El Ocaso de los Dioses [Prólogo]

Título:  El ocaso de los dioses
Autor: Mikaori Aqua (Nikiitah)
Serie: Saint Seiya
Género: BL (chico x chico)
Notas: Por favor revisar el post "Antes de leer"  para que puedan entender un poco más sobre este fic. Está publicado en las siguientes plataformas Amor Yaoi (que por los fallos de la página aun no voy a colocar el enlace), Ao3, Wattpad, Fanfiction.
Disclaimer: Saint Seiya es propiedad exclusiva de Masami Kurumada, lo único que me pertenece es la historia y los OC que aparecerán.

Resumen: Athena comete un error que desencadenará la profecía que señala la desaparición de los dioses del Olimpo con la llegada del hijo nacido de dos hombres. Temiendo que la diosa maligna regrese, cada doscientos años se prepara para eliminarla, sin saber que esta decisión causará muerte y destrucción.

«Entre mayor sea tu soberbia, prepotencia y ego, más dura será tu caída y más difícil levantarte por el peso que llevas.»

Eduardo Alighieri.

 

-Prólogo-

 

Si yo muero tanto el inframundo como los campos Elíseos desaparecerán, porque yo fui su creador ¡Es el fin! jadeó. Athena, ustedes también se verán involucrados en la destrucción de este mundo y tendrán el mismo destino, no podrán hacer nada... Al fin y al cabo en esta batalla no triunfaron ni los humanos ni los dioses... mientras su cuerpo se desvanecía el dios del inframundo observó a la diosa de la sabiduría. Tarde o temprano te darás cuenta que el amor no es más que una fantasía que crearon para engañarte. El amor es algo que nadie cree, ¡porque no existe!

 

 

 

Hades había despertado después de casi un año, su cuerpo estaba casi reconstruido y su alma se mantenía intacta a pesar de haber sido atacada por la misma Niké, su mente aún estaba confusa por despertar tan abruptamente pero eso no impidió que pusiera una mano sobre el colchón y se impulsara para levantarse. Su mirada recorrió la habitación casi en penumbras y se quedó observando por varios minutos un punto en específico; su espada. Instintivamente su mano se dirigió hacia su pecho donde había sido atravesado y cerró sus ojos con pesar. Athena había sido una ilusa al creer que este sería el fin de las guerras, ella aún era una chiquilla que necesitaba aprender el destino que los dioses cargaban en sus hombros desde que se alzaron ante los Titanes. Hades siempre se cuestionó porque había aceptado ser parte de aquella treta; habían evitado por muchos siglos que el reloj se volviera en su contra, mandando secretamente asesinos o simplemente interfiriendo el flujo del tiempo, pero con lo acontecido hace un año sabía que no tendrían más oportunidad. Ya no habría alguien que pudiera frenar lo inevitable.

 

Se quedó quieto, apretando la fina tela de seda entre sus manos. Con los ojos aun fijos sobre la espada frente a él.

 

Verlo sólo incrementará tu ansiedad, se supone que no debes tener emociones fuertes por lo menos hasta que vuelvas a ser el inestable dios de antaño.

 

Hades soltó un suspiro, mientras sus hombros se tensaban y enfocaba su atención en el nuevo intruso. Poseidón, que tenía la apariencia de un adolescente se acercó hacia donde estaba y se sentó sin invitación a su lado. La fría mano fue posada sobre su frente y al instante el malestar que había sentido, al igual que su mente confusa, desaparecieron.

 

¿Qué haces aquí? cuestionó Hades.

 

Poseidón sostuvo la mirada de su hermano, hasta que un acto de debilidad la desvió.

 

Zeus pidió mi ayuda, debíamos traerte nuevamente antes de...

 

Antes de que la desgracia cayera sobre nosotros interrumpió fríamente el dios del infierno, es demasiado tarde, incluso para nosotros.

 

Aunque han pasado un año, aún tu poder permanece en el inframundo.

 

El inframundo no existe, fue destruido por Athena cuando me atravesó con Niké... gracias a ti.

 

Sólo evitaba que destruyeras la tierra, no creí que ella fuera capaz de matarte.

 

Tienes altas esperanzas en ella ¿o es que el humano que vive en ti quiere creer en la inocencia de esa chiquilla?

 

Poseidón apretó la tela de su túnica entre sus manos, pero no lo negó. Quizás la mente de Julian aún se interponía sobre su propio juicio.

 

Aun así, el hecho de que Zeus requiera de mi presencia con tanta insistencia es porque tu situación no es muy diferente de la mía. ¿Cómo va el templo submarino?

 

Tan destruido como el tuyo.

 

Hades suspiró.

 

Entonces, ¿cuál es la situación actualmente? dijo Hades en voz baja, mientras volvía su mirada nuevamente hacia su espada.

 

Odín está alterado, y ya activó su campo alrededor de Asgard como medida de seguridad este hecho captó la atención de Hades, que volteó a ver a su hermano.

 

Asgard no tiene nada que ver con nosotros ¿por qué habría de temer?

 

Poseidón se vio ligeramente incómodo y Hades sólo atinó a agrandar los ojos por la sorpresa.

 

No me digas que...

 

Una parte de la armadura ha aparecido allá. Si fue capaz de traspasar las barreras de un dios como Odín, no es difícil deducir que está próximo a entrar en los santuarios. Hades... la situación ha empeorado.

 

Hades asintió ante la situación. Su rostro se mantuvo frío, pero su mente era un caos, finalmente se levantó de la cama, dejando que la túnica blanca se corriera, dejando expuesta sus piernas pálidas. Poseidón se levantó, ofreciendo su mano como apoyo, pero el mayor lo rechazó. Era suficiente estar en ese estado. Su orgullo no le iba a permitir más humillación.

 

Supongo que el motivo por el cual Zeus te envió, es porque no tiene el valor de enfrentarse a mí.

 

Sabes mejor que nadie que Zeus no siente culpa ante nada.

 

El silenció cernió entre ellos. Ambos recordando ese fatídico día.

 

“De todos modos, es mejor acabar con esto de una vez.”

 

….

 

El cielo se tornó negro y el aire a duras penas se podía respirar; lo que antes era un brillante santuario lleno de paz y calidez, se había vuelto uno lúgubre y frío. La densa niebla se expandía por cada rincón, evitando que alguien se acercara. Los pasos retumbaron en la inmensidad del primer templo, mientras un niño con dos puntos en la frente característicos de su raza corría, esquivando los escombros. Aún luego de un año, y sin el poder del resplandeciente oro, no podían devolver la gloria del lugar.

 

El niño se detuvo frente a la puerta que daba a los aposentos de su maestro.

La puerta chilló, y el sonido estremeció el lugar al igual que el silencio. Kiki miró con pena como el polvo se alzó en el lugar.

 

Mira a su alrededor, buscando algo en específico. El polvo había cubierto la mayor parte de las pertenencias de Mu, dando una vista de abandono total. Los libros eran, quizás, lo que se salvaba del polvo, pero, aun así, se podía ver que había algunas telarañas encima del plástico que los cubría. Kiki recuerda perfectamente el día que todos dejaron el lugar. Athena había ordenado que todos evacuaron el santuario luego de que los extraños acontecimientos ocurrieran. La niebla al comienzo era densa y ligera, parecía como si el invierno había llegado ya que la temperatura disminuía con el pasar de los días. Por fortuna, el extraño fenómeno sólo ocurría dentro y no se extendía hasta el pueblo de Rodorio.

 

Pero entonces, cuando tenían la situación controlada, la niebla se volvió mas espesa hasta que era casi difícil respirar o ver. Se dieron cuenta, con horror, que la niebla sí afectaba a la gente del pueblo. Habían reportes de gente que empezaba a enfermar; los ojos se volvían rojos, había dificultad para respirar, bajaban de peso hasta parecer un cadáver y finalmente entraban en un especie de coma. Algunos morían, otros quedaban en estado vegetal. Sin embargo, el problema no quedaba ahí. Poseidón había alertado que el mundo submarino empezaba a agitarse, empezando con el mar que se movía de manera incongruente.

 

Por lo general, el dios tendría mayor control, pero sus poderes habían sido sellados por Athena; sin el santuario submarino, donde estaban los pilares y sin su tridente, el mar era difícil de controlar.

 

El mundo se había vuelto un caos, tal y como Hades le había dicho a Athena.

 

Kiki, ¿estás ahí? ¿Todo bien?

 

La voz de Shiryu se escucha a través del auricular. Kiki salta y responde con gran rapidez que casi se muerde la lengua.

 

¡Sí! Ya llegué a la habitación de mi maestro pero no veo...

 

Se interrumpe cuando ve algo dorado brillando en la repisa de la pared, pero eso no era el motivo por el cual se queda en silencio, sino por el aura brillante rojo oscuro que estaba a su lado. Era una pieza de armadura.

 

¿Kiki?

 

Shiryu, hay una pieza junto a la daga dorada.

 

¡Sal ahora!

 

Como si fuera un ser viviente, la armadura empieza a levantarse. Si Kiki no lo supiera, pensaría que la armadura lo estuviera mirando. Su cuerpo se estremece y gira para escapar, pero la armadura impide su huida. La pieza resplandece con más fuerza, como si fuera a estallar, pero la daga se interpone, salvándolo de la explosión.

 

El oro brilla y calienta su corazón. Kiki evita llorar cuando la familiar sensación se instala en su pecho. Agarra la daga y se teletransporta lejos del santuario.

 

La próxima vez que abre los ojos, Athena estaba frente a él diciendo palabras de agradecimiento y disculpas. Luego todo se vuelve oscuro.

 

....

 

Cuando Athena decidió acabar con las guerras no previó esta anomalía. Mejor dicho, no quería creer que llegaría a ocurrir la destrucción del mundo. Sin embargo, ella insistió, y ahora debe enfrentarse a las consecuencias. Sintió la impotencia de no poder hacer nada; no podía entrar a su propio santuario debido a que necesitaba quedarse cerca de Seiya, que había caído en estado vegetal luego de recibir la maldición de Hades, para mantenerlo con vida. Kiki se había ofrecido, ya que era el único que podía teletransportarse sin problemas, pero esa decisión casi le había costado la vida.

 

Todavía recuerda el cuerpo del niño desplomándose luego de traer la daga.

 

Sin embargo, no va a dejarse llevar por lo sentimental, ya no. Su amor por la tierra y su gente fue lo que condenó a dioses y humanos. Ella debió buscar una solución diferente, así el mundo no hubiera sufrido tanto.

 

Pero no existe el "hubiera".

 

No había tiempo que perder, no había tiempo para lamentarse.

 

Las grandes puertas se abrieron con lentitud, y la luz del interior la cegó. La conversación que hubo se detiene, y la melodía de la arpa se apaga de forma abrupta. Hay diferentes miradas en su dirección, pero ella lo ignora, así como ha ignorado el evidente odio que emanan Perséfone y Anfitrite.

 

El salón del Olimpo es el más grande que ha visto, en el centro hay doce grandes tronos, perteneciente a los Dodekatheon, cada uno representando a cada dios. Athena se dio cuenta tardíamente que habían dos puestos vacíos. Sintió crecer el nudo en su estómago.

 

Padre, he traído la daga dorada, aquí hay aún residuos de las almas de mis caballeros de oro. dice. ¿Cuándo procedemos?

 

Fue silencio lo que recibió. Athena estaba preparada para eso, por lo que mantuvo su mirada fija en Zeus, que se encuentra sentado en su trono. El hombre miró a su hija unos segundos, antes de suspirar. Hay murmullos, pero nadie se atreve a decir algo en voz alta. Hera, que está sentada a su lado, aprieta los puños, pero no muestra ninguna emoción.

 

¡¿Cómo te atreves a aparecer y apurar a todos cuando fuiste tú la causante de este desastre?! una voz femenina interrumpe. Perséfone se levanta de su asiento, que estaba cerca al que pertenecía a Hades. ¿Se te ha olvidado que el problema inició por iniciar una guerra contra Hades?

 

Athena la miró, tratando de mantener la serenidad, pero lo cierto es que en ese último año, el estrés la ha consumido, mantener el mundo a salvo había agotado todas sus energías; el cansancio físico y emocional era evidente.

 

Silencio. sentenció Zeus. Todo ya fue arreglado, Hades ha decidido ayudar en esta ocasión y cumplir con su papel de traer al mundo a los santos de Athena que han perecido en la guerra, además de quitar la maldición del santo de Pegaso. Ahora más que nunca, necesitamos ser aliados en vez de enemigos.

 

Perséfone no dijo nada, pero la ira era evidente. Los otros dioses también se sintieron indignados, pero nadie se atrevió a replicar las órdenes de Zeus. El silencio volvió a formarse, esta vez era incómodo y pesado. Athena cerró sus ojos unos segundos y sólo pensó que faltaba poco para que esta pesadilla terminase.

 

La puerta nuevamente se abre y dos figuras entran. Athena no necesita girar para saber quienes son, por lo que espera de pie hasta que las dos deidades estén a su altura. Nuevamente, los murmullos se escuchan, esta vez dirigidos hacia el hombre de piel pálida y ojos puros. Hades casi nunca hacía acto de presencia en el Olimpo, por lo que verlo causó tanta conmoción, además de sorpresa porque aún seguía vivo. Athena vio de reojo la figura de su tío y no pudo evitar apretar los labios.

 

No quedaba nada del majestuoso Hades, ahora, con la túnica negra cubriendo su delgado cuerpo, se podía ver algo enfermizo. Había evidentes ojeras y sus muñecas se veían más delgadas. Además su piel se veía más pálida de lo usual, dándole un tono cadavérico. Cuando su padre le dijo que lo traería de regreso, no esperó ese desenlace.

 

No tengo ganas de revivir a los santos que destruyeron el Inframundo ni a mis espectros menciona en un susurro, sin mirarla, pero, Zeus está tan desesperado que ha caído en esto. Athena, te dije que los dioses ni los humanos ganarían. Nada garantiza que ahora que he regresado, tendremos una ventaja para ganar al destino.

Hades extiende su mano y Athena le entrega su daga. Poseidón que se ha mantenido en silencio, coloca la palma en la espalda de Hades, transmitiéndole la energía limitada. Debido a que el Inframundo fue destruido, las almas de los muertos, tanto los que estaban en los Campos Elíseos como en los círculos infernales, se habían dispersado, nadie más que él podría encontrarlos. Sin embargo, sus poderes actuales son débiles, y tomaría mucho tiempo volver a recuperarlos y reconstruir su territorio.

 

Hades cierra sus ojos y pronto, catorce luces salen de la daga. El brillo dorado es fuerte, lo suficiente para cegar a los presentes.

 

Almas perdidas que vagan en la eternidad, regresen a mí, su protector, aún tienen una misión que cumplir.

 

Las luces se separan, tomando una distancia prudente y luego caen al suelo formando charcos dorados. El lugar se vuelve frío por un instante, hasta que lentamente la calidez lo envuelve. Catorce hombres salen del agua dorada, con su cosmos ardiendo.

 

¡Traigan túnicas para los humanos! la voz de Hermes se escucha.

 

Las musas se apresuran a obedecer. Hades por su parte suspira.

 

Ahora todo depende de ti, Athena.

 

Athena asiente rígidamente, y solo espera que ahora todo vuelva a la normalidad.

Comentarios

  1. MUY BUENA HISTORIA, YA QUIERO LEER ALGO MAS DE ELLA

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    1. Gracias, me alegro que te haya gustado, tratare de actualizar mas seguido

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  2. hola de nuevo
    me di cuenta que la modificaste, pero bueno aun asi me encanto el trama y estos tres capitulos por favor no la dejes inconclusa

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    1. Gracias me aleegra que te gustara.
      Lo actualizare lo mas rapido que pueda.
      Saludos

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  3. Respuestas
    1. Gracias Virgiine :D me alegra que te haya gustado, tu blog es igual excelente!!! :D

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