Du Ciel á L´enfer [Capítulo 1]
Du Ciel á L´enfer
Clasificación:
No menores de 18 años
Autor:
Nikiitah
Categoría:
Saint Seiya
Disclaimer:
Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo
solo los utilizo por diversión.
Género:
Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia
Advertencia:
Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación
Aviso:
Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
Capítulo 1: Tragédie
ou remède
La brisa apenas entraba a través de la ventana de una cómoda
habitación, en el segundo piso de una casa modesta, que, para muchos, sin
lujos, más se puede apreciar ese toque hogareño de una familia normal, las
pesadas cortinas no permiten del todo el paso del viento, el cielo estaba
limpio de toda nubosidad, perfecto para jugar, un día hermoso con el sol en su
mejor posición que no se apreciaba muy seguido en tiempos de verano. La risa de
un niño resonaba en las paredes, la sonrisa de ambos era más radiante a medida
que jugaban, las plumas de aquel ángel hacían cosquillas sobre la nariz del
chiquillo que cuidaba con tanto amor, como una joya preciada, tal y como
aquellos dos perfectos zafiros que adornaban su rostro.
—Sabes que… no me alejare de ti… de alguna u otra forma
siempre estaré contigo… la fe es importante, así como la...— beso su mejilla
dando un poco de luz a su rostro que palidecía a cada segundo, su guardián
sabía el destino cruel que le deparaba al pequeño, su soplo de vida era breve,
eso provocaba aún más dolor y sufrimiento en el corazón del ángel, su sonrisa
solo era una máscara que cubría sus lágrimas. Sobre la sábana, una pluma cayó
siendo descubierta por el infante, que la tomó entre sus manos con cariño.
— ¿Fe…?— mencionó con una voz cargada de emoción, sin
embargo, sus pensamientos fueron invadidos por la nostalgia al pensar en sus
padres que cada día lo miraban de manera extraña para él —Escuche que mamá la
había perdido… o eso fue lo que le dijo al señor de la bata blanca... debe ser
muy costosa para no poder conseguir otra… y muy pequeña para perderse tan
fácilmente— El ángel sonrió con ternura y acarició su cabeza donde en algún
momento hubo una larga cabellera.
—Si… lo es… es muy difícil encontrarla cuando alguien ya la
ha perdido… lo único que nos queda es un poco de esperanza a que suceda un
milagro y vuelva a nosotros— el pequeño tomo la mano del ángel y colocó aquella
pluma blanca sobre ella.
— ¿Por qué se caen tus plumas…? Incluso hay muchas en el
piso— el ser de luz no supo qué responderle realmente para no preocuparlo,
amaba a su humano tanto que era imposible que causara una cara triste en él
—Tengo sueño…— el infante tomó la mano del ángel cerrando sus ojos mientras se
acomodaba entre las blancas sábanas, su bostezo impidió que siguiera con sus
preguntas —No me sueltes… quiero sentirte aquí conmigo...— El ángel se acercó
sólo un poco dejando un beso sobre su frente dándole seguridad, dándole esa paz
aunque fuese en sus sueños, observando pacientemente cada segundo que pasaba,
cada milagro como él lo llamaba, el tiempo… solo era cuestión de tiempo.
Una mujer entró a la habitación poco después, sus ojos
estaban hinchados por las lágrimas sin mencionar la falta de sueño, su rostro
estaba demacrado, la preocupación devoraba su apetito. Con sus débiles brazos
levantó al pequeño que aún dormía por el beso de su ángel guardián, lo sostuvo
en sus brazos, amorosamente beso su rostro, soltó algunas lágrimas que le fue
imposible seguir aguantando desde que supo el triste destino de su amado hijo.
Lo cubrió con una manta y lo llevó a su auto recostando su delicado cuerpo en
los asientos traseros. El guardián de los sueños del pequeño no soltó su mano
tal y como le había prometido. El auto arrancó, al cabo de algunos minutos, se
detuvo frente al hospital sin bajar, sostuvo el volante por algunos minutos sin
saber qué hacer, el dolor de madre la hacía rezar todos los días por su
pequeño, daría su vida por él de ser necesario, estaba dispuesta a pagar el
precio que fuera necesario, comprendió a través de los escasos años del menor,
que no hay nadie en el cielo que escuche su petición, no hay quien pueda
ayudarla. Los médicos solo le habían dicho que ellos podrían prolongar su vida
por lo menos un año más, siempre y cuando estuviera las 24 horas en observación
conectado con máquinas, medicación y sufrimiento por intervenciones. La mujer
volvió a encender el auto arriesgándose a tomar un camino equívoco, un camino
que con el tiempo se arrepentiría con tal de salvarlo del destino.
Todo se volvió oscuro para el ángel, hacía frío, no soltó la
mano de su pequeño protegido, sus alas lo abrazaron protegiéndolo — ¡Lo tendrás
sobre mi cadáver! — El humo oscuro envolvía su cuerpo, debilitando, el pequeño
parecía asfixiarse cuando el ángel no lo soltaba, el ser de oscuridad tomó la
otra mano del niño en una oportunidad, sonreía triunfal, el aire regresaba a él
cuando el demonio lo tomó. Ahí comprendió que ya no había nada más que hacer,
tenía que dejarlo vivir, la conexión entre ambos se había roto y ya no podía
hacer nada.
— ¡No, dijiste que siempre estarías conmigo, por favor no te
vayas! — Los ojos del pequeño infante se llenaron de lágrimas, el cuerpo de su
ángel se desvaneció hasta que finalmente soltó su mano.
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El ángel despertó de uno de los tantos sueños que lo
atormentaban, miro hacia el vacío blanco del techo, hasta que su cuerpo se
levantó de forma mecánica y caminar hasta salir de su habitación, sus alas se
arrastraron por el largo pasillo y esa mirada perdida se hundía entre eventos
fortuitos, ¿mala suerte tal vez? Sus plumas caían haciendo un camino a su paso,
la culpa no lo dejaba vivir, su corazón estaba quebrado. Conocía la muerte, la
pobreza, las enfermedades, el sufrimiento, la miseria, el dolor, el abuso,
entre otras cosas, siempre se preguntaba él porque, ¿Por qué los humanos tenían
que sufrir de esa manera para ser aceptados al lugar que desde un inicio les
corresponde? Pasó su mano por su rostro pensando en todas aquellas veces que
había perdido a incontables almas a muy corta edad. Estaba harto, cansado,
pensando en terminar de una vez por todas con la situación que lo volvía loco.
Sus alas se extendieron lo más que pudieron para bajar a la tierra y buscar a
su ala gemela, su compañero de juegos como de armas.
Se detuvo en el techo de aquella casa rustica, silbo suave,
casi como el canto de un ave que solamente era identificado por el otro. Una
sombra detrás de él se asomó, más el ángel de cabellera azul no giró a mirarlo,
conocía esa silueta a la perfección. —Por lo visto esta vez te tiene embobado
tu humano… tardaste demasiado— rio con muy pocas ganas mirando hacia el abismo
de la noche.
— ¡Kardia! — gritó con las mejillas sonrosadas, aquel otro
ángel que en su cabello poseía tonos púrpuras, solo conocía el amor, el cariño,
la bondad en los seres humanos, algo que Kardia jamás probaría, por lo tanto su
personalidad era diferente —Tal vez un poquito...— Jugó con sus dedos agachando
la mirada, tal y como un niño que es descubierto por una travesura, al levantar
la vista, notó el aura que poseía su compañero, está, comenzaba a extinguirse
—¿Te ocurre algo Kardia?— preguntó angustiado tocando su mejilla, eso era
extraño en él, siempre mostraba ese lado alegre, bromista así como poco
ortodoxo en cada uno de sus comentarios, se sentó a su lado esperando una
respuesta.
—Comienzo a creer que mi tarea debió ser otra, me asignaron
otra tarea, por lo que sé, tendrá el mismo final que los demás humanos, siempre
pasa lo mismo Milo...— las lágrimas de aquel rostro serio comenzaron a brotar
ocultándose entre su cabello, los brazos de su hermano lo hicieron desplomarse.
— Kardia.... ¿entonces cual crees que es tu destino? — alzó
su rostro y tomo el de su hermano con ambas de sus manos, demostrándole con la
mirada que sentía tristeza de igual manera por el destino que lo había tocado.
No solo él se había dado cuenta de la pérdida de sus plumas, todos los ángeles
lo sabían, sin en cambio, solo lo miraban como si nada pasara, algo no estaba
bien y su ala gemela lo sabía. Con la cabeza negó alejándose suavemente de él
—No lo sé... — se levantó y extendió una de sus alas, ante
la impotencia y la ira algunas plumas fueron arrancadas con sus propias manos
sin importarle el daño que se auto provoca.
—Cada que alguien muere pierdo mis plumas, ¿acaso es un
castigo? ¡¿Un castigo por preocuparme, por derramar lágrimas cada que él los
manda al mundo a sufrir?! — no medía sus palabras pero era algo que no podía
arrancarse del pecho, estaba molesto, indignado, la tristeza era lo único que
había probado del mundo humano, entre más hablaba más caían las plumas —La
última vez... No pude salvar a mi humano, ¿sabes que... su madre prefirió
entregárselo a un demonio y así no perderlo...? No dejo de soñarlo, ver su rostro
con lágrimas en los ojos, ¡maldición Milo ya estoy harto!— ellos sólo son
observadores —Siento mucho tener que decirte esto pero... Creo que es demasiado
para mí... Tal vez... Si hablo con él lo entienda y me aleje de los humanos...
estoy cansado…— cayó de rodillas aun con el nudo en la garganta apenas
sosteniéndose con ambas manos en el suelo, su hermano quiso ayudarlo, Kardia lo
negó, sabía que eso representaba un acto de rebelión —Tú debes quedarte aquí…
tu humano te necesita, no quiero que termines como yo, te avisare cuando haya
hablado con nuestro señor, te prometo regresar para darte buenas noticias...
—Subió a la orilla del techo firme, dejándose caer al vacío, sus alas se
extendieron nuevamente impulsándose hacia el cielo, llenando de luz su cuerpo
listo para atravesar ese puente entre este mundo terrenal y el plano celestial.
Aquel lugar era un palacio de luz, miles de años que no
perdían su figura. El ideal de Kardia era llegar para pedir una audiencia ante
su señor, sin embargo eso atentaría a pecar en más de una ocasión, pues su
corazón ya no era completamente puro. Con pasos apresurados camino hasta la
entrada, pero fue detenido por la guardia de ángeles, se concentró abriendo sus
alas para lanzarlos lejos, solo para desorientarlos, algo andaba mal. Su paso
se detuvo justo en la sala principal, al observar al arcángel que hacía eco
entre las paredes con esa pesada armadura dorada, uno de los siete comandantes.
Quien se cerciora del trabajo de los ángeles hacia los mortales sea de forma armoniosa
y ordenada, al igual que asigna un castigo a quienes han transgredido los
designios de dios.
—Te estuve llamando pero… ahora sé que desistes de tu
tarea…. Kardia… llevas cargando pecados… los crímenes que has cometido contra
nuestro señor son mortales… aun puedes arrepentirte…— Se detuvo frente a él
impidiéndole que continuará con su camino, su cabello caía como una cascada por
su espalda y en su mirada demostraba un orgulloso toque de misericordia.
— ¡Me hablas como si fuera un subordinado… ¿Quién es el
soberbio aquí?! — La soberbia como otros deseos terrenales, eran un pecado
mortal de los ángeles, siendo seres perfectos, su poder derivar de sus
creencias, del amor y fe hacia su Dios.
— ¡Basta Kardia, cada que escupes más pecados pierdes tus
plumas, el odio, la soberbia y la desobediencia e incluso la envidia te están
condenando, ¿Qué eso no te es suficiente para que reacciones?!— Apretó los
dientes molesto, el arcángel quería hacerlo añicos por su altanerismo, ante su posición,
tenía que dar el ejemplo, era una falta grande pelear entre ellos, respiro
profundamente antes de continuar. —Los humanos son seres que no aprenden,
nuestro señor les ha dado más de una oportunidad y no quieren ver, ¿crees que
vale la pena romper el pacto ante criaturas tercas? Tu tarea era simplemente
vigilar, encaminar hasta el último día de su vida… proteger… ¿aún no has
aprendido nada?— Cegado por el rencor, el peli azul blandió su espada atacando
a aquel arcángel pero fue detenido con su mano desnuda, su espalda se tiñó de
carmín. La luz del cuerpo de ese ser celeste se hizo más intensa quemando las
alas de Kardia, lanzando su cuerpo a pocos metros. El arcángel se acercó
tomando su espada, pensaba si realmente era buena idea de otorgarle el perdón o
ejecutarlo rápidamente.
—Detente Kanon…— El mensajero de dios, uno de los vencedores
de dragones, quien solo se revela cuando ha recibido una orden directa de Dios
o cuando la guerra se presenta en el mundo celestial —Ya es tiempo que sea
juzgado…— Se interpuso entre ambos deteniendo la locura que estaba a punto de
cometer —Entiendo tu dolor ángel guardián… pero… no puedo permitir que tus
deseos efímeros sean quienes te destruyan…— Kardia herido, fue llevado ante la
corte y arrojado en medio de un salón de los juicios, todos los ángeles de
diferentes rangos fueron convocados, no era muy común que un ángel se revelara
en contra de Dios desde la batalla contra Lucifer hace años atrás.. Desde el
inicio de los tiempos, Saga leyó la sentencia que había sido designada por el
ser supremo, pecó no sólo contra un ángel, sino en contra del mismísimo Dios,
al renegar de la misión tan importante que dieron y revelarse en contra de todo
lo armonioso y bueno. —Por tus crímenes, se te ha impuesto la pena máxima… Se
te está otorgando misericordia, arrepentirte...— Saga quedó como el ángel
benevolente ante todos, mientras Kardia era la fruta podrida, la cual hiciera
lo que hiciera, sería destituido de su cargo sin posibilidad a renacer.
— ¡Olvídalo, prefiero arder en el infierno! — A ninguno le
sorprendió por su comportamiento. Sísifo golpeó el mallete, dando orden a los
susurros de los ángeles presentes, no había nada más que hacer, como abogado
del pueblo y jefe supremo del ejército celestial, no podía arriesgarse a que sus
actos afectan a la humanidad.
—Es suficiente…— Asmita se acercó con una daga dorada en sus
manos, el poder que emanaba dejaba inmóvil a Kardia hasta que se completara la
sentencia, era el ángel encargado de purificar y sanar, muchos lo llaman
“Medicina de Dios” por lo tanto limpiador de pecados, sin consideración tomó el
ala derecha de Kardia y la arrancó de un solo tajo, sin darle oportunidad, la
segunda incisión fue en el ala izquierda, el terrible grito de dolor fue tan
fuerte y lastimero que muchos derramaron lágrimas en su nombre, el ángel herido
cayó al piso arrodillado, su vista se nubla.
—Como acto de misericordia vivirás, en el mundo terrenal,
sufrirás como ellos, aprenderás de las ovejas y serpientes por el resto de tu
existencia...— La sangre pintaba el suelo, las ropas de Kardia e incluso sus
manos aún sostenían su cuerpo, su respiración era constante apenas soportando
el dolor, el delirio comenzaba a ser víctima, escuchó la voz de su hermano que
lo llamaba, sus brazos lo rodearon, a pesar de la nubosidad de su vista, sentía
lágrimas sobre su rostro.
— ¡Kardia…! — Milo jamás imaginó que llegaría a ver esto, de
no ser porque desobedeció la petición de Kardia, jamás se hubiera enterado del
juicio. Miró a los arcángeles molestos, otros decepcionados por la
interrupción, la mirada de aquel joven ángel se vuelve fuego en contra de ellos,
un sentimiento crece de igual forma en su pecho, uno que no conocía su corazón
y terminaría siendo su redención.
— ¿Por qué nos miras de esa forma Milo…? Él eligió su
destino, sabes perfectamente que las órdenes de nuestro señor son ley, ¿o es
que tenemos que enjuiciarte a ti también por revelarte? — Kardia hizo un gran
esfuerzo por hablar, con ayuda de Milo se levantó colocando su brazo en su
hombro.
—Déjate de excusas Saga… Agh… yo… yo acepto mi condena, iré
a la tierra… y… aprenderé… lo haré así como tu...— Una risa apagada se logró
escuchar de ese ser faltante de alas —Te… han castigado en más de una ocasión…
¿cierto? tu soberbia fue y sigue siendo igual que la mía ¡tú deberías estar en
mi lugar!— Milo sabía que la existencia de Kardia se evapora mientras hablan,
no tuvo otra opción que tomar en brazos a su hermano, extendió sus alas y
escapar de aquel salón, derribó la puerta principal hacia el mundo terrenal,
solo ahí podría curar sus heridas, las consecuencias eran lo que menos
importaba. Kardia por su parte, su mente fue más allá y juró a sí mismo a
vengarse de cada uno sin importar quien cayera en el intento. El cielo parecía
llorar al ver esa escena, la guarda de ángeles los perseguían, entre ellos Saga
como su comandante, quien jamás había perdido una batalla y menos delante de un
traidor. Los perdieron brevemente, pero los hermanos saben que es cuestión de
tiempo para que los encuentren. —Déjame aquí... Estaré bien... Tal vez este era
mi destino desde el principio... Al igual que esos niños...— Milo intentaba
decirle a su hermano que no pensara de esa manera, que lo ayudaría así tuviera
que morir en el intento, Kardia sabía perfectamente que eso no pasaría, lo
recostó sobre el basto pavimento que se bañaba la sangre caída, su hermano tomó
su mejilla como un adiós que su hermano reconoció al instante. La guarda llegó
apresando a Milo antes que pudiera curarlo por completo, sus gritos no fueron
suficientes para que se detuvieran, Saga era muy rencoroso y no perdonaba que
se burlaran de él, blandió su espada aun sin una orden, actuaría aunque tuviera
que vivir pidiendo perdón.
— ¿Ves lo que has hecho? No sólo tú te has condenado, sino
también a tu ala gemela, quien te ha defendido incluso de nosotros... Dime...
Kardia... ¿Estás listo? — Lo tomó del cuello amenazante, mas este solo le
sonrió de forma divertida, tal y como solía ser.
—Siempre renegando de Dios... — A centímetros de enterrar su
espada en su corazón, esta se deformó impidiendo que su cuerpo fuera tocado, un
viento de fuego oscuro quemó sus alas hiriendo mortalmente a Saga. La oscuridad
abrazo el cuerpo inerte de lo que quedaba del ángel guardián. Cuando un ángel
reniega de su creador, tiene la protección de aquel que lo hizo por primera
vez, aquel a quien la soberbia le abrió los ojos. Las ropas de Kardia se
volvieron oscuras, cada herida fue curada, así como sus alas, mas no su color,
eran más brillantes que el ónix, Lucifer se apareció entre sobras, tomando
entre sus brazos el cuerpo de su protegido, los ángeles no tuvieron otra
alternativa de llevarse a un Saga mal herido, ya no había nada que se pudiera
hacer. Milo no dejo de llamar a su hermano constantemente mientras era llevado
al cielo para recibir el castigo que le correspondía.
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Los pasos apresurados de Sísifo fueron a dar hasta el salón
principal, donde Saga era atendido por Kanon al ser su ala gemela, podría
reconstruirlas, sanarlas aunque llevaría un tiempo en recuperarse. Saga le
contó todo lo sucedido con Milo, más omitió que estaba dispuesto a acabar con
Kardia. Sísifo no tuvo otra opción, así como había sido enjuiciado Kardia por
rebeldía, su ala gemela tendría el mismo destino, siempre y cuando su corazón
fue puesto a prueba, pues no había maldad realmente en él, el amor hacia su
hermano fue un acto de compasión, pero tampoco fue redimido del pecado. Sus
alas fueron retiradas de la misma manera, de esta forma, no tendría ninguna
conexión con el ángel caído. Comenzó a perder toda esperanza, no por él, sino
por su humano, el cual no dejaba de pensar en él ni un solo día, se le prohibió
bajar a la tierra hasta que se diera la nueva orden.
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El tiempo para los seres supremos transcurre en un simple
parpadeo, es falso para ellos que el tiempo cure sus heridas, los humanos
tienen sentimientos que son sanados o sustituidos por cosas materiales. Un
ángel al contrario, su todo es ese objetivo que se les dio al ser creados, sin
ello no tienen una verdadera razón para continuar con su existencia, se vuelven
tan vacíos y huecos en sus corazones que tienden a ser orillados a la
oscuridad, esa fue la verdadera prueba de Milo. Soportar la soledad,
preguntándose cada segundo por su humano, perdiendo su mirada en el vacío del
techo. La puerta de su habitación se abrió, un ángel entró dejando una charola
con una copa de agua en sus manos, se sentó a su lado, dibujando una sonrisa
suave. —El tiempo terminó Milo...debes regresar con tu humano… Saga ha pedido a
nuestro señor misericordia por ti...— Kanon fue el único testigo del
sufrimiento de su compañero, y fue él en realidad quien se lo pidió pero… dado
que Milo genero odio hacia él, era una forma de redimir un poco la culpa.
Aquella copa no era común y corriente, era cierto que no restauraría sus
antiguas alas, pero le daría unas alas totalmente nuevas al beber de esa agua.
—Tu humano te está esperando Milo… búscalo...—
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Un ángel perdido se aventura en plena noche de luna llena y
rápidamente se roba el corazón de una dama de corazón indefenso. Surra en sus
pensamientos palabras de efímero amor, promesas bañadas en engaño, hasta que el
ritual se concibe en una sola noche, la venus cautivada inconscientemente
entrega más que solo su cuerpo, su alma es lo que bebe la bestia, hasta su último aliento de vida. Su vida se alarga por
cada vida que toma, las almas rejuvenecen su cuerpo pero no su corazón. No
importa que tanto ame, jamás lograra llenar ese vacío.
La oscuridad se une con sus ropajes buscando un nuevo
amante, mujer u hombre no importa realmente, un castigo impuesto por designios
divinos —Gracias por el castigo— mira hacia el cielo con una sonrisa cínica, su
camino fue detenido al ver a un chico entrar por el callejón, se volvió un imán,
cuando lo tuviera entre sus brazos, sería su perdición. Sigilosamente como una
serpiente se acercó, sin embargo a centímetros de devorarlo, fue detenido por
dos inmensas alas blancas resplandecientes, haciendo retroceder al vampiro
energético que se cubrió con sus nuevas alas. Al separarse, pudo ver frente a
él a un nuevo ángel, más aquellos recuerdos resonaron en su cabeza, dándose
cuenta de quién se trataba —Así que… tienes unas alas nuevas… Milo...— ya no
había ningún tipo de conexión entre ambos, la forma de sus alas eran totalmente
diferentes a las que tenía antes de ser arrojado al abismo.
—Kardia...— El ángel se quedó sin poder emitir una palabra,
había dolor en su corazón, sobre todo ahora que veía su verdadera forma, en lo
que terminó por convertirse. — ¿Por qué? Kardia— blandió su espada dispuesto a
comenzar con una batalla —Te traeré de vuelta… así tenga que matarte...— Kardia
soltó una carcajada por la expresión que tenía, su hermano era tan inocente que
conocer la verdad sería devastador.
—Pues vamos, lo ansió tanto— El ángel caído hizo lo mismo
que su hermano, su espada dorada se volvió oscura, con un toque de detalles
plateados, Milo ataca con todo el dolor de su corazón, las espadas chocan
constantemente, nadie podía ver la cruel batalla entre ellos, si había un
ganador o un perdedor, nadie lo sabría. —Abre los ojos Milo, en algún momento,
ellos te darán la espalda como lo hicieron conmigo, amé demasiado y me cortaron
las alas… tú ya las perdiste… ¡no aprendes nada!— ante el descuido de Kardia,
fue lastimado en un costado, había duda en Milo como en él, pues aún existía
algo que se llamaba lealtad. Soltó su espada, la batalla tardaría incluso años
de seguir así, el ángel por su parte no desistió de su ataque, mientras el
incubo detuvo con su mano la espada que iba directamente a su corazón. —Deja de
lamentarte… sigo siendo el mismo Kardia de siempre, antes y ahora… dejaré vivir
a tu humano…— con un movimiento arrojó la espada lejos, sustituyendo el agarre
sobre el cuello de Milo, azotándolo contra la pared.
—Kardia… eres… un… traidor...— Milo entendió que Kardia
estaba feliz de haberlo llamado de esa forma, le había hecho entender que jamás
podría regresar a su lado, El nuevo demonio lo soltó, haciéndolo caer sobre el
pavimento, tosiendo un par de veces y así recuperar el aliento. — ¡Eres un
maldito traidor!— volvió a llamarlo con rabia, no solo porque se habían
compartido tantos momentos felices juntos, sino por hacerle creer que él era lo
más importante en su vida.
Notas finales del capítulo:
Como sabrán existen siete arcángeles (aunque a veces
mencionan más, menos) pero use los más importantes, cada uno con una función
distinta, así como hay una jerarquía entre los ángeles. Mas como todo, la máxima
autoridad es Dios. Engaños, promesas, bien y el mal, siempre estarán de la mano
aunque no lo parezca.
Personajes:
+Lucifer: Un ángel muy hermoso que por su soberbia, se
rebeló contra Dios, queriendo ser como él y fue denigrado como castigo junto
con el ejército de ángeles rebeldes que arrastró consigo.//
+Kanon: Arcángel Raguel: Quien observa a todos los ángeles
que están haciendo bien su trabajo con los mortales según la voluntad de
órdenes divinos, El quinto arcángel.//
+Saga: Arcángel Gabriel: Mensajero de dios y alguna vez un
ángel caído Está escrito que Gabriel cayó una vez en la desgracia "por no
obedecer una orden de forma exacta, me mantuvieron por un tiempo fuera de la
Corte celestial". Durante este periodo de 21 días, el ángel guardián de
Persia, Dobiel, le reemplazó en sus funciones. Segundo Arcángel en la jerarquía
//
Sísifo: Arcángel Miguel: Jefe del ejército celestial,
abogado del pueblo de dios. Primer arcángel en la jerarquía //
Asmita: Arcángel Rafael Sanador, medicina de dios, (se
traduce como limpiador de pecados) //
Kardia: Incubo
Milo: Ángel Guardián
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