Volver a Amar [Chapter 10]
Volver a Amar
Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
Género: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus)
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X.- Corazón
contra razón
Ambas miradas chocaron, turquesas contra
violáceos. Afrodita que era el único espectador que no entendía nada empezaba a
incomodarse por la extraña y pesada atmósfera que se creó. Surt miró a Camus y
dio algunos pasos hacia adelante para enfrentar a su antiguo amigo. Sabía sobre
la relación o por lo menos lo que había entre Milo y Camus, y aunque por un
momento se había sentido mal por hacerle esto, no podía negar la atracción que
empezaba a nacer entre Milo y él. Su hijo, Freyr, se aferraba con fuerza a la
camisa de Milo mientras que este no despegaba los ojos de los de Camus. La
relación de ambos no había sido planeada, y las ganas de aferrarse a alguien
que pudiera comprender tu misma soledad fue lo que selló aquel lazo. La
traición que hizo no se comparaba con el cariño que le profesaba al heleno.
Si las miradas pudieran matar, estaba seguro que
Camus hubiera enterrado a Surt.
Con el cuerpo tenso y aun sintiéndose incómodo
por la mirada gélida que Camus le dirigía decidió por fin enfrentarlo, después
de todo el asunto que dejaron pendiente aún debían arreglarlo. Bastó cruzar sus
miradas de nuevo para que Camus entendiera lo que no podía transmitir con
palabras. Agarrando con algo de fuerza el cuerpo del pequeño niño de tres años,
Camus dio media vuelta para esperarlo afuera. Milo por su parte, dio una mirada
a Freyr que se negaba a soltarlo, se preguntaba si Evan en el futuro sería tan
apegado a él como el niño de cinco años. Tomando al niño debajo de sus brazos,
lo sentó sobre su regazo, regalándole una pequeña sonrisa.
—Freyr… necesito irme —susurró, pero el pequeño
de cabellos claros se negaba. — Freyr, es necesario que vaya a hablar con él…
—No quiero —contestó el menor, Milo suspiró al
ver como su labio inferior temblaba por el llanto que saldría en cualquier
momento. Surt que se había relajado cuando Camus se fue levantó a su hijo
aferrándolo a su cuerpo.
—Yo hablaré con Freyr… ve a hablar con Camus
—susurró.
Asintiendo levemente se levantó de la cama,
ignorando la advertencia que Afrodita dijo hace unos minutos.
Milo intentaba convencerse que no estaba haciendo
nada malo, Camus y él habían cortado todo lazo cuando iniciaron su “guerra” así
que cualquier reclamo de parte del francés sería inválido ¿o sí? Sea el caso,
estaría preparado.
Detuvo sus pasos cuando vio a Camus abrazar al
pequeño niño en sus brazos. Sintiendo como un nudo se formaba en su garganta,
observó detalladamente cada gesto que hacía el menor. Temía saber la respuesta,
temía saber que, lo que había cruzado por su mente, se hiciera realidad.
Armándose de valor, miró a Camus y con la voz titubeante se animó a preguntar.
— ¿Evan? —Camus asintió suavemente, se quedó
mirando la reacción de Milo que solo se había quedado paralizado. Sabiendo que
no iba a responderle se animó a hablar.
—Hace una semana, luego de que quedaras
inconsciente, fui a verlo. Dohko y Shion lucían cansados y fue el mismo
patriarca quien me dijo —hizo una pausa observando cada gesto de su antiguo
amigo— Esa entidad lo hizo… ¿sabías que podría ser peligroso?
—Sí… —susurró— Mi idea original era avisarle al
patriarca y volver a Asgard para poder ayudar…
— ¿Por qué? —Interrumpió Camus, el pequeño Evan
se agazapó en el pecho de Camus al sentir como el ambiente empezaba a enfriar—
Te esperé Milo, lo estuve haciendo todo este tiempo. Creí que… cuando
regresaras todo volvería a hacer lo de antes.
— ¿A lo de antes? —Preguntó con tono irónico—
¿Qué era antes Camus? ¿Pelear como dos chiquillos? ¿Seguir con aquella absurda
pelea que nos obligó a separarnos más?
—Milo… —Camus alzó su mirada para ver
directamente a los ojos del escorpión. Pero al hacerlo se estremeció, la cálida
mirada de Milo estaba cambiando, sus ojos perdían aquel brillo que lo
caracterizaba.
—Lo intenté Camus —dijo finalmente— Intenté
olvidarte, quería salir de ese pozo sin fondo en el que estaba. Quería despejar
mi mente y arreglar las cosas, pero lo único que he hecho hasta ahora es huir
porque no estaba listo. —sus manos se hicieron puños mientras que sentía un
fuerte dolor en su cabeza, desvió la mirada sintiéndose de pronto acorralado—
Cuando estaba en Asgard sentí… sentí que podría conocerte mejor. Al principio
solo era dejar los restos de un viejo amigo, llevarlo hasta donde su única
familia habitaba, pero temía volver. Ya no quería seguir peleando contigo,
quería que lo que había pasado entre nosotros se borrara definitivamente, que
el tema de Hyoga y Shun fuera solo parte de una pesadilla, pero yo estoy roto.
No puedo superar mi pasado, no puedo superar el daño que nos hicimos
mutuamente.
—Tú no eres el único que ha sufrido Milo —susurró
Camus— Yo también padecí sin ti ¿no lo ves? —Quiso acercarse pero Milo
retrocedió un paso hacia atrás— Quise entenderte, yo empecé ese juego, pero tu
iniciaste el fin de nuestra relación.
—Estás viendo las cosas por tu lado, de nuevo
—gruñó.
— ¿Por mi lado? —Preguntó irónico— Tú saliste con
mi alumno ¿lo olvidas? ¡Pensaste en él mientras estábamos saliendo y ahora
sales con Surt!
—Lo de Hyoga pudimos aclararlo Camus —contestó
sin poder evitar elevar la voz— ¡Traté miles de veces explicarte y encima
saliste con Shun! ¿Y ahora resulta que el culpable soy yo?
— ¡Tú saliste con Hyoga! —gritó ya sin poder
controlarse.
— ¡Por qué tu saliste con Shun!
— ¡Sólo fue para darte celos! ¡Eres tan idiota
que no te das cuenta!
Ambos se quedaron mirándose fijamente en
silencio, mientras que Evan se quedaba como un silencioso espectador,
observando a sus padres discutir. Aún era muy pequeño para entender muchas
cosas, pero podía percibir el dolor de ambos progenitores. Queriendo ayudar a
su papi Camus jaló uno de los mechones de Milo para llamar su atención.
—Papi ama a papá —dijo apenas el niño. Milo
agachó la mirada para ver a su hijo y sintió de nuevo aquel dolor atravesar su
cabeza— ¿No nos queles?
—Evan… —susurró, la temperatura de su cuerpo
empezó a elevarse mientras más miraba a su hijo. Por un momento había olvidado
la presencia del menor. Sonriendo con cariño tomó a su hijo en brazos
apegándolo con fuerza a su cuerpo— Claro que te quiero mucho hijo —susurró,
miró por encima de la cabecita de su hijo a Camus que mantenía la mirada
agachada.
— ¿Entonces po’ que peleas con papi?
—Disculpa Evan —susurró— No volverá a suceder.
El pequeño solo se acurrucó en el pecho de su
padre y Milo se sintió peor. Nada de lo que tenía planeado hacer cuando viera a
Camus se cumplía. Estaba asustando a su hijo, discutiendo con Camus frente a él
¿podría ser peor?
—Lo siento —susurró al fin Milo, Camus alzó la
mirada al escucharlo— En serio intenté explicarte… salí con Hyoga en el pasado,
pero fue después de tu muerte y… realmente me sentí mal al hacerlo. Cuando
volvimos a la vida traté de contártelo en el momento adecuado, pero Hyoga no
dejaba de acosarme, y cuando escuchaste aquello, fue porque siempre se metía en
mis pensamientos, irritándome.
—… —Camus se apoyó en la pared sintiendo ganas de
llorar ya no podía pensar en otra cosa, su mente estaba en blanco— ¿Y Surt? ¿Es
por lo que pasó en Asgard? ¿Es una venganza por lo que te hice? ¿Por decirte
que no me importabas?
—… —se quedó en silencio unos segundos para luego
suspirar— No sé qué pasó… ninguno de los dos se llevaba bien al principio. Surt
no dejaba de molestarme por el hecho de que en el pasado nos enfrentamos, pero
luego apareció esa entidad. Y todo cambió.
— ¿Qué cambió?
—Yo odiaba a Surt, y por un momento me quise dar
media vuelta e ignorar el hecho de que estaba siendo atacado, pero quería
cambiar. —Confesó— Pensé en ese momento, “Camus es su amigo, si él muere no me
lo perdonaría” Así que fui para ayudarlo, lo que pasó después es algo confuso
incluso para mí. Era un niño idéntico a mí, me decía padre.
— ¿Cómo? —susurró Camus sorprendido.
—La voz distorsionada, ese cosmo. Cuando me di
cuenta de todo lo que pasaba, Surt estaba inconsciente, me contó como esa cosa
lo había estado persiguiendo desde que resucitamos, convirtiendo a su hijo en
un niño de cinco años. —Tomando una bocanada de aire susurró— Tal vez fue por
eso que nos acercamos más. Surt estaba roto cuando llegué, aislado de todos. Y
yo, aún no sabía qué hacer conmigo mismo creo que me vi reflejado en él.
—Entiendo —dijo por fin Camus— Pero… ¿no crees
que lo mejor es que ambos se separen? Están confundiendo lo que sienten por ese
incidente ¡Tienen que alejarse!
—Lo sabemos —comentó sintiéndose incómodo— Camus,
somos conscientes de ello, ninguno juega con el otro si eso es lo que piensas,
pero… estoy confundido.
—Mírame y dime que no me amas —dijo de pronto.
— ¿Qué? —sus ojos rápidamente buscaron los de
Camus.
—Lo que escuchaste… —manteniendo la mirada empezó
a caminar hasta quedar a su altura— Milo, yo también soy culpable por el daño
que te he hecho, soy consciente que ambos tuvimos la culpa, pero huir y
refugiarte en alguien que pasa lo mismo que tú no es la mejor solución ¿Lo
olvidas? Tú mismo me dijiste que no debía aferrarme al sentimiento de la culpa
cuando maté a Simone.
El silencio en Milo fue suficiente para Camus.
Esta vez dejaría las cosas claras, ya no lucharían o eso era lo que deseaba. Se
abriría de nuevo a Milo y dejaría en claro los sentimientos que por esos meses
reflexionó ¿Lo amaba? Sí. Era suficiente para él.
—Cuando sentí como tu cosmo se extinguió en el
Yggdrasil sentí que algo en mi interior se quebraba. Me deje cegar por el
sentimiento de culpa y fui contra mis ideales. Tus palabras en aquel momento
fueron tan claras y profundas. “El único camino es hacia adelante” —alzó su
mano para rozar la mejilla de Milo que lucía paralizado— Sin darme cuenta me
habías salvado, ahora es mi turno.
Tomando el rostro del escorpión entre sus manos,
Camus acercó su rostro hacia Milo, sus alientos chocando entre sí y sus labios
rozándose, solo faltaba unos centímetros más para por fin juntarlos.
— ¡Papi! — la voz del pequeño Evan interrumpió el
momento, el niño soltó una risita divertida al ver el rostro sonrojado de ambos
adultos que rápidamente se separaron.
—Bueno alguien tenía que interrumpir ¿no? —una
tercera voz se escuchó, al girar ambos vieron la mirada burlona de Deathmask
que se mantenía de brazos cruzados apoyado en la puerta— Lamento interrumpir su
“reconciliación” pero quiero ver a Afrodita ¿está despierto?
—Ve y averígualo —gruñó malhumorado Milo.
— ¡Qué carácter! —Con un gesto desinteresado
entró a la habitación, no sin antes girar a ver a Milo— ¡Ey alacrán!
— ¿Qué quieres? —preguntó levantando una ceja.
—No seas estúpido y arregla las cosas antes de
que sea tarde. —dijo, encogiéndose de hombros para luego entrar en la
habitación.
Milo miró la puerta unos segundos antes de girar
hacia Camus, siendo devuelta la mirada por éste. Si acepta ser ayudado por él
¿las cosas realmente cambiarían?
Mientras tanto, ignorante de la situación en el
santuario, Shion se encontraba meditando de nuevo en Star Hill. Como todas las
noches se había sentado a consultar las estrellas, esperando que éstas le dieran
alguna señal de cómo poder revertir el crecimiento prematuro de Freyr y Evan, o
por lo menos dar con el paradero de la entidad misteriosa. Pero como había
pasado las anteriores noches, nada pasaba. Soltando un suspiro resignado se
relajó en la gran roca donde se sentaba y miró el santuario de Athena. Muchas
cosas estaban pasando, de las cuales él no podía tener el control sobre todo en
el ámbito sentimental. Además que ahora no sabía qué podía hacer respecto a
Dohko, no había servido de mucho tener una conversación con él ese día que
regresó. Seguía rehusándose a hablar respecto a sus motivos que lo llevó a irse
casi un año del Santuario y eso lo estaba exasperando.
Nunca había tenido la necesidad de ser tan
posesivo con él, pero con las acciones y el misterio que ahora estaba
demostrando le producía cierto temor de perder a su mejor amigo. Porque al
final ambos solo eran eso: amigos. Pero Shion sabía que no podía seguir
engañándose por más tiempo. Solo bastaba ver en que se había metido Dohko para
sacar a relucir sus celos.
Había esperado más de doscientos años para volver
a estar cerca de Dohko y saber que el chino cada vez más se alejaba de su
persona lo destruía.
Sabía que retener a Dohko a su lado sería
peligroso. A diferencia de él, Dohko solía ser siempre paciente, relajado y
rebelde, encerrarlo solo ocasionaría dañarlo.
— ¿Por qué todo es tan difícil? —susurró con voz
cansada.
—Siempre tenía curiosidad por saber qué tanto
hacías aquí —la voz a sus espaldas lo exaltó, al voltear Dohko se encontraba
apoyado en una de las columnas del templo— ¿Ahora qué ha pasado?
— ¿Disculpa? —dijo tratando de no escucharse
nervioso.
—Eso… ¿Qué cosa es tan difícil para tenerte así
de angustiado? Debe ser algo muy serio.
—Ah… no es nada, cosas de patriarca… —se excusó
tirando un poco sus cabellos hacia atrás, acción que Dohko no pasó por alto.
Acercándose hasta estar a la misma altura que su
amigo alzó una ceja curioso por sus gestos.
—Me estás mintiendo —confirmó para luego tirar su
cabello hacia atrás de forma cansada— ¿Es por qué me fui del santuario? ¿Es por
eso que siempre andabas detrás de mí?
—Dohko… si no quieres hablar…
—Pero eso no te dejará tranquilo —interrumpió
mirando directamente a sus ojos— Shion… tengo mis motivos, así como tú tuviste
los tuyos para ayudar a Manigoldo y Albafica en el pasado para que pudieran estar
juntos. Yo… le debo la vida a Kardia.
La confesión que le hizo no se lo esperaba,
mirándolo interrogante Dohko decidió por fin revelar el motivo de su salida.
No era un secreto de la admiración que sentía
Dohko hacia Kardia, más bien era algo que no se podía ocultar con facilidad.
Dohko se sentó frente al patriarca, meditando sus palabras.
—Hace años —comenzó— Cuando aún era un estudiante
perteneciente a los miembros de los Taonia, me escapé. Fui ingenuo al pensar
que el mal no existía. Unos espectros habían sido enviados para buscar a mi
maestro, convencerlo e integrarlo en la futura guerra santa. Fue cuando ellos
me vieron, y estuve a punto de morir si no fuera por Kardia. Él aún era un
mocoso de diez años, pero su valentía era enorme.
Dohko pausó. Sonrió ante el recuerdo, pero lejos
de lo que Shion imaginó su sonrisa estaba llena de amargura. Había algo que no
le gustaba de la historia, ya había advertido que Dohko era reticente a contar
su vida antes del santuario así que no lo abrumó con preguntas hasta que
decidiera seguir con la historia.
—Fui el causante de la enfermedad de
Kardia.
La confesión era algo que no esperaba,
sin embargo Shion lo miró extrañado. Dohko se veía tan frágil, tan desolado,
que creía se rompería en cualquier momento.
—Dohko… sabes que la enfermedad de
Kardia no fue tu culpa ¿verdad? —dijo Shion, dirigiéndose a Dohko— Los
registros del patriarca Sage decían que Kardia tenía esa enfermedad de
nacimiento, y que era cuestión de tiempo en que apareciera.
Dohko, sin dejar de mirar hacia el
horizonte, llevó una mano a su rostro y soltó una risa con amargura.
—Yo también me quise hacer creer, pero
seamos honestos. ¿Sabes a qué edad Kardia fue hospitalizado? ¡A los diez años!
Shion se quedó callado, observó a Dohko
como empezaba a maldecir en voz baja, y antes de poder hablar el muchacho giró
hacia él.
—Kardia hizo estallar su cosmo —continuó—
¡Él hizo arder su corazón! El calor que emanaba su cuerpo era sorprendente, y
cuando me enteré de su enfermedad a causa de ello… yo…
El cuerpo de Dohko empezó a temblar
involuntariamente. Atormentado por algo que, a palabras de mismo Kardia, solo
era una tontería. Shion había buscado por mucho tiempo respuestas. Las
actitudes de sus compañeros, sus silencios, sus secretos. Ir a la biblioteca de
los patriarcas le hizo entender un poco los pensamientos de los caballeros
dorados. El caso de Kardia era especial, fue uno de los pocos caballeros que,
con una enfermedad, salieron adelante y marcaron historia. Su enfermedad era
una cuenta regresiva. Kardia podía morir en cualquier momento, incluso a días
de nacido. Por eso era sorprendente cuanto había durado en su niñez. Y si Krest
no hubiera pasado cerca, la vida de Kardia se hubiera extinguido a los diez
años.
Shion no quería seguir viendo a Dohko
sufrir. Cauteloso, se acercó al chino y con algo de nervios, rodeó su cuerpo.
—Lo que pasó no fue tu culpa —dijo—
Pero si te hace sentir mejor ayudar a Milo por Kardia, entonces no te dejaré
solo.
Se quedaron en silencio. Dejando a
ambos disfrutar de aquella inusual tranquilidad.
(-x-)
Cuando la noche cayó sobre el
santuario, Milo supo que debía enfrentar ahora las consecuencias de sus
decisiones. Empezando con el hecho de Freyr y Evan que andaban revolcándose por
todo el suelo, jalando sus cabellos y gritando. Las peleas de niños eran
comunes, él en su niñez había tenido algunas riñas con Aioria, solo era una
etapa. Sin embargo, no sabía cómo lidiar con una. Saga llegó minutos después
que ambos niños destrozaran el florero que Afrodita le regaló. Subía por las
escaleras entre escorpio y libra. La mirada seria del mayor estremeció por
completo a Milo, más no dijo nada al respecto. La riña que esperaba jamás
llegó, en cambio la verdosa mirada siguió el camino donde ambos niños recorrían
con su pelea.
—No había visto una pelea así desde tu
niñez, cuando Aioria pasaba tu límite de tolerancia —comentó— Claro que en ese
tiempo ustedes caían escaleras abajo y destrozaban los templos ajenos.
—Por lo menos no son tan problemáticos —río
sin ganas, desesperado por la inusual calma de Saga.
El silencio se instaló en ambos. Saga
relajó sus músculos y se sentó en una de las gradas de las escaleras, a su
lado. Parecía meditar sus palabras y Milo esperó en silencio a que soltara cada
uno de sus pensamientos. Porque estaba seguro, no callaría lo que pensara.
—Sé que estás decepcionado, pero ¿cómo
iba a saber que tenía un hijo con Camus? Apenas y me enteré que los hombres que
servían a un dios podían gestar. ¡Es imposible!
—Milo… aun no te he dicho nada —dijo,
su voz tan tranquila lograba perturbarlo. Saga era un hombre paciente, pero
cuando algo le molestaba dejaba salir palabras hirientes— Estoy sorprendido que
tengas otro hijo…
— ¿Qué? —Se quedó en silencio y luego
suspiró más relajado— ¿Ustedes creen que Freyr es mi hijo bilógico? Ya le
explique a Camus que no lo es. Estoy ayudando a Surt respecto a la entidad que
nos atacó, por eso había regresado… solo quería pedir ayuda de la señorita
Athena para encontrar el origen del dios que lo atormenta. Así Freyr volvería a
ser un bebé.
—Te dice papá —replicó Saga— Aunque eso
es entendible si pasas tanto tiempo con él.
—Gracias —respondió irónico —Saga
revolvió sus cabellos amistoso mientras sonreía— ¡Oye!
—Es sorprendente que te sigas metiendo
en problemas —comentó— Ahora explícame cómo es eso de que sales con Surt.
—Camus no hablaría a menos que sea
necesario… ¿fue el cangrejo?
—Death no. Afrodita —dijo— Me llamó
cuando se sintió acosado por Deathmask.
— ¿Qué es exactamente lo que te contó?
—Solo lo necesario. Camus quiere que
regreses a su lado, que intentaba salvarte y que no quiere a Surt a tu lado.
—Bueno, por lo menos ya sabes parte de
la historia —suspiró— En realidad solo pasó y ya. No es nada del otro mundo. No
fui infiel a Camus, ambos habíamos terminado hace tiempo. Además que Surt y yo
no buscamos acercarnos, solo… ocurrió. ¿Está mal eso?
—No —contestó. Saga no era bueno en las
relaciones de pareja, había aceptado un trío con el estúpido de Aioros y ahora
su hermano pagaba las consecuencias de sus actos. Ninguno sabía a quién
pertenecía el bebé y no le parecía justo para los futuros gemelos. —
Simplemente creo que nadie puede guiar lo que el corazón siente… y hay veces
que lo mejor es hacerse a un lado por la persona que amas. Aun si eso significa
que su felicidad no sea al lado de la tuya. Camus debe entender que, si tú y
Surt se están empezando a querer, dejar que los sentimientos al lado. Pero, si
solo se están utilizando para olvidar su pasado, entonces tiene razón en que
deberían alejarse.
— ¿Cómo puedo estar tan seguro de lo
que siento? —preguntó con impaciencia. Había admitido que estaba confundido,
pero en su futuro no se veía al lado de Camus, tenía miedo de volver a amarlo y
hacerse daño mutuamente.
—Milo… eso solo tú podrás decidirlo. Tú
tienes la última palabra. Pero debes apresurarte, tal vez sea demasiado tarde
cuando te des cuenta.
La noche era preciosa. La frescura que
se podía sentir solo era una calma antes de la tormenta.
El estallido y luego el llanto hizo que
ambos mayores giraran. Saga colocó una mano sobre el hombro del menor y se
levantó para atender a ambos niños que no dejaban de llorar. Milo solo pudo ver
como el lado paternal de su amigo florecía, mientras que dentro de él, un
inexplicable dolor atacaba a su pecho.
Comentarios de la autora:
¡Hola! ¡Feliz año nuevo!
He regresado para seguir con mis fics :) y primero que nada... ¡Lamento la tardanza! >< sé que he demorado mucho (demasiado .___.U) pero ya regresé y espero terminar todos mis fics este año XD <-----sigue creyendo que lo logrará XD Tengo aún muchos proyectos que ya estan casi listos (casi) y espero poder terminar los primeros antes de publicarlos. También quiero agradecer a Rubi por betear el fic! (en serio te lo agradezco TuT)
Bueno, sin mas que decir ¡disfruten la lectura!
SÓLO CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS
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