El Regreso de los Escorpios [Capítulo VIII]
El regreso de los
Escorpios
Clasificación: No
menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint
Seiya
Disclaimer: Los
personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y
Shiori Teshirogi
Género: Romance,
Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte
de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen
ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se
separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el
príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus)
(Kardia/Degel)
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VIII.-
Un Ángel llora
Mentira.
Tenía que ser una mentira. No. Una pesadilla, y una de muy mal gusto. Ikki
estaba muy quieto. Sus piernas se rehusaban a obedecerle. Su mente estaba en
blanco. Él amaba a Pandora, pero si tanto decía amarla ¿Por qué no empujaba al
idiota uniceja? ¿Por qué le gustaba como sus labios estaban siendo
prácticamente dominados por los del rubio? Y la pregunta más importante ¿Por
qué sentía su corazón latir a mil al tenerlo tan cerca? Compartiendo ese
momento único e íntimo.
Radamanthys
se sorprendió gratamente dela sumisión de aquel orgulloso guerrero y de lo
delicioso que se sentía tocar aquellos suaves y carnosos labios. Acercó el
cuerpo del menor al suyo y sintió como su cuerpo reaccionaba ante el contacto
de Ikki. No sabía que lo había impulsado a hacerlo, pero muy dentro de él sabía
que nunca se arrepentiría. A falta de aire separó sus labios del menor. Dejando
un hilillo de saliva lo único que los unía. Su mano derecha acarició suavemente
el rostro de Ikki, sorprendiéndolo al suave tacto.
— ¿A qué ha venido eso? —susurró aguantando
las ganas de gritarle por su atrevimiento.
—Necesitaba una razón —se reprendió
mentalmente al ver la cara molesta de Ikki “Vamos mocoso no me digas que no lo
disfrutaste.”
— ¡Pues no lo disfruté idiota! —gritó ahora
sí, muy fúrico. Su bello rostro estaba tan rojo como el carmesí— ¡Por qué
mierda me besaste!
Radamanthys
lo miraba fastidiado, se rehusaba a responder esa pregunta, ya que ni él mismo
podía responderse. Un ruido los alerto a ambos, separándose lo más lejos que
pudieron se pusieron en posición de ataque esperando al intruso hiciera acto de
presencia. De entre los arbustos que estaban cubiertos por la fina capa de
nieve salió una bella mujer que ambos reconocieron al instante.
“Pandora” dijeron ambos al mismo tiempo.
— ¿Dónde estaban? Vine hace dos horas y
estaba buscándolos. — <<Menos mal que no se estuvieron matando>>
pensó aliviada.
Ninguno
de los dos mencionó nada, ambos sin darse cuenta habían acordado no decir nada
respecto al beso. Ikki siendo el orgulloso fénix que era avanzó hacia su amada.
—Me alegro que hayas vuelto Pandora,
lamento haberla preocupado —susurró— Con su permiso me tengo que ir. —Pandora
se quedó pensativa, algo le había pasado a Ikki, él jamás se hubiera ido
dejándola a solas con Radamanthys. Mirando de reojo al rubio notó como él no
dejaba de ver por donde el fénix había desaparecido hace unos segundos.
—Radamanthys, ¿Ha pasado algo de lo que me
deba de enterar?
—Nada en especial mi señora —Pandora más
que nunca sabía que algo había pasado en esta semana que se había ido y lo iba
a averiguar tarde o temprano.
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Ikki
se detuvo de pronto al llegar a una laguna congelada, sonrió con ironía al
saber que lo mismo había pasado hace unas horas atrás, de nuevo estaba huyendo
de los problemas, aunque no era su estilo huir en esta ocasión debía de admitir
que se sentía derrotado y todo por un estúpido beso que compartió con el
estúpido de Radamanthys. <<No parecía tan estúpido cuando lo aceptaste
¿verdad?>> Se recriminó así mismo. En todo caso, eso ya no le debía de
interesar. Dentro de unos días él se iría del país del hielo junto a su
hermanito Shun y tal vez con Milo. <<Aunque él parece muy interesado en
el principito de los hielos>> pensó divertido.
Aun
no podía entender cómo es que ese par, aun cuando ambos al conocerse estaban
peleando, llegaron a ser amigos, o eso él creía. Se sentó en los pies del
enorme árbol, mirando el lago congelado. Sentía que todo era parte de un sueño.
Un extraño y loco sueño. Suspiró cansadamente, ya quería volver y olvidar todo.
Hundió su rostro en sus piernas para luego abrazarse, aunque no había nadie a
su alrededor, no deseaba que se notara que estaba llorando. Él no era una
persona sentimental pero últimamente se sentía demasiado vulnerable para su
gusto. Un extraño chapoteo lo hizo alzar su rostro. Era imposible, el lago
estaba congelado. Gateando se fue hasta la orilla donde pudo apreciar algo que
desde que apareció no había tomado en cuenta. El lago no estaba congelado del
todo. Había peces nadando. Tocó con uno de sus dedos y se sorprendió al sentir
la calidez del agua.
—Asombroso —susurró. Siguió jugando como
cuando era un niño y se paseaba por el jardín de su reino.
Atrás de un árbol, el mismo donde se había
sentado hace apenas unos minutos, un hombre observa cada movimiento del menor.
Una sonrisa maliciosa apareció en sus labios cuando lo vio jugar, era hora de
salir a presentarse.
—Es asombroso como un lugar que parece frío
y tétrico sea tan acogedor y cálido ¿no crees? —la voz a sus espaldas lo hizo
sobresaltarse, nunca había escuchado a nadie, volteó rápidamente a encarar al sujeto
y lo que vio lo dejó helado (literalmente).
— ¿Quién eres tú?
—La pregunta es curiosa ¿sabes? —se acercó
hasta llega a su altura, para luego acariciar suavemente su rostro— La
respuesta la tiene Arles, él te dirá quién soy, pero por ahora necesito que des
un mensaje para mí a cierta persona de cabellos rubios —puso una mano en su
pecho, para decir en un idioma desconocido para Ikki unas palabras. Antes de
perder la consciencia susurró un nombre.
Después
de decir eso todo a su alrededor se tornó oscuro, la única persona que se le
vino a la mente fue, Radamanthys.
.
.
.
.
Una
ráfaga extraña rodeo a Radamanthys seguido de un suave murmullo que no pudo
distinguir bien de quien se trataba. Sin saber el porqué de su reacción salió
corriendo de la habitación de Pandora. Tenía un mal presagio de todo esto. Hizo
caso omiso a los gritos de Pandora que lo llamaban para saber que le ocurría.
Una opresión en su pecho le hizo alarmarse. Solo le pasaba cuando Pandora
estaba en peligro ya que ella era y aun es la persona más importante de su
vida, pero ella estaba a salvo y estaba a su lado entonces ¿Quién? Sin darse
cuenta hacia donde corría se encontró en un lago que conocía a la perfección,
sus ojos dorados recorrieron todo el lugar hasta encontrar a una persona que
conocía a la perfección; Ikki. El cuerpo yacía inerte cubierto por una fina
capa de hielo. Rápidamente apresuro sus pasos hasta quedar cerca del menor.
Cubrió el pequeño cuerpo con su abrigo rodeándolo y apegándolo para darle más
calor.
— ¡Ikki! Por un demonio mocoso, reacciona
—gritaba desesperado— ¿Quién fue? ¿Quién te hizo esto?
El
labio inferior de Ikki empezó a temblar, para soltar un nombre que cambiaría su
vida para siempre, un nombre que sabía que solo traería más problemas a su ya
de por si tormentosa vida.
—Kagaho de Bennu.
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