes unas alas nuevas… Milo...— ya no había ningún tipo de conexión entre ambos, la forma de sus alas eran totalmente diferentes a las que tenía antes de ser arrojado al abismo.



—Kardia...— El ángel se quedó sin poder emitir una palabra, había dolor en su corazón, sobre todo ahora que veía su verdadera forma, en lo que terminó por convertirse. — ¿Por qué? Kardia— blandió su espada dispuesto a comenzar con una batalla —Te traeré de vuelta… así tenga que matarte...— Kardia soltó una carcajada por la expresión que tenía, su hermano era tan inocente que conocer la verdad sería devastador.



—Pues vamos, lo ansió tanto— El ángel caído hizo lo mismo que su hermano, su espada dorada se volvió oscura, con un toque de detalles plateados, Milo ataca con todo el dolor de su corazón, las espadas chocan constantemente, nadie podía ver la cruel batalla entre ellos, si había un ganador o un perdedor, nadie lo sabría. —Abre los ojos Milo, en algún momento, ellos te darán la espalda como lo hicieron conmigo, amé demasiado y me cortaron las alas… tú ya las perdiste… ¡no aprendes nada!— ante el descuido de Kardia, fue lastimado en un costado, había duda en Milo como en él, pues aún existía algo que se llamaba lealtad. Soltó su espada, la batalla tardaría incluso años de seguir así, el ángel por su parte no desistió de su ataque, mientras el incubo detuvo con su mano la espada que iba directamente a su corazón. —Deja de lamentarte… sigo siendo el mismo Kardia de siempre, antes y ahora… dejaré vivir a tu humano…— con un movimiento arrojó la espada lejos, sustituyendo el agarre sobre el cuello de Milo, azotándolo contra la pared.



—Kardia… eres… un… traidor...— Milo entendió que Kardia estaba feliz de haberlo llamado de esa forma, le había hecho entender que jamás podría regresar a su lado, El nuevo demonio lo soltó, haciéndolo caer sobre el pavimento, tosiendo un par de veces y así recuperar el aliento. — ¡Eres un maldito traidor!— volvió a llamarlo con rabia, no solo porque se habían compartido tantos momentos felices juntos, sino por hacerle creer que él era lo más importante en su vida. 



Notas finales del capítulo:
Como sabrán existen siete arcángeles (aunque a veces mencionan más, menos) pero use los más importantes, cada uno con una función distinta, así como hay una jerarquía entre los ángeles. Mas como todo, la máxima autoridad es Dios. Engaños, promesas, bien y el mal, siempre estarán de la mano aunque no lo parezca.

Personajes:


+Lucifer: Un ángel muy hermoso que por su soberbia, se rebeló contra Dios, queriendo ser como él y fue denigrado como castigo junto con el ejército de ángeles rebeldes que arrastró consigo.//


+Kanon: Arcángel Raguel: Quien observa a todos los ángeles que están haciendo bien su trabajo con los mortales según la voluntad de órdenes divinos, El quinto arcángel.//



+Saga: Arcángel Gabriel: Mensajero de dios y alguna vez un ángel caído Está escrito que Gabriel cayó una vez en la desgracia "por no obedecer una orden de forma exacta, me mantuvieron por un tiempo fuera de la Corte celestial". Durante este periodo de 21 días, el ángel guardián de Persia, Dobiel, le reemplazó en sus funciones. Segundo Arcángel en la jerarquía //



Sísifo: Arcángel Miguel: Jefe del ejército celestial, abogado del pueblo de dios. Primer arcángel en la jerarquía //



Asmita: Arcángel Rafael Sanador, medicina de dios, (se traduce como limpiador de pecados) //



Kardia: Incubo


Milo: Ángel Guardián

Volver a Amar [Chapter 10]

Volver a Amar Clasificación:  No menores de 18 años (NC-17) Autor:  Nikiitah Categoría:  Saint Seiya Disclaim...