El Regreso de los Escorpios [Capítulo IV]

El regreso de los Escorpios


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus) (Kardia/Degel)


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IV.- El reino de los Hielos

                        Ya habían pasado 2 semanas desde que partieron hacia el reino de los hielos, en el transcurso del camino ambos jóvenes permanecieron en absoluto silencio. Ikki le había hablado de su vida en el reino y las atrocidades que realizaba Arles durante los doce años que estaba fuera. Había conocido a Kardia cuando regresó después de los dos meses que había salido del reino. Y el secuestro de Shun, el último hijo de Arles, a manos de su propio padre. Esto había dejado impactado a Kardia, que había sido capaz de casi asesinar a su padre, pero al enterarse de que Shun había sido enviado hacia el país de los hielos desistió para él personalmente dirigirse hacia allá. El peli azul mayor escuchaba atentamente las palabras de su hermano. Ahora entendía el por qué su hermano había ido a ese lugar. Pero ahora se preguntaba el por qué no había regresado.

                        Milo tenía sus cinco sentidos bien atentos, por si un enemigo los atacara, mientras Ikki estudiaba con la mirada a su hermano mayor, no es que desconfiara de él, solo que toda su vida se la paso solo, junto a su hermanito Shun y con Kardia, a quien consideraba un padre. Miro unos segundos más a su hermano y luego vio a su alrededor. El reino de los hielos parecía un lugar sin vida, solitaria y con un frio infernal, ¿Quién soportaría tanto frio? Se encontraban en un bosque de nieve. Ikki se sentía sorprendido al ver tal pureza que no pudo evitar sonreír, ella tenía razón.

                        Ya se encontraban en la gran puerta que separaba el exterior del palacio de cristal, iban a dar un paso al frente hasta que sintió que Milo lo empujó hacia atrás. Iba a reclamarle entonces vio dos figuras abalanzarse hacia el mayor.

—Suéltenlo. —las dos figuras reconocieron la voz del menor y lo soltaron, Ikki se sorprendió al ver a sus dos guardias personales.

—Su majestad —dijo un moreno de ojos y cabellos azules, agachándose.

—Es un honor verlo sano y salvo —dijo otro moreno de ojos verdes y cabellos castaños claros, también arrodillándose ante él.

—Aioria de Leo y Deathmask de Cáncer —dijo el joven príncipe— ¿Qué hacen en el reino de los hielos?

—Por usted mi príncipe —dijo el castaño.

— ¿Por mí?

—Así es, supimos que había escapado con un hombre y nuestro deber era traerlo sano y salvo a su hogar. Y claro darte un coscarrón por idiota. —Aioria le dio un golpe en el hombro de su compañero. Le había dicho que tenía que hablar con más tacto y no tan brusco como siempre lo hacía.

—Jajajajajajaja —la risa de Milo se escuchó con fuerza, Aioria que estaba cerca de él soltó un gruñido. — Ikki no sabía que necesitabas de niñeras ¿eh? Lo que me entero hasta ahora.

—Malito bicho —eso había sido la gota que derramó el vaso. Acercándose a pasos largos llegó hasta quedarse a su altura y le dio un golpe en la mejilla que hizo caer al peli azul. — Jamás vuelvas a burlarte del joven príncipe.

—Oye gusano —escupió con rudeza, levantándose. Con el dorso de la mano se limpió el hilillo de sangre que salía de su labio. — A mí nadie me dice bicho, gata callejera —respondió apuntándolo con su aguja.

—Aioria, Milo ya dejen de pelear, que no son unos críos. —tanto Deathmask, como Aioria se quedaron mudos ¿Milo? Ese era el nombre de uno de los hijos mayores del rey Arles.

— ¿Milo? —habló Deathmask luego de salir de su asombro. Todos sabían de los hermanos Scorpius. Eran una leyenda entre todos.

—Sí, él es mi hermano. —Milo sonreía satisfecho por haber callado al castaño, pero la sonrisa no le duro ya que sintieron un enorme cosmo acercarse a ellos. Los cuatro muchachos estaban atentos en eso una figura femenina apareció entre los arbustos de nieve. Al verse a los ojos el corazón de Ikki empezó a latir más fuerte. Ella estaba con vida después de todo. No pudo evitar sonreír, cosa que sorprendió a su hermano como a sus dos guardias.

—Pandora.

—Ikki.

                        La muchacha estaba sorprendida, de verlo en el reino de los hielos. Pandora era una muchacha de dieciséis años, de piel pálida ojos morados oscuros y cabellos tan largos, lacios y negros. Llevaba puesto un vestido negro pegado al cuerpo, con un gran escote en la espalda. Se veía hermosa. Tal y como la recordaba hace cinco años. Ikki no sabía qué hacer con el latir de su corazón. Se sentía nervioso. Como cuando era un chiquillo de once años. Su relación de ambos no era muy buena cuando se conocieron. Pandora siempre había sido una niña de carácter fuerte y temible. Siempre paraban chocando cuando a uno de ellos no les parecía bien la idea del otro. Nadie entre la servidumbre se atrevía a acercárseles cuando peleaban excepto tal vez Kardia o incluso el pequeño Shun que con uno de sus pucheros calmaba a ambos.

                        Iba a acercarse pero sintió el cosmo de alguien que se acercaba a toda velocidad hacia ellos. Con el tridente que tenía en sus manos lanzo a los cuatro chicos hacia esos arbustos de nieves.

—Pandora ¿Qué hace aquí? —la figura de un hombre alto, blanco, rubio y de ojos dorados se hizo presente. Llevaba puesta una armadura negra con toques violetas. Su mirada fría y seria podía hacer temblar a cualquiera. Pero claro él era Ikki y ni esa mirada de aquel uniceja le haría temblar.

—Radamanthys —murmuró la muchacha— Solo daba un paseo.

—Sabe que está prohibido que usted vaya sola por estos lugares. —el mayor se acercó a ella y le rodeo por la cintura, acercándose a sus labios depositó un suave beso, que fue correspondido por la pelinegra.

—Radamanthys… —Pandora y él se habían conocido cuando su madre y ella volvieron hace cinco años junto al pequeño Shun, el rey Cristal no había dicho ni una sola palabra cuando su esposa trajo al pequeño peli verde, y trayendo a Radamanthys, le ordenó cuidar de ambos. Los años habían pasado, y durante esos cinco años había sentido un gran cariño hacia ese hombre hasta el punto de no poder dejar de mirarlo, aunque él era mayor que ella por diez años, no podía dejar de pensar en él.

                        Ikki veía toda la escena desde los arbustos, tenía unas ganas enormes de partir la cara de ese sujeto a la mitad, por atreverse a besar a Pandora. Milo notó el enorme cosmo que emanaba, intentaba en vano calmarlo ya que cuando el rubio acercó el cuerpo de la muchacha hacia el suyo el peli azul menor había empezado a agitarse. Ikki no toleró más e ignorando las advertencias de Milo se abalanzó hacia el rubio.

—Maldito mocoso —gritó Radamanthys, mientras lo apartaba— Pandora ¿Quién es él?

—Ikki, el hermano mayor de Shun.

                        Al escuchar ese nombre ambos hombres se calmaron, pero aun así no dejaban de verse con odio, el mayor porque sabía quién era Ikki, y no iba a permitir que le arrebatase a Pandora sin dar pelea. No que sabía ahora que el menor no se había olvidado de la peli morada.
Al sentir tanta tensión, Milo rompió el silencio.

—Por cierto mocosa ¿Quién eres?

—Oye más respeto con la señorita Pandora —el rugido de Radamanthys no se hizo esperar.

—Tsk, yo no sigo ordenes de nadie, así que responde ¿Quién eres? ¿Y cómo conoces a Shun?

—Mi nombre es Pandora y conozco a Shun, porque él es mi hermano menor. —al escuchar lo último Milo abrió grande los ojos ¿hermano menor? ¿Arles tenía una hija? Y él ni enterado.

— ¿Cómo que la hermana de Shun? —la molestia de su voz no la ocultó ¿cuántos hijos tenía el bastardo de Arles? — Contesta —la mirada furiosa y fría de Milo alertó a Radamanthys que esperaba el movimiento en falso del otro para poder acabarlo.

—Ella es la hermana de Shun, pero no es mi hermana. —al escuchar aquella confesión el griego se quedó callado, y se dio media vuelta aun con el ceño fruncido, con los brazos cruzados, Ikki suspiró con cansancio mientras Aioria y Death se inclinaron hacia la muchacha en modo de respeto.

—Discúlpenos señorita Pandora. —Milo solo rodeo los ojos desesperado. Se estaba empezando a impacientar con todo este embrollo de los hermanos, lo único que le importaba era volver a ver a Kardia. En eso atrás de ellos apareció un joven alto, de piel pálida, ojos como los zafiros y cabellos largos, lacios y de color aguamarina.

—Pandora ¿Quiénes son esas personas?

—Hermano —la mujer hizo una pequeña reverencia al verlo.

— ¿Ah? ¿Quién diablos eres tú? —dijo de mala gana Milo, aunque en realidad se había quedado asombrado por la belleza de ese sujeto. La frialdad de sus ojos era realmente sorprendentes, lo atraía como si fuese una energía extraña. Los demás se sorprendieron, incluso Radamanthys, Ikki y Death, que eran los más serios.

—Oye idiota —gritó Aioria con molestia— No conoces lo que se llama el ‘respeto’. —Milo solo lo ignoró aun manteniendo la mirada indiferente hacia el misterioso hombre que le devolvía la mirada, aunque esta era fría y serena.

— ¿Con quién crees que estás hablando? —El susurro hizo helar a Aioria e incluso a Ikki y Death— ¿Quién eres?

— ¿Quién soy? —Dijo Milo, alzo su mano y se señaló, y con un tono orgulloso hablo— Soy Milo el Escorpión Celeste y he venido para rescatar a Kardia —luego su cara cambio a una seria— Así que dime ¿Quién eres tú? ¿Y dónde está Kardia?

— ¿Kardia? —El peli marina se sorprendió, ese era el nombre del hombre que vino hace años atrás. —  Soy Camus de Acuario y por ningún motivo te diré donde esta él.

—Maldito niñato engreído —masculló furioso el de escorpio— Te enseñaré que con los Scorpius nadie se mete.

                        Los demás se sorprendieron al sentir el enorme cosmo que poseía, incluso Camus. Ese hombre altanero era realmente un ser de temer, aunque eso no le sorprendía, si era quien dijo ser debía tener incluso un poder mucho más fuerte que el de Kardia. Se dispuso a atacar pero cuando iba a lanzar su primer ataque es detenido por una mano pálida. Al voltear se sorprendió al ver a su hermano mayor.

—Cálmate Camus —la voz serena del desconocido hizo helar a Milo, aunque su rostro era tranquilo sus ojos mostraban cierta chispa que no sabía cómo descifrar, que le hacía tener escalofríos. Al ver el rostro del otro disminuyó su cosmo, pero no bajó la guardia.

— ¿Otro más? ¿Quién diablos eres? —se empezaba a exasperar con cada persona que se aparecía ¿quién más le faltaba?


—Dijiste que conoces a Kardia ¿verdad? —al escuchar el nombre de su hermano frunció el ceño. Algo le decía que este día tendría muchas sorpresas.

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