El regreso de los
Escorpios
Clasificaci贸n: No
menores de 18 a帽os (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categor铆a: Saint
Seiya
Disclaimer: Los
personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y
Shiori Teshirogi
G茅nero: Romance,
Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte
de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen
ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se
separaron, 茅l buscara a su hermano por todo el pa铆s del hielo, mientras el
pr铆ncipe de esa regi贸n conocer谩 el amor con 茅l... (Yaoi) (Milo/Camus)
(Kardia/Degel)
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X.- Historia
vivida
Radamanthys jam谩s crey贸
que llegar铆a el d铆a en que dar铆a su vida por un hombre que no haya sido Kagaho,
pero el destino era tan cruel. Justo cuando m谩s quer铆a alejarse de aquellos
recuerdos 茅stos ven铆an a joderlo otra vez. Mir贸 por encima de su hombro el
rostro ani帽ado de Ikki, su siempre fr铆a y a la vez caprichosa mirada hab铆a
desaparecido. Sus parpados guardaban celosamente sus ojos azules, lo que dar铆a
por que estos ahora estuvieran mir谩ndolo con su t铆pico brillo de superioridad. Mir贸 de nuevo hacia adelante y sigui贸
corriendo. Su mente era un caos al igual que su coraz贸n. La mirada que Kardia
le hab铆a dirigido minutos atr谩s antes de salir no era por que estuviera
preocupado. Kardia sab铆a su pasado con Kagaho, el muy bastardo sab铆a cada paso
que daba, y no solo de 茅l, si no del todo el reino y eso le estaba jodiendo. A
pesar de que su rey confiara plenamente en el descendiente de Arles, 茅l no lo
hac铆a, era como si todo hubiera sido planeado cruelmente por el destino.
Decidi贸 distraerse, dejar de pensar en Kardia, y su origen. Con cada paso que
daba el cuerpo de Ikki perd铆a su usual calor, su respiraci贸n empez贸 a hacerse
irregular y eso era peligroso. Por primera vez en toda su vida se le hizo tan
larga la salida del reino de los hielos.
—Resiste
mocoso… —susurr贸 empezando a jadear. Se detuvo y mir贸 a su alrededor.
Radamanthys ten铆a... ¿Calor? ¡Pero si estaban en un pa铆s bajo cero!
—
¿Ocurre algo Rada? —pregunt贸 Aiacos deteni茅ndose junto a Minos. Una fuerte
neblina empez贸 a aparecer sin dejarles ver el camino.
—
¿No lo sienten? —ambos se miraron entre s铆 sin entender a qu茅 se refer铆a, pero
en eso Minos puso una cara horrorizada y usando ‘La Marioneta C贸smica’ los
quit贸 del camino. — ¡Minos!
—
¿Qu茅 te ocurre idiota? —grit贸 Aiacos, que hab铆a ca铆do en los brazos de Minos.
—Una
rosa. —susurr贸 con voz sombr铆a. Aiacos parpade贸 confundido mirando hacia la
direcci贸n donde miraba el peliplateado. Efectivamente, hab铆a una rosa carmes铆.
—
¿De d贸nde sali贸? —susurr贸 frunciendo el entrecejo. Mir贸 hacia Radamanthys y
luego a Minos que miraban hacia al frente.
—Tanto
tiempo sin verte, Minos. —la voz carente de emoci贸n se pudo escuchar alrededor.
Minos empez贸 a fruncir m谩s el entrecejo que Aiacos crey贸 que se le partir铆a la
cara en dos.
—Albafica
—susurr贸. Un fuerte viento les golpe贸 la cara, dejando notar la presencia de
dos hombres. Los tres cerraron sus ojos cuando la neblina empez贸 a
arremolinarse, cuando se esfum贸 por fin el rostro de Minos se volvi贸 fr铆o.
Frente a ellos hab铆a un
hombre de cabellos largos y celestes, su piel n铆vea pod铆a competir contra la
misma nieve, y sus ojos que podr铆a compararse con los glaciares, tan fr铆os. Era
un hombre de gran atractivo, que incluso pod铆a competir con la belleza de la
familia real de los hielos. A su lado, un muchacho de cabellos cortos azules,
m谩s alto, tal vez con dos cent铆metros, era todo lo opuesto. Mostraba una
sonrisa burlona y sus ojos chispeaban con emoci贸n, Aiacos apret贸 su mano que
estaba en el pecho de Minos, no le gustaba lo que ve铆a, en una de las manos del
peliazul ten铆a lo que parec铆a ser fuego azul.
—
¿No piensas saludarme? ¡Vaya! Cre铆 que ten铆as modales. —dijo con burla, dio un
paso hacia adelante y mostr贸 una fr铆a sonrisa. — Veo que Aiacos te perdon贸 tu
falta.
—Maldito
—mascull贸— ¿Qu茅 haces aqu铆?
—Vengo
a matarte. — dijo como si nada, agarr贸 una rosa roja, admirando la belleza de
su m谩s preciada arma— Recuerdo que hace un a帽o te salvaste del veneno de mi
sangre, pero esta vez todo ser谩 diferente.
—
¿De qu茅 habla Minos? —pregunt贸 escuetamente Radamanthys, acomodando el cuerpo
de Ikki en su espalda.
—
¿No se lo has dicho? —Albafica ensanch贸 su sonrisa, soltando una fr铆a
carcajada. — 脡ste hombre acept贸 matar a una mujer, solo si yo le entregaba mi
amor.
Aiacos agrand贸 sus ojos
por la sorpresa, el dolor y el odio que en ese momento sinti贸 volvi贸 a
aparecer. Se mordi贸 el labio inferior tratando de relajarse ¿por eso hab铆a
matado a su fiel amiga?
—Lo
hiciste por eso —susurr贸 con voz sombr铆a, Minos agach贸 la mirada, no pod铆a
verlo a los ojos. — ¡Responde carajo!
—Fui
enga帽ado… Aiacos yo… —al alzar la vista se encontr贸 con la fr铆a mirada de su
amigo.
—Aunque
me encantar铆a escuchar la tr谩gica historia de amor de ustedes, te recomendar铆a
Radamanthys que te adelantaras, la vida de ese chiquillo se extingue cada
segundo que estas aqu铆. —Habl贸 el hombre que estaba junto a Albafica.
—Manigoldo
tiene raz贸n. Nosotros solo estamos aqu铆 por ese par. —Dijo se帽alando a Aiacos y
Minos.
—Vete
Rada. —Habl贸 decidido Aiacos. — Kardia conf铆a en ti, adem谩s diste tu palabra
para salvar a ese chiquillo.
—S铆…
—dijo dubitativo. Mir贸 hacia Albafica y Manigoldo y pregunt贸. — ¿Por qu茅 no me
matan tambi茅n?
—Muy
simple —la voz de Manigoldo se escuch贸, poniendo una mano en su pecho ampli贸 su
sonrisa. — Yo soy el 谩ngel de la vida, Manigoldo, fui encargado por la misma
muerte el deber de proteger a los descendientes del reino del fuego. Y ese
chiquillo que traes en tu espalda es hijo de Arles, por lo tanto es mi deber
mantenerlo a salvo. Ahora… ¡Largo!
Radamanthys dio una
煤ltima mirada a sus hermanos de armas y se fue. Deb铆a llegar r谩pido, la vida de
Ikki depend铆a solamente de 茅l. Manigoldo que lo miraba marcharse sonri贸 a煤n
m谩s.
—Ahora
que se fue hay que cumplir nuestra misi贸n —susurr贸 Albafica, donde un aura
dorada empez贸 a rodearle, al igual que Manigoldo.
Minos
y Aiacos se preparaban para atacar, no sin antes Aiacos preguntar el motivo por
el cual mataron a su fiel amiga.
—
¿Por qu茅 a Violate? —pregunt贸. Albafica mir贸 a Minos e hizo una mueca
indiferente.
—
¿Se lo dices t煤, o se lo digo yo?
—Aiacos…
—susurr贸 Minos, captando la atenci贸n del aludido. — 脡l utiliz贸 mi momento de
debilidad. Violate hab铆a llegado a reino de los hielos en esa 茅poca y t煤 me
ignorabas por estar con ella. Incluso prefer铆as quedarte horas a su lado que
permanecer al m铆o. Sent铆 celos, sent铆a soledad. Entonces lleg贸 Albafica, me
dijo que ella trataba de alejarte de m铆, y 茅l, prometi茅ndome su amor me
manipul贸 para que la matara.
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HACE UN A脩O ATR脕S
Un grito desgarrador y
sangre esparci茅ndose por todo el lugar. Mir贸 sus manos p谩lidas, ahora manchadas
por el l铆quido carmes铆 de la sangre. Una sonrisa algo torcida surc贸 en su
rostro. Lo hab铆a hecho. Hab铆a matado a esa mujer que tantos dolores de cabeza
le hab铆a causado. Mir贸 el cad谩ver que yac铆a sobre el fr铆o suelo rocoso a unos
cent铆metros de sus pies. La mujer ten铆a los ojos abiertos y los labios
entreabiertos. Su cuerpo estaba deforme, pero era normal. Su t茅cnica le hab铆a
roto todos sus huesos hasta hacerlos trizas. ¡Era toda una obra de arte!
Una risa fr铆a y llena de
odio reson贸 por los alrededores. Se acerc贸 con parsimonia y agarr贸 de los
cabellos color vino, su rostro blanco ahora se encontraba p谩lido y fr铆o.
—Por
fin est谩s muerta perra. —Susurr贸 extasiado. Arroj贸 el cad谩ver lo m谩s lejos que
pudo, cayendo en un golpe seco.
Sacando un pa帽uelo,
empez贸 a limpiarse la sangre de sus manos con parsimonia. Unos pasos y el
crujir de una rama lo hicieron voltear. Hasta ahora, reci茅n se daba cuenta que
la hab铆a seguido hasta el bosque.
—Has
hecho un gran trabajo. —Habl贸 esa persona. — ¡Impresionante!
—Todo
por complacerte, querido. —Dijo con una sonrisa maliciosa. — Ahora si podr谩s
amarme por el resto de tu vida.
El muchacho no dijo
nada, acerc谩ndose hacia el cad谩ver de la mujer examin贸 con cuidado cada
cent铆metro de la piel.
—
¿Qu茅 hiciste? —pregunt贸 en un susurro con indiferencia.
—La
tortur茅 con mi Marioneta C贸smica. —Dijo soltando unas carcajadas. — Hubieras
visto, la idiota gritaba piedad, fue maravilloso. Jam谩s cre铆 que esa musculosa
pudiera si quiera conocer la s煤plica.
El muchacho se levant贸
sin emoci贸n alguna, era unos cent铆metros m谩s bajo que Minos pero aun as铆 su
presencia era de temer. Seg煤n hab铆a escuchado, hab铆a asesinado 9999 personas en
menos de 5 a帽os ¡Era todo un record! Aunque solo hayan sido viles ladrones o
asesinos.
—Y
dime Albafica. —Continu贸 hablando Minos. — ¿A d贸nde iremos hermoso?
—Vuelve
a decirme hermoso, y el siguiente en morir ser谩s t煤. —Susurr贸 sombr铆amente.
—
¡Ok! Pero es inevitable no decirte as铆. —Se fue acercando hacia el menor, pero
Albafica se alejaba con tranquilidad. — Tsk. Mat茅 a la idiota que quer铆a
embrujar a Aiacos por ti, y ahora me rechazas. ¿Por qu茅?
—Minos,
recu茅rdame ¿Por qu茅 mataste a Violate?
—
¡Obvio! Quer铆a alejarme de Aiacos ¡Ya te lo hab铆a dicho!
—
¿Qu茅 sientes por Aiacos? —Minos frunci贸 el entrecejo fastidiado ¿a que jugaba
Albafica? — Responde.
—Lo
amaba… pero ahora te tengo a ti ¿no?
—
¿Lo amabas? —dijo Albafica frunciendo el entrecejo. — ¿Ya no lo amas? —La
mirada fr铆a y penetrante de Albafica, incomodaba bastante a Minos, que
desviando la mirada, susurr贸.
—Aun
lo amo. —La expresi贸n de Albafica cambi贸 radicalmente a una m谩s suave, incluso
le pareci贸 ver rastros de alegr铆a. Eso sorprendi贸 al albino que se hab铆a
quedado mudo.
Era la primera vez que
ve铆a sonre铆r a Albafica desde que lo conoci贸, generalmente su rostro, sus ojos,
mostraban una tristeza infinita que nunca supo entender, pero ahora… era todo
lo contrario ¡sonre铆a! Y vaya que ten铆a una hermosa sonrisa. Albafica mir贸
hacia el cielo y esper贸 con una ligera sonrisa la llegada de ese ser. Minos no
entend铆a nada de lo que pasaba, m谩s cuando vio como las nubes empezaban a
arremolinarse sobre el cielo, y el viento antes calmado, desatara su furia
contra ellos, tuvo terror. Por alguna extra帽a raz贸n la temperatura empez贸 a
bajar considerablemente, not谩ndose algunos bloques de hielo.
Toda
su vida hab铆a crecido en el mundo de los hielos, pero jam谩s crey贸 que un una isla
donde siempre el sol estaba presente se volviera en segundos un bloque de
hielo.
—
¡Albafica! —grit贸 el nombre del menor, que estaba rodeado por una espesa
neblina. — ¿Qu茅 est谩 ocurriendo?
Intent贸
hacerse paso, pero era in煤til. Mientras m谩s intentaba acercarse, algo imped铆a
su encuentro con el peliceleste.
—
¡Albafica! —volvi贸 a gritar, la piel empezaba a rasgu帽arse con cada paso que
daba, era como sentir miles de cuchillas intentando penetrar su piel.
Cuando por fin pudo
estar al lado del m谩s joven sus ropas estaban hechas jirones y las heridas
manchaban de un bello carmes铆 cada prenda. Albafica no ten铆a ni un solo
rasgu帽o, su mirada mostraba algo de ansiedad y en su rostro hab铆a una sonrisa
dibujada. Siguiendo el lugar hacia donde miraba se sorprendi贸 de ver el cielo,
antes claro, ahora cubierto por un manto negro. Las nubes se hab铆an quedado
arremolinadas y el viento segu铆a golpeando con fuerza su rostro.
En
el centro un haz de luz apareci贸, chocando sobre el cuerpo inerte de Violate.
Minos se manten铆a impactado mirando como empezaba a levitar el cuerpo de la
mujer. Entonces, una figura oscura, algo borrosa, apareci贸 sujetando el cuerpo
fr铆o de Violate. Albafica camin贸 despacio hasta llegar hacia el haz de luz y
alzando su mano trat贸 de tocar a la figura.
—
¡Detente Albafica! —grit贸 Minos sin moverse. El peliceleste volte贸 su rostro,
mir谩ndolo por encima de su hombro.
—
¿Por qu茅? —dijo con una media sonrisa. — He esperado tanto tiempo.
La figura empez贸 a
materializarse en ese momento, dejando ver la anatom铆a de un hombre alto, de
cabellos azules y ojos violetas, vestido solamente con una larga y oscura
t煤nica, representando a la muerte. Al verlo Albafica ensanch贸 su sonrisa, las
l谩grimas empezaron a anegarse a sus ojos, queriendo salir en cualquier momento.
—Manigoldo.
—Susurr贸 con voz ahogada, el aludido sonri贸 con ternura, acariciando el rostro
n铆veo de su peque帽a rosa.
—Albafica.
—Susurr贸 limpiando la peque帽a l谩grima que sali贸 de los ojos del menor.
—Lo
hice… —dijo con alegr铆a— 10000 almas. —El rostro de Manigoldo empez贸 a mostrar
una mueca de disgusto al escucharlo.
—Alba-chan
—dijo con cari帽o. — ¿Por qu茅 jam谩s me escuchas? —Albafica agach贸 la mirada
sintiendo algo de verg眉enza, aunque en su defensa no ten铆a otra opci贸n.
—Porque
te amo. —Dijo mir谩ndolo. — Eres el 煤nico hombre que he amado toda mi vida.
—Lugonis
est谩 decepcionado de ti Alba-chan —dijo con suave reproche. — Pero entiende tus
razones.
—
¿Y t煤? —pregunt贸 temiendo lo peor.
—Sabes
que respeto la vida… y aunque s茅 cu谩les eran tus intenciones, no lo estoy.
—Albafica sonri贸 y mir贸 de nuevo el cielo. Su rostro volvi贸 a tener su habitual
seriedad e indiferencia.
—
¡He cumplido con mi trato! ¡10000 almas a cambio de la vida de Manigoldo!
—grit贸 con fuerza. — 9999 personas padecieron por mi mano y 1 padeci贸 por un
humano con sed de sangre que mat贸 a esta mujer que ahora te entrego por sus
celos.
En ese momento, el
cuerpo de Violate, empez贸 a brillar, y unas luces blancas salieron rumbo al
cielo, mientras que el cuerpo de Manigoldo empez贸 a materializarse frente a los
ojos de Minos y Albafica. El peliazul cerr贸 sus ojos cayendo inconsciente a los
brazos del peliceleste, atr谩s de 茅l la figura de un hombre con una larga t煤nica
negra con decorados plateados apareci贸. Sus cabellos algo largos de color como
la noche y piel tan p谩lida como los albinos, sosten铆a en su mano derecha el
alma de la mujer.
—La
vida es ef铆mera para los seres humanos, desperdiciada para algunos y corta para
otros. Est谩 es una lecci贸n para ti Albafica sucesor de Lugonis y asesino de
Manigoldo. —Dijo con voz profunda y seria. Minos que ve铆a a ese hombre se hab铆a
quedado en silencio. — Durante estos doce a帽os espero que esto te haya servido
de lecci贸n y el d铆a de tu muerte se juzgara tus cr铆menes contra la vida.
Dio un vistazo al lugar
donde hace doce a帽os Manigoldo muri贸 y sonri贸 al ver a Minos.
—Jam谩s
cre铆 que encontrar铆as al humano con sed de sangre, capaz de matar sin piedad a
la mujer de su amado. —Mir贸 a Albafica que se aferraba al cuerpo de Manigoldo y
sonri贸, la imagen de un ni帽o de diez a帽os apareci贸, ir贸nicamente estaban en el
mismo lugar. — Hasta nunca, Albafica. El 谩ngel de la vida estar谩 en tus manos,
no lo desperdicies.
El viento sopl贸 con m谩s
fuerza durante algunos segundos, y cuando por fin se calm贸 el cielo volvi贸 a su
color azul.
—Albafica…
—susurr贸 Minos sin saber qu茅 diablos hab铆a sucedido. — ¿Qu茅 est谩 pasando aqu铆?
¡Habla! —El peliceleste mir贸 a Minos con indiferencia y habl贸.
—Ese
hombre era Thanatos. —Minos abri贸 sus ojos sorprendido.
—El
dios de la muerte, pero…
—Recuerdas
que una vez te mencion茅 al ni帽o que jug贸 con la muerte. —Minos asinti贸 con una
sonrisa incr茅dula. — Era yo. Soy ese ni帽o con el veneno en su sangre y asesino
del 谩ngel de la vida.
—Me
usaste. —Albafica levant贸 a Manigoldo que a煤n segu铆a inconsciente. — Soy un
est煤pido.
—Mi
familia custodiaba junto a los emisarios de Thanatos a los humanos, e
interferimos cuando es necesario en la vida de los pa铆ses del fuego y hielo.
—Susurr贸 sin inmutarse ante la mirada llena de odio de Minos. — Si fuera t煤,
mejor pensar铆a en una coartada para la desaparici贸n de Violate, Minos.
—Cre铆
en ti, maldito. —Gru帽贸 molesto. — Marioneta C贸smica —Los hilos, empezaron a
penetrar la piel de Albafica y Manigoldo, la sangre empezaba a brotar entre los
finos hilos.
—
¡Es hora de pagar por tu crimen Albafica! —grit贸 con ira. Albafica sonri贸 de
lado y alz贸 su mano libre, a pesar de sentir como los hilos profundizaban sus
heridas y quebraban algunos de sus huesos, no se inmutar铆a ante ese hombre.
—Espinas
Carmes铆. —Grit贸. Miles de agujas de sangre empezaron a clavarse en el cuerpo de
Minos.
—Arrgh…
—grit贸 de dolor. Su cuerpo empez贸 a sentirse pesado, mientras que sus ojos
empezaron a nublarse, la vista le empezaba a fallar.
—Albafica…
—susurr贸 apenas Manigoldo, empezando a despertar. — Ya d茅jalo, no puedes
matarlo.
—De
acuerdo… —Se levant贸, separ谩ndose a unos cent铆metros del peliceleste, sacando
de su t煤nica un frasco con un l铆quido transparente, lo lanz贸 hacia el peliplateado y se dio media vuelta.
—Es
un ant铆doto… si a煤n quieres vivir t贸matelo. —Empez贸 a caminar seguido de
Albafica desapareciendo en segundos.
Minos se hab铆a quedado
unos segundos mirando hacia el lugar, donde hab铆an desaparecido aquel par. Sin
chistar bebi贸 el brebaje y pudo sentir como el l铆quido aliviaba su interior.
Cerr贸 sus ojos sinti茅ndose sucio. Debi贸 haberlo imaginado… pero ¿C贸mo hacerlo?
En su momento de desesperaci贸n Albafica hab铆a llegado y por el tiempo que se
hab铆a quedado se hab铆a sentido importante. El muchacho de piel n铆vea hab铆a
llenado el vac铆o que Aiacos hab铆a dejado.
—Aiacos…
—susurr贸 el nombre de su amigo, su amor secreto. Mir贸 el cuerpo de Violate y se
llev贸 una mano en la frente. Hab铆a matado a esa mujer que era tan importante
para Aiacos.
— ¡Minos!
—escuch贸 la voz angustiada de su tormento, gir贸 su rostro y lo vio junto a
Radamanthys, ambos vestidos con sus sapuris. Hizo un intento de sonrisa, solo
logrando una mueca torcida.
Aiacos se acerc贸 a 茅l y
se arrodill贸. Su rostro sorprendido se alivi贸 al no encontrar heridas en su
cuerpo. Solt贸 un suspiro cuando Aiacos se percatara de cuerpo de Violate.
—Hay
algo que debo decirte… —susurr贸 tratando de incorporarse. Aiacos le trat贸 de
impedir. Mir贸 de reojo a su amigo rubio y lo vio mirando fijamente un punto en
espec铆fico. Ya se hab铆a dado cuenta del cad谩ver.
—Tranquilo…
luego nos dir谩s que es lo que te pasa —Susurr贸 acariciando su mejilla con
suavidad. Minos lo mir贸 por unos segundos para luego apartarlo. — ¿Minos?
—Lo
siento… no era mi intenci贸n —Aiacos parpade贸 un par de veces antes de alzar la
mirada y ver el cuerpo inerte de Violate. Volte贸 a ver a Minos que le dedicaba
una triste sonrisa.
—La
mataste… —Minos agach贸 la cabeza sin decir nada. Los ojos de Aiacos se
agolparon de l谩grimas que se negaban en salir y trat贸 de abalanzarse sobre
Minos. Radamanthys que ya se hab铆a anticipado al problema lo agarr贸 con fuerza.
— “¡Por una mierda Minos! —grit贸 con fuerza. — Ella era como una hermana
¡Joder! ¡A ti era quien amaba! ¡¿C贸mo pudiste matarla?! ¡¿Minos?!
—Lo…
lo siento… —susurr贸 evitando mirarlo. Tanto tiempo tratando de escuchar
aquellas palabras ¡Maldito el d铆a en el que conoci贸 a Albafica!
—Esto
no tiene perd贸n —Susurr贸 con voz sombr铆a. Minos alz贸 la mirada incr茅dulo.
Radamanthys que estaba detr谩s de Aiacos alzaba la ceja sin comprender lo que
pasaba. — Tus disculpas no me van a devolver a Violate.
Separ谩ndose bruscamente
de Radamanthys se fue directo al pa铆s del hielo, sin mirar atr谩s. Minos sab铆a
que su relaci贸n con Aiacos nunca volver铆a a ser la misma, hab铆a roto el fr谩gil
lazo que los un铆a.
—Regresemos
—susurr贸 sin emoci贸n Radamanthys.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Aiacos hab铆a ca铆do de
rodillas al escuchar de los labios del mismo Minos lo que hab铆a pasado, se llev贸
una mano a la boca, evitando vomitar. Anteriormente hab铆a matado a muchos
hombres, mujeres y ni帽os en nombre del rey de los hielos, pero el tema de
Violate era muy distinto. Ella era la mujer m谩s importante en su vida, la
consideraba una hermana.
—Lo
siento… —susurr贸 Minos, Aiacos le dirigi贸 una g茅lida mirada y se volvi贸 a
levantar.
—Calla
Minos —gru帽贸— Debemos acabar primero con este par y luego te dar茅 una paliza
por la muerte de Violate.
—
¿Escuchaste Alba-chan? —dijo con una sonrisa burlona Manigoldo. Albafica sonri贸
apenas y se acerc贸 m谩s a su parabatai (*) — Piensan que nos vencer谩n tan f谩cil…
que tiernos
—No
juegues con mi paciencia —gru帽贸 molesto Aiacos— Ilusi贸n Gal谩ctica —cruz贸 sus
mu帽ecas por encima de su cabeza y concentr贸 su cosmo lanz谩ndoles directo hacia
Albafica y Manigoldo.
—Tsk
—ambos hombres esquivan el ataque, dando un gran salto. Manigoldo en el aire
abre la palma de su mano donde un resplandor con llamas azules aparece—
Sepultura de Almas.
—
¡¿Pero qu茅…?! —grita Aiacos cuando un gran estallido lo envuelve, tir谩ndolo al
suelo. Minos que corre a verificar los signos vitales de su compa帽ero sonr铆e
con malicia. Tomando el cuerpo de Aiacos abre las alas de su Sapuri.
—Aleteo
de Plumas Gigantescas —Minos se elev贸 por los aires moviendo las alas de su
Sapuri. El aleteo produce un vendaval de viento huracanado que barre los alrededores destruyendo todo a su paso,
golpeando a Manigoldo y Albafica que vuelan por los aires, cayendo en un golpe
seco. — ¿Aun creen que somos d茅biles?
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Radamanthys que corr铆a a
toda velocidad por fin saliendo del pa铆s de los hielos se detuvo al sentir el
gran estallido de cosmo. Sonriendo de lado al saber que Minos lo ten铆a
controlado, aunque su sonrisa empez贸 a flaquear cuando sinti贸 el cosmo
descontrolado de Aiacos, quiso volver, pero deb铆a ayudar a Ikki. 脡l confiaba en
Aiacos y Minos y sab铆a que ninguno de los dos arriesgar铆a al otro. O eso
esperaba.
—Debo
seguir… —en el camino su ment茅 vag贸 hacia lo que pasaba. Hab铆a reconocido a ese
par. No por nada era el m谩s fuerte de los tres jueces (**) de los hielos. Su
rey le hab铆a ordenado averiguar m谩s acerca del pasado de Kardia, encontr谩ndose
con ese par en el camino.
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DIEZ A脩OS ANTES
Radamanthys hab铆a
decidido vengarse, aunque el cuerpo le dol铆a y le pesaba a horrores sab铆a que
deb铆a ir tras Kagaho y matarlo. Aun sent铆a su orgullo lastimado al saber que
hab铆a sido salvado por el primog茅nito de Arles, el hombre que hab铆a matado a
sus padres. Y todo se lo deb铆a al idiota de Kagaho. Chasque贸 la lengua,
furioso. Esta vez 茅l se har铆a personalmente a cargo de esa familia, pero sobre
todo de Kardia, en quien no confiaba del todo. No pod铆a creer esa historia del
hijo abandonado a su suerte y menos pod铆a creer en aquella sonrisa que hab铆a
enamorado a su pr铆ncipe.
—Tsk
—se detuvo en seco al escuchar algunos gritos, ocultando su cosmo camin贸 hacia
el lugar, encontr谩ndose a Kardia que tra铆a el enorme camis贸n que Krest le hab铆a
regalado, descalzo. Frunci贸 el entrecejo. La nieve ca铆a sobre ellos y Kardia,
quien era intolerante al fr铆o, se encontraba tranquilo. Se asom贸 un poco m谩s
encontr谩ndose a un muchacho de cabellos celestes y ojos cerrados.
El joven de celestes cabellos
se levant贸 con parsimonia, vest铆a ropa negra compuesta de unos pantalones
apegados y un abrigo del mismo color. Hab铆a abierto sus ojos asustado.
Sorprendido. Ese hombre que estaba a sus pies, muerto, era la primera v铆ctima
que cobraba. Mir贸 hac铆a un costado, encontr谩ndose con los ojos azules de su
maestro. Ese muchacho un a帽o menor lo miraba con diversi贸n. En ese momento
Albafica se daba cuenta que su amigo ya estaba acostumbrado a ver la muerte muy
seguido. Kardia se acerc贸 y agach谩ndose, verific贸 los signos vitales del
cad谩ver.
—Me
sorprendes Albita —susurr贸 con una sonrisa. — Lo dejaste seco… ¡No hay ninguna
gota de sangre!
—La
rosa Blanca cumple con esa funci贸n… —susurr贸 sin quitar su mirada horrorizada
del cad谩ver.
—
¡Ya tranquil铆zate hombre! Has matado a ese asesino por una buena causa ¿o no?
—
¿No tienes coraz贸n Kardia? —pregunt贸 en un susurr贸, dirigi茅ndole una mirada de
fastidio.
—Lo
perd铆 desde que volv铆 a este puto reino. —Mascull贸 entre dientes. El viento
empez贸 a soplar con m谩s fuerza, empezando a juguetear con los cabellos azules y
celestes, mezcl谩ndolos. — ¡Mira!
Ambos ni帽os alzaron su
vista sorprendidos sin mostrar temor, desde el cielo una luz dorada alumbr贸 el
cuerpo inerte elev谩ndolo. Albafica tom贸 la mano de Kardia apret谩ndola con
suavidad esperando alguna reacci贸n del cad谩ver. Hasta que de su boca una
sustancia azul plateada, ni liquida, ni gaseosa
le sal铆a.
—
¿Qu茅 es eso? —pregunt贸 Kardia, mirando con sorpresa a Albafica.
—No
lo s茅… —confes贸 Albafica, de la nada atr谩s del cad谩ver, la figura de un hombre
con t煤nica apareci贸 tocando esa sustancia azul plateada. — “¡…!”
—Soy
el enviado de la muerte… —se present贸, en ese instante los ojos de Albafica se
anegaron de l谩grimas al reconocer aquella voz.
Radamanthys estaba asombrado.
El hombre de la t煤nica dej贸 ver su rostro mirando asombrado ambos rostros.
—Kardia…
Alba-chan… —mir贸 el cad谩ver y una sonrisa amarga surc贸— ¿Qui茅n de los dos acab贸
con su vida?
—Fui
yo —dijo Albafica. Radamanthys no entend铆a nada. Kardia luc铆a aquella sonrisa
confiada que le crispaba los nervios.
—Albafica…
Este hombre representa a tu primera muerte solo te falta 9999 m谩s y el contrato
con la muerte culminar谩. —Se levant贸 con el alma del muerto, ya no hab铆a
necesidad de abordar. — Nos vemos en las pr贸ximas muertes…
—No
te vayas ¡Manigoldo! —grit贸 Albafica, sintiendo como su coraz贸n volv铆a a
oprimirse— Lo siento…
—No
hay nada de que disculparse Alba-chan… los accidentes siempre pasan…
Hubo un silencio cuando
Manigoldo desapareci贸. Radamanthys quiso irse, pero lo que dijo ese hombre lo
pon铆a alerta.
—Entonces
nos vemos luego… —dijo con simpleza Kardia— ¡Vamos Albita! Volver谩s a ver al
crust谩ceo muy pronto.
—
¿Por cu谩nto tiempo Kardia? —pregunt贸 captando no solo la atenci贸n de
Radamanthys sino la de Kardia, quien sonri贸 extra帽amente.
—Yo
te avisar茅 cuando el d铆a llegue. No te preocupes por ello, amigo. —Se acerc贸 a
Albafica poniendo una mano en su hombro. — El barco est谩 a punto de zarpar,
deber铆as apresurarte o no podr谩s ir al Earthland.
—Lo
s茅… —le regal贸 una sonrisa apagada, que fue correspondida por Kardia. — Cu铆date
Kardia… no conf铆es en los hombres del reino de los hielos.
—Siempre
—Albafica dio media vuelta desapareciendo entre la frondosa vegetaci贸n. Solo en
ese entonces, la sonrisa de Kardia desapareci贸 girando hacia donde estaba
Radamanthys. — ¿Nunca te han dicho que espiar es malo?
—No
cuando eres el hijo de Arles —gru帽贸— ¿Qu茅 planeas?
—Solo
ayudo a mi amigo, Radamanthys. —Sonri贸 con inocencia.
—A
m铆 no me enga帽as… no creas que estoy agradecido de que me salvaras aquella vez.
—No
espero un agradecimiento cejota. —Dio media vuelta. — Ir茅 a ver a Degel y a
Camuchis, han de estar preocupados por m铆.
—Kardia…
—el muchacho volte贸 y mostr贸 una sonrisa torcida.
—No
te metas en mi camino Radamanthys… no soy el enemigo. No soy Kagaho.
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Se detuvo para mirar
alrededor. El reino de los hielos ya hab铆a quedado atr谩s y lo 煤nico que le
faltaba atravesar es aquella barrera. Cuando apenas pis贸 un pie fuera de la
protecci贸n la realidad lo golpe贸. El Earthland era tan diferente a lo que 茅l
recordaba. Antes eran puros pueblos con gente que trabajaba bajo el sol todas
las ma帽anas y se reun铆an en las noches para contar an茅cdotas. Los ni帽os
jugueteando con una rama y una pelota, mientras que los adolescentes varones
ayudaban a sus padres y las jovencitas se convert铆an en mujeres y practicaban
sus modales.
Salt贸
hacia la orilla donde el barco que lo llevar铆a hacia la isla del f茅nix, m谩s
conocida como la isla de la muerte, lo esperaba y baj贸 a Ikki.
—Es
malo hacer esperar, Radamanthys de Wyvern. —Escuch贸 una voz a sus espaldas. Al
girar se encontr贸 con un muchacho de aspecto inocente, de cabellos rubios y
largos, con los ojos azules m谩s puros que hubiera visto. Eso le dio cierto
asco.
—
¿Qui茅n eres? —gru帽贸 aferrando m谩s el cuerpo de Ikki contra el suyo.
—Mi
nombre es Alone, soy la mano derecha de Kagaho y vengo ante ti, Juez Wyvern,
por un mensaje de su parte.
—Ya
estoy en camino… —dijo sin darle importancia.
—No
es por eso —dijo con una sonrisa. — Solo es una advertencia o mejor dicho te
est谩 dando una oportunidad.
—
¿Qu茅? —Radamanthys se sorprendi贸 ante eso. ¿Qu茅 planeaba Kagaho?
—Como
sabes Kagaho fue quien le hizo esto a Ikki. Y sabes que ambos son un alma
dividida. —Explic贸 con tranquilidad Alone. — Mi se帽or Kagaho quiere que te unas
a 茅l y as铆 vencer juntos a Arles y de paso asesinar a Kardia.
—
¿Por qu茅 deber铆a confiar en ustedes? —mascull贸 escupiendo cada palabra. — No
conf铆o en Kagaho ¿C贸mo no sabr茅 si despu茅s de eso no me asesina a m铆?
—Por
qu茅 te ama… —susurr贸 con voz sombr铆a, que no pas贸 desapercibida por el rubio. —
Te quiere a su lado. Incluso dijo que aceptara a tus amigos, Aiacos y Minos que
ahora deben de estar padeciendo los ataques de Albafica y Manigoldo.
—
¿Qu茅 tanto sabes de ellos? —se acerc贸 amenazante ante Alone, que a煤n manten铆a
su rostro sereno.
—Muy
simple mi querido Radamanthys. —Se acerc贸 al m谩s alto y pos贸 una mano en su
rostro. — Nada es lo que parece… y d茅jame decirte que si no aceptas esta uni贸n
con mi se帽or, muchos morir谩n, incluso se podr铆a decir que ser铆a el fin de ambos
reinos.
—
¡Su茅ltame! —grit贸 d谩ndole un manotazo. Alone empez贸 a elevarse aun manteniendo
esa sonrisa en su rostro.
—Vendr茅
a verte cuando pises el suelo de la isla. Espero que aceptes Radamanthys…
—Imb茅cil…
—susurr贸 al verlo desaparecer. Mir贸 hacia la isla que ya estaba oculta por la
barrera y se dej贸 caer. Mir贸 com Ikki a煤n segu铆a inconsciente y suspir贸. ¿Qu茅
iba a hacer?
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
—
¡Te lo digo Aioria! Hay algo que no me gusta en todo eso —gru帽贸 Deathmask que
luc铆a alterado. Aioria por su parte solo rodeaba los ojos y volvi贸 a leer los
informes que hab铆an sido entregados por Afrodita esa misma tarde.
Mientras que los
pr铆ncipes Ikki y Milo aun estuvieran ah铆, 茅l y Deathmask deb铆an quedarse en el
reino de los hielos hasta que se les diera la orden de volver. Para Deathmask
el fr铆o no le era tan importante, a diferencia suya que estaba tan acostumbrado
al calor del reino del fuego.
—
¡Ya c谩llate! —grit贸 exasperado. — ¡Esto es una biblioteca! —su amigo peliazul
iba a abrir la boca pero la volvi贸 a cerrar. Aioria que alz贸 una ceja
interrogante recibi贸 un golpe en la cabeza. — ¿Pero qu茅 mierda…?
—Lo
mismo es para ti, hermano de Aioros. —Al reconocer esa voz no pudo evitar
fulminar con la mirada a Death, que inventando una excusa sali贸 en busca de
alg煤n libro.
—
¿Por qu茅 solo me reclamas a m铆? El
idiota que se acaba de ir tambi茅n gritaba. —Mascull贸 entre dientes.
—El
煤nico que grit贸 fuiste t煤. Y si no te gusta como son las cosas, vete de una
vez.
—Eres
un maldito aburrido Shura. —El azabache se detuvo y sonri贸 con iron铆a ¿Cu谩ntas
veces hab铆a escuchado ya eso? Gir贸 su rostro sin emoci贸n alguna y sac贸 una nota
de su bolsillo entreg谩ndoselo a Aioria. — ¿Qu茅 es eso?
—Un
tal Seiya lo dej贸 para ti, dijo que era importante —se dio media vuelta y
sigui贸 su camino, bajo la atenta mirada de Aioria que suspir贸.
Shura era el 煤nico en
todo el reino de los hielos (aparte de los pr铆ncipes) que se hab铆a acercado a
ellos y los hab铆a ayudado. Incluso les dio un techo donde vivir. A diferencia
con Deathmask, con quien siempre sol铆a beber algunas copas, con 茅l era todo lo
contrario. Le exig铆a el doble, y solo porque le deb铆a a su hermano Aioros, su
gratitud. Solt贸 un suspiro resignado y se le qued贸 mirando.
—
¿Y? ¿Se lo dijiste? —pregunt贸 interesado el mayor.
—No…
y nunca se lo dir茅. —Se levant贸 de la mesa— Debemos irnos… Afrodita y Aioros
nos esperan.
—
¿Qu茅? ¿Pas贸 algo con el reino del fuego? —pregunt贸 sin mucho inter茅s.
—No…
—Death mir贸 a Aioria interrogante y acerc谩ndose pudo saber lo que pasaba. Al
parecer sus temores eran ciertos, 茅l hab铆a llegado, pero… ¿C贸mo?
—Tal
parece que cejotas no ment铆a…
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Kardia miraba el cielo
que empezaba a oscurecer. Al parecer la pelea de Albafica y Manigoldo contra
Minos y Aiacos ya hab铆a comenzado. Lo 煤nico que faltaba era esperar a que fuera
el momento indicado para que todo lo que hab铆a hecho se cumpliera. Fueron los
m谩s largos 12 a帽os.
—
¿Pap谩? —la vocecita de su hijo lo sac贸 de sus pensamientos. Volte贸 sonri茅ndole
con cari帽o. Su hijo sonri贸 y se abalanz贸 a sus brazos. — ¡He visto a alguien
id茅ntico a ti!
—Ahhh
viste a Milo… ¿por qu茅 no vas junto a tu hermano y se presentan formalmente,
Hyoga?
—
¡Claro! —el peque帽o rubio sali贸 corriendo hacia la puerta que fue abierta por
Degel que miraba curioso como su hijo corr铆a.
—
¿Qu茅 le dijiste? —pregunt贸 al ver como Kardia miraba el jard铆n.
—Van
a conocer a Milo. Despu茅s de todo es su t铆o. —La sonrisa de Kardia, aquella que
no hab铆a visto en a帽os, la que antes tanto tem铆an, ahora no le incomodaba. Se
acerc贸 a su amado y d谩ndole un casto beso lo abraz贸 por la espalda.
—Despu茅s
de tanto tiempo… —Ambos compartieron aquella sonrisa, que tal vez a muchos no
les gustara…
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