Du Ciel á L´enfer [Capítulo 8]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)





Capítulo 8: Cœurs brisés



Nota de capítulo para publicar: Mil disculpas por la tardanza en la actualización pero las responsabilidades de trabajo me tenían absorbida, espero el capitulo sea de su completo agrado para todos.

Más preocupado se encontraba por ver alejarse a su amigo con aquel simple humano que no presta atención cuando es arrastrado hacia el elevador, trata de separar a Manigoldo que se pegaba como sanguijuela a su cremoso cuello.

 Creo que fui lo bastante claro… ¡Suéltame!   lo empuja bruscamente para sacarselo de encima pues el forense ya metía en esos momentos la mano dentro de la camisa para acariciar la aterciopelada piel de la espalda.

  ¿Qué es lo que te molesta?   enarca la ceja el italiano y de nuevo sale a la carga con Albafica acorralando contra la pared metálica, el display del elevador marcaba ya el sótano donde la morgue se encontraba situada.

            
 ¡Pues eso!, actúan como dos perfectos imbéciles derritiéndose por ese muchachito  los sentimientos mundanos de la humanidad ya habían sido contraídos por el ángel desertor, consecuencia de haber pasado tanto tiempo mezclado entre los hombres para ocultar su verdadera esencia, ahora pensaba como ellos, actuaba como ellos, pecaba y carcomía su interior humanizandose cada vez más, pero a la vez consumiéndose de la culpabilidad por la pérdida de su humano. Ahora no solo eso cargaba sobre su espalda, cuando veía a su compañero de armas el corazón se le aceleraba, pero en esos momentos a pesar que aceptó prestarle su ayuda solo porque era el humano de Milo, existía ese sentimiento de furia.

            
  Mhhh bambino celoso… la duda ahora es ¿a quién celas a el idiota de Milo o a mi?  Sin recato alguno sus manos encajan en los glúteos del bello ángel prácticamente cargándolo hacia su oficina.

─  Es algo que no te importa… quítate apestas a muerto ─ arruga el entrecejo molesto, sin embargo, no hace más que dejarse guiar al cubículo privado del médico italiano.

 Ese es mi afrodisiaco mi amor…  vamos a jugar un ratito, Degel no es celoso puede compartirme contigo ─  su sarcasmo no lo deja a un lado en esa situación, con el brazo libre arrasa con las cosas del escritorio, estando libre el área trepa  el delgado pero bien proporcionado cuerpo de Albafica   Solo dejate llevar un poco, imagina que mis labios, que mis manos son las de Milo   se apropia de esa boca seductora, la tibia lengua se encuentra con la habilidosa lengua italiana, prácticamente arranca la filipina que portaba, abre su camisa y obliga que las suaves manos blancas toquen sus cuadros marcados en el abdomen, el arisco Albafica sucumbia con las mejillas teñidas de un carmín delicioso.

 Mhh espera…  los jadeos del chico de sedosa cabellera color azul cielo rogaba entre jadeos que se detuviera aunque en el fondo era dominado por los deseos carnales de su cuerpo, sus manos ya no tan tímidas apretaban atrevidas la piel morena  haciendo  énfasis en los pequeños pezones elevando la excitación en Manigoldo que no se detendrá hasta devorar por completo al exquisito chico, olvidándose por momentos de Milo y Degel.

Detrás de la puerta de ese cubículo lo único que podían escucharse eran deliciosos gemidos, uno que objeto cayendo en el piso, el golpeteo de pieles tan característico del sexo. El personal pasaba de largo en ese sitio, ya fuese enfermeras, médicos, camilleros o simplemente el personal de asistencia, nadie de ellos intentaba espiar y mucho menos reportar un acto de este tipo, era tan natural que entre compañeros en el hospital terminaran encamados, al fin y al cabo muchas veces era más cercana la convivencia entre colegas que con sus propias familias, prácticamente ese hospital estaba lleno de promiscuidad en cada rincón.
_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_

El recorrido por la sala de pediatría le llenaba de tanta nostalgia, ver aquellas criaturitas con sus cuerpecitos demacrados tal y como recordó de momento a su pequeño hermano luchando contra una enfermedad que terminaría por consumirle tarde o temprano, pero que pese a eso, la inocencia aún conservaba la fe. Según sus investigaciones el estado de ánimo jugaba un papel importante en las terminales nerviosas del cerebro y podría presentar mejoría.

            La mano de Milo da un apretón al peliverde incitandolo que se acerque a los pequeños que lo miraban curioso.  ¡Hola niños!, Saluden el es Degel  varios levantaron la mano agitandola hacia el visitante a modo de saludo.

            ¡Que gusto me da conocerlos!, me han hablado mucho de ustedes… son unos guerreros tan fuertes que necesitan un poco de diversión para cargarse de energías  su sonrisa era tan genuina que era imposible fingir con todas esas miradas chispeantes de curiosidad.
           
            La pequeña Clío se levantó jalando consigo el tripie con el suero que contenía medicamentos  Dotor Milo… que novio tan lindo tiene  dio un suave tirón de la manga de la bata para llamar la atención de su pediatra, al instante que escuchó eso Degel encendió sus mejillas.

            Que cosas dices pequeña, el vino porque de hoy en adelante se convertirá en su lector de cuentos  con nerviosismo da un suave empujoncito a Degel al centro que al instante era rodeado por los pequeños que aplaudían felices. De la mochila sacó un llamativo libro el estudiante comenzando a relatarles un par de historias con títeres.

            La tarde pasó prácticamente volando en aquella área, donde en todo momento Milo no dejó a su humano ni a sol ni a sombra, velando por su integridad al igual que la de los pequeños angelitos enfermos de cáncer.

            En las puertas principales del nosocomio salían juntos después de aquella tarde tan agradable  ¿Sabes?, les agradas bastante a los niños, jamás los había visto tan entusiasmados salvo el día del niño que me puse nariz de payaso  Degel se giró sobre los talones sorprendido por escuchar esa faceta tan tierna del admirable médico.

             Ojala que algún día pueda verlo también disfrazado de payaso, mientras yo les leo cuentos a esos pequeños  observa detenidamente como apenado Milo se rasca la cabeza.  Bueno le agradezco todas esas atenciones para conmigo, es usted muy gentil pero… debo ir a trabajar o me correran  mira su reloj notando que apenas tiene el tiempo justo para ir a tomar el transporte público.

            Y te llevo… además ni has comido nada, así que antes de que entres a trabajar te llevaré a comer algo, o al menos deja que lo compremos en un autoservicio y comemos juntos en el camino a tu trabajo─ esto no era aprobado por el menor que agitaba las manos en negativa.

            No quiero abusar tampoco, no puedo aceptar eso ─ la tibia mano del ángel roza su brazo hasta entrelazar los dedos con su humano, su esencia de alguna forma le hacía bajar la guardia al francés para terminar aceptando la propuesta.

             Por favor, Degel eres un buen muchacho.... mírate eres un amor con estos pequeños, no podría dejar que vayas así después de todo este gran trabajo, anda vamos al auto o de verdad no dará tiempo  no suelta en ningún momento su mano que con delicadeza la sostiene como si se tratara de un tesoro que pudiera romperse.

            Al llegar al auto, Milo se adelanta para abrirle la puerta solo que Degel se detiene un instante  ¿Porque me ayuda tanto?, cualquier otra persona no haría todo esto por un simple tesista  muerde su labio inferior el peliverde pensando en miles de respuestas que podría darle el médico, entre ellas que de repente confesara amor por el, dicho pensamiento lo hace llenarse de ilusiones al grado de sentir esas típicas mariposas en el estómago.

            El silencio reinó por instantes en el estacionamiento del hospital, Milo continuaba con ese gesto amable, mientras Degel se auto convencía que era del agrado del médico, con esa confianza acorta espacio  ¿Puedo?  pide permiso para darle un cálido abrazo, deslizando su mejilla contra la de Milo, su piel se eriza por ese tacto tan agradable, escasos milímetros separan sus rostros , el contacto visual no se pierde en ningún momento hasta que sus labios atreviéndose a más nulificando la separación , sus labios eran tan suaves, lentamente le dejan el espacio para probar la humedad de su interior, ido e ilusionado al besarlo hasta que las manos del médico le toman de los hombros para separarlo abruptamente.

             Yo…  Degel sintió como caía de golpe de esa nube en la que se había trepado pensando que era correspondido, sus ojos ardían un poco, más aguanta para no pasar por más vergüenza de la que estaba viviendo al tontamente pensar que Milo había puesto los ojos en él como hombre.  Lo… siento, no quise ofenderle… ni molestar  da dos pasos atrás al ver su rostro serio  dios…  susurra sin saber qué más decir para disculparse.

             Dégel, no es correcto  Milo por su parte estaba estupefacto por el beso que había recibido de su humano, no era algo permitido por las leyes celestiales sentir algún tipo de deseo carnal hacia sus protegidos, aunque su boca estaba esa sensación que se podía comparar con el amor que sentía al cuidarlos desde niño.

             Lo se, mis más sinceras disculpas, no va volver a suceder  la mirada ni siquiera podía seguir sosteniendo, a todo momento la mantiene sobre el piso.

             Eres un muchacho muy lindo, pero quiero que sepas que esto no puede ser posi…  intenta el ángel acercarse para tomarlo del mentón para que le mirara más su humano con la cara gacha vuelve a retroceder.

             Si lo sé, fue una tontería … Yo… debo retirarme ya, no se moleste por favor, usted debe tener cosas mucho más valiosas que hacer y yo … no quiero quitarle más su preciado tiempo, buenas tardes y gracias por la oportunidad en el hospital  fugazmente le mira a la cara antes de salir corriendo con los ojos enrojecidos .

             No… no me quitas el tiempo… ¡ Deggie espera!  El peliazul lo ve correr como si se tratara de un maratón, estaba por detenerle cuando este aborda el autobús que a la mano iba pasando, con el rostro desencajado avanza hasta la última fila de asientos, se lleva la mano al rostro para secar las lágrimas que habían escapado, se sentía muy mal por el ridículo que acababa de pasar, tan iluso a pensar que una persona como él estaría interesado en un estudiante tan simple como lo era él.

_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_x_

Las clases en la facultad de medicina transcurrían con normalidad, a Camus lo menos que le interesaba en esos momentos era conocer la función de cada glándula secretora de hormonas que explicaba el catedrático, continuaba en su libreta garabateando esos ojos llenos de lujuria que no podía sacar de su memoria, que tan solo remarcando el contorno una y otra vez hasta provocarle cierto calor recorrer su cuerpo, de tal manera que parecía revivir cada momento tan fogoso. Perdido en sus pensamientos no presta atención al sonido de la chicharra que anunciaba el término de la clase, lo único que lo devolvió a su realidad fue el sonido de una silla junto a él que había caído por la premura de uno de sus compañeros por salir.

            De golpe cierra la libreta guardando en él la mirada enigmática que había dibujado de ese hombre, recriminandose una y otra vez de haber dejado entrar al peliazul, y peor aún haberlo metido en su cama, tan solo esperaba que ese comentario cuando se despidieron lo olvidara su aventura, pues no sabría como reaccionar si lo buscaba ese día.

            Su cadera ya no punzaba como al despertar, daba gracias al cielo que estuviese estudiando medicina y poder conocer remedios analgésicos para estos casos — No quiero que vuelva a pasar — se repite en voz alta una y otra vez en el trayecto a la salida de la universidad, pero su interior parecía desear encontrarse con él de nuevo — No… ¿ y si voy a la casa y llega?, maldita sea solo a mi se me ocurre evidenciarme con mi dirección — con desespero se lleva las manos al rostro tironeando un poco del flequillo pelirrojo.

— Ya se… iré a casa de Isaac a estudiar toda la noche así ese tipo si va a la casa no me va encontrar — del bolsillo saca inmediatamente el teléfono móvil para enviarle un mensaje a Degel para enterarle que se irá a quedar a casa de Isaac. El resto era buscar a su compañero de clase para pedirle asilo por una noche con el pretexto de estudiar por adelantado para la evaluación de la siguiente semana.

            Recorre media universidad en busca de su amigo, más no lo encuentra así que decide ir directamente al departamento que que habita su compañero. Estando en el autobús se le ocurre mandarle un mensaje avisando que irá a su casa, decepcionante respuesta recibe Camus de parte de Isaac, pues este responde que tiene compromisos familiares y le será imposible recibirlo. Un gruñido sale de sus labios un tanto violento al pedir la bajada del autobús, perdiendo la razón, el control de su ser, totalmente ido baja el estribo del vehículo público para dirigirse a la nada, a donde la desolación era su alimento y condenada tortura para su alma.

            Las horas sin saberse de sí mismo transcurrían, poco a poco esas pupilas inyectadas en rojo carmín tan intenso volvían a cierta normalidad con el brillo de inocencia pero no menos corrupto de sus originales cristalinos. Como un animalito asustado por sentirse de nuevo sin brújula y tiempo, su palpitar del pecho acelera al reaccionar de nueva cuenta adueñándose de su control — Si mi hermano se entera que … estoy desvariando me va encerrar como le han sugerido los psiquiatras — apenas un susurro de sus labios podía escucharse de esa plática consigo mismo.

            Un salto sobre la acera da al ser interrumpido de sus pensamientos por el sonido del motor, gira lentamenta el tronco de su cuerpo topandose directamente con esa mirada fiera que lo ha acompañado desde que amanece en su cabeza. — Ka...Kardia — el casco de motociclista se retiró dejando ver la sonrisa cínica del incubo, la mirada lo desnudaba sintiéndose vulnerable y extrañamente con cierto calor recorriendo su ser.

            — ¡Pero qué sorpresa!, tal parece que el destino se empeña en que nos encontremos nuevamente, casualmente iba para tu casa — apaga el motor de la moto para descender de ella, peligrosamente lo acecha, toma la barbilla del francés para obligarle a que lo vea directamente, envolviendolo con la seducción que lo caracteriza — ¿ Porqué esa cara ?, no me digas que has olvidado … que mal anfitrión me invitas a volver hoy a tu casa y lo niegas  — el sarcasmo acompaña cada una de las palabras de Kardia, aunque este recibe un manotazo por parte del pelirrojo que totalmente ruborizado finge bastante fastidio por tanto acaso.

            Con el ceño arrugado le saca la vuelta — No me olvidé, simplemente he estado bastante ocupado, además mi hermano está en casa y tiene invitados, así que no puedo recibirte — daba gracias de ser tan brillante hasta para las mentiras, pensando que ya la ha librado voltea a verlo con gesto arrogante.

            —Así que me vas a disculpar que tengo algo de prisa — dispuesto a retirarse del lugar da dos pasos para intentar cruzar la calle, pero es deslizada la mano de Kardia por la espalda de Camus, como un devastador golpe de calor es percibida esa caricia que le provoca detenerse en seco.

            — Parece que huyes de mí, ¿tan mal la pasaste anoche? — El peliazul susurra cerca de su oído, las mejillas de nuevo se coloreaban, al voltear encuentra la cercanía del rostro de Kardia — No… no es eso, es que yo… no quiero que pienses que yo… acostumbro a meter chicos a mi habitación — el dedo índice de Kardia cubre el aterciopelado labio del francés para ser acallado.

            —Yo no pienso nada de ti… no seas tontito — una suave mordida provee al menor en su labio inferior arrancado un profundo suspiro vaporoso que fascina a Kardia. —¿Porque no en lugar de reprimirte te liberas un poco de tontos perjuicios? — completamente seguro de haber manipulado al pelirrojo lo acerca para subirlo a la motocicleta — Yo te voy ayudar a liberarte — atontado por las hormonas acepta subirse, pasa las manos por la espalda ancha terminando de sujetarse por la cintura, cierra los ojos temeroso por la velocidad inmoderada con la que conduce Kardia.

            Solo hasta que el motor de nuevo apaga su marcha, afloja el agarre que le permitía venir agazapado sobre la espalda del mayor, al bajar del el móvil se da cuenta que están en el estacionamiento de un hotel. En su interior se remueven un cúmulo de sensaciones entre miedo, emoción, deseo… todos ellos gobernadas por la imponente adrenalina que aumentaba de niveles cada que lo tenía así de cerca.

            De la mano lo lleva por el elevador hasta llegar al recibidor donde un par de señas bastan al extraño rubio con una marca particular en la frente entregue el juego de llaves que se adornaban con una placa plateada con la letra cursiva “suite presidencial”, anonadado por el lugar a donde era dirigido no hace más que seguir el paso del “modelo”. Al menos para Camus solo era eso Kardia, un famoso y adinerado modelo de aspecto sexy y rebelde que podía costear ese lugar para estar solo en un rato íntimo.

            Tras un par de segundos al cerrar la puerta del lujoso piso, es prácticamente estampado contra la puerta, no con el objetivo de maltratarlo, sino más bien de devorarlo a besos, pretendiendo arrancar el aliento, succionando el perfume natural de cada poro de su piel saciando su sed de energía tan exquisita que también lo hacía perder la razón tal y como Camus sufría los estragos de la pasión.

            Un demonio tan dependiente de su sabor, solo quería mezclar esa dulzura con su saliva, transformando en una fórmula hechizante perfecta de erotismo que jamás había encontrado fornicando con ningún ser. Las prendas caían con veloces arrebatos, las pieles vaporosas se buscaban friccionar constantemente, las grandes manos varoniles de Kardia viajeras rodando por las curvas sensuales del pelirrojo rodeaban acentuando bajo el par de redondas y perfectas montañas arrancando suspiros melodiosos incrementando el deseo lujurioso del ángel caído.

            Un gesto placentero se dibuja en el rostro sonrojado del menor — Ahh… Kardia - apenas articulando su nombre con un tono erótico arrancado cuando la punta de la lengua demoníaca recorre el blanco cuello hasta llegar a la clavícula, mirando con malicia los pequeños botoncitos rosados. La melodía no cesaba más apasionada se torna al llegar su boca y endurecer cual roca con la tibia lengua, ensañado en la tortura a los pezones triunfa logrando en su amante hacerlo retorcer.

            — No digas… nada, disfrutalo nene —  el humano es levantado de las caderas hasta que el peliazul lo acomoda en la cama, separa las piernas para acomodarse y continuar su recorrido al llano vientre, su lengua se detiene ardiente danzante alrededor del ombligo, de largo pasa debajo de las caderas tan solo para dar un giro dejándolo boca abajo. La hermosa imagen lo endurecía mucho más, el glande lloraba gotas salinas del puro deseo de entregarle un beso tan oscuro como la noche, con agilidad separa los glúteos no sin antes morderle con suavidad para no acabar con su presa. La diminuta entrada sabía lo que le esperaba pues quemaba el recorrido ensalivado que buscaba dejarle con suficiente lubricación.

            Las manos del francés se aferran a la almohada, sus gemidos ni con las sabanas podía ocultar, más cuando su espalda se arqueaba traidora, su boca semiabierta se encontraba sedienta al tiempo que dos invasores allanaron su intimidad, acompasaba las palpitaciones con sus dedos ondulantes, una vez que le pareció al mayor suficiente dilatación, dirige su hinchado y largo falo en el interior, a su medida parecía haber sido creado Camus, no había gentileza para las esperas, el deseo era mucho más fuerte, poco tiempo la molestia desapareció en el menor, drogado de placer era como lo sometía Kardia, empujando y sacando, golpeando la próstata una y otra vez.

            Por la mente de Camus podía repasar cada una de las posiciones practicadas, grabadas en su memoria, este hombre era simplemente un gurú del sexo, sabía dónde y cómo hacerlo para que pudiera venirse una y otra vez en su propia mano o la de su amante.

            La alfombra estaba llena de su semilla, de sus piernas también escurría la ajena y aun el libido no disminuye, salvajes hormonas ahora lo dominan, se separa y empuja sobre la cama, la sonrisa libidinosa del incubo enmarca su rostro al verlo montarse en su cadera, sin perder contacto visual, arrancando los besos más apasionados golpeando como olas de mar el par de lenguas. Su entrada no tiene ya dificultades, desliza con naturalidad hasta el fondo, sus manos se detienen del fornido pecho ondulando con una sensualidad desbordante, sobre el abdomen Kardia no apartaba la mirada del ver friccionar la hombría endurecida de su chico —  Ohh así… aprietame… mmmhh cómetelo todo —  obediente a sus deseos Camus contrae su entrada regalando las más deliciosas sensaciones en las terminales nerviosas que bombean a tan bien dotada entrepierna.

            — Ya no… puedo más… aahhh … Kar...dia — ve la manera en que comienza a contraerse las caderas del pelirrojo, no aguarda más tiempo y con fuerza coge de las caderas el peliazul para embestir firme, el cuerpo de Camus se ponía más liviano a cada segundo, esas reservas de energía estaban siendo absorbidas por el demonio que en esos momentos terminaba de saciarse con el exquisito orgasmo, a pesar de ellos sus gargantas decantaron los lamentosos gemidos que emitieron casi a la par.

            El perlado cuerpo se deja caer exhausto sobre el más grande que se encontraba en igualdad de condición totalmente rociado por las gotas de sudor, aunque no con la misma energía. Por su parte Camus sentía que estaba encerrado en una pesadilla, de esas en las que se piensa que el cuerpo cae en el abismo, inconsciente  aprieta con sus brazos el pecho de su amado — No me sueltes… —  alcanza a susurrar como si se tratara de un deja vu, no solo para Camus si no también para Kardia, algo que no sabían que era pero que los hacía sentir raros. Los ojos rubíes de Camus se abrieron de pronto volviendo en sí, este hombre le resultaba su perdición, por lo que deja caer su frente con fuerza sobre el pecho de Kardia.

            —  Bien… podría acusarte de secuestro —  advierte al modelo que suelta una carcajada al escuchar tremenda amenaza por parte del estudiante de medicina —  ¿ Que es lo que quieres de mi? —  ahora que volvía un poco más en sí, después haber sido arrastrado a esa adictiva lujuria que no le dejaba pensar con claridad, aquella pregunta rondaba su cabeza, ¿ es solo un objeto sexual o lo quiere?.

            — Si le llamas a la policía entonces podrías hacerme visita conyugal—  no deja de lado su sentido del humor tan descarado el mayor — Además no te creerían, si fuera secuestro o violación te cuestionarían porque entonces  tan gustoso me montaste —  una bofetada recibe por parte de Camus dejando marcada en la mejilla toda la palma de su mano.

            — ¿Es que acaso me tomas por una puta? —  la furia se reflejaba en el rostro del francés, se levanta de golpe para recoger sus prendas y largarse, su cuerpo va dar al piso de golpe —  auuchh me … duele —  Kardia baja de la cama y lo cargó en brazos para acomodarlo de nuevo sobre la cama.

            Inexplicablemente deposita en los labios de Camus un tierno beso — Si vuelves hacer eso no habrá Camus que pueda volver hacer el amor conmigo — acuna al muchacho en su pecho —  Mañana te prometo que amanecerás bien, ahora lo que tienes que hacer es descansar —  sugiere pensando más en que quizá tomó energía de más, obsesión o no pero le interesa conservar mucho tiempo a esa hermosa criatura.

            — Pero debo ir … a casa —  el indice derecho de Kardia cubre los labios de Camus para que ya no hable más.

            — No me dejas quedarte en tu casa, me da curiosidad pasar una noche completa contigo —  observa como sonrojado y con un gesto de aceptación Camus cierra los ojos dejándose llevar por morfeo, el ceño se enmarca el demonio sin poder entender porque le ha dicho tales palabras a ese humano, su función era destruir no el procurar a ningún humano.


Princessice

Comentarios