Volver a Amar | [CamusxMilo] | [02/?]
Volver a Amar
Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi
Género: Romance, Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus)
-:-:-:-:-:-:-:-
II.- Algo inesperado
Ya había pasado
dos meses desde que el francés escuchó la confesión de Milo en su habitación.
Durante ese tiempo ninguno de los dos se ha vuelto a hablar. A pesar de los
intentos fallidos del griego, el francés no lo miraba e incluso rehuía cada vez
que estaban en la misma habitación. Milo ya no sabía qué más hacer, había
intentado hasta lo imposible, pero nada le funcionaba. Incluso sus amigos, como
Shaka, Mu y Aioria, intentaban ayudarlo, pero Camus seguía igual. Shura que
siempre paraba atento a ambos intentó persuadir a Camus para que hablara con
Milo pero Camus seguía igual de terco.
Camus estaba en
su templo sentado en el sillón de la pequeña sala de su templo, leyendo un
libro que había dejado su antepasado. Una solitaria lágrima había resbalado por
su nívea mejilla al leer las últimas palabras que el antiguo caballero de
Acuario había dejado para su amado. Un recuerdo apareció en su mente. Se vio
así mismo escribiendo su última carta hacia Milo un día antes de morir.
—Eres un idiota…
—susurró limpiándose el resto de la lágrima. — Pero aun así… te sigo amando
Milo.
—Entonces… ¿Por
qué me alejas de tu lado? —la voz a sus espaldas lo hizo dar un pequeño brinco
en su asiento. Cerrando con fuerza el libro se levantó de golpe mirando a su
invitado con ojos fríos.
—Lárgate —gritó
señalando hacia la puerta. Milo se acercó hasta quedar a su altura, mientras
que Camus daba algunos pasos hacia atrás, tratando de alejarse más de Milo.
Pero para su mala suerte ya había chocado contra la pared. — ¿Qué quieres?
—Hablar contigo…
— ¿Para qué?
¿Para decirme que aún estás enamorado de Hyoga?
—No estoy
enamorado de Hyoga…
—No pero si estás
pensando en él ¿verdad? —soltó con sarcasmo, mientras rodaba los ojos.
—Por eso deseo
hablar contigo… lo que pasó fue…
—No quiero
escucharte, Milo… Ahora entiendo porque siempre estabas tenso. —cerró sus ojos
zafiros con fuerza, inconscientemente se había mordido el labio inferior. Milo
conocía ese gesto. Camus estaba tratando de no llorar frente a él.
Milo lo abrazó
con fuerza. Cerró sus ojos con fuerza tratando también de que las lágrimas no
salieran pero los sollozos de Camus no le permitían. Su amado francés sufría
por su culpa. Camus se aferró a la camisa de Milo mojando sin quererlo. Ya no
podía aguantar las ganas de llorar, su máscara fría se rompió frente a quien
menos deseaba mostrar, pero es que con ese griego no podría ser el frío
caballero de Acuario. Solo Milo lo conocía a la perfección. Solo Milo lo había
visto llorar y solo con él se permitía llorar.
—Vete Milo… por
favor…
—Te amo, Camus.
—No lo digas… es
un martirio escucharlo. —A Milo no le quedó otra opción que irse resignado,
debía darle tiempo a Camus si deseaba recuperarlo, claro si éste algún día lo
perdonaba. Salió de la sala, cabizbajo, dejando a Camus, que se abrazaba así
mismo.
En ese momento,
Hyoga que veía la escena decidió poner en práctica su plan y acercarse a Milo.
Cuando se dirigía hacia él escuchó la voz de Shun que se acercaba. Por alguna
extraña razón su corazón le empezó a
palpitar fuerte. Hace ya algunos días que su amigo le ignoraba e incluso ya no
le dirigía la palabra. Miró de reojo y no vio a Milo, así que decidió ir a
saludar a Shun, pero cuando se dispuso a acercarse se quedó petrificado al
verlo besando a Camus, y no en la mejilla, sino en los labios.
—Shu… Shun —dijo
en un susurro y se fue corriendo. No sabía adónde iba, solo quería correr y
desaparecer, siempre se decía así mismo que amaba con locura a Milo entonces
¿Por qué le afectó ver a Shun besar a Camus? ¿Acaso sentía algo por su mejor
amigo? ¿Mejor amigo? De pronto se detuvo en seco.
—Mejor amigo
—pensó.
-:-:-:-:-:-o…o Flash Back
o…o-:-:-:-:-:-:-
Era un día muy
caluroso, demasiado para su gusto, a él que le encantaba el frío, como en
Siberia, se encontraba entrenando en las doce casas, en Grecia. Desde su última
visita que fue durante la batalla contra el falso patriarca, Saga, había pasado
ya cuatro meses, durante esa época transcurrieron nuevas guerras, contra los
guerreros de Asgard y los generales de Poseidón donde conocieron la existencia
de Kanon, el gemelo maligno de Saga. Y cuando creyó que las cosas empeorarían,
la paz había llegado, o eso creían sus amigos y él.
Antes del inicio
de la guerra Santa, Saori había decidido que los cinco entrenaran con algún
caballero dorado, Ikki había ido con Aioria, Shiryu con Mu, Seiya con Aldebarán
y Shun con Shaka. Él no era la excepción, y no tenía quejas sobre su nuevo
maestro. Ya desde niño lo conocía y tenía un profundo afecto hacia esa persona.
El mejor amigo de su maestro y quien le había perdonado la vida durante la
batalla de las doce casas. Milo de Escorpio. Al principio no entendía porqué
tenía ese extraño sentimiento cada vez que lo veía, pero al pasar de los días
ya le había dado un nombre a ese revoltijo de sensaciones. Estaba enamorado.
Enamorado de Milo, y aunque al principio tuvo sus dudas, al final había
aceptado sus sentimientos hacia el octavo custodio. Sin embargo nuevas dudas se
presentaban. Durante su estancia en el santuario había escuchado rumores y
algunos comentarios acerca de su ‘relación’ con Milo. Algunos com que el griego
solo estaba entrenándolo por la memoria de Camus y no porque lo mereciera,
otros decían que se sentía culpable por haberlo dejado pasar, ya que por eso
fue que Camus murió. Y aunque todas esas palabras dolían, algo tenía en común y
en todas salían el nombre de Camus.
Era cierto que
Milo y Camus eran los mejores amigos, pero eso era o acaso… ¿estaba equivocado?
Sacudió su cabeza tratando de despejar aquellos pensamientos, debía
concentrarse ahora. En ese momento por órdenes de Milo, estaba tratando de
romper una gran montaña de rocas, con solo sus puños. No es que fuera difícil,
solo que era muy trabajoso. Estaba muy acostumbrado a golpear el hielo, pero
jamás una roca, ni menos si esta estaba tan caliente.
—Vamos Hyoga… has
pasado cosas peores. —Trataba de darse ánimos sin éxito. Se dejó caer en la
hierba mientras admiraba el paisaje. No estaban en las doce casas, sino más
bien en las cercanías, el algún lugar del bosque.
En eso pudo ver a
Milo que se encontraba en lo alto de un acantilado viendo la enorme cascada que
se encontraba al frente. Su posición de loto y los ojos cerrados, lo hacía
parecerse a Shaka, tan sereno y tranquilo que le hacía ver angelical para sus
ojos. Recordaba que desde la muerte de su maestro Milo solía meditar mucho por
largas horas, e incluso por días. A veces se preguntaba si le echaba la culpa
por la muerte de Camus, por arrebatarle a su mejor amigo.
Sin darse cuenta
ya estaba subiendo por el acantilado hasta quedar a unos metros de distancia.
— ¿Milo? —al
escuchar su nombre, el aludido abrió con lentitud sus ojos, para luego girar en
noventa grados para poder ver al ruso.
—Hola Hyoga ¿ya
terminaste con lo que te pedí? —la voz serena lo tranquilizó, Milo lucía
pacífico y radiante.
—Bueno… —empezó a
balbucear sin saber qué palabras elegir, pero Milo lejos de enojarse sonrió
divertido.
— ¿Muy caliente?
—Hyoga no dijo nada solo asintió.
—Ya veo —no dijo
nada más y volteó a ver la cascada.
— ¿Qué haces?
—preguntó, aunque era estúpido ya que en realidad era obvio que es lo que hacía
Milo, pero aun así Hyoga no deseaba estar en silencio.
—Mirar —susurró,
empezando a perderse en sus pensamientos, como solía hacer luego de meditar
tanto.
— ¿Qué cosa? —el
cisne ya se estaba dando cuenta de que Milo no le prestaba atención.
—La cascada
—respondió aun en sus pensamientos.
— ¿Por qué?
—Hyoga ya se estaba exasperando por las ausentes palabras, deseaba platicar
aunque sea con Milo cinco minutos. El griego dándose cuenta decidió voltear a
mirar a Hyoga con una sonrisa apenada.
—Lo siento… Por
los recuerdos —Hyoga no entendía a qué se refería, y Milo dándose cuenta de
ello decidió explicarle— Cuando era un niño, Camus y yo íbamos a cada rato a
este lugar. Era como nuestro lugar secreto.
— ¿Lo extrañas?
—la pregunta le dolió a ambos, no habían tocado ese tema, ni mucho menos habían
dicho el nombre del caballero de acuario, aunque ambos se decían que ya habían
superado la muerte del amo de los hielos, aún les era dolorosa.
—Hyoga… —dijo
susurrando— Camus fue mi mejor amigo desde hace tiempo, desde que vino a Grecia
de Francia… —tomó aire y tratando de ocultar las ganas de llorar, siguió— Aquí…
—murmuró para sí mismo, pero Hyoga igual lo escuchó— Aquí mismo le confesé mis
sentimientos.
La confesión le dolió al
cisne, ya que para esos momentos ya estaba enamorado de Milo, pero también
sintió alegría al saber que sus maestros se amaron.
—Me alegro por
ustedes —dijo el cisne con una sonrisa nostálgica, quería confesarle sus
sentimientos, pero luego de aquella confesión se retractó. — Aunque es extraño…
es decir ustedes dos fueron los mejores amigos ¿no?
—Hyoga… —dijo
Milo. — Hay veces que hasta los mejores amigos llegan a sentir una atracción
mutua desde que inician su amistad solo que en ese entonces no se percatan,
pero al pasar de los años y esa atracción se hace más grande… aquellos
sentimientos de amor fraternal se van transformando. —Haciendo una pausa le
hizo una señal para que se sentara a su lado. — Algún día lo entenderás…
— ¿A qué se
refiere? —dijo cuando ya estaba sentado a su lado.
—Nada… —sonrió de
lado. Ambos se miraron y se sonrieron, Milo lo abrazo e Hyoga recostó su cabeza
en su hombro, mientras su corazón latía a mil por hora.
-:-:-:-:-:-o…o End Flash Back
o…o-:-:-:-:-:-:-
Se encontraba tan
metido en sus pensamientos que al girar su rostro se estrelló con el pecho de
alguien, se separó rápido de esa persona y se disculpó.
—Cálmate Hyoga
fue un accidente —el cisne al escuchar esa voz sus mejillas se tiñeron de un
rojo carmín, era Milo.
—Mi… Milo
—tartamudeo el menor— ¿Qué haces aquí?
— ¿No lo sabes?
—El menor negó— Estás en mi templo —Hyoga se sentía avergonzado, dio una rápida
revisión a su alrededor y se quiso estrellar contra la pared. Definitivamente
era el templo del Escorpión Celeste. — Además te vi cuando me espiabas detrás
de la columna —sonrió al ver como Hyoga enrojecía cada vez más al saber que fue descubierto.
—Lo siento —dijo
apenado. Milo solo sonrió más, pero luego su sonrisa desapareció cuando vio las
lágrimas de Hyoga.
— ¿Los viste?
—Hyoga asintió cabizbajo. Milo se acercó a él para abrazarlo.
Antes de irse
había escuchado los pasos de alguien que se acercaba. Disminuyendo su cosmo o
eso trataba vio que era el joven aprendiz de Virgo, Shun, que al ver como Camus
salía de la sala, se abalanzó a sus brazos dándole un apasionado beso. Hubo un
largo silencio, no sabían ni que decir o hacer. Cada uno perdido en sus
pensamientos. Milo se sentía dolido y perdido, no podía competir contra Shun
¡Era un niño! ¡Por Athena! Camus jamás se había interesado en los niños.
Mientras que Hyoga tenía un mar de sentimientos confusos. Sabía que amaba a
Milo, pero ¿Por qué le había dolido tanto el beso de Shun con Camus?
Hyoga alzó su
mirada cielo hacia las turquesas de Milo. Sin saber porque ambos se acercaban a
sus labios y se dieron un beso. Milo pensando en Camus e Hyoga pensando en su
mejor amigo, Shun.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Desde ese día
ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra, el griego había desistido en
seguir rogándole al francés y Camus, bueno él no hablaba con nadie. Hyoga se
mantenía junto a Milo (más de lo usual) y éste no hacía ningún intento por
separarlo de su lado. Shun actuaba muy extraño, aunque su actitud con los demás
era la misma el trato con el rubio era muy diferente. Shion miraba silencioso
el panorama, a su lado Dohko fruncía el entrecejo cada vez más. Eso no estaba
predestinado.
—Tal vez… sea mejor
intervenir…
—Dohko… tú
dijiste…
—Sé lo que dije…
pero es muy diferente ahora.
— ¿Tanto te
importaba él? Nunca fueron amigos.
—Fue alguien
importante. —Shion quedó en silencio, mirando como Dohko agachaba la mirada. No
podía saber exactamente qué le pasaba ya que éste se tapó los ojos con su
flequillo.
—Dohko…
—Como para ti lo
fue en su momento ese par —se dio media vuelta sin esperar alguna respuesta de
parte de Shion. El patriarca apretó los puños empezando a caminar, directamente
hacia Dohko. No deseaba volver a discutir con él.
Dohko lucía
enfadado, y no era mucho. Desde que se enteró de la enfermedad de Kardia de
Escorpio, había prometido que cuando reencarnara velaría por su seguridad, y
más al saber lo que le había pasado en su niñez. Soltó un suspiró resignado y
se sentó en la rama de un gran árbol, presentía que el resto de la semana sería
una pesadilla sobre todo para Escorpio. Sus ojos verdes miraron hacia la octava
casa, donde la constelación de dicha casa brillaba con intensidad.
— No dejaré que
nada pase... —susurró cerrando los ojos.
Shion que lo
miraba desde el suelo cerró sus ojos ocultando el dolor que sentía al saber que
para el chino, ahora, lo más importante era el griego. Dio media vuelta y
caminó hacia su recinto. Descubriría lo que ocultaba con tanto recelo Dohko.
Las semanas
pasaron, y Dohko era testigo de cómo el corazón de Milo iba marchitándose,
sabía que debía intervenir, pero cuando iba a dar un paso adelante. Camus se le
adelantaba, anunciando su romance con el caballero de bronce, Andrómeda,
sorprendiendo a todos. Su mirada se posó en Milo que miraba sorprendido y
dolido a Camus que mostraba indiferencia ante todos. Se acercó, hacia donde
estaba el francés, con Hyoga agarrado de la mano y anunció su propio compromiso
con el cisne.
Comentarios
Publicar un comentario