Volver a Amar [Capítulo 08]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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VIII.- Alerta Roja

Un joven de largos cabellos azul-turquesa se encontraba recostado de lado, por fin luego de batallar con la incomodidad de su enorme vientre de 8 meses había podido conciliar el sueño o bueno... había logrado estar en una posición cómoda. Abrió sus ojos con lentitud para ver la fotografía que se hallaba en el pequeño buró, donde los rostros sonrientes de dos niños abrazados eran el centro de atención de los demás aprendices y caballeros dorados. Había muchas cosas que se reclamaba, y una de ellas era no haberse dado cuenta a tiempo sobre el dolor que habitaba en el interior de Milo.

Hace ya unos días había perdido las esperanzas de volver a ver a su adorado y orgulloso escorpión, después de cómo lo trató se sorprendería si al llegar Milo se comportara amable con su persona. Alzó la mano para poder tocar la figura del griego, solo la punta de sus delgados dedos rozó el rostro impreso en aquella pequeña foto. Una sonrisa triste apareció. Nunca estaba de más su reproche del día, y aunque tanto Shura como Kanon le decían que no era solo su culpa, para Camus no era así. Sus ojos se cerraron con fuerza, dejando salir algunas lágrimas saladas al sentir cómo su pecho se oprimía ante la posibilidad de nunca más ver al orgulloso guerrero. Agarró el portarretratos y lo aferró a su pecho, pidiendo a los dioses que èl regresara a su lado.

Una suave patada lo devolvió a la realidad, su hijo como siempre intentaba animarlo, haciéndose notar. Según las palabras de Shion y la misma Athena, era posible que su hijo naciera unos días antes de cumplir los 9 meses y que a cualquier contracción que sintiera sea notificado a los guardias, no podían arriesgarse a que cayera de las escaleras por no mantenerse en pie.

Con delicadeza se acomodó en la cama, últimamente la onceava casa lucía vacía con un silencio terrorífico, desde que Kanon casi sufría un parto prematuro por andar escapando y alterándose con los constantes acosos de Saga y Aioros. Shion y la diosa Athena habían decidido que lo mejor era evitar que se estresara demasiado, y más si iba a tener gemelos. Sonrió al recordar el desmayo de Saga y Aioros, si bien ninguno sabía quién era el padre de los bebés, por lo menos se alegraban de que Kanon les permitiera compartir su embarazo.

Su mirada se ensombreció al recordar a Saga, ambos no eran amigos, pero aún así le dolía ver el rostro de Kanon angustiarse cuando su hermano se perdía largas horas mirando hacia la ventana de cualquiera de los templos en los que se encontrara, siempre tenía un punto en específico, la octava casa. Desde que se fue, ninguno lo nombraba en presencia del gemelo mayor para evitar que decayera en su salud, o por lo menos que ninguna catástrofe ocurriera como pasó hace años atrás.

Ya estaba algo entrada la noche, pero aún así Camus no podía dormir, su mente aún seguía recordando a Milo y en su bebé. Un escalofrío le recorrió por completo al percibir una extraña energía. El sueño empezó a esfumarse e instintivamente abrazó su vientre, podía sentir como alguien lo observaba de entre las sombras, y aunque quisiera defenderse, sus poderes aún se encontraban algo descontrolados, podría incluso dañar a su bebé.

— Quien quiera que seas... ¡Largo! — grita molesto, eleva su cosmo para mandar una señal al patriarca y Athena pero su cosmo no le respondía — No es posible...

— Al parecer el frío caballero de los hielos lucha contra su mayor debilidad... sus sentimientos — el rostro de Camus empezó a palidecer al reconocer la voz. El galo sintió que el tiempo corría en cámara lenta, sus ojos violáceos se encontraron con la figura de un niño idéntico a Milo pero versión pequeña, no... él sabía que no era Milo.

— ¿Por qué? — susurra sintiendo las lágrimas resbalar por sus mejillas — ¿Por qué siempre tienes que tomar la apariencia que será de mi hijo?

— Porque soy tu hijo... mírame — pero Camus se negaba alzar su rostro, él ya no vería más los turquesas brillantes que su hijo heredaría de su padre, él miraría los fríos ojos magentas oscuros en las que se transformaría — ¡Mírame!

— ¡...! — su rostro fue tomado con brusquedad mientras que el muchacho lo miraba burlón, el calor empezó a sentirse en su templo, sobre todo en su habitación.

— Nunca más te escaparas de tu castigo Camus — la voz de su 'hijo' empezó a distorsionarse, el siseo que salió de sus labios le habían paralizado — Cuando lleguen será demasiado tarde, y el engendro que crece en tu vientre será mío... al igual que su padre...

— ¡No...! — su voz empezó a quebrarse, mientras que la negrura de la inconsciencia le envolvía. El humo del fuego penetró sus fosas nasales impidiendo que el aire llegara a sus pulmones — Milo...

(***)

(**)

(*)

            CABO SUNION



Para Deathmask, hacer vigilancia ya no era divertido, no había una razón para ser un caballero dorado si ahora no habría una guerra santa, pero como siempre Shion era muy paranoico y le había ordenado/amenazado para que hiciera su trabajo o de lo contrario no le permitiría ir a algún bar de mala muerte a divertirse. Sus pasos se detuvieron al pensarlo, ahora que se daba cuenta no había hecho nada productivo desde que  volvió a la vida, incluso había dejado sus objetivos de lado para dejarse caer en la aburrida y simple vida de un ser humano normal. Su mano fue hacia su pecho donde una rosa roja era lo único que decoraba su armadura. Afrodita se la había regalado cuando regresaron a la vida como muestra de su amistad y de... que nunca más estaría solo ahora en adelante. En el pasado se habían equivocado tantas veces, incluso habían asesinado a inocentes solo para seguir su propia filosofía de "El poder es el privilegio de los justos, por lo tanto el poder es sinónimo de justicia", una mueca de disgusto se dibujó en su rostro al recordarlo. Aspiró el aroma de la rosa que estaba combinada por la suave fragancia de Afrodita. Afrodita... su amigo, su mejor amigo. Tal vez era hora de poder confesarle por fin sus sentimientos, no quisiera que por su orgullo le impidiera vivir a su lado.

— Así como el cubo y el bicho... — sonrió con burla y diversión al recordar a sus dos compañeros de armas, era mejor que eso no sucediera, preferiría mil veces ir al Yomotsu antes de perder a Afrodita.

Sus pasos se detuvieron al notar que se había alejado de los límites del santuario, dispuesto a dar media vuelta se queda estático al ver las luces pertenecientes a las almas que generalmente rondaban con él, lucían alteradas algo inusual en ellas. Un olor putrefacto invade sus fosas nasales cuando la suave brisa se dirigió hacia él. Una de las almas se detuvo frente a él, materializándose como lo que en vida había sido un aprendiz.

— Mei... — susurra el nombre de su alumno. Sus pies empiezan a correr hacia las cabañas de los aprendices.

A parte de Afrodita, ese muchacho era uno de los pocos que se habían acercado a él a pesar de ser un sádico asesino, era como un hijo. Pero antes de avanzar más, unas poderosas rosas proveniente de Afrodita le rozó la mandíbula.

— ¡Afrodita! — gritó sorprendido. El cosmo del guardián de Piscis estaba incrementando con cada paso que daba, los ojos del italiano se agrandaron al ver al muchacho de 15 años siendo arrastrado por sus cabellos.

— ¡Lo siento maestro! No pude detener al señor Afrodita.

Afrodita alzó su mano, dispuesto a atravesar el cuerpo del menor. Mei se quedó en silencio y cerró sus ojos, esperando el final. Había intentado luchar y detener a Afrodita desde que llegó a las cabañas pero el santo de piscis era demasiado fuerte para él.

— ¡No! ¡Afrodita! — corrió para impedir que su amigo cometiera el asesinato de su alumno pero lo que no creyó fue que el ataque sería para él. El brazo del sueco le había atravesado, mientras que lanzaba a su alumno hacia algunos matorrales. Al mirar a su amigo, Death se percató que tenía la mirada nublada, y por su rígida postura parecía como si estuviese poseído.

— ¡Lost Children! — la técnica de Mei logra inmovilizar a Afrodita, aunque Death sabía que solo sería unos minutos antes de que se moviera e intentara atacarlos de nuevo, pero si eso hiciera... quedaría hecho pedazos.

— Intenta detenerlo Mei — ordena el italiano. De sus manos, unas luces empiezan a brillar y apuntando hacia Afrodita lanza su ataque — Seki Shiki Meika Ha

Una sombra oscura empezó a desprenderse del cuerpo de Afrodita jalando el alma del peliceleste, pero antes de que hiciera su cometido Deathmask logra expulsarlo a tiempo. El cuerpo del sueco cae inconsciente sobre el pecho ensangrentado del mayor.

— Maestro… — susurra Mei, acercándose despacio hacia los mayores — ¿Cómo está?

— Estaba siendo manipulado… ¿te hizo daño?

— No mucho… — el menor se acercó al mayor y colocó uno de los brazos de Afrodita alrededor de su cuello — Déjeme ayudarle…

— Gracias…

(***)

(**)

(*)

Mientras tanto en el Santuario, lejos de estar en calma era todo un caos, hace poco alguien había intentado atacar a Camus, sino fuera por Shura que había llegado a visitar al acuariano no sabía que le hubiera pasado. Ninguno de los caballeros dorados había visto entrar al intruso y eso era muy sospechoso, no había ningún ser que pudiera llegar tan lejos sin cruzar primero las doce casas.

— Alone lo hizo — la voz de su conciencia le habló, pero en aquel tiempo no existía la barrera de Athena, era imposible que un dios lo atravesara, además que ahora Hades y Poseidón estaban con Athena reunidos en el Olimpo.

Sus ojos amatistas, cansados, miraron hacia el santuario. ¿Cómo era posible que alguien se haya adentrado sin notarlo? Sin esperar más se adentro hacia el templo.

Star Hill es un lugar sagrado que se encuentra a las afueras del Santuario. Una montaña alta y rocosa de forma vertical, donde los patriarcas van a hacer sus oraciones y predicciones observando a las estrellas. Debido a su altura, es considerado la zona mas cercana al cielo, también es considerado una puerta al Olimpo. Algunos dicen que puede ser el "Axis mundi", ya que representa el eje del mundo del Santuario puesto que representa un punto de conexión entre la Tierra y otros lugares. Un lugar prohibido para los caballeros de Athena, incluso para los dorados. Siendo el Patriarca el único humano que tiene permitido el acceso, aparte de Athena.

Es por eso que ahora Shion estaba ahí, necesitaba encontrar respuestas, y solo Star Hill se las daría.

Sentándose sobre la enorme roca en el centro del templo, mira hacia el cielo, donde 12 constelaciones empezaban a aparecer, no había nada fuera de lo normal, incluso parecía que todo estaba en orden — No entiendo... si no es una amenaza para Athena... entonces ¿por qué...? — murmura para sí mismo, pero justo cuando estaba por darse por vencido una fuerte brisa choca contra él, obligándolo a cubrirse por la fuerza del viento que amenazaba con tumbarle. Varias cosmos-energías se sentían, cada una diferente pero tenían algo en común, estaban dentro del santuario. Shion volvió a mirar hacia el cielo agrandando sus ojos al ver tres constelaciones brillar de una manera inusual, entre ellas Escorpio que anunciaba el nacimiento de su futuro guardián.

— El hijo de Milo y Camus... ¿será posible que...?

Levantándose con rapidez decidió marcharse al templo principal donde Camus  descansaba, siendo vigilado por Shura y Aioros.

(***)

(**)

(*)

Apenas había puesto un pie en su recinto, pudo escuchar el alboroto de los caballeros dorados. Su mirada fue hacia Saga y Aioros que mantenían una inusual seriedad, sin saber qué ocurría se acercó a ellos. Al notar su presencia, Saga fue quien le explicó la situación. Camus había estado descontrolado, teniendo pesadillas con su hijo y Milo, pero no fue el único caso, la muerte de varios aprendices a manos de Afrodita de Piscis, quien fue controlado por un ente maligno le llamó la atención. Sus amatistas se dirigieron hacia Deathmask que era curado por una de las sacerdotisas de Athena, a su lado el joven aprendiz Mei de Cabellera de Berenice también era curado ¿qué tanto había pasado en su ausencia?

— Según palabras de Deathmask, alguien controlaba a Afrodita. El ser que lo hizo fue mandado al Yomotsu... ¿patriarca? — al terminar de hablar el informe que Death le había entregado se queda en silencio esperando la reacción del patriarca que se había quedado en silencio, el mayor lo mira con sorpresa y luego asiente, sin decir nada.

— Bien... — susurra, el grito de Camus alerta a los demás que se acercan a ver su estado. Después de varias horas dormido, por fin había despertado. Sus manos se aferraban a su vientre mientras gritaba por el dolor que sentía — Aioros trae

Se levantó con algo de esfuerzo, acto seguido llevó una mano a su vientre, el dolor era insoportable, le atacaban como punzadas, intentó relajarse pero esta vez vino acompañada de un dolor en la cintura. Las contracciones se hacían presentes, el momento en el que su pequeño hijo naciera llegaría.

— Relájate Camus, intenta respirar... — susurra Shion, sosteniéndolo por los hombros, lo llevó hasta su habitación para que descansara y poder examinarlo.

— Duele... — susurra.

— Es normal... los hombres no estamos acostumbrados a tener hijos... — mira hacia Aioros que traía las toallas y una tina con agua tibia — Los demás regresen a la sala, nos ocuparemos de esto... — mira a los presente en especial a Kanon que lucía tan blanco como un papel. Por unos segundo había olvidado que él también iba a tener hijos dentro de algunos meses — Saga, lleva a Kanon a tomar un poco de aire, y los demás, a menos que quieran ayudarnos ¡largo!

Mu fue el único valiente, que se atrevió a quedarse al lado de su maestro, los demás simplemente salieron en silencio. Kanon lucía aún pálido ¿eso le iba a pasar cuando le tocara entrar en labor de parto? pudo sentir el dolor de Camus com suyo, a su lado, Saga intentaba consolarlo, pero cada palabra que salía de los labios de su gemelos avivaba la ira que crecía en el interior de Kanon. Los mataría, mataría al par de pelmazos por embarazarlo, ya que no sabía quién era el padre los dos lo pagarían, así, si cometiera una equivocación no tendría que hacerlo dos veces. Pero Kanon no era el único que se encontraba pálido, a una corta distancia, el menor de todos, Mei y Shaka, quien había decidido apartarse, se encontraba con los ojos abiertos. Death Mask, que traía a Afrodita en su espalda inconsciente no entendía porque tanto alboroto, es decir, todos eran caballeros dorados habían sufrido peores golpes, el dolor de las contracciones debía ser tan solo una leve punzada ¿no?

— Oye buda ¿no deberías ayudar a Mu?

— Bueno...

— Espera... no me digas que... ¿te da pánico los partos?

— ¡Por supuesto que no! — gruñe el rubio — Tan solo quise darle privacidad a Shion y Mu, no quería ser un estorbo.

— Sabes que es la peor excusa que has dado ¿cierto? — las carcajadas no se hicieron esperar, en verdad habían algunos que hacían lío por algo tan simple.

— ¡Cállate! Mejor fíjate cómo está tu alumno — cuando mencionó a Mei, giró su cabeza para ver cómo el muchacho intentaba que el aire entrara a sus pulmones. Una gota de sudor resbala por su frente ¿en serio tan sensible era el muchacho? de Kanon le podía pasar, pues él sufriría lo mismo, pero ¿Mei? ¿Shaka?

— Ohh pero ¿qué hacen todos afuera? ¿le ocurrió algo a Shion? — la voz jovial de Dohko los hizo voltear.

A casi un año de haber desaparecido junto a Milo, el viejo maestro hacía acto de presencia, lucía algo cansado y ojeroso, como si no hubiera dormido en días, además que una leve palidez cubría su piel ¿dónde se había metido? sin esperar más todos los presentes se acercaron a él, notando enseguida que venía solo ¿acaso Milo se quedó en su templo?

— ¿Por qué no avisó que regresaría? — pregunta Kanon que se notaba más calmado. Dohko al verlo se queda en silencio unos segundos.

— ¡Pero qué te pasó Kanon! ¿Quién te dejó así? — exclama con sorpresa y con algo de reproche, desde hace un tiempo, el gemelo menor era con una de las personas con las cuales más platicaban. Ambos se entendían a la perfección.

— ¿Quién crees? — suspira derrotado.

— ¿Saga te dejó así? — sus ojos verdes se posaron en el mayor, que al sentir la penetrante mirada no puede evitar sentirse incómodo y algo asustado. Si Shion siendo alguien de carácter "tranquilo" tenía un feo carácter no quería ni imaginarse a Dohko, que era "el papá pitufo" enojado.

— Bueno... en realidad no sé — susurra sin mirarlo, sus mejillas se colorearon más cuando escuchó un "¿Ah?" por parte de Dohko.

— Me voy por un tiempo y todos hacen lo que se les dé la gana — resopla algo agotado con tanta información, y eso que aún no sabe todo.

— Hablando de irse... ¿y Milo? — esta vez quien se animó a interrumpir fue Aioria, Dohko hace una mueca de disgusto al recordar al menor de los dorados.

— Ese niño — bufa — Regresa mañana, tiene algo importante que decirle a Shion.

— Por lo que veo, no te ha dicho nada... — habla Kanon.

— Acertaste — se acomoda mejor su sombrero y mira a los presentes — Por cierto... ¿quién me va a responder el porqué están aquí afuera?

(***)

(**)

(*)

— Camus relájate, esto toma su tiempo.

— Duele...

— Maestro ¿cuánto tiempo tomará?

— Por lo menos unas ocho horas.

— ¡Qué! — grita intentando no llorar, este dolor era peor del que le daba su maestro de niño.

— El bebé solo se está acomodando... tienes que resistir.

Las horas empezaron a pasar lentas para Camus, que con cada nueva contracción intentaba controlar su cosmos, la habitación del patriarca empezaba a congelarse por el descontrol, cerró sus ojos intentando llamar a Milo, cuando él estaba a su lado tenía las fuerzas necesarias para seguir adelante. Sin embargo de un momento a otro su cuerpo entero se relajó, sus ojos empezaron a cerrarse viendo por última vez la figura de Milo, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro creyendo que era otra de sus alucinaciones y con ese pensamiento cayó en la inconsciencia.

Sus párpados empezaron a temblar ligeramente cuando sintió una suave caricia en sus cabellos, empieza a mover sus manos tocando su cuerpo bajando hasta su vientre que ahora se encontraba plano, entreabrió sus ojos y sonrió apenas al saber lo que significaba. Su pequeño hijo había nacido.

— Me alegro que hayas despertado, pensaba que algo había salido mal durante el nacimiento del bebé.

— Estoy bien, pero... — se queda en silencio cuando reconoce la voz de su interlocutor intentó sentarse pero un fuerte dolor en la parte baja del vientre lo hizo desistir. Alza la cabeza encontrándose con un par de turquesas muy conocidas por él — ¡Milo!

— Hola Camus... — susurra con una pequeña sonrisa. Había evitado las miles de preguntas que Shion tenía para él cuando apareció en el momento que veía nacer a su hijo, la sorpresa y el shock que sintió al saber que el pequeño que había visto nacer llevaba su sangre no le impidió reaccionar y ayudar a Aioros y Mu, quienes limpiaban a su bebé.

— ¿Cuándo...?

— Hace unas horas. Creí que me habías visto antes de caer en la inconsciencia.

— Creí que eras otra alucinación — susurra con los ojos anegados de lágrimas. Milo solo lo mira con sorpresa, desde que tenía memoria Camus nunca había sido una persona sensible, pero tal vez se debía a que aún tenía las hormonas del embarazo.

— Tranquilo Cam, no lo soy — toma sus manos entre las suyas intentando calmar a su lloroso acompañante.

Mu que recién aparecía en la habitación de su maestro, llegaba a su lado con un pequeño bebé de piel pálida envuelto en una colchita verde. Con cuidado de no despertarlo lo deja en medio de los orgullosos padres. Al descubrir la carita, se encontraron con una pequeña y redondita carita, con tonos rosados sobre las mejillas, una pelusita color azul oscuro con tonos violáceos, largas y tupidas pestañas que empezaban a abrirse, dejando ver los ojos turquesas de Milo. El bebé movía sus manitas cogiendo un mechón del cabello de ambos mostrando su roponcito blanco.

— Es hermoso... — susurra Milo enternecido

— Milo... ¿te quedarás? — pregunta Camus, el griego se tensa un poco pero no dice nada al respecto — ¿Milo?

— Eso yo también deseo saber — habla Shion, que venía con Dohko detrás.

— Hablaré sobre eso después — dice sin mucho ánimo Milo, se levanta con cuidado de la cama ante la mirada de Camus y su hijo — Por ahora quiero estar con mi... familia.

— ¡...! — ante la sorpresa de todos el griego solo sonríe de lado — Milo… — susurra.

— Aún así no nos has dicho dónde estuvieron todo este tiempo... y Dohko no quiere decirme nada a menos que tu lo hagas.

— Es por eso que regresé — su mirada se vuelve seria, al igual que su tono de voz — Desde hace unos meses me he percatado de una extraña cosmos-energía y creo que no he sido el único — mira al Patriarca que asiente levemente — A donde fui con Dohko es a Asgard, si ya puso al tanto a los demás, sugiero que los llame. Esto podría ser el comienzo de una nueva guerra.


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