El Regreso de los Escorpios [Capítulo 01]

El regreso de los Escorpios


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance,

Advertencias:

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus) (Kardia/Degel)


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I.- Milo

                        Cuenta una antigua leyenda, de dos reinos perdidos, que durante generaciones peleaban solo por gobernar el mundo donde habitaban los humanos, la tierra. Ambos reinos, en aquella época desconocidos, fueron creciendo poco a poco hasta que se convirtieron en dos países, distinguidos solo por las extrañas técnicas que podían usar los herederos de la realeza o ciertos elegidos.
Uno de ellos era el reino de fuego, que era gobernada antiguamente por el dios del inframundo Hades, la ambición del dios fue tanto que le declaró la guerra a su hermano, que gobernaba el país del hielo, Poseidón.

                        La pelea duró muchos años. Zeus, el rey de los dioses harto de todo encerró a sus hermanos, para que no vuelvan a crear el caos en la tierra. Pero lo que el dios del trueno nunca supo fue que los descendientes de Hades y Poseidón seguían el legado de ambos dioses.

                        Varios años después, los del reino del fuego dirigidos ahora por Arles, su actual rey, volvieron a atacar al reino de los hielos, que ahora eran dirigidos por Cristal, el actual rey de ese país.
Cada vez que el rey del fuego perdía se desquitaba con su hijo mayor, un pequeño de diez años, llamado Kardia, que siempre fue abusado por su progenitor.
Harto de los constantes abusos de su padre, Kardia se escapó junto a su hermano menor, un pequeño de ocho años llamado Milo al Earthland. Molesto, Arles mandó a buscarlos.

                        Kardia y Milo se fueron lejos del reino para empezar a vivir su nueva vida lejos de los abuso de su padre. Siendo encontrados por una pareja adinerada, la pareja viendo a los pequeños decidieron adoptarlos y así fue que comenzó la nueva vida para ellos donde podían disfrutar de una verdadera familia… o eso creía Kardia.



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                        DOCE AÑOS DESPUÉS



                        Un joven despertaba aturdido por el sonido de su despertador, detestaba ese artefacto, daría todo lo posible por no tenerlo, pero no podía botarlo era un recuerdo de su hermano. Perezosamente se levanta para dirigirse al baño de su habitación. Se vio en el espejo se veía muy pálido para su gusto y muy delgado.
El doctor le dijo que si no quería morir de anemia empezara a alimentarse más. Aunque tratara, él no tenía hambre. Se quitó la ropa de dormir y empezó a ducharse. Al salir del baño se cambió lo más rápido que pudo y se fue a la empresa Kido. Detestaba ir pero era la única forma de encontrar a su querido hermano.

                        Al llegar a las instalaciones se encontró con Aldebarán, el vigilante, que lo saludo amistosamente el muchacho sonrió ante el gesto y se dirigió hacia el interior de la empresa, los empleados hicieron una reverencia cuando el joven peli azul pasaba. Ese día estaba de muy malhumor, cuando por fin llego a su destino. Entro sin tocar a la oficina del jefe.


—Mitsumasa, por fin lo encuentro —dijo fríamente.

—Es un gusto verte señor Skorpios —dijo sonriente el hombre.

— ¡Déjate de tonterías! Dime ya encontraron a mi hermano.

Su miraba mostraba odio hacia el hombre, no quería rebajarse ante él, pero no tenía otra opción.

—Cálmate Milo —aun mostrando esa estúpida sonrisa.

— ¿Cómo quieres que me calme? ¡He estado esperando 5 años y quieres que me calme! —gritó desesperado.

—Cálmate —dijo sereno el mayor— Saori sírvele café al señor.

—Si abuelo —se escuchó la voz de una mujer, a espaldas de Milo. Hasta ahora no se había percatado de la presencia de la muchacha, el peli azul volteo su cara y la vio. Era una joven de unos 13 años, prácticamente una niña. Su rostro permanecía sereno y sin emoción, pero si la veía bien, sus ojos resplandecían temor y miedo.

—Milo ella es mi nieta se llama Saori, quería saber si tu…

—Ya te dije mi respuesta, y no he venido a hablar de eso —dijo de nuevo fríamente. —  Quiero noticias de mi hermano. —el hombre solo suspiró pesadamente.

—Ya te dije, mi equipo no tiene noticias de él.

—Mierda.

—Algunos creen que el país del hielo lo tienen —dijo mirando al menor. — Si no me crees ¿Por qué no vas tú mismo al reino del fuego?

—Maldito viejo —dijo apretando los puños— No le cumpliré los deseos a ustedes dos.

— ¿Ustedes dos? —alzando una ceja, mientras sonreía, Mitsumasa Kido era nada más ni menos que la mano derecha de su padre.

—No te hagas el idiota —dándose media vuelta— Espero noticias de mi hermano y que mi padre no lo haya tocado o tú estarás muerto.

—Tus amenazas no servirán conmigo y lo sab… —no pudo terminar ya que el griego le lanzo una de sus famosas agujas escarlatas.

—No me des más razones para matarte, anciano —y se fue, dando un fuerte portazo.

                        Los trabajadores se asustaron al ver la expresión del peli azul, sabían que cuando se enojaba no podía controlar sus impulsos y te atacaba sin piedad.
Mitsumasa se quedó perplejo, no se había dado cuenta en que momento el muchacho le había lanzado el golpe. Milo salió lo más rápido que pudo, se subió a su auto y se fue a toda velocidad hacia su casa. Estaba harto de tener que soportar a ese viejo que solo sabía amargar su existencia. Tenía que encontrar a su hermano, rogaba a Zeus que nada le hubiera pasado, que su padre no lo haya tocado. Una lagrima traviesa roda por sus mejillas solo al recordar ese día.


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Aquel día en donde su inocencia se fue a la mierda…

                        Por fin la noche había caído, quería irse a dormir y caer en los brazos de Morfeo para ir a ese mundo feliz que era producto de sus fantasías. Sabía que su padre no estaría de buen humor, así que se apresuró jalando a su hermano hacia la habitación. Pero en eso se escuchó los pasos de sus padres, ambos niños temblaban solo al pensar de los castigos que daría su padre. Ese día la batalla fue ganada por el reino de los hielos, que derrotó a casi la mitad de su ejército.

—KARDIA —se escuchó el grito de su padre por todo el castillo.

—Milo ve ándate a dormir yo te alcanzare luego. —Susurró bajo, ese tono lo reconoció el más pequeño, su hermano era una persona impulsiva y muy tosca al hablar.

—Pero nii-san —dijo con ojitos llorosos.

—Te he dado una orden —le dijo toscamente— Ya deja de llorar los Skorpios nunca mostramos debilidad. —aunque le doliera cada palabra que le dijo a su hermano, tenía que ser fuerte, no quería que su padre se desquitara con él también.

—Si nii-san —dijo cabizbajo, su hermano mayor se dio media vuelta y se fue donde su padre. Para Milo, Kardia era su héroe, un hombre valiente hecho niño. Y es que el primogénito de la familia era un ser demasiado orgulloso y sobreprotector que por su hermano haría lo que sea. Hasta sacrificarse.


                        Sin percatarse de la presencia del menor Kardia se fue directamente a donde estaba su padre, no necesitaba ser un genio para saber lo que su padre quería esa noche, suspiró fastidiado y entro sin tocar la puerta de la habitación de su progenitor. Lo encontró ahí desnudo, las sábanas tapaban la parte inferior de su cuerpo. El mayor lo miraba lujuriosamente a su primogénito. El menor no hacia ni una mueca, estaba asqueado solo al ver a su padre cerró la puerta y se quedó parado en la entrada sin moverse.

— ¿Por qué te demoraste? —le reclamó su padre, mientras se acercaba a su hijo. El menor no respondió solo le dedico una mirada fría y desafiante. — “Respóndeme cuando te hable” —le tiró una bofetada haciendo que cayera al suelo— “AHORA RESPONDE.”

—Estaba con mi hermano —susurró con frialdad— Pero ya estoy aquí ¿no? —su padre frunció el entrecejo al oír la indiferente voz de su hijo.

—Ha, veo que sigues igual de desafiante, ahora te enseñare —se acercó a su hijo y lo agarró del cabello y los arrastro, tirándolo de golpe a la cama, el mayor se subió encima suyo— ¿Quieres que tu hermano sufra lo mismo que tú?

—NO, HICIMOS UN TRATO —gritó furioso el menor— YO TE ENTREGARÍA MI CUERPO Y TU NO LE TOCARAS NI UN PELO.

—ENTONCES HAZME CASO O LE PASARA LO MISMO —vociferó el otro con molestia. Ante los gritos, el pequeño Milo, que se encontraba detrás de la puerta escuchó todo lo que su padre y su hermano hablaban.

—Está bien —susurró resignado.

—Muy bien mi pequeño —empezaba a desvestir a su hijo poco a poco, deleitándose con los gestos asqueados que Kardia le dirigía.

                        Milo que había abierto despacio la puerta fue testigo de lo que su padre le hacía a su hermano cada vez que lo llamaba. Sintió miedo, asco, repulsión y odio hacia su padre. Arles dio media vuelta a su hijo y empezó a penetrarlo rápidamente, el menor solo aguantaba los gritos de dolor que amenazaban con salir.

—Aahhh, mi querido hijo eres muy estrecho aahhh —gemía su padre, Kardia iba a mandarle al diablo hasta que en la puerta vio a su hermanito, que estaba asustado y con la cara mojada.

—Maldición Milo ¿Por qué diablos estas aquí? —pensaba Kardia, poniendo una cara de pánico de que se padre viera a su hermano. Tenía que pensar en algo ¡y rápido!

—Hijo grita —el hombre embestía cada vez más fuerte, ¡esa era su oportunidad!  Para que no se percatara de su hermano Kardia empezaba a gemir. Cuando vio a su padre que cerraba sus ojos por el placer. Le dedico una mirada de ‘lárgate Milo, o te vera’ entendiendo el mensaje el menor se fue corriendo.



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—Maldición —golpea el volante, cuando se dio cuenta casi chocaba contra un edificio, rápidamente esquivo haciendo que su auto girara y se revolcara junto a él. La gente miraba con horror la escena, una patrulla fue hacia el rescate de Milo.

—Señor ¿está bien? —preguntó un oficial peli azul. Junto a su hermano, el otro policía, levantaron el auto se sorprendieron al ver a Milo.

—Milo, por dios ¿Qué pasó? —preguntó Kanon, el gemelo menor. Milo que reconoció la voz de su amigo, solo sonrió y cayó desmayado.

                        Saga, el gemelo mayor, llamo a una ambulancia. 15 minutos después llegó la ambulancia. Los gemelos le preguntaron al paramédico como se encontraba y este le dijo que no tenía heridas graves, pero que tenían que hacer una radiografía.
Ya en el hospital, la doctora le dijo a los gemelos que gracias al cielo el joven no tenía ningún hueso roto Los gemelos le preguntaron si podían pasar y la doctora les dijo que si pero que no demoraran.

—Hola Milo ¿Cómo te sientes? —preguntó Saga mientras le acariciaba suavemente la cabeza.

—Bien, aunque adolorido —dijo el menor

—Idiota ¿querías matarte? —dijo el menor de los gemelos molesto, aunque por dentro estaba angustiado.

—Kanon, cállate —le dijo en reproche, mientras miraba a su hermano— ¿Qué paso Milo?

—Me distraje y cuando me di cuenta casi me estrello contra el edificio.

— ¿Pensabas en Kardia? —preguntó Kanon más calmado.

—Si —dijo mientras ocultaba su rostro en el pecho del gemelo mayor.

—Milo —dijeron ambos gemelos en susurro.

—No pasa nada —levantando su rostro, para mostrarle una sonrisa falsa, para tranquilizarlos. — Algún día lo encontrare.

—Necesitas descansar —dijo Saga mientras se paraba y le daba un beso en la cabeza, su hermano también lo imito. Luego ambos gemelos salieron de la habitación en silencio.

— ¿Tú crees que Kido lo ayude? —preguntó el menor.

—No lo sé —dejo escapar un suspiro el mayor. — Solo espero que no le vaya hacer daño y que él no haga ninguna estupidez. Diciendo esto los gemelos se fueron a hacer sus actividades, desde que Milo se fue a vivir con ellos ambos lo querían como su hermanito menor, aunque algunos siempre decían que sentían algo más que amistad por el joven griego.


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                        Milo estaba sentado en la habitación del hospital, sus manos sujetaban su cabeza, estaba harto de escuchar a Kido decir lo mismo, si no fuera por su autocontrol, ya le hubiera volado la cabeza con su aguja escarlata, para que aprendiera que con un Scorpius nadie se mete. Miró hacia la ventana y vio que empezaba a llover. Por alguna extraña razón le encantaba la lluvia, era como si el cielo estuviera llorando, como él. Que también sentía la tristeza que él sentía. Poco a poco Morfeo lo empezaba a cunar en sus brazos haciendo que viajara al mundo de los sueños.


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