Volver a Amar [Cap铆tulo 03]
Volver a Amar
Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categor铆a: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
G茅nero: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Milo y Camus eran la pareja m谩s s贸lida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traici贸n, el resentimiento y el orgullo ser谩n los obst谩culos m谩s dif铆ciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus)
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III.- Sed de venganza
La venganza no
era algo bueno. Sobre todo si los sentimientos estaban de por medio.
Camus sab铆a que
quiz谩s hab铆a ido demasiado lejos, pero ¿Qui茅n podr铆a culparlo? Estaba dejando
que las emociones lo guiaran.
Camus suspir贸, mentalmente
exhausto cuando el silencio se prolong贸 en la sala. Le hab铆a costado decirlo,
pero no se arrepent铆a de nada. Milo necesitaba saber lo que sinti贸 cada vez que
lo ve铆a con Hyoga. Hab铆a pensado cuidadosamente todo, desde la actitud que
tomar铆a Milo, hasta las caras que ped铆an explicaciones de sus compa帽eros, m谩s
espec铆fico, Shura y Afrodita, que no daban cr茅dito a lo que hab铆an escuchado.
—Vaya... eso fue
inesperado —rompi贸 el tenso silencio Kanon. Si bien el gemelo menor, no era un
gran fan de meterse en la vida sentimental de sus compa帽eros, sab铆a lo inc贸modo
que deb铆a sentirse ser ahora Milo o Camus— S贸lo debo decir... felicidades Camus
—sonri贸 dubitativo.
Los dem谩s
empezaron a felicitar, imitando a Kanon, todos excepto Shaka, quien s贸lo se dedicaba
a fruncir el ce帽o, Milo, dio media vuelta, seguido de Saga. Dohko por otro lado no
lograba entender nada, e Hyoga, s贸lo se hab铆a quedado quieto, sin emitir sonido
alguno.
¿Qu茅 hab铆a
pasado?
El ruso recarg贸
su frente en la palma de su mano, tom谩ndose un breve momento. Respir贸 hondo.
Las cosas estaban descontrol谩ndose, nada de lo que estaba planeando hab铆a
salido como quer铆a. 脡l necesitaba pensar, no deb铆a molestarle el hecho que Shun
y su maestro estuvieran juntos... ¿verdad?
Al instante se
maldijo mentalmente por haber empezado a sentir los molestos celos. Shun era su
amigo, Camus su maestro. El verdadero hombre que amaba era Milo, y s贸lo a 茅l
deb铆a ser fiel.
Sin importar que
se viera fuera de lugar, empez贸 a descender las casas corriendo, antes de saber
que no soportar铆a ver aquella felicidad que 茅l no pod铆a tener a煤n.
—S贸lo importa
Milo... s贸lo 茅l... —pens贸 Hyoga, tratando in煤tilmente de tranquilizar su
agitado coraz贸n.
Pero Hyoga no
lograba entender que las relaciones no se fuerzan, y todo lo que das, se
devuelve.
---
— ¡Eso fue
maleducado! —el grito de Shion se dej贸 escuchar cuando los dem谩s caballeros
dorados y sus aprendices salieron de su templo. Dohko, quien estaba sentado en
el sill贸n individual de su sala, s贸lo desviaba la mirada.
—Eso fue una
ni帽er铆a por parte de Camus.
Shion enrojeci贸.
Estaba molesto... no, estaba furioso.
—Como uno de los
santos veteranos, debiste felicitarlos. Quiz谩s Acuario ya no ama m谩s a Escorpio
¿qu茅 tan descabellado es eso?
—Por el simple hecho:
no es sincero. Ninguno lo es. Ya sabes que Milo...
—Basta —cort贸,
sintiendo como el dolor en su sien se hac铆a fuerte— Dohko, nosotros no podemos
intervenir en los sentimientos ni decisiones de ellos, ya deber铆as dejar esa
idea de ser el cupido de medio santuario.
—No lo soy —se
defendi贸 el chino, mostr谩ndose ofendido por su amigo— Y t煤 deber铆as dejar de
ser indiferente a todos. Ellos no s贸lo son mis compa帽eros, son amigos m铆os.
—Somos sus
superiores, ¡el ejemplo! —Inquiri贸 Shion ya harto de la situaci贸n—. No te
quiero ver cerca de Escorpio a menos que sea en veinte metros. Deja que
arreglen sus diferencias.
Dohko no estaba
contento con la decisi贸n de Shion. Tomando su capa, la coloc贸 sobre su armadura
y sali贸 sin dirigir palabra alguna.
La decisi贸n
estaba tomada.
---
—No —fue la
escueta respuesta de Radamanthys. Ikki frunci贸 el ce帽o con molestia pero no
respondi贸, no caer铆a de nuevo—. Deja que se equivoque, al final sabe lo que
hace.
—Precisamente
porque no sabe lo que est谩 haciendo, debo intervenir —la testarudez de Ikki era
impresionante y a la vez irritante.
—No pienso
moverme... ¿Lo sabes, cierto?
Cuando los tres
dioses salieron rumbo al Olimpo, el caos empez贸. Sin la supervisi贸n de las
cabezas, ninguno de los soldados era capaz de moderar sus sentimientos, tantos
negativos, como positivos.
Radamanthys era
el encargado de los espectros, Sorrento de los generales marinas e Ikki de los
santos de bronce, eso sin contar a la supervisi贸n de Shion en general.
Obligatoriamente deb铆an llevarse bien, sobre todo si necesitaban ponerse de
acuerdo de las obligaciones y funciones que cada uno pose铆a mientras sus dioses
no estaban.
—Es mi hermano, y
yo decido cuando actuar. —sentenci贸 Ikki.
La atm贸sfera
empez贸 a cambiar. Ambos hombres, orgullosos y testarudos, no aceptar铆an la
derrota con facilidad.
—Basta, c谩lmense
los dos —dijo Kanon, coloc谩ndose entre ambos, mir谩ndolos con molestia.
Kanon era uno de
los pocos hombres que hab铆an logrado tranquilizar a Radamanthys y a Ikki,
quiz谩s porque hab铆a peleado contra ambos en el pasado, gan谩ndose el respeto o
porque su paciencia con Saga, que lo ven铆a acosando desde hace un tiempo, era
milagrosa.
El menor desvi贸
la mirada, harto de una situaci贸n, que a su parecer, era infantil. Mientras que
Radamanthys s贸lo pudo suspirar con pesar. Estar rodeado de ni帽os no era
precisamente algo que llamara su atenci贸n.
—脡l empez贸 —acus贸
Ikki. Kanon quien no hab铆a dejado de mirar a ambos hombres con molestia, relaj贸
su ce帽o y se permiti贸 suspirar. Pensando con seriedad que la ida al cine con
los dem谩s generales marinos no era del todo mala.
—No empieces
f茅nix.
— ¿Acaso no
puedes contra las palabras de un ni帽o?
Aquello pareci贸
m谩s una insinuaci贸n que una verdadera pelea. Kanon de pronto empez贸 a sentirse
inc贸modo, como si hiciera el mal tercio. Carraspe贸 para hacerse notar, y cuando
lo hizo, dese贸 no hacerlo.
—Ya que se
calmaron... —evit贸 sentirse "intimidado" con las miradas de ambos
¡Diablos! Ahora m谩s se arrepent铆a de no haber aceptado salir—. Ikki, exactamente
¿qu茅 planea Camus con Shun?
Ikki agrand贸 sus
ojos de pronto. Como si hubiera recordado porqu茅 estaba peleando con
Radamanthys en primer lugar. Gir贸 para encarar al uniceja que s贸lo buf贸,
inc贸modo por volver al comienzo.
—No empieces.
Kanon no pudo
evitar dejar que una exclamaci贸n de sorpresa saliera de sus labios cuando el
ingl茅s se llev贸 arrastrando a Ikki, como si se tratara de cualquier chiquillo
que deb铆a controlar.
---
— ¿Crees que a
Shaka le guste? —Aioria no dejaba de hablar, eso pensaba Milo que caminaba a su
lado con cara de aburrimiento— Aunque... quiz谩s deber铆a leer m谩s acerca de su
cultura ¿no crees?
—S铆...
—Pero... ¿c贸mo
podr铆a averiguar que le gusta sin que sospeche?
—No lo s茅.
—Eres aburrido.
—Lo... ¡Oye!
—No me est谩s
escuchando —el suspiro de Aioria lo hizo sentir culpable. Su mente no estaba en
ese momento bien. El recuerdo de Camus anunciando su compromiso lo hac铆a sentir
mal, culpable. Pero a la vez... molesto.
Entend铆a que
hab铆a da帽ado a Camus, pero ¿comprometerse con Shun? Eso era caer demasiado
bajo. Respir贸 hondo. Se permiti贸 fruncir el ce帽o, dejando que la incomodidad
que le produc铆a el recuerdo de ambos se disipara; quer铆a que todo acabara para
poder dejar de pensar en el dolor que le produc铆a ver a Camus ahora, feliz con
alguien que no era 茅l.
—Lo siento
Aioria... necesito estar solo.
Aioria lo mir贸
dubitativo, esperando que Milo no cometiera ninguna locura. La voz de Aioros lo
distrajo, sab铆a que con su hermano ten铆a una charla pendiente, y aunque quiso
retrasarlo, sab铆a que tarde o temprano deb铆an aclarar algunos asuntos, sobre
todo, por su amistad con Shura.
—Bien... pero
cualquier cosa estoy aqu铆 —dud贸 por unos segundos, pero luego se anim贸 a
colocar una mano en su hombro, otorg谩ndole su apoyo fraternal— S茅 que podr谩s
superar esta prueba, lo que hizo Camus... s茅 que no quieres recordarlo, pero
sabes que al final
todos te estamos apoyando.
Cuando Milo quiso
hablar fue demasiado tarde. S贸lo pudo observar como la figura de Aioria
desaparec铆a entre los 谩rboles, quiz谩s dirigi茅ndose hacia el Coliseo.
Milo se qued贸 en
medio del bosque, oculto en las sombras de los 谩rboles que lo rodeaban. No pudo
evitar soltar el aire que hab铆a estado reteniendo entre los dientes. Hab铆a
llegado a pensar que quiz谩s la decisi贸n de Camus era lo mejor. Un tiempo,
alejados.
Pero Camus lo
hab铆a olvidado.
No. Su antiguo
amante s贸lo estaba con Shun por despecho.
Crey贸 que podr铆a
seguir adelante, pero se sent铆a tan d茅bil, tan miserable. Se sent铆a... 茅l.
—S贸lo necesito un
poco de tiempo —dijo, acentuando el gesto al reconocer el cosmo del hombre que
se acercaba hacia 茅l. Gir贸 su cuerpo para encararlo, observando con cautela a
Camus—. Parece que el caballero de los hielos necesita algo.
Silencio.
Camus lo miraba
con su g茅lida mirada, tan caracter铆stica de 茅l. Parec铆a determinado a algo,
s贸lo que esta vez, Milo no era capaz de ver a trav茅s de 茅l.
Observ贸 c贸mo
Camus se acercaba, posando una de sus fr铆as manos sobre su mejilla, mientras
que sus ojos se volv铆an a conectar de una manera hipnotizante. Una r谩faga de
viento elev贸 las peque帽as hojas del c茅sped. Y fue cuando el roce, tan delicado
y suave, se sinti贸 sobre sus labios. El beso de Camus transmit铆a ternura, pero
a la vez... era doloroso.
Quemaba.
Una l谩grima rod贸
por su mejilla, sin poder evitar estrechar entre sus brazos a su antiguo
amante. Milo comenz贸 a sentir las primeras sensaciones en su cuerpo, como las
manos de Camus que recorr铆an con sutileza la piel de los brazos de Milo, un
toque c谩lido, casi tierno.
Los recuerdos de
la primera vez fue lo que se le vino a la mente. Las manos de Camus que silenciosas tocaban cada
cent铆metro de su cuerpo, y su lengua, que recorr铆a su cavidad bucal.
Todo era
perfecto, demasiado.
...hasta que
record贸 porque se hab铆an distanciado.
Separ贸 a Camus
con brusquedad, lo mir贸 con el ce帽o fruncido.
— ¡¿Qu茅 crees que
haces?! —Dijo, acentuando el gesto cuando lo vio acercarse, otra vez—. ¿Qu茅
planeas haciendo esto Camus? —bram贸, alz贸 su mano derecha, donde la aguja escarlata
estaba lista para atacar.
Pero en ning煤n
momento Camus se detuvo.
Una r谩faga de
viento m谩s fuerte y helada lo impuls贸 hacia atr谩s, quedando atrapado por una
fina escarcha de hielo. Observ贸 a Camus impresionado por el nivel de fuerza y
volvi贸 a hablar:
—No soy un
juguete Camus... no pienso rogarte perd贸n, no despu茅s de... —se interrumpi贸,
sintiendo el nudo cerrar su garganta—...no despu茅s de saber que est谩s
comprometido con Shun —escupi贸 las palabras.
Camus, tan fr铆o
como siempre, se acerc贸 a darle otro beso, uno m谩s necesitado, m谩s desesperado
que el anterior.
— ¿Qu茅 quieres de
m铆? —Pregunt贸 sintiendo como sus fuerzas cesaban, el hielo empez贸 a desaparecer
y cay贸 a los brazos del aguador— ¿Qu茅 esperas de m铆?
Camus acun贸 su
rostro entre sus manos y Milo quiso saber qu茅 pasaba por su mente.
Sin percatarse
del momento, ya estaban bes谩ndose, mim谩ndose. Siendo… ellos.
No importaba la
ropa sobre sus pieles, sus manos vagaban en busca del c谩lido roce, salvaje y
conocido que tanto amaban. No les import贸 que la ropa de ambos desapareciera en
un arranque de desesperaci贸n, ni que el cuerpo de Milo se deslizara a trav茅s
del tronco, lastimando su espalda por las astillas. Las piedras se clavaban
como agujas hiriendo su piel, las ramas secas y muertas de los arbustos sobre
su pelo eran ignoradas, el tiempo perdido, las dudas y el dolor iban
impregnadas en cada beso, buscando saciar la necesidad de amor y contacto que
era negado por su orgullo.
Camus fue m谩s
osado, sus labios bajaron por la piel expuesta, el cuello, el pecho, el
vientre, deteni茅ndose cuando lleg贸 a la elasticidad de la ropa interior.
Observ贸 a Milo, que ya ten铆a los ojos dilatados por el placer y sin poder
moverse. El hielo empez贸 a derretirse por el calor. Dejando a Camus s贸lo unos minutos
antes de que las manos griegas recorrieran su cuerpo.
—Milo —susurr贸.
No quer铆a fingir,
s贸lo exist铆an ambos.
Camus quiso hacer
todo. Tocar, besar, oler, sin apartar la mirada de los turquesas de Milo. Reprimi贸 el ronco gemido, cuando el hielo por
fin desapareci贸 y su cuerpo se llen贸 de caricias. Se situ贸 sobre sus caderas,
volviendo a detener las acciones de Milo con el hielo que form贸 sobre sus
mu帽ecas, solt贸 un gru帽ido desesperado.
No hab铆a dudas,
Camus tom贸 el falo ya endurecido, sac谩ndolo de entre la ropa interior y empez贸
a empalmarlo. Arriba y abajo, de derecha a izquierda. No hab铆a lugar que su
lengua no haya tocado. Observando la desesperaci贸n de Milo, empez贸 a auto
penetrarse. Sintiendo el escozor en su entrada no preparada, ser abierta sin
piedad.
Dolor, quer铆a
sentir s贸lo eso.
Esboz贸 una
sonrisa, peque帽a y casi tensa. Con los ojos cerrados y las manos apoyadas en el
torso de Milo, empez贸 a subir y bajar, emitiendo los primeros gemidos
placenteros.
Ahora eran uno.
Le pertenec铆a, al igual que Milo a 茅l.
Sinti贸 las manos
de Milo tomar sus caderas y por diez segundos, sus miradas volvieron a
conectarse, reprimiendo las ganas de llorar se acerc贸 para volver a degustar
sus labios, sintiendo las embestidas golpear su trasero. No le import贸 si sus
gemidos y gru帽idos se llegaban a escuchar, o si en cualquier momento llegara
alguno de sus compa帽eros. Sintiendo el calor de Milo era suficiente para Camus.
Las embestidas,
antes fuertes fueron disminuyendo, cambiando de posici贸n, quedando Camus debajo
del cuerpo griego. Entrelazando los brazos sobre el cuello de Milo, dio un
ligero movimiento de caderas, para reanudar el ritmo anterior y seguir
disfrutando de aquellos momentos llenos de paz.
El cl铆max se
acercaba, las embestidas, cada vez m谩s profundas, m谩s certeras, sus cuerpos
cubiertos por la leve capa de sudor y sus alientos chocando entre s铆. Sabiendo
lo que ven铆a, su interior se contrajo, d谩ndole la bienvenida al caliente semen.
Llen谩ndolo.
Su cuerpo se
arque贸, sintiendo por primera vez lo delicioso que era ser llenado. Quiso
permanecer con los ojos abiertos, queriendo ver como tantas veces el rostro de
Milo llegando a su l铆mite, pero nunca los abri贸. En cambio, dej贸 que las
sensaciones de su cuerpo, y el abrasador sentimiento lo invadieran.
—Camus —dijo Milo
luego de diez minutos en silencio. Ambos ya hab铆an normalizado sus
respiraciones, y Camus autom谩ticamente lo hab铆a abrazado, queriendo que Milo
escuchara el palpitar de su coraz贸n.
—No digas nada
—dijo, su voz sali贸 vac铆a, dolorosa—. S贸lo no lo digas.
—No es correcto
—Milo quiso liberarse, encarar a Camus, pero el franc茅s no lo permit铆a, en un
arrebato, Milo logr贸 alzarse, observando.
Llanto. Camus
lloraba en silencio.
— ¿Es lo que
quieres ver? —pregunt贸 Camus con molestia. Milo no dijo nada—. Estoy as铆 por
ti.
—Camus…
—No —se levant贸
como pudo, colocando sus prendas con rapidez. Gir贸 cuando su torso fue cubierto
y observ贸 a Milo desde arriba—. Con esto he comprobado lo d茅bil que eres. La
carne siempre llamar谩 Milo, y s茅 que… yo s贸lo significo eso.
— ¿De qu茅 hablas?
—no entend铆a nada. Camus sonri贸 con tristeza por su respuesta ¿era una prueba?
—Fue un placer
este breve momento de diversi贸n Milo —ninguno se atrevi贸 a apartar la mirada,
fue cuando las palabras de Camus, las m谩s fr铆as y llenas de rencor se
escucharon—: Me alegra nunca m谩s repetirlo.
Milo pude sentir
como arrancaban lo 煤ltimo que ten铆a de esperanza. En aquella fe que se hab铆a
aferrado con tanta ilusi贸n.
Su mundo se
rompi贸, llenando su coraz贸n de odio.
---
Shura observ贸 a
Camus, quien no pudo m谩s que carraspear por la incomodidad del momento. Camus
se acomod贸 el traje de entrenamiento, que estaba mal puesto, y trat贸 de fingir
que nada pasaba. Pein贸 con sus dedos algunos de los largos mechones y empez贸 a
caminar, como si nada hubiera pasado.
Pero Shura no era
de los que se quedaban callados.
Camus sab铆a lo
que pasaba por la mente del mayor, y no pod铆a culparlo si le llegaba a pegar.
Milo era muy querido por los dorados, m谩s de lo que le hubiera gustado. Hab铆a
llegado a tener tiempo de convivir con cada uno de los sobrevivientes, algo que
en aquellos trece a帽os ninguno pudo. Con Shura, la relaci贸n era fraterna, era
quien se encargaba de vigilarlos en las largas ausencias de sus maestros, era
el hombre que viv铆a una casa m谩s abajo y con qui茅n luch贸 en dos ocasiones; como
aliado y enemigo.
No era sutil, no
intentaba fingir demencia.
Shura hab铆a
tomado del brazo a Camus, azotando la espalda del franc茅s contra el 谩rbol y
mostrando a trav茅s de sus ojos la ira que se conten铆a.
— ¿Por qu茅 lo
hiciste?
Pero Camus no
ten铆a una respuesta. ¿Por qu茅 lo hizo? ¿Realmente val铆a haber humillado a Milo
por venganza? ¿Pod铆a haber cambiado algo s贸lo con hablar? Nunca lo llegar铆a a
descubrir.
—No te pienso
volver a preguntar Camus.
Camus, as铆 lo
llamaba Shura. No era Acuario, no era franc茅s. A pesar de la fr铆a apariencia,
del estricto hombre al que se hab铆a obligado ser. Shura era el 煤nico que pod铆a
llegar a enfrentarlo, a la fuerza si era necesario, para que recapacitara. A
diferencia de Milo, que es un hombre guiado por sus sentimientos, Shura no
pod铆a perdonar con facilidad los errores.
—No lo s茅.
— ¿C贸mo no vas a
saber? —Pregunt贸, afianzando el agarre sobre sus brazos— ¡Es tu novio!
—Ex —corrigi贸,
logrando zafar el agarre— me felicitaste por mi compromiso con Shun, y ahora...
—Ah贸rratelo
—cort贸 Shura, acentuando el gesto— S茅 que todo es falso, tu relaci贸n, el
compromiso. Todo lo haces por Milo, quieres que entienda el dolor que te caus贸.
Pero t煤 mismo sabes que esto no es la soluci贸n. Este no es el Camus que yo he
llegado a conocer y con el que solemos tener largas conversaciones en la
biblioteca. Ahora, dime.
¿Qu茅 pod铆a decir?
Camus sent铆a el dolor de Milo. Lo quemaba. No pod铆a hacerle eso.
Pero entonces
recordaba sus palabras y todo volv铆a a hundirse.
—Olv铆dalo, pero
recuerda... mientras m谩s esperes en pedir perd贸n, m谩s lo alejas.
Shura nunca se
equivocaba cuando trataba de hacerlo entrar en raz贸n. Fingi贸 mantener la
compostura, el largo silencio, pero Shura no dijo nada m谩s. Pensando que
volver铆an a pelear, s贸lo pudo ver como daba media vuelta.
Y se fue.
---
La explosi贸n en
el coliseo, fue gigantesco.
El cosmo
contenido de Kanon, agitado, furioso, no pod铆a pasar desapercibido. Shura dej贸 el mal
humor por los quince segundos que siguieron y se encamin贸 hacia las gradas de
rocas. Situ谩ndose en la distancia suficiente para ver como Kanon vociferaba una
maldici贸n y se iba corriendo, a un lugar, que estaba seguro, ni Aioros ni Saga
le seguir铆an.
—Esto lo ve铆a
venir —susurr贸 Shura, manteniendo sus ojos a煤n fijos sobre Saga y Aioros,
quienes estaban tirados sobre los cimientos de una columna destrozada.
—Es de esperarse
— dijo Aioria, ten铆a en sus manos una botella de agua y una toalla—. Le dije a
mi hermano que dejara en paz a Kanon, pero insist铆a que Kanon era el indicado.
No s茅 si era por las hormonas, o el hecho de ver que todos crecimos y 茅l
permanezca como chiquillo lo que lo anim贸 a ser persistente —Shura solt贸 una suave
risa, sabiendo de antemano la actitud del arquero—. Por cierto Shura,
necesitaba hablar contigo de algo.
— ¿Qu茅 necesitas?
—Ver谩s... —el
jugueteo de manos del siempre confiado le贸n fue lo primero que llam贸 su
atenci贸n. Aioria alz贸 los ojos, con un brillo nunca antes visto—. Saldr茅 con
Shaka y yo... no s茅 qu茅 temas iniciar. Sabes que no soy bueno con las palabras
y...
Pero Shura ya no
escuchaba.
Lo 煤nico que su
mente pod铆a repetir era: Aioria, Shaka y cita.
No era una
noticia que le gustara, menos que emocionara. No obstante, se oblig贸 a sonre铆r,
sabiendo de antemano que Aioria ya se hab铆a percatado de su 谩nimo. Lo supo
cuando dej贸 de hablar, Shura s贸lo pudo forzar a煤n m谩s la sonrisa. Dici茅ndose
mentalmente que no deb铆a sentirse mal. Aioria no ten铆a la culpa, era solamente
suya por esperar.
—Estoy feliz por
ti.
Y eso fue todo lo
que pudo decir, cuando sinti贸 los brazos del griego rodear su cuerpo, y el
mundo entero caer sobre 茅l. Shura estaba perdido.
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