Tr铆amore [Chapter 01]
Tr铆amore
Clasificaci贸n: No menores de 16 a帽os
Autor: Nikiitah
Categor铆a: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no son m铆os, son de Masami Kurumada y Shiori Teshirogi.
G茅nero: Aventura, amistad, romance, Shounen ai, un poco de angst, humor
Advertencia: Lemon, Chan
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
Resumen: Para el p铆caro y travieso Milo, las cristalinas aguas de la Atl谩ntida, al igual que todos los mares del mundo, representan un gigantesco escenario lleno de misterios y aventuras. Pero la id铆lica vida de Milo da un vuelco cuando su padre, el Rey Kardia, decide que ya est谩 en la edad para casarse. Donde conocer谩 a Camus, un misterioso y atrayente hombre que mantiene un secreto oscuro relacionado con Degel. Luego del ataque al Palacio de Buckingham, y ser secuestrado por el “Koorime”, Milo se embarga en un viaje donde no solo descubrir谩 su pasado, sino tal vez logre conocer al amor de su vida.
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Tr铆amore
Chapter 01: El Hombre misterioso
Inglaterra, 1715
Las puertas se abrieron delante de 茅l. Con la mirada apagada y llena de decepci贸n mir贸 por todo el gran sal贸n donde los aplausos no tardaron en llegar. Forzando una sonrisa intent贸 mostrar alegr铆a que no sent铆a. Con el porte gallardo y elegante baj贸 despacio, murmurando maldiciones hacia sus padres que estaban a solo unos metros. Una ceremonia donde deb铆a celebrar su compromiso con un sujeto que ni conoc铆a. Detr谩s de 茅l sus amigos, Regulus, sobrino del coronel S铆sifo y futuro guardia real, y Afrodita el futuro consejero de Milo, lo escoltaban, intentando tranquilizarlo, sabiendo que en cualquier momento estallar铆a en una pelea verbal con su padre, arruinando como quer铆a, la ceremonia
No escuch贸 cuando su padre dio inicio a la fiesta, y tampoco le import贸. No deseaba casarse, no quer铆a estar encerrado por toda la eternidad en el castillo. Cerr贸 sus ojos tratando de ignorar la voz que le ped铆a a gritos salir de ese espantoso lugar, siendo sacado de sus pensamientos al sentir la caliente mano de su padre sobre su hombro. Al alzar la mirada, sus turquesas chocaron con las azules del mayor. Un r谩pido vistazo a sus amigos bast贸 para que ambos hicieran una peque帽a reverencia y lo dejaran solo.
Sinti贸 su sangre hervir cuando vio a sus padres rodearlo, sab铆a que le rega帽ar铆an por su falta de compromiso para cooperar en la ceremonia, pero simplemente no pod铆a. ¡No fingir铆a placer en estar en un lugar al que no quer铆a ir!
—Sabes que todo esto lo hago por tu bien ¿no? —la voz dura de su padre era tan clara y firme que Milo solo pudo bufar.
—T煤 solo quieres ver por tu lado —respondi贸 con dureza — ¿Lo que yo quiera no te inter茅s? ¡Por un demonio! ¡Soy tu hijo! ¿C贸mo puedes hacerme esto?
—Milo… no quiero hablar de esto, ya te lo he dicho millones de veces.
— ¿Herederos? ¿Eso es lo 煤nico que te importa? —cuestion贸 apretando sus pu帽os con molestia, vio a lo lejos como la gente volteaba a verlos y se irrit贸 m谩s — ¿Qu茅 te hace pensar que yo tengo la misma condici贸n que mi madre? ¡Yo no puedo engendrar!
—Milo —advirti贸 Degel con voz severa. Milo sab铆a que al alzarle la voz a su padre le estaba faltando al respeto, pero la ira contenida que sent铆a estaba apoder谩ndose de 茅l, le lanz贸 a su madre una mirada lleno de rencor, odiaba haber nacido primero, si tan solo Isaac fuera el mayor 茅l ser铆a libre — Hablaremos de esto luego, obedece a tu padre y…
— ¡No pienso obedecerlos! —grit贸 mirando con odio a sus progenitores, por un momento la m煤sica dej贸 de sonar y los sirvientes se miraron nerviosos cuando Kardia hizo una mueca de fastidio.
—Estas acabando con mi paciencia Milo —sise贸 — Retr谩ctate ahora, pide disculpas a tu madre y que sea la 煤ltima vez que me faltes al respeto.
— ¡No me jodas! —diciendo esto, se dio media vuelta caminando entre la multitud.
Regulus se acerc贸 hasta donde estaba y se interpuso cuando iba a cruzar la puerta dispuesto a ir a su habitaci贸n.
—Ap谩rtate Regulus, no estoy de humor —dijo sin ocultar su molestia.
—Milo… s茅 que est谩s molesto pero irte no solucionar谩 nada.
—Tampoco quedarme —respondi贸 cruzando sus brazos — 脡l no me escuchar谩.
—Entonces esc煤chalo t煤 —Milo lo mir贸 con incredulidad, para luego soltar una carcajada sarc谩stica — He escuchado algo Milo, y…
—Deja de quejarte Milo, ya s茅 qui茅n es el desgraciado que te soportar谩.
— ¿Disculpa? —Milo alz贸 una ceja sin tener la menor idea de a qui茅n se refer铆a. Afrodita rod贸 los ojos exasperado.
—Me refiero a tu prometido, idiota —dijo cruzando sus brazos, coloc贸 una rosa roja en sus labios y sonri贸 de lado.
— ¿Sabes qui茅n es? ¿C贸mo?
—Ventajas de fisgonear en la cocina, querido. —dijo con su ego empezando a elevarse, Milo rod贸 los ojos.
— ¿Qu茅 har铆a sin ti? —dijo con sarcasmo.
—Ser铆as un cavern铆cola destrozando todo a su paso. —se miraron unos segundos antes de re铆r, en verdad no sab铆a que har铆a sin ellos.
—Ya, escupe ¿Qui茅n es?
—Milo, baja la voz —susurr贸 Regulus al ver como algunos curiosos empezaban a cuchichear por su falta de educaci贸n.
—Es…
—Afrodita —la llegada de su hermano le hizo erizar los pelos de su nuca— Se supone que es una sorpresa para Milo, ni se te ocurra decir una palabra.
La llegada Albafica siempre hab铆a sido una tortura para Afrodita, su hermano mayor siempre actuaba con una elegancia digna de admirar, su frialdad y soledad, lo hac铆an ver como un ser misterioso, su belleza era como la de un 谩ngel ca铆do de los cielos y su novio, uff ni que hablar de 茅l. Si. Afrodita estaba celoso de su hermano. Su hermano ten铆a todo lo que 茅l quer铆a. Y no que fuera feo, es m谩s, su hermano y 茅l eran los hombres m谩s bellos del reino. Pero Albafica era admirado por muchos, por su fortaleza e inteligencia. Ten铆a a Manigoldo, un hombre que hab铆a visto m谩s all谩 de la belleza exterior. Hab铆a visto su belleza interior, esa por la cual 茅l a煤n no pod铆a comprender.
—Ya lo s茅 —refunfu帽贸 molesto.
—C谩lmate florecita sabes que Albita solo cumple con la orden del rey bicho.
Manigoldo y esa eterna sonrisa burlona que llevaba en el rostro. Siempre logrando calmar al menor de los peli celestes. Aunque siempre lograba enfadar al mayor.
— ¡No me llames Albita! —exclam贸 molesto Albafica— ¿Cu谩ntas veces te he dicho que no me gusta ese apodo?
— ¿Y c贸mo te enteraste del secreto florecita? —pregunt贸 ignorando completamente a su pareja.
—Nunca revelo mis secretos, querido —y ah铆 estaba de nuevo Afrodita, colocando una mano en el rostro de Manigoldo, bajando lentamente hacia el pecho de 茅ste de manera seductora, sabiendo que era seguido por la mirada irritada de Albafica— Pero si me das algo a cambio tal vez te lo diga.
Ante aquella propuesta Albafica agarr贸 la mano de Manigoldo sorprendiendo a los otros dos que se manten铆an en silencio viendo la novela de El Cangrejo y sus dos Rosas, como lo dec铆a Milo.
Manigoldo suspir贸. Se enga帽aba as铆 mismo si dec铆a que ten铆a la situaci贸n en su poder, Albafica ya hab铆a llegado a su l铆mite y Afrodita tambi茅n. Jam谩s entendi贸 aquella rivalidad. Aun recordaba la primera vez que Albafica le present贸 a su hermano menor. Aun pod铆a recordar aquel brillo en la mirada del infante de siete a帽os cuando lo abraz贸. Se ve铆an unidos y eso era lo que le extra帽aba ¿Cu谩ndo fue que aquella relaci贸n cambi贸 tanto? Ahora, aquella guerra de miradas que se lanzaban entre ambos, la mano de Albafica agarrando con firmeza la suya y la mano de Afrodita en su pecho, solo a 茅l pod铆a llegarle a pasar eso.
Pidiendo a gritos un milagro, agradeci贸 cuando El Cid, uno de los generales del reino, se acerc贸 hasta donde ellos estaban, siendo seguido por S铆sifo que luc铆a m谩s serio de lo normal.
—Lamento interrumpir tu extra帽o momento rom谩ntico, pero Manigoldo necesito tu ayuda.
—Desgraciado —pens贸 Manigoldo.
—Y yo necesito de tus servicios Albafica —habl贸 esta vez S铆sifo, poniendo una mano en la cabeza de su sobrino que sonri贸 por el gesto.
—Albafica, necesito que me ayudes respecto a un tema personal, acomp谩帽ame.
—Claro.
Milo no pas贸 por alto la reacci贸n de los mayores, pod铆a sentir la tensi贸n que se acumul贸 cuando lo mencion贸, volte贸 para decirle a Regulus pero se sorprendi贸 al verlo inmerso en los ojos oscuros de El Cid.
Cuando la presencia de los mayores desapareci贸, Milo mir贸 a Afrodita que ten铆a los ojos apagados y llenos de una infinita soledad.
—Aun no entiendo tu extra帽a rivalidad con Albafica, solo a ti se te ocurre enamorarte de Manigoldo —Milo habl贸 con gesto aburrido gan谩ndose una mirada fr铆a de Afrodita que lo hizo temblar ligeramente.
—Nunca entender谩s lo que pasa realmente Milo —diciendo esto se fue del lugar, dej谩ndolo con Regulus.
—Fuiste muy insensible Milo —le reproch贸 mir谩ndolo con el ce帽o fruncido y los brazos cruzados— Afrodita no tiene la culpa de enamorarse de Manigoldo.
—脡l se hace da帽o con aquel enamoramiento Reg, lo s茅. Sus ojos muestran una tristeza infinita cuando Manigoldo besa o hace un gesto cari帽oso hacia Albafica, yo solo quiero que abra los ojos y lo deje ir —suspir贸 cansado. Afrodita y Regulus eran como sus hermanos, y no deseaba que ellos sufrieran por amores no correspondidos — Bueno cambiemos de tema —le dio una mirada divertida para luego cambiar a otra seria al recordar las palabras que Regulus le dijo antes de ser interrumpidos— Dijiste que hab铆as escuchado algo ¿Qu茅 es?
Regulus lo mir贸 unos segundos para luego soltar un suspiro pesado. Milo sinti贸 un mal presentimiento cuando vio a su amigo titubear. Lo que sea que tuviera perturbado al muchacho deb铆a ser lo suficientemente grande para ponerlo nervioso. El sonido de algo rompi茅ndose los sobresalt贸. Una muchacha joven, de la misma edad de Regulus se hab铆a ca铆do. Sus largos cabellos rubios ca铆an graciosamente sobre su rostro mientras intentaba contener el llanto por su mano cortada. Disculp谩ndose, Regulus se fue a ayudarla.
Qued谩ndose solo sinti贸 la culpa invadir su ser. Deb铆a pedir disculpas a sus padres por su insolencia. La actitud de S铆sifo, quien siempre luc铆a tranquilo le hab铆a alterado los nervios, tal vez algo estaba pasando y 茅l ni enterado estaba.
—Si te quedas por mucho tiempo ah铆, vas a estorbar a los sirviente ¿no crees?
— ¿Qu茅? —volteando hacia d贸nde proven铆a la voz, Milo se encontr贸 con la fr铆a pero penetrante mirada viol谩cea de un joven que no aparentaba ser mayor que 茅l— ¿Qui茅n eres?
—Conc茅deme un baile, y puede que reconsidere dec铆rtelo.
— ¿Es una nueva forma de coqueteo? Cr茅eme que eso no funciona conmigo. —D谩ndose media vuelta dio por terminada esa conversaci贸n, pero lo que no esper贸 era que aquel misterioso muchacho lo tomar铆a del brazo, jal谩ndolo hasta pegar sus cuerpos— ¿Qu茅 crees que haces?
—Le ped铆 un baile y eso tendr茅 —esboz贸 una peque帽a sonrisa que irrit贸 al otro.
—Le pido que no se ilusione conmigo —dijo con burla— No es f谩cil conquistar mi coraz贸n.
—Solo por eso ya merece toda mi atenci贸n —ampli贸 su sonrisa mientras que una de sus manos se situ贸 en la cintura de Milo y la otra atrapaba su mano.
Sin esperar una respuesta lo arrastr贸 hacia el centro del sal贸n donde la m煤sica dio inicio. Milo lo mir贸 con desconfianza sintiendo que algo en su interior cambiaba. EL baile nunca hab铆a sido su especialidad, siempre llegaba a pisar a sus acompa帽antes, pero por una extra帽a raz贸n con ese hombre era todo lo contrario. Pod铆a dejarse llevar sin ninguna dificultad y eso le hac铆a sentir inc贸modo. Evit贸 constantemente que sus ojos se conectaran, algo en su interior le dec铆a que si lo hac铆a caer铆a en el extra帽o juego de aquel misterioso hombre.
—Es un excelente bailar铆n pr铆ncipe.
—Tus halagos no funcionan conmigo. Soy un hombre, las cursiler铆as no van conmigo.
— ¿Y porque no me mira a los ojos?
—Simplemente no tengo ganas de hacerlo —respondi贸 con rudeza, la suave risa que solt贸 su acompa帽ante lo hizo mirarlo, tratando de saber cu谩l era lo divertido de sus palabras. Pero apenas lo hizo se qued贸 helado cuando sus miradas se conectaron. Sent铆a que no pod铆a apartarlas aunque quisiera.
Intent贸 apartar su mirada pero parec铆a tenerlo hipnotizado, sus rostros se fueron acercando con lentitud hasta que ambos alientos chocaron entre s铆. El muchacho ampli贸 su sonrisa y dej贸 de bailar, agarr贸 su mano y lo llev贸 hacia el balc贸n. Lejos del bullicio de las personas, se quedaron mirando hacia el mar, donde la brillante luna era reflejada por las cristalinas aguas. Milo trataba de recuperar el aire que no sab铆a reten铆a, mientras que el muchacho misterioso se apoyaba en la pared donde la sobra de un 谩rbol cubr铆a su rostro.
— ¿Mejor? —pregunt贸 con sorna, gan谩ndose una mirada molesta de Milo.
—C谩llate —susurr贸, mientras que se acercaba hasta ser 茅l quien acorralara al misterioso— ¿Me dir谩s tu nombre ahora?
— ¿Quieres saber el nombre del hombre a quien le jures amor eterno?
—Sigue so帽ando —chasque贸 la lengua sintiendo sus mejillas calentarse— Solo quiero saber el nombre del idiota al que patear茅 las bolas por insolente.
—Vaya, con ese lenguaje me sorprende que alguien quiera casarse contigo —murmur贸.
—Yo no quiero casarme —refut贸 esta vez mirando hacia el mar— Quiero ser libre, poder viajar y conocer nuevos mundos… vivir la aventura.
Los ojos de Milo brillaban de emoci贸n al mencionarlo, el muchacho se quit贸 la m谩scara del rostro y sonri贸 discretamente.
—Camus —dijo.
— ¿Qu茅? —al voltear Milo parpade贸 un par de veces al notar el delicado pero varonil rostro de su acompa帽ante.
—Mi nombre es Camus, y eso es todo lo que dir茅 —susurr贸 acerc谩ndose, pero sin dejar la sombra. Milo no pudo responder cuando sinti贸 como jalaba su brazo y besaba sus labios.
Sinti贸 c贸mo su cuerpo era rodeado por un aura helada que no hab铆a sentido durante el baile, tal vez se deb铆a porque ahora se encontraban en el exterior pero a Milo le pareci贸 atrayente. Por primera vez en su vida se sent铆a completo, como si ese hombre fuera la respuesta que por tantos a帽os hab铆a buscado y por fin encontrado.
—Joven Milo —se separ贸 asustado y mir贸 hacia la mujer que lo llamaba.
—June… ¿ocurre algo? —dijo intentando no sonar nervioso.
—Su prometido ha llegado, est谩 esper谩ndolo en el centro del sal贸n para el 煤ltimo baile.
—En seguida voy —susurr贸, dirigiendo sus ojos hacia el centro donde Saga le esperaba. A su lado, un grupo de jovencitas que no lleg贸 a reconocer estaban intentando hacerle pl谩tica, mientras que 茅l solo las desped铆a con una sonrisa. — Como todo un gran caballero —murmur贸— Lamento la interrupci贸n pero…
Al voltear no vio m谩s a Camus, en su lugar una nota se encontraba pegada sobre el balc贸n.
Seguiremos con nuestra pl谩tica, tu libertad est谩 asegurada conmigo
-Camus
— ¿Qu茅 quiso decir? —susurr贸 viendo la direcci贸n que le envi贸. Sintiendo como le jalaban entr贸 de nuevo al sal贸n para situarse al lado de Saga y terminar la ceremonia.
(***)
(**)
(*)
— ¿Por qu茅 no me dijiste nada? —refunfu帽贸 Milo a Saga.
En los jardines del palacio, Milo se encontraba sentado al borde de la fuente del Escorpi贸n, s铆mbolo que representaba a su padre. All铆, en los muros de su hogar, el muchacho de 18 a帽os se ve铆a cansado tanto emocional como f铆sicamente, su mirada se pase贸 sobre los muros que ahora m谩s que nunca le parec铆an tan altos y terror铆ficos, aquellos que lo aislaban de la vida, de la libertad y de lo desconocido. Frente a 茅l, un hombre de no m谩s de 25 a帽os, se encontraba de pie mir谩ndolo con un gesto divertido y burl贸n, de porte gallardo y potente voz, Saga era el hombre que toda mujer u hombre so帽ar铆a tener, siendo tambi茅n –por un corto tiempo- el primer hombre que Milo conoci贸 y am贸. Pero los a帽os cambiaban a las personas, y para Milo eso no era una excepci贸n, no despu茅s de conocer a ese hombre de g茅lida mirada y aura fr铆a.
— ¿Sorpresa? —musit贸 con cierta burla que solo increment贸 la ira del m谩s joven.
—No es gracioso Saga —bram贸 molesto— ¡¿Sabes que estuve a punto de huir?! ¡Detesto no estar informado a tiempo!
—Siempre lo supe —coment贸— Eres demasiado predecible Milin —le gui帽贸 el ojo divertido, causando el sonrojo del menor por el apodo tan infantil que le hab铆a puesto.
— ¡No te burles! —gru帽贸 desviando la mirada avergonzado.
—Ya, ya. —intent贸 calmarlo— Era solo una broma ¿d贸nde qued贸 el ni帽o que sol铆a soportar mi humor negro?
—Ya no existe ese ni帽o —respondi贸 con cierto dolor.
Saga se tens贸 al instante, acerc谩ndose para poder darle un reconfortante abrazo. Milo odiaba sentirse d茅bil, sobre todo odiaba que lo vieran en ese estado, especialmente Saga.
Y es que con Saga el volv铆a a ser un ni帽o. Saga siempre hab铆a sido el 煤nico de los mayores que lo hab铆an tratado como lo que era, un ni帽o. Con 茅l pod铆a ser lo que era realmente. Sin tener que ocultarse bajo la m谩scara de indiferencia y rebeld铆a que sol铆a mostrar ante los dem谩s. Fue el 煤nico que estuvo a su lado desde aquel accidente hace diez a帽os atr谩s. No recordaba nada de lo que pas贸. Incluso sus amigos Regulus y Afrodita lo hab铆an olvidado. Aquel d铆a fue uno de los m谩s oscuros que azot贸 al reino. Con la llegada de los piratas y su guerra que hab铆a entre ellos o eso era lo que dec铆an.
Con el paso de los a帽os en donde su padre estaba muy ocupado para con 茅l, se hab铆a educado y forjado solo, siendo Saga su 煤nico soporte, el 煤nico hombre en quien pod铆a confiar ciegamente, el 煤nico capaz de rega帽arlo y obedecerle. Y adem谩s… el 煤nico hombre de quien se enamor贸. Era cierto que al principio la relaci贸n era solamente de maestro-alumno pero luego de unos a帽os cuando ya ten铆a quince y decidi贸 confesarse se volvieron amantes. Manteniendo oculta la relaci贸n. Si su padre solamente llegase a enterarse de que hab铆a perdido m谩s que su inocencia desde tan temprana edad mandar铆a a la horca a Saga, y una vida sin Saga era una vida demasiado aburrida para su gusto.
Saga era un hombre dif铆cil de olvidar. Sus besos, sus caricias, sus palabras. Un gran maestro de la manipulaci贸n que pod铆a lograr sacar la pasi贸n que llevaba dentro.
—Regresemos, tengo mucho fr铆o Saga —susurr贸 r谩pidamente cuando sinti贸 su cuerpo hormiguear. Apresurando sus pasos, se dispuso a caminar hacia el palacio y poder descansar en su c贸moda cama, pero su huida fue detenido por Saga que lo abrazaba por atr谩s— ¿Qu茅 haces Saga?
—Te doy calor —respondi贸 sin pudor alguno— ¿No quer铆as eso?
—No es necesario que lo digas tan simple. —susurr贸 con un tenue sonrojo pintado en sus mejillas.
Dejando un beso sobre su caliente mejilla, Saga tom贸 la mano de Milo para llevarlo al interior de su hogar, logrando que miles de preguntas se formularan dentro de su cabeza. El sentimiento que ten铆a hacia Saga, ese “amor” que crey贸 poseer se estaba desvaneciendo, y en su lugar un vac铆o crec铆a.
Luego de despedirse de Saga, se tumb贸 sobre su cama dejando escapar un pesado suspiro, quer铆a dormir y pensar que todo era un sue帽o, uno donde su padre no era el rey, donde pudiera tener una verdadera y ser libre para viajar y navegar los mares, en busca de aventuras como siempre dese贸. Sus ojos se cerraron recordando la mirada viol谩cea de Camus, su porte galante y aura fr铆a. El misterio tras la g茅lida mirada, y luego record贸 los esmeraldas de Saga, tan serias, pero a la vez tan c谩lidas. No quer铆a perderlo, era su soporte, una persona especial y esencial en su vida. Pero por otro lado, quer铆a su libertad, viajar, conocer nuevos mundos, y algo en el interior de Milo sab铆a que solo lo conseguir铆a con Camus.
Las fuertes campanadas y el estruendoso ruido de los ca帽ones lo sobresaltaron. Pod铆a escuchar las voces de los hombres gritando, llamando a sus esposas e hijos, corriendo con pasos firmes. Las mujeres gritaban horrorizadas y algunas gem铆an de dolor. Sobresaltado, corri贸 hacia la ventana, deslizando un poco las cortinas. Hab铆a muchos soldados en la entrada del palacio, y a su padre dirigi茅ndolos, la sangre que brotaba de su cabeza y la mirada fiera estremeci贸 a Milo. Al mirar al mar pudo divisar un barco atacando, donde una bandera oscura con un cr谩neo se alzaba orgullosa… Piratas. Dando un vistazo a su padre se alej贸 de la ventana dispuesto a salir de su habitaci贸n, donde al abrir qued贸 cara a cara con el hombre que alteraba sus pensamientos desde hace minutos.
— ¿Camus? ¿Qu茅 haces aqu铆? —pregunt贸 con sorpresa.
—Vine a verte —susurr贸, clavando sus penetrante violetas en los turquesas de su acompa帽ante— Te estuve esperando y al escuchar los ca帽ones tem铆 que te hubieran atrapado.
— ¿A m铆? —retrocedi贸 un par de pasos cuando Camus se acerc贸— ¿Por qu茅 a m铆?
—Eres el hijo del rey, Milo. Eres un blanco f谩cil para ellos.
— ¡No soy un blanco f谩cil! —vocifer贸 molesto. Un nuevo disparo lo hizo tambalearse apoy谩ndose en la pared para evitar caer— Debo ir con mi padre… est谩 herido ¡ll茅vame!
—Me temo que no puedo —contest贸— Ser铆a una estupidez de mi parte si lo hago.
—No eres mi escudero ni ning煤n guardia de la realeza ¿Por qu茅 deber铆a confiar en ti?
—Porque ahora soy el hombre que te puede ayudar, dime ¿D贸nde est谩n tus perfectos guardias?
—¡…!
Mirando hacia el exterior, se encontr贸 en efecto que los pasillos estaban solitarios. El olor a sangre impregnado en el aire le dio n谩useas, quer铆a salir, volver a su cama y despertar de esta pesadilla. Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Camus y por un momento quiso creerle. Pod铆a sentir en ellos una seguridad que ahora estaba perdiendo.
— ¿Y Degel? ¿D贸nde est谩 mi madre?
—Me temo que no encuentro el paradero de su madre —dijo con pesar, tom贸 una de las manos de Milo coloc谩ndola en su pecho y lo apret贸 con suavidad— Conf铆a en m铆 Milo, te salvar茅, har茅 todo lo que est谩 en mi poder y no permitir茅 que nadie da帽e.
— ¿Sabes que no soy una mujer, verdad? —sonri贸 con cierta nostalgia y suspir贸— Camus escucha yo…
Un disparo lo call贸. No quiso preguntar, ya sab铆a la respuesta. El sonido proven铆a de dos habitaciones a la derecha, donde su madre y hermano dorm铆an con su padre. No quiso pensar lo peor pero era darse falsas esperanzas. Su rostro empez贸 a palidecer y llev贸 una mano a su coraz贸n, sintiendo el doloroso golpeteo de este contra su pecho. El sonido de unas risas escandalosas acerc谩ndose le hizo reaccionar. Camus lo empuj贸 dentro de la habitaci贸n y ambos se escondieron debajo de la cama. Pod铆a sentir los brazos del muchacho alrededor de su cuerpo, intentando transmitir seguridad, pero su mente se volvi贸 en blanco. Recordaba la 煤ltima discusi贸n que tuvo con su padre y la mirada llena de rencor que le dirigi贸 a su madre, y se rega帽aba por haber sido tan est煤pido. Hab铆a perdido tiempo discutiendo con ellos. Su abuelo siempre le hab铆a dicho que no deb铆a perder el tiempo discutiendo con las personas que m谩s amabas, porque no sab铆a cu谩ndo ser铆a el 煤ltimo momento que tendr铆as con ellos.
—Padre, madre, Isaac —pens贸 conteniendo el llanto que amenazaba con salir.
La puerta de su habitaci贸n se abri贸, y unas botas sucias llenas de arena pasaron delante de 茅l. Su cuerpo entero se tens贸 cuando, gotas de sangre seca, yac铆an impresas en ellas. Escuchaba las maldiciones que soltaba por una joya perdida y como sal铆a frustrado al no encontrarla. Mir贸 a Camus que le hizo una se帽a con sus dedos para que guardara silencio mientras sal铆a del escondite.
—Camus, espera… —susurr贸, pero el muchacho no hizo caso.
Los minutos pasaron y no hubo respuesta de 茅l. Otro disparo se escuch贸 y Milo fue testigo de que ahora estaba solo.
Dispuesto a enfrentar sus miedos, Milo decidi贸 salir. Si hoy morir铆a, lo har铆a en batalla. Como su padre siempre dec铆a al enfrentarse a sus enemigos. Sacando un revolver que se encontraba oculto debajo de una de las maderas que se encontraban debajo de la cama, abri贸 la puerta despacio. Los pasillos estaban oscuros y el silencio se hizo sepulcral. Dando dos pasos se ocult贸 en una de las columnas del palacio. Un hombre joven de alborotados cabellos claros revisaba varios estantes. Su mirada turquesa se dirigi贸 hacia sus botas, pero no eran las mismas que estaban en su habitaci贸n. Pero por la vestimenta que tra铆a sab铆a lo que era; un pirata.
Sus manos le temblaron cuando apunt贸 hacia la cabeza del sujeto, por unos segundos cerr贸 sus ojos recordando la herida en la cabeza de su padre, el disparo en el cuarto de su madre y hermano, y ahora la desaparici贸n de Camus. El miedo que sent铆a empez贸 a desvanecerse. Saga siempre le hab铆a dicho que los sentimientos que ten铆a alg煤n d铆a lo traicionar铆an y no lo dudo m谩s. Presionando el gatillo dio muerte por primera vez a un ser humano, a un pirata.
El sonido retumb贸 por todo el palacio, y de pronto varias pisadas se escucharon.
Saliendo de su escondite empez贸 a movilizarse, no pod铆a darse el lujo de descansar. No si era el 煤nico miembro de la familia real.
Bajando las escaleras se dirigi贸 hacia la biblioteca, con suerte podr铆a encontrar el pasadizo secreto y salir del palacio para poder pedir ayuda. Corri贸 lo m谩s r谩pido que sus piernas pudieron, pero al no ver nada chocaba o tropezaba con los cad谩veres de cada uno de los habitantes del palacio. No quiso detenerse a identificarlos, sab铆a que su estado emocional se quebrar铆a al hacerlo.
Cuando el viento fr铆o de la noche choc贸 contra su rostro, sinti贸 como un peso sal铆a de sus hombros, pero el pueblo m谩s cercano estaba solitario.
— ¿Qu茅 voy a hacer? —susurr贸— Tendr茅 que ir a otros pueblos, con suerte podr茅 ir a T铆bet y pedir ayuda…
—No creo que esa sea buena idea, alteza —sobresalt谩ndolo, se dio media vuelta apuntando directamente a su cabeza— Wow, tranquilo mocoso.
Frente a 茅l, con las manos alzadas en se帽al de paz, se encontraba un hombre de piel bronceada, mirada de mafioso de color viol谩ceo, cabello gris azulado y gesto burl贸n. A juzgar por los hombres que ten铆a detr谩s supo que se encontraba con el capit谩n. Pero al ver detalladamente sus gestos se sorprendi贸 al reconocerlo.
— ¿Manigoldo? —susurr贸, borrando cualquier gesto burl贸n del hombre que tens贸 su cuerpo.
—No me confundas con ese malnacido —escupi贸 sus palabras con desprecio— Bien principito, t煤 y yo daremos un paseo.
Con un chasquido de dedos, uno de los hombres que lo acompa帽aban lo golpe贸 por la espalda logrando que soltara el rev贸lver. A girar se vio apresado en los enormes brazos de un hombre de cabello largo y casta帽o oscuro.
— ¡Su茅ltame! —gru帽贸 soltando patadas al aire.
—Con ese d茅bil grito no logras intimidar a nadie —se mof贸 el capit谩n— Alde, estr煤jalo hasta dejarlo inconsciente, quiero darle una sorpresa al d铆a siguiente.
— ¿Qu茅…? —acatando sus 贸rdenes, el enorme hombre empez贸 a apretarlo.
Qued谩ndose sin aire, Milo fue perdiendo el conocimiento, hasta que todo se volvi贸 negro.
El choque de unas botellas, las risas escandalosas y el olor a ron lograron despertarlo. Sus brazos le dol铆an al igual que el resto de su cuerpo. Se apoy贸 con sus manos sintiendo la dureza del colch贸n y recorri贸 con la vista el lugar donde se encontraba. Un recuadro tapado le llam贸 la atenci贸n. Se levant贸 para poder verlo pero la puerta se abri贸, dejando ver al mismo hombre parecido a la mano derecha de su padre.
—No te atrevas a hacerlo —espet贸 con desgana mientras tomaba el brazo adolorido de Milo.
Sac谩ndolo arrastra de la habitaci贸n, Milo sinti贸 un peque帽o mareo cuando el olor a ron se hizo m谩s fuerte y vio el mar frente a sus ojos.
—Estoy en un barco pirata —susurr贸 con sorpresa. Los hombres detuvieron su cuchicheo y voltearon a verlo. Pod铆a sentir algunas miradas llenas de lascivia sobre 茅l, pero no le import贸.
Absorto en sus pensamientos se acerc贸 hacia el barandal, sintiendo como el aroma a mar se introduc铆a en sus fosas nasales. El viento soplaba con suavidad y un ligero deja v煤 sinti贸.
—Venga preciosura, ahora que est谩s despierto deja que te haga un verdadero hombre.
La voz pastosa de un hombre alto y calvo lo asque贸, gir贸 un poco dispuesto a propinarle un golpe sin importar que los otros saltaran encima suyo cuando la fr铆a y severa voz se escuchaba.
— ¡¿Cu谩ntas veces he dicho que lo que es m铆o no se toca?!
Fue suficiente para hacer retroceder al robusto hombre. Milo enfoc贸 sus ojos sobre la silueta del hombre sintiendo un escalofr铆o recorrer su espalda al reconocerlo. Llevaba puesto una camisa holgada con varias cintas amarradas a su cintura donde su espada y un rev贸lver descansaban, sus pantalones algo ce帽idos de color negro, con botas de cuero y gabardina del mismo color estaba sobre el filo del barco, agarrado de una de las cuerdas libres. De un salto se posicion贸 frente a 茅l mostr谩ndole una peque帽a y divertida sonrisa.
—Bienvenido al Koorime, Milo.
—Camus…
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