Volver a Amar [Cap铆tulo I]
Volver a Amar
Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categor铆a: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
G茅nero: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Milo y Camus eran la pareja m谩s s贸lida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traici贸n, el resentimiento y el orgullo ser谩n los obst谩culos m谩s dif铆ciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus)
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I.- ¿Qu茅 voy hacer?
Ya hab铆an pasado dos
semanas, desde que vinieron los 5 santos de bronce junto a Athena, ese verano
en donde ella decidi贸 pasar unas vacaciones con los caballeros dorados y de
plata que viv铆an en el santuario, y como muestra de la alianza de paz que realiz贸
junto a sus t铆os, Poseid贸n y Hades, decidi贸 invitarlos junto a sus respectivos
guerreros. A pesar de las batallas vividas en el pasado decidieron aprovechar
esa oportunidad para darse una segunda oportunidad con los rivales que marcaron
durante sus batallas, y algunos, para recuperar antiguos amores fallidos y que
por causa de las batallas dejaron.
Hyoga deseaba que por
fin Milo aceptara su amor, pero ten铆a un problema, 茅ste ya ten铆a a alguien en
su coraz贸n y ese era su maestro Camus. Respetaba mucho a su maestro, pero en la
guerra y en el amor todo vale. Sin saber que m谩s adelante y por causa de sus
decisiones perder铆a a la persona m谩s importante de su vida. A pesar de los
vagos intentos de Milo de deshacerse de Hyoga, le era in煤til en donde 茅l iba el
otro lo segu铆a, era como si supiera en que momento y en qu茅 lugar estar铆a.
Incluso lleg贸 a pensar que el menor hubiera puesto unas c谩maras en todo el santuario. Aunque claro, despu茅s lo
descart贸 ya que sonaba muy paranoico.
Durante ese
tiempo, Milo se hab铆a percatado de algo interesante. Hyoga no se daba cuenta
a煤n, pero hab铆a una persona muy cercana a 茅l que sent铆a algo m谩s que amistad
por el cisne, pero como 茅ste estaba tan encaprichado por 茅l no lo notaba.
Camus no era tonto, hace
ya un tiempo que se hab铆a dado cuenta de las intenciones de su pupilo, pero
decidi贸 ignorarlo, sab铆a perfectamente que su bicho no caer铆a. O por lo menos
eso deseaba creer 茅l. Pero mientras m谩s pasaba los d铆as, m谩s juntos los ve铆a
que las dudas empezaban a crecer en 茅l. Pero 茅l no era el 煤nico con problemas.
Shion miraba en silencio entre la oscuridad de cada rinc贸n del santuario. Desde
la llegada de los espectros, los chicos de bronce e incluso los generales
marinas todo el santuario era un barullo. Solo esperaba que esto no causara m谩s
problemas de lo que ya hab铆an. Estimaba a sus compa帽eros dorados, eran como sus
hijos y deseaba que ellos fueran felices. Un padre nunca se equivoca.
—Ellos sabr谩n salir adelante. Siempre lo
hacen. —la suave voz cerca de su o铆do lo hizo estremecer. Dohko, su mejor amigo
y fiel confidente no se daba cuenta del extra帽o poder que causaba en 茅l.
Aunque… ni 茅l mismo ten铆a idea de lo que le pasaba al estar cerca del antiguo
maestro de libra.
—Espero que
tengas raz贸n Dohko.
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Ese d铆a era el m谩s
caluroso que todos. Ya ni pod铆an sentir el sudor resbalar por sus cuerpos, era
como si se desvanecieran apenas aparec铆an. Athena hab铆a salido a una emergencia
en la mansi贸n Kido dejando a cargo a Shion. 脡ste viendo que todos estaban
sofocados por el caluroso d铆a decidi贸 que era mejor ir a refrescarse en la
playa. Llamando a los caballeros dorados, bronce y plata, y claro, a sus
invitados, decidieron ir de inmediato.
Al llegar a la playa,
lejos de pasar desapercibidos, llamaron la atenci贸n de varios chicos y chicas
que ya estaban rode谩ndolos. Algunos caballeros, como Misty y Afrodita sonre铆an
ante los elogios que les lanzaban, incluso hubo algunos chicos m谩s atrevidos
que intentaban en vano invitarle alguna bebida al caballero m谩s hermoso del
santuario, pero siempre que intentaban acerc谩rsele un furioso Deathmask los
ahuyentaba. M谩s all谩 alejados de todos, se encontraban Ikki y Radamanthys con
cara de pocos amigos, al ver a un grupo de chicos rodear a Pandora. Luego de
todo el alboroto, y luego de unas cuantas amenazas de las parejas de algunos
caballeros, todos se fueron a divertir. Cada uno se fue por su lado, algunos en
grupos y otros, los que ten铆an parejas, se iban con ellos.
Hyoga sent铆a que se iba
a morir de los celos al ver a Milo con Camus, que se re铆an por alg煤n chiste
dicho por el peli azul. Camus preparaba las sillas, colocando las toallas para
echarse junto a Milo, mientras que 茅ste colocaba la sombrilla que los cubrir铆a
del sol. Milo sab铆a de sobra que a Camus no le gustaba broncearse pero aun as铆
hab铆a aceptado ir, solamente para verlo feliz, ya que, despu茅s de suplicarle,
acept贸 ir con ellos.
—Milo… —llam贸 con
un tono sensual en su voz. El mencionado volte贸 a mirarlo luego de colocar bien
la sombrilla y con una sonrisa lobuna se acerc贸 a su amado. — ¿Me echas
bloqueador?
Camus acarici贸 el
fornido pecho del griego logrando excitarlo, quit谩ndose la camisa que llevaba,
se ech贸 boca abajo sobre la silla, Milo no perdi贸 tiempo y se sent贸 a
horcajadas de Camus. Agarr贸 la botellita blanca, ech谩ndose un chorro de crema
en la mano, y luego de frotarla un poco empez贸 a masajear la espalda de Camus.
Empezando desde el cuello hasta bajar con lentitud por la columna vertebral.
Camus estaba tratando de reprimir los gemidos que afloraban por salir de sus
finos labios, pero le era imposible. Los masajes de Milo, eran exquisitas.
Aquellas caricias tan suaves y a la vez deliciosas lo volv铆an loco. Milo se
acerc贸 a su o铆do, d谩ndole una lamida por debajo de su oreja izquierda. Una zona
sensible que le hizo estremecer por completo.
— ¿Te echo en
otra parte, Cari帽o?
—Milo… —jade贸
sintiendo como su cuerpo empezaba a calentarse y no precisamente por el sol. —
Hay… aqu铆… no… —su voz empezaba a dificultarle, si Milo segu铆a con ese juego
mandar铆a a la mierda todo y tomar铆a a su adorado bicho en ese momento. Hyoga
que miraba desde ya hace unos minutos la interacci贸n de ambos decidi贸 que lo
mejor ser铆a intervenir.
— ¡Milo!
Al escuchar su
nombre, se separ贸 para buscar al due帽o de la voz. Al percatarse de que era
Hyoga quien lo llamaba suspir贸 cansado ¿Nunca se rendir铆a? Al ver la cara de
frustraci贸n de su novio, Camus se levant贸 un poco para ser 茅l esta vez quien le
diera una peque帽a lamida debajo de la oreja.
—Ve… si no estar谩
llam谩ndote hasta que le hagas caso.
— ¿Est谩s seguro?
—S铆… —una
peque帽a, casi invisible sonrisa apareci贸 en los labios del galo, Milo suspir贸
pero asinti贸. Al ver como se alejaba Milo solt贸 un bufido indignado. Deber铆a
hacer algo. Al regresar al santuario hablar铆a seriamente con Hyoga.
— ¿Qu茅 ocurre
Hyoga? —pregunt贸 el de escorpio.
— ¿Me echar铆as
bloqueador en la espalda Milo? —dijo con la voz m谩s seductora que sac贸.
Milo not贸 el tono de voz
que usaba, pero 茅l no se dejar铆a caer en su juego. Decidi贸 ignorarlo y se
acerc贸. Al hacer contacto a ambos se les erizo la piel, no se sent铆an as铆 desde
hace a帽os. Con cada masaje que le daba el escorpi贸n, el cisne se excitaba,
emit铆a gemidos bajitos. Cosa que escuch贸 Milo, en ese momento el tambi茅n
empezaba a excitarse. No pod铆a evitarlo. Su historia con Hyoga era muy dif铆cil
de olvidar, y no era porque lo amara.
—Creo… que… ya…
te… ech茅 bastante —dijo balbuceando, evitando cualquier contacto con 茅ste.
—A煤n falta —se
acerc贸 y le susurro a su o铆do— Entre mis muslos —al escucharlo Milo se sonroj贸,
no cab铆a duda, Hyoga quer铆a excitarlo, si esa era su intenci贸n lo hab铆a
logrado. Lo sujet贸 de los hombros con ambas manos y lo separ贸.
—C谩llate —se par贸
lo m谩s r谩pido que pudo, y con la voz m谩s fr铆a continu贸— No digas estupideces
Hyoga eso ya qued贸 en el pasado. —diciendo eso se fue con Camus. Dejando a un
Hyoga con una sonrisa lujuriosa.
—Donde hubo fuego
cenizas quedan —dijo para s铆 mismo.
.
.
.
.
A unos metros de donde
estaba, un muchacho de cabellos verdes y ojos como esmeraldas miraba
entristecido a su amigo. Una l谩grima solitaria resbal贸 por sus mejillas. Su
hermano no se encontraba cerca para aconsejarlo, hace ya varias horas que lo
hab铆a perdido de vista y no deseaba molestar a Seiya o a Shiryu. Ni siquiera
deseaba molestar a su maestro que estaba pr谩cticamente siendo arrastrado a los
juegos de Kiki y Mu.
—Te ves m谩s
hermoso cuando sonr铆es. —Al escuchar una voz a sus espaldas se limpi贸 con el
dorso de la mano los rastros de l谩grimas.
—D茅jame en paz
—el misterioso hombre se sent贸 a su lado y acarici贸 sus verdes cabellos.
— ¿Por qu茅 sufres
por un amor no correspondido? ¿Tienes esperanza de alg煤n d铆a ser el due帽o de su
coraz贸n?
—Tal vez… —se
abraz贸 las piernas y escondi贸 su rostro en ellas, mientras m谩s l谩grimas amargas
sal铆an de sus esmeraldas. — D茅jame solo Hades.
—Olv铆date de 茅l.
No te merece.
—No puedo… —un
solloz贸 escap贸 de su garganta, mientras leves espasmos sacud铆an su cuerpo. — Lo
amo demasiado. Nunca entender谩s que es lo que se siente cuando tu amor no es
correspondido. —el peliverde se levant贸 con rapidez y se march贸 corriendo
dejando al rey del inframundo solo.
—Si lo s茅… t煤
jam谩s podr谩s corresponder mis sentimientos… —se levant贸 con toda la elegancia
que lo caracterizaba y se fue a buscar a Lune, porque si de algo estaba seguro,
es que a Radamanthys no podr铆a encontrarlo, no sin tener que presenciar sus
arranques de celos junto al f茅nix. Y
claro, Aiacos y Minos estaban desaparecidos haciendo no s茅 qu茅 travesura y no
deseaba pagar las consecuencias, adem谩s la compa帽铆a de Lune le era
tranquilizante.
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Ya de regreso en el
santuario, cada uno se dirigi贸 a su respectivo templo, esa noche Milo se
quedar铆a junto a Camus en acuario. Pero al recordar que no ten铆a pijamas all谩 decidi贸
ir a su templo para traer una muda de ropa. Aunque no predijo que Hyoga lo
acompa帽ar铆a. El camino era algo inc贸modo para Milo que se maldec铆a una y otra
vez por aceptar que el ruso se quedase en su templo. Y es que a pesar de que
Camus era el maestro del cisne, en su templo no hab铆an habitaciones de
hu茅spedes, en cambio en su casa si, y como Athena sab铆a de la estrecha amistad
que exist铆an en ambos decidi贸 que Milo dejara que pasara los d铆as all谩.
El octavo custodio not贸
la penetrante mirada del ex-disc铆pulo de Camus y no pudo evitar sonrojarse
irritado. Ante tal acto, Hyoga pudo notarlo. Sonri贸 satisfecho. Sab铆a que el
bicho caer铆a a sus pies. Una vez que llegaron, entraron de frente a los aposentos
privados de la casa. El de escorpio se dirigi贸 hacia el armario y empez贸 a
sacar ropa. Lo 煤nico que pod铆a hacer el cisne era solo observar la espalda de
este. Su mirada estaba llena de lujuria y deseo hacia el alacr谩n.
—Milo, ¿est谩s seguro de lo que haces?
—pregunt贸 mientras se acercaba peligrosamente por atr谩s.
— ¿A qu茅 te
refieres? —pregunto incr茅dulo. Al darse media vuelta se dio cuenta que el cisne
estaba muy cerca de 茅l.
—De tus
sentimientos hacia Camus —el de escorpio se sent铆a cada vez m谩s nervioso. Hyoga
sonri贸 satisfecho, hab铆a dado en el clavo. — 脡l no te merece, t煤 eres m谩s
alegre y 茅l es un amargado sin raz贸n.
Milo apret贸 los pu帽os,
molesto por las palabras de Hyoga ¿Por qu茅 diablos actuaba as铆? ¿No se supon铆a
que deb铆a tener respeto por Camus? mientras se acercaba a los labios del
escorpi贸n, iba a apartarlos hasta que el menor se desvi贸 hacia su o铆do y dijo
en un susurro.
—Yo pod铆a ser
mejor que 茅l, soy m谩s joven, m谩s atractivo, alegre y te podr铆a cumplir todos
tus caprichos —mientras con sus manos tocaba el firme pecho del bicho. Ante
aquel contacto Milo gimi贸 bajito.
— ¿Ves? te est谩s
empezando a excitar —dijo relami茅ndose los labios— Yo puedo excitarte —se
estaba acercando a los labios del octavo guardi谩n. Pero Milo lo detuvo justo a
tiempo.
—Ya lo s茅…pero yo
amo a Camus, ya te lo dije —d谩ndose media vuelta. Se dirig铆a a la salida de la
habitaci贸n cuando se detuvo. Aun sin voltear le dijo— Ya deber铆as superar lo
que pas贸 entre nosotros —y se fue
dejando aun enojado cisne.
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La llegada de Hyoga,
los sentimientos que surgieron cuando lo
vio de nuevo, su forma de seducir. El casi beso, que le iba a dar. Esa noche
estaba seguro que no podr谩 dormir. Mir贸 a su acompa帽ante. Camus estaba
durmiendo pl谩cidamente. Su rostro reflejaba lo tranquilo que estaba. No quer铆a
arruinar esa felicidad si le contara lo que pas贸 con Hyoga. Suspir贸 y se dio
media vuelta para no mirar a su amado franc茅s.
—Ma帽ana ser谩 otro
d铆a —dijo en susurro— Espero que me ayudes —mientras miraba su constelaci贸n.
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Al d铆a siguiente todos
se despertaron de muy malhumor, todos excepto Camus y Shun que hab铆an dormido
placenteramente. El primero ignorante a lo que pasaba y el segundo de mejor
humor. Decidieron que lo mejor ser铆a desayunar todos juntos en el sal贸n del
patriarca. As铆 que ah铆 se encontraban los doce caballeros dorados (incluido
Kanon) los generales marinas y los espectros en una enorme mesa esperando al
resto para empezar a desayunar. Hades y Poseid贸n llegaban con ojeras en sus
rostros, y por su bien, ninguno de sus subordinados coment贸 al respecto, ya que
aparte de las ojeras ambos ten铆an el entrecejo fruncido, y no eran los 煤nicos
dioses malhumorados, atr谩s de los Thanatos e Hypnos le segu铆an.
En una esquina de la
mesa, Saga y Kanon estaban furiosos, el primero estaba furioso con el espectro
de Wyvern, que no dejaba en paz a su hermanito y el segundo porque el arquero
no dejaba de coquetear con su hermano. Ninguno se daba cuenta de los celos del
otro simplemente se dejaban llevar por la adrenalina del momento. Otros como
Deathmask, estaba contando hasta diez, para no enviar al inframundo al juez Minos que no dejaba de coquetear con su Dita.
Y es que desde que se fueron a la playa, el juez de Griffo no dejaba de
mencionar a un tal Albafica y que Dita se parec铆a a 茅l, y cada vez que se
interpon铆a Thanatos soltaba algunos comentarios indecentes hacia su persona,
compar谩ndolo con un tal Manigoldo. A Milo casi le da migra帽a con tanto ruido,
cosa que lo not贸 Camus.
— ¿Te encuentras
bien? —por su tono de voz, se notaba que estaba preocupado.
—Si estoy bien
Cami —mostrando una sonrisa falsa para no preocuparlo.
—De acuerdo… —no
estaba muy convencido, Milo era muy alegre, pero ahora solo paraba distra铆do y
pensativo. Al otro lado del comedor se encontraba Shun comiendo una tostada con
jalea y un jugo de naranja.
—Hola Shun ¿C贸mo
amaneciste? —pregunt贸 feliz el cisne.
—Hola Hyoga, bien
y ¿tu? —dedic谩ndole una sonrisa.
—De maravillas,
oye hace tiempo que no hablamos.
—Jejeje ¿ser谩 que
t煤 paras pendiente de cierto escorpi贸n?
—Etto… —se
sonroj贸 fuertemente. — Tal vez, pero t煤 tambi茅n te has alejado —cambiando de
tema— Ya no te ve铆a en la mansi贸n.
—Es que he estado
ocupado con algo. —dijo mirando su vaso de jugo.
— ¿En qu茅?
—pregunt贸 con curiosidad.
—Cosas —dijo
fr铆amente. Haciendo que se le erizara la piel de Hyoga.
Ikki que estaba viendo
la conversaci贸n de Shun, tambi茅n se le erizo la piel. No sab铆a que le estaba
pasando a su hermanito. El peliverde se levant贸 ante la atenta mirada de ambos,
y por alguna extra帽a raz贸n Hyoga sinti贸 una opresi贸n en su coraz贸n.
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Luego del desayuno cada
uno se fue por su lado. Hades decidi贸 ir al inframundo para asegurarse de que
nada ocurr铆a. La reconstrucci贸n del inframundo era muy tedioso, y demasiado
costoso para su gusto, aunque no era el 煤nico que sufr铆a, por lo que supo
Poseid贸n tambi茅n sufr铆a la reconstrucci贸n de su templo. Mientras tanto, en el
santuario. Los jueces se encontraban sentados en un sill贸n grande, Aiacos
estaba con los brazos sobre su cabeza mirando el techo, con Minos sobre sus
piernas, que estaba disfrutando del privilegio que le daba su amigo, mientras
que Radamanthys miraba aburrido a sus dos amigos, esperando que algo
interesante ocurriese con ambos, pero por lo que miraba ese par no se
confesar铆an ni aunque Cerberos les pasara encima.
— ¡Bah!
tonter铆as, ya no soporto esto me voy —dijo Radamanthys aburrido.
— ¿A d贸nde crees
que vas Rada? —dijo sereno Minos.
—A cualquier
lugar que no sea aqu铆, el se帽or Hades no est谩 y yo no seguir茅 las 贸rdenes de
ese par. —se帽alando Dohko y Shion que
estaban sentados en el sill贸n con la mirada perdida.
Se levant贸 del sill贸n
ante la atenta mirada de sus dos amigos. A lo lejos pudo divisar al f茅nix que
se encontraba recostado en la rama de un 谩rbol, as铆 que decidi贸 ir a molestarlo
un poco. Quiz谩s tuviera suerte y llegaba a joderlo.
— ¿Crees que lo
que siente es tensi贸n sexual hacia el f茅nix?
—T煤 y tus ideas
extra帽as, Aiacos —sonri贸 socarr贸n Minos, recibiendo como respuesta un golpe de
parte de su amigo. — Auch. —se quej贸 sin borrar su sonrisa. — Te apuesto que
ambos follaran en cualquier momento.
—Acepto. Yo digo
que lo har谩n al terminar el d铆a. —Ambos sonrieron con malicia. Aiacos decidi贸
irse a su habitaci贸n y sin importarle que Minos a煤n se encontraba en sus
piernas se levant贸.
— ¡Ey! —Minos que
se hab铆a estrellado contra el suelo se sobaba su cara con su mano derecha,
mientras que la otra se apoyaba para levantarse. — ¿Qu茅 fue eso?
—Me voy a mi
habitaci贸n, estoy aburrido. —Minos sonri贸 lobunamente y levant谩ndose de un
salto acorral贸 a Aiacos.
— ¿Jugamos un
poco?
—Juega con
Piscis. —Respondi贸 escuetamente, haci茅ndose a un lado. Dejando a un sorprendido
Minos que sin decir otra palabra jal贸 del brazo a Aiacos para robarle un beso
en los labios.
— ¿Necesitas otra
prueba? —Aiacos no dijo nada y se fue a su habitaci贸n con una media sonrisa.
Minos no necesit贸 ser adivino y sigui贸 a su amigo y futuro novio.
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Milo se encontraba
encerrado en su habitaci贸n, afortunadamente Hyoga no se encontraba en su
templo, y su amado Camus estaba en Rodorio junto a Afrodita haciendo algunas
compras. Decidi贸 sacar un viejo 谩lbum de fotos de cuando iba a visitar a Camus
y los peque帽os Isaac e Hyoga all谩 en la fr铆a Siberia. Una sonrisa aflor贸 de sus
labios al recordar aquellos tiempos.
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-:-:-:-:-:-o…o Flash Back
o…o-:-:-:-:-:-:-
SIBERIA, SEIS A脩OS ATR脕S
Aquella era la noche m谩s
fr铆a de diciembre y la noche m谩s fr铆a que hab铆a experimentado en toda su vida.
El fr铆o congelante, calando sus huesos hasta la m茅dula, le provocaba dolor.
Pero por fortuna no todo era malo. A su lado se encontraba la persona que m谩s
amaba. Su acuario. Su franc茅s. El gran amor de su vida. El hombre por quien
dar铆a la vida. En eso escucha unos pasos que se acercaban hacia aquella
peque帽a, pero acogedora habitaci贸n. Al abrirse la puerta una peque帽a figura
apareci贸 ante los ojos turquesas del griego.
— ¿Hyoga?
—pregunt贸 medio adormilado el octavo guardi谩n. El rubio asinti贸. Se fue
acercando poco a poco al griego— ¿Qu茅 ocurre?
—Tuve una
pesadilla —dijo apenado el peque帽o. — No puedo dormir —agachando la cabeza.
—No te
averg眉ences, todos tenemos pesadillas, incluso yo —respondi贸 sonri茅ndole
dulcemente. Los ojos del peque帽o se empezaban a iluminar por la confesi贸n del
mayor. De los dos disc铆pulos que ten铆a Camus, Hyoga era el que m谩s se acercaba
al heleno.
— ¿En serio?
—Pregunt贸 t铆mido— ¿T煤 tambi茅n tienes pesadillas?
—S铆 —dijo
mientras le acariciaba la cabeza— No creas que porque soy un caballero dorado
no las tengo. —el peque帽o Hyoga se manten铆a pensativo, estaba analizando cada
una de las palabras de Milo.
— ¿Puedo dormir
con ustedes? —pregunt贸. El octavo custodio pudo notar el peque帽o rubor de sus
mejillas, sinti茅ndose enternecido, recordaba cuando ten铆a esa edad tambi茅n se
ruborizaba cuando le ped铆a algo a Saga.
—Est谩 bien —dijo
mientras se hacia un lado para darle espacio. Camus al sentir que su bicho se
mov铆a, por instinto 茅l tambi茅n lo hac铆a.
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El tiempo pas贸, Hyoga
hab铆a conseguido la armadura del cisne y hab铆a matado a Camus para as铆 activar
el s茅ptimo sentido. El joven caballero se sent铆a culpable por la muerte de su
mentor, pero sab铆a que no estaba solo. Milo, el caballero dorado de escorpio,
siempre se encontraba a su lado. Desde ese entonces, ambos paraban siempre juntos.
Incluso el de escorpio se anim贸 a entrenarlo. Ese d铆a era lluvioso, parec铆a que
el cielo estuviera llorando, por la p茅rdida de 6 santos dorados. Los m谩s
afectados eran Milo e Hyoga, que lloraban por la partida de Camus. El primero
lloraba por la muerte de su mejor amigo, amante y novio; el segundo por su
maestro, el ser que le ayudo a formar como caballero. El de escorpio trato de
ser fuerte para calmar al pupilo de su alma gemela.
Todos estaban ah铆, la
diosa Athena, los santos de bronce y los santos dorados que quedaban, incluso
el viejo maestro estaba, visitando por 煤ltima vez a quien era su mejor amigo de
a帽os. Hyoga lloraba cada vez m谩s fuerte, aunque sab铆a que deshonrar铆a la
memoria de su maestro no pod铆a soportarlo. Milo sabia como se sent铆a, se acerc贸
a 茅l. Y le dio un fuerte abrazo. El cisne al sentir el contacto con ese cuerpo
tan c谩lido se empez贸 a calmar. El escorpi贸n le empez贸 a acariciar la cabeza,
con suaves masajes en su cuero cabelludo. El menor solo pudo hundir su rostro
en el pecho del peliazul. Por una extra帽a raz贸n se empezaba a sentir m谩s
tranquilo.
Los dem谩s lo miraron, a
ninguno de los santos de oro les sorprendi贸 la confianza de ambos. Se rumoreaba
en el santuario que el octavo custodio siempre iba a Siberia para ver al de acuario.
Y era l贸gico que ambos se conocieran. Tras a verse tranquilizado Hyoga se
separ贸 un poco del bicho. Levanto su rostro y lo miro a los ojos. El guardi谩n
de la octava casa pudo notar los ojos rojos del menor. Le acaricio la mejilla y
luego junto su frente con el cisne, sin dejar de mirarlo.
—Hyoga —empez贸 a
decir— A Camus nunca le hubiera gustado que lloraran por su muerte.
—Lo s茅 —dijo en
susurro, el de escorpio lo pudo escuchar claramente. Suspir贸 y luego se acerc贸
a su o铆do.
—Sabes —dijo
bajo. Hyoga se estremeci贸 al sentir su aliento en su o铆do. — Le promet铆 a Camus
que jam谩s te dejar铆a solo —el menor se sorprendi贸 al escuchar esas palabras— Y
no lo pensar茅 hacer.
Se separ贸 y le tomo por
los hombros y levanto su rostro para que lo viera directamente a los ojos “Los
dos superaremos esto juntos” mientras le dedicaba una sonrisa tierna. Sin darse
cuenta Hyoga empez贸 a sonrojarse. El mayor pens贸 que era por la emoci贸n del
momento. 脡l se sent铆a as铆 cuando en el pasado Saga y Kanon le daban esos tipos
de 谩nimos. Sonri贸 al ver que el cisne empez贸 a tener ese brillo en sus ojos.
Desvi贸 su mirada hacia la tumba de su amigo.
—Te prometo que
lo cuidar茅, no importa si arriesgo mi vida. No dejare que alguien a quien t煤
quieres muera de nuevo —dijo m谩s para s铆 mismo. Mir贸 al cielo que a煤n no dejaba
de llover. Todos lo miraban con curiosidad— Te lo prometo Camie —sonri贸 de
nuevo— Y sabes que yo jam谩s rompo mis promesas.
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Tanto fue su cercan铆a,
que el menor empezaba a sentir algo m谩s que cari帽o por su nuevo maestro. Ese
cari帽o que poco a poco se fue transformando en amor. Durante ese tiempo Milo le
ense帽贸 lo que su maestro una vez le mostr贸, el arte de seducir. Aunque 茅l le
ense帽aba a Hyoga con el prop贸sito de que alg煤n d铆a, el ruso conquistara el
coraz贸n de su ser amado, nunca crey贸 que esas mismas t茅cnicas las usar铆a en
contra. Una noche, en la que Milo regresaba satisfecho por haber finalizado uno
de sus trabajos que Athena le hab铆a encomendado, decidi贸 tomar un ba帽o caliente
y echarse a dormir. Aioria le hab铆a invitado a celebrar en Rodorio y de paso
divertirse un poco, pero desisti贸 la oferta. Al entrar a la habitaci贸n, Milo
sinti贸 un extra帽o aroma en el ambiente, ol铆a a… ¿rosas?, al encender la luz se
sorprendi贸 al ver que su habitaci贸n estaba llenas de ellas. Camin贸 hasta estar
enfrente de la cama.
—Te demoraste —se
escuch贸 la voz sensual de un muchacho. Milo no sal铆a de su asombro, esa era la
voz de su joven pupilo.
—Hyoga… —dijo en
un susurro— ¿Qu茅 ocurre aqu铆? —al darse la vuelta sinti贸 que el coraz贸n se le
iba a salir. Hyoga, el mismo ni帽o inocente que conoci贸 hace a帽os estaba
semidesnudo frente a 茅l. Solo ten铆a una bata que le cubr铆a. Pudo ver que el m谩s
joven se quit贸 la bata y quedo como Dios lo trajo al mundo. Milo no sab铆a qu茅
hacer, ni que decir. Estaba en shock.
—Quer铆a darte una
sorpresa —mientras se acercaba al griego. El de escorpio se dio cuenta que las
mejillas del menor estaban te帽idas de un color rojizo, lucia nervioso, pero de
una forma encantadora. Se estremeci贸 cuando not贸 que se acercaba e inclinaba la
cabeza para depositar un suave beso en su mejilla.
—Te amo —susurr贸
en su o铆do. Dej谩ndolo en blanco.
-:-:-:-:-:-o…o End Flash Back
o…o-:-:-:-:-:-:-
— ¡Diablos! por
m谩s que no deseo, no puedo, maldito seas Hyoga, porque diablos no puedo dejar
de pensar en ti —grit贸 el griego frustrado, ese muchacho se estaba apoderando
de su mente, frustr谩ndolo cada vez m谩s.
— ¿As铆 que no
puedes dejar de pensar en Hyoga verdad, Milo? —dijo una voz a su espalda.
El santo de escorpio se
qued贸 pasmado, al escuchar esa voz, era Camus. Se volte贸 lentamente y lo pudo
ver, sus ojos derramaban muchas l谩grimas, no le dio tiempo de aclararle nada y
se ech贸 a correr. Dejando a un Milo parado e inerte.
— ¡Maldici贸n!
—exclam贸 molesto, golpeando la pared.
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