jueves, 14 de enero de 2016

El Rapto de Kardia [Cap铆tulo 02]

El Rapto de Kardia

Temas: Aventura, amistad, romance, Shounen ai, un poco de angst, humor

Personajes Principales: D茅gel (Acuario LC), Kardia (Escorpio LC)

Personajes Secundarios: Aldebar谩n (Tauro LC), Dohko, Shion, Asmita (Virgo LC), Regulus (Leo LC), Manigoldo (C谩ncer LC), Sasha (Athena LC), Albafica (Piscis LC)... y m谩s.

Parejas: Kardia/Degel

Advertencia: Si no te gusta el shounen ai (chico x chico) no leas~

Disclaimer: Los personajes no son m铆os, son de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.

NOTA: Una historia inspirada en el “Rapto de Helena” en donde dio inicio a la gran guerra de Troya.

Resumen:
Kardia y D茅gel tienen una misi贸n nueva, donde tendr谩n que escoltar a dos duques hasta el santuario. Al cruzar la mirada con Kardia, uno de ellos, se empieza a obsesionar con el escorpi贸n llegando el l铆mite de raptarlo.

Ahora D茅gel debe recuperar a la persona m谩s importante y de la que est谩 enamorado, aunque esto signifique enfrentarse a un dios. ¿Lo lograr谩?

ACLARACIONES:
—El fic est谩 ambientado antes de la guerra santa, Kardia y Degel han de tener 16 a帽os.



002 La agon铆a de un Dios

Por mucho tiempo lo hab铆a buscado, siglos enteros sin siquiera una pista de su amado pr铆ncipe. Hasta ahora.
Sinti贸 esa extra帽a conexi贸n cuando lo vio por primera vez, la actitud era muy diferente pero el esp铆ritu era id茅ntico. Aquellos ojos azules penetraban su alma como dagas, m谩s al recordar la mirada estoica que le dirigi贸 ¿Por qu茅 no lo reconoc铆a? ¿Acaso no sab铆a lo mucho que le lastimaba su actitud? Hab铆a pasado muchas noches en vela observando el mundo de los humanos, esperanzado porque su amado volviera entre los muertos. Apolo sab铆a que Jacinto o lo reconocer铆a al principio, pero ten铆a f茅 que su alma s铆. Su mirada se pos贸 sobre el durmiente joven deseando tocar de nuevo aquel hombre que le ense帽贸 el amor. Acarici贸 los cabellos azules, antes rubios, con fervor, anhelando poder enterrarse en aquel cuerpo que antes fue suyo. Si tan solo pudiera rozar aquellos rosados labios sab铆a que volver铆a a sentir la gloria…

PUM

El sonido de una cachetada se escuch贸 por todo el recinto, sorprendiendo a los sirvientes, que empezaron a rezar por sus vidas. Mientras que gritos y groser铆as era lo 煤nico que los asustadizos sirvientes pod铆an escuchar en los aposentos de su se帽or. Apolo podr铆a tener paciencia, pero cuando se enojaba era peor que ver a Ares. Las ninfas sal铆an azoradas del recinto cuando se cruzaron con uno de los hombres m谩s fieles del dios del sol. Altair, el 煤nico hombre que pod铆a acercarse al dios sin temor portaba su Glory (*) con orgullo. La mirada fr铆a y ese porte gallardo impon铆an respeto y miedo, las ninfas se hicieron a un lado e hicieron una peque帽a reverencia cuando el hombre pas贸 por su lado. Contuvieron la respiraci贸n cuando las grandes puertas que daban a los aposentos de Apolo fue abierta y el hombre de ojos amatistas entraba sin temor alguno.

—Mi se帽or… —susurr贸 haciendo una mueca al ver a su dios tirado en el suelo con un gesto infantil y agarrando su mejilla adolorida. Dio un r谩pido vistazo a Kardia que estaba con el entrecejo fruncido y la mano a煤n extendida.

— ¡Eso doli贸 Jacinto! —grit贸 Apolo, levant谩ndose de golpe. Kardia rod贸 los ojos desesperado y se cruz贸 de brazos.

—Por una mierda… —mascull贸 molesto— Te he dicho que no me llamo Jacinto, soy Kardia.

— ¡No es verdad! —Mir贸 hacia su mano derecha y le exigi贸— ¡D铆selo Altair!

— Pienso lo mismo… el joven Jacinto era un hombre amoroso y honesto, 茅ste de aqu铆 es una bestia azul.

— ¡Oye imb茅cil! ¿A qui茅n le dices bestia? —rugi贸 Kardia acerc谩ndose peligrosamente hacia el rubio que a煤n se manten铆a sin mostrar emoci贸n alguna. Kardia alz贸 su mano y mostr贸 su u帽a roja— ¡Te reto a que lo digas de nuevo! ¡Veamos qu茅 tan valiente eres al enfrentarte al gran Kardia de Escorpio!

—No me interesa vencer a un tipo que ni armadura tiene —sentenci贸 aburrido, girando para ayudar a su dios.

— ¡¿Qu茅 carajos?! — Kardia se mir贸 de pies a cabeza al darse cuenta que su cuerpo estaba cubierto con una extra帽a t煤nica de color blanco con decorados dorados y peque帽os mini soles.

— Idiota… — susurr贸 Altair, rodando los ojos y soltando un bufido — Sigo pensando que fue una mala idea traer a este hombre de tan poca educaci贸n a su santuario, mi se帽or Apolo.

Kardia que segu铆a mascullando maldiciones se qued贸  callado al enterarse que era un dios el que hab铆a golpeado. Su coraz贸n lati贸 con fuerza y una extra帽a emoci贸n recorri贸 su cuerpo. Tal vez hab铆a encontrado al fin la persona indicada que le har铆a latir su coraz贸n de emoci贸n, su premio. Se levant贸 con rapidez y apunt贸 con su aguja hacia Apolo.

— Pelea conmigo Apolo, tal vez esto haya sido el destino — dijo con una s谩dica sonrisa — Te quiero como mi premio.

— ¿Qu茅 insolencia es esa? — gru帽贸 Altair, m谩s Apolo se lo impidi贸, caminando hacia Kardia.

— ¿Qu茅 pasar谩 si te gano? — susurr贸 con la voz cargada de lujuria.

— Te lo advierto ahora, no soy pasivo de nadie — gru帽贸 prepar谩ndose para atacar a Apolo. M谩s 茅ste con un solo movimiento ya lo hab铆a estrellado contra una columna— Tsk… es fuerte —susurr贸 Kardia escupiendo un poco de sangre.

—Eres muy est煤pido por atreverte a enfrentar a un dios… soy el m谩s fuerte de los Dodekatheon.

—Cre铆 que ese puesto era de Zeus —se burl贸 Kardia, levant谩ndose con lentitud. Sin su armadura dorada estaba en clara desventaja, y tal vez su cuerpo no lo resistir铆a, pero aun as铆 no perder铆a la oportunidad de enfrentarse a un dios.

—Ohhh aun tienes fuerza… eres realmente sorprendente… —su mano empez贸 a brillar con intensidad. Kardia agrand贸 sus ojos al ver la esfera dorada en la mano derecha de Apolo. Su coraz贸n empez贸 a arder, al igual que su cosmo— Interesante…

—Toma esto… ¡Arde cosmo! —grit贸 Kardia corriendo hacia Apolo apuntando con su aguja— ¡Scarlet Needle Katakeo!

(***)

(**)

(*)

SANTUARIO DE ATHENA



Degel…

Degel despert贸 asustado cuando sinti贸 ese enorme cosmo. Su respiraci贸n empez贸 a ser irregular. No recordaba qu茅 era lo que hab铆a so帽ado, pero lo que s铆 pod铆a asegurar es que ten铆a que ver con cierto griego. En su mente el nombre de Kardia se repet铆a con rapidez. Pod铆a sentir el calor del coraz贸n del escorpi贸n, parec铆a como aquella vez cuando ambos se conocieron. Los fuertes latidos de Kardia se escuchaban retumbando en sus o铆dos. Sin importarle salir con su ropa de dormir, empez贸 a descender los templos, ignorando a sus guardianes, que lo miraban con sorpresa. ¿Kardia? Pens贸 angustiado. Solo esperaba que fuera solo un mal presentimiento.

Al llegar a la octava casa llam贸 a su guardi谩n, pero nadie respond铆a. Sin pensarlo dos veces se fue hacia los aposentos privados encontr谩ndolo vac铆o. La desesperaci贸n empezaba a crecer cuando not贸 la armadura brillar con intensidad.

—Escorpio… — susurr贸. Se acerc贸 a la caja que se abri贸 dejando ver la armadura dorada. En una de sus pl谩ticas con el patriarca hab铆a escuchado que las armaduras pod铆an comunicarse con sus portadores, solo se necesitaba escucharlas con atenci贸n. Coloc贸 una mano encima y un torrente de im谩genes aparecieron. Su cosmo empez贸 a descontrolarse hasta casi congelar todo el octavo templo — Kardia… — susurr贸 antes de caer agotado.

— Oi, Degel, no te desmayes — su cuerpo fue sujetado a tiempo por Manigoldo, que iba camino al recinto del patriarca. Ambos estaban en el suelo, y Manigoldo estaba algo nervioso, tal vez se deba a que nunca hab铆a visto a Degel tan p谩lido.

— Manigoldo… — susurr贸, m谩s pasos se escucharon, y las voces incrementaron su volumen, m谩s Degel no prest贸 atenci贸n a ninguna. Agarrando la capa del cuarto  custodio lo mir贸 desesperado — Ay煤dame a encontrar a Kardia.

— ¡…! — Manigoldo se qued贸 sorprendido y sujet贸 la mano de Degel que empezaba a temblar. Al principio el italiano pensaba en ignorar lo que pasaba en el octavo templo, despu茅s de todo, estaba acostumbrado a las peleas de Kardia y Degel, pero al sentir como su armadura le ped铆a entrar no lo dud贸 dos veces.

— Manigoldo — la voz del patriarca los separ贸 un poco. Atr谩s del sumo pont铆fice estaba toda la 茅lite de caballeros dorados, sus armaduras brillaban con intensidad que si no fuera porque esto era algo serio hubiera hecho un comentario al respecto.

— Viejo… al parecer el alacr谩n se meti贸 en problemas. — Degel volvi贸 a temblar involuntariamente, entonces eso significaba que Kardia hab铆a activado el Katakeo.

— Kardia… — susurr贸 aferr谩ndose a Manigoldo.

— Patriarca, me ofrezco como voluntario para buscarlo — la voz seria de Albafica sorprendi贸 a todos. Manigoldo trat贸 de evitar aquella mirada que, estaba seguro, mostraba molestia.

— No puedo enviarte sin saber exactamente d贸nde est谩 Kardia — Sage mir贸 al resto de los caballeros y orden贸 que salieran todos. Albafica se qued贸 mirando de reojo a Degel y Manigoldo, mientras que Sage se dirig铆a hacia la armadura y poder escucharla. Degel no estaba en condiciones para que le contara lo que ocurri贸.

— Patriarca… — susurr贸 Degel recuper谩ndose de su estado de shock, se separ贸 de Manigoldo que se levant贸 del suelo y se cruz贸 de brazos.

— Esto podr铆a significar una nueva guerra santa — susurr贸 Sage, mirando con seriedad a los tres dorados — Apolo no es un dios que acepte negociar con los humanos… no podemos hacer nada, y la se帽orita Athena a煤n es muy joven para que se enfrente contra 茅l.

— Debemos buscar otra manera — dijo Manigoldo — No podemos dejar al bicho con ese sujeto…

— No podemos ser tan imprudentes Manigoldo — rega帽贸 Albafica, aunque 茅l hab铆a sido el primero en ofrecerse sab铆a que enfrentar a un Dios era un suicidio — Aunque fu茅ramos los tres, no podr铆amos contra un dios, y no podemos dejar al santuario desprotegido contra la guerra santa.

— Pero… — mir贸 a su maestro que neg贸 con la cabeza y evit贸 mirarlo.

— No importa… — habl贸 Degel atrayendo la atenci贸n de los tres — Ir茅 solo… Kardia es mi responsabilidad… deb铆 quedarme con 茅l — apret贸 sus pu帽os y agach贸 la mirada — D茅jeme ir patriarca… traer茅 a Kardia.

— Tsk, si va Acuario Alba-chan y yo iremos.

—…—Albafica se qued贸 en silencio y observ贸 al patriarca que suspirando acept贸, hab铆a esperado que Manigoldo insistiera, incluso, aunque pareciera imposible, se lo esperaba de Degel tambi茅n, pero si Albafica no se negaba entonces no deb铆a preocuparse… tanto.

—Si ven que esto es peligroso, regresen.

(***)

(**)

(*)

El suave aroma a cerezo empez贸 a despertarlo, sus p谩rpados empezaron a temblar, clara muestra de que empezaba a despertar, podr铆a jurar que hace tan solo un momento estaba en medio de una pelea contra el dios Apolo, entonces… ¿Por qu茅 segu铆a vivo? Las cantarinas risas empezaban a desesperarle, abri贸 sus ojos, intentando localizar a esos seres que osaban en molestarlo cuando apenas despertaba, pero lo que vio lo dej贸 mudo. Estaba en medio de un campo de flores y encima de 茅l pod铆a ver las ramas del 谩rbol Sakura, tan bellas y tan perfectas, quiso alcanzarlas pero su cuerpo no le respond铆a.

— ¿Estoy muerto…? — susurr贸, escuchando risas molestas, gir贸 su cabeza y se qued贸 sorprendido al ver a un hombre de cabellos rubios y cabellos algo alborotados recoger algunas flores y colocarlas encima de la cabeza de Apolo — Jacinto… — susurr贸.

El muchacho de dorados cabellos sonri贸 con ternura y r铆o cuando Apolo se sonroj贸 con fuerza. El dios del sol se ve铆a tan distinto, se ve铆a m谩s... ¿Humano? Jacinto ten铆a un gran parecido a 茅l a excepci贸n tal vez por el cabello y la mirada. El muchacho se ve铆a m谩s inocente.

— Jacinto, mi pr铆ncipe, creo que ya es hora de formalizar nuestra relaci贸n... Quiero invitarte al Olimpo ¿qu茅 dices?

— Ser谩 para m铆 todo un honor, mi se帽or. — Kardia pudo moverse, pero cuando lo hizo se arrepinti贸. Era testigo de lo que dar铆a inicio a la locura del dios del sol... La muerte de Jacinto.

Cerr贸 los ojos al sentir como algo lo arrastraba, era como unas garras que tocaban sus piernas, brazos y su cuello — No respiro... — pens贸. Sinti贸 como el agua, que no sab铆a de d贸nde sali贸, empezaba a ahogarlo — Degel...


Se levant贸 con rapidez empezando a escupir el agua que hab铆a entrado a sus pulmones. Su mirada azul empez贸 a recorrer el lugar ¿una ba帽era? Pod铆a sentir a煤n el aroma a Sakura. Mir贸 su cuerpo intentando recordar lo que hab铆a pasado pero a su mente s贸lo ven铆a la pelea. Hab铆a usado el Katakeo para poder acabar con Apolo pero despu茅s de eso ya no recordaba nada.

— Eres alguien afortunado humano — buf贸 molesto al escuchar la voz de Altair, gira para verlo pero este ten铆a la mirada perdida en el techo.

— Si te refieres porque a煤n sigo vivo, la respuesta es no.

— No seas idiota — Kardia le lanz贸 una mirada fulminante, pero lo dej贸 terminar — Tienes suerte de que el se帽or Apolo te haya elegido como su Jacinto.

— ¿No entiendes que yo NO quiero ser Jacinto? — mascull贸 — Adem谩s no soy pasivo de nadie.

— ¿Y Degel? — pregunt贸 con curiosidad.

— ¿Que hay con 茅l?

— Pens茅 que era alguien importante para ti...

— Lo es... — susurr贸 sin ganas de hablar del tema, mira de reojo a Altair y suspira — ¿Por qu茅 no le dices a Apolo que te gusta? Es obvio que babeas por su culo.

— No seas grosero... Mi se帽or te eligi贸 a ti.

— Me irritas... — mascull贸 molesto — ¿En donde est谩 mi ropa?

—El se帽or Apolo me orden贸 que usaras esto... — alz贸 una larga t煤nica blanca.

— Tu dios est谩 loco si piensa que usar茅 algo tan corto — gru帽e mirando con repulsi贸n las prendas — ¡Ni a un ni帽o le quedar铆a eso!

— Solo obedece y no hables — la paciencia de Altair ten铆a un l铆mite y eso parec铆a divertir a Kardia, que sonriendo a煤n m谩s se cruza de brazos.

— ¿Qu茅 pasa si me niego? T煤 no eres nadie a quien deba escuchar.

— … — todo hab铆a pasado tan r谩pido que cuando Kardia se percat贸 de la situaci贸n su espalda su cuerpo era apresado por el de Altair. Pod铆a sentir como su espalda rozaba contra las fr铆as baldosas y la mano ajena apretar con fuerza su cuello.

La mano de Altair temblaba pero a煤n as铆 no afloj贸 el agarre que lo manten铆a preso. Con dificultad, Kardia abri贸 los ojos para ver directamente a su oponente, la tristeza de Altair era latente en su mirada azul gris谩cea, por un momento un sentimiento de culpa le invadi贸, sent铆a que hab铆a visto aquella mirada antes, en un pasado lejano. Kardia llev贸 una de sus manos al brazo de su enemigo enterrando las u帽as en ella, entreabri贸 los labios dispuesto a seguir ret谩ndolo cuando de repente sinti贸 como la cabeza le daba vueltas. La falta de aire en sus pulmones empezaba a afectarle. Su cuerpo empez贸 a sentirse liviano y cuando menos lo esper贸, todo se volvi贸 oscuro.

Altair miraba extra帽ado a Kardia, hab铆a aflojado su agarre cuando sinti贸 que las u帽as de Kardia empezaban a aflojar y por un momento hab铆a temido haberlo matado. Su se帽or Apolo no se lo perdonar铆a nunca, 茅l no soportar铆a ver decepci贸n y odio en aquellos ojos azul zafiro que tanto amaba.

— No me digas que un simple apret贸n te lastim茅 — musit贸 esperando alguna reacci贸n, pero Kardia segu铆a con los ojos cerrados se acerc贸 con cautela esperando el ataque que nunca lleg贸 y coloc贸 su oreja a la altura del pecho. El coraz贸n de Kardia a煤n palpitaba y eso le aliviaba, adem谩s que a煤n pod铆a sentir su respiraci贸n, aunque era muy lenta — ¡Despierta Escorpio! — grit贸 d谩ndole algunas bofetadas.

Teniendo el mismo resultado.

Altair era un ser con mucha paciencia y siempre sab铆a controlar sus sentimientos, pero saber que por su culpa aquel hombre, que su se帽or insist铆a en llamarlo Jacinto, no despertaba empezaba a alterar sus nervios. Alz贸 su mano dispuesto a retomar la ronda de bofetadas cuando una mano lo detuvo a medio camino.

— Por fin reaccionas imb茅cil — masculla — Sab铆a que fing铆as estar muerto, bastardo.

— …

— ¡Oye! ¿Me est谩s escuchando? — gru帽贸 empezando a irritarse, m谩s cuando intent贸 liberarse del agarre 茅ste empez贸 a hacerse m谩s fuerte — ¡¿Pero qu茅…?!

Las palabras murieron cuando un extra帽o cosmo empez贸 a rodear el cuerpo de Kardia, una sensaci贸n que empezaba a quemarle el brazo. No lo hab铆a olvidado, reconoc铆a aquel cosmos. Intent贸 soltarse del griego pero la suave pero escalofr铆ante risa que solt贸 lo paraliz贸. Al alzar la vista sus ojos chocaron contra los azules de Kardia.

— Veo que sigues siendo tan confiado — susurr贸 Kardia con la voz fr铆a y siseante — ¿Cu谩ntas veces debo decirte? ¡No quiero que te vuelvas a meter en mi camino!

La cosmo-energ铆a que lo empuj贸 abruptamente, envi谩ndolo hacia el otro extremo de donde Kardia estaba. Altair estaba paralizado, literalmente, el cosmo de aquel hombre que hab铆a pose铆do al escorpi贸n era demasiado fuerte, aunque a煤n as铆 no se comparaba como la de un dios.

— Maldito… — escupi贸, mir谩ndolo con odio.

— Altair… que esto solo sea una advertencia. No querr谩s que nuestro se帽or se entere de lo ocurrido ¿o s铆?

— T煤… nunca… lo tendr谩s… — Kardia sonri贸 con frialdad y por un momento Altair pudo ser testigo de c贸mo sus cabellos azules, empezaron a ser rubios. En ese momento se dio cuenta de su error, hab铆a sido imprudente al no darse cuenta de la gravedad de la situaci贸n, apret贸 sus dientes con fuerza mientras escup铆a el nombre de aquel hombre — ...Jacinto.

(***)

(**)

(*)

OLIMPO

El Olimpo era el hogar de los dioses ol铆mpicos, los principales dioses del pante贸n griego, presididos por Zeus. Los griegos cre铆an que en 茅l hab铆a construido mansiones de cristal en las que moraban los dioses. Siendo su 煤nico camino el Gran Monte Olimpo, donde se dec铆a, que si un humano intentaba subir, el acto ser铆a considerado una ofensa, por lo cual provocar铆a la ira de los Dioses. Estaba conformado por doce templos, en los cuales los Dodekatheon resid铆an en armon铆a.

Una silueta recorr铆a hasta lo m谩s profundo del lugar, donde lo 煤nico que se pod铆a escuchar eran los golpes de sus sandalias al chocar contra el suelo de cristal y el bello canto de las ninfas. Ese cosmo tan familiar pero a la vez tan temible hab铆a despertado al fin, y aunque sab铆a que se arrepentir铆a al ir en contra de las 贸rdenes del se帽or Altair, m谩s lo har铆a cuando la ira de su se帽or se fuera sobre 茅l.

— Se帽or, se帽or — llam贸 el joven, su mirada se pase贸 por toda la habitaci贸n hasta hallar al hombre.

Apolo miraba a trav茅s del balc贸n sin punto espec铆fico, algo temeroso por la reacci贸n del hombre, el joven sirviente se qued贸 a una distancia prudente. Entreabri贸 los labios para poder hablar y fue ah铆 cuando la suave melod铆a call贸 abruptamente. Apolo gir贸 con lentitud dejando ver una sonrisa algo torcida. Sus cabellos, antes negros, empezaron a brillar hasta transformarse en un rojo intenso que se asemejaba al fuego.

— Se帽or Apolo… — trag贸 saliva al sentir la penetrante y fr铆a mirada del hombre sobre 茅l — … ese cosmo… es…

— Lo s茅 — interrumpi贸 abraz谩ndose as铆 mismo — Mi peque帽o Jacinto, por fin ha despertado.


El soldado se paraliz贸 al ver al siempre fr铆o dios soltar algunas cristalinas l谩grimas, el despertar de Jacinto tal vez no haya sido la mejor idea.

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