Cuidando a Regulus (El Cid/Regulus)
Cuidando
a Regulus
Temas: Lemon, Romance, Shounen ai
Personajes: Regulus (Leo LC), El Cid (Capricornio LC)
Parejas: El Cid/Regulus
Advertencia: Si no te gusta el shounen ai (chico x chico) no leas~
Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Masami Kurumada y Shiori
Teshirogi.
NOTA: Un
fic extraño de la pareja de CapricornioxLeo de The Lost Canvas. Si ya se
Regulus es un niño, pero eso se me ocurrió en un momento de clases de
matemática xD, menos mal que la profesora no me atrapo u.uU
ACLARACIONES:
Este fic se ubica antes de la guerra con Hades.
Regulus debe tener 12 años
Cuidando
a Regulus
El atardecer ya se hacía presente, el sol dejaba
ver sus últimos rayos solares, dejando un hermoso cielo estrellado, en donde
resaltaba la constelación de Leo, ya había terminado el entrenamiento, en donde
un joven aprendiz a Leo se dirigía junto a su nuevo “maestro” a su casa
zodiacal. Desde hace unas semanas atrás el caballero de Capricornio, El Cid,
había sido encargado del cuidado del sobrino de su mejor amigo, Regulus.
El joven era un muchacho alegre y curioso, como
cualquier niño de su edad, Sísifo de Sagitario, le pidió que vigilara el
rendimiento de su joven aprendiz y sobrino, ya que según él, aun le faltaba
disciplina en algunos movimientos. Al principio el de capricornio se negaba, ya
que no quería distraerse en su propio entrenamiento, pero al final accedió.
Al comienzo tanto Regulus como El Cid no sabían cómo
tratarse, el capricorniano lo conocía desde que vino al santuario pero jamás
hablo con él al menos que sea un saludo, pero poco a poco, al pasar de los
días, se llevaron bien, incluso el mayor le permitía dormir en su templo, algo
que sorprendía a muchos caballeros, ya que se conocía la actitud fría y
distante del décimo custodio.
Regulus se encontraba caminando tranquilamente,
por cada casa zodiacal, encendiendo su cosmos para poder pasar en cada casa,
como decía el protocolo. Iba a paso lento, absorto en sus pensamientos. Desde
hace algunas semanas, se sentía extraño a lado de El Cid, algo que jamás había
sucedido, ni cuando su tío Sísifo estaba con él. Cada vez que lo veía sentía
que su estómago le empezaba a hacer cosquillas, que sus mejillas le ardieran y
sus manos le sudaran.
Era una extraña sensación que jamás había
sentido, en su corta vida, parpadeo un par de veces cuando sintió una gota que
caía en la punta de su nariz, miro a su alrededor y se dio cuenta que ya estaba
en la entrada de la décima casa, se quedó parado, debatiéndose entre entrar o
salir corriendo, su corazón empezó a latirle más fuerte, pareciera como si
quisiera salírsele, y él no podía hacer nada, iba a darse media vuelta hasta
que sintió que una suave tela caía en su cabeza, protegiéndolo del frio, giro
su rostro y lo vio, El Cid. El hombre se encontraba parado detrás de él con una
mirada seria, lo vio y su rostro cambio repentinamente a una más dulce, el
menor sintió como sus mejillas empezaron a arder y su corazón latir con fuerza.
El Cid al notar aquellas pálidas mejillas colorearse puso una mano en su
frente, verificando si se empezaba a enfermar o no. Regulus al sentir el leve
contacto se estremeció y empezó a temblar del nerviosismo.
—Deberíamos pasar —dijo murmurando el mayor, le
toco la cabeza y se encamino hacia adentro del templo seguido por Regulus, que
al escuchar los pasos del mayor despertó de sus pensamientos.
Lo que no sabía el pequeño Regulus era que El
Cid también tenía las mismas sensaciones que él, cuando lo veía. Pero en el
caso del mayor le perturbaba, ya que Regulus era apenas un niño, un preadolescente,
que recién empezaba a crecer y vivir la vida al máximo. Él hace tiempo se había
dado cuenta de sus sentimientos hacia Sísifo, era por ese motivo que accedió a
ayudar a su mejor amigo, pero desde que se fue y le dejo el cuidado del menor
las cosas cambiaron, prueba de ello eran las constantes sonrisas que le
regalaba al menor, cada vez que lo veía. Esas sensaciones le hacían sentirse
bien, feliz y excitado ¿excitado? Tal vez, Regulus empezaba a crecer, se había
puesto más alto desde que estuvo a su cuidado, el cuerpo del menor empezaba a
tener más músculos, y eso le empezaba a volver loco, prueba de ello eran los
pensamiento pecaminosos que tenía hacia Regulus. ¡Y que pensamientos! El mocoso
estaba delicioso, ese cuerpo, esos carnosos labios y ese…
— ¿El Cid? —una suave voz lo hizo
despertar de sus pensamientos, miro hacia al frente y encontró a Regulus aun
mojado que lo miraba curiosamente.
— ¿Qué? —pregunto, trataba de no
sonrojarse, pero no podía evitarlo, la ropa de entrenamiento de Regulus estaba
tan pegada a su cuerpo que se podía apreciar su esbelta figura.
— ¿Por qué estas rojo? —pregunto con inocencia el
menor, el mayor no lo pudo aguantar más, con paso apresurado se fue al baño,
Regulus no entendía nada ¿Qué le habrá pasado a El Cid para haber actuado así?
Luego de unos minutos apareció, pero ya no llevaba puesta su armadura, en su
mano llevaba una toalla y se la puso en la cabeza.
El menor se secó lo más rápido que puso, un
pequeño rugido de su estómago le hizo sonrojar apenado, el capricorniano sonrió
y fue a preparar la cena.
Ambos cenaron en silencio, de vez en cuando el
menor miraba de reojo al mayor y este último hacia lo mismo. Una vez terminada
la cena ambos se disponían a irse a dormir, hasta que recordaron un pequeño
detalle, Regulus no tenía ropa lista en la habitación de huéspedes. El Cid se
sonrojo solo al pensar que dormiría desnudo, varias imágenes se le pasaron en
su cabeza, pero reacciono y sacudió la cabeza para intentar borrar aquellos
pensamientos no aptos para un santo de Atena. Busco entre sus pertenencias una
playera para Regulus, cuando la encontró se la entrego, en unos minutos ya
estaba listo, le quedaba un poco grande, recordaba que esa playera la tenía
desde que era un niño, el largo era hasta unos centímetros más debajo de sus
muslos.
Ambos se quedaron mirando sin decir nada hasta
que en un impulso El Cid se acercó al menor y lo levanto y le planto un beso,
Regulus abrió sus ojos sorprendido, ¿El Cid lo besaba? Rodeo con sus brazos el
cuello del mayor. Luego de unos segundos se separaron por falta de aire.
El décimo guardián noto el leve sonrojo del
menor y le acaricio la mejilla, lo recostó en la cama arropándolo hasta que
sintió que lo sujetaban de la muñeca, giro y sintió que lo jalaban, cayendo
encima del menor que aprovechando que estaba demasiado cerca empezó a besar al
mayor.
El Cid correspondía a cada caricia que le
regalaba el menor, primero el beso fue suave y tímido paran luego volverse
apasionado y ardiente, el mayor dejo los labios sonrosados del menor y ataco el
pequeño cuello, empezó a dar pequeños besos húmedos, haciendo vibrar al menor
con cada caricia regalada, para luego empezar a succionar, morder y lamer la
suave piel bronceada, Regulus acariciaba torpemente el cuerpo del mayor, al
notar la inexperiencia de Regulus, El Cid lo ayudo, le quito la enorme playera
dejándolo completamente desnudo, sus ojos se ensombrecieron dejando ver
lujuria; como si su vida dependiera de ello, se empezó a desvestir hasta quedar
también desnudo, el menor contemplo cada rincón del cuerpo del mayor y empezó a
toquetearlo hasta que sus manos se chocaron con el enorme y erecto miembro del
capricorniano, dejándolo asombrado, escucho gemir al mayor, entonces volvió a
tocar esa piel sensible que hacía que de sus labios salieran una melodía
excitante para Regulus. El Cid no aguanto más, las caricias que le daba el
menor era demasiado; metió un dedo en esa pequeña cavidad virgen, Regulus al
sentirla empezó a gemir de dolor, el capricorniano le daba pequeños besos en
los labios distrayéndolo mientras metía el segundo dedo y el tercero. Empezó a
moverlos despacio para acostumbrarlo. Una vez dilatado los saco y empezó a
meter su miembro. Apenas sintió la punta entrando, Regulus empezó a gemir,
cuando entro completamente, El Cid se quedó estático esperando a que el menor
se acostumbrara, el joven Regulus empezó a mover las caderas y entonces el de
capricornio empezó a moverse.
Se movía despacio, al principio el menor gemía
de dolor, pero poco a poco empezó a gemir de placer, se aferraba a la espalda
blanca del mayor arándolo, mientras el mayor agarraba firme la estrecha figura
del menor.
—Regulus eres… demasiado…
estrecho” —gemía El Cid.
—Cid… mas… aahh… ahh… fuerte —pedía Regulus
Obedeciendo al menor, El Cid embestía cada vez
más fuerte, llegando ambos al clímax. El Cid estiro su cabeza para atrás
mientras decía el nombre de Regulus, mientras el menor se aferraba a él
diciendo su nombre. El mayor salió y se acostó a su lado apoyando su cabeza en
el pecho del menor. Tratando de recuperar el aire.
—Te amo —susurro Regulus, quedándose
dormido, dejando a un muy sorprendido Cid. Lo aferro a su cuerpo, como si se
fuera a escapar, y le acaricio la cabeza.
—También te amo —susurro, le dio un beso en la
cabeza y se quedó dormido.
FIN
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