Volver a Amar | [CamusxMilo] | [03/?]

Volver a Amar

T铆tulo: Volver a Amar
Resumen: Luego de las batallas Milo pens贸 que su relaci贸n con Camus podr铆a volver a ser la misma de antes, pero no contaba con la aparici贸n de Hyoga y el secreto que por mucho tiempo hab铆a guardado, poniendo el riesgo de su relaci贸n. Camus por su parte, debe enfrentar las consecuencias de sus actos del pasado. Porque nadie dijo que amar ser铆a sencillo. 
Clasificaci贸n: NC-17 
Advertencias: Lemon —  Mpreg — Incesto 
Tipo: Romance — Angustia — Drama — Tragedia
Pareja Principal: Milo/Camus
Parejas secundarias: Camus/Shun, Milo/Hyoga, Saga/Kanon/Aioros, Shaka/Mu, Dohko/Shion, Shura/Aioria, otros.
Personajes: Camus, Milo, caballeros dorados, otros.

Autor: Nikiitah 
Traductor: -----
Beta: Rubi
Raz贸n: Ninguna, solo voy a decir que me encanta esta pareja 
Dedicatoria: A todos los que les gusta esta pareja :3
Comentarios adicionales: Este fic lo hab铆a hecho hace tiempo con el nombre de ¿A qui茅n Amo? pero luego de reeler todo el fic me di cuenta que el nombre no iba con la trama, adem谩s tuve que corregir varias cosas.
Estado: En proceso


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III.- Sed de venganza

La venganza no era algo bueno. Sobre todo si los sentimientos estaban de por medio.
Camus sab铆a que quiz谩s hab铆a ido demasiado lejos, pero ¿Qui茅n podr铆a culparlo? Estaba dejando que las emociones lo guiaran.

Camus suspir贸, mentalmente exhausto cuando el silencio se prolong贸 en la sala. Le hab铆a costado decirlo, pero no se arrepent铆a de nada. Milo necesitaba saber lo que sinti贸 cada vez que lo ve铆a con Hyoga. Hab铆a pensado cuidadosamente todo, desde la actitud que tomar铆a Milo, hasta las caras que ped铆an explicaciones de sus compa帽eros, m谩s espec铆fico, Shura y Afrodita, que no daban cr茅dito a lo que hab铆an escuchado.

—Vaya... eso fue inesperado —rompi贸 el tenso silencio Kanon. Si bien el gemelo menor, no era un gran fan de meterse en la vida sentimental de sus compa帽eros, sab铆a lo inc贸modo que deb铆a sentirse ser ahora Milo o Camus— S贸lo debo decir... felicidades Camus —sonri贸 dubitativo.

Los dem谩s empezaron a felicitar, imitando a Kanon, todos excepto Shaka, quien s贸lo se dedicaba a fruncir el ce帽o, Milo, dio media vuelta, seguido de Saga. Dohko por otro lado no lograba entender nada, e Hyoga, s贸lo se hab铆a quedado quieto, sin emitir sonido alguno.

¿Qu茅 hab铆a pasado?

El ruso recarg贸 su frente en la palma de su mano, tom谩ndose un breve momento. Respir贸 hondo. Las cosas estaban descontrol谩ndose, nada de lo que estaba planeando hab铆a salido como quer铆a. 脡l necesitaba pensar, no deb铆a molestarle el hecho que Shun y su maestro estuvieran juntos... ¿verdad?

Al instante se maldijo mentalmente por haber empezado a sentir los molestos celos. Shun era su amigo, Camus su maestro. El verdadero hombre que amaba era Milo, y s贸lo a 茅l deb铆a ser fiel.

Sin importar que se viera fuera de lugar, empez贸 a descender las casas corriendo, antes de saber que no soportar铆a ver aquella felicidad que 茅l no pod铆a tener a煤n.

—S贸lo importa Milo... s贸lo 茅l... —pens贸 Hyoga, tratando in煤tilmente de tranquilizar su agitado coraz贸n.

Pero Hyoga no lograba entender que las relaciones no se fuerzan, y todo lo que das, se devuelve.

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— ¡Eso fue maleducado! —el grito de Shion se dej贸 escuchar cuando los dem谩s caballeros dorados y sus aprendices salieron de su templo. Dohko, quien estaba sentado en el sill贸n individual de su sala, s贸lo desviaba la mirada.

—Eso fue una ni帽er铆a por parte de Camus.

Shion enrojeci贸. Estaba molesto... no, estaba furioso.

—Como uno de los santos veteranos, debiste felicitarlos. Quiz谩s Acuario ya no ama m谩s a Escorpio ¿qu茅 tan descabellado es eso?

—Por el simple hecho: no es sincero. Ninguno lo es. Ya sabes que Milo...

—Basta —cort贸, sintiendo como el dolor en su sien se hac铆a fuerte— Dohko, nosotros no podemos intervenir en los sentimientos ni decisiones de ellos, ya deber铆as dejar esa idea de ser el cupido de medio santuario.

—No lo soy —se defendi贸 el chino, mostr谩ndose ofendido por su amigo— Y t煤 deber铆as dejar de ser indiferente a todos. Ellos no s贸lo son mis compa帽eros, son amigos m铆os.

—Somos sus superiores, ¡el ejemplo! —Inquiri贸 Shion ya harto de la situaci贸n—. No te quiero ver cerca de Escorpio a menos que sea en veinte metros. Deja que arreglen sus diferencias.

Dohko no estaba contento con la decisi贸n de Shion. Tomando su capa, la coloc贸 sobre su armadura y sali贸 sin dirigir palabra alguna.

La decisi贸n estaba tomada.

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—No —fue la escueta respuesta de Radamanthys. Ikki frunci贸 el ce帽o con molestia pero no respondi贸, no caer铆a de nuevo—. Deja que se equivoque, al final sabe lo que hace.

—Precisamente porque no sabe lo que est谩 haciendo, debo intervenir —la testarudez de Ikki era impresionante y a la vez irritante.

—No pienso moverme... ¿Lo sabes, cierto?

Cuando los tres dioses salieron rumbo al Olimpo, el caos empez贸. Sin la supervisi贸n de las cabezas, ninguno de los soldados era capaz de moderar sus sentimientos, tantos negativos, como positivos.

Radamanthys era el encargado de los espectros, Sorrento de los generales marinas e Ikki de los santos de bronce, eso sin contar a la supervisi贸n de Shion en general. Obligatoriamente deb铆an llevarse bien, sobre todo si necesitaban ponerse de acuerdo de las obligaciones y funciones que cada uno pose铆a mientras sus dioses no estaban.

—Es mi hermano, y yo decido cuando actuar. —sentenci贸 Ikki.

La atm贸sfera empez贸 a cambiar. Ambos hombres, orgullosos y testarudos, no aceptar铆an la derrota con facilidad.

—Basta, c谩lmense los dos —dijo Kanon, coloc谩ndose entre ambos, mir谩ndolos con molestia.

Kanon era uno de los pocos hombres que hab铆an logrado tranquilizar a Radamanthys y a Ikki, quiz谩s porque hab铆a peleado contra ambos en el pasado, gan谩ndose el respeto o porque su paciencia con Saga, que lo ven铆a acosando desde hace un tiempo, era milagrosa.

El menor desvi贸 la mirada, harto de una situaci贸n, que a su parecer, era infantil. Mientras que Radamanthys s贸lo pudo suspirar con pesar. Estar rodeado de ni帽os no era precisamente algo que llamara su atenci贸n.

—脡l empez贸 —acus贸 Ikki. Kanon quien no hab铆a dejado de mirar a ambos hombres con molestia, relaj贸 su ce帽o y se permiti贸 suspirar. Pensando con seriedad que la ida al cine con los dem谩s generales marinos no era del todo mala.

—No empieces f茅nix.

— ¿Acaso no puedes contra las palabras de un ni帽o?

Aquello pareci贸 m谩s una insinuaci贸n que una verdadera pelea. Kanon de pronto empez贸 a sentirse inc贸modo, como si hiciera el mal tercio. Carraspe贸 para hacerse notar, y cuando lo hizo, dese贸 no hacerlo.

—Ya que se calmaron... —evit贸 sentirse "intimidado" con las miradas de ambos ¡Diablos! Ahora m谩s se arrepent铆a de no haber aceptado salir—. Ikki, exactamente ¿qu茅 planea Camus con Shun?

Ikki agrand贸 sus ojos de pronto. Como si hubiera recordado porqu茅 estaba peleando con Radamanthys en primer lugar. Gir贸 para encarar al uniceja que s贸lo buf贸, inc贸modo por volver al comienzo.

—No empieces.

Kanon no pudo evitar dejar que una exclamaci贸n de sorpresa saliera de sus labios cuando el ingl茅s se llev贸 arrastrando a Ikki, como si se tratara de cualquier chiquillo que deb铆a controlar.

---

— ¿Crees que a Shaka le guste? —Aioria no dejaba de hablar, eso pensaba Milo que caminaba a su lado con cara de aburrimiento— Aunque... quiz谩s deber铆a leer m谩s acerca de su cultura ¿no crees?

—S铆...

—Pero... ¿c贸mo podr铆a averiguar que le gusta sin que sospeche?

—No lo s茅.

—Eres aburrido.

—Lo... ¡Oye!

—No me est谩s escuchando —el suspiro de Aioria lo hizo sentir culpable. Su mente no estaba en ese momento bien. El recuerdo de Camus anunciando su compromiso lo hac铆a sentir mal, culpable. Pero a la vez... molesto.

Entend铆a que hab铆a da帽ado a Camus, pero ¿comprometerse con Shun? Eso era caer demasiado bajo. Respir贸 hondo. Se permiti贸 fruncir el ce帽o, dejando que la incomodidad que le produc铆a el recuerdo de ambos se disipara; quer铆a que todo acabara para poder dejar de pensar en el dolor que le produc铆a ver a Camus ahora, feliz con alguien que no era 茅l.

—Lo siento Aioria... necesito estar solo.

Aioria lo mir贸 dubitativo, esperando que Milo no cometiera ninguna locura. La voz de Aioros lo distrajo, sab铆a que con su hermano ten铆a una charla pendiente, y aunque quiso retrasarlo, sab铆a que tarde o temprano deb铆an aclarar algunos asuntos, sobre todo, por su amistad con Shura.

—Bien... pero cualquier cosa estoy aqu铆 —dud贸 por unos segundos, pero luego se anim贸 a colocar una mano en su hombro, otorg谩ndole su apoyo fraternal— S茅 que podr谩s superar esta prueba, lo que hizo Camus... s茅 que no quieres recordarlo, pero sabes que al final todos te estamos apoyando.

Cuando Milo quiso hablar fue demasiado tarde. S贸lo pudo observar como la figura de Aioria desaparec铆a entre los 谩rboles, quiz谩s dirigi茅ndose hacia el Coliseo.

Milo se qued贸 en medio del bosque, oculto en las sombras de los 谩rboles que lo rodeaban. No pudo evitar soltar el aire que hab铆a estado reteniendo entre los dientes. Hab铆a llegado a pensar que quiz谩s la decisi贸n de Camus era lo mejor. Un tiempo, alejados.

Pero Camus lo hab铆a olvidado.

No. Su antiguo amante s贸lo estaba con Shun por despecho.

Crey贸 que podr铆a seguir adelante, pero se sent铆a tan d茅bil, tan miserable. Se sent铆a... 茅l.

—S贸lo necesito un poco de tiempo —dijo, acentuando el gesto al reconocer el cosmo del hombre que se acercaba hacia 茅l. Gir贸 su cuerpo para encararlo, observando con cautela a Camus—. Parece que el caballero de los hielos necesita algo.

Silencio.

Camus lo miraba con su g茅lida mirada, tan caracter铆stica de 茅l. Parec铆a determinado a algo, s贸lo que esta vez, Milo no era capaz de ver a trav茅s de 茅l.

Observ贸 c贸mo Camus se acercaba, posando una de sus fr铆as manos sobre su mejilla, mientras que sus ojos se volv铆an a conectar de una manera hipnotizante. Una r谩faga de viento elev贸 las peque帽as hojas del c茅sped. Y fue cuando el roce, tan delicado y suave, se sinti贸 sobre sus labios. El beso de Camus transmit铆a ternura, pero a la vez... era doloroso.

Quemaba.

Una l谩grima rod贸 por su mejilla, sin poder evitar estrechar entre sus brazos a su antiguo amante. Milo comenz贸 a sentir las primeras sensaciones en su cuerpo, como las manos de Camus que recorr铆an con sutileza la piel de los brazos de Milo, un toque c谩lido, casi tierno.

Los recuerdos de la primera vez fue lo que se le vino a la mente. Las manos de Camus que silenciosas tocaban cada cent铆metro de su cuerpo, y su lengua, que recorr铆a su cavidad bucal.

Todo era perfecto, demasiado.

...hasta que record贸 porque se hab铆an distanciado.

Separ贸 a Camus con brusquedad, lo mir贸 con el ce帽o fruncido.

— ¡¿Qu茅 crees que haces?! —Dijo, acentuando el gesto cuando lo vio acercarse, otra vez—. ¿Qu茅 planeas haciendo esto Camus? —bram贸, alz贸 su mano derecha, donde la aguja escarlata estaba lista para atacar.

Pero en ning煤n momento Camus se detuvo.

Una r谩faga de viento m谩s fuerte y helada lo impuls贸 hacia atr谩s, quedando atrapado por una fina escarcha de hielo. Observ贸 a Camus impresionado por el nivel de fuerza y volvi贸 a hablar:

—No soy un juguete Camus... no pienso rogarte perd贸n, no despu茅s de... —se interrumpi贸, sintiendo el nudo cerrar su garganta—...no despu茅s de saber que est谩s comprometido con Shun —escupi贸 las palabras.

Camus, tan fr铆o como siempre, se acerc贸 a darle otro beso, uno m谩s necesitado, m谩s desesperado que el anterior.

— ¿Qu茅 quieres de m铆? —Pregunt贸 sintiendo como sus fuerzas cesaban, el hielo empez贸 a desaparecer y cay贸 a los brazos del aguador— ¿Qu茅 esperas de m铆?

Camus acun贸 su rostro entre sus manos y Milo quiso saber qu茅 pasaba por su mente.

Sin percatarse del momento, ya estaban bes谩ndose, mim谩ndose. Siendo… ellos.

No importaba la ropa sobre sus pieles, sus manos vagaban en busca del c谩lido roce, salvaje y conocido que tanto amaban. No les import贸 que la ropa de ambos desapareciera en un arranque de desesperaci贸n, ni que el cuerpo de Milo se deslizara a trav茅s del tronco, lastimando su espalda por las astillas. Las piedras se clavaban como agujas hiriendo su piel, las ramas secas y muertas de los arbustos sobre su pelo eran ignoradas, el tiempo perdido, las dudas y el dolor iban impregnadas en cada beso, buscando saciar la necesidad de amor y contacto que era negado por su orgullo.

Camus fue m谩s osado, sus labios bajaron por la piel expuesta, el cuello, el pecho, el vientre, deteni茅ndose cuando lleg贸 a la elasticidad de la ropa interior. Observ贸 a Milo, que ya ten铆a los ojos dilatados por el placer y sin poder moverse. El hielo empez贸 a derretirse por el calor. Dejando a Camus s贸lo unos minutos antes de que las manos griegas recorrieran su cuerpo.

—Milo —susurr贸.

No quer铆a fingir, s贸lo exist铆an ambos.

Camus quiso hacer todo. Tocar, besar, oler, sin apartar la mirada de los turquesas de Milo.  Reprimi贸 el ronco gemido, cuando el hielo por fin desapareci贸 y su cuerpo se llen贸 de caricias. Se situ贸 sobre sus caderas, volviendo a detener las acciones de Milo con el hielo que form贸 sobre sus mu帽ecas, solt贸 un gru帽ido desesperado.

No hab铆a dudas, Camus tom贸 el falo ya endurecido, sac谩ndolo de entre la ropa interior y empez贸 a empalmarlo. Arriba y abajo, de derecha a izquierda. No hab铆a lugar que su lengua no haya tocado. Observando la desesperaci贸n de Milo, empez贸 a auto penetrarse. Sintiendo el escozor en su entrada no preparada, ser abierta sin piedad.

Dolor, quer铆a sentir s贸lo eso.

Esboz贸 una sonrisa, peque帽a y casi tensa. Con los ojos cerrados y las manos apoyadas en el torso de Milo, empez贸 a subir y bajar, emitiendo los primeros gemidos placenteros.

Ahora eran uno. Le pertenec铆a, al igual que Milo a 茅l.

Sinti贸 las manos de Milo tomar sus caderas y por diez segundos, sus miradas volvieron a conectarse, reprimiendo las ganas de llorar se acerc贸 para volver a degustar sus labios, sintiendo las embestidas golpear su trasero. No le import贸 si sus gemidos y gru帽idos se llegaban a escuchar, o si en cualquier momento llegara alguno de sus compa帽eros. Sintiendo el calor de Milo era suficiente para Camus.

Las embestidas, antes fuertes fueron disminuyendo, cambiando de posici贸n, quedando Camus debajo del cuerpo griego. Entrelazando los brazos sobre el cuello de Milo, dio un ligero movimiento de caderas, para reanudar el ritmo anterior y seguir disfrutando de aquellos momentos llenos de paz.

El cl铆max se acercaba, las embestidas, cada vez m谩s profundas, m谩s certeras, sus cuerpos cubiertos por la leve capa de sudor y sus alientos chocando entre s铆. Sabiendo lo que ven铆a, su interior se contrajo, d谩ndole la bienvenida al caliente semen. Llen谩ndolo.

Su cuerpo se arque贸, sintiendo por primera vez lo delicioso que era ser llenado. Quiso permanecer con los ojos abiertos, queriendo ver como tantas veces el rostro de Milo llegando a su l铆mite, pero nunca los abri贸. En cambio, dej贸 que las sensaciones de su cuerpo, y el abrasador sentimiento lo invadieran.

—Camus —dijo Milo luego de diez minutos en silencio. Ambos ya hab铆an normalizado sus respiraciones, y Camus autom谩ticamente lo hab铆a abrazado, queriendo que Milo escuchara el palpitar de su coraz贸n.

—No digas nada —dijo, su voz sali贸 vac铆a, dolorosa—. S贸lo no lo digas.

—No es correcto —Milo quiso liberarse, encarar a Camus, pero el franc茅s no lo permit铆a, en un arrebato, Milo logr贸 alzarse, observando.

Llanto. Camus lloraba en silencio.

— ¿Es lo que quieres ver? —pregunt贸 Camus con molestia. Milo no dijo nada—. Estoy as铆 por ti.

—Camus…

—No —se levant贸 como pudo, colocando sus prendas con rapidez. Gir贸 cuando su torso fue cubierto y observ贸 a Milo desde arriba—. Con esto he comprobado lo d茅bil que eres. La carne siempre llamar谩 Milo, y s茅 que… yo s贸lo significo eso.

— ¿De qu茅 hablas? —no entend铆a nada. Camus sonri贸 con tristeza por su respuesta ¿era una prueba?

—Fue un placer este breve momento de diversi贸n Milo —ninguno se atrevi贸 a apartar la mirada, fue cuando las palabras de Camus, las m谩s fr铆as y llenas de rencor se escucharon—: Me alegra nunca m谩s repetirlo.

Milo pude sentir como arrancaban lo 煤ltimo que ten铆a de esperanza. En aquella fe que se hab铆a aferrado con tanta ilusi贸n.

Su mundo se rompi贸, llenando su coraz贸n de odio.

---

Shura observ贸 a Camus, quien no pudo m谩s que carraspear por la incomodidad del momento. Camus se acomod贸 el traje de entrenamiento, que estaba mal puesto, y trat贸 de fingir que nada pasaba. Pein贸 con sus dedos algunos de los largos mechones y empez贸 a caminar, como si nada hubiera pasado.

Pero Shura no era de los que se quedaban callados.

Camus sab铆a lo que pasaba por la mente del mayor, y no pod铆a culparlo si le llegaba a pegar. Milo era muy querido por los dorados, m谩s de lo que le hubiera gustado. Hab铆a llegado a tener tiempo de convivir con cada uno de los sobrevivientes, algo que en aquellos trece a帽os ninguno pudo. Con Shura, la relaci贸n era fraterna, era quien se encargaba de vigilarlos en las largas ausencias de sus maestros, era el hombre que viv铆a una casa m谩s abajo y con qui茅n luch贸 en dos ocasiones; como aliado y enemigo.

No era sutil, no intentaba fingir demencia.

Shura hab铆a tomado del brazo a Camus, azotando la espalda del franc茅s contra el 谩rbol y mostrando a trav茅s de sus ojos la ira que se conten铆a.

— ¿Por qu茅 lo hiciste?

Pero Camus no ten铆a una respuesta. ¿Por qu茅 lo hizo? ¿Realmente val铆a haber humillado a Milo por venganza? ¿Pod铆a haber cambiado algo s贸lo con hablar? Nunca lo llegar铆a a descubrir.

—No te pienso volver a preguntar Camus.

Camus, as铆 lo llamaba Shura. No era Acuario, no era franc茅s. A pesar de la fr铆a apariencia, del estricto hombre al que se hab铆a obligado ser. Shura era el 煤nico que pod铆a llegar a enfrentarlo, a la fuerza si era necesario, para que recapacitara. A diferencia de Milo, que es un hombre guiado por sus sentimientos, Shura no pod铆a perdonar con facilidad los errores.

—No lo s茅.

— ¿C贸mo no vas a saber? —Pregunt贸, afianzando el agarre sobre sus brazos— ¡Es tu novio!

—Ex —corrigi贸, logrando zafar el agarre— me felicitaste por mi compromiso con Shun, y ahora...

—Ah贸rratelo —cort贸 Shura, acentuando el gesto— S茅 que todo es falso, tu relaci贸n, el compromiso. Todo lo haces por Milo, quieres que entienda el dolor que te caus贸. Pero t煤 mismo sabes que esto no es la soluci贸n. Este no es el Camus que yo he llegado a conocer y con el que solemos tener largas conversaciones en la biblioteca. Ahora, dime.

¿Qu茅 pod铆a decir? Camus sent铆a el dolor de Milo. Lo quemaba. No pod铆a hacerle eso.

Pero entonces recordaba sus palabras y todo volv铆a a hundirse.

—Olv铆dalo, pero recuerda... mientras m谩s esperes en pedir perd贸n, m谩s lo alejas.

Shura nunca se equivocaba cuando trataba de hacerlo entrar en raz贸n. Fingi贸 mantener la compostura, el largo silencio, pero Shura no dijo nada m谩s. Pensando que volver铆an a pelear, s贸lo pudo ver como daba media vuelta.

Y se fue.

---

La explosi贸n en el coliseo, fue gigantesco.

El cosmo contenido de Kanon, agitado, furioso, no pod铆a pasar desapercibido. Shura dej贸 el mal humor por los quince segundos que siguieron y se encamin贸 hacia las gradas de rocas. Situ谩ndose en la distancia suficiente para ver como Kanon vociferaba una maldici贸n y se iba corriendo, a un lugar, que estaba seguro, ni Aioros ni Saga le seguir铆an.

—Esto lo ve铆a venir —susurr贸 Shura, manteniendo sus ojos a煤n fijos sobre Saga y Aioros, quienes estaban tirados sobre los cimientos de una columna destrozada.

—Es de esperarse — dijo Aioria, ten铆a en sus manos una botella de agua y una toalla—. Le dije a mi hermano que dejara en paz a Kanon, pero insist铆a que Kanon era el indicado. No s茅 si era por las hormonas, o el hecho de ver que todos crecimos y 茅l permanezca como chiquillo lo que lo anim贸 a ser persistente —Shura solt贸 una suave risa, sabiendo de antemano la actitud del arquero—. Por cierto Shura, necesitaba hablar contigo de algo.

— ¿Qu茅 necesitas?

—Ver谩s... —el jugueteo de manos del siempre confiado le贸n fue lo primero que llam贸 su atenci贸n. Aioria alz贸 los ojos, con un brillo nunca antes visto—. Saldr茅 con Shaka y yo... no s茅 qu茅 temas iniciar. Sabes que no soy bueno con las palabras y...

Pero Shura ya no escuchaba.

Lo 煤nico que su mente pod铆a repetir era: Aioria, Shaka y cita.

No era una noticia que le gustara, menos que emocionara. No obstante, se oblig贸 a sonre铆r, sabiendo de antemano que Aioria ya se hab铆a percatado de su 谩nimo. Lo supo cuando dej贸 de hablar, Shura s贸lo pudo forzar a煤n m谩s la sonrisa. Dici茅ndose mentalmente que no deb铆a sentirse mal. Aioria no ten铆a la culpa, era solamente suya por esperar.

—Estoy feliz por ti.


Y eso fue todo lo que pudo decir, cuando sinti贸 los brazos del griego rodear su cuerpo, y el mundo entero caer sobre 茅l. Shura estaba perdido.

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