El Regreso de los Escorpios [Capítulo V]
El regreso de los
Escorpios
Clasificación: No
menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint
Seiya
Disclaimer: Los
personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y
Shiori Teshirogi
Género: Romance,
Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte
de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen
ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se
separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el
príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus)
(Kardia/Degel)
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V.- Kardia
POV MILO
No
lo entiendo, porque diablos accedí a seguir a ese sujeto llamado Dégel, ¿Cómo
diablos conoce a Kardia? Y eso no es todo ¿Por qué diablos tengo que estar
amarrado a lado del tal Camus? es obvio que ni él y yo podremos llevarnos bien,
miré de nuevo al mayor y vi que nos miraba pícaramente, voltee a verlo (Camus)
y lo vi sonrojarse y negar con la cabeza. ¿Qué le pasará a ese idiota? ¿Qué
tanto estará hablando ese par?
Volteé
para ver a Ikki y lo vi de lo más feliz a lado de esa muchacha llamada Pandora,
al parecer ambos se llevaban muy bien, cosa que me extraño. ¿Por qué Pandora
conocía a estos tipos si vivía en el país del fuego?
—Porque es mi hermana —escuché la voz de mi “captor”
—No te pregunté —dije indiferente— Además ¿cómo sabes
lo que pienso? —le dije casi gruñendo.
—Simple —dijo sonriendo como si fuera mi superior—
Eres un idiota y los idiotas siempre son predecibles.
— ¿Qué dijiste imbécil?
—Lo que oíste —ambos nos mirábamos llenos de odio.
Dégel nos miraba divertidos, mientras que Ikki solo se dedicaba a suspirar,
Pandora, Death y Aioria nos miraban sorprendidos y Radamanthys solo fingía
indiferencia, pues se le veía que estaba atento a nuestra conversación.
— Vuélveme a decir idiota y juro que te daré mis
quince agujas —él solo sonrió, maldito pensaba que lo decía en broma, estaba a
punto de darle un golpe hasta que sentí una mano que me sujetaba.
—Suéltame idiota —dije al que me agarraba, cuando
voltee me quede sin habla, el hombre que me sujetaba llevaba una túnica larga
hasta el suelo con capucha, nadie podía verlo a los ojos excepto yo, que me
encontraba frente a él.
—Tú eres… —no pude terminar ya que me dio un golpe en el estómago y caí
desmayado.
POV DE CAMUS
Cuando
lo vi que realmente me iba a dar un golpe me quede sorprendido, nadie en su
vida se había atrevido a levantarme un dedo encima. Generalmente siempre se
congelaban cuando les lanzaba una mirada fría. Este sujeto llamado Milo era muy
diferente podía sentir ese aire rebelde que desprendía de su ser. Estaba a
punto de recibir el golpe hasta que vi que alguien lo sujetaba y le dio un
golpe en el abdomen y cayó desmayado.
—No debiste ser muy rudo con él —escuché la voz de mi
hermano, pero me alertó, él ya no hablaba con su tono frío y parco sino con
¿dulzura? Eso quiere decir que él era…
—Es un idiota impulsivo, no debió atacar a tu hermano.
—el tono fastidiado e indiferente había acertado en mi sospecha.
Definitivamente era él.
Pude
notar que los presentes estaban en silencio y sorprendidos. Dégel se acercó al
encapuchado y le quito la capucha y ahí lo vi, era él, Kardia de Scorpius. Mi
hermano se acercó y no le importo que todos estuvieran mirando y lo beso ¡lo
beso en los labios! No es que me sorprenda pero se supone que eso debería ser
secreto. Debo admitir que siempre sentí celos de mi hermano, él siempre tenía a
Kardia de su lado y yo jamás lo obtuve, también debo admitir que me incomodó
esa muestra de afecto ya que a mí me gusta Kardia. Pero siempre Dégel debe de
acaparar su atención.
—No importa el motivo, es tu hermano menor, Kardia —el
mencionado solo desvió el rostro con un leve rubor en las mejillas— Llevémoslo
adentro.
Kardia
cargó a su hermano, espera ¿su hermano? El idiota ese era el hermano de mi amor
imposible. Eso no puede ser. Una vez adentro Kardia llevó al idiota de su
hermano hacia su habitación y se sentó en uno de los sillones de la gran sala
del palacio. Giró el rostro percatándose recién de los demás, su mirada se posó
en el muchacho peli azul y a sus dos guardias.
— ¿Qué mierda hacen ustedes tres aquí? Y encima con
Milo —gritó Kardia furioso. Eso provocó un escalofrío de parte de aquellos tres
e incluso mío.
—Pues nosotros… —decía el castaño nervioso, su
compañero solo chasqueó la lengua haciendo una mueca.
—Vine con mi hermano Milo a buscarte Kardia —dijo
fríamente el peli azul menor sin importarle la mirada fría que le dirigía
Kardia.
—Bien, ya me encontraron ahora que ya lo hicieron se
largan cuando despierte el otro idiota.
—Kardia, no seas duro con ellos, vinieron a buscarte
—el tono de mi hermano me irritó un poco, físicamente ambos somos parecidos,
nunca entenderé que es lo que vio Kardia en él.
Kardia
bufó molesto, en eso escuchamos un ruido, cuando volteamos vimos al idiota que
se asomaba furioso hacia Kardia. Lo tomo del cuello y le gritó sin importarle
las condiciones en las que se encontraba.
—Idiota ¿sabes lo mucho que me costó buscarte? —debo
de admitirlo, él cuando se enoja se parece mucho a Kardia, no sé lo que me
pasa, pero eso me agrada.
—Yo no pedí que me buscaran Milo —dijo, mientras
sonreía de costado. No entendía que le pasaba a Kardia hoy, generalmente nunca
actuaba así. Milo lo miraba lleno de decepción, se separó de él y justo cuando
pensé que se iba a ir él alzó su dedo y empezó a brillar. De ahí salieron
pequeñas luces rojas que hizo que Kardia saliera disparado hacia atrás, ante la
mirada atónita de todos. Dégel que siempre para calmado se alarmó y se fue
hacia Kardia, que se encontraba tirado.
Yo
lo miré y vi lágrimas recorrer su rostro, ¿así que a eso se refería con agujas?
Lo miré sorprendido y curioso, vi a Kardia que se levantaba con la ayuda de
Dégel, sonreía de costado. Parecía satisfecho por haber sido atacado. Una vez
que estaba en pie de su dedo (el mismo que utilizo Milo) empezó a brillar y
salieron unas cuantas agujas, Milo las esquivó y atacó igual, Kardia no se
quedaba atrás y le devolvió el ataque, ambos ataques chocaron entre sí, si no
fuera por el hielo de Dégel, hubieran explotado y mandado a volar a todos.
—Basta Kardia, cálmate —la voz tranquila de mi hermano
cambió al instante mostrando una seria.
—Tsk —chasqueó la lengua Kardia, miró a su hermano y
le dedicó una sonrisa satisfecha, Milo no entendió el porqué de la sonrisa pero
cayó al suelo. Admito que me preocupo ya que fui a socorrerlo. Lo cogí por su
cintura y no pude evitar sonrojarme, debía admitir que era lindo, su carácter
es tal vez explosivo y muy arrogante, pero no sé porque pero me agrada y me
gusta, tal vez ese muchacho me agrada o… no, no puede ser…
POV MILO
Iba
despertando, mis ojos se sentían pesados, me sentía agotado, sentía algo cálido
rodeándome todo el cuerpo, entreabrí los ojos y lo vi, a él, se justamente él, la persona que menos
esperaba, Camus. Me estaba cargando cosa que me pareció raro, ya que se supone
que nos detestábamos, disimuladamente inspeccioné con mis ojos el lugar, no
estábamos en la gran sala, ¿adónde me llevaba el imbécil? Escuché el ruido de
la puerta que se abría y luego se cerraba.
Camus
hablaba o mejor dicho murmuraba algo que no logré entender, y me coloco
cuidadosamente en una cama, un momento ¿una cama? Me dio escalofríos solo al
pensarlo, admito que jamás he estado con alguien, por el trauma de ver a mi
hermano con mi padre, pero aunque Saga y Kanon me decían que eso ya pasó y que
cuando lo hiciera seria cuando sea adulto no me tranquilizaba. He tenido muchas
parejas pero con ninguna he ido más allá de una agarrada de mano, y que este
sujeto me haya acostado me aterraba.
Sentía
que me miraba, para ese entonces ya había cerrado mis ojos, luego sentí que me
acariciaba el rostro, eso me aterró aún más, ¿Qué planeaba hacer? Luego la
quitó rápidamente, con eso me sentí aliviado hasta que sentí un aire cálido que
se acercaba a mi rostro, sentí que se iba el aire, yo lo he sentido antes él
iba a… ¡Oh no! Sin pensarlo dos veces grité aterrado.
— ¡¿Qué crees que haces imbécil?! —Camus estaba a
pocos centímetros de mi rostro, me levanté bruscamente para seguir gritándole y
sin querer junte mi rostro con él, nuestros labios se rozaron, me quede
petrificado al igual que él. Nos separamos rápidamente, yo me arrimé hasta la
esquina de la cama y él hacia la otra de la esquina, quedando ambos cara a
cara.
— ¿Qué te pasa idiota? ¿Por qué hiciste eso? —me dijo
furioso y rojo. ¡Furioso! ¡Se atrevía a enojarse después de que casi me da un
beso! ¡Pero que…!
—Dímelo tú, ¿Por qué estabas tan cerca de mí? —lo
acusé como si fuera un niño, vale, era una pésima forma de actuar ya que tenía
veinte años, pero en mi defensa estaba en desventaja, podía sentía mis mejillas
arder.
— Yo solo estaba viéndote idiota. —se quedó callado de
repente al momento de decirlo, yo no dije nada más y me sonrojé, de seguro
estaba más rojo que un tomate.
Hubo un largo silencio, el aún estaba muy rojo al
igual que yo, en eso se abrió la puerta dejando ver a Kardia, se veía
somnoliento y molesto, vaya eso me traía muchos recuerdos, tanto buenos como
malos.
— ¿Qué es todo ese ruido? —Preguntó irritado, miró a
Camus y luego a mí. — ¿No van a contestar?
—Milo me besó Kardia —me acusó con el dedo, yo solo
abrí mis ojos de sorpresa, ese que estaba ahí no podía ser Camus, ese muchacho frío que conocí ¿o sí? Además ¡¿Qué carajos le pasaba?! Kardia me miró con una
cara de interrogante, para luego darme una sonrisa pícara.
— ¿Un beso, eh? —me dio escalofríos solo al verlo
sonreír, algo tramaba lo conocía, cuando voltee me crucé con la mirada de
Camus, este automáticamente se sonrojo y se abalanzó hacia Kardia, me dio celos
solo al verlo.
— ¿Qué crees que haces con mi hermano tempano de
hielo? —Grité con fuerza, estaba rojo de la rabia. Era MI hermano. Además ¿qué
era eso de actuar como niño bueno de cinco años?
— ¿Quién te crees para llamarme tempano de hielo,
idiota? —Kardia nos miraba divertido, agarró a Camus del brazo y lo sentó
conmigo en la cama, ya iba a botarlo de una patada, pero Kardia me miraba con
reproche.
—Milo, deberías agradecer a Camus, que te haya dado su
cama —Las palabras dichas suavemente por Kardia me dieron nostalgia, me ruboricé,
era la primera vez, después de tanto tiempo, escucharlo hablar así, sin querer
unas lágrimas salieron de mis mejillas, siendo secadas por mi hermano quien me
sonrió. Camus nos miraba y también se ruborizó ¿Qué le pasaba a éste? Kardia se
levantó y salió sin decir nada. Solo le dedico una mirada a Camus y este
solamente asintió.
— ¿Qué te dijo?
—Nada que te importe, entrometido —Él desvió el
rostro, eso me extrañó. Suspiré, ya no quería pelear estaba cansado me eché en
la cama, hasta que me di cuenta de un detalle, esa era la cama del tal Camus.
—Un momento ¿Qué hago aquí? —Me levanté rápidamente,
él no dijo nada y solo se sonrojó más— ¿Por qué estas nervioso? Ya sé que causo
eso en la gente así que no te preocupes —dije seductoramente, él me miró molesto,
vaya sí que cambiaba rápidamente sus sentimientos.
—Creído —murmuró, y me botó de la cama, iba a quejarme
pero este se cruzó de brazos y vi que estaba hablando consigo mismo, como
regañándose.
No
lo voy a negar me divirtió su rostro, sus expresiones, parecía un niño que
recién empezaba a conocer nuevas personas y no sabía cómo actuar. Eso me hizo
pensar, me acordé que escuché hablar al inútil de Aioria y Deathmask que Camus
y Dégel eran los príncipes de este país.
Miré
la habitación y recién noté los lujosos accesorios y adornos que estaban ahí.
Me paré y vi un retrato de él con Dégel y unos niños más, al lado de Dégel
estaba Kardia, todos sonriendo, sentí una oleada de celos, Kardia era feliz
aquí, creo que no debí venir. Sentí una mano en mi hombro voltee y me encontré
con Camus que me miraba tímidamente, una gota se me resbalo por mi frente,
¿este muchacho era bipolar?
— ¿Qué quieres? —pregunté desafiante, me sentí raro,
ya me parecía a Kardia.
—Disculparme —dijo, desvió su mirada, pude notar un
leve sonrojo, cosa que me extrañó, el muchacho era orgulloso— No debí hablarte
de esa forma cuando te conocí, pensé que eras esos tipos que buscaban a Kardia.
— ¿Esos tipos? ¿Qué tipos? —Pregunté curioso, él me
miró sorprendido. Me tomó de la mano, por alguna extraña razón sentí una
corriente eléctrica, no la tome importancia y me arrastró hacia su cama, nos
sentamos, luego de un largo silencio habló.
—Los hombres de Arles —me sorprendí al escuchar el
nombre de mi padre.
— ¿Arles? —Dije susurrando— ¿Ese sujeto mandó hombres
a este lugar? —lo tomé de los hombros, le se sorprendió, se volvió a sonrojar y
desvió su mirada, no sabía porque siempre que me ve se sonrojaba, pero luego me
di cuenta que él y yo estábamos demasiado cerca, si seguía así nos daríamos
otro beso— Lo siento —me disculpé apenado. Camus me miró y mostró una pequeña
sonrisa.
—Descuida, estoy acostumbrado a que me miren —juro que
en ese momento le hubiera contestado pero solo sonreí.
—Vanidoso —él solo sonrió más.
—Eres igual a Kardia ¿lo sabías? —me dijo, sentí una
caricia en mi rostro, su mano era fría y suave la toque y por alguna razón me
deleité con su tacto.
—Siempre me lo dicen —hubo un silencio largo, ahora
que lo miraba bien, él también se parecía a su hermano, sus rasgos eran muy
finos, tal como son los caballeros de los hielos, fue en ese momento que me di
cuenta de lo que realmente pasaba— ¿Desde cuándo te gusta mi hermano? —le
pregunté directamente, el apartó su mano y se sonrojó más, al parecer no se
daba cuenta de que a pesar de no mostrar un sentimiento en su rostro, los ojos
expresaban muchas cosas.
—No sé a te que refieres.
—Por favor —dije sarcásticamente— Te abalanzaste hacia
él, tus ojos parecían dos estrellas por lo brillantes que estaban. Te
sonrojaste cuando él te tocó el brazo y creo que hasta un suspiro enamorado
soltaste.
—Bueno yo…
— ¿Por qué no se lo dices? —su rostro en ese momento
tomo una expresión fría, y seria.
—No puedo —susurró.
— ¿Por qué? —estaba perdiendo la poca paciencia que
tenía. En ese momento se abalanzó hacia mí y empezó a llorar, no entendía que
le pasaba, me limite a abrazarlo, el levantó su rostro y habló.
—No puedo porque ya tiene a alguien en su corazón —me
sorprendí, iba a preguntarle quien pero él me respondió— Mi hermano Degel, él
es el dueño de sus pensamientos.
Esa
confesión me sorprendió, era por eso que cuando se cayó, Dégel lo ayudó,
recuerdo que Kardia jamás se dejaba ayudar por nadie, vi de nuevo a Camus,
parecía que había estado aguantando las ganas de llorar todo este tiempo.
Suspiré, tenía el presentimiento que algo cambiaría a partir de ahora.
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