El Rapto de Kardia
Temas: Aventura, amistad, romance, Shounen
ai, un poco de angst, humor
Personajes Principales: D茅gel
(Acuario LC), Kardia (Escorpio LC)
Personajes Secundarios: Aldebar谩n (Tauro LC), Dohko,
Shion, Asmita (Virgo LC), Regulus (Leo LC),
Manigoldo (C谩ncer LC), Sasha
(Athena LC), Albafica (Piscis LC)... y m谩s.
Parejas: Kardia/Degel
Advertencia: Si no te gusta el shounen ai (chico x chico) no leas~
Disclaimer: Los personajes no son m铆os, son de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
NOTA: Una historia inspirada en el “Rapto de Helena” en donde dio inicio a la
gran guerra de Troya.
Resumen:
Kardia y D茅gel tienen una misi贸n nueva, donde tendr谩n que escoltar a dos
duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se
empieza a obsesionar con el escorpi贸n llegando el l铆mite de raptarlo.
Ahora D茅gel debe recuperar a la persona m谩s importante y de la que est谩
enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo lograr谩?
ACLARACIONES:
—El fic est谩 ambientado antes de la
guerra santa, Kardia y Degel han de tener 16 a帽os.
002 La agon铆a de
un Dios
Por mucho tiempo
lo hab铆a buscado, siglos enteros sin siquiera una pista de su amado pr铆ncipe.
Hasta ahora.
Sinti贸 esa
extra帽a conexi贸n cuando lo vio por primera vez, la actitud era muy diferente
pero el esp铆ritu era id茅ntico. Aquellos ojos azules penetraban su alma como
dagas, m谩s al recordar la mirada estoica que le dirigi贸 ¿Por qu茅 no lo
reconoc铆a? ¿Acaso no sab铆a lo mucho que le lastimaba su actitud? Hab铆a pasado
muchas noches en vela observando el mundo de los humanos, esperanzado porque su
amado volviera entre los muertos. Apolo sab铆a que Jacinto o lo reconocer铆a al
principio, pero ten铆a f茅 que su alma s铆. Su mirada se pos贸 sobre el durmiente
joven deseando tocar de nuevo aquel hombre que le ense帽贸 el amor. Acarici贸 los
cabellos azules, antes rubios, con fervor, anhelando poder enterrarse en aquel
cuerpo que antes fue suyo. Si tan solo pudiera rozar aquellos rosados labios
sab铆a que volver铆a a sentir la gloria…
PUM
El sonido de una
cachetada se escuch贸 por todo el recinto, sorprendiendo a los sirvientes, que
empezaron a rezar por sus vidas. Mientras que gritos y groser铆as era lo 煤nico
que los asustadizos sirvientes pod铆an escuchar en los aposentos de su se帽or.
Apolo podr铆a tener paciencia, pero cuando se enojaba era peor que ver a Ares.
Las ninfas sal铆an azoradas del recinto cuando se cruzaron con uno de los
hombres m谩s fieles del dios del sol. Altair, el 煤nico hombre que pod铆a
acercarse al dios sin temor portaba su Glory (*) con orgullo. La mirada fr铆a y
ese porte gallardo impon铆an respeto y miedo, las ninfas se hicieron a un lado e
hicieron una peque帽a reverencia cuando el hombre pas贸 por su lado. Contuvieron
la respiraci贸n cuando las grandes puertas que daban a los aposentos de Apolo
fue abierta y el hombre de ojos amatistas entraba sin temor alguno.
—Mi se帽or…
—susurr贸 haciendo una mueca al ver a su dios tirado en el suelo con un gesto
infantil y agarrando su mejilla adolorida. Dio un r谩pido vistazo a Kardia que
estaba con el entrecejo fruncido y la mano a煤n extendida.
— ¡Eso doli贸
Jacinto! —grit贸 Apolo, levant谩ndose de golpe. Kardia rod贸 los ojos desesperado
y se cruz贸 de brazos.
—Por una mierda…
—mascull贸 molesto— Te he dicho que no me llamo Jacinto, soy Kardia.
— ¡No es verdad!
—Mir贸 hacia su mano derecha y le exigi贸— ¡D铆selo Altair!
— Pienso lo
mismo… el joven Jacinto era un hombre amoroso y honesto, 茅ste de aqu铆 es una
bestia azul.
— ¡Oye imb茅cil!
¿A qui茅n le dices bestia? —rugi贸 Kardia acerc谩ndose peligrosamente hacia el
rubio que a煤n se manten铆a sin mostrar emoci贸n alguna. Kardia alz贸 su mano y
mostr贸 su u帽a roja— ¡Te reto a que lo digas de nuevo! ¡Veamos qu茅 tan valiente
eres al enfrentarte al gran Kardia de Escorpio!
—No me interesa
vencer a un tipo que ni armadura tiene —sentenci贸 aburrido, girando para ayudar
a su dios.
— ¡¿Qu茅 carajos?!
— Kardia se mir贸 de pies a cabeza al darse cuenta que su cuerpo estaba cubierto
con una extra帽a t煤nica de color blanco con decorados dorados y peque帽os mini
soles.
— Idiota… —
susurr贸 Altair, rodando los ojos y soltando un bufido — Sigo pensando que fue
una mala idea traer a este hombre de tan poca educaci贸n a su santuario, mi
se帽or Apolo.
Kardia que segu铆a
mascullando maldiciones se qued贸 callado
al enterarse que era un dios el que hab铆a golpeado. Su coraz贸n lati贸 con fuerza
y una extra帽a emoci贸n recorri贸 su cuerpo. Tal vez hab铆a encontrado al fin la
persona indicada que le har铆a latir su coraz贸n de emoci贸n, su premio. Se
levant贸 con rapidez y apunt贸 con su aguja hacia Apolo.
— Pelea conmigo
Apolo, tal vez esto haya sido el destino — dijo con una s谩dica sonrisa — Te
quiero como mi premio.
— ¿Qu茅 insolencia
es esa? — gru帽贸 Altair, m谩s Apolo se lo impidi贸, caminando hacia Kardia.
— ¿Qu茅 pasar谩 si
te gano? — susurr贸 con la voz cargada de lujuria.
— Te lo advierto
ahora, no soy pasivo de nadie — gru帽贸 prepar谩ndose para atacar a Apolo. M谩s 茅ste
con un solo movimiento ya lo hab铆a estrellado contra una columna— Tsk… es
fuerte —susurr贸 Kardia escupiendo un poco de sangre.
—Eres muy
est煤pido por atreverte a enfrentar a un dios… soy el m谩s fuerte de los
Dodekatheon.
—Cre铆 que ese
puesto era de Zeus —se burl贸 Kardia, levant谩ndose con lentitud. Sin su armadura
dorada estaba en clara desventaja, y tal vez su cuerpo no lo resistir铆a, pero
aun as铆 no perder铆a la oportunidad de enfrentarse a un dios.
—Ohhh aun tienes
fuerza… eres realmente sorprendente… —su mano empez贸 a brillar con intensidad.
Kardia agrand贸 sus ojos al ver la esfera dorada en la mano derecha de Apolo. Su
coraz贸n empez贸 a arder, al igual que su cosmo— Interesante…
—Toma esto… ¡Arde
cosmo! —grit贸 Kardia corriendo hacia Apolo apuntando con su aguja— ¡Scarlet Needle Katakeo!
(***)
(**)
(*)
SANTUARIO DE
ATHENA
Degel…
Degel despert贸
asustado cuando sinti贸 ese enorme cosmo. Su respiraci贸n empez贸 a ser irregular.
No recordaba qu茅 era lo que hab铆a so帽ado, pero lo que s铆 pod铆a asegurar es que
ten铆a que ver con cierto griego. En su mente el nombre de Kardia se repet铆a con
rapidez. Pod铆a sentir el calor del coraz贸n del escorpi贸n, parec铆a como aquella
vez cuando ambos se conocieron. Los fuertes latidos de Kardia se escuchaban
retumbando en sus o铆dos. Sin importarle salir con su ropa de dormir, empez贸 a
descender los templos, ignorando a sus guardianes, que lo miraban con sorpresa.
¿Kardia? Pens贸 angustiado. Solo
esperaba que fuera solo un mal presentimiento.
Al llegar a la
octava casa llam贸 a su guardi谩n, pero nadie respond铆a. Sin pensarlo dos veces
se fue hacia los aposentos privados encontr谩ndolo vac铆o. La desesperaci贸n
empezaba a crecer cuando not贸 la armadura brillar con intensidad.
—Escorpio… —
susurr贸. Se acerc贸 a la caja que se abri贸 dejando ver la armadura dorada. En
una de sus pl谩ticas con el patriarca hab铆a escuchado que las armaduras pod铆an
comunicarse con sus portadores, solo se necesitaba escucharlas con atenci贸n.
Coloc贸 una mano encima y un torrente de im谩genes aparecieron. Su cosmo empez贸 a
descontrolarse hasta casi congelar todo el octavo templo — Kardia… — susurr贸
antes de caer agotado.
— Oi, Degel, no
te desmayes — su cuerpo fue sujetado a tiempo por Manigoldo, que iba camino al
recinto del patriarca. Ambos estaban en el suelo, y Manigoldo estaba algo
nervioso, tal vez se deba a que nunca hab铆a visto a Degel tan p谩lido.
— Manigoldo… —
susurr贸, m谩s pasos se escucharon, y las voces incrementaron su volumen, m谩s
Degel no prest贸 atenci贸n a ninguna. Agarrando la capa del cuarto custodio lo mir贸 desesperado — Ay煤dame a
encontrar a Kardia.
— ¡…! — Manigoldo
se qued贸 sorprendido y sujet贸 la mano de Degel que empezaba a temblar. Al
principio el italiano pensaba en ignorar lo que pasaba en el octavo templo,
despu茅s de todo, estaba acostumbrado a las peleas de Kardia y Degel, pero al
sentir como su armadura le ped铆a entrar no lo dud贸 dos veces.
— Manigoldo — la
voz del patriarca los separ贸 un poco. Atr谩s del sumo pont铆fice estaba toda la
茅lite de caballeros dorados, sus armaduras brillaban con intensidad que si no
fuera porque esto era algo serio hubiera hecho un comentario al respecto.
— Viejo… al
parecer el alacr谩n se meti贸 en problemas. — Degel volvi贸 a temblar
involuntariamente, entonces eso significaba que Kardia hab铆a activado el
Katakeo.
— Kardia… —
susurr贸 aferr谩ndose a Manigoldo.
— Patriarca, me
ofrezco como voluntario para buscarlo — la voz seria de Albafica sorprendi贸 a
todos. Manigoldo trat贸 de evitar aquella mirada que, estaba seguro, mostraba
molestia.
— No puedo
enviarte sin saber exactamente d贸nde est谩 Kardia — Sage mir贸 al resto de los
caballeros y orden贸 que salieran todos. Albafica se qued贸 mirando de reojo a
Degel y Manigoldo, mientras que Sage se dirig铆a hacia la armadura y poder
escucharla. Degel no estaba en condiciones para que le contara lo que ocurri贸.
— Patriarca… —
susurr贸 Degel recuper谩ndose de su estado de shock, se separ贸 de Manigoldo que
se levant贸 del suelo y se cruz贸 de brazos.
— Esto podr铆a
significar una nueva guerra santa — susurr贸 Sage, mirando con seriedad a los
tres dorados — Apolo no es un dios que acepte negociar con los humanos… no
podemos hacer nada, y la se帽orita Athena a煤n es muy joven para que se enfrente
contra 茅l.
— Debemos buscar
otra manera — dijo Manigoldo — No podemos dejar al bicho con ese sujeto…
— No podemos ser
tan imprudentes Manigoldo — rega帽贸 Albafica, aunque 茅l hab铆a sido el primero en
ofrecerse sab铆a que enfrentar a un Dios era un suicidio — Aunque fu茅ramos los
tres, no podr铆amos contra un dios, y no podemos dejar al santuario desprotegido
contra la guerra santa.
— Pero… — mir贸 a
su maestro que neg贸 con la cabeza y evit贸 mirarlo.
— No importa… —
habl贸 Degel atrayendo la atenci贸n de los tres — Ir茅 solo… Kardia es mi
responsabilidad… deb铆 quedarme con 茅l — apret贸 sus pu帽os y agach贸 la mirada —
D茅jeme ir patriarca… traer茅 a Kardia.
— Tsk, si va
Acuario Alba-chan y yo iremos.
—…—Albafica se
qued贸 en silencio y observ贸 al patriarca que suspirando acept贸, hab铆a esperado
que Manigoldo insistiera, incluso, aunque pareciera imposible, se lo esperaba
de Degel tambi茅n, pero si Albafica no se negaba entonces no deb铆a preocuparse…
tanto.
—Si ven que esto
es peligroso, regresen.
(***)
(**)
(*)
El suave aroma a
cerezo empez贸 a despertarlo, sus p谩rpados empezaron a temblar, clara muestra de
que empezaba a despertar, podr铆a jurar que hace tan solo un momento estaba en
medio de una pelea contra el dios Apolo, entonces… ¿Por qu茅 segu铆a vivo? Las
cantarinas risas empezaban a desesperarle, abri贸 sus ojos, intentando localizar
a esos seres que osaban en molestarlo cuando apenas despertaba, pero lo que vio
lo dej贸 mudo. Estaba en medio de un campo de flores y encima de 茅l pod铆a ver
las ramas del 谩rbol Sakura, tan bellas y tan perfectas, quiso alcanzarlas pero
su cuerpo no le respond铆a.
— ¿Estoy muerto…?
— susurr贸, escuchando risas molestas, gir贸 su cabeza y se qued贸 sorprendido al
ver a un hombre de cabellos rubios y cabellos algo alborotados recoger algunas
flores y colocarlas encima de la cabeza de Apolo — Jacinto… — susurr贸.
El muchacho de
dorados cabellos sonri贸 con ternura y r铆o cuando Apolo se sonroj贸 con fuerza.
El dios del sol se ve铆a tan distinto, se ve铆a m谩s... ¿Humano? Jacinto ten铆a un
gran parecido a 茅l a excepci贸n tal vez por el cabello y la mirada. El muchacho
se ve铆a m谩s inocente.
— Jacinto, mi
pr铆ncipe, creo que ya es hora de formalizar nuestra relaci贸n... Quiero
invitarte al Olimpo ¿qu茅 dices?
— Ser谩 para m铆
todo un honor, mi se帽or. — Kardia pudo moverse, pero cuando lo hizo se
arrepinti贸. Era testigo de lo que dar铆a inicio a la locura del dios del sol...
La muerte de Jacinto.
Cerr贸 los ojos al
sentir como algo lo arrastraba, era como unas garras que tocaban sus piernas,
brazos y su cuello — No respiro... — pens贸. Sinti贸 como el agua, que no sab铆a
de d贸nde sali贸, empezaba a ahogarlo — Degel...
Se levant贸 con
rapidez empezando a escupir el agua que hab铆a entrado a sus pulmones. Su mirada
azul empez贸 a recorrer el lugar ¿una ba帽era? Pod铆a sentir a煤n el aroma a
Sakura. Mir贸 su cuerpo intentando recordar lo que hab铆a pasado pero a su mente
s贸lo ven铆a la pelea. Hab铆a usado el Katakeo para poder acabar con Apolo pero
despu茅s de eso ya no recordaba nada.
— Eres alguien
afortunado humano — buf贸 molesto al escuchar la voz de Altair, gira para verlo
pero este ten铆a la mirada perdida en el techo.
— Si te refieres
porque a煤n sigo vivo, la respuesta es no.
— No seas idiota
— Kardia le lanz贸 una mirada fulminante, pero lo dej贸 terminar — Tienes suerte
de que el se帽or Apolo te haya elegido como su Jacinto.
— ¿No entiendes
que yo NO quiero ser Jacinto? — mascull贸 — Adem谩s no soy pasivo de nadie.
— ¿Y Degel? —
pregunt贸 con curiosidad.
— ¿Que hay con
茅l?
— Pens茅 que era
alguien importante para ti...
— Lo es... —
susurr贸 sin ganas de hablar del tema, mira de reojo a Altair y suspira — ¿Por
qu茅 no le dices a Apolo que te gusta? Es obvio que babeas por su culo.
— No seas
grosero... Mi se帽or te eligi贸 a ti.
— Me irritas... —
mascull贸 molesto — ¿En donde est谩 mi ropa?
—El se帽or Apolo
me orden贸 que usaras esto... — alz贸 una larga t煤nica blanca.
— Tu dios est谩
loco si piensa que usar茅 algo tan corto — gru帽e mirando con repulsi贸n las
prendas — ¡Ni a un ni帽o le quedar铆a eso!
— Solo obedece y
no hables — la paciencia de Altair ten铆a un l铆mite y eso parec铆a divertir a
Kardia, que sonriendo a煤n m谩s se cruza de brazos.
— ¿Qu茅 pasa si me
niego? T煤 no eres nadie a quien deba escuchar.
— … — todo hab铆a
pasado tan r谩pido que cuando Kardia se percat贸 de la situaci贸n su espalda su
cuerpo era apresado por el de Altair. Pod铆a sentir como su espalda rozaba contra
las fr铆as baldosas y la mano ajena apretar con fuerza su cuello.
La mano de Altair
temblaba pero a煤n as铆 no afloj贸 el agarre que lo manten铆a preso. Con
dificultad, Kardia abri贸 los ojos para ver directamente a su oponente, la
tristeza de Altair era latente en su mirada azul gris谩cea, por un momento un
sentimiento de culpa le invadi贸, sent铆a que hab铆a visto aquella mirada antes,
en un pasado lejano. Kardia llev贸 una de sus manos al brazo de su enemigo
enterrando las u帽as en ella, entreabri贸 los labios dispuesto a seguir ret谩ndolo
cuando de repente sinti贸 como la cabeza le daba vueltas. La falta de aire en
sus pulmones empezaba a afectarle. Su cuerpo empez贸 a sentirse liviano y cuando
menos lo esper贸, todo se volvi贸 oscuro.
Altair miraba
extra帽ado a Kardia, hab铆a aflojado su agarre cuando sinti贸 que las u帽as de
Kardia empezaban a aflojar y por un momento hab铆a temido haberlo matado. Su
se帽or Apolo no se lo perdonar铆a nunca, 茅l no soportar铆a ver decepci贸n y odio en
aquellos ojos azul zafiro que tanto amaba.
— No me digas que
un simple apret贸n te lastim茅 — musit贸 esperando alguna reacci贸n, pero Kardia
segu铆a con los ojos cerrados se acerc贸 con cautela esperando el ataque que
nunca lleg贸 y coloc贸 su oreja a la altura del pecho. El coraz贸n de Kardia a煤n
palpitaba y eso le aliviaba, adem谩s que a煤n pod铆a sentir su respiraci贸n, aunque
era muy lenta — ¡Despierta Escorpio! — grit贸 d谩ndole algunas bofetadas.
Teniendo el mismo
resultado.
Altair era un ser
con mucha paciencia y siempre sab铆a controlar sus sentimientos, pero saber que
por su culpa aquel hombre, que su se帽or insist铆a en llamarlo Jacinto, no
despertaba empezaba a alterar sus nervios. Alz贸 su mano dispuesto a retomar la
ronda de bofetadas cuando una mano lo detuvo a medio camino.
— Por fin
reaccionas imb茅cil — masculla — Sab铆a que fing铆as estar muerto, bastardo.
— …
— ¡Oye! ¿Me est谩s
escuchando? — gru帽贸 empezando a irritarse, m谩s cuando intent贸 liberarse del
agarre 茅ste empez贸 a hacerse m谩s fuerte — ¡¿Pero qu茅…?!
Las palabras
murieron cuando un extra帽o cosmo empez贸 a rodear el cuerpo de Kardia, una
sensaci贸n que empezaba a quemarle el brazo. No lo hab铆a olvidado, reconoc铆a
aquel cosmos. Intent贸 soltarse del griego pero la suave pero escalofr铆ante risa
que solt贸 lo paraliz贸. Al alzar la vista sus ojos chocaron contra los azules de
Kardia.
— Veo que sigues
siendo tan confiado — susurr贸 Kardia con la voz fr铆a y siseante — ¿Cu谩ntas
veces debo decirte? ¡No quiero que te vuelvas a meter en mi camino!
La cosmo-energ铆a
que lo empuj贸 abruptamente, envi谩ndolo hacia el otro extremo de donde Kardia
estaba. Altair estaba paralizado, literalmente, el cosmo de aquel hombre que
hab铆a pose铆do al escorpi贸n era demasiado fuerte, aunque a煤n as铆 no se comparaba
como la de un dios.
— Maldito… —
escupi贸, mir谩ndolo con odio.
— Altair… que
esto solo sea una advertencia. No querr谩s que nuestro se帽or se entere de lo
ocurrido ¿o s铆?
— T煤… nunca… lo
tendr谩s… — Kardia sonri贸 con frialdad y por un momento Altair pudo ser testigo
de c贸mo sus cabellos azules, empezaron a ser rubios. En ese momento se dio
cuenta de su error, hab铆a sido imprudente al no darse cuenta de la gravedad de
la situaci贸n, apret贸 sus dientes con fuerza mientras escup铆a el nombre de aquel
hombre — ...Jacinto.
(***)
(**)
(*)
OLIMPO
El Olimpo era el
hogar de los dioses ol铆mpicos, los principales dioses del pante贸n griego,
presididos por Zeus. Los griegos cre铆an que en 茅l hab铆a construido mansiones de
cristal en las que moraban los dioses. Siendo su 煤nico camino el Gran Monte
Olimpo, donde se dec铆a, que si un humano intentaba subir, el acto ser铆a
considerado una ofensa, por lo cual provocar铆a la ira de los Dioses. Estaba
conformado por doce templos, en los cuales los Dodekatheon resid铆an en armon铆a.
Una silueta
recorr铆a hasta lo m谩s profundo del lugar, donde lo 煤nico que se pod铆a escuchar
eran los golpes de sus sandalias al chocar contra el suelo de cristal y el
bello canto de las ninfas. Ese cosmo tan familiar pero a la vez tan temible
hab铆a despertado al fin, y aunque sab铆a que se arrepentir铆a al ir en contra de
las 贸rdenes del se帽or Altair, m谩s lo har铆a cuando la ira de su se帽or se fuera
sobre 茅l.
— Se帽or, se帽or —
llam贸 el joven, su mirada se pase贸 por toda la habitaci贸n hasta hallar al
hombre.
Apolo miraba a
trav茅s del balc贸n sin punto espec铆fico, algo temeroso por la reacci贸n del
hombre, el joven sirviente se qued贸 a una distancia prudente. Entreabri贸 los
labios para poder hablar y fue ah铆 cuando la suave melod铆a call贸 abruptamente.
Apolo gir贸 con lentitud dejando ver una sonrisa algo torcida. Sus cabellos,
antes negros, empezaron a brillar hasta transformarse en un rojo intenso que se
asemejaba al fuego.
— Se帽or Apolo… —
trag贸 saliva al sentir la penetrante y fr铆a mirada del hombre sobre 茅l — … ese
cosmo… es…
— Lo s茅 —
interrumpi贸 abraz谩ndose as铆 mismo — Mi peque帽o Jacinto, por fin ha despertado.
El soldado se
paraliz贸 al ver al siempre fr铆o dios soltar algunas cristalinas l谩grimas, el
despertar de Jacinto tal vez no haya sido la mejor idea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario