El Regreso de los Escorpios [Cap铆tulo IX]

El regreso de los Escorpios


Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categor铆a: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

G茅nero: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se separaron, 茅l buscara a su hermano por todo el pa铆s del hielo, mientras el pr铆ncipe de esa regi贸n conocer谩 el amor con 茅l... (Yaoi) (Milo/Camus) (Kardia/Degel)


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 IX.- La leyenda del F茅nix

— ¡Basta! Me rindo

—Admite que soy el mejor.

—Eso quisieras…

                        Las risas se pod铆an escuchar por cada rinc贸n de castillo. El viejo rey, miraba enternecido la escena de ambos ni帽os que ten铆an doce a帽os. Mir贸 el reloj de la pared sintiendo que cada minuto que pasaba un poco m谩s de su vida se iba con 茅l, ya hab铆an pasado dos a帽os desde que la vio la 煤ltima vez y aun no ve铆a rastros de su esposa. Suspir贸 resignado y volvi贸 su mirada en los ni帽os. En especial al peliazul, ese muchacho hab铆a llegado justo el d铆a que su esposa se dio por desaparecida.

— ¿A que jugamos ahora? —pregunt贸 uno de ellos.

— ¿Quieres que te vuelva a ganar enano?

— ¡No soy enano! —el menor infl贸 sus mejillas de manera infantil, logrando sacar otra carcajada de su amigo. — ¡No te r铆as!

—Ya, tranquil铆zate Kagaho. —rodeo con un brazo el cuello del menor y lo acerc贸 a su rostro. — A menos que quieras que te castigue.

—Pervertido. —Kagaho se solt贸 del agarre y se fue caminando lo m谩s r谩pido que pod铆a lejos de su amigo. — A veces pienso que lo 煤nico que te importa es estar entre mis piernas.

—La 煤ltima vez que estuve as铆, no te quejaste. —Kagaho volte贸 el rostro sonrojado y molesto por las palabras dichas, se acerc贸 dando grandes zancadas y sin delicadeza alguna le dio un beso furioso a su amigo.

—Eres un idiota, Radamanthys. M谩s te vale no andar insinu谩ndoles a otros o te arrepentir谩s. —lejos de intimidarse, el rubio sonri贸 socarr贸n, rob谩ndole un 煤ltimo beso a ese mocoso que tantas sonrisas le sacaba y siempre lograba acelerarle el coraz贸n,  le dio la espalda y empezando a caminar hacia el castillo habl贸.

—Lo tendr茅 en cuenta. —lo que no sab铆a era que muy pronto se arrepentir铆a de aquellas palabras. Kagaho lo sigui贸 hasta llegar a su lado, posicion谩ndose de su mano. El rey frunci贸 el entrecejo, ten铆a un mal presentimiento de todo esto. Se acerc贸 a ambos j贸venes que al percatarse de su presencia hicieron una suave reverencia.

—Majestad. —respondieron al un铆sono.

—Radamanthys, necesito que vayas a despertar a Degel y a Camus. Sabes que son a煤n muy perezosos, as铆 que…

—Como ordene se帽or. —y haciendo otra reverencia se fue, dejando a Kagaho solo con el rey.

— ¿Qui茅n eres realmente? —el peliazul mir贸 indiferente al rey, y tratando de ignorarlo, pretendi贸 seguir a su rubio amigo y amante.

— ¿No piensas responder?

—No. —respondi贸 con voz fr铆a, el rey jal贸 de su brazo y lo hizo voltear.

—No te atrevas a lastimar a Radamanthys… no querr谩s ver mi lado oscuro.

— ¿En serio? —respondi贸 burl贸n el menor. — No me interesa su amenaza.

— ¿Acaso deseas que se entere de tu feo secreto? Radamanthys no soporta a gente como t煤. —Kagaho se detuvo en seco al escucharlo, gir贸 su rostro molesto. Sus serenos y fr铆os ojos azules empezaron a tornarse de un rojo carmes铆 que podr铆a compararse con la sangre.

—No te atrevas…

—No lo lastimes… aunque… —una sonrisa fr铆a se dibuj贸 en sus labios finos. — Solo es cuesti贸n de tiempo para que 茅l mismo se entere por ti mismo. —Kagaho no dijo nada m谩s y se fue junto a Radamanthys.



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                        Kagaho sab铆a muy bien el odio que su amante y amigo le profesaba hacia los seres que proven铆an del reino del fuego. Hace unos 6 a帽os atr谩s, Radamanthys hab铆a perdido a sus padres a manos del rey de dicho pa铆s. Dej谩ndolo solo y a merced del rey de los hielos. 脡l hab铆a aparecido en su vida cuatro a帽os despu茅s del suceso, donde hab铆a marcado la vida de rubio. Su amor fue casi a primera vista, y a pesar de que su rubio amigo no mostraba sentimiento alguno en su rostro, con su perseverancia pudo romper las barreras y adentrarse en su coraz贸n.
No se arrepent铆a. 脡l sab铆a que lo amaba, y que su amor era correspondido por el rubio. Apret贸 sus pu帽os por la impotencia que sent铆a, las l谩grimas se agolparon en sus ojos. Era algo nuevo para 茅l, nunca antes hab铆a llorado y ahora… fr铆as l谩grimas recorr铆an por sus p谩lidas mejillas. Sent铆a que de nuevo ca铆a por un acantilado perdi茅ndose en las penumbras al llegar hasta el fondo.

—No puedo… 茅l… jam谩s me perdonar铆a. —un sollozo escap贸 de sus labios— Radamanthys…

                        Como si lo hubiera invocado, el rubio apareci贸 por la puerta de su habitaci贸n. Andaba tan metido en sus pensamientos que al escuchar el suave murmullo que su amante solt贸 lo sac贸 de sus pensamientos.

— ¿Kagaho? ¿Qu茅 te ocurre? —se agach贸 hasta quedar a la  misma altura que su amado.

                        脡ste lo mir贸 con ojos suplicantes, deb铆a decirle la verdad, Radamanthys se lo merec铆a, pero justo cuando iba a decir algo, las palabras murieron en su boca. Cerr贸 los labios y desvi贸 la mirada.
Radamanthys hab铆a regresado de su entrenamiento, como ven铆a haci茅ndolo desde que fue acogido por el rey de los hielos, era como una muestra de su respeto y aprecio. Kagaho siempre admiraba esa fortaleza que mostraba, sab铆a que muy pronto ser铆a un ser sumamente reconocido al igual que ese par de idiotas (como los llamaba 茅l) Aiacos y Minos. Que aunque no eran de su total agrado les agradec铆a silenciosamente por formar parte de la vida de su rubio amante.

                        Un suspiro lastimero brot贸 de sus labios, atrayendo una vez m谩s atenci贸n de Radamanthys.
No quer铆a mostrarse pesado ni insistente, 茅l no sol铆a serlo, pero esta vez lo ser铆a, amaba a Kagaho y si hab铆a algo que lo molestara o inquietaba 茅l estar铆a ah铆 para ayudarlo a afrontarlo, e incluso dar铆a su vida con cual de sacarle una de esas imposibles sonrisas.

—Kagaho… —habl贸 una vez m谩s, tom贸 delicadamente el rostro del peliazul conectando su mirada dorada con las azules de su amado. L谩grimas de sangre sal铆an de esos zafiros sorprendi茅ndolo. — ¿Sangre? —limpi贸 aquellos rastros que manchaban la piel de la cara.

—Lo siento…

— ¿Por qu茅?

—Por amarte tanto.

            No entend铆a que intentaba decirle, pero lo que m谩s le sorprend铆a era que sea el mismo Kagaho quien dijera aquellas palabras. No era que no lo amase, pero desde que iniciaron su romance ninguno de los dos pronunciaba esas palabras. No las cre铆an necesarias ya que ambos sab铆an lo que el otro sent铆a, extra帽a relaci贸n, pero ambos as铆 lo eran, un par de extra帽os chicos que el destino hab铆a unido.
Sabiendo la incredulidad en los ojos de su amigo-amante Kagaho aprovech贸 esos segundos para robarle un beso. Sus manos empezaron a recorrer la p谩lida piel cubiertas por las sucias ropas de entrenamiento. Sin separarse, Kagaho desabroch贸 los pantalones, introduciendo una de sus manos por debajo del b贸xer negro, tocando la despierta virilidad.

                        Un jadeo ahogado sali贸 de los labios aun apresados de Radamanthys. Kagaho se separ贸 a unos cent铆metros del rostro de su rubio. Con la mano que ten铆a libre acarici贸 el p谩lido rostro, ahora te帽ido de rojo.

—Te amo…

—Kagaho… ¿Qu茅 oca…?

                        Otro beso robado, esta vez m谩s apasionado lo dejo sin habla. Las palabras ahora sobraban, eso pensaba Kagaho que no deseaba otra cosa m谩s que Radamanthys entre sus piernas, haci茅ndole el amor como nunca antes, y es que por hoy se dejar铆a amar, por hoy dejar铆a de lado al fr铆o e indiferente chico que sol铆a ser y que solo el rubio tuvo el privilegio de conocer como en verdad es.
Por hoy Radamanthys ceder铆a ante los caprichos de Kagaho…

                        Ambos, empezaron una danza de besos, ninguno daba tregua alguna. Los dos deseaban ser el ganador de esa mini guerra que hab铆an creado sin percatarse.
Las manos del rubio descend铆an hasta los gl煤teos redondos y suaves de Kagaho, apret谩ndolos con fuerza. Al principio el peliazul se resiste a soltar los gemidos, pero luego de una lucha consigo mismo decide dejarse llevar por el calor de su cuerpo, empezando un canto de gemidos placenteros. Pero el rubio no se quedaba atr谩s, los gemidos roncos que sus labios soltaban hac铆an estremecer el cuerpo entero de Kagaho.

—Rada… —susurr贸 cerca del o铆do del rubio. — T贸mame.

                        Las ropas empezaron a desaparecer, dejando aquel bronceado cuerpo a merced del rubio. Radamanthys hab铆a visto el cuerpo de Kagaho muchas veces, es m谩s, reconoc铆a cada cent铆metro de su cuerpo, sab铆a cada punto sensible de Kagaho, pero era la primera vez que se sent铆a diferente, era como si fuera una despedida de parte del peliazul.
Volte贸 el cuerpo y con su lengua recorri贸 el largo de la suave espalda, estremeciendo a Kagaho, que arque贸 su cuerpo. Sigui贸 su camino hasta toparse con los redondos y firmes gl煤teos, donde mordisqueo y lami贸 a su antojo.

—Rel谩jate… —susurr贸 en su o铆do, metiendo un dedo en la estrecha entrada del menor.

                        El dolor por la intromisi贸n dur贸 unos segundos, al sentir como el rubio jugueteaba en su interior con un solo dedo le hac铆a excitar.

—Rada… —suplic贸 deseoso de sentirlo en su interior.

                        Sin esperar m谩s, Radamanthys meti贸 el segundo y el tercero, entrando y saliendo del interior del menor. Kagaho pod铆a sentir como los dedos del rubio acariciaban sus paredes internas, tocando de paso ese punto sensible que le hac铆a perder la cordura. Sinti茅ndolo listo, Radamanthys saca los dedos del interior de su amante para reemplazar su caliente y deseosa virilidad. Penetr贸 el c谩lido cuerpo sin mucha delicadeza, haciendo que Kagaho soltara un gemido de dolor pero a la vez de excitaci贸n.

—Quiero… verte… —la petici贸n de Kagaho descoloc贸 un poco a Radamanthys, pero cumpliendo los deseos de su pareja le dio media vuelta deleit谩ndose con el rostro excitado de Kagaho.

                        Radamanthys sab铆a lo orgulloso que era el peliazul y por nada en el mundo dejaba ver su rostro de placer ante 茅l, pero esta vez hab铆a decidido hacerlo, llen谩ndolo de un extra帽o calorcito que lo regocijaba.

—Eres hermoso… —susurr贸 con una ternura extra帽a en 茅l, Kagaho sonri贸 divertido, dejando escapar algunas risitas en el proceso.

—Lo s茅…

—Y vanidoso. —complet贸 con una sonrisa burlona el rubio, haciendo que el otro volteara el rostro indignado.

—Si vuelves a decir eso te juro que te dejo sin descendencia.

—Mmmm no te creo capaz, cari帽o. —Kagaho iba a replicar, pero una estocada lo hizo jadear placenteramente.

—T-Tramposo —jade贸 entrecortadamente, mientras aferraba sus brazos alrededor del cuello del rubio.

                        Sus ojos se cerraron cuando el vaiv茅n de sus cuerpos empez贸, las estocadas fuertes pero certeras, le volv铆an loco. Los labios del rubio empezaron a recorrer el largo de su cuello, dejando de paso algunas marcas que m谩s tarde se volver铆an moretones, dejando en claro que ya le pertenec铆a.
Los gemidos empezaron a salir de ambos hombres, cada vez que Radamanthys penetraba el punto sensible de Kagaho y el interior de 茅ste se contra铆a deliciosamente.

—Eres… m铆o… —jade贸 el rubio.

—Solo tuyo —gimi贸 roncamente el peliazul. Kagaho no se quedaba atr谩s, sus manos inquietas recorr铆an el p谩lido cuerpo, d谩ndole algunos rasgu帽os por donde tocaba.

                        Sus labios se acercaron a la oreja de Radamanthys mordi茅ndole levemente, y llev贸 una de sus manos, masajeando el cuero cabelludo de su amante. Su mente empez贸 a nublarse cuando sinti贸 que el orgasmo llegaba. Radamanthys fru帽贸 extasiado al sentir como los anillos de carne de Kagaho se contra铆an deliciosamente. Las piernas del peliazul se enroscaron en la cintura del rubio haciendo que las estocadas fueran m谩s profundas y certeras.

—En… mi… interior… —susurr贸 en su o铆do del rubio.

                        Y como todo tiene su final, el orgasmo lleg贸 para ambos. Radamanthys dio unas 煤ltimas estocadas m谩s fuertes y rudas que las anteriores, haciendo que Kagaho se viniera entre ambos vientre, dejando que su semilla manchara su cuerpo y el de Radamanthys. Soltando un gemido ronco que hizo que su estrecha entrada se contrajera de manera deliciosa para el rubio, que dej贸 escapar un bajo pero sensual gru帽ido, corri茅ndose en el interior de Kagaho, dej谩ndose caer encima, recuperando poco a poco la respiraci贸n.

—Gracias… —susurr贸 satisfecho Kagaho. Radamanthys que se hab铆a recuperado de su orgasmo se hab铆a quedado pensativo.

—Kagaho…

— ¿Mmm? —contest贸 adormilado.

— ¿Por qu茅 llorabas?

                        Simples palabras, pero esa misma pregunta le quit贸 todo el sue帽o al peliazul, que a pesar del dolor que sent铆a en sus caderas, se levant贸 con rapidez en la cama.

—No deseo hablar de eso ahora. —Contest贸 con pesadumbre.

— ¿Por qu茅? ¿Es tan malo? —insisti贸 el rubio, inconforme por las palabras de su amante y amigo.

—No s茅 c贸mo lo vas a tomar t煤. —esas palabras alertaron al rubio que tambi茅n se incorpor贸 en la cama.

— ¿Estas embarazado? —pregunt贸 sin sentimiento alguno, no le molestaba tener un hijo, pero ahora no era el momento indicado, ambos eran apenas unos ni帽os, aunque si ese fuera el caso el tomar铆a toda la responsabilidad de sus acciones.

—No, no es eso. —se apresur贸 a decir, viendo como el rubio suspiraba aliviado.

—Entonces ¿Qu茅 pasa? —volvi贸 a preguntar Radamanthys claramente m谩s relajado que antes.

—Si te lo digo… me vas a odiar. —el rubio frunci贸 el entrecejo y lo mir贸 sin entender.

— ¿Qu茅 has hecho? —Kagaho se levant贸 y poni茅ndose una bata encima se fue hacia el otro lado de la habitaci贸n. Radamanthys lo mir贸 sin saber que hacer o decir. No entend铆a que diablos le pasaba a Kagaho, tampoco pod铆a sacar conclusiones apresuradas.

—No soy quien crees.

— ¿Qu茅? —pregunt贸 m谩s confundido, algo no le gustaba de todo esto. — Expl铆cate.

—Hace dos a帽os, cuando nos conocimos, te ment铆. —Susurr贸 quedito, esperando que el otro no lo escuchara, pero Radamanthys si lo hizo, y acerc谩ndose hacia el peliazul lo tom贸 de los hombros.

—Kagaho… —susurr贸 con voz tenebrosa. — Ser谩 mejor que me expliques bien las cosas, no entiendo lo que tratas de decir.

                        Sabiendo que tal vez este ser铆a su final Kagaho, dej贸 de lado su nerviosismo y suspirando enfrent贸 la mirada dorada del rubio, que ahora resplandec铆an con temor y horror.

—Mis padres no murieron a manos del rey, yo soy… el hijo ilegitimo de Arles. —Radamanthys abri贸 sus ojos por la sorpresa y dejando de agarrar a Kagaho, se tom贸 de la cabeza.

— ¿Por qu茅? —Susurr贸 apenas— ¿Por qu茅 mierda me mentiste?

—Porque te amo —respondi贸 tratando de tocar al rubio, pero este lo alej贸 de un manotazo.

—Mentiroso… solo jugaste conmigo. —levant贸 la mirada, que no sab铆a en qu茅 momento lo hab铆a bajado y mir贸 con rabia al peliazul. — Te odio…

                        Las palabras le dolieron pero ya se esperaba una reacci贸n as铆, Radamanthys alz贸 la mano y de ella un gran resplandor empez贸 a brotar.

—Greatest Caution —Kagaho abri贸 los ojos sorprendido, ¡Radamanthys iba a matarlo!

                        Como pudo hizo aparecer unas llamas negras a su alrededor, protegi茅ndose del ataque. Una solitaria l谩grima de sangre cay贸 por su mejilla viendo como el hombre a que amaba no le importaba escucharlo, tan solo deseaba matarlo.

<<Este es el final… ¿Radamanthys?>> pens贸 con nostalgia <<Si esta es tu decisi贸n entonces yo…>> — ¡Rising Darkness!

                        Al instante Radamanthys se desplom贸 en el suelo deshidratado, sus ojos cerrados dejaron escapar una sola l谩grima.

—Hasta nunca… Radamanthys.



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                        Corri贸 lo m谩s r谩pido que sus pies pod铆an, el cuerpo que yac铆a inconsciente en sus brazos empezaba a morir cada segundo que pasaba. Los recuerdos vividos junto a Kagaho lo atormentaban. Si hubiera sido m谩s fuerte ese hombre ya habr铆a muerto en sus manos, pero cegado por la ira no pudo cumplir su deber y ahora pagaba las consecuencias de ello.

— ¡Maldici贸n! —grit贸 con un lastimero gemido. Ese hombre que alguna vez am贸 con todas sus fuerzas ahora empezaba a atacar. Pero ¿Por qu茅 a Ikki? Mir贸 al muchacho que se ve铆a m谩s p谩lido de lo normal, su cuerpo se enfriaba a m谩s no poder. —Vamos Ikki, resiste. —pidi贸 al ver como el cuerpo del menor empezaba a ponerse m谩s azul.

                        Cuando lleg贸 al palacio una angustiada Pandora lleg贸 a su encuentro.

— ¡Radamanthys! —corri贸 hasta llegar donde el rubio se encontraba, acurrucando entre sus brazos el cuerpo de Ikki. — ¿Qu茅 le pas贸?

—No hay tiempo de hablar, mi lady. —dijo corriendo hacia la entrada. Al llegar a sus aposentos, le dijo a Pandora que trajera a Kardia y a Milo.

                        Se deshizo del abrigo que lo rodeaba y abri贸 su camisa a la mitad, apegando el cuerpo del menor al suyo. Intent贸 transmitirle su calor corporal, pero tanto tiempo que ha vivido en el reino del hielo le era imposible. Agarr贸 de nuevo el abrigo y lo arrop贸 con ella. Solo esperaba que Pandora se apresurara con Kardia.
La 煤ltima vez que hab铆a visto a Kagaho fue hace 14 a帽os atr谩s, cuando 茅ste lo atac贸 con su Rising Darkness estuvo dos a帽os en coma, si no hubiera sido por Kardia y su extra帽o calor corporal hubiera muerto.

—Radamanthys ¿Qu茅 ocurri贸? —la voz de Kardia se hizo presente. El rubio lo mir贸 sin saber que decir exactamente. Atr谩s de 茅l ven铆an Camus, Milo y Degel.

—Kagaho —solo pronunci贸 para que Kardia se acercara y lo aparatara. El peliazul mayor no necesitaba ser un doctor para atender el problema de su hermano. Poniendo una mano en el pecho de Ikki intent贸 transmitirle su calor al cuerpo, pero le era imposible.

—No puedo… —susurr贸 perplejo. — ¿Qu茅 tipo de poder us贸?

—No lo s茅. Lo encontr茅 en el suelo, cerca del lago congelado. —contest贸 Radamanthys frunciendo a煤n m谩s el entrecejo.

—Entonces no podr茅 hacer nada por 茅l. —susurr贸 resignado Kardia.

— ¿C贸mo que no puedes ayudarlo? —intervino Milo molesto. — ¿Qu茅 tiene?

—El calor corporal de Ikki se est谩 disminuyendo. Hay una raz贸n por la cual Arles jam谩s permit铆a que nos acerc谩ramos a Ikki y esa era porque dentro de 茅l vive el coraz贸n del f茅nix.

— ¿El f茅nix? —preguntaron al un铆sono Camus y Milo.

—Si —contest贸 Degel. — Seg煤n escuch茅 la leyenda. El f茅nix era una gran ave de fuego que jam谩s mor铆a, ya que esta renac铆a de sus cenizas.

—Seg煤n pude enterarme. —continu贸 hablando Kardia. — Arles hab铆a raptado a la madre de Ikki, una mujer heredera de un pueblo que custodiaba las ruinas del f茅nix. 脡stos eran los que proteg铆an a la mujer y la preparaban para que as铆 alg煤n d铆a, el poder del f茅nix renaciera en esta era. Pero como Arles deseaba ese poder, dej贸 embarazada a la mujer y el poder del f茅nix pas贸 al beb茅.

— ¿Eso quiere decir que Ikki es el contenedor de aquella ave? —pregunt贸 incr茅dulo Camus, mir贸 al p谩lido rostro del menor y sinti贸 lastima por su futuro.

—As铆 es. Pero el poder del f茅nix era muy poderoso. —las miradas de Camus y Milo se dirigieron hacia Degel que se acercaba hasta tocar el rostro de Ikki, Kardia mir贸 de reojo a Radamanthys que apretaba los pu帽os, sabiendo lo que pasar铆a a continuaci贸n. No era muy dif铆cil de descubrirlo.

—Arles tuvo que dividirlo en dos, para que el cuerpo de Ikki no fuera destruido. —habl贸 Kardia serio. — Es ah铆 donde Kagaho existi贸, 茅l es el f茅nix negro, deshecho por el mismo hombre que le cre贸. Arles ten铆a miedo de que el poder de Kagaho fuera tan poderoso que lograra dominar sobre el reino del fuego y por eso, cuando 茅l se encontraba vulnerable lo dej贸 en el reino del hielo para que as铆 sus llamas se extinguieran. Mientras que el f茅nix rojo, que vendr铆a a ser Ikki crec铆a en sus dominios podr铆a controlarlo a su antojo.

—Dos almas que fueron separadas. —susurr贸 incr茅dulo Milo mirando a Kardia sin saber que m谩s decir.

—La 煤nica forma de ayudarlo es ir hacia el mismo pueblo de donde fue arrebatado, pero nadie desde aquella fecha sabe d贸nde est谩. —coment贸 Kardia.

—Yo s铆. —dijo Radamanthys, Kardia lo mir贸 serio y sin sorprenderse. — Llevar茅 al muchacho al pueblo y lo salvar茅.

— ¿Sabes que hay una probabilidad que te encuentres con Kagaho? —pregunt贸 Degel. — ¿Qu茅 har谩s si lo ves?

—No lo s茅. —contest贸 sincero, cerr贸 sus ojos queriendo hallar una soluci贸n al problema pero no la encontraba, hace tiempo su relaci贸n con Kagaho cambi贸 radicalmente. — Pero har茅 todo lo que est谩 a mi alcance para salvar a Ikki.

—Entonces d茅jame darte un consejo Wyvern. —dijo Kardia con una sonrisa torcida. — Deja de lado tus sentimientos que si fallas no solo podr铆a costarle la vida de mi hermano, sino tambi茅n la tuya y la del f茅nix negro.

—Lo tendr茅 en consideraci贸n. —susurr贸 para acomodarse la camisa y cargar en su espalda a Ikki. Camus le puso el abrigo encima del cuerpo de Ikki y sali贸 de nuevo.



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                        Radamanthys caminaba con rapidez hacia la salida del castillo sumergido en sus pensamientos. No entend铆a por qu茅 se hab铆a ofrecido para ayudar a Ikki, y a煤n m谩s sabiendo que era la mitad del alma del hombre que m谩s odia. Pero desde que lo vio algo en 茅l le hab铆a llamado poderosamente la atenci贸n, y no solamente era por e parecido con Kagaho.
Esa actitud orgullosa y desafiante que tuvo cuando se conocieron hab铆a sido solo una peque帽a chispa de la gran explosi贸n que caus贸 cuando tuvo que convivir con 茅l durante esa semana que Pandora hab铆a salido.


-:-:-:-:-:-o…o Flash Back o…o-:-:-:-:-:-:-

— ¡Pero mi Lady! —gimi贸 lastimeramente Radamanthys, hace unos diez minutos atr谩s su prometida le hab铆a informado que saldr铆a de viaje junto a su padre, el rey Trit贸n, y durante su ausencia, 茅l se quedar铆a a lado de Ikki, Aiacos y Minos.

                        El rubio no ten铆a problemas en quedarse con sus hermanos de armas pero quedarse con el chiquillo de Ikki ese era otro tema. ¿Acaso su amada no se daba cuenta que Ikki y 茅l eran rivales?

—Radamanthys —advirti贸 ella con su entrecejo fruncido. — Por favor… por m铆.

                        Esas eran las palabras m谩gicas para que el orgulloso y fr铆o Radamanthys aceptara la muchacha sonri贸 triunfante y siguieron caminando hasta llegar al sal贸n donde Minos y Aiacos esperaban junto a Ikki que ten铆a una cara malhumorada.

—Se帽ora Pandora. —dijeron al un铆sono ambos hombres.

—Minos, Aiacos. —salud贸 con la cabeza, mir贸 a su antiguo novio que desvi贸 la mirada, la muchacha solo suspir贸 resignada y gir贸 su vista hacia Radamanthys. — No se peleen.

—Hmph. —Pandora se dio media vuelta dispuesta a irse, sus pasos tranquilos y su rostro serio le daban una elegancia envidiable. Al tocar el picaporte escuch贸 la voz de Ikki.

—Suerte —con una sonrisa casi invisible sali贸 del gran sal贸n dej谩ndolos solos.

                        El silencio era demasiado inc贸modo para los cuatro, Minos y Aiacos intercambiaban algunas miradas intentando ingeniar alguna de sus famosas travesuras para romper el silencio, pero entonces un golpe seco a la mesa los hizo sobresaltar.

— ¡Que fue eso! —grit贸 Radamanthys. Minos y Aiacos intercambiaron una mirada confusa mientras que Ikki lo miraba con molestia.

—Nada que te interese, uniceja —respondi贸 sin inmutarse.

—Quiero que te largues ¡Ahora!

—Ya escuchaste a Pandora, no me ir茅 hasta que ella me lo diga.

—Es mi prometida, tenle respeto.

— ¡Es mi novia!

—No es nada tuyo.

— ¡Ya d茅jame en paz uniceja! —grit贸 molesto Ikki.

—No hasta que te largues y dejes de coquetear con mi prometida —dijo furioso el rubio.

—Pandora siempre fue mi novia y si nos separamos fue por los bastardos de mi padre y el rey de este lugar —sise贸 molesto el m谩s joven.

— ¿C贸mo te atreves a ser irrespetuoso con mi se帽or? ¡Te har茅 pagar por tus palabras! —Minos y Aiacos suspiraron mientras que una sonrisa divertida afloraba en sus rostros.

—As铆 que es por Pandora todo el pleito. —dijo Aiacos a煤n m谩s divertido.

—Deber铆amos hacer algo ¿no crees?

                        El rubio estaba preparado para lanzar uno de sus m谩s poderosos ataques, al igual que el peli azul, mientras que dos divertidos espectadores miraban la escena, susurrando entre ellos.

—Minos ¿qu茅 te parece si nosotros tambi茅n nos divertimos? —dijo con una sonrisa, el peliblanco sonri贸 maliciosamente, usando sus poderes, inmoviliz贸 a ambos gru帽ones.

—Marioneta C贸smica —con un movimiento de manos, empez贸 a mover las extremidades de los m谩s j贸venes, Aiacos re铆a divertido al ver el espect谩culo.

—Minos, carajo ¡Su茅ltame! —gru帽贸 Rada. Ignorando las protestas de ambos, Minos mir贸 a Aiacos.

— ¿Qu茅 quieres que haga ahora? —El muchacho pensaba en mil formas de torturar a ambos ruidosos, hasta que sonriendo maliciosamente, le dijo a su amigo peliblanco

—Que se den un beso.

                        Minos acatando las ordenes de peliazul junto ambos rostros, hasta que los labios de ambos se juntaron. Ikki abri贸 los ojos horrorizados mientras se revolv铆a tratando de soltarse Radamanthys en cambio, se mantuvo inm贸vil, sintiendo algo extra帽o en su interior, un sentimiento que crey贸 jam谩s volver a sentir volv铆a a florecer en su interior amenazando con dejarle en evidencia.
Aiacos crey贸 que ya era suficiente tortura por ahora, d谩ndole un suave codazo en la costilla de Minos le dijo que los soltara.
Ikki y Radamanthys no se miraron, ni volvieron a gritarse, sus ojos buscaron los dorados de Minos que miraba divertido la escena.

—Maldito Minos —rugi贸 molesto el rubio. — Me las vas a pagar.

—Ya, ya —dijo aguantando las ganas de re铆rse— Solo fue una inofensiva broma ¿no crees Minos?

—Cierto, cierto, ni que ambos se hubieran declarado su amor eterno, o algo parecido —se carcaje贸 el peliblanco.

                        Ambos j贸venes miraron a sus “guardianes” con mala cara, el peli azul perdiendo la paciencia se acerc贸 al peliblanco y le dio un golpe en la cara.

—C谩llate —sali贸 corriendo rumbo a su habitaci贸n, aun molesto.

—Auch, pero que malhumorado —dijo Minos agarr谩ndose su sangrada nariz, siendo el objeto de burlas de Aiacos.

—Jajajajajaja, pero admite que te lo buscaste. —dijo entre risas Aiacos.

—Te recuerdo cari帽o, que fuiste t煤 el de la idea. —al escuchar las palabras de Minos, Aiacos dej贸 de re铆r para mostrar un rostro serio.

—Mu茅rete. —sise贸 con voz tenebrosa, arroj谩ndole el pa帽uelo que hab铆a sacado para limpiarlo, en ese momento Minos se reprendi贸 mentalmente por abrir la boca.

                        Radamanthys se qued贸 en silencio, mirando por donde Ikki se hab铆a ido, cuando el m谩s joven se perdi贸 de su vista sinti贸 una opresi贸n en su pecho. Sin decir nada m谩s decidi贸 seguir los pasos del peli azul.
Durante su camino, empez贸 a meditar lo que hab铆a pasado. No sab铆a porque deseaba saber si Ikki se encontraba bien, era un extra帽o y a la vez terror铆fico sentimiento que empezaba a brotar desde su interior.

—No… —se dijo as铆 mismo. El rostro de un hombre que no crey贸 volver a recordar apareci贸. — No puede ser.

                        Sus pasos se detuvieron intentando sacar de sus pensamientos a ese hombre. Al alzar su mirada pudo ubicar a Ikki que estaba parado delante de 茅l.

—Ikki… —susurr贸 viendo el perfil de ese chiquillo. <<Son tan id茅nticos…>> —Si sigues pensando en eso, me lo creer茅.

Sinti贸 un leve escalofr铆o al escuchar esa voz. Se levant贸 como resorte y lo encar贸, limpi谩ndose los rastros de las l谩grimas.

— ¿Por qu茅 me seguiste uniceja?

—Me dio la gana —dijo como si hablara del clima— Minos y Aiacos solo lo dec铆an de broma, no te lo tomes a pecho sus palabras

Ikki solo se limit贸 a cruzarse de brazos y emitir un gru帽ido. Radamanthys se acerc贸 a 茅l y limpio el 煤nico rastro de l谩grima que a煤n estaba en su rostro.

— ¿Por qu茅 llorabas?

—Eso no es de tu incumbencia Radamanthys ¡No me toques! —Le dio un manotazo, pero eso solo logr贸 que el mayor lo tomara de la mu帽eca acercando su cuerpo con el de Ikki.

— ¿Qu茅 haces? —susurr贸 mirando aquellos ojos profundos color miel.

                        Radamanthys tom贸 la barbilla de Ikki y sin prevenirlo le dio un suave beso, Ikki se qued贸 est谩tico en su lugar, mientras que en la mente de Radamanthys, todo se nublaba. ¿Por qu茅 lo hab铆a besado?
A falta de aire separ贸 sus labios del menor. Dejando un hilillo de saliva lo 煤nico que los un铆a. Su mano derecha acarici贸 suavemente el rostro de Ikki, sorprendi茅ndolo al suave tacto.

— ¿A qu茅 ha venido eso? —susurr贸 aguantando las ganas de gritarle por su atrevimiento.

—Necesitaba una raz贸n —se reprendi贸 mentalmente al ver la cara molesta de Ikki— Vamos mocoso no me digas que no lo disfrutaste.

— ¡Pues no lo disfrut茅 idiota! —grit贸 ahora s铆, muy f煤rico. Su bello rostro estaba tan rojo como el carmes铆— ¡Por qu茅 mierda me besaste!

                        Radamanthys lo miraba fastidiado, se rehusaba a responder esa pregunta, ya que ni 茅l mismo pod铆a responderse.


-:-:-:-:-:-o…o End Flash Back o…o-:-:-:-:-:-:-


—Eres un mal amigo. —la voz divertida de Minos lo sac贸 de sus pensamientos.

— ¿Qu茅? —pregunt贸 sin entender a qu茅 se refer铆a, busc贸 con la mirada de d贸nde proven铆a, y lo pudo ver salir desde detr谩s de una gran columna.

— ¿Pensaste que ibas a ir tu solo a la gran aventura? —la voz de Aiacos tambi茅n se escuch贸. Radamanthys gir贸 su rostro y tambi茅n lo vio salir de otra columna.

— ¿Qu茅 hacen aqu铆? —pregunt贸 arqueando una ceja.

— ¿Qu茅 crees? —respondi贸 Minos despreocupado. — Vamos a la gran aventura de nuestras vidas. ¡Por fin algo emocionante despu茅s de tanto tiempo!

—No es una aventura Minos… —rega帽贸 Radamanthys. — La vida del mocoso depende de esto.

—Por eso estamos aqu铆. —dijo Aiacos. — ¿Recuerdas? Juntos hasta el final.

— ¡Como los tres mosqueteros! —dijo divertido Minos, gan谩ndose la mirada extra帽ada de Radamanthys y Aiacos. — ¿Qu茅?

— ¿C贸mo los tres mosqueteros? ¿En serio Minos? —susurr贸 divertido Aiacos. Radamanthys sonri贸 con resignaci贸n, sus amigos aunque lo deseara, no lo dejar铆an solo.

—No me retrasen y todo estar谩 bien.

—S铆 se帽or. —dijeron ambos alzando sus manos como militares. Radamanthys sali贸 del castillo seguido de Minos y Aiacos, pero antes de salir Minos detuvo al peliazul.

—Aiacos… debemos hablar… lo que pas贸 aquella vez…

—C谩llate Minos. —susurr贸 con voz sombr铆a. — No deseo hablar de eso… no ahora.

                        Solt谩ndose del agarre de Minos, ambos hombres siguieron su camino hasta llegar donde Radamanthys.



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 — ¿Crees que lo logren? —pregunt贸 Degel, Kardia desvi贸 su mirada de la ventana para mirar a su amado.

—No lo s茅. —dijo sin cambiar su expresi贸n desinteresada. — Tampoco puedo hacer mucho desde aqu铆.

—Kardia… —susurr贸 Degel acerc谩ndose hasta apoyar su ment贸n encima del hombro de su amado, rode贸 la cintura de Kardia por la espalda apegando ambos cuerpos. — Descansa… lo necesitas.

—No aun. —sus ojos azules miraron hacia la puerta de la habitaci贸n, de ella entraron dos hombres vestidos de negro.

—Estamos listos para irnos. —la g茅lida voz de aquel hombre hizo que Degel se separara de Kardia para ver a las personas reci茅n llegadas.

—Bien… —dijo Kardia. — Este es una misi贸n solamente para Radamanthys, si Aiacos y Minos son vistos por Kagaho, 茅ste es capaz de matarlos sin compasi贸n. Det茅nganlos.

—S铆. —dijeron al un铆sono ambos hombres. Se dieron media vuelta para iniciar su viaje. Al quedar nuevamente solos Degel lo mir贸 dudoso.

—Kardia, sabes que si los env铆as abrir谩s la herida de Minos y…

—Ya lo s茅 —interrumpi贸 Kardia cansado. — Pero al final ese hombre eligi贸 a la persona que realmente le importaba. Minos debe entenderlo.

— ¿Y Aiacos? —pregunt贸.

—脡l debe aprender a perdonar.

— ¿C贸mo es que estas tan tranquilo? —pregunt贸 Degel sorprendido.

—Estuve tanto tiempo contigo que aprend铆 la lecci贸n. —sonri贸 divertido el peliazul, Degel le devolvi贸 la sonrisa y suspir贸.



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                        En alg煤n lugar donde las llamas jam谩s se extingu铆an, un hombre yac铆a sentado mirando el vac铆o, esperando pacientemente el reencuentro de aquel hombre a quien le dio todo, su amor y su coraz贸n. El lugar donde la esperanza no exist铆a, y el dolor y la soledad eran el pan de cada d铆a. Un lugar sin vida donde se pod铆a escuchar la agon铆a de aquellos hombres que ped铆a a gritos ser salvados. El recuerdo del hombre que tanto am贸 usando una de sus t茅cnicas en su contra hizo que una l谩grima de sangre recorriera su mejilla derecha. Las llamas pacificas empezaron a agitarse, convirti茅ndose en negras al instante.

— ¿Otra vez pensando en ese hombre? —pregunt贸 una suave voz a su lado.

—Es dif铆cil no hacerlo. —susurr贸 sin mirarlo. — A煤n sigo am谩ndolo —las palabras hicieron que en el rostro del chico, una mueca de dolor apareciera.

—Kagaho…

—Lo siento Alone. —mir贸 hacia el cielo sin atreverse a enfrentar al muchacho de cabellos negros como la noche, 茅ste acerc谩ndose al mayor, tom贸 una de sus manos y la apret贸 con suavidad.

—Mientras me permitas quedarme a tu lado, yo te salvar茅 de esta oscuridad. —Kagaho lo mir贸 esta vez. Su rostro usualmente fr铆o mostraba gratitud, agarrando el suave rostro del muchacho acerc贸 el suyo, fundi茅ndose en un beso lleno de sentimientos confusos.

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