El Regreso de los Escorpios [Capítulo II]
El regreso de los
Escorpios
Clasificación: No
menores de 18 años (NC-17)
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint
Seiya
Disclaimer: Los
personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y
Shiori Teshirogi
Género: Romance,
Aventura, Drama
Advertencias: Lemon, Muerte
de un Personaje
Aviso: Si no te gusta el Shounen
ai (hombre/hombre) no leas.
Resumen: Ellos escaparon y luego de un tiempo se
separaron, él buscara a su hermano por todo el país del hielo, mientras el
príncipe de esa región conocerá el amor con él... (Yaoi) (Milo/Camus)
(Kardia/Degel)
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II.- En
busca de mi hermano
Como
si no hubiera pasado nada se levantó de su cama. A pesar de que sus heridas aun
no sanaban no le dolían. Se levantó se vistió con la ropa que le dejo Saga y
salió de aquella habitación. Las enfermeras que pasaban por ahí trataron de
detenerlo. Pero fue inútil. Milo las esquivo y se fue del hospital.
Las enfermeras llamaron a los gemelos para avisarles
que Milo se había ido del hospital. Sabiendo cómo era Scorpius, lo llamo a su
celular.
— ¡Estás loco! —Gritó el gemelo mayor— ¡Aún estás
herido!
—Cálmate Saga, ya me encuentro bien —Milo caminaba
cerca de un parque, que se encontraba a unas cuantas cuadras de su casa. —
Además estoy cerca de mi casa.
—Milo necesitas descansar —hablo dulcemente el menor
de los gemelos, que le había arrebatado el celular a su queridísimo hermano.
—Está bien Kanon —dijo resignado, los gemelos aun lo
trataban como un niño. A pesar de ya haber pasado 12 años aun lo seguían
tratando como aquel niño frágil que conocieron y no como el hombre que se había
convertido. Aun podían recordarlo, el día que Kardia y Milo llegaron a sus
vidas.
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HACE
DOCE AÑOS ATRÁS
Ese
día era muy lluvioso, estaba asustado y nervioso. Pero a la vez se sentía
seguro en los brazos de su hermano mayor. Kardia lo abrazaba fuertemente. Los
menores no le quitaban de vista a los adultos que los recogieron de aquel
muelle después de haber huido de su padre Arles. Se encontraban en una gran
limosina negra. Milo sabía perfectamente que a pesar de que esa mujer y ese
hombre los habían salvado su hermano jamás se fiaría de ambos. A veces sentía
un poco de temor al ver los ojos fríos de su hermano mayor, pero no lo podía
culpar después de todo lo que sufrieron ambos bajo los maltratos de su padre.
El joven Scorpius aún no podía dejar de lado los malos ratos que su padre les
daba.
—Niños miren ahí es donde vivimos —habló dulcemente el
hombre, aun así Kardia no se fio— Ese será su nuevo hogar.
El
hombre sonrió ante el asombro del menor. Los ojitos turquesas de Milo brillaban
de asombro y curiosidad por la lujosa mansión que estaba al frente de ellos.
Bajaron de la gran limosina. Kardia por ningún motivo soltó la pequeña mano de
su hermanito.
—Ahí vivimos con nuestros dos pequeños hijos —hablo la
mujer también dulcemente.
— ¿Tienen dos hijos? —preguntó inocente el pequeño
Milo. La mujer sonrió con ternura por la pregunta del más pequeño.
—Bueno en realidad tenemos cuatro pero los mayores
están en un internado estudiando —dijo aquel hombre mirando a Kardia. Este solo
le dedicó una mirada desafiante y amenazante.
— ¿Qué edad tienen sus hijos menores? —volvió a
preguntar el menor.
—Tienen nueve años —dijo la mujer.
—Aun no nos han dicho su nombre —habló por primera vez
Kardia. Su voz era fría y profunda.
—Discúlpanos pequeño —dijo el hombre— Mi nombre es
Leonardo y ella es mi esposa Joane.
— ¿Qué edad tienen? —dijo Joane.
—Yo tengo ocho años y él —señalando a su hermano—
Tiene diez años.
Los
mayores sonrieron por la ternura e inocencia que emanaba el más pequeño. Iba a
ser un gran trabajo que el mayor de los Scorpius fuera como él. Se llevaron a
los niños dentro de la mansión. Apenas abrieron la puerta y dos niños idénticos
corrieron hacia sus padres. Ambos niños eran de piel un poco bronceada, de ojos
verdes, y cabellos azules, eran idénticos excepto por el tono de cabello ya que
uno de ellos tenía su cabello más claro que el otro.
—Saga, Kanon, pequeños ¿Cómo están? —Leonard se acercó
a los gemelos sonriendo con ternura.
— ¿Se portaron bien? —dijo Joane.
—Sip —dijo el de cabello más claro.
— ¿Quiénes son ellos? —preguntó el otro niño.
—Ellos son Kardia y Milo —dijo el hombre.
—A partir de hoy formaran parte de la familia —dijo
Joane emocionada.
—SIIIIIIIII —dijeron felices los gemelos. Ambos se
acercaron a los hermanos, ante esta nueva vibración Milo se escondió detrás de
Kardia. Que solo frunció el ceño.
—Hola soy Saga el gemelo mayor —dijo el niño de
cabello más oscuro.
—Bah solo por cinco minutos —cruzándose de brazos el menor— Yo soy Kanon —mirando a
Milo y Kardia.
Desde
aquel día la relación de los Scorpius y los gemelos era muy unida. Kardia
mostraba madurez con los más pequeños. Pero todo lo bueno tenía un fin. Dos
semanas después los hombres de Arles hallaron el paradero de los hermanos
Scorpius.
Leonardo
y Joane trataron de impedir que se llevaran a los pequeños, los soldados se
enojaron y empezaron a golpear a la pareja. Kardia se puso delante de ellos y
les dijo a los guardias que volvería a lado de su padre si dejaban en paz a su
hermano y a su nueva familia.
Los guardias accedieron y se macharon con él. Milo
veía todo esto, trato de detenerlo pero Kardia le dijo que se callara y
obedeciera.
Desde aquel día ya no supo noticias de su hermano. Con
el tiempo Saga y Kanon lo protegieron, lo cuidaron y ayudaron en la búsqueda de
su hermano mayor.
-:-:-:-:-:-o…o End Flash Back o…o-:-:-:-:-:-:-
Al
día siguiente Milo despierta temprano, hablo con una de las enfermeras para
preguntarle si ya le podían dar de alta. Una de las enfermeras le pregunto si
tenía a alguien a quien llamar. Milo lo pensó un momento y negó. No quería
preocupar a los gemelos. Así que decidió salir por su cuenta. Tomo un taxi y se
dirigió a la empresa Kido.
Al entrar los empleados se escondieron después de la
última vez a un le tenían miedo. El muchacho no le tomo importancia las
actitudes de los empleados y se fue a la oficina de Kido. Al abrir sonrió de
lado al verlo en una escena muy comprometedora. Kido se encontraba encima de un
muchacho. De unos dieciocho años.
—Ahora entiendo porque no encuentras a mi hermano.
Kido
lo miró y luego se levantó junto al muchacho. Este estaba sonrojado al tener la
presencia del joven escorpio. Con una reverencia se fue del lugar. Kido y Milo se
quedaron solos. Se podía sentir un ambiente pesado e incómodo. Kido fue el
primero en romper el silencio.
— ¿A qué has venido? No creo que solo a interrumpir mí
trabajo —el menor sonrió burlonamente.
— ¿Trabajo? Llamas trabajo acostarte con un muchacho
de 17 años. —Kido lo miro con una mueca.
—Ya dime que quieres. —sabía que el griego quería
sacarlo de quicio. De verdad era muy parecido a Kardia, no solo por el parecido
físico, sino también por la actitud.
—Dile a mi padre que iré a verlo —diciendo esto se fue
ante el asombro de Kido.
Kido
estaba sorprendido por el cambio de actitud de Milo, al cerrarse la puerta
esbozo una sonrisa maliciosa.
No sabía porque pero luego de decidirlo el griego
esbozo una sonrisa. Tenía las ganas de ver a su hermano y sabía que ir a su
tierra natal, tenía las respuestas que tanto buscaba. Muy pronto el regreso de
los Escorpios vendría.
Mientras tanto Kido fue a informarle a Arles que su
hijo Milo regresaría, se dirigía personalmente.
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El
país del fuego, era una isla enorme, a su alrededor había mucha vegetación. El
palacio tenía varias columnas de mármol. Se podía apreciar las esculturas del
rey Hades y sus descendientes. Como las del rey actual. Cerberos también
aparecía junto a los sirvientes del dios del inframundo. Siguió su camino y
entro a la cámara del trono en donde se encontraba el majestuoso rey. Sus
sirvientes estaban a sus costados esperando la orden de su rey. Enfrente de él
se encontraba su consejero real. Los guardias se encontraban en la puerta y dos
de ellos estaban en cada lado del trono cuidándolo.
— Señor Arles —el rey lo miro, Kido se había agachado
en modo de reverencia— Tengo noticias de su hijo Milo. Regresará.
Al
escuchar el nombre de su hijo Arles se paró y ordeno a todos que se fueran y lo
dejaran solos con Kido. Una vez solos el rey se acercó a su mano derecha y le
dio un beso en los labios. Este correspondió el gesto mientras le rodeaba el
cuello. Cuando se separaron Mitsumasa noto la sonrisa del rey.
— ¿Qué ocurre? —le pregunto Kido
—Estoy feliz —hubo un breve silencio y luego volvió a
hablar el rey— Ahora que mi amado hijo Milo volverá podre tener la oportunidad
de hacer lo que no hice hace doce años.
— ¿Qué cosa? —sabía que se iba a arrepentir por la
pregunta.
—Hacerlo mío, como lo hice con su hermano —empezó a
sonreír más grande. Kido empezó a temblar, pensó que su amado rey ya lo había
olvidado, pero vio que se equivocó.
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