Du Ciel á L´enfer [Capítulo 2]
Du Ciel á L´enfer
Clasificación:
No menores de 18 años
Autor:
Nikiitah
Categoría:
Saint Seiya
Disclaimer:
Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo
solo los utilizo por diversión.
Género:
Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia
Advertencia:
Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación
Aviso:
Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
Capítulo 2:
Opposé
En los rincones de la biblioteca acostumbraba a pasar en
limpio sus grabaciones sobre aquel caso especial que lo ha impulsado a tomar
los estudios en Psicología, una parte muy íntima que no pretendía exhibir en su
tesis, por lo que esta última estaba enfocada a la terapia de lectura a los
pequeños enfermos de cáncer, la manera en que mentalmente eleva el entusiasmo de los menores para
luchar contra las células malignas.
Sus cabellos color jade reposan como cascada sobre la mesa
de trabajo, el bolígrafo terminaba por deslizarse hacia el piso, una y otra vez su propia voz resonaba en los
audífonos que resbalaron al cabo de los minutos de sus oídos. El cansancio de
su ritmo de vida sucumbía ya en su físico, visibles ojeras abultadas remarcan
sus bellos ojos amatistas tras el cristal de sus gafas.
Apenas un suave movimiento
de Anabela, la anciana a cargo de
la biblioteca de la universidad le hace reaccionar – Degel te volviste a
quedar dormido – su voz baja apenas era
audible para el adormilado peliverde que se frotaba los ojos para enfocar mejor,
mira su reloj dándose cuenta que de nuevo llegaría tarde a una de sus clases,
apaga el reproductor de cinta de audio y guarda todo en la mochila al igual que
las libretas que tenía extendida sobre el escritorio de trabajo.
La cátedra del profesor Dohko había comenzado hacía ya
veinte minutos, consciente de ello, el
joven francés – Señor Darcy, es la
última vez que le permito la llegada tan tarde a mi clase – sentencia el
profesor al ver el intento de Degel por pasar desapercibido al colarse a la
clase.
–Lo siento profesor Long, no volverá a suceder– el peliverde
baja la mirada al sentir a toda la clase con los ojos puestos sobre él.
–Ya se lo he dicho, no se pueden hacer dos cosas al ciento por ciento a la par, o
trabaja o termina su universidad – la mirada severa del mayor provoca en Degel
el querer sumergirse en su pupitre el resto de la clase que fue poco más de
quince minutos pues cinco minutos ya estaban siendo desperdiciados en un
extenso sermón que tuvieron que escuchar por culpa del francés que como
costumbre como lo decían sus compañeros, era quedarse dormido por los rincones
de la universidad.
–Vamos no le hagas caso al viejo – alguien susurra
detrás suyo, el castaño payaso del grupo
le sonríe, a decir verdad, Degel no tenía mucho acercamiento con sus
compañeros, pero en el caso de Yato era prácticamente imposible a veces
entablar conversación por lo impertinente y parlanchín que resultaba.
–Como si fuera tan fácil – fue lo único que logro
responderle al ladearse solo unos cuantos centímetros para mirar de reojo a su
compañero de clases, antes que el viejo le llamase la atención de nueva cuenta
exhibiéndole como irresponsable.
La campana al fin le quita de encima la sombría mirada del
mayor, dando por terminada la clase –Darcy… quiero ver el adelanto de tu
anteproyecto – lo intercepta antes de que el francés pueda abandonar el aula.
–Profesor Long, se la entregaré en cuanto el Doctor Paudel
me la devuelva, está dándole una revisión – explica con toda seguridad
aceptando el gesto molesto del impaciente Dohko.
–Pues no te tardes… lo necesitas para la asignación de
hospital residente para tus prácticas – el mayor cierra su portafolios
dejándolo ahí de pie observando escasos segundos la cara de espanto de su
estudiante, al salir del aula enmarca una sonrisa burlona, disfrutaba
presionarles para que dieran su mayor esfuerzo, consideraba que solo
sacrificándose al máximo lograrían sus metas, por el contrario Shion Paudel
siempre era condescendiente con los alumnos muy posiblemente para alivianarlos
de las exigencias de su amante secreto Long.
Algo estresado por la situación el peliverde sale en busca
del Doctor Shion Paudel para preguntar por la revisión de su documento, sin
embargo, le avisa una de las asistentes que acaba de salir a comer con el
Doctor Long – Viejo mañoso – susurra entre dientes esperando que nadie le haya
escuchado, sentía que el anciano Dohko ya la traía contra él.
Su agenda tan apretada le obligaba a salir a las carreras de
la universidad, a cada minuto miraba su reloj corriendo una maratónica carrera
para alcanzar el autobús que lo dejaría a dos calles de su casa, por suerte
logra alcanzarlo aunque para ello corre calle y media gritándole al conductor
para que se detenga. Completamente escurriendo gruesas gotas de sudor logra
abordar y pagar su viaje más era evidente al girar su cuerpo que lugares vacíos
no encontraría para recuperar el aliento sentado. Empujones de algunas personas
mayores para poder descender del autobús, arrimones en el trasero de algunos
tipos morbosos, rozamiento de pechos de
chicas voluptuosas en la espalda, era la rutina diaria que padecía, ventaja de
ser estudiante de Psicología… todo eso lo bloqueaba su mente para no sufrir
traumas posteriores, pues con su vida ya era suficiente como para apilarle más
líos.
Al bajar del autobús se dirige a la casa de dos niveles en
color azul cielo donde vivía solo con su hermano desde hace casi ocho años, que
era el tiempo en que sus padres habían fallecido, eso sin contar un año en los
que posterior a quedar en la orfandad, su abuela materna los acompañó sus
últimos días.
Sus deberes en la cocina ya le esperaban, antes se apresura
a colocar toda la ropa sucia en la lavadora, mientras este aparato hacia su
labor, aprovecha para cocinar para que cuando llegue su hermano encuentre todo
listo. No era una gran variedad su alacena, pero lo básico nunca faltaba en
casa, una buena sopa de verduras acompañado de arroz fue lo que preparó antes
de ir de nueva cuenta a la lavadora para colgar la ropa en el tendedero.
Exhausto toma un descanso de tan solo quince minutos antes de darse un baño, no
había más tiempo o llegaría tarde al casino donde laboraba todos los días hasta
la madrugada.
–Hey… ¿a dónde crees que vas? – el jefe de sala Tatsumi le
toma del brazo cuando el peliverde intenta incorporarse a su área llegando tan
solo cinco minutos tarde, lo que para el calvo ameritaba un castigo, sabía bien
en donde darle al menor – Te vas a la sala de Póker y no quiero objeción o te
levanto un acta – advierte amenazante el tipo con sus malos humores de siempre.
– No he dicho nada, no tiene por qué amenazarme señor
Tatsumi - responde Degel en un intento por querer defender sus derechos humanos
sobre el atosigante jefe, arrastrando un poco los pies camina a la sala
contigua donde el olor a tabaco y ebrios inundaba el lugar, coge sus instrumentos
de trabajo y se coloca en una de las mesas de juego, ya varios hombres rabos
verdes se encontraban a la espera del Croupier para la repartición de las
barajas.
Cuatro jugadores miraban ansiosos la ronda de barajas en sus
manos, tan solo el peliverde mantenía la mirada neutra en el momento que el
primer jugador muestra doble par en su
jugada, nervioso el hombre canoso mira a su contrincante mostrar una escalera
simple, estaba por arrebatar las fichas de diversos colores, cuando el más
joven de los jugadores baja sus cartas mostrando una escalera real – Gané… y
esta preciosura sí que me trajo suerte – da un sorbo de golpe a su copa, al
bajar el recipiente golpea algo fuerte la mesa, al tiempo que su mano da al
trasero de Degel dando un buen apretón, el Croupier aprieta los ojos para
controlar su ira pues al frente estaba paseándose Tatsumi echándole una
miradita para que no se atreviera a hacer escándalo alguno queriéndose hacer el
digno porque ya conocía lo morbosos que eran algunos clientes con unas copas de
más.
Dos mesas atrás un joven apuesto miraba con atención aquella
escena, termina de dar la última bocanada a su cigarro antes de aplastarlo
contra el cenicero, no faltó el momento en que pudiese escanear la bella figura
del empleado con la sonrisa socarrona que le caracterizaba. Más se detiene al
ver la reacción del hermoso peliverde… – Felicitaciones Señor, solo le pido el
favor que respete mi trabajo, aquí estoy solo para repartir las cartas y nada
más – la mirada asesina de esos ojos amatista lo cautivan al controlar al tipo
con modales tan propios para su edad, sin embargo, el hombre iba a reclamarle
algo, pero el joven de cabellos cortos azulados que seguía la discusión detiene
el brazo del hombre solo para hacerle correr al siguiente asiento e
incorporarse al juego.
–Buona fortuna – su
exquisito acento italiano llamó la atención del chico francés por unos segundos
antes de concentrarse en el mazo que empezaría a repartir, la buena suerte le
iluminaba esa noche a Manigoldo como tantas otras donde arrasaba con grandes
cantidades a sus contrincantes, y esa noche para nada fue la excepción, jamás
había visto Degel tanta suerte en un hombre en una sola noche, cosa que le
tenía sorprendido. En las bocinas avisaban del cierre del casino en los
próximos minutos, por lo cual Degel debía apoyar al ganador para recibir su
premio, registrando la cantidad de fichas en una tarjeta electrónica.
Como era costumbre al retirarse el ganador entregaba una
buena propina al empleado que atendió la mesa, sólo que esta ocasión el
peliverde se lleva un palmo de narices, era lo último que le faltaba, irse a
casa sin la mínima propina del día, que era utilizada parte de ese dinero para
pagar el taxi de regreso a su casa.
Al irse vaciando la sala, él se acerca con el jefe de sala
para entregar las cuentas correspondientes, no falta el momento del reclamo por
parte del calvo –Ajá ¿y la propina?... no me quieras hacer trampa, seguro que
estás haciendo lo mismo que los otro pelagatos que se esconden hasta en las
calcetas el dinero, sabes que debe quedar asentado en los registros todo – sin
pedir permiso ni dar tiempo a que Dégel responda algo, comienza a levantar de
los tobillos los dobladillos del pantalón oscuro que porta el Francés.
–Ya te dije que ese tipo no dejó nada, yo no tengo la culpa,
¿acaso cree que estoy feliz porque no dejó propina? – el menos reprocha con
gesto afligido su mala suerte con ese cliente, por lo que Tatsumi lo libera, da
gracias de tener unas monedas en el pantalón para pagar su taxi puesto que paga
consumir sus alimentos no es suficiente. Por la puerta trasera de empleados se
retira, camina hacia la avenida principal para esperar algún taxi que pueda
llevarlo a casa.
– Hola hermoso… no me saqué el premio dentro de la sala,
pero ahora mismo me llevaré el de consolación - el tipo que había osado en
querer manosearle durante la noche aparece detrás suyo para acorralarlo, el
francés intenta esquivarle, pero este le presiona de la cintura para atraerlo a
su cuerpo, el cuerpo pesado del tipo ebrio cae sobre él, ante la sorpresa de
que detrás del ebrio se encuentra sobándose la el avaro ganador del póker, tras
haber neutralizado con un certero golpe por la espalda al borracho aprovechado.
–Gracias señor – apenas en un susurro asustado se dirige al
hombre que acaba de prestarle ayuda, este se acerca y ayuda a levantarse al
peliverde, quitándole de encima al mastodonte ebrio.
–No tienes que agradecer, soy yo el que debería de
disculparse, creo que de la emoción olvidé dejarte la propina jeje– se rasca la cabeza mostrando lo despistado
que podía ser ante una situación como esa. –Pero te ruego que me dejes al menos
invitarte a cenar ¿qué dices? – intenta por todos los medios de convencer al
desconfiado muchacho. – Vamos… no muerdo – la sonrisa de medio lado dejaba su
lado cínico a la vista.
– No debería, es usted un cliente y yo el empleado, además
es un extraño – rápidamente responde Degel queriendo rechazar la propuesta de
la mejor manera, pero este del bolsillo saca una tarjeta que le entrega al
menor – Médico Forense Manigoldo Rossetti – lee en voz baja más que nada para
él.
– Ya lo ves, dejé de ser un desconocido, ahí dice mi nombre,
profesión y donde trabajo – el de cabellos cortos no pierde el humor en sus
gesticulaciones, tratando de ganarse la confianza del menor.
– Está bien – acepta aun no muy convencido, pero realmente
tenía bastante hambre, sería la primera vez que sale con un cliente, aunque es
todo de la manera más limpia, una simple salida a cenar que no le ve nada de
malo. El médico italiano lo dirige a su automóvil, caballerosamente le abre la
puerta del copiloto para que esta suba, más adelante sobre la misma avenida
principal se detiene frente a un negocio de hamburguesas al carbón, el solo
pide un tarro de cerveza, mientras que Degel cohibido decide por la hamburguesa
sencilla con papas y agua mineral.
– ¿Y tu nombre es? – pregunta Manigoldo, el sonrojo adorna
deliciosamente para su gusto el rostro níveo del chico.
– Soy un maleducado – extiende la mano para presentarse
lleno de pena por su descortesía – Degel Darcy. Disculpe creo que dé la
impresión por el tipo ebrio olvide presentarme – juega de momento con el popote
de la bebida, hasta que el mayor suelta una carcajada.
– Ni te fijes, lo entiendo Degel… y cuéntame mas de ti – con
algo de disimulo miraba cada detalle del muchacho, era tan bello que le daban
ganas de llevarlo a la morgue y hacerlo suyo en una de las planchas para
muertos.
– Estudio psicología, bueno ya estoy en la fase final
trabajando con lo que será mi proyecto recepcional, es sobre cómo utilizar como
una terapia de lectura de cuentos en los niños con enfermedades terminales para
su recuperación – animado y con cierta pasión por el tema empleado para su
proyecto, relata al atento médico que le miraba con sorpresa.
– Muy bien Degel, eso es bueno aunque creo que eso debe ser
más bien un placebo, pero bueno respeto tu teoría – se cruza los brazos mirando
irónicamente – Tu de alguna manera quieres salvar vidas y yo me dedico a
recibir y estudiar las causas de muerte de las personas… ¿qué paradójico no
crees? –
– Es una hipótesis, pero para ello tendría que llevarlo a la
práctica y saber los resultados –
responde Degel abierto a las posibilidades de comprobar su teoría de la terapia
o en el caso contrario de que fuera errónea. El resto del rato la charla fue de
lo más trivial, rompiendo el hielo entre ambos, yendo de viento en popa para el
mayor, así sería más fácil estrategia de conquista.
El viaje hacia la casa de Degel fue menos tenso que la
salida del casino, ya con más confianza se despide del médico que advierte ser
de ahora en adelante un cliente asiduo del casino – Si necesitas ayuda en tu tesis puedo
echarte una mano, ya sabes dónde encontrarme pequeño, de todos modos iré más
seguido al casino – lento pero seguro
iría hasta poder tenerlo en sus brazos, la sonrisa inocente del menor le hacía más
antojable a su gusto.
– Te lo agradezco mucho Manigoldo y lo tendré en cuenta – saca del bolsillo la tarjeta mostrando que
la conservaría. El auto sigue su camino hasta que el peliazul confirma que el
menor entre a su casa.
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
Se detiene en seco cuando lo ve avanzar hacia la misma
dirección de él, apenas alcanza a ocultarse detrás de algunos casilleros del
pasillo lateral, en cuanto Degel pasa de largo sin percatarse de su presencia,
sale de su escondite, tan solo para dirigirse a su aula. Antes de acomodarse en
su lugar, ata su sedosa cabellera pelirroja para que no le estorbe mientras
realiza sus prácticas.
Bostezo tras bostezo hacerse a un lado – esto es estúpido –
hace a un lado el cuerpo humano falso que analizaba con su equipo de trabajo,
el grupo de chicos que estaban a su alrededor se quedan completamente callados,
saben de su carácter bastante ácido como para llevarle la contraria, solo
observan como Camus Darcy se va a un rincón del salón con una novela en mano a
hojear un rato. En arranques como aquellos recordaban las recomendaciones que
daba a escondidas su hermano Degel, por aquello de la enfermedad que le había
diagnosticado… la bipolaridad.
Aquella era una de las razones por las que el pelirrojo
prefería perderse todo el día de su hermano, desde que murieron sus padres
quedó al cuidado de su hermano, empeñándose a que trate de recordar algunos
pasajes de su vida que había olvidado por el trauma que le causó encontrar a
sus padres muertos cuando solo tenía diez años de edad.
– Isaac, ya me voy… luego me pasas los apuntes, me duele
mucho la cabeza – se excusa Camus con su compañero de equipo, este no responde
nada, pero asiente en repetidas ocasiones con movimientos rápidos de su cabeza.
No era muy lejano de la realidad, comenzaba a sentirse de cierta manera un
tanto débil, con mochila en los hombros decide salir de la institución para
tomar un poco de aire fresco, caminando sin rumbo ni dirección, solo a donde
sus pasos le aconsejaran, a donde su cuerpo no se sintiera tan tenso.
Cierra los ojos al llegar a un lugar lleno de árboles, su
frente la recarga de momento sobre la corteza gruesa y rasposa, la cabeza le da
vueltas y sus piernas tiemblan, una superficie de cemento fría logra tentar con
sus palmas, ahí se sienta tomando un respiro, como si el ambiente le proveyera de energía para
volverse a poner en pie, una risa burlona sale de sus labios, las aves que se
encontraban revoloteando entre las ramas de esos árboles vuelan asustados por
el repentino ruido de sus carcajadas.
Sus ojos color rubí brillaban más que nunca al darse cuenta
del sombrío lugar en el que se encontraba, las botas de agujetas en color negro
pisaban las flores que adornaban varias sepulturas, como si fuese un pequeño en
el parque, brincaba de una lápida a la otra hasta encontrar lo que buscaba.
– Esposa… madre amorosa Rose Darcy, ohh papi también está
aquí, el mejor padre y esposo Joseph Darcy – Su voz portaba mucha ironía al
leer las lápidas de quienes en vida fueron sus padres – No cabe duda que Degel
es un cursi y aburrido– se coloca en pie
para caminar sobre las rosas que tenía sobre la tumba perdiendo el mínimo
respeto a los que yacían debajo de la tierra.
– Por cierto, tu
hijito abnegado esta hartándome cada día que pasa, se la vive vigilándome,
quizá en un día de estos hasta te hace compañía jaja – el viento agitaba las hojas de los árboles
pareciendo una danza perfecta de la naturaleza en ese frío lugar, con la
sonrisa marcada en el rostro se mece al ritmo de aquella música imaginaria,
girando y girando alrededor de las tumbas.
Finalmente se detiene en seco bajando de golpe a lo que
servía de pasillos entre las lápidas, escuchando como revienta algo bajo sus
botas negras – ohh asqueroso e
inservible roedor – levanta de la cola
la rata que acababa de aplastar con sus pies por accidente, lo acerca a unos
centímetros de su rostro para observar lo repugnante que era el animal todo
ensangrentado, tan solo para arrojarlo sobre las tumbas del matrimonio Darcy,
continúa caminando a la salida del cementerio sin prestar importancia ya del
desastre que había dejado en el lugar.
Ya comenzaba anochecer, sin embargo, el horario ni le inmuta
al pelirrojo, por el contrario con toda la calma del mundo continúo con su
andanza por la ciudad, tan solo se detiene al escuchar el estómago rugir. – Maldición,
tendré que buscar un lugar donde alimentar este bello cuerpo – la punzada en la
cabeza le provoca cerrar los ojos unos segundos al llegar al parque central, al
abrir los ojos se siente un tanto confundido que hacía en el parque, tan solo
dejándose llevar por su instinto biológico avanza hasta llegar a un local de
donas, comprando una de chocolate, apenas daba la primer mordida escucha el
timbrazo de su teléfono móvil.
– Degel, apenas voy para la casa – retuerce los ojos cuando
el hermano mayor le regaña, hasta cierto punto aleja un poco el auricular de su
oreja pudiendo escuchar aun así el tono de voz de su hermano.
– ¡Me tenías preocupado, tiene cuatro horas que estoy
tratando de llamarte y simplemente la llamada no conectaba, me enviaba al buzón!
– el peliverde sentía que el corazón se le salía por todas las horas de
angustia, aunque ahora el alma le había regresado al cuerpo al poder escuchar
su voz, temía que hubiese hecho una locura su hermano, por la dichosa
enfermedad mental que le había diagnosticado no podía vivir tranquilo pensando
que pudiese recurrir al suicidio como muchos casos de personas con desórdenes
mentales.
– Ya te dije que estoy bien, solo estaba haciendo tarea – o
al menos eso quería creer puesto que no recordaba realmente lo que había hecho
en esas cuatro horas – Si Degel, ya voy para la casa ¿ok? – responde restando
importancia, como era su costumbre despreocupada cuando sentía la excesiva
vigilancia de su hermano – Adiós – prácticamente no deja que continúe el mayor
de los Darcy con el sermón, básicamente sabía que en cuanto llegara a casa se
libraría de los reproches puesto que Degel se tenía que ir a trabajar el resto
de la noche y madrugada.
Siente la mirada penetrante de alguien cuando da una mordida
a la rosquilla de chocolate, ensuciando la mejilla por mero accidente, con la lengua intenta limpiar un poco cuando
siente la sustancia cremosa, sin embargo no termina del todo el rastro del
dulce, el ruido de un maullido despavorido provoca que su postre caiga al piso
– Demonios… – se agacha a recoger el pedazo de pan, aquel movimiento provoca
que los jeans oscuros se adhieran más a su cuerpo delineando su exquisita
figura. En un bote de basura cercano termina por echar la porción de la
rosquilla desperdiciada, al girarse se encuentra con una enigmática mirada azul
violáceo, sostiene por algunos momentos la mirada, pero poco tiempo se quedó
frente a él – Permiso… – paso junto al chico de cabellos azules, de gallarda
postura y mucho más alto que el propio Camus.
Su cabello se ondea con una pequeña ráfaga de viento que
sopla al momento de cruzarlo fuera de su camino, golpeado las largas hebras
rojizas el rostro del peliazul, tomando por unos segundos ese mechón para
olerlo, llenando sus fosas nasales del delicioso aroma afrodisíaco que
destilaba el francés, no pierde el tiempo en continuar escaneando con esa
mirada penetrante cargada de deseo.
Lo ve dar la vuelta más adelante, la sonrisa en su rostro
predomina l imaginar todo el mundo de perversiones que podría hacer con el
chico, era carne fresca y de un porte exótico que nunca había probado nunca en
todos esos años devorando el sexo y alma de muchas víctimas.
Con sigilo continúa siguiendo al muchachito – Este es mi día
de suerte, encontré el amante perfecto… tienes algo que nunca he visto y no voy
a dejarte escapar – aprieta el paso
hasta que de nuevo se detiene al escuchar el quejido de un gato, su gesto de
desagrado por el animal impertinente no puede evitarlo, observa como la bola de
pelos brinca prácticamente a donde su deliciosa presa se detiene.
– ¿Estás perdido
pequeño? – dulce y tierno, una mezcla perfecta con la mirada fiera que
le acababa de mostrar momentos antes el pelirrojo, entre las sombras observa
relamiéndose los labios imaginando quitar aquella pequeña mancha en la comisura
de su boca, tocarlo… besarlo… morderlo… entrar en el fondo de su ser para
hacerlo gemir tan fuerte . El peliazul baja lentamente su mano a la entrepierna
tan solo para ajustar el bulto que era ahogado por el pantalón, era inevitable
que con esos pensamientos mundanos se excitara al grado de tener una erección
de esa magnitud. Camus levanta al gatito en brazos, con una ternura que era
rara en él, acaricia la cabecita del animalito
– Te llevaré a casa conmigo –
lo levanta en brazos acercando la carita a la suya solo para sonreírle, alerta
por las pisadas acercándose acelera el paso para salir del sombrío parque
solitario.
Notas finales del capítulo:
By PrincessIce
Personajes:
*Degel Darcy, Origen Francia, estudiante del último semestre
de Psicología, 22 años
*Camus Darcy, Origen Francia, estudiante de medicina, 18
años
*Dohko Long, Origen China, Profesor de Psicología familiar,
55 años
*Anabela, Origen desconocido, Bibliotecaria, 70 años
* Shion Paudel, Origen Himalaya, Profesor de Psicología
Clínica, 54 años
*Yato Sang, Origen Corea, Estudiante de Psicología, 23 años
*Tatsumi Tokumaru, Origen Japonés, Jefe de sala del casino,
48 años
*Manigoldo Rossetti, Origen Italia, Médico Forense, 32 años
*Isaac Koski, Origen Finlandia, Estudiante de medicina, 19
años
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