lunes, 28 de diciembre de 2015

Du Ciel 谩 L´enfer [Cap铆tulo 9]

Du Ciel 谩 L´enfer


Clasificaci贸n: No menores de 18 a帽os

Autor: Nikiitah

Categor铆a: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversi贸n.

G茅nero: Acci贸n, AU, Ciencia Ficci贸n, Drama, Horror, Rom谩ntico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violaci贸n

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)




Cap铆tulo 9: Opportunit茅s


La ma帽ana lo descubri贸 a煤n despierto, no hab铆a dormido toda la noche por m谩s cansado que se encontraba por pensar en aquel hombre de brillantes turquesas. Fue tan s贸lo por pocos d铆as, pero a煤n as铆 sab铆a que ya estaba enamorado, 茅l sent铆a que lo  conoc铆a de a帽os atr谩s en un pasado lejano cuando a煤n era un ni帽o peque帽o. Sus ojos se paseaban por toda la habitaci贸n, entre las penumbras de 茅sta, Degel se rega帽aba mentalmente por hacerse ilusiones con aquel doctor, su respiraci贸n se hac铆a cortante cada vez que recordaba aquel suceso, sus ojos volv铆an a ponerse acuosos y su garganta se cerraba impidiendo el habla. Cuanto dar铆a por volver a atr谩s y evitar su atrevimiento, ahora ya no podr铆a verle la cara, estaba seguro que lo odiaba. Sus piernas se apegaron a su pecho y enterr贸 el rostro en ellas, las fr铆as l谩grimas empezaron a caer sobre ellas mientras que el dolor se hac铆a m谩s fuerte. Su celular empez贸 a sonar con insistencia pero 茅l no quer铆a hablar con nadie. Los suaves toques en su puerta lo hizo detener su llanto, deb铆a mostrarse fuerte frente a Camus, no deseaba que le viera en ese estado tan lamentable.

— ¿Ocurre algo Camus? — pregunta intentando que la voz no sonara tan quebrada.

— Un hombre te est谩 llamando... dice que es del casino — susurra del otro lado de la puerta. Esto dej贸 sorprendido a Degel ¿acaso...?

— ¿Te dijo quien era? — pregunta con nerviosismo.

— No... s贸lo me dijo eso... — un peque帽o silencio se hizo presente, Camus esperaba que Degel le contara, pero al ver que su hermano no le dec铆a nada suspir贸 — Estar茅 abajo...

— S铆... — se levant贸 con pereza y empez贸 a cambiarse. Cuando baj贸, se prepar贸 mentalmente para lo que dir铆a, en realidad se hab铆a ido sin despedirse — ¿Al贸?

— Ey Degel ¿que tal? ¿Tuviste buena noche? — pod铆a percibir el doble sentido de esa simple pregunta, incomod谩ndolo.

— Se podr铆a decir... — susurra, del otro lado de la l铆nea un gemido se escuch贸 sorprendiendo a Degel — ¿Estas con alguien? — no era que le interesara pero se sent铆a extra帽o luego que en los 煤ltimos d铆as Manigoldo se la pasaba coquete谩ndole.

— Tranquilo cari帽o, pens茅 en ti todo el tiempo — un quejido de dolor se escuch贸 y luego varias cosas romperse — Espera... Alba... No... ¡Deja ese bistur铆! ¡No! ¡Espera!

Separ贸 un poco el celular de su o铆do y cuando estuvo seguro volvi贸 a colocarlo en su o铆do.

— ¿Problemas? — susurra divertido — ¿Qu茅 pas贸?

— Me bot贸 — susurra — ¿D贸nde nos encontramos? ¡Quiero verte!

Degel lo pens贸 unos minutos, quer铆a olvidarse de Milo y su rechazo, y qu茅 mejor forma que aceptar las insinuaciones de Manigoldo. Le dio una direcci贸n y la hora, por suerte hoy no ir铆a al hospital. Se dio una ducha fr铆a para intentar ir relajado a su... ¿cita? no, eso se le dice a las parejas y ellos eran... ¿amantes? ¿amigos con derecho? bueno, lo que fueran por lo menos estaba seguro que olvidar铆a realmente el rechazo que recibi贸. Al llegar al lugar citado esper贸 con paciencia a que el mayor viniera, aunque sab铆a que nada podr铆a significar algo dentro suyo le dec铆a que se fuera, que esto era un error y estaba en problemas. El sonido del motor lo sac贸 de sus pensamientos, al girar lentamente sus ojos viol谩ceos se encontraron contra los de Manigoldo que sonre铆a de lado. Vest铆a una chaqueta cuero, una playera sin mangas de color blanco y unos pantalones ce帽idos al cuerpo de color negro.

— Mmm te ves exquisito — susurra Manigoldo, apegando su cuerpo al de Degel.

— Gracias... te ves bien... — el nerviosismo de Degel era notorio, pod铆a sentir la dureza en los pantalones del mayor.

Sus brazos rodearon el cuello del italiano  apegando ambos cuerpos, los labios de ambos se encontraron en un apasionado beso, lenguas que empezaron una danza prohibida pero a la vez sensual. Las manos de Manigoldo inquietas recorr铆an sin pudor el esbelto cuerpo de Degel, abriendo de paso la camisa del menor. Sus labios bajaron por el blanco cuello dejando algunas marcas rojizas en el proceso mientras segu铆a su camino hacia los pezones rosados lamiendo en c铆rculos hasta dejarlos erectos.

— E-Espera... — susurra abochornado el franc茅s intentando separarlo, pero eso s贸lo lograba que las suaves caricias que Manigoldo daba se hicieran m谩s bruscas y fuertes — M-Manigoldo... n-no...

Su cuello se fue hacia atr谩s cuando la mano caliente del mayor se meti贸 en los pantalones apretando su miembro con fuerza. Un gemido adolorido se escuch贸 mientras que los labios italianos segu铆an marcando su cuerpo. Degel no quer铆a eso, 茅l deseaba entregarse con amor y no por lujuria, intent贸 nuevamente separarse pero el agarre se hac铆a m谩s fuerte, incluso crey贸 ver a otra persona en vez de Manigoldo, sus ojos se agrandaron con horror al ver lo que parec铆a cuernos sobre la cabeza, su garganta se cerr贸. Quiso gritar pero la voz no me sal铆a de sus labios. Cerr贸 sus ojos con fuerza y la imagen de Milo apareci贸 en su mente, sintiendo dolor al saber que tal vez ya no lo ver铆a de nuevo y cuando esper贸 lo peor las caricias y el agarre cesaron. Abri贸 los ojos lentamente y lo que vio lo dej贸 sorprendido. Unas alas grandes y blancas pasaban delante suyo mientras que el cuerpo de Manigoldo sal铆a disparado hacia atr谩s.

Mir贸 el rostro de su h茅roe viendo a Milo que luc铆a serio, y hasta... ¿celoso?

— ¿Milo? — susurra. Era como si lo hubiera invocado con la mente.

— ¿Te hizo da帽o? — susurra Milo sin mirarlo, Degel no respondi贸 al instante eso s贸lo hizo enfurecer a Milo que con una sonrisa conciliadora lo hizo dormir en su brazos.

— ¡Vaya! No sabes en lo que te estas metiendo... 谩ngel — susurra con repulsi贸n. La apariencia de Manigoldo hab铆a cambiado por completo, sus ojos se hab铆an vuelto rojos y en su rostro aparecieron dos marcas negras en cada mejilla debajo de los ojos.

— Mi deber es proteger a los humanos, sobre todo a MI humano. No voy a permitir que tus garras profanen lo que he protegido por muchos a帽os.

— ¡Ja! Un 谩ngel enamorado es un pecado. Recuerda que... si no tienes cuidado esto podr铆a ser peligroso...

— ... — las u帽as de Manigoldo empezaron a crecer, era negras y sobresalientes, sus manos se volvieron huesudas y sus colmillos empezaron a crecer. Sin esperar m谩s se abalanz贸 hacia Milo que ya hab铆a sacado su espada.

Gemidos de dolor, choques entre metales. Milo y Manigoldo no se detendr铆an hasta que uno de los dos muera, por suerte el lugar estaba desierto y nadie miraba lo que pasaba. Degel a煤n se encontraba dormido sin tener la m铆nima idea de lo que pasaba a su alrededor o siquiera saber que dos seres que muchos cre铆an s贸lo ser imaginarios peleaban por 茅l.

— ¡Muere 谩ngel! — desde los cielos Manigoldo cay贸 en picada hacia Milo que se ve铆a jadeante y debilitado por las m煤ltiples heridas ocasionados por las garras del otro.

— El que morir谩 es otro — susurra alzando la espada. La sangre salpic贸 por todos lados. La garra de Manigoldo estaba enterrado en el pecho de Milo y la espada de Milo en el abdomen del mayor. Las alas blancas empezaron a te帽irse de un hermoso escarlata, la muerte empez贸 a rodear a ambos seres que admiraban embelesados sus grandes obras. La risa sarc谩stica de Manigoldo era lo 煤nico que se escuchaba, al final ninguno ganar铆a o eso cre铆an.

Manigoldo sac贸 su mano del pecho y Milo sac贸 la espada ensangrentada del cuerpo. Ambos retrocedieron, intentando no hacer ninguna mueca de dolor, y fue por eso que desapareci贸 el mayor, si iba  a morir por lo menos lo har铆a sin que lo vieran en su agon铆a.

Milo cay贸 de rodillas apoyado solamente sobre la espada, sus turquesas miraron hacia Degel y sonri贸 con algo de rabia. Si tan s贸lo hubiera llegado a tiempo, pero ya no pod铆a cambiar, el hubiera no existe. Acarici贸 con delicadeza el rostro del menor escuchando en su mente las palabras de Manigoldo.

— Tonter铆as — susurra. La espada desapareci贸, con delicadeza y tratando de evitar que su sangre manchara el cuerpo del menor empez贸 a volar hacia su departamento, intentar铆a curarse por s铆 mismo para luego llevar a Degel a su casa. Mientras que luchaba con 茅l hab铆a notado cierta esencia rodearle, y eso s贸lo le molestaba, por culpa de eso no pudo matarlo.



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Su respiraci贸n se hizo pesada. La espada ba帽ada con la esencia divina de los 谩ngeles estaba mat谩ndolo lentamente desde el interior. Se dej贸 caer sobre la cama mientras intentaba relajarse y pensar en una forma de curarse. El ruido de la puerta abrirse lo alert贸, girando su rostro y medio cuerpo vio la figura esbelta de Albafica que solo vest铆a su camisa (que le quedaba enorme) y su b贸xer. Se ve铆a apetecible pero no ten铆a fuerzas para moverse ni para hablar. Solt贸 un gru帽ido bajo y se tir贸 sobre la cama.

— Milo te hizo mierda — susurra Albafica sin dejar de sonre铆r — ¿A d贸nde se fue esa fuerza que tanto presum铆as?

— Si que sabe cuidar el desgraciado... — susurra d茅bilmente — ¿Vienes a festejar su victoria?

La sangre empezaba a brotar con m谩s fuerza, sus ojos miraban borroso y solo ve铆a una silueta borrosa en vez de Albafica. A煤n as铆 pod铆a escuchar los pasos del menor acercarse, no le importaba si Manigoldo ten铆a esa fea forma demon铆aca, pos贸 con suavidad la mano por el 谩spero rostro de Manigoldo y suspir贸, por alguna extra帽a raz贸n no le lastimaba como antes.

— En verdad eres un idiota Manigoldo... — su mano empez贸 a brillar, su esencia divina podr铆a matar as铆 como curar a los demonios, y eso era justo lo que iba a hacer, aunque eso signifique morir.

— ¿Qu茅 haces? ¿Acaso...? — un s铆mbolo apareci贸 e los pies de Albafica, un c铆rculo con una estrella y una luna empez贸 a alumbrar debajo de sus pies descalzos, pod铆a sentir como la energ铆a se pasaba directamente al cuerpo del mayor. Sus alas empezaron a brillar, apareciendo frente a MAnigoldo que nunca hab铆a cre铆do lo bellas que podr铆an ser.

— Un poco m谩s... — susurra bajito, sus ojos empezaron a perder el brillo y eso fue una alerta para el peliazul que le dio un manotazo impidiendo que m谩s energ铆a le sea dada.

— ¡Idiota! — grit贸 Manigoldo agarrando a Albafica que cay贸 inconsciente en sus brazos, las alas desaparecieron y solo as铆 pudo abrazarlo — ¿Por qu茅 querer sacrificarse por alguien indeseable?

Limpi贸 el rostro del menor que hab铆a ca铆do unas cuantas l谩grimas y lo acomod贸 en la cama. Sus heridas hab铆an sanado gracias a Albafica que sin importarle desaparecer lo hab铆a curado. Su coraz贸n que crey贸 no tener empez贸 a latir con fuerza. Aferr贸 el cuerpo a su pecho y esper贸 a que despertara.



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Sus ojos se abrieron con lentitud al sentir una comprensa fr铆a en su frente, lo 煤ltimo que recordaba era haber estado con Manigoldo y que 茅ste intent贸 abusar de 茅l. Cerr贸 los ojos, llevando sus manos a su cuerpo, sorprendi茅ndose al no sentir las marcas ni el dolor de los dientes que dej贸 el peliazul. Abri贸 sus ojos sorprendido y por un momento pens贸 que hab铆a so帽ado todo, incluso ver a Milo con las alas tan blancas. Un vago recuerdo apareci贸 en su mente, recordaba haber visto justamente ese mismo ser hace mucho tiempo, cuando apenas era un ni帽o, pero eso era imposible ¿o no? Un gemido lastimero lo hizo levantarse y mirar a su alrededor. No estaba en su habitaci贸n.

— ¿En d贸nde estoy? —susurra, mas en eso, otro gemido escuch贸. Buscando al due帽o de esos gemidos se topa con la figura dde Milo que estaba recostado en una pared donde la luz no llegaba, estaba con los ojos cerrados y ten铆a una mueca de dolor — ¿Milo?

El aludido abre los ojos sorprendido y muerde su labio inferior, esboz贸 una suave sonrisa, al parecer no le hab铆a pasado nada. Degel se acerc贸 a 茅l pero Milo intent贸 levantarse, aunque el dolor era enorme y se qued贸 en su lugar, la samgre empez贸 a salir manchando m谩s su camisa.

— ¡Milo! — grit贸 asustado agach谩ndose a su altura, usando toda su fuerza lo ayud贸 a levantarse hasta la cama — ¿Qu茅 te pas贸? ¿Y esas heridas?

— Solo tuve una pelea eso es todo... — dijo aliviado de saber que Degel no recordaba nada.

— Manigoldo... ¿茅l te hizo esto? — Milo se qued贸 helado al escucharlo y lo mir贸 con sorpresa.

— Bueno... — la insistente mirada de Degel no le daba opci贸n, suspirando agotado asinti贸 despacio.

— ¿Entonces t煤...? — Milo lo mir贸 sin entender.

— Solo te rescat茅 de que ese sujeto se aprovechara de ti... no fue nada.

— ¿No fue nada? — susurra con el ce帽o fruncido — ¡¿Est谩s loco?! ¡Casi te mata!

— N-No grites... — dice nervioso — Estar茅 bien... solo necesito descansar y tratar las heridas...

— Espera... — arrancando un pedazo de tela de su camisa, y quitando las prendas manchadas de sangre se dirige al ba帽o privado de Milo para volver y empezar a limpiar, estaba sorprendido de ver la profundidad y sobre todo el lugar donde estaba la herida.

— ¿Qu茅 recuerdas? — pregunta despu茅s de un largo silencio.

— Manigoldo intent贸 abusar de m铆, y... — se qued贸 callado y sin querer apretando m谩s de la cuenta la herida.

— Auch... — se quej贸 bajito Milo.

— Lo siento... — susurra — T煤... t煤 tienes alas...

— Lo habr谩s imaginado Degel — susurra con tranquilidad o eso trat贸 pero Degel lo mir贸 con seriedad — ¿Qu茅?

— Quiero la verdad Milo. Algo me dice que no fue coincidencia que aparecieras ah铆 y encima que te vea con alas.

— ¡...! — lo mira con sorpresa y luego hacia la ventana donde una luz desaparece en los cielos, alza la mano y cierra las persianas ante el asombro de Degel, por suerte su departamento estaba rodeado con su energ铆a y nadie m谩s podr铆a ver lo que hac铆a o dec铆a — Lo que te voy a decir no debe salir de aqu铆...



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Camus volvi贸 a suspirar cuando mir贸 por la ventana ¿Qu茅 esperaba? No sab铆a en qu茅 momento hab铆a vuelto a casa, o por qu茅 Kardia le hab铆a tra铆do siendo que fue su idea el quedarse toda la noche juntos. Kardia... ese hombre era un misterio para 茅l, cuando le pregunt贸 qu茅 era para 茅l le dijo tan bellas palabras que lo hab铆a hecho bajar la guardia por un momento. Un nudo se le hizo en la garganta al recordar sus palabras ¿ser谩 que Kardia lo amaba? Una sonrisa boba apareci贸, su coraz贸n empez贸 a latir con fuerza solo al pensarlo, as铆 como un suspiro sali贸 de sus labios.

— ¿Me amas Kardia? — susurra al aire. El gatito empez贸 a maullar pidiendo comida, distrayendo un poco a Camus, deb铆a dejar de pensar en eso ya cuando se vieran le preguntar铆a directamente.

A una distancia prudente, Kardia miraba desde el techo de un edificio a Camus. Los demonios no deber铆an conocer el amor y para 茅l que nunca lo sinti贸 no quer铆a averiguarlo, al principio era solo un juego donde la lujuria era quien dominaba a ambos cuerpos, pero luego se volvi贸 deseo hasta quedarse en anhelo, posesi贸n. 脡l no permitir铆a que nadie mas tocara el cuerpo de ese muchacho, el viento empez贸 a soplar con fuerza y una extra帽a energ铆a vol贸 a sus espaldas, era d茅bil y estaba combinada con sangre.

— Esos desgraciados... — susurra mirando al cielo para luego desvanecerse.



Nikiitah


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