El Regreso de los Escorpios [Capítulo III]
El regreso de los
Escorpios
Clasificación: No
menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint
Seiya
Disclaimer: Los
personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y
Shiori Teshirogi
Género: Romance,
Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte
de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen
ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se
separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el
príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus)
(Kardia/Degel)
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III.- Partida
Ya
era hora, por fin luego de 12 años el volvería a pisar esa isla. Miles de
recuerdos cruzaron por su mente, sintiéndose cada vez más asqueado. Bajo del
jet privado de Kido y se dirigió hacia el gran castillo de su padre. Cuando iba
llegando se percató que había una gran estatua de Hades el dios que gobernó el
país del fuego. No recordaba que esa estatua estuviera ahí, pero no le dio
importancia y se fue.
Los sirvientes al verlo se sorprendieron, ese joven
hermoso era el hijo menor de los Scorpius. Sin duda alguna era la viva imagen
de su hermano mayor Kardia. Al sentir todas las miradas Milo los observo y les
dedico una sonrisa. Los nuevos sirvientes, se sonrojaron por tal acto, mientras
que los que lo conocían se inclinaban ante él.
Al
poner un pie en aquel lugar, el muchacho sintió nostalgia, aquí había vivido
inolvidables momentos a lado de su hermano y su madre, solo al recordar la viva
imagen de su madre cambio su rostro a uno más frio y se dirigió al gran trono.
La gran puerta se abrió y dejo ver a un hombre de unos
40 años salir, vestía una gran túnica negra con decorados dorados pegado al
cuerpo, que dejaba ver su trabajado cuerpo color canela. Tenía el cabello largo
y azulado, sus ojos era de color rojo. Al mirarlo directamente a los ojos Milo
sintió escalofríos, lo reconocía, ese sujeto que tenía enfrente era nada más ni
menos su padre.
—Milo me alegra mucho de verte —dijo Arles con una
sonrisa.
—Otto-san… —susurro el menor.
—Tanto tiempo sin verte has cambiado mucho. —Cuando se
iba a acercar el menor reaccionó y le dirigió una mirada fría. Arles abrió
grande los ojos, era cierto lo que le dijo Kido, Milo era la viva imagen de
Kardia y también de su… madre.
—No quiero que te me acerques Arles —le dijo
fríamente— Si he venido es por mi hermano Kardia, ¿adónde diablos lo enviaste?
—Te lo diré con una condición —sonrió maliciosamente
el mayor, Milo lo miro fastidiado.
—No me acostare contigo, así que ni se te ocurra, ya
no soy aquel niño débil y temeroso de antes. —Arles no quito la sonrisa, su
hijo había cambiado, igual de todas formas ya se le ocurriría algo para hacerlo
suyo.
—Está bien, tú ganas, él está en el país del hielo.
—terminado de decir esto se dio media vuelta, Milo alzo una ceja, ¿Qué le
pasaba a su padre? ¿No le daría más guerra?
—Bien mañana en la mañana iré, espero que mi
habitación este tal como la deje. —No esperó nada más y se dirigió a la que era
su antigua habitación.
Por
su parte Arles también se sorprendió, pensó que Milo se iría de la isla o se iría
de inmediato al país del hielo. Esta era su oportunidad. La oportunidad que
quería. De por fin tener debajo de él a su amado hijo, de poder hacerlo al fin
suyo, de oírlo gemir como nunca. Con cada pensamiento que surgía dejaba escapar
varios gemidos, sin que nadie lo viera metió una mano y empezó a masajear a su
ya endurecido y excitado miembro.
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En
otra parte del gran castillo se encontraba Milo, caminando hacia su antigua habitación.
Las paredes del castillo traían viejos recuerdos y con ellas sentimientos que
creyó haber enterrado. Nostalgia, adoración, esperanza. La sonrisa cálida de su
madre apareció en su mente, aquella mujer que dio su vida por protegerlo que lo
alegraba a su hermano y a él cuando estaban tristes. Kardia jamás le dijo que
había pasado con su adorada madre, pero, aunque no se lo dijese ya tenía una
vaga idea. Arles. Si no quien más sería capaz de asesinarla. Sí, porque él
sabía que su padre la había asesinado. Aunque jamás entendió el por qué. De
pronto como si hubiera recordado algo, se detuvo abruptamente mirando con
seriedad aquella puerta.
Una
gran puerta de color negro tallada finamente con emblemas del fénix, sabía que
su padre aparte de él y Kardia, Arles tenía otros hijos, pero que por alguna
razón nunca llego a conocerlos. Se quedó viendo la gran puerta por unos
segundos más que de pronto se abrió dejando ver a un muchacho de unos dieciséis
años, alto elegante, con piel morena, rasgos muy masculinos y serios, ojos
penetrantes que con una sola mirada lograba paralizarte color azules, una
pequeña cicatriz en su ojo izquierdo, cabello azul al igual que el suyo, el
muchacho no se dio cuenta de la presencia de Milo y chocó con él.
—Disculpe no lo vi —una voz grave y sedosa salió de
aquellos finos labios. Definitivamente era hijo de Arles. Todo un príncipe.
—Descuida, no debí quedarme parado. —regalándole una
sonrisa habló. El más joven lo miro con cierta curiosidad, en otro momento tal
vez ya hubiera matado a aquel que lo tocase, pero por alguna razón ese hombre
era diferente.
— ¿Quién eres? —preguntó el menor frunciendo el ceño,
ahora que lo pensaba no sabía quién era y por qué se encontraba cerca de las
habitaciones reales. — No deberías estar aquí.
—Soy Milo de Scorpius, el hijo del rey Arles, soy… su
segundo hijo —el menor abrió sus ojos como plato, ese muchacho que estaba al
frente suyo era uno de los hijos mayores de Arles— Y… ¿Tú quién eres?
—Soy Ikki el Fénix, el tercer hijo de Arles”
Fénix,
había escuchado de la familia de muchacho cuando vivía en el castillo, según
recordaba, Arles había ido a la isla de la muerte para firmar un pacto para
tener en su poder aquella ave legendaria, casándose con la joven hija del rey.
Su hermano le había contado que tuvo un hijo con aquella mujer pero tenía
prohibido acercársele. Sólo la había visto una sola vez. Era una mujer hermosa
de cabellos azules claros y ojos chocolate. Que siempre tenía en su rostro una
sonrisa cálida. Lo último que supo de ella era que había desaparecido en uno de
los viajes que realizaba junto a Arles.
—Bueno creo que al fin nos conocemos, bueno en fin
tengo que irme. —no quería entretenerse tanto. Mañana tenía un viaje muy largo
que realizar y quería estar descansado y despierto. Jamás había ido al país del
hielo, pero según los rumores ese lugar solo era hielo puro. Solo esperaba no
morirse de frío.
— ¿Por qué volviste?
Ikki
había escuchado por algunos sirvientes, que los hijos mayores de Arles habían
escapado del reino hace doce años, nunca supo el motivo, pero tal y como lo
dijo una vez su padre, ellos eran considerados traidores. Él jamás creyó en
aquellas palabras. Había escuchado hace tiempo que Kardia, el mayor, tenía un
fuerte temperamento. Era un ser indomable y peligroso. Algo debió haber pasado
para que decidiese salir –huir- de aquí y lo averiguaría.
—Por alguien a quien aprecio mucho. Aparte… por las
personas que viven en donde fue mi hogar. —no le gustaba que las personas
fueran tan entrometidas en su vida pero no podía ignorarle. Él no sabía hasta
donde Ikki tenía conocimiento de él.
—Deberías irte, es una pérdida de tiempo.
—Ya lo sé, es por eso que mañana iré al reino del
hielo.
Sin
esperar una respuesta se fue directamente a su habitación. Una vez adentro se
dejó caer sobre la puerta. Estaba agotado y sobre todo angustiado, nunca creyó
que volvería a ese lugar, empezó a temblar hasta que escucho de nuevo la voz de
Ikki.
—Iré contigo. —esto sorprendió al mayor, pero no
dejaría que nadie interviniera, él se encargaría de todo.
—No.
—No me importa lo que digas igual iré.
Y
se fue, vaya que era su hermano, tenía carácter, demasiado, Milo sonrió
amargamente, era igual a Kardia, ambos eran testarudos e impulsivos. Vio de
nuevo el collar del Escorpión. Saga y Kanon le habían dado la joya para que
cuando viera a Kardia para que se lo entregara. Una lágrima solitaria escapó de
sus ojos cayendo en el dije.
-:-:-:-:-:-o…o Flash Back o…o-:-:-:-:-:-:-
Unas
horas antes de partir hacia el reino del fuego, Milo se encontraba en su casa
junto a sus mejores amigos Shaka y Mu, él sabía que los dos estaban enamorados
de él, pero algo dentro suyo le decía que ambos estaban destinados a estar
juntos, así que decidió hacerse el que no sabía. Se encontraba alistándose para
irse a ver a su “padre”. Sus amigos, aparte de los gemelos, sabían que Milo era
un príncipe, que provenía del reino del Fuego. Le suplicaron que no fuera solo
que ellos lo acompañarían, pero este insistió que no, él solo se encargaría de
sus asuntos, en eso entraron los gemelos, se veían demasiado cansados, pero su
cansancio se fue cuando vieron que su amado hermanito iba a salir.
— ¿Adónde vas? —preguntó Saga.
—A ver a Arles.
—Estás loco —gritó Kanon.
—Cálmate Kanon, sabíamos que este día llegaría —dijo
Saga.
Saga
que era el mayor de todos, entendía lo que Milo sentía, cuando era un niño,
antes de que Kardia y Milo llegaran, Kanon desapareció, Saga desesperado no se
detuvo hasta encontrarlo, solo al pensar que jamás lo volvería a ver lo hizo
sentir angustiado, molesto y desesperado.
—Gracias Saga.
—Pero Saga —reclamó Kanon. Saga lo reprochó con la
mirada, en ese momento Kanon entendió que era mejor acceder— Está bien hermano.
— Toma —Saga le dio a Milo un pequeño collar con el
emblema del Escorpión— Antes de irse Kardia me dijo que te lo entregara si no
regresaba y tu decidieras buscarlo —Milo agarró el objeto y con un gran abrazo
se despidió de sus dos hermanos mayores.
-:-:-:-:-:-o…o End Flash Back o…o-:-:-:-:-:-:-
—Por cierto —escuchó la voz de Ikki— ¿Cómo es el
exterior?
Salió
de sus pensamientos al escucharlo. ¿Otra vez estaba distraído? Bueno por lo
menos recordaba a sus hermanos. Suspiró con cansancio al saber que Ikki no se
rendiría tan fácil. Sin mucho ánimo se levantó del suelo y abrió con lentitud
la puerta.
—Adelante te lo contaré. Pero ni creas que seré
niñera, cuando estemos en el país del hielo te has de cuidar solo.
Una
sonrisa orgullosa apareció en los labios de Ikki al salirse con la suya. Ambos
muchachos se sentaron encima la gran cama de la habitación del mayor, Milo le
empezó a contar sobre la vida que vivía allí, que era muy diferente a la de su
reino, Ikki estaba impresionado por lo que escuchaba, las horas pasaban y era
hora de dormir, ambos hermanos se durmieron juntos, a la media moche Ikki se
despertó viendo el rostro relajado de su hermano y sin querer se apegó más a
él, sintiendo el calor de su cuerpo, el calor que le fue arrebatado.
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