Du Ciel á L´enfer [Capítulo 2]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)





Capítulo 2: Opposé


En los rincones de la biblioteca acostumbraba a pasar en limpio sus grabaciones sobre aquel caso especial que lo ha impulsado a tomar los estudios en Psicología, una parte muy íntima que no pretendía exhibir en su tesis, por lo que esta última estaba enfocada a la terapia de lectura a los pequeños enfermos de cáncer, la manera en que mentalmente  eleva el entusiasmo de los menores para luchar contra las células malignas.


Sus cabellos color jade reposan como cascada sobre la mesa de trabajo, el bolígrafo terminaba por deslizarse hacia el piso, una  y otra vez su propia voz resonaba en los audífonos que resbalaron al cabo de los minutos de sus oídos. El cansancio de su ritmo de vida sucumbía ya en su físico, visibles ojeras abultadas remarcan sus bellos ojos amatistas tras el cristal de sus gafas.



Apenas un suave movimiento  de  Anabela, la anciana a cargo de la biblioteca de la universidad le hace reaccionar – Degel te volviste a quedar  dormido – su voz baja apenas era audible para el adormilado peliverde que se frotaba los ojos para enfocar mejor, mira su reloj dándose cuenta que de nuevo llegaría tarde a una de sus clases, apaga el reproductor de cinta de audio y guarda todo en la mochila al igual que las libretas que tenía extendida sobre el escritorio de trabajo.

La cátedra del profesor Dohko había comenzado hacía ya veinte minutos, consciente  de ello, el joven francés  – Señor Darcy, es la última vez que le permito la llegada tan tarde a mi clase – sentencia el profesor al ver el intento de Degel por pasar desapercibido al colarse a la clase.

–Lo siento profesor Long, no volverá a suceder– el peliverde baja la mirada al sentir a toda la clase con los ojos puestos sobre él.

–Ya se lo he dicho, no se pueden hacer  dos cosas al ciento por ciento a la par, o trabaja o termina su universidad – la mirada severa del mayor provoca en Degel el querer sumergirse en su pupitre el resto de la clase que fue poco más de quince minutos pues cinco minutos ya estaban siendo desperdiciados en un extenso sermón que tuvieron que escuchar por culpa del francés que como costumbre como lo decían sus compañeros, era quedarse dormido por los rincones de la universidad.



–Vamos no le hagas caso al viejo – alguien susurra detrás  suyo, el castaño payaso del grupo le sonríe, a decir verdad, Degel no tenía mucho acercamiento con sus compañeros, pero en el caso de Yato era prácticamente imposible a veces entablar conversación por lo impertinente y parlanchín que resultaba.



–Como si fuera tan fácil – fue lo único que logro responderle al ladearse solo unos cuantos centímetros para mirar de reojo a su compañero de clases, antes que el viejo le llamase la atención de nueva cuenta exhibiéndole como irresponsable.



La campana al fin le quita de encima la sombría mirada del mayor, dando por terminada la clase –Darcy… quiero ver el adelanto de tu anteproyecto – lo intercepta antes de que el francés pueda abandonar el aula.



–Profesor Long, se la entregaré en cuanto el Doctor Paudel me la devuelva, está dándole una revisión – explica con toda seguridad aceptando el gesto molesto del impaciente Dohko.


–Pues no te tardes… lo necesitas para la asignación de hospital residente para tus prácticas – el mayor cierra su portafolios dejándolo ahí de pie observando escasos segundos la cara de espanto de su estudiante, al salir del aula enmarca una sonrisa burlona, disfrutaba presionarles para que dieran su mayor esfuerzo, consideraba que solo sacrificándose al máximo lograrían sus metas, por el contrario Shion Paudel siempre era condescendiente con los alumnos muy posiblemente para alivianarlos de las exigencias de su amante secreto Long.



Algo estresado por la situación el peliverde sale en busca del Doctor Shion Paudel para preguntar por la revisión de su documento, sin embargo, le avisa una de las asistentes que acaba de salir a comer con el Doctor Long – Viejo mañoso – susurra entre dientes esperando que nadie le haya escuchado, sentía que el anciano Dohko ya la traía contra él.



Su agenda tan apretada le obligaba a salir a las carreras de la universidad, a cada minuto miraba su reloj corriendo una maratónica carrera para alcanzar el autobús que lo dejaría a dos calles de su casa, por suerte logra alcanzarlo aunque para ello corre calle y media gritándole al conductor para que se detenga. Completamente escurriendo gruesas gotas de sudor logra abordar y pagar su viaje más era evidente al girar su cuerpo que lugares vacíos no encontraría para recuperar el aliento sentado. Empujones de algunas personas mayores para poder descender del autobús, arrimones en el trasero de algunos tipos morbosos, rozamiento de  pechos de chicas voluptuosas en la espalda, era la rutina diaria que padecía, ventaja de ser estudiante de Psicología… todo eso lo bloqueaba su mente para no sufrir traumas posteriores, pues con su vida ya era suficiente como para apilarle más líos.



Al bajar del autobús se dirige a la casa de dos niveles en color azul cielo donde vivía solo con su hermano desde hace casi ocho años, que era el tiempo en que sus padres habían fallecido, eso sin contar un año en los que posterior a quedar en la orfandad, su abuela materna los acompañó sus últimos días.



Sus deberes en la cocina ya le esperaban, antes se apresura a colocar toda la ropa sucia en la lavadora, mientras este aparato hacia su labor, aprovecha para cocinar para que cuando llegue su hermano encuentre todo listo. No era una gran variedad su alacena, pero lo básico nunca faltaba en casa, una buena sopa de verduras acompañado de arroz fue lo que preparó antes de ir de nueva cuenta a la lavadora para colgar la ropa en el tendedero. Exhausto toma un descanso de tan solo quince minutos antes de darse un baño, no había más tiempo o llegaría tarde al casino donde laboraba todos los días hasta la madrugada.



–Hey… ¿a dónde crees que vas? – el jefe de sala Tatsumi le toma del brazo cuando el peliverde intenta incorporarse a su área llegando tan solo cinco minutos tarde, lo que para el calvo ameritaba un castigo, sabía bien en donde darle al menor – Te vas a la sala de Póker y no quiero objeción o te levanto un acta – advierte amenazante el tipo con sus malos humores de siempre.



– No he dicho nada, no tiene por qué amenazarme señor Tatsumi - responde Degel en un intento por querer defender sus derechos humanos sobre el atosigante jefe, arrastrando un poco los pies camina a la sala contigua donde el olor a tabaco y ebrios inundaba el lugar, coge sus instrumentos de trabajo y se coloca en una de las mesas de juego, ya varios hombres rabos verdes se encontraban a la espera del Croupier para la repartición de las barajas.



Cuatro jugadores miraban ansiosos la ronda de barajas en sus manos, tan solo el peliverde mantenía la mirada neutra en el momento que el primer jugador muestra  doble par en su jugada, nervioso el hombre canoso mira a su contrincante mostrar una escalera simple, estaba por arrebatar las fichas de diversos colores, cuando el más joven de los jugadores baja sus cartas mostrando una escalera real – Gané… y esta preciosura sí que me trajo suerte – da un sorbo de golpe a su copa, al bajar el recipiente golpea algo fuerte la mesa, al tiempo que su mano da al trasero de Degel dando un buen apretón, el Croupier aprieta los ojos para controlar su ira pues al frente estaba paseándose Tatsumi echándole una miradita para que no se atreviera a hacer escándalo alguno queriéndose hacer el digno porque ya conocía lo morbosos que eran algunos clientes con unas copas de más.



Dos mesas atrás un joven apuesto miraba con atención aquella escena, termina de dar la última bocanada a su cigarro antes de aplastarlo contra el cenicero, no faltó el momento en que pudiese escanear la bella figura del empleado con la sonrisa socarrona que le caracterizaba. Más se detiene al ver la reacción del hermoso peliverde… – Felicitaciones Señor, solo le pido el favor que respete mi trabajo, aquí estoy solo para repartir las cartas y nada más – la mirada asesina de esos ojos amatista lo cautivan al controlar al tipo con modales tan propios para su edad, sin embargo, el hombre iba a reclamarle algo, pero el joven de cabellos cortos azulados que seguía la discusión detiene el brazo del hombre solo para hacerle correr al siguiente asiento e incorporarse al juego.



–Buona fortuna  – su exquisito acento italiano llamó la atención del chico francés por unos segundos antes de concentrarse en el mazo que empezaría a repartir, la buena suerte le iluminaba esa noche a Manigoldo como tantas otras donde arrasaba con grandes cantidades a sus contrincantes, y esa noche para nada fue la excepción, jamás había visto Degel tanta suerte en un hombre en una sola noche, cosa que le tenía sorprendido. En las bocinas avisaban del cierre del casino en los próximos minutos, por lo cual Degel debía apoyar al ganador para recibir su premio, registrando la cantidad de fichas en una tarjeta electrónica.



Como era costumbre al retirarse el ganador entregaba una buena propina al empleado que atendió la mesa, sólo que esta ocasión el peliverde se lleva un palmo de narices, era lo último que le faltaba, irse a casa sin la mínima propina del día, que era utilizada parte de ese dinero para pagar el taxi de regreso a su casa.



Al irse vaciando la sala, él se acerca con el jefe de sala para entregar las cuentas correspondientes, no falta el momento del reclamo por parte del calvo –Ajá ¿y la propina?... no me quieras hacer trampa, seguro que estás haciendo lo mismo que los otro pelagatos que se esconden hasta en las calcetas el dinero, sabes que debe quedar asentado en los registros todo – sin pedir permiso ni dar tiempo a que Dégel responda algo, comienza a levantar de los tobillos los dobladillos del pantalón oscuro que porta el Francés.



–Ya te dije que ese tipo no dejó nada, yo no tengo la culpa, ¿acaso cree que estoy feliz porque no dejó propina? – el menos reprocha con gesto afligido su mala suerte con ese cliente, por lo que Tatsumi lo libera, da gracias de tener unas monedas en el pantalón para pagar su taxi puesto que paga consumir sus alimentos no es suficiente. Por la puerta trasera de empleados se retira, camina hacia la avenida principal para esperar algún taxi que pueda llevarlo a casa.

– Hola hermoso… no me saqué el premio dentro de la sala, pero ahora mismo me llevaré el de consolación - el tipo que había osado en querer manosearle durante la noche aparece detrás suyo para acorralarlo, el francés intenta esquivarle, pero este le presiona de la cintura para atraerlo a su cuerpo, el cuerpo pesado del tipo ebrio cae sobre él, ante la sorpresa de que detrás del ebrio se encuentra sobándose la el avaro ganador del póker, tras haber neutralizado con un certero golpe por la espalda al borracho aprovechado.



–Gracias señor – apenas en un susurro asustado se dirige al hombre que acaba de prestarle ayuda, este se acerca y ayuda a levantarse al peliverde, quitándole de encima al mastodonte ebrio.



–No tienes que agradecer, soy yo el que debería de disculparse, creo que de la emoción olvidé dejarte la propina jeje–  se rasca la cabeza mostrando lo despistado que podía ser ante una situación como esa. –Pero te ruego que me dejes al menos invitarte a cenar ¿qué dices? – intenta por todos los medios de convencer al desconfiado muchacho. – Vamos… no muerdo – la sonrisa de medio lado dejaba su lado cínico a la vista.

– No debería, es usted un cliente y yo el empleado, además es un extraño – rápidamente responde Degel queriendo rechazar la propuesta de la mejor manera, pero este del bolsillo saca una tarjeta que le entrega al menor – Médico Forense Manigoldo Rossetti – lee en voz baja más que nada para él.



– Ya lo ves, dejé de ser un desconocido, ahí dice mi nombre, profesión y donde trabajo – el de cabellos cortos no pierde el humor en sus gesticulaciones, tratando de ganarse la confianza del menor.



– Está bien – acepta aun no muy convencido, pero realmente tenía bastante hambre, sería la primera vez que sale con un cliente, aunque es todo de la manera más limpia, una simple salida a cenar que no le ve nada de malo. El médico italiano lo dirige a su automóvil, caballerosamente le abre la puerta del copiloto para que esta suba, más adelante sobre la misma avenida principal se detiene frente a un negocio de hamburguesas al carbón, el solo pide un tarro de cerveza, mientras que Degel cohibido decide por la hamburguesa sencilla con papas y agua mineral.



– ¿Y tu nombre es? – pregunta Manigoldo, el sonrojo adorna deliciosamente para su gusto el rostro níveo del chico.



– Soy un maleducado – extiende la mano para presentarse lleno de pena por su descortesía – Degel Darcy. Disculpe creo que dé la impresión por el tipo ebrio olvide presentarme – juega de momento con el popote de la bebida, hasta que el mayor suelta una carcajada.



– Ni te fijes, lo entiendo Degel… y cuéntame mas de ti – con algo de disimulo miraba cada detalle del muchacho, era tan bello que le daban ganas de llevarlo a la morgue y hacerlo suyo en una de las planchas para muertos.



– Estudio psicología, bueno ya estoy en la fase final trabajando con lo que será mi proyecto recepcional, es sobre cómo utilizar como una terapia de lectura de cuentos en los niños con enfermedades terminales para su recuperación – animado y con cierta pasión por el tema empleado para su proyecto, relata al atento médico que le miraba con sorpresa.

– Muy bien Degel, eso es bueno aunque creo que eso debe ser más bien un placebo, pero bueno respeto tu teoría – se cruza los brazos mirando irónicamente – Tu de alguna manera quieres salvar vidas y yo me dedico a recibir y estudiar las causas de muerte de las personas… ¿qué paradójico no crees? –



– Es una hipótesis, pero para ello tendría que llevarlo a la práctica y saber los resultados  – responde Degel abierto a las posibilidades de comprobar su teoría de la terapia o en el caso contrario de que fuera errónea. El resto del rato la charla fue de lo más trivial, rompiendo el hielo entre ambos, yendo de viento en popa para el mayor, así sería más fácil estrategia de conquista.



El viaje hacia la casa de Degel fue menos tenso que la salida del casino, ya con más confianza se despide del médico que advierte ser de ahora en adelante un cliente asiduo del casino  – Si necesitas ayuda en tu tesis puedo echarte una mano, ya sabes dónde encontrarme pequeño, de todos modos iré más seguido al casino  – lento pero seguro iría hasta poder tenerlo en sus brazos, la sonrisa inocente del menor le hacía más antojable a su gusto.

– Te lo agradezco mucho Manigoldo y lo tendré en cuenta  – saca del bolsillo la tarjeta mostrando que la conservaría. El auto sigue su camino hasta que el peliazul confirma que el menor entre a su casa.

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Se detiene en seco cuando lo ve avanzar hacia la misma dirección de él, apenas alcanza a ocultarse detrás de algunos casilleros del pasillo lateral, en cuanto Degel pasa de largo sin percatarse de su presencia, sale de su escondite, tan solo para dirigirse a su aula. Antes de acomodarse en su lugar, ata su sedosa cabellera pelirroja para que no le estorbe mientras realiza sus prácticas.



Bostezo tras bostezo hacerse a un lado – esto es estúpido – hace a un lado el cuerpo humano falso que analizaba con su equipo de trabajo, el grupo de chicos que estaban a su alrededor se quedan completamente callados, saben de su carácter bastante ácido como para llevarle la contraria, solo observan como Camus Darcy se va a un rincón del salón con una novela en mano a hojear un rato. En arranques como aquellos recordaban las recomendaciones que daba a escondidas su hermano Degel, por aquello de la enfermedad que le había diagnosticado… la bipolaridad.



Aquella era una de las razones por las que el pelirrojo prefería perderse todo el día de su hermano, desde que murieron sus padres quedó al cuidado de su hermano, empeñándose a que trate de recordar algunos pasajes de su vida que había olvidado por el trauma que le causó encontrar a sus padres muertos cuando solo tenía diez años de edad.



– Isaac, ya me voy… luego me pasas los apuntes, me duele mucho la cabeza – se excusa Camus con su compañero de equipo, este no responde nada, pero asiente en repetidas ocasiones con movimientos rápidos de su cabeza. No era muy lejano de la realidad, comenzaba a sentirse de cierta manera un tanto débil, con mochila en los hombros decide salir de la institución para tomar un poco de aire fresco, caminando sin rumbo ni dirección, solo a donde sus pasos le aconsejaran, a donde su cuerpo no se sintiera tan tenso.

Cierra los ojos al llegar a un lugar lleno de árboles, su frente la recarga de momento sobre la corteza gruesa y rasposa, la cabeza le da vueltas y sus piernas tiemblan, una superficie de cemento fría logra tentar con sus palmas, ahí se sienta tomando un respiro, como si  el ambiente le proveyera de energía para volverse a poner en pie, una risa burlona sale de sus labios, las aves que se encontraban revoloteando entre las ramas de esos árboles vuelan asustados por el repentino ruido de sus carcajadas.


Sus ojos color rubí brillaban más que nunca al darse cuenta del sombrío lugar en el que se encontraba, las botas de agujetas en color negro pisaban las flores que adornaban varias sepulturas, como si fuese un pequeño en el parque, brincaba de una lápida a la otra hasta encontrar lo que buscaba.



– Esposa… madre amorosa Rose Darcy, ohh papi también está aquí, el mejor padre y esposo Joseph Darcy – Su voz portaba mucha ironía al leer las lápidas de quienes en vida fueron sus padres – No cabe duda que Degel es un cursi y aburrido–  se coloca en pie para caminar sobre las rosas que tenía sobre la tumba perdiendo el mínimo respeto a los que yacían debajo de la tierra.



–  Por cierto, tu hijito abnegado esta hartándome cada día que pasa, se la vive vigilándome, quizá en un día de estos hasta te hace compañía jaja –  el viento agitaba las hojas de los árboles pareciendo una danza perfecta de la naturaleza en ese frío lugar, con la sonrisa marcada en el rostro se mece al ritmo de aquella música imaginaria, girando y girando alrededor de las tumbas.



Finalmente se detiene en seco bajando de golpe a lo que servía de pasillos entre las lápidas, escuchando como revienta algo bajo sus botas negras –  ohh asqueroso e inservible roedor –  levanta de la cola la rata que acababa de aplastar con sus pies por accidente, lo acerca a unos centímetros de su rostro para observar lo repugnante que era el animal todo ensangrentado, tan solo para arrojarlo sobre las tumbas del matrimonio Darcy, continúa caminando a la salida del cementerio sin prestar importancia ya del desastre que había dejado en el lugar.



Ya comenzaba anochecer, sin embargo, el horario ni le inmuta al pelirrojo, por el contrario con toda la calma del mundo continúo con su andanza por la ciudad, tan solo se detiene al escuchar el estómago rugir. – Maldición, tendré que buscar un lugar donde alimentar este bello cuerpo – la punzada en la cabeza le provoca cerrar los ojos unos segundos al llegar al parque central, al abrir los ojos se siente un tanto confundido que hacía en el parque, tan solo dejándose llevar por su instinto biológico avanza hasta llegar a un local de donas, comprando una de chocolate, apenas daba la primer mordida escucha el timbrazo de su teléfono móvil.



– Degel, apenas voy para la casa – retuerce los ojos cuando el hermano mayor le regaña, hasta cierto punto aleja un poco el auricular de su oreja pudiendo escuchar aun así el tono de voz de su hermano.



– ¡Me tenías preocupado, tiene cuatro horas que estoy tratando de llamarte y simplemente la llamada no conectaba, me enviaba al buzón! – el peliverde sentía que el corazón se le salía por todas las horas de angustia, aunque ahora el alma le había regresado al cuerpo al poder escuchar su voz, temía que hubiese hecho una locura su hermano, por la dichosa enfermedad mental que le había diagnosticado no podía vivir tranquilo pensando que pudiese recurrir al suicidio como muchos casos de personas con desórdenes mentales.



– Ya te dije que estoy bien, solo estaba haciendo tarea – o al menos eso quería creer puesto que no recordaba realmente lo que había hecho en esas cuatro horas – Si Degel, ya voy para la casa ¿ok? – responde restando importancia, como era su costumbre despreocupada cuando sentía la excesiva vigilancia de su hermano – Adiós – prácticamente no deja que continúe el mayor de los Darcy con el sermón, básicamente sabía que en cuanto llegara a casa se libraría de los reproches puesto que Degel se tenía que ir a trabajar el resto de la noche y madrugada.



Siente la mirada penetrante de alguien cuando da una mordida a la rosquilla de chocolate, ensuciando la mejilla por mero accidente,  con la lengua intenta limpiar un poco cuando siente la sustancia cremosa, sin embargo no termina del todo el rastro del dulce, el ruido de un maullido despavorido provoca que su postre caiga al piso – Demonios… – se agacha a recoger el pedazo de pan, aquel movimiento provoca que los jeans oscuros se adhieran más a su cuerpo delineando su exquisita figura. En un bote de basura cercano termina por echar la porción de la rosquilla desperdiciada, al girarse se encuentra con una enigmática mirada azul violáceo, sostiene por algunos momentos la mirada, pero poco tiempo se quedó frente a él – Permiso… – paso junto al chico de cabellos azules, de gallarda postura y mucho más alto que el propio Camus.



Su cabello se ondea con una pequeña ráfaga de viento que sopla al momento de cruzarlo fuera de su camino, golpeado las largas hebras rojizas el rostro del peliazul, tomando por unos segundos ese mechón para olerlo, llenando sus fosas nasales del delicioso aroma afrodisíaco que destilaba el francés, no pierde el tiempo en continuar escaneando con esa mirada penetrante cargada de deseo.



Lo ve dar la vuelta más adelante, la sonrisa en su rostro predomina l imaginar todo el mundo de perversiones que podría hacer con el chico, era carne fresca y de un porte exótico que nunca había probado nunca en todos esos años devorando el sexo y alma de muchas víctimas.



Con sigilo continúa siguiendo al muchachito – Este es mi día de suerte, encontré el amante perfecto… tienes algo que nunca he visto y no voy a dejarte escapar  – aprieta el paso hasta que de nuevo se detiene al escuchar el quejido de un gato, su gesto de desagrado por el animal impertinente no puede evitarlo, observa como la bola de pelos brinca prácticamente a donde su deliciosa presa se detiene.



– ¿Estás perdido  pequeño? – dulce y tierno, una mezcla perfecta con la mirada fiera que le acababa de mostrar momentos antes el pelirrojo, entre las sombras observa relamiéndose los labios imaginando quitar aquella pequeña mancha en la comisura de su boca, tocarlo… besarlo… morderlo… entrar en el fondo de su ser para hacerlo gemir tan fuerte . El peliazul baja lentamente su mano a la entrepierna tan solo para ajustar el bulto que era ahogado por el pantalón, era inevitable que con esos pensamientos mundanos se excitara al grado de tener una erección de esa magnitud. Camus levanta al gatito en brazos, con una ternura que era rara en él, acaricia la cabecita del animalito  – Te llevaré a casa conmigo ­  – lo levanta en brazos acercando la carita a la suya solo para sonreírle, alerta por las pisadas acercándose acelera el paso para salir del sombrío parque solitario.



Notas finales del capítulo:
By PrincessIce

Personajes:

*Degel Darcy, Origen Francia, estudiante del último semestre de Psicología, 22 años

*Camus Darcy, Origen Francia, estudiante de medicina, 18 años

*Dohko Long, Origen China, Profesor de Psicología familiar, 55 años

*Anabela, Origen desconocido, Bibliotecaria, 70 años

* Shion Paudel, Origen Himalaya, Profesor de Psicología Clínica, 54 años

*Yato Sang, Origen Corea, Estudiante de Psicología, 23 años

*Tatsumi Tokumaru, Origen Japonés, Jefe de sala del casino, 48 años

*Manigoldo Rossetti, Origen Italia, Médico Forense, 32 años

*Isaac Koski, Origen Finlandia, Estudiante de medicina, 19 años

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