Una llamada lo cambi贸 todo [Milo/Camus]

Una llamada lo cambi贸 todo


Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categor铆a: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

G茅nero: Romance, Humor

Advertencias: Lemon

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Luego de ser ignorado Milo recibe una llamada de Camus que le pide ir a su departamento urgente, sin saber la sorpresa que se llevar铆a apenas cruce la puerta. (Yaoi) (Milo/Camus)


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Las manos acariciaban con desesperaci贸n el cuerpo del menor como si 茅ste se fuera a escapar en cualquier momento, tal vez lo present铆an, nunca se lo pod铆a tener s贸lo sin que su sombra estuviera cerca y era justo lo que pas贸 a continuaci贸n, el timbre del celular se empez贸 a escuchar con insistencia haciendo enfadar al mayor que no deseaba ser interrumpido. Hab铆a esperado tener ese tr铆o por mucho tiempo y no iba a permitir que quien sea interfiriera, pero la mano del menor fue m谩s r谩pida y al escuchar la voz al otro lado del tel茅fono toda la pasi贸n y la excitaci贸n que ten铆a se esfum贸. Ambos hermanos se miraron por encima del hombro del menor sabiendo quien era el due帽o de la llamada e intentaron en vano detenerlo entre sus cuerpos. Se movieron lentamente para volver a encender la chispa del deseo pero el menor decidi贸 ignorarlos. Con una sonrisa traviesa bes贸 al par y se escabull贸 hacia fuera de la biblioteca.

El mensaje fue claro, era urgente que fuera a su departamento, y 茅l como su mejor amigo deb铆a ir, porque en su vida el franc茅s era lo m谩s importante que ten铆a. Camus hab铆a estado actuando raro 煤ltimamente, lo rehu铆a cada vez que se ve铆an incluso llegaba a ignorarlo, y eso empezaba a exasperar. Ambos son los mejores amigos, se conoc铆an pr谩cticamente desde que nacieron, luego del accidente de sus padres en la carretera ellos se ten铆an el uno al otro y nunca m谩s se hab铆an separado. La indiferencia del franc茅s lo estaba matando.

Por suerte para Milo, el departamento del mayor no estaba tan lejos y en menos de cinco minutos lleg贸. Hace tiempo le hab铆a propuesto a Camus que vivieran juntos, ambos eran los mejores amigos desde que eran unos ni帽os se conoc铆an mejor que ellos mismos y eso era lo que hab铆a impulsado al menor a decirlo, pero el franc茅s se hab铆a negado, alegando que se sentir铆a inc贸modo cuando ambos tuvieran pareja. Deb铆a admitir que eso le molest贸 un poco, quer铆a mucho a Camus pero nunca crey贸 que llegar铆a el d铆a en el que tuviera una pareja o estuviera con alguien que no sea 茅l. Al llegar, sac贸 de sus bolsillos las copias de las llaves que Camus le hab铆a entregado en caso de una emergencia y entr贸. El lugar estaba oscuro y en silencio, las ventanas estaban cerradas evitando que el sonido del exterior se filtrara en el departamento. Milo quiso prender la luz pero era imposible, las luces no funcionaban y eso lo puso alerta. Su coraz贸n empez贸 a latir con fuerza al pensar que algo le hubiera pasado a su amigo dirigi贸 su mano al bolsillo de su casaca para sacar su celular pero no lo encontraba.

— Tal vez se qued贸 con los gemelos... — susurra — ¿Camus?

Camin贸 despacio intentando no hacer ruido pero la suave melod铆a le hizo dar un respingo, no era terror铆fica, m谩s bien era... ¿rom谩ntica? Un suave aroma a rosas y chocolates lo embriag贸 por completo cerr贸 sus ojos cuando sinti贸 unas manos tocar su torso con timidez, el tibio aliento en su oreja le hizo estremecer.

— Tardaste... — susurra — Abre los ojo mon ami.

Al reconocer la voz Milo obedece sorprendi茅ndose al ver el pasadizo alumbrado con velas arom谩ticas, en el suelo hab铆a un camino de p茅talos de rosas ¿c贸mo no se hab铆a dado cuenta antes? Las fr铆as manos de Camus en su brazo lo hizo voltear y cuando lo hizo sinti贸 que su coraz贸n se aceleraba con fuerza. Camus llevaba puesto el traje de Gan铆medes que le regal贸 para una fiesta de disfraces que hab铆a organizado, aunque al final no lo hab铆a usado al sentir que demostraba mucho. Ahora que lo ten铆a frente le hab铆a gustado la idea de que no lo usara, Camus se ve铆a exquisito, y m谩s con el leve sonrojo en sus mejillas.

— Camus... ¿Por qu茅...?

— Quise darte una sorpresa... — susurra, mientras que sus manos desabotonaban la camisa de Milo — Vamos mon ami...

Todo hab铆a pasado tan r谩pido que no le dio tiempo de reaccionar. Camus le bes贸 con timidez en los labios y luego con una sonrisa sali贸 corriendo hacia el interior de la casa, Milo que sali贸 de su aturdimiento sale corriendo hacia donde Camus se hab铆a ido. Las velas se apagaron dej谩ndolo en las penumbras a excepci贸n de una que se encontraba en medio de la mesita de noche, Milo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caerse, y tuvo que seguir  hasta donde estaba la vela, una peque帽a nota escrita por la perfecta caligraf铆a del franc茅s se pod铆a apreciar eran algunas pistas que hab铆a dejado donde podr铆a estar, y de paso recoger algunas cosas. La primera le hab铆a dirigido hacia la biblioteca donde una vela estaba encendida y en ella una nota al lado de una bolsita de tela. Camus le dec铆a que no la abriera hasta que fuera a su habitaci贸n. El aroma a rosas se hac铆a m谩s fuerte con cada paso que daba embriag谩ndolo, a abrir la puerta una lluvia de p茅talos se alz贸 y la m煤sica se empez贸 a hacer m谩s fuerte hasta detenerse por completo. La puerta se cerr贸 con fuerza y el sonido de la llave se escucha.

— Bienvenido mon amour.

La sonrisa en los labios galos fue el detonante para que la lujuria y el placer recorrieran su cuerpo, Camus rode贸 con sus brazos el cuello de Milo y 茅ste la cintura del franc茅s, los labios de ambos empezaron lo que ser铆a el inicio de una nueva etapa en sus vidas. Milo lami贸 los labios de Camus y mordi贸 con suavidad el labio inferior. Ambas lenguas se encontraron al instante dando inicio a la danza prohibida en donde Milo sali贸 vencedor. Las manos inquietas del griego empezaron a quitar con torpeza la ropa de Camus que a trav茅s de tirones logro quitar la camisa y abrir la bragueta dejando expuesto el enorme y palpitante miembro, con una juguetona sonrisa empuja a Milo hacia la cama y se dirige hacia uno de los cajones donde saca una botellita color marr贸n, jarabe de chocolate, ley贸 el griego sonriendo ampliamente.

— Mmmm interesante — susurra mientras sonre铆a de costado. Camus se acerc贸 hacia el miembro embarr谩ndolo por completo. La bolsita de tela hab铆a quedado olvidada sobre el peque帽o bur贸.

La fr铆a sensaci贸n hizo que Milo soltara un gemido placentero, su cabeza la hizo para atr谩s y cerr贸 sus ojos con fuerza, quiso agarrar a Camus y si era necesario obligarlo a que le hiciera una felaci贸n pero el sonido de algo cerrarse lo hizo abrir de nuevo sus ojos. Camus lo hab铆a esposado y mostraba una sonrisa traviesa dibujada en sus labios. ¿De d贸nde lo hab铆a sacado? La respuesta vino cuando record贸 la bolsita de tela que le hizo traer. Camus quit贸 el resto del pantal贸n de un solo tir贸n dejando a Milo completamente desnudo y se posicion贸 a la altura del pene para luego dar una peque帽a lamida, con su mano derecha agarr贸 el miembro y la otra empez贸 a acariciar con ternura los test铆culos. Engull贸 por completo sintiendo como el dulce sabor del chocolate empezaba a mezclarse con el l铆quido salado del semen.

— Ngh... mmmm... — Milo intent贸 reprimir los gemidos, quiso tocar tambi茅n a Camus pero 茅ste no se lo permit铆a. Camus sigui贸 con su felaci贸n, bajando y subiendo, dejando que sus dientes presionaran un poco el miembro — C-Camus...

Era la primera vez que ve铆a esa faceta de Camus y le sorprend铆a mucho. Su amigo era muy t铆mido y en algunas ocasiones fr铆o, siempre paraba callado y casi no socializaba con los dem谩s, aunque bien dicen que los callados son los m谩s pasionales y ahora lo cre铆a. Cada vez que el chocolate se terminaba, Camus echaba m谩s. Milo se sorprend铆a de lo mucho que estaba resistiendo ante las caricias que le daban. Un gemido gutural dej贸 escapar mientras derramaba su esencia dentro de la boca de Camus, quien no le import贸 y trag贸 la esencia de Milo sin dejar ninguna gota.

— Delicioso... nunca cre铆 que tu sabor ser铆a tan exquisito — susurra en el o铆do de un jadeante Milo — Pero esto a煤n no termina...

Bajo la atenta mirada griega, Camus empez贸 a desnudarse con lentitud, primero dejando descubierto sus hombros y luego el resto de su torso. Milo solo se relam铆a los labios gustoso al ver como la piel cremosa del franc茅s empezaba a dejarse expuesta. Camus se dirigi贸 hacia el cintur贸n y desat贸 la cinta azul haciendo que la t煤nica cayera al suelo. Se subi贸 gateando a la cama encima de Milo y se sent贸 en las caderas de Milo, empezando a frotar sus nalgas sobre el fl谩cido miembro que empez贸 a despertar. El griego intent贸 liberarse del agarre de las esposas pero le fue imposible.

— Camus... — gimi贸 lastimero — Su茅ltame...

— No — las palabras sonaron firmes, pero a煤n as铆 Camus disfrutaba torturar a Milo — Quiero torturarte un poco m谩s...

Sigui贸 moviendo sus caderas con frenes铆 y agarr贸 la botellita de jarabe, para su suerte a煤n quedaba chocolate. Embarr贸 todo el contenido sobre el amplio pecho y con una mirada juguetona que reconoci贸 Milo empez贸 a lamer el contenido mordiendo de paso los pezones hasta dejarlos erectos. Camus tambi茅n estaba excitado pero deb铆a usar su autocontrol si deseaba seguir, tocando su miembro empez贸 a masturbarse bajo la atenta mirada de Milo que estaba por llorar al no poder tocar el cuerpo del galo.

— Camus... ¡Camus!

Cuando termin贸 todo el chocolate, Camus se apiad贸 del griego y lo solt贸. A penas sus manos quedaron libres, se abalanz贸 hacia el delgado cuerpo abriendo las piernas de Camus y acomod谩ndose entre ellas.

— ¿Impaciente? —susurra con diversi贸n al ver los ojos cargados de deseo de Milo.

— No sabes cuanto... — se dirige hacia el cremoso cuello, dando una lamida y luego una mordida, succionando con fuerza — Eres m铆o...

— ¡...! — los ojos de Camus empezaron a brillar con emoci贸n y agarr贸 la mano de Milo empezando a chupar gustoso los dedos.

— Camus... — susurra con deseo. Ninguno de los dos dijo otra cosa. Ambos embriagados por la lujuria y el deseo empiezan su danza.

Camus empieza a gemir suavemente al sentir los dedos del griego jugar en su interior, su mano acaricia la excitaci贸n de su amante frotando con fuerza pero a la vez jugueteando con la puntita. Cuando ya estaba listo, Milo reemplaza los dedos por su erecci贸n, metiendo apenas la puntita y deleit谩ndose con cada expresi贸n en el rostro de Camus. De un empuj贸n logr贸 meterse hasta llegar al fondo tocando la pr贸stata y haciendo que el cuerpo de Camus se arqueara por el placer, sus finas manos se dirigen hacia la espalda ancha enterrando su u帽as. Los cabellos de Milo ca铆an sobre sus hombros haci茅ndole cosquillas en el proceso. El dulce aroma a manzanas logra embriagarlo a煤n m谩s. Moviendo sus caderas, le avista para que la er贸tica danza de sus cuerpo comience.

Los gemidos empezaron a escucharse como un canto que solo ellos ten铆an el derecho de escuchar. Con cada estocada que daba el cuerpo de Camus lo recib铆a gustoso, apresando el pedazo de carne. Las blancas y largas piernas rodearon la cintura de Milo apegando ambos cuerpo, el orgasmo estaba cerca y la estrecha cavidad de Camus se lo dec铆a. Un grito ahogado de parte de ambos los hizo tocar el cielo. Milo derram贸 toda su esencia en su interior mientras que Camus hac铆a lo mismo entre ambos vientres.

— Te amo — solt贸 con una sonrisa divertida al ver el rostro de sorpresa de Milo. No esper贸 un 'Yo tambi茅n', Camus atrajo el rostro del griego y lo bes贸 con ternura. No le importaba que no lo amara, con haberle dado esa noche inolvidable le bastaba. Al separarse se acurruc贸 en el pecho de su amigo y cerr贸 los ojos resistiendo las l谩grimas que amenazaban con salir.

— Yo tambi茅n te amo, Cam — alz贸 su vista sorprendido encontr谩ndose con la sonrisa tierna de Milo. No pudo evitar sonre铆r ante eso, aunque 茅l no era de demostrar sentimientos siempre har铆a una excepci贸n con Milo — Pero eso no evita que me hayas torturado...

— ¿Qu茅...? — no pudo terminar de hablar al sentir los labios carnosos del griego sobre los suyos y sentir el fr铆o metal de las esposas sobre sus mu帽ecas. Milo lo hab铆a esposado sobre su cama, lo que significaba... — M-Milo...

La lengua tibia del griego empez贸 a degustar el miembro del galo que hab铆a vuelto a despertar por la suave caricia. Esta vez no hab铆a chocolate pero a Milo eso no le import贸, prefer铆a sentir directamente el sabor de su amado, que ahora le pertenec铆a solamente a 茅l. Y as铆 pasaron las horas, algo le dec铆a a Camus que ese d铆a no tendr铆a descanso y as铆 se lo hizo ver Milo que durante toda la noche en la que Camus perteneci贸 al griego. Ambos se dejaron caer agotados, Camus acurrucado en el pecho de Milo y 茅ste acariciando los cabellos de Camus, sus manos estaban entrelazadas y una sonrisa dibujada en sus labios.

— Realmente cre铆 que algo te hab铆a pasado — rompi贸 el silencio.

— ¿Mmmmm? pero si no lo dec铆a no me hubieras hecho caso — susurra, un peque帽o bostezo se escap贸 de sus labios.

— Tonto... no importa con quien est茅, siempre que se trate de ti yo estar茅 a tu lado — Camus enterr贸 su rostro en el pecho de Milo para evitar que mirara su sonrojo — Por cierto... ¿c贸mo aprendiste hacer sexo oral? Que yo recuerde nunca has tenido pareja...

— ¡Ah! lo vi en una de esas pel铆culas que tienes debajo de tu cama, lo saqu茅 el d铆a que fui a tu casa.

— ¿Pel铆culas...? — Milo enmudeci贸 y se levant贸 mir谩ndolo sorprendido y sonrojado — ¡Camus, eso es...!

— ¿Qu茅 es...? — habl贸 con un tono inocente Camus esperando a que el otro completara su frase, Milo solo se ech贸 en la cama tap谩ndose el rostro por la verg眉enza, nunca m谩s dejar铆a a Camus solo en su habitaci贸n.



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Milo suspir贸 cuando su mente record贸 ese d铆a, hab铆an pasado 5 meses desde que se volvieron pareja, hasta ahora al griego le parec铆a incre铆ble que Camus fuera un experto en el tema del sexo, y a veces pensaba que en realidad s铆 hab铆a tenido por lo menos una pareja, y aunque ese era un tema que le molestaba no pod铆a reclamarle. Adem谩s ¿c贸mo era que acertaba en realizar sus fantas铆as m谩s profundas?

— Creo que al final ser谩 Shun quien se confiese...

— Conf铆o en Hyoga, despu茅s de todo es mi hermano.

— Por ser tu hermano es que lo digo Milo, es igual de despistado que t煤.

— ¡Oye! yo estaba a punto de enloquecer cuando me ignorabas ¿c贸mo iba a saber que te gustaba? — Camus bes贸 su mejilla y se sent贸 a su lado.

— Te di muchas pistas… incluso los gemelos lo sab铆an —se alz贸 de hombros rest谩ndole importancia, ahora ya no le importaba, Milo estaba a su lado

— Cam... ¿en serio viste esas pel铆culas? — pregunt贸 sinti茅ndose ansioso.

— En realidad no sab铆a sobre dichas pel铆culas — sonri贸 de lado al recordarlo — Pero si quer铆as dibujarme contigo en posiciones sugerentes te sugiero que a la pr贸xima vez te compres un cuaderno de dibujos...

— Espera... ¡¿Qu茅?! — escuchando la suave risa de Camus, Milo se levant贸 caminando hacia su sal贸n de clases, tendr铆a que arrancar las 煤ltimas hojas de sus cuadernos.


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