AGAIN [MiloxCamus/CamusxMilo]
AGAIN
Clasificación: Para todo público
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
Género: Romance (?), Angustia, Drama
Advertencias: ----
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Los recuerdos de Milo se desvanecen lentamente hasta matarlo. Ahora Camus deberá ayudarlo a que los recupere, aunque ésto le lleve años. (Milo/Camus)
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One-Shot
La gran estructura del santuario se
alzaba como un gran y majestuoso tesoro mundial. La sensación de angustia no
podía desaparecer de su cuerpo removiendo cada rastro de razonamiento de su
mente. Se sentía estúpido, si tan solo se hubiera quedado en el santuario, o
mejor dicho, si tan solo se hubiera percatado de lo que pasaba, de la sombra
que rodeaba a Milo. El extraño comportamiento que siempre mostraba cada vez que
se quedaban a solas, las sonrisas algo forzadas que le dirigía y cómo éste
siempre asentía a las preguntas que le hacía sin siquiera replicar.
Una reunión de emergencia que estaba
seguro no le gustaría se llevaba a cabo en el octavo templo.
Generalmente, las reuniones de los
dorados siempre se realizaban en los aposentos del patriarca, nunca eran
noticias agradables para ninguno de ellos. Pero esta vez sabía que no se
trataba de algún dios amenazando a Athena o a la tierra. Esta vez se trataba de
una venganza, una que dañaba sentimentalmente a la joven de trece años y sus
compañeros. Sabiendo que los santos eran lo más importante para ella, había
dañado al único que en el pasado unió a todos, el único que estaba más unido a
Athena desde que había arribado al Santuario.
El cielo se oscureció. Finas gotas de
lluvia arrasaban con ferocidad el santuario, como si quisiera transmitir lo que
sus habitantes no podían. El sonido de sus tacos chocar contra los charcos y su
respiración agitada, era lo único que se podía escuchar. Su corazón latía con
tanta fuerza que por un momento creyó que saldría de su pecho. Mirando sus
manos donde sostenía el medallón dorado con inscripciones de escorpiones y el
signo de acuario rodeándolos, sintió su corazón contraerse dolorido y volvió a
ver de frente, donde -en la entrada del templo de su amado-, siete de los doce
caballeros dorados, se encontraban cada uno perdido en sus pensamientos con su
rostro reflejado la angustia.
Dohko, quien estaba más cerca, era el
único que intentaba mantener la calma, teniendo la vaga esperanza que Athena
resolvería el asunto. Aioria -que estaba junto a Shura y Aldebarán- soltaba
algunas groserías mientras que caminaba de un lado para otro; Mu era abrazado
por Kiki, que mostraba una infinita tristeza, como si supiera lo que pasará.
Deathmask junto Afrodita estaban apoyados en una de las columnas, el italiano
tenía en sus labios un cigarrillo mientras que el sueco admiraba una rosa roja,
girándola entre sus dedos. Al notar su presencia, pudo notar las leves ojeras
que marcaban debajo de sus ojos. Sintió una punzada de molestia al saber que
era el último en enterarse de la situación.
Cuando se enteró que Loki había lanzado
un ataque a Milo antes de morir, no lo pensó dos veces y salió de Asgard.
Ignoró las llamadas de Surt que corría detrás suyo para que mantuviera la
calma. Athena le había encomendado la misión para invitar a los representantes
de Asgard a una fiesta por la paz entre ambos, entre los invitados, Poseidón y
Hades también asistirían. Y al ser una orden directa de Athena, no pudo
negarse.
— Camus... —murmuró el doceavo custodio—
El patriarca...
Camus asintió sin dejarle terminar y se
adentró en el templo. Los pasillos de Escorpio se sentían fríos, era como si
estuviera en su propio templo. Y aunque en otro tiempo le hubiera agradado,
ahora le causaba escalofríos.
Tenía miedo. Miedo que algo le pasara a
Milo.
Su relación, si bien había mejorado, aún
se pendía sobre un hilo, Milo no le había perdonado del todo. Su resentimiento
por el tema de Surt aún se encontraba fresco. Milo no lo decía, pero él podía
intuirlo. La última vez que hablaron Milo lucía diferente, como si fuera otra
persona, no había actuado como siempre al mencionar al pelirrojo.
Si tan solo hubiera previsto esto,
hubiera buscado alguna salida para poder ayudarlo. No tenía mucha información
de lo que pasaba y tampoco nadie se atrevió a decirle.
La cálida energía de su diosa, antes
tranquila estaba teñida por la desesperación y la tristeza. La puerta de las
habitaciones privadas de Milo se abrió, dejando ver a la niña que sostenía con
firmeza Niké y la mantenía encima de Milo. El patriarca estaba al lado de la
cama, frente a Athena. Saga se encontraba a una distancia prudente junto a
Aioros, mientras que Shaka se mantenía en posición de loto agarrando la mano de
Milo.
Todos -a su manera- intentaban hacer
reaccionar a Milo.
De repente, el cosmo de Athena se apagó y
solo un lastimero sollozo se escuchó.
No lo pensó dos veces y corrió hacia el
cuerpo de Milo que yacía sobre la cama con los ojos cerrados. Su cuerpo, antes
cálido, se encontraba frío, la sombra de la muerte lo rodeaba y a pesar de ello
intentaba despertarlo. Una estrella cayó por encima del templo de Escorpio
advirtiendo la caída de su guardián.
— Milo —la voz de Saga se escuchó en un
susurro, pero se pudo escuchar perfectamente por toda la habitación.
No le importó que sus compañeros lo
vieran llorar. Ahora lo único que le importaba era dejar salir sus
sentimientos. Lloró con todo el dolor que su alma y corazón sentía. Por primera
vez pudo liberar todas las emociones que por años tuvo que reprimir, esperando
pudieran alcanzarlo. Porque ahora ya no podría verlos, porque...
Milo de Escorpio había muerto.
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A pesar de lo espectacular de la vista,
el hombre de pie frente al árbol sonreía embelesado. La fría y penetrante
mirada había cambiado a una llena de añoranza. El hombre se acercó con pasos
sigilosos rodeando la cintura, pegando su pecho contra la espalda del otro.
— ¿Te he dicho lo hermoso que te ves
cuando sonríes? —susurró, pasando una mano por el pecho amplio y firme— Llevo
una hora esperando que me prestes atención.
El muchacho soltó una pequeña risita
divertida, y despidió a los niños que corriendo, fueron donde los doctores que
los esperaban para volver a la habitación.
—Sabes que es mi trabajo —susurró— ¿Desde
cuando estás tan ansioso por contarme otra historia Camus?
—Siempre he estado interesado en contarte
algunas de mis "anécdotas".
—... —el muchacho sonrió divertido y
asintió yendo hasta el jardín donde solían hablar.
Acomodándose sobre el regazo del mayor,
cerró los ojos mientras dejaba como éste acariciaba su cabeza.
—Que curioso, creí que rehuías a eso.
—No rehuía, simplemente no deseaba
contarte sobre los demás sólo...
—Tu príncipe Escorpión —su tono burlón
logró que Camus le jalara sus mejillas juguetón— Está bien, está bien...
—¿Dónde nos quedamos la última vez?
— Mmmm si no me equivoco fue cuando el
Escorpión decidió hacerte una fiesta de cumpleaños ¿Al fin podré descubrir el
gran secreto tras la sonrisa encantadora?
Cuenta
Camus
El Escorpión era persistente, no aceptaba
un "no" por respuesta y eso funcionaba con todos. no había ser
humano, caballero e incluso espectro o marina que pudiera negarle. Y para él,
un hombre que siempre obtenía lo que se proponía logrando persuadirme. Su
rostro tenía una expresión aniñada, como si estuviera pensando en su próxima travesura.
Siempre lograba entretenerme hasta el límite de lograr lo imposible; sacarme
una sonrisa. Podría contar tantas cosas que hicimos, pero la historia sería muy
larga y el tiempo es muy corto. Lo que más llamó mi atención de ese día, era
que nuestras actividades fueron sobre las cosas que a mí me encantaban, no hubo
quejas, no hubo obligación, todo fue tan natural. Jamás había visto aquel
sonriente rostro lleno de admiración cuando nos tocó ir al museo.
—¿Entonces este es mi regalo de
cumpleaños? ¿Hacer todas mis actividades favoritas?
—No era precisamente eso —contestó sin
mirarme— Pero en cualquier momento podemos escaparnos e ir a un lugar más
privado.
Solo pude reír ante ese tono juguetón,
pero cuando lo miré sentí esa conexión. Nuestra relación se había enfriado
cuando la batalla en Asgard se realizó, a decir verdad esa era la primera vez
que me sonreía sin necesidad de forzarla.
Sin darnos cuenta, nuestras manos se
rozaron. Su rostro se acercó al mío, y justo cuando nuestros alientos chocaron
un pequeño niño apareció jalando su playera.
—Disculpa, mi hermana quiere saber si
estás soltero.
Por primera vez lo vi sonrojarse por la
vergüenza, el niño no tenía más de cinco años y por un momento creí que se
taparía la cara para evitar que lo siguiera mirando.
— ¿Le responderás al niño? —pregunté con
tono burlón.
— C-Claro —tartamudeó él, para luego
sonreír divertido— Lo lamento, mi pareja es alguien temperamental, muy celoso
aunque aparente lo contrario ¿podrías decírselo a tu hermana?
El niño sonrió con entusiasmo y se fue
corriendo hacia donde su hermana mayor esperaba ansiosa. El Escorpión sonrió y
agarrando mi mano regresamos al santuario.
— ¿Desde cuándo somos pareja?
— ¡Feliz Cumpleaños!
— No has respondido —susurró en medio del
beso.
Pero él solo sonrió.
Creí que él había organizado alguna
fiesta, o que su sorpresa sería algo vergonzosa y después me haría recordar
hasta el día de mi muerte, pero su extraña propuesta de noviazgo -para nada
romántica- me cautivó. Ese era el Escorpión, una caja de sorpresas que siempre
lograba asombrarme con cada nueva idea que se le ocurría.
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—Es una historia muy romántica a mi
parecer —susurró abriendo los ojos medio adormilado— ¿Algún día me dirás el
nombre del afortunado Escorpión?
—Algún día —respondió Camus ayudándolo a
llegar a su silla de ruedas. Su mirada se llenó de ternura al ver el puchero
infantil del muchacho— Creo que te están llamando... prometo visitarte mañana.
— ¿Es una cita? —dijo con un tono soñador
pero a la vez divertido.
— ¿Por qué no? —esa respuesta no se lo
esperaba.
Su corazón latía con fuerza ante
aquella... ¿confesión? Riendo entre dientes, dejó que Camus empujara la silla,
donde una mujer con una falda más corta que la anterior vez los esperaba. No le
dio importancia a su intento de coqueteo de la mujer, por la única razón que
iba a ese lugar era por él, ya había pasado mucho tiempo, pero aún así la
esperanza de verlo de nuevo se mantenía fresca en su corazón.
El sol empezaba a ocultarse, las figuras
de enfermera y paciente desaparecía en el interior del hospital. ¿Cuántos años
habían pasado? ¿Seis? ¿Siete? Ya no importaba mucho. Fue muy duro verlo pero a
la vez se sentía aliviado, y aunque su lado racional le decía que dejara ir el
pasado, su corazón le decía que debía quedarse con su presente y futuro, y eso
era estar a su lado.
—Nos vemos mañana, Milo.
El viento se llevó sus palabras, fue tan
solo un segundo, pero había jurado que su cosmo le respondía. Milo aún estaba
ahí, solo necesitaba esperar un poco más tiempo.
Fin.
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