Du Ciel á L´enfer [Capítulo 4]
Du Ciel á L´enfer
Clasificación: No menores de 18 años
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.
Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia
Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)
Capítulo 4: Cerise Noire
Las horas transcurren como arena que
rápidamente se desvanece en el aire, un día más que se opaca, siendo testigos
de batallas ganadas, perdidas, de ángeles, tanto como demonios. La muerte y la
supervivencia del más apto, siendo el instinto, el gobernante del mundo que se
le entregó al ser humano. Cazar o ser devorados, una cadena interminable, cual
único propósito es una apuesta ancestral entre Dios y Lucifer. Los demonios,
buscan presas difíciles pero exquisitas, dentro de los lugares santificados,
ovejas con corazones puros, que no conocen el pecado, hacerlos dudar de su fe
es su mayor logro, aprendiendo a ser maestros del engaño. Otros, prefieren
ciervos perdidos a campo abierto, que caen de un solo disparo, sin necesidad de
esforzarse, así como también existen animales carroñeros, esperando el momento
de tomar lo poco que dejaron. Los caídos, se alimentan de la energía de los
humanos, del miedo, avaricia, lujuria, gula, ira, envidia, pereza, la soberbia
y sobre todo, se vuelven más fuertes al alimentarse de almas que han perdido el
camino por completo, bebiendo consigo su esencia, dejando en su cuerpo una
marca que cargan hasta el último día de sus vidas, un pase que conduce
directamente a las puertas del infierno y caer en una prisión eterna.
En su mayor esplendor, orgullosa de
ser la estrella más grande entre las miles que inundan el manto nocturno, la
luna brilla intensamente, esa noche en especial, se muestra voluptuosa,
provocando un frío espectral en las calles solitarias de esa gran ciudad. El diminuto
tacón de los zapatos de charol hacen un eco sobre cada paso, la sombra delgada
de un ser demoníaco satisfecho de la cosecha que recogió de la morgue, se pasea
con un cuerpo que ya no sigue un ritmo natural, reconstruido a base de las
almas de los muertos que aún no han sido purificados con las oraciones
funerarias para encaminarlos hacia el destino que le toca después de la muerte.
Tan satisfecho estaba que liberó de su prisión al alma que aún era atormentada
en su propio cuerpo, merecía un descanso después de un día de recolección. Su
recipiente, necesitaba de los alimentos humanos para no enfermar su cuerpo. Su
andar se detuvo, en sus ojos hubo confusión pasando sus delgados dedos por la
fibras de su cabello —Ah… cierto... a
casa...— recordó terminando aquella golosina que había comprado momentos
antes, emprendió el camino, en su
inocencia pensaba que solo eran lagunas mentales que su cabeza creaba, jamás
imaginaría el mal que habitaba en su interior. Al retomar el paso, las luces
del alumbrado se iban desvaneciendo detrás de sus pies, el cazador de aquella
noche lo perseguía como un escorpión que acechaba a su víctima, orillando a
perder toda posible esperanza. Los escalofríos recorrieron cada rincón de la
frágil piel del muchacho pelirrojo, su caminar se volvió constante, casi podría
correr al mismo ritmo que su corazón latía. Giró su cuerpo buscando al
responsable que lo seguía justo al llegar a un parque, fue entonces que las
luces se encendieron. Agitado por el miedo, colocó una mano sobre su pecho como
una reacción de instinto y así poder calmar el palpitar de su corazón, su
mirada se reflejó en el sonido de los arbustos, donde una criatura maulló con
ternura, que no pudo resistirse a levantarlo entre sus brazos —¿Estás solo
amigo? Te llevaré a casa— sus dedos acariciaron su suave mentón dibujando una
sonrisa cálida en sus labios, sin embargo al dar el primer paso, chocó
abrazando al animalito para protegerlo del golpe.
—Cuidado Cherry… ¿Porque tanta prisa, acaso tienes miedo?— Su sonrisa torcida
se alargó en su rostro, podía oler el aroma del miedo a grandes distancias, el
ruido de su corazón que se acelera al compás de una melodía reafirmando su
teoría. Extendió su mano tomando una fina hebra de ese cabello color sangre
para percibir el dulce aroma de su alma, le pareció más irresistible de cerca,
tenía algo que lo hacía apetitoso y quería descubrir. —Tienes algo aquí...—
pasó su lengua por su mejilla retirando un poco de chocolate que había quedado
de aquella golosina, provocando un escalofrío en el cuerpo del chico pelirrojo,
ese escalofrió solo era una pequeña demostración de lo que podía obtener con
solo tocarlo.
—No sé de qué habla… con su permiso,
mi… mi novio me está esperando— El chico peli azul que tenia de frente, causaba
un nerviosismo extraño que lo ponía alerta, incluso tuvo que mentir dejándolo
atrás. Rodeó al individuo que obstruía su andar, atravesó la calle buscando
como llegar más rápido a la parada del autobús y terminar con ese mal trago. La
sensación de persecución, continuaba atormentándolo, al doblar la calle, sus
pasos se aferraron al suelo impidiendo su continuidad, había un grupo de
hombres mal encarados que compartían lo que parecía un cigarro, el aroma que
emite no podía ser comparado con el tabaco, este era más fuerte. Al dar dos
pasos de regreso, uno de aquellos hombres lo sorprendió por la espalda
— ¿Tienes algo de cambio niño?— Con
ese aliento alcohólico provocó desagrado en la expresión del joven, sin
embargo, cambió radicalmente cuando lo acorralo contra la pared, amenazándolo
con una navaja, provocando que el minino saliera huyendo asustado. —Belleza
puedo hacer una excepción contigo para que me pagues con otra cosa…— su mirada
libidinosa se concentraba al acercar la navaja a su cuello, sin embargo este
fue interrumpido al unirse a él, otro toxicómano, que le pareció buena idea
unirse al crimen, sosteniendo al chico de las muñecas mientras el otro se
acercaba tocando su entrepierna con firmeza y pasar su mano por debajo de su
camisa. El poseedor de los ojos rubíes, cerró sus párpados con fuerza para no
mirar cómo era tocado por aquellos dos hombres, su orgullo le impedía emitir
algún sonido, un simple quejido les daría el gusto de sus vidas. Sobre todo
cuando sintió como su pantalón era abierto para descubrir ese pequeño y redondo
trasero que solo aumentó el deseo enfermizo de esos hombres. Pensó que todo
estaba perdido, tenía otra idea de su primera vez, tal vez con una chica linda
o quizá con un chico pero que fuera por amor. Entre esos pensamientos, sintió como
su cuerpo fue soltado imaginando que comenzarían a golpearlo, nada más lejos de
la realidad, escucho quejidos y abrió sus ojos poco a poco observando como el
chico peli azul derribaba a esos dos hombres, solo obtuvo una cortada en el
brazo, de no ser por la gabardina gruesa que descansaba sobre sus hombros. Al
sentir la mirada penetrante del hombre que lo había salvado, se cubrió
rápidamente, aunque de su camisa había sido desprendidos algunos botones.
Delante de él era una situación realmente vergonzosa.
—Que novio tan irresponsable tienes Cherry...— Con un ligero tono de burla
se quitó la gabardina dejándola caer sobre los hombros del chico que había
escapado ya una vez de su presencia, se inclinó frente a él extendiendo su mano
para ayudarlo a levantarse que, al aceptar su ayuda, lo jalo sutilmente hacia
su cuerpo tomándolo de la cintura, el alumbrado les permitió apreciarse de
mejor manera, hubo un momento de tensión entre ambos, pareciera simplemente
perfecta esa unión, sin embargo un maullido arruino el momento haciendo que el
pelirrojo se alejara de su salvador. El demonio, miraba a la alimaña que no
dejaba de gruñirle, tratando de defender al humano que lo había rescatado. —
¿Quieres que te acompañe a casa?— volvió a agregar para darle un poco de seguridad,
tenía un increíble deseo por aquella carne fresca que dejarlo ir solo así,
sería un desperdicio.
—Ya… ya has hecho demasiado… le
agradezco que me haya salvado señor… es solo que tal vez, a mi novio se le hizo
un poco tarde... — Levantó al pequeño minino entre sus brazos —Pero puedo
continuar solo...— extendió su mano por educación —Mi nombre es Camus… Camus
Darcy...— el demonio sonrió satisfecho al ver cómo aquel joven daba el primer
paso, podía adivinar que no le era indiferente, su porte haría arrodillarse
ante él hasta el humano más poderoso de la tierra, escondiéndose bajo la
máscara de un músico famoso.
—Yo soy Kardia... no es necesario
tantas formalidades— dibujó una sonrisa burlona —Pero… puedes llamarme cariño,
amo y señor… depende de la perspectiva que tengas...— Camus frunció el ceño de
solo escuchar al altanero del hombre, el gato de un pelaje atigrado volvió a
gruñirle causando el desagrado de Kardia. Los gatos son animales instintivos, y
por consiguiente, quienes pueden ver entre el plano terrenal como el del
infierno al mismo tiempo, es por ello que se dice poseen el don de las 7 o 9
vidas.
—Puedes olvidarlo K-A-R-D-I-A—
recalcó molesto, paso de largo para continuar caminando pero el mismo grupo de
drogadictos aún no se iban. Sintió que alguien cubrió su boca al querer avanzar
a pesar de eso, tembló e intentó soltarse, aun se sentía incomodo de como
aquellos tipos lo tocaron.
—Mi querido Cherry… no creo que quieras volver a pasar lo mismo de hace unos
momentos, a menos claro que te gusten las buenas orgias...— bromeó susurrando
en su oído. —A esta hora ya pasó el último camión, en mi motocicleta no
tardaremos mucho— lo soltó suavemente, pero Camus solo desvió la mirada. No
tenía otra opción que ir con él, después de todo, él fue quien lo salvó. —Solo
aleja esa cosa de mí y cerramos el trato ¿qué dices?— le mencionó, más al
acercarle al mínimo, su delicado pelaje se esponjo de solo tenerlo cerca.
—Le caes mal, pero aceptaremos tu
invitación— mencionó curveando una suave
sonrisa, regresaron por la misma calle encontrando al final una motocicleta de
ensueño, que en calles tan peligrosas como esa, haría pecar a cualquiera con
hurtarla. Cuando subió, le entregó un casco negro con detalles rojos en los
costados. Camus dudo por un momento en subir, no sabía si realmente era seguro,
pero por otro lado estaba siendo obligado por agradecimiento. Acepto el casco y
subió detrás de él pasando sus manos por su cintura algo titubeante, emitía un
calor agradable para ser un completo desconocido, así como no tuvo otra opción
que darle su dirección. Cerró sus ojos ante la velocidad en la que manejaba,
era verdad que las calles estaban desiertas pero la sensación de adrenalina lo
hacía dudar que fueran a chocar. —Es aquí, en esa casa...— señaló la pequeña
casa de dos pisos, muy hogareña a simple vista, Estacionó la motocicleta justo
en la entrada, espero a que él lo hiciera antes de ponerle un pequeño seguro,
antes de que siquiera el demonio tomara la palabra, Camus inocentemente lo
invitó a entrar, sentía ese vacío al no poder agradecerle como se debía.
—B-Bueno… si no tienes nada que hacer... — sacó las llaves de su bolsillo
abriendo la puerta, la pequeña criatura que aún descansaba en sus brazos bajo
explorando lo que sería su nueva casa. Por otro lado, aquel demonio de aura
oscura, estudiaba cada detalle de la casa después de aceptar su cordial
invitación, decorados comunes y corrientes, digno de una familia cálida, sin
pedir permiso se dejó caer cansado sobre el enorme sillón, mientras Camus se dirigía
a la cocina para encender la cafetera.
—Es lindo pero… me gusta más él— su
mirada se concentró en una fotografía que destilaba sentimiento fraterno, hacía
mucho que había olvidado ese significado, sobre todo después de la última pelea
que había tenido con quien decía llamarse su “hermano” Levantó la vista cuando
Camus regreso con una pequeña charola y un par de tazas de café, al demonio no
le pareció, los alimentos humanos no eran de su gracia. — ¿es tu hermano? —
Preguntó devolviéndole el marco color plata.
—Sí, lo es… la universidad y su
trabajo lo mantienen fuera de casa hasta tarde— Tomó de la taza con esa
elegancia que lo caracterizaba, al entrecerrar los ojos, sintió un mareo
extraño, pues al abrir los ojos, Kardia estaba demasiado cerca, acechándolo
como a una presa más. — ¿Q-Qué… sucede, no te gusta el café? — sus ojos tenían
una tonalidad entre púrpura y un color azul oscuro que lo mantuvo hipnotizado,
un tanto torpe al hablar, su corazón latía rápidamente sin saber cómo actuar
realmente.
—Me es incómodo hacerlo en una
taza...— Lentamente aquel demonio quitó la taza de sus manos, el suelo se
llenaba de una neblina maligna, aquella mascota pudo percibir el peligro en el
que se encontraba su humano, corrió de regreso a la sala, pero fue inútil, fue orillada a una de las habitaciones
encerrándola para que no lo molestara. —Camus
Darcy…— murmuró su nombre de manera inaudible para él, repitió cada sílaba
con sensualidad, un hechizo del cual ningún ser humano podría escapar. El
corazón de su víctima se acelera, puede sentir su respiración chocar con la
suya, su rostro carmín demuestra cómo sube su temperatura a un simple roce de
sus labios, sintiendo sus dedos sobre su mentón. —Sé mío…— Aun consciente de lo
que pasaba, Camus se negaba a sentir lo que ahora le regalaba aquel misterioso
hombre, lo acababa de conocer y su piel se erizaba de solo imaginar lo que
pudiera suceder esa noche. La lengua hábil de Kardia marcó su propiedad al
posarse sobre su cuello que provocaba en su nuevo amante. —Exquisito… como
imaginé— sus palabras lo hicieron reaccionar alejándolo con brusquedad, no
permitiría que tuvieran relaciones y menos en su casa, donde él y su hermano
vivían desde hace muchos años atrás, sería muy irresponsable de su parte, pero
había un pequeño problema que no había contado, su entrepierna ya había
despertado, quería continuar con ese pequeño juego, su cabeza se negaba aunque
su cuerpo lo deseara con todas sus fuerzas.
—Es mejor que te vayas…—
comentó cubriendo aquella parte con sus
dos manos, desvió su mirada hacia otra parte, no permitiría que esto continuara
o eso pensó, el peli azul lo hizo recostarse sobre el amplio sillón tomando sus
muñecas sobre su cabeza, sabía que por el momento no era conveniente dejarlo
ir, pues esto se repetiría cada vez que se volvieran a encontrar o hasta que
devorara su alma por completo. .
—No tengas miedo… prometo no
lastimarte, quiero que disfrutes… tu cuerpo lo necesita con ansias…— sin pedir
opinión, su mano comenzó a frotar por encima de su pantalón con delicadeza, lo
hizo muy distinto a como lo hicieron aquellos hombres en el callejón con él,
tenía que mostrarle el cielo antes de llevárselo consigo al infierno. —Dime que
no te gusta… y tal vez me detenga— su boca escupía mentiras, tenía que
alimentar a la frágil ave antes de arrancarle las plumas, con una sonrisa
cargada de lujuria, se deleitaba ver cómo Camus se castigaba para no emitir
algún gemido a pesar que lo deseaba por dentro, mordía sus labios que casi
quieren sangrar, solo había débiles quejidos. Lo que no sabía es que aquel
demonio disfrutaba aún más cuando se hacían los difíciles.
—Mmh… No… no es… mnh… no es
correcto…— Fascinante, eso le parecía, amaba esa resistencia, amaba esa forma
en la que rompía toda cordura de un ser puro, la castidad era un premio del
cual disfrutaban más que devorar almas. — ¡B-Bas… ta…!— cerró sus ojos con
fuerza al sentir como su pantalón era despojado junto con su ropa interior, fue
un alivio pero a la vez, sabía que a partir de ese punto no podría retroceder
si no lo detenía.
—Mi exquisito Cherry… estoy seguro que ambos no dormiremos esta noche…— La
gabardina fue abierta con sus dientes, agradecía a aquellos tipos que le hayan
facilitado el trabajo al romper su camisa, quitaría todo rastro que ellos
dejaron en ese suculento cuerpo, abrazo uno de sus pezones con sus labios,
succionando lentamente hasta dejarlos rojos, torturó su piel, dejó marcas que
tardarían semanas en borrarse, proclama aquel humano como suyo, quitando poco a
poco aquella energía vital a cambio de una sensación de lujuria descomunal.
—¡Ahhh….!— grito descubriendo su
debilidad, ya no podía seguir conteniéndose, su parte baja necesitaba
atenciones, cerró sus puños fuertemente, sus piernas estaban aprisionadas entre
las suyas, avergonzado por sentir tanta excitación, sentir deseos indebidos por
el chico que estaba torturándolo. —Suéltame… por… por favor…— su tono de voz
suplicante fue determinante para que su orden fuera escuchada. Pudo alejarlo,
sacarlo de su casa al ser liberado, sin embargo, atrajo sus labios a los suyos
con infinita desesperación, quito la camisa de Kardia, la cual se deslizó por
sus hombros hasta caer en el suelo junto con las prendas que ya había.
Aprovechando esto, Kardia no perdió el tiempo, el cuerpo de Camus fue despojado
de la ropa que aun descansaba sobre sus hombros, mostrando cuan perfecta era su
anatomía, un hermoso jade escarlata.
—Que hermoso eres…— Su cabello caía
como una cascada de sangre sobre el sillón, indefenso, el aroma que desprendía
volvía loco a ese ser caído, un humano virgen, no había nada mejor.
Traviesamente metió su lengua dentro de su ombligo, su nuevo amante soltó un
gemido placentero, las sensaciones eran nuevas para él. Al ver lo que Kardia
planea al continuar por ese camino, se incorpora alejándose por un momento,
sosteniéndose de su cintura, temía que fuera a correrse antes de tiempo,
mientras su pareja de esa noche aún seguía arrodillado frente a él. Su nivel
hormonal estaba al límite, quito con algo de torpeza el cinturón plata, así
como el resto del pantalón, su corazón latía con fuerza, así como su
respiración era perjudicada por las circunstancias. Descubrió su enorme miembro
que palpitaba por atención, aun no terminaba de entender porque mostraba tanta
atención hacia él, obligándolo a hacer lo mismo, su mano sostuvo su miembro
frotando lentamente, los tenues gemidos del chico que lo salvó, le indicaba que
lo hacía bien. Para Kardia era un triunfo corromper un alma, ver como su
sensualidad natural fluía con facilidad lo hacía sentir orgulloso, eso lo hacía
burlarse de quien le impuso ese castigo, solo necesitaba abrir los ojos a la
realidad y dejar de lado un sueño efímero de proteger. Se inclinó tomando de su
nuca, para depositar un beso en sus labios, degustar al cien por ciento de su
vitalidad —Sí eso es lo que deseas… hazlo… me encantaría saber cómo lo
harás...—
—Kardia...— gimió su nombre antes de
lamer la punta de ese prominente miembro, era inevitable no degustar de esa
esencia que desprendía, no había una gota de comprensión de lo que ahora estaba
experimentando, había sido puesta una venda sobre sus ojos la cual no quería
quitarse.
—Ahh…~ si… lo haces
perfectamente...— tomó su cabello ayudándole a meter su miembro dentro de esa
boca tan cálida, atendiendo a un ritmo que su parte baja necesitaba con
urgencia, casi podía sentir su garganta, impidiendo el paso de aire por un
momento, para luego soltarlo, su humano, tosió un par de veces tratando de
recuperar el aire perdido, pero de todas maneras, no había sido suficiente para
detener la excitación que se apoderó de su ser. Kardia lo hizo recostarse de
nuevo, rodeo su cintura para llevar hasta una habitación donde lo tomaría de
forma cómoda, mientras Camus adivino esto, pasando sus brazos alrededor del
cuello de ese hombre de mirada fiera, así como sus piernas lo hicieron de igual
forma sobre su cintura. Ambos cayeron sobre la cama, con esos besos pasionales,
necesitándose uno al otro, peleando por descubrir la boca del otro, sus lenguas
se asoman serpenteando, la mezcla entre fluidos hace que la escena sea erótica.
—Es-Espera...— Mencionó jadeante,
conocía lo que seguía, a estas alturas no podía darse el lujo de terminar con
una enfermedad venérea o en su caso, ser uno de los pocos afortunados en
terminar con un bebé en brazos. Giro estirándose para alcanzar el pequeño
mueble que descansaba a un costado de la cama, sacando del cajón un
preservativo, un error fatal, Kardia aprovechó esa posición para continuar
atormentándolo, mordió uno de sus glúteos, sin darle oportunidad a mirarlo de
frente, sostuvo sus caderas con fuerza. El límite de aquel demonio fue suficiente,
su lengua penetró esa pequeña entrada sin aviso, causando en Camus gemidos
incontrolables. —¡Agggh…. ahh... Kardia...!— se aferró a las sabanas con
fuerza, sus paredes se contarán cada que esa lengua se movía, provocando que
terminara corriéndose, manchando las sábanas sin querer, sin embargo, esto no
terminó ahí, cuando ese hombre se retiró, metió dos de sus dedos dilatando ese
lugar en el cual deseaba entrar.
—Aún no hemos terminado Cherry… y tu
cuerpo lo sabe...— atravesó su cuerpo con sus dedos, tocando cada centímetro de
su vientre, su abdomen, jugando a ese paso con sus pezones hasta alcanzar su
mentón y levantarlo, hizo chupetones en su clavícula mientras sus dedos
comenzaron a entrar y a salir sutilmente. Kardia apreciaba perfectamente cada gemido,
jadeo que emitía al penetrarlo, desesperándolo nuevamente —Dime… ¿lo quieres
dentro?— pronunció con morbo —Puedo prometerte que será una sensación única...
— Muriendo de vergüenza, Camus asintió, incluso él mismo de desconocía. —Dilo…
quiero escucharlo...—
—K-Kardia… si… lo quiero pero…
¡ahhh….!— antes de que pudiera advertirle sobre el condón, su glande entró de
forma firme en ese estrecho espacio. —Duele...— murmuró tratando de soportar el
dolor, su interior se contraía fuertemente impidiendo el paso del invasor, solo
provoco que su salvador, continuara entrando. Giro sutilmente su rostro para
morder sus labios, como si es fuera a desquitar el dolor que sentía.
—Relájate… o será peor...— murmuro
frotando el miembro de Camus, no se detendría, ni mucho menos le daría
prorroga, lo moldearía a su forma, le enseñaría como tenía que acostumbrarse a
él. —Eres tan estrecho… me encanta como me aprietas cariño...— susurro
limpiando la sangre que quedo sobre sus labios, el movimiento del vaivén se
incrementaba cada que los gemidos de Camus se volvían tenues, quería escucharlo
gritar tan fuerte como fuera posible. Gemidos, jadeos hacían eco en aquellas
paredes, el choque que hacían sus testículos con el suave trasero de Camus,
habían perdido la cuenta de las veces que se habían corrido, sexo, era lo único
que tenían en mente. La posición en la que estaban cambio radicalmente al
arrojarlo nuevamente sobre la cama, ambos estaban al borde del orgasmo, las
estocadas volvieron a tomar su curso, las uñas sobre su espalda lo excitaba, ya
no podía continuar soportando tanto, su cuerpo se quedaba sin fuerzas, mientras
él se llenaba de energía.
—¡Kardia… ya… ya no puedo…. mas…!—
gimió al ya no poder continuar, su próstata estaba tan hinchada que se correría
por última vez. —¡Oh… Kardia!— ambos terminaron al mismo tiempo, Su ser fue
llenado por la esencia del otro, Sin fuerzas, los brazos de Camus se deslizaron
por sus hombros hasta caer sobre la cama, su respiración comenzaba a volver a
la normalidad entre pequeños suspiros. Bien esa noche el demonio pudo haberlo
dejado sin una gota de energía, el cuerpo de ese muchacho lo había dejado
fascinado, al saber que podía soportar eso y más, solo era cuestión de tiempo
para que aprendiera. Sus labios se unieron una vez más, sus músculos se
relajaban poco a poco después de la desbordante actividad. El reloj marcaba más
allá de la media noche, algo alarmante pues Degel no tardaría en llegar. Se
levantó apresurado sin darle tiempo a
que Kardia disfrutara un poco de ese calor después del sexo. —Debes irte...—
apresurado saco un pantalón de uno de los muebles, tomo la mano de su amante
sacándolo prácticamente desnudo de su habitación conduciéndolo a la sala y
dándole sus ropas para que se vistiese. —No tarda en llegar y no debe
encontrarte aquí...— incluso termino por ayudarle, Escucho un ruido en la
puerta principal tratándose de abrir, con la misma rapidez, jalo a Kardia hasta
llevarlo por la puerta trasera del lado de la cocina, abrió la puerta sacándolo
casi a arrastras —Nos vemos mañana...— algo confundido por lo que dijo, ya que
bien podía sacarlo sin darle algún tipo de esperanza, Kardia se acercó a él una
vez más depositando un beso pasional sobre sus labios
—Entonces… hasta mañana...— Sonrió
satisfecho, convencido que tenía a su presa en sus manos. La motocicleta se
desvaneció para no hacer algún ruido, como siempre solo era una ilusión para
atraer a los chicos en noches como esa. Su cuerpo rejuvenecido volvió a su
verdadera apariencia, sus ojos tan rojos como la sangre, un par de cuernos que
se escondían entre esa melena azul y aquellas enormes alas negras que
emprendieron el vuelo en esa noche sombría.
Heris
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