domingo, 21 de junio de 2015

El Regreso de los Escorpios [Cap铆tulo X]

El regreso de los Escorpios


Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categor铆a: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

G茅nero: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se separaron, 茅l buscara a su hermano por todo el pa铆s del hielo, mientras el pr铆ncipe de esa regi贸n conocer谩 el amor con 茅l... (Yaoi) (Milo/Camus) (Kardia/Degel)


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 X.- Historia vivida

                        Radamanthys jam谩s crey贸 que llegar铆a el d铆a en que dar铆a su vida por un hombre que no haya sido Kagaho, pero el destino era tan cruel. Justo cuando m谩s quer铆a alejarse de aquellos recuerdos 茅stos ven铆an a joderlo otra vez. Mir贸 por encima de su hombro el rostro ani帽ado de Ikki, su siempre fr铆a y a la vez caprichosa mirada hab铆a desaparecido. Sus parpados guardaban celosamente sus ojos azules, lo que dar铆a por que estos ahora estuvieran mir谩ndolo con su t铆pico brillo de superioridad.  Mir贸 de nuevo hacia adelante y sigui贸 corriendo. Su mente era un caos al igual que su coraz贸n. La mirada que Kardia le hab铆a dirigido minutos atr谩s antes de salir no era por que estuviera preocupado. Kardia sab铆a su pasado con Kagaho, el muy bastardo sab铆a cada paso que daba, y no solo de 茅l, si no del todo el reino y eso le estaba jodiendo. A pesar de que su rey confiara plenamente en el descendiente de Arles, 茅l no lo hac铆a, era como si todo hubiera sido planeado cruelmente por el destino. Decidi贸 distraerse, dejar de pensar en Kardia, y su origen. Con cada paso que daba el cuerpo de Ikki perd铆a su usual calor, su respiraci贸n empez贸 a hacerse irregular y eso era peligroso. Por primera vez en toda su vida se le hizo tan larga la salida del reino de los hielos.

—Resiste mocoso… —susurr贸 empezando a jadear. Se detuvo y mir贸 a su alrededor. Radamanthys ten铆a... ¿Calor? ¡Pero si estaban en un pa铆s bajo cero!

— ¿Ocurre algo Rada? —pregunt贸 Aiacos deteni茅ndose junto a Minos. Una fuerte neblina empez贸 a aparecer sin dejarles ver el camino.

— ¿No lo sienten? —ambos se miraron entre s铆 sin entender a qu茅 se refer铆a, pero en eso Minos puso una cara horrorizada y usando ‘La Marioneta C贸smica’ los quit贸 del camino. — ¡Minos!

— ¿Qu茅 te ocurre idiota? —grit贸 Aiacos, que hab铆a ca铆do en los brazos de Minos.

—Una rosa. —susurr贸 con voz sombr铆a. Aiacos parpade贸 confundido mirando hacia la direcci贸n donde miraba el peliplateado. Efectivamente, hab铆a una rosa carmes铆.

— ¿De d贸nde sali贸? —susurr贸 frunciendo el entrecejo. Mir贸 hacia Radamanthys y luego a Minos que miraban hacia al frente.

—Tanto tiempo sin verte, Minos. —la voz carente de emoci贸n se pudo escuchar alrededor. Minos empez贸 a fruncir m谩s el entrecejo que Aiacos crey贸 que se le partir铆a la cara en dos.

—Albafica —susurr贸. Un fuerte viento les golpe贸 la cara, dejando notar la presencia de dos hombres. Los tres cerraron sus ojos cuando la neblina empez贸 a arremolinarse, cuando se esfum贸 por fin el rostro de Minos se volvi贸 fr铆o.

                        Frente a ellos hab铆a un hombre de cabellos largos y celestes, su piel n铆vea pod铆a competir contra la misma nieve, y sus ojos que podr铆a compararse con los glaciares, tan fr铆os. Era un hombre de gran atractivo, que incluso pod铆a competir con la belleza de la familia real de los hielos. A su lado, un muchacho de cabellos cortos azules, m谩s alto, tal vez con dos cent铆metros, era todo lo opuesto. Mostraba una sonrisa burlona y sus ojos chispeaban con emoci贸n, Aiacos apret贸 su mano que estaba en el pecho de Minos, no le gustaba lo que ve铆a, en una de las manos del peliazul ten铆a lo que parec铆a ser fuego azul.

— ¿No piensas saludarme? ¡Vaya! Cre铆 que ten铆as modales. —dijo con burla, dio un paso hacia adelante y mostr贸 una fr铆a sonrisa. — Veo que Aiacos te perdon贸 tu falta.

—Maldito —mascull贸— ¿Qu茅 haces aqu铆?

—Vengo a matarte. — dijo como si nada, agarr贸 una rosa roja, admirando la belleza de su m谩s preciada arma— Recuerdo que hace un a帽o te salvaste del veneno de mi sangre, pero esta vez todo ser谩 diferente.

— ¿De qu茅 habla Minos? —pregunt贸 escuetamente Radamanthys, acomodando el cuerpo de Ikki en su espalda.

— ¿No se lo has dicho? —Albafica ensanch贸 su sonrisa, soltando una fr铆a carcajada. — 脡ste hombre acept贸 matar a una mujer, solo si yo le entregaba mi amor.

                        Aiacos agrand贸 sus ojos por la sorpresa, el dolor y el odio que en ese momento sinti贸 volvi贸 a aparecer. Se mordi贸 el labio inferior tratando de relajarse ¿por eso hab铆a matado a su fiel amiga?

—Lo hiciste por eso —susurr贸 con voz sombr铆a, Minos agach贸 la mirada, no pod铆a verlo a los ojos. — ¡Responde carajo!

—Fui enga帽ado… Aiacos yo… —al alzar la vista se encontr贸 con la fr铆a mirada de su amigo.

—Aunque me encantar铆a escuchar la tr谩gica historia de amor de ustedes, te recomendar铆a Radamanthys que te adelantaras, la vida de ese chiquillo se extingue cada segundo que estas aqu铆. —Habl贸 el hombre que estaba junto a Albafica.

—Manigoldo tiene raz贸n. Nosotros solo estamos aqu铆 por ese par. —Dijo se帽alando a Aiacos y Minos.

—Vete Rada. —Habl贸 decidido Aiacos. — Kardia conf铆a en ti, adem谩s diste tu palabra para salvar a ese chiquillo.

—S铆… —dijo dubitativo. Mir贸 hacia Albafica y Manigoldo y pregunt贸. — ¿Por qu茅 no me matan tambi茅n?

—Muy simple —la voz de Manigoldo se escuch贸, poniendo una mano en su pecho ampli贸 su sonrisa. — Yo soy el 谩ngel de la vida, Manigoldo, fui encargado por la misma muerte el deber de proteger a los descendientes del reino del fuego. Y ese chiquillo que traes en tu espalda es hijo de Arles, por lo tanto es mi deber mantenerlo a salvo. Ahora… ¡Largo!

                        Radamanthys dio una 煤ltima mirada a sus hermanos de armas y se fue. Deb铆a llegar r谩pido, la vida de Ikki depend铆a solamente de 茅l. Manigoldo que lo miraba marcharse sonri贸 a煤n m谩s.

—Ahora que se fue hay que cumplir nuestra misi贸n —susurr贸 Albafica, donde un aura dorada empez贸 a rodearle, al igual que Manigoldo.

Minos y Aiacos se preparaban para atacar, no sin antes Aiacos preguntar el motivo por el cual mataron a su fiel amiga.

— ¿Por qu茅 a Violate? —pregunt贸. Albafica mir贸 a Minos e hizo una mueca indiferente.

— ¿Se lo dices t煤, o se lo digo yo?

—Aiacos… —susurr贸 Minos, captando la atenci贸n del aludido. — 脡l utiliz贸 mi momento de debilidad. Violate hab铆a llegado a reino de los hielos en esa 茅poca y t煤 me ignorabas por estar con ella. Incluso prefer铆as quedarte horas a su lado que permanecer al m铆o. Sent铆 celos, sent铆a soledad. Entonces lleg贸 Albafica, me dijo que ella trataba de alejarte de m铆, y 茅l, prometi茅ndome su amor me manipul贸 para que la matara.



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                        HACE UN A脩O ATR脕S



                        Un grito desgarrador y sangre esparci茅ndose por todo el lugar. Mir贸 sus manos p谩lidas, ahora manchadas por el l铆quido carmes铆 de la sangre. Una sonrisa algo torcida surc贸 en su rostro. Lo hab铆a hecho. Hab铆a matado a esa mujer que tantos dolores de cabeza le hab铆a causado. Mir贸 el cad谩ver que yac铆a sobre el fr铆o suelo rocoso a unos cent铆metros de sus pies. La mujer ten铆a los ojos abiertos y los labios entreabiertos. Su cuerpo estaba deforme, pero era normal. Su t茅cnica le hab铆a roto todos sus huesos hasta hacerlos trizas. ¡Era toda una obra de arte!

                        Una risa fr铆a y llena de odio reson贸 por los alrededores. Se acerc贸 con parsimonia y agarr贸 de los cabellos color vino, su rostro blanco ahora se encontraba p谩lido y fr铆o.

—Por fin est谩s muerta perra. —Susurr贸 extasiado. Arroj贸 el cad谩ver lo m谩s lejos que pudo, cayendo en un golpe seco.

                        Sacando un pa帽uelo, empez贸 a limpiarse la sangre de sus manos con parsimonia. Unos pasos y el crujir de una rama lo hicieron voltear. Hasta ahora, reci茅n se daba cuenta que la hab铆a seguido hasta el bosque.

—Has hecho un gran trabajo. —Habl贸 esa persona. — ¡Impresionante!

—Todo por complacerte, querido. —Dijo con una sonrisa maliciosa. — Ahora si podr谩s amarme por el resto de tu vida.

                        El muchacho no dijo nada, acerc谩ndose hacia el cad谩ver de la mujer examin贸 con cuidado cada cent铆metro de la piel.

— ¿Qu茅 hiciste? —pregunt贸 en un susurro con indiferencia.

—La tortur茅 con mi Marioneta C贸smica. —Dijo soltando unas carcajadas. — Hubieras visto, la idiota gritaba piedad, fue maravilloso. Jam谩s cre铆 que esa musculosa pudiera si quiera conocer la s煤plica.

                        El muchacho se levant贸 sin emoci贸n alguna, era unos cent铆metros m谩s bajo que Minos pero aun as铆 su presencia era de temer. Seg煤n hab铆a escuchado, hab铆a asesinado 9999 personas en menos de 5 a帽os ¡Era todo un record! Aunque solo hayan sido viles ladrones o asesinos.

—Y dime Albafica. —Continu贸 hablando Minos. — ¿A d贸nde iremos hermoso?

—Vuelve a decirme hermoso, y el siguiente en morir ser谩s t煤. —Susurr贸 sombr铆amente.

— ¡Ok! Pero es inevitable no decirte as铆. —Se fue acercando hacia el menor, pero Albafica se alejaba con tranquilidad. — Tsk. Mat茅 a la idiota que quer铆a embrujar a Aiacos por ti, y ahora me rechazas. ¿Por qu茅?

—Minos, recu茅rdame ¿Por qu茅 mataste a Violate?

— ¡Obvio! Quer铆a alejarme de Aiacos ¡Ya te lo hab铆a dicho!

— ¿Qu茅 sientes por Aiacos? —Minos frunci贸 el entrecejo fastidiado ¿a que jugaba Albafica? — Responde.

—Lo amaba… pero ahora te tengo a ti ¿no?

— ¿Lo amabas? —dijo Albafica frunciendo el entrecejo. — ¿Ya no lo amas? —La mirada fr铆a y penetrante de Albafica, incomodaba bastante a Minos, que desviando la mirada, susurr贸.

—Aun lo amo. —La expresi贸n de Albafica cambi贸 radicalmente a una m谩s suave, incluso le pareci贸 ver rastros de alegr铆a. Eso sorprendi贸 al albino que se hab铆a quedado mudo.

                        Era la primera vez que ve铆a sonre铆r a Albafica desde que lo conoci贸, generalmente su rostro, sus ojos, mostraban una tristeza infinita que nunca supo entender, pero ahora… era todo lo contrario ¡sonre铆a! Y vaya que ten铆a una hermosa sonrisa. Albafica mir贸 hacia el cielo y esper贸 con una ligera sonrisa la llegada de ese ser. Minos no entend铆a nada de lo que pasaba, m谩s cuando vio como las nubes empezaban a arremolinarse sobre el cielo, y el viento antes calmado, desatara su furia contra ellos, tuvo terror. Por alguna extra帽a raz贸n la temperatura empez贸 a bajar considerablemente, not谩ndose algunos bloques de hielo.
Toda su vida hab铆a crecido en el mundo de los hielos, pero jam谩s crey贸 que un una isla donde siempre el sol estaba presente se volviera en segundos un bloque de hielo.

— ¡Albafica! —grit贸 el nombre del menor, que estaba rodeado por una espesa neblina. — ¿Qu茅 est谩 ocurriendo?

Intent贸 hacerse paso, pero era in煤til. Mientras m谩s intentaba acercarse, algo imped铆a su encuentro con el peliceleste.

— ¡Albafica! —volvi贸 a gritar, la piel empezaba a rasgu帽arse con cada paso que daba, era como sentir miles de cuchillas intentando penetrar su piel.

                        Cuando por fin pudo estar al lado del m谩s joven sus ropas estaban hechas jirones y las heridas manchaban de un bello carmes铆 cada prenda. Albafica no ten铆a ni un solo rasgu帽o, su mirada mostraba algo de ansiedad y en su rostro hab铆a una sonrisa dibujada. Siguiendo el lugar hacia donde miraba se sorprendi贸 de ver el cielo, antes claro, ahora cubierto por un manto negro. Las nubes se hab铆an quedado arremolinadas y el viento segu铆a golpeando con fuerza su rostro.
En el centro un haz de luz apareci贸, chocando sobre el cuerpo inerte de Violate. Minos se manten铆a impactado mirando como empezaba a levitar el cuerpo de la mujer. Entonces, una figura oscura, algo borrosa, apareci贸 sujetando el cuerpo fr铆o de Violate. Albafica camin贸 despacio hasta llegar hacia el haz de luz y alzando su mano trat贸 de tocar a la figura.

— ¡Detente Albafica! —grit贸 Minos sin moverse. El peliceleste volte贸 su rostro, mir谩ndolo por encima de su hombro.

— ¿Por qu茅? —dijo con una media sonrisa. — He esperado tanto tiempo.

                        La figura empez贸 a materializarse en ese momento, dejando ver la anatom铆a de un hombre alto, de cabellos azules y ojos violetas, vestido solamente con una larga y oscura t煤nica, representando a la muerte. Al verlo Albafica ensanch贸 su sonrisa, las l谩grimas empezaron a anegarse a sus ojos, queriendo salir en cualquier momento.

—Manigoldo. —Susurr贸 con voz ahogada, el aludido sonri贸 con ternura, acariciando el rostro n铆veo de su peque帽a rosa.

—Albafica. —Susurr贸 limpiando la peque帽a l谩grima que sali贸 de los ojos del menor.

—Lo hice… —dijo con alegr铆a— 10000 almas. —El rostro de Manigoldo empez贸 a mostrar una mueca de disgusto al escucharlo.

—Alba-chan —dijo con cari帽o. — ¿Por qu茅 jam谩s me escuchas? —Albafica agach贸 la mirada sintiendo algo de verg眉enza, aunque en su defensa no ten铆a otra opci贸n.

—Porque te amo. —Dijo mir谩ndolo. — Eres el 煤nico hombre que he amado toda mi vida.

—Lugonis est谩 decepcionado de ti Alba-chan —dijo con suave reproche. — Pero entiende tus razones.

— ¿Y t煤? —pregunt贸 temiendo lo peor.

—Sabes que respeto la vida… y aunque s茅 cu谩les eran tus intenciones, no lo estoy. —Albafica sonri贸 y mir贸 de nuevo el cielo. Su rostro volvi贸 a tener su habitual seriedad e indiferencia.

— ¡He cumplido con mi trato! ¡10000 almas a cambio de la vida de Manigoldo! —grit贸 con fuerza. — 9999 personas padecieron por mi mano y 1 padeci贸 por un humano con sed de sangre que mat贸 a esta mujer que ahora te entrego por sus celos.

                        En ese momento, el cuerpo de Violate, empez贸 a brillar, y unas luces blancas salieron rumbo al cielo, mientras que el cuerpo de Manigoldo empez贸 a materializarse frente a los ojos de Minos y Albafica. El peliazul cerr贸 sus ojos cayendo inconsciente a los brazos del peliceleste, atr谩s de 茅l la figura de un hombre con una larga t煤nica negra con decorados plateados apareci贸. Sus cabellos algo largos de color como la noche y piel tan p谩lida como los albinos, sosten铆a en su mano derecha el alma de la mujer.

—La vida es ef铆mera para los seres humanos, desperdiciada para algunos y corta para otros. Est谩 es una lecci贸n para ti Albafica sucesor de Lugonis y asesino de Manigoldo. —Dijo con voz profunda y seria. Minos que ve铆a a ese hombre se hab铆a quedado en silencio. — Durante estos doce a帽os espero que esto te haya servido de lecci贸n y el d铆a de tu muerte se juzgara tus cr铆menes contra la vida.

                        Dio un vistazo al lugar donde hace doce a帽os Manigoldo muri贸 y sonri贸 al ver a Minos.

—Jam谩s cre铆 que encontrar铆as al humano con sed de sangre, capaz de matar sin piedad a la mujer de su amado. —Mir贸 a Albafica que se aferraba al cuerpo de Manigoldo y sonri贸, la imagen de un ni帽o de diez a帽os apareci贸, ir贸nicamente estaban en el mismo lugar. — Hasta nunca, Albafica. El 谩ngel de la vida estar谩 en tus manos, no lo desperdicies.

                        El viento sopl贸 con m谩s fuerza durante algunos segundos, y cuando por fin se calm贸 el cielo volvi贸 a su color azul.

—Albafica… —susurr贸 Minos sin saber qu茅 diablos hab铆a sucedido. — ¿Qu茅 est谩 pasando aqu铆? ¡Habla! —El peliceleste mir贸 a Minos con indiferencia y habl贸.

—Ese hombre era Thanatos. —Minos abri贸 sus ojos sorprendido.

—El dios de la muerte, pero…

—Recuerdas que una vez te mencion茅 al ni帽o que jug贸 con la muerte. —Minos asinti贸 con una sonrisa incr茅dula. — Era yo. Soy ese ni帽o con el veneno en su sangre y asesino del 谩ngel de la vida.

—Me usaste. —Albafica levant贸 a Manigoldo que a煤n segu铆a inconsciente. — Soy un est煤pido.

—Mi familia custodiaba junto a los emisarios de Thanatos a los humanos, e interferimos cuando es necesario en la vida de los pa铆ses del fuego y hielo. —Susurr贸 sin inmutarse ante la mirada llena de odio de Minos. — Si fuera t煤, mejor pensar铆a en una coartada para la desaparici贸n de Violate, Minos.

—Cre铆 en ti, maldito. —Gru帽贸 molesto. — Marioneta C贸smica —Los hilos, empezaron a penetrar la piel de Albafica y Manigoldo, la sangre empezaba a brotar entre los finos hilos.

— ¡Es hora de pagar por tu crimen Albafica! —grit贸 con ira. Albafica sonri贸 de lado y alz贸 su mano libre, a pesar de sentir como los hilos profundizaban sus heridas y quebraban algunos de sus huesos, no se inmutar铆a ante ese hombre.

—Espinas Carmes铆. —Grit贸. Miles de agujas de sangre empezaron a clavarse en el cuerpo de Minos.

—Arrgh… —grit贸 de dolor. Su cuerpo empez贸 a sentirse pesado, mientras que sus ojos empezaron a nublarse, la vista le empezaba a fallar.

—Albafica… —susurr贸 apenas Manigoldo, empezando a despertar. — Ya d茅jalo, no puedes matarlo.

—De acuerdo… —Se levant贸, separ谩ndose a unos cent铆metros del peliceleste, sacando de su t煤nica un frasco con un l铆quido transparente, lo lanz贸 hacia el  peliplateado y se dio media vuelta.

—Es un ant铆doto… si a煤n quieres vivir t贸matelo. —Empez贸 a caminar seguido de Albafica desapareciendo en segundos.

                        Minos se hab铆a quedado unos segundos mirando hacia el lugar, donde hab铆an desaparecido aquel par. Sin chistar bebi贸 el brebaje y pudo sentir como el l铆quido aliviaba su interior. Cerr贸 sus ojos sinti茅ndose sucio. Debi贸 haberlo imaginado… pero ¿C贸mo hacerlo? En su momento de desesperaci贸n Albafica hab铆a llegado y por el tiempo que se hab铆a quedado se hab铆a sentido importante. El muchacho de piel n铆vea hab铆a llenado el vac铆o que Aiacos hab铆a dejado.

—Aiacos… —susurr贸 el nombre de su amigo, su amor secreto. Mir贸 el cuerpo de Violate y se llev贸 una mano en la frente. Hab铆a matado a esa mujer que era tan importante para Aiacos.

— ¡Minos! —escuch贸 la voz angustiada de su tormento, gir贸 su rostro y lo vio junto a Radamanthys, ambos vestidos con sus sapuris. Hizo un intento de sonrisa, solo logrando una mueca torcida.

                        Aiacos se acerc贸 a 茅l y se arrodill贸. Su rostro sorprendido se alivi贸 al no encontrar heridas en su cuerpo. Solt贸 un suspiro cuando Aiacos se percatara de cuerpo de Violate.

—Hay algo que debo decirte… —susurr贸 tratando de incorporarse. Aiacos le trat贸 de impedir. Mir贸 de reojo a su amigo rubio y lo vio mirando fijamente un punto en espec铆fico. Ya se hab铆a dado cuenta del cad谩ver.

—Tranquilo… luego nos dir谩s que es lo que te pasa —Susurr贸 acariciando su mejilla con suavidad. Minos lo mir贸 por unos segundos para luego apartarlo. — ¿Minos?

—Lo siento… no era mi intenci贸n —Aiacos parpade贸 un par de veces antes de alzar la mirada y ver el cuerpo inerte de Violate. Volte贸 a ver a Minos que le dedicaba una triste sonrisa.

—La mataste… —Minos agach贸 la cabeza sin decir nada. Los ojos de Aiacos se agolparon de l谩grimas que se negaban en salir y trat贸 de abalanzarse sobre Minos. Radamanthys que ya se hab铆a anticipado al problema lo agarr贸 con fuerza. — “¡Por una mierda Minos! —grit贸 con fuerza. — Ella era como una hermana ¡Joder! ¡A ti era quien amaba! ¡¿C贸mo pudiste matarla?! ¡¿Minos?!

—Lo… lo siento… —susurr贸 evitando mirarlo. Tanto tiempo tratando de escuchar aquellas palabras ¡Maldito el d铆a en el que conoci贸 a Albafica!

—Esto no tiene perd贸n —Susurr贸 con voz sombr铆a. Minos alz贸 la mirada incr茅dulo. Radamanthys que estaba detr谩s de Aiacos alzaba la ceja sin comprender lo que pasaba. — Tus disculpas no me van a devolver a Violate.

                        Separ谩ndose bruscamente de Radamanthys se fue directo al pa铆s del hielo, sin mirar atr谩s. Minos sab铆a que su relaci贸n con Aiacos nunca volver铆a a ser la misma, hab铆a roto el fr谩gil lazo que los un铆a.

—Regresemos —susurr贸 sin emoci贸n Radamanthys.



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                        Aiacos hab铆a ca铆do de rodillas al escuchar de los labios del mismo Minos lo que hab铆a pasado, se llev贸 una mano a la boca, evitando vomitar. Anteriormente hab铆a matado a muchos hombres, mujeres y ni帽os en nombre del rey de los hielos, pero el tema de Violate era muy distinto. Ella era la mujer m谩s importante en su vida, la consideraba una hermana.

—Lo siento… —susurr贸 Minos, Aiacos le dirigi贸 una g茅lida mirada y se volvi贸 a levantar.

—Calla Minos —gru帽贸— Debemos acabar primero con este par y luego te dar茅 una paliza por la muerte de Violate.

— ¿Escuchaste Alba-chan? —dijo con una sonrisa burlona Manigoldo. Albafica sonri贸 apenas y se acerc贸 m谩s a su parabatai (*) — Piensan que nos vencer谩n tan f谩cil… que tiernos

—No juegues con mi paciencia —gru帽贸 molesto Aiacos— Ilusi贸n Gal谩ctica —cruz贸 sus mu帽ecas por encima de su cabeza y concentr贸 su cosmo lanz谩ndoles directo hacia Albafica y Manigoldo.

—Tsk —ambos hombres esquivan el ataque, dando un gran salto. Manigoldo en el aire abre la palma de su mano donde un resplandor con llamas azules aparece— Sepultura de Almas.

— ¡¿Pero qu茅…?! —grita Aiacos cuando un gran estallido lo envuelve, tir谩ndolo al suelo. Minos que corre a verificar los signos vitales de su compa帽ero sonr铆e con malicia. Tomando el cuerpo de Aiacos abre las alas de su Sapuri.

—Aleteo de Plumas Gigantescas —Minos se elev贸 por los aires moviendo las alas de su Sapuri. El aleteo produce un vendaval de viento huracanado que barre los  alrededores destruyendo todo a su paso, golpeando a Manigoldo y Albafica que vuelan por los aires, cayendo en un golpe seco. — ¿Aun creen que somos d茅biles?



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                        Radamanthys que corr铆a a toda velocidad por fin saliendo del pa铆s de los hielos se detuvo al sentir el gran estallido de cosmo. Sonriendo de lado al saber que Minos lo ten铆a controlado, aunque su sonrisa empez贸 a flaquear cuando sinti贸 el cosmo descontrolado de Aiacos, quiso volver, pero deb铆a ayudar a Ikki. 脡l confiaba en Aiacos y Minos y sab铆a que ninguno de los dos arriesgar铆a al otro. O eso esperaba.

—Debo seguir… —en el camino su ment茅 vag贸 hacia lo que pasaba. Hab铆a reconocido a ese par. No por nada era el m谩s fuerte de los tres jueces (**) de los hielos. Su rey le hab铆a ordenado averiguar m谩s acerca del pasado de Kardia, encontr谩ndose con ese par en el camino.



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                        DIEZ A脩OS ANTES



                        Radamanthys hab铆a decidido vengarse, aunque el cuerpo le dol铆a y le pesaba a horrores sab铆a que deb铆a ir tras Kagaho y matarlo. Aun sent铆a su orgullo lastimado al saber que hab铆a sido salvado por el primog茅nito de Arles, el hombre que hab铆a matado a sus padres. Y todo se lo deb铆a al idiota de Kagaho. Chasque贸 la lengua, furioso. Esta vez 茅l se har铆a personalmente a cargo de esa familia, pero sobre todo de Kardia, en quien no confiaba del todo. No pod铆a creer esa historia del hijo abandonado a su suerte y menos pod铆a creer en aquella sonrisa que hab铆a enamorado a su pr铆ncipe.

—Tsk —se detuvo en seco al escuchar algunos gritos, ocultando su cosmo camin贸 hacia el lugar, encontr谩ndose a Kardia que tra铆a el enorme camis贸n que Krest le hab铆a regalado, descalzo. Frunci贸 el entrecejo. La nieve ca铆a sobre ellos y Kardia, quien era intolerante al fr铆o, se encontraba tranquilo. Se asom贸 un poco m谩s encontr谩ndose a un muchacho de cabellos celestes y ojos cerrados.

                        El joven de celestes cabellos se levant贸 con parsimonia, vest铆a ropa negra compuesta de unos pantalones apegados y un abrigo del mismo color. Hab铆a abierto sus ojos asustado. Sorprendido. Ese hombre que estaba a sus pies, muerto, era la primera v铆ctima que cobraba. Mir贸 hac铆a un costado, encontr谩ndose con los ojos azules de su maestro. Ese muchacho un a帽o menor lo miraba con diversi贸n. En ese momento Albafica se daba cuenta que su amigo ya estaba acostumbrado a ver la muerte muy seguido. Kardia se acerc贸 y agach谩ndose, verific贸 los signos vitales del cad谩ver.

—Me sorprendes Albita —susurr贸 con una sonrisa. — Lo dejaste seco… ¡No hay ninguna gota de sangre!

—La rosa Blanca cumple con esa funci贸n… —susurr贸 sin quitar su mirada horrorizada del cad谩ver.

— ¡Ya tranquil铆zate hombre! Has matado a ese asesino por una buena causa ¿o no?

— ¿No tienes coraz贸n Kardia? —pregunt贸 en un susurr贸, dirigi茅ndole una mirada de fastidio.

—Lo perd铆 desde que volv铆 a este puto reino. —Mascull贸 entre dientes. El viento empez贸 a soplar con m谩s fuerza, empezando a juguetear con los cabellos azules y celestes, mezcl谩ndolos. — ¡Mira!

                        Ambos ni帽os alzaron su vista sorprendidos sin mostrar temor, desde el cielo una luz dorada alumbr贸 el cuerpo inerte elev谩ndolo. Albafica tom贸 la mano de Kardia apret谩ndola con suavidad esperando alguna reacci贸n del cad谩ver. Hasta que de su boca una sustancia azul plateada, ni liquida, ni gaseosa  le sal铆a.

— ¿Qu茅 es eso? —pregunt贸 Kardia, mirando con sorpresa a Albafica.

—No lo s茅… —confes贸 Albafica, de la nada atr谩s del cad谩ver, la figura de un hombre con t煤nica apareci贸 tocando esa sustancia azul plateada. — “¡…!”

—Soy el enviado de la muerte… —se present贸, en ese instante los ojos de Albafica se anegaron de l谩grimas al reconocer aquella voz.

                        Radamanthys estaba asombrado. El hombre de la t煤nica dej贸 ver su rostro mirando asombrado ambos rostros.

—Kardia… Alba-chan… —mir贸 el cad谩ver y una sonrisa amarga surc贸— ¿Qui茅n de los dos acab贸 con su vida?

—Fui yo —dijo Albafica. Radamanthys no entend铆a nada. Kardia luc铆a aquella sonrisa confiada que le crispaba los nervios.

—Albafica… Este hombre representa a tu primera muerte solo te falta 9999 m谩s y el contrato con la muerte culminar谩. —Se levant贸 con el alma del muerto, ya no hab铆a necesidad de abordar. — Nos vemos en las pr贸ximas muertes…

—No te vayas ¡Manigoldo! —grit贸 Albafica, sintiendo como su coraz贸n volv铆a a oprimirse— Lo siento…

—No hay nada de que disculparse Alba-chan… los accidentes siempre pasan…

                        Hubo un silencio cuando Manigoldo desapareci贸. Radamanthys quiso irse, pero lo que dijo ese hombre lo pon铆a alerta.

—Entonces nos vemos luego… —dijo con simpleza Kardia— ¡Vamos Albita! Volver谩s a ver al crust谩ceo muy pronto.

— ¿Por cu谩nto tiempo Kardia? —pregunt贸 captando no solo la atenci贸n de Radamanthys sino la de Kardia, quien sonri贸 extra帽amente.

—Yo te avisar茅 cuando el d铆a llegue. No te preocupes por ello, amigo. —Se acerc贸 a Albafica poniendo una mano en su hombro. — El barco est谩 a punto de zarpar, deber铆as apresurarte o no podr谩s ir al Earthland.

—Lo s茅… —le regal贸 una sonrisa apagada, que fue correspondida por Kardia. — Cu铆date Kardia… no conf铆es en los hombres del reino de los hielos.

—Siempre —Albafica dio media vuelta desapareciendo entre la frondosa vegetaci贸n. Solo en ese entonces, la sonrisa de Kardia desapareci贸 girando hacia donde estaba Radamanthys. — ¿Nunca te han dicho que espiar es malo?

—No cuando eres el hijo de Arles —gru帽贸— ¿Qu茅 planeas?

—Solo ayudo a mi amigo, Radamanthys. —Sonri贸 con inocencia.

—A m铆 no me enga帽as… no creas que estoy agradecido de que me salvaras aquella vez.

—No espero un agradecimiento cejota. —Dio media vuelta. — Ir茅 a ver a Degel y a Camuchis, han de estar preocupados por m铆.

—Kardia… —el muchacho volte贸 y mostr贸 una sonrisa torcida.

—No te metas en mi camino Radamanthys… no soy el enemigo. No soy Kagaho.



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                        Se detuvo para mirar alrededor. El reino de los hielos ya hab铆a quedado atr谩s y lo 煤nico que le faltaba atravesar es aquella barrera. Cuando apenas pis贸 un pie fuera de la protecci贸n la realidad lo golpe贸. El Earthland era tan diferente a lo que 茅l recordaba. Antes eran puros pueblos con gente que trabajaba bajo el sol todas las ma帽anas y se reun铆an en las noches para contar an茅cdotas. Los ni帽os jugueteando con una rama y una pelota, mientras que los adolescentes varones ayudaban a sus padres y las jovencitas se convert铆an en mujeres y practicaban sus modales.
Salt贸 hacia la orilla donde el barco que lo llevar铆a hacia la isla del f茅nix, m谩s conocida como la isla de la muerte, lo esperaba y baj贸 a Ikki.

—Es malo hacer esperar, Radamanthys de Wyvern. —Escuch贸 una voz a sus espaldas. Al girar se encontr贸 con un muchacho de aspecto inocente, de cabellos rubios y largos, con los ojos azules m谩s puros que hubiera visto. Eso le dio cierto asco.

— ¿Qui茅n eres? —gru帽贸 aferrando m谩s el cuerpo de Ikki contra el suyo.

—Mi nombre es Alone, soy la mano derecha de Kagaho y vengo ante ti, Juez Wyvern, por un mensaje de su parte.

—Ya estoy en camino… —dijo sin darle importancia.

—No es por eso —dijo con una sonrisa. — Solo es una advertencia o mejor dicho te est谩 dando una oportunidad.

— ¿Qu茅? —Radamanthys se sorprendi贸 ante eso. ¿Qu茅 planeaba Kagaho?

—Como sabes Kagaho fue quien le hizo esto a Ikki. Y sabes que ambos son un alma dividida. —Explic贸 con tranquilidad Alone. — Mi se帽or Kagaho quiere que te unas a 茅l y as铆 vencer juntos a Arles y de paso asesinar a Kardia.

— ¿Por qu茅 deber铆a confiar en ustedes? —mascull贸 escupiendo cada palabra. — No conf铆o en Kagaho ¿C贸mo no sabr茅 si despu茅s de eso no me asesina a m铆?

—Por qu茅 te ama… —susurr贸 con voz sombr铆a, que no pas贸 desapercibida por el rubio. — Te quiere a su lado. Incluso dijo que aceptara a tus amigos, Aiacos y Minos que ahora deben de estar padeciendo los ataques de Albafica y Manigoldo.

— ¿Qu茅 tanto sabes de ellos? —se acerc贸 amenazante ante Alone, que a煤n manten铆a su rostro sereno.

—Muy simple mi querido Radamanthys. —Se acerc贸 al m谩s alto y pos贸 una mano en su rostro. — Nada es lo que parece… y d茅jame decirte que si no aceptas esta uni贸n con mi se帽or, muchos morir谩n, incluso se podr铆a decir que ser铆a el fin de ambos reinos.

— ¡Su茅ltame! —grit贸 d谩ndole un manotazo. Alone empez贸 a elevarse aun manteniendo esa sonrisa en su rostro.

—Vendr茅 a verte cuando pises el suelo de la isla. Espero que aceptes Radamanthys…

—Imb茅cil… —susurr贸 al verlo desaparecer. Mir贸 hacia la isla que ya estaba oculta por la barrera y se dej贸 caer. Mir贸 com Ikki a煤n segu铆a inconsciente y suspir贸. ¿Qu茅 iba a hacer?



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— ¡Te lo digo Aioria! Hay algo que no me gusta en todo eso —gru帽贸 Deathmask que luc铆a alterado. Aioria por su parte solo rodeaba los ojos y volvi贸 a leer los informes que hab铆an sido entregados por Afrodita esa misma tarde.

                        Mientras que los pr铆ncipes Ikki y Milo aun estuvieran ah铆, 茅l y Deathmask deb铆an quedarse en el reino de los hielos hasta que se les diera la orden de volver. Para Deathmask el fr铆o no le era tan importante, a diferencia suya que estaba tan acostumbrado al calor del reino del fuego.

— ¡Ya c谩llate! —grit贸 exasperado. — ¡Esto es una biblioteca! —su amigo peliazul iba a abrir la boca pero la volvi贸 a cerrar. Aioria que alz贸 una ceja interrogante recibi贸 un golpe en la cabeza. — ¿Pero qu茅 mierda…?

—Lo mismo es para ti, hermano de Aioros. —Al reconocer esa voz no pudo evitar fulminar con la mirada a Death, que inventando una excusa sali贸 en busca de alg煤n libro.

— ¿Por qu茅 solo me reclamas a m铆?  El idiota que se acaba de ir tambi茅n gritaba. —Mascull贸 entre dientes.

—El 煤nico que grit贸 fuiste t煤. Y si no te gusta como son las cosas, vete de una vez.

—Eres un maldito aburrido Shura. —El azabache se detuvo y sonri贸 con iron铆a ¿Cu谩ntas veces hab铆a escuchado ya eso? Gir贸 su rostro sin emoci贸n alguna y sac贸 una nota de su bolsillo entreg谩ndoselo a Aioria. — ¿Qu茅 es eso?

—Un tal Seiya lo dej贸 para ti, dijo que era importante —se dio media vuelta y sigui贸 su camino, bajo la atenta mirada de Aioria que suspir贸.

                        Shura era el 煤nico en todo el reino de los hielos (aparte de los pr铆ncipes) que se hab铆a acercado a ellos y los hab铆a ayudado. Incluso les dio un techo donde vivir. A diferencia con Deathmask, con quien siempre sol铆a beber algunas copas, con 茅l era todo lo contrario. Le exig铆a el doble, y solo porque le deb铆a a su hermano Aioros, su gratitud. Solt贸 un suspiro resignado y se le qued贸 mirando.

— ¿Y? ¿Se lo dijiste? —pregunt贸 interesado el mayor.


—No… y nunca se lo dir茅. —Se levant贸 de la mesa— Debemos irnos… Afrodita y Aioros nos esperan.

— ¿Qu茅? ¿Pas贸 algo con el reino del fuego? —pregunt贸 sin mucho inter茅s.

—No… —Death mir贸 a Aioria interrogante y acerc谩ndose pudo saber lo que pasaba. Al parecer sus temores eran ciertos, 茅l hab铆a llegado, pero… ¿C贸mo?

—Tal parece que cejotas no ment铆a…



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                        Kardia miraba el cielo que empezaba a oscurecer. Al parecer la pelea de Albafica y Manigoldo contra Minos y Aiacos ya hab铆a comenzado. Lo 煤nico que faltaba era esperar a que fuera el momento indicado para que todo lo que hab铆a hecho se cumpliera. Fueron los m谩s largos 12 a帽os.

— ¿Pap谩? —la vocecita de su hijo lo sac贸 de sus pensamientos. Volte贸 sonri茅ndole con cari帽o. Su hijo sonri贸 y se abalanz贸 a sus brazos. — ¡He visto a alguien id茅ntico a ti!

—Ahhh viste a Milo… ¿por qu茅 no vas junto a tu hermano y se presentan formalmente, Hyoga?

— ¡Claro! —el peque帽o rubio sali贸 corriendo hacia la puerta que fue abierta por Degel que miraba curioso como su hijo corr铆a.

— ¿Qu茅 le dijiste? —pregunt贸 al ver como Kardia miraba el jard铆n.

—Van a conocer a Milo. Despu茅s de todo es su t铆o. —La sonrisa de Kardia, aquella que no hab铆a visto en a帽os, la que antes tanto tem铆an, ahora no le incomodaba. Se acerc贸 a su amado y d谩ndole un casto beso lo abraz贸 por la espalda.

—Despu茅s de tanto tiempo… —Ambos compartieron aquella sonrisa, que tal vez a muchos no les gustara…

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