Espiando a mi Vecino [MiloxCamus] [SagaxMilo]
Espiando a mi Vecino
Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categor铆a: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
G茅nero: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Camus se muda a Grecia, y mientras espera a su amigo Kanon, conocer谩 a su sexy vecino; Milo. Qui茅n ser谩 su amor a primera vista, pero el joven heleno no est谩 soltero. ¿Qu茅 har谩 Camus? [Milo/Camus] [Saga/Milo] [Ligero Kanon/Milo]
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Si hubiera sabido
que a partir de ese d铆a conocer铆a al amor de mi vida, cr茅eme que habr铆a luchado
por ti a penas nuestras miradas chocaron. Pero ahora… me alegro haber esperado
ya que pude conocer al gran ser humano que eres.
Camus Blanc.
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El cami贸n hab铆a llegado hace una hora, maldijo su
suerte cuando sali贸 del taxi y el calor roz贸 su piel. El clima en Grecia era
muy distinto a su tierra natal, Francia, mientras que all谩 era fr铆o aqu铆 era
todo lo opuesto. Sus cansados zafiros se fijaron sobre la construcci贸n que
ahora llamar铆a hogar, no podr铆a
quejarse, la casa era enorme, una de las mejores del todo el barrio, ten铆a un
extenso jard铆n y un gran 谩rbol de Sakura en donde podr铆a quedarse a leer por
las tardes despu茅s de ir al trabajo o mejor, el fin de semana. Una sonrisa
apareci贸 en sus labios involuntariamente, tal vez venir a Grecia no habr铆a sido
tan malo, estaba lejos de su familia, sobre todo de su padre que siempre le
molestaba por no conseguir alguna prometida. Suspir贸 cansado y se sent贸 debajo
del 谩rbol a esperar a Kanon, su 煤nico amigo desde la universidad, y el 煤nico con suficiente coraje para soportar
su mal humor. Al ser un hombre proveniente de una familia de gran poder sobre
Francia era muy dif铆cil conseguir un buen amigo, generalmente siempre se
acercaban personas interesadas en su fortuna, por eso valoraba a Kanon. Mir贸 el
reloj de su bolsillo y buf贸 bajito. ¡Odiaba que o hicieran esperar!
Las horas hab铆an pasado con rapidez y eso lo estaba
aburriendo, dio un vistazo r谩pido al lugar donde ser铆a su hogar y se sorprendi贸
que la casa de lado hubiera tantas personas reunidas, a decir verdad era la m谩s
grande del lugar.
— Tal vez sea su familia — susurra bajito
recordando a la suya — Bien… creo que ya no vendr谩.
Decidiendo que lo mejor era seguir por su cuenta
abre la puerta trasera del veh铆culo y mira todas las cajas, entre ellas ley贸 la
palabra Infancia tal vez deber铆a
empezar por ah铆. Era pesada, pero estaba seguro que el solo podr铆a encargarse
de eso, sin esperar m谩s lo agarr贸 con ambos brazos y se dirigi贸 hacia su casa,
pero apenas toc贸 el primer escal贸n se resbala. Aferrando la caja a su pecho
cierra los ojos esperando el impacto de su rostro contra el pavimento pero no
siente nada, ni siquiera ha llegado a tocarlo. Confundido, abre los ojos con
lentitud, primero mira hacia abajo suspirando aliviado al saber que estaba
lejos. Entonces una pregunta pasa por su mente ¿Qu茅 pas贸? Una suave risa lo
desconcierta, el galo sinti贸 que el tiempo corr铆a en c谩mara lenta mientras se
giraba para ver a su h茅roe, a unos pocos cent铆metros de su rostro unas
brillantes turquesas lo miraban fijamente con una sonrisa divertida.
Sus mejillas empezaron a calentarse, en ese
instante solo exist铆a ambos y lo que pasaba a su alrededor le ere irrelevante.
El viento soplaba con suavidad meciendo los largos cabellos de ambos. Mir贸 con
atenci贸n al muchacho que vest铆a solamente unos pantalones ce帽idos que dejaba
apreciar las torneadas piernas una playera sin mangas ajustada de color negro
que hac铆a resaltar los m煤sculos trabajados, y el cabello azul recogido en una
coleta alzada. Al sentir la mirada viol谩cea de su acompa帽ante el muchacho
sonr铆e, Camus desvi贸 el rostro sonrojado y lo mira de reojo. Nunca hab铆a cre铆do
en el amor a primera vista, pero parec铆a que este era el caso.
— ¿Est谩s bien? — pregunta — Perm铆teme ayudarte…
Simples palabras que hab铆an logrado ponerle
nervioso, Camus abri贸 los labios para decir algo pero r谩pidamente los cerr贸 al
no poder emitir sonido. Era la primera vez en toda su vida que no sab铆a que
decir pero eso al parecer divert铆a a su acompa帽ante que sonri贸. Se limit贸 a
asentir con algo de brusquedad.
— No… yo… no podr铆a aceptar eso…
— ¡Vamos! ¡Quiero ayudar! — al principio lo mir贸
dubitativo pero viendo que las horas pasaban y encima que Kanon no llegaba
acept贸.
— De acuerdo… pero me dejaras invitarte algo de
comer ¿entendido?
— ¡Si se帽or! — dijo saludando como militar,
haciendo re铆r al galo.
Las horas pasaban entre pl谩ticas y an茅cdotas,
Camus nunca hab铆a sido esa clase de persona que gustara de hablar con alguien,
pero sent铆a que con el muchacho podr铆a ser el mismo, ni siquiera a Kanon le
sonre铆a con tanta soltura. La 煤ltima caja fue puesta en la casa cuando el ocaso
empez贸 a hacerse presente, ya era hora de decir adi贸s. Cumpliendo con el trato,
Camus fue a la cocina a preparar algunos bocadillos y una anaranjada siendo
ayudado por el griego que le hac铆a re铆r con sus bromas. Al terminar, se sentaron
en el p贸rtico mirando como la luna empezaba a brillar.
— Es la primera vez que puedo hablar con alguien
sin tener que fingir — coment贸 el muchacho — ¿Sabes? Me he dado cuenta que
hemos hablado y no me he presentado. Soy Milo Dalaras ¿y t煤?
— Camus Blanc… soy de Francia — susurra algo
nervioso por la cercan铆a del griego.
— ¿Francia, eh? Siempre he querido ir, sobre todo
a Par铆s, la ciudad del amor… — sonr铆e coqueto.
—Tal vez te ense帽e la ciudad, he vivido casi toda
mi vida all谩 — sigui贸 Camus, nunca hab铆a coqueteado a alguien pero ahora que lo
hac铆a se sent铆a extra帽amente bien.
Milo solo sonri贸 ampliamente. Se quedaron as铆
unos minutos, contempl谩ndose mutuamente. Camus mir贸 los labios entreabiertos de
Milo y sin darse cuenta se fue acercando hacia los labios carnosos, Milo que no
se quedaba atr谩s tambi茅n se acercaba, sus alientos chocaban entre s铆. El galo
pod铆a sentir el suave aroma a manzanas que desprend铆a los cabellos de Milo, sus
manos se rozaron apenas acarici谩ndose con sus dedos, pero cuando estaban a
escasos cent铆metros de tocarse una voz seria y varonil se escuch贸, seguido de
algunos pasos.
— ¡Milo! — el aludido se separ贸 con rapidez al
reconocer la voz. Los largos cabellos azules del hombre se elevaban mientras
que corr铆a, los esmeraldas que ten铆a por ojos relampagueaban furiosamente
cuando lleg贸 hasta donde estaban.
Camus lo hab铆a reconocido, sintiendo las ganas de
matarlo por haberse tardado, hasta que se percat贸 de cierto detalle ¿C贸mo sab铆a
su nombre? “Kanon” jal贸 del brazo de Milo con brusquedad y r谩pidamente atrap贸
sus labios demandando un apasionado beso que no tard贸 en ser correspondido con
algo de torpeza. Las manos grandes del mayor se posaron en la cintura de Milo
apeg谩ndolo a su cuerpo, era como si quisiera unirse en un solo individuo. Fue
en ese momento que se dio cuenta de lo que pasaba, se hab铆a enamorado a primera
vista de Milo. Agach贸 su cabeza, ocultando sus ojos viol谩ceos ¿acaso algo m谩s
podr铆a salir mal? Kanon sal铆a con la persona que amaba y no pod铆a arrebatarle
la pareja a su amigo.
— ¡Camus! ¡Lo siento! — la voz de Kanon se
escuch贸. Camus gir贸 con rapidez y luego volvi贸 a mirar a Milo y su novio ¡no es
posible!
A falta de aire, y por escuchar la voz de Kanon,
se separaron, Milo desvi贸 el rostro mostrando un fuerte sonrojo. Su pareja no
era esa clase de personas que demostraba sus sentimientos en p煤blico a menos
que… ¿estaba celoso? Se mordi贸 el labio inferior y evit贸 hacer contacto con
Camus, por alguna raz贸n no ten铆a el valor suficiente de enfrentarlo, sent铆a que
hab铆a hecho algo incorrecto.
— Saga… — susurra Kanon sorprendido. Su gemelo lo
ve con frialdad y luego a Camus, eso no pas贸 desapercibido por el menor de los
gemelos, que r谩pidamente se situ贸 delante del galo. Saga se mostraba
amenazante, solo eran algunas ocasiones cuando su hermano se molestaba y tem铆a
que algo le pasara a Camus.
— Kanon, veo que conoces a este sujeto ¿es tu
novio? — pregunta Saga aferrando la cintura de Milo hacia su cuerpo de forma
posesiva.
— Si… — minti贸 — Lo conoc铆 en Francia — se
dirigi贸 al galo pidiendo con la mirada que siguiera su juego — Cami, 茅l es Saga
Andreatos, mi hermano mayor y veo que ya conociste a su prometido, Milo
Dalaras, hijo del hombre con m谩s poder sobre Grecia.
— ¡…! — Saga mir贸 con desprecio a Camus, no era
un idiota pero por esta vez dejar铆a pasar eso, y solo porque Kanon estaba
involucr谩ndose. La tensi贸n se estaba haciendo presente y eso empezaba a
inquietar a Milo y Kanon que en un silencioso acuerdo decidieron agarrar cada
uno a su acompa帽ante.
— Ser谩 mejor que nos vayamos, nos vemos ma帽ana
Camus… — se despidi贸 Milo — Kanon ¿te quedar谩s con nosotros?
— En realidad voy a quedarme en casa de Camus…
aun debo ayudarle a desempacar y hubiera llegado m谩s temprano si no fuera por
Saga y sus recados.
— Hm, mejor para nosotros — susurra con
indiferencia el mayor, llev谩ndose a Milo.
Kanon sab铆a que le deb铆a muchas explicaciones a
Camus, pero deb铆a decirle algo acerca de Saga y era mejor mantener informado al
galo antes de que se metiera en problemas con el mayor. Una vez en la sala
Camus miraba ausente su taza, esperando a que Kanon empezara a hablar.
— Primero que nada… lamento la demora. Ya has
conocido a mi hermano, es muy celoso y posesivo cuando se trata de algo que
quiere…
— Milo no es un objeto — mascull贸 recordando la
forma en como agarr贸 al griego — ¡Tu hermano est谩 loco!
— Lo s茅…
— ¿Qu茅? — Camus se qued贸 callado al escucharlo —
¿lo sabes?
— Fue una de las razones por la cual me fui de
Grecia. Saga siempre ha sido una persona inestable psicol贸gicamente y mis
padres no pod铆an controlarlo a excepci贸n tal vez de Milo.
— ¿Por qu茅 茅l? — pregunta, sinti贸 escalofr铆os al
preguntar.
— Los padres de Milo siempre fueron amigos de los
m铆os, y cada vez que ven铆an de visita su hijo se acercaba a nosotros… Saga que
ya hab铆a sido diagnosticado con bipolaridad y cualquier cosa podr铆a alterarlo.
Mis padres estaban aterrados de que cometiera alguna locura con Milo, pero para
sorpresa de ellos Saga lo hab铆a aceptado, adoptando una posesiva forma de amar
que fue creciendo con los a帽os.
— ¿Entonces Milo est谩 atrapado? — susurra
aterrado ante el asentimiento del otro — ¿Y que tiene que ver el hecho de irte
de Grecia?
— Me gusta Milo —dijo directamente — Aunque 茅l
solo me ve como un amigo, por lo menos tengo el placer de verlo de lejos.
— Kanon…
— Olv铆dalo… por lo menos estoy aliviado de saber
que puede escapar.
— ¿Ah? — Kanon sonr铆e con picard铆a y se cruza de
brazos.
— No creas que soy ciego… la raz贸n por la cual
Saga estuvo tan molesto es porque Milo y t煤 tuvieron un flechazo. Hace mucho
tiempo que no ve铆a ese brillo en sus ojos.
— Oye… no creas que…
— Camus… las oportunidades llegan una sola vez, y
es por eso que tratar茅 de juntarlos, pero por ahora solo debes conformarte con
verlo de lejos.
— ¿A qu茅 te refieres?
Sin pensarlo, jal贸 a su amigo hacia la habitaci贸n
del tahe帽o, Camus no sab铆a a donde lo llevaba, o mejor dicho ¿Por qu茅 lo
llevaba a su habitaci贸n? Mas al llegar Kanon le dijo que guardara silencio y
mirara hacia la ventana donde Milo estaba sentado desnudo, mirando hacia el
cielo. Camus se qued贸 sorprendido, sus labios estaban ligeramente separados,
sus mejillas estaban con un tenue sonrojo y sus ojos agrandados.
— ¿Pero qu茅…? — mir贸 a Kanon con sorpresa, 茅ste
ten铆a un tenue sonrojo en sus mejillas y solo neg贸 con la cabeza.
—Solo mira… — susurra bajito.
Sus ojos se quedaron mirando hacia el Adonis
griego que miraba absorto la luna llena, si pudiera compartir esa bella vista a
su lado. Un par de manos aparecieron de la nada tocando el pecho y jugueteando
con las tetillas, logrando que de los carnosos labios una sinfon铆a de gemidos
se escuchara. Saga marcaba el cuello de Milo con hambre, queriendo demostrar
que nadie m谩s que 茅l podr铆a poseerlo. Milo le pertenec铆a y eso no lo iba a
cambiar nadie, ni su hermano ni el franc茅s. Saga ingres贸 en Milo, apoyando el
cuerpo en la ventana, mientras que el menor gem铆a con fuerza.
Camus se sinti贸 voyerista por no quitar la mirada
del rostro sonrojado y excitado de Milo, y al igual que Kanon empez贸 a
masturbarse, su mente empez贸 a imaginar al griego debajo suyo y 茅l montado en
sus caderas, subiendo y bajando, mientras que Milo lo marcaba como suyo una y
otra vez, recorriendo con sus labios y dientes el cuello mientras que sus manos
exploraban la anatom铆a griega.
—Milo…
Las siguientes semanas fueron tranquilas o eso
aparentaba Camus pues no soportaba ver a Milo y Saga tan apegados. Adem谩s que
hab铆a notado ciertas actitudes en el mayor con Milo, se lo hab铆a dicho a Kanon
pero 茅ste intentaba tranquilizarlo, mientras que cumpl铆a con su promesa,
distrayendo a Saga cada vez que se ve铆an o evitaba que interfiriera cuando su
amigo y Milo se encontraban juntos. Renunciar al amor de su vida nunca ser铆a
f谩cil, pero si con eso Milo ser铆a feliz lo har铆a.
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Ya era una costumbre, siempre era la misma hora.
Como todas las noches Camus y Kanon iban a la habitaci贸n del franc茅s a
contemplar a Milo, sinti茅ndose aliviados al no ver a Saga siempre con el griego
menor. A veces Milo solo se dedicaba a observar la luna, u otras veces le铆a
alg煤n libro. Camus hab铆a notado que el brillo en la mirada de Milo empezaba a
desaparecer lentamente, y cada vez que lo mencionaba Kanon se hac铆a el
desentendido o se pon铆a nervioso.
— Kanon… creo que no debemos hacer esto — susurra
sintiendo la culpa. Siempre hab铆a querido parar porque a veces Milo se
encontraba desnudo, sobre todo en las noches calurosas.
— No est谩…
— ¡Oye! ¿Me estas escuchando? — reclam贸 el menor,
pero al ver la mirada horrorizada de Kanon se preocup贸 — ¿Kanon?
El sonido del celular lo sobresalt贸, casi con
temor ley贸 el contenido, poni茅ndose p谩lido al terminar. Sin decir nada, sali贸
corriendo de la casa del franc茅s. Camus cerr贸 los ojos y se tir贸 a su cama boca
arriba, deb铆a parar con todo, ma帽ana mismo se lo dir铆a a Milo, aunque eso
signifique recibir su odio. No debi贸 hacer caso a su amigo.
— ¿A d贸nde habr谩 ido? — susurra al recordar la
palidez en el rostro de Kanon. Volvi贸 a mirar hacia la habitaci贸n de Milo y
suspir贸 — ¿D贸nde estar谩s?
Dispuesto a dormir un poco para relajar su
consciencia Camus se acomoda mejor sobre la cama, pero cuando cerr贸 sus ojos el
timbre empez贸 a sonar con insistencia. Con algo de pereza se levanta mir贸 la
hora en su reloj de la mu帽eca suspirando al ver la hora ¿Qui茅n ser铆a? Al abrir
se qued贸 de piedra al ver a Milo que ten铆a algunos rasgu帽os en su rostro y
brazos, la ropa estaba hecha jirones y su cuello ten铆a las marcas de unos
dedos.
— ¿Milo…? — el menor enterr贸 el rostro en su
pecho evitando llorar. Le dej贸 entrar yendo por un vaso de agua.
Ya m谩s calmado, Milo dej贸 el vaso en la mesita de
centro que hab铆a frente a 茅l. Camus sent铆a como su coraz贸n se oprim铆a cuando
vio las primeras l谩grimas resbalar por las mejillas. El griego le explic贸 que
hab铆a terminado con Saga ya que 茅ste era demasiado celoso y posesivo, y que en
uno de sus arranques de celos casi lo violaba. Que ya no pod铆a controlar el
temperamento del mayor cuando dejaba salir a “Arles”. Al o铆r esto, Camus sent铆a
su sangre hervir al ver como Milo empezaba a llorar desesperadamente. El griego
amaba a Saga, a pesar de casi haberlo violado, pero ya no soportaba recibir los
maltratos cada vez que enloquec铆a, y tem铆a que si regresaba a su lado y de
nuevo se pon铆a celoso llegara m谩s lejos, hasta matarlo. Camus escuchaba
atentamente cada una de las palabras que dec铆a Milo, sintiendo impotencia al no
poder borrar el mal momento que viv铆a. Su coraz贸n estaba hecho un revoltijo de
sentimientos, por una parte estaba feliz ya que ahora pod铆a estar con Milo,
pero por otra parte sent铆a una gran ira que amenazaba con salir. El peliazul se
acurruc贸 en los brazos del franc茅s, sintiendo su calor, estaba demasiado
vulnerable, no podr铆a ayudar m谩s a Saga y eso lo llenaba de nostalgia. Cuando
era un ni帽o era m谩s f谩cil, cuando los dos pasaban las horas debajo del gran
谩rbol del jard铆n de sus padres, hablando de las an茅cdotas del mayor. La sonrisa
amable y tierna que Saga le dedicaba no ten铆a precio. Aun pod铆a ver aquellos
tiempos de anta帽o, a Saga con un enorme libro y 茅l sentado en su regazo,
escuchando cada palabra que sal铆a de aquellos labios que muchas veces lo hab铆an
besado.
— Lo siento Milo… — susurra acariciando los
azules cabellos — Si pudiera hacer algo…
— Ya has hecho suficiente… me has escuchado y eso
basta.
Levant贸 su rostro para encontrarse con el rostro
preocupado de su vecino y amigo, le sonri贸 agradecido y apenado por escuchar su
historia, Camus neg贸 con la cabeza enternecido por el peque帽o rubor que ten铆a
Milo en sus mejillas y el brillo que volv铆a a sus ojos, le devolvi贸 la sonrisa,
revolvi贸 los cabellos de Milo con su mano haciendo que el rubor incrementara.
Cuando se levantaron del sill贸n, Milo se tropez贸 con la alfombra y cay贸 encima
de Camus, quedando sus labios pegados. El coraz贸n de ambos empez贸 a latir con
fuerza y las corrientes el茅ctricas no se hicieron esperar en el cuerpo de ambos
muchachos. Ambos estaban en aquella posici贸n, sin ni siquiera moverse, al
separarse ambos ten铆an los rostros rojos que pod铆an compararse como un
jitomate, no deseaban mirarse, pero sus ojos los traicionaron. Sus miradas se
encontraron haciendo que un calor invadiera sus cuerpos. Camus no lo soport贸
m谩s, agarrando la playera de Milo, lo jal贸 volviendo a juntar sus labios,
bes谩ndolo con ternura y pasi贸n, lo amaba, desde el primer d铆a que lo vio, es
por ello que siempre quiso acompa帽arlo, en todo. Los ojos de Milo se abrieron
de la sorpresa, hace unas horas atr谩s hab铆a terminado una larga relaci贸n con
Saga y aun no se sent铆a listo para otra, pero aun as铆 decidi贸 que por hoy
olvidar铆a aquel mal momento, cerrando sus ojos, disfrut贸 aquel contacto que
hac铆a vibrar su cuerpo y acelerar su herido coraz贸n. Con algo de torpeza, ayud贸
a Camus a levantarse, bruscamente se separaron para tomar el aire robado para
otra vez besarse con la misma intensidad. As铆 Camus fue desabrochando el
pantal贸n de Milo mientras que 茅ste, le desabotonaba la camisa. Todo esto lo
hac铆an sin dejar de besarse. Su recorrido a la habitaci贸n de Camus empez贸,
chocando con cuanta cosa se hallaban en el camino, las ropas empezaron a
desaparecer con cada paso que daban.
Entraron a la habitaci贸n y Camus acorral贸 a Milo
en la pared y lo abraz贸 tratando de rememorar el momento, solt贸 un suspir贸 de
placer mientras que una de sus piernas se met铆a entre las del peli azul, el
cual con el acto, solt贸 un profundo gemido. Despu茅s de acabar con el resto de
la ropa, ambos llegaron a la cama, donde las manos y los labios se llenaban de
sus cuerpos, llegando a lo m谩s profundo e 铆ntimo que se pueda describir,
provocando en ambos gemidos de excitaci贸n y placer, Camus encima de Millo se
deleit贸 con aquel cuerpo que dese贸 poseer desde que lo vio. Jadeos y suspiros
llenaban la habitaci贸n, Milo cerr贸 los ojos tratando de aspirar el aroma que
desprend铆a de Camus, el galo en eso, se acerc贸 a su o铆do. Al sentir el aliento
c谩lido de Camus, su cuerpo entero se estremeci贸.
— Deseo que me poseas… quiero ser tuyo Milo — la
voz ronca y cargada de lujuria, prendi贸 m谩s a Milo, que soltando un gemido
grave intercambi贸 de posici贸n con Camus, esta vez qued谩ndose 茅l encima del
franc茅s.
Milo lo ve铆a con ternura y Camus igual, ambos
estaban estudi谩ndose, transmiti茅ndose, lo que quer铆an decirse desde hace ya
mucho tiempo, aunque uno de ellos no lo sab铆a. En ese momento, Milo empez贸 a
recorrer el cuerpo de Camus con maestr铆a, deleit谩ndose con el suave tacto de su
cuerpo, baj贸 hasta llegar a la altura del miembro del galo. Bes贸 la punta
haciendo estremecer al mayor, para luego meterlo a su boca, sus manos se
encargaron de masajear los test铆culos de Camus, sacando varios gemidos a este,
el franc茅s no se qued贸 atr谩s y agarr贸 suavemente sus hombros, para luego
simular peque帽as penetraciones en la boca del griego. El griego meti贸 tres
dedos en la boca del franc茅s dici茅ndole que los chupara, Camus obedeci贸 y
empez贸 a degustar como si de un dulce se tratase, una vez listo empez贸 a
besarle, anticip谩ndose a lo que vendr铆a, meti贸 un dedo en el interior de Camus.
Al sentir la intromisi贸n del dedo en su interior no pudo evitar soltar un leve
gemido ahogado de dolor, el griego se apresur贸 a distraerlos con su labio,
sigui贸 con su tarea de lubricar su estrecha y virginal entrada. Cuando ya
estaba bien lubricado lo reemplaz贸 con su ya erecto miembro, se mordi贸 el labio
inferior sintiendo lo estrecho que estaba, empez贸 su vaiv茅n una vez que Camus
le diera la se帽al, ambos empezaron a gemir por el placer que estaban sintiendo,
as铆 ocurri贸 hasta llegar al satisfactorio cl铆max carnal. Ya era de noche, ambos
cansados de su muestra de amor se quedaron dormidos, Camus acurrucado en los
brazos de Milo con una sonrisa y un sonrojo al igual que su amado.
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Los primeros rayos de sol empezaron a colarse en
la ventana de su habitaci贸n, los p谩rpados de Camus empezaron a temblar
ligeramente al sentir la luminosidad chocar con su blanquecino rostro con
pereza empez贸 a abrir sus ojos. Palp贸 con la mano un sitio donde deb铆a estar
Milo, encontr谩ndolo vac铆o, estaba solo, pens贸 que lo de anoche era un sue帽o,
una fantas铆a que su propia mente le hab铆a jugado, por el deseo de su coraz贸n.
Sus ojos se anegaron por las l谩grimas
que deseaban salir, empezando a llorar, cuanto hab铆a deseado amanecer a lado de
su amado. Con la mirada desvi贸 sus ojos para posarla por la ventana, para ver
si Milo estaba en casa, mas no lo vio, sintiendo otra vez un vac铆o en su
coraz贸n. Suspir贸 con tristeza al pensar que su amado estar铆a con Saga en su
casa, m谩s todo pensamiento desapareci贸 al tener un escalofri贸 al sentir unos
fuertes brazos rodear su cintura, se gir贸 y lo vio, Milo estaba ah铆 abraz谩ndolo
con una sonrisa.
— Mmm no sab铆a que desde aqu铆 se pod铆a ver mi
habitaci贸n — le dijo divertido — Creo que no he
sido el 煤nico que ha estado espiando a su vecino — esta confesi贸n lo
hizo voltear asombrado, el peliazul se sonroj贸 apenado por la confesi贸n,
mientras que el galo le empez贸 a besar tiernamente.
— Te amo — susurr贸 y sigui贸 bes谩ndole.
No se dijeron m谩s y se quedaron abrazados,
reparti茅ndose besos y caricias, dici茅ndose lo mucho que se amaban con cada
caricia.
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