Volver a Amar [Capítulo 07]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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VII.- El comienzo del fin

Los meses pasaban con gran lentitud, al igual que el dolor que crecía en su corazón. Su diosa, misericordiosa oraba cada día por él y por su hijo no nacido, esperando algún día, sean escuchado por su amado. Su mirada empezaba a perder brillo, al igual que sus esperanzas por encontrarlo, su único sustento era su hijo, que crecía cada vez más en su interior. Una sonrisa se dibujó en su rostro al momento de recordar su sueño, donde un pequeño niño de cabellos azules y ojos turquesas corría alrededor suyo. Su risa era contagiosa, y más para los presentes que miraban maravillados, definitivamente era el hijo de Milo, siempre atrayendo la atención de quienes lo rodeaban. Fue buena idea haber ido ese día al coliseo, su hijo llegaría ser un gran caballero en el futuro. En las gradas mirando atentos, se encontraba sentado junto a  Milo, mientras que el pequeño se detenía y los miraba.

— ¡Papá! —gritó desde lejos, alzando su pequeña manito y saludando hacia donde estaban.

Milo se levantó de donde estaban y empezó a caminar hacia su pequeño hijo que mantenía su eterna sonrisa, él también deseaba poder estar junto a su familia, pero... su cuerpo dejó de responderle, miró a su alrededor y todo se había desvanecido. Ya no se encontraba en el santuario, de repente todo se había frío, buscó desesperadamente a Milo y a su hijo, encontrándolos de pie frente a él. Milo le estaba dando la espalda mientras que su hijo estaba de frente, pero ocultaba su mirada con su flequillo.

— No lo permitiré —susurra su pequeño— No lo haré...

— ¿Qué? —sus ojos se agrandan al ver los ojos de su hijo. Los turquesas fueron reemplazados por un color magenta oscuro que resplandecían con furia— ¿Quién eres?

— No lo permitiré... —vuelve a hablar— Lo pagarás... Camus

Un torbellino de fuego empieza a rodear el cuerpo de Milo y su hijo ante la atónita mirada de Camus que no entendía nada de lo que pasaba. En el momento que Camus puede moverse ya era demasiado tarde, ambos peliazules empiezan a alejarse con lentitud, no sin antes el menor voltear para sonreírle socarronamente.

Sus ojos se abrieron y se levantó con rapidez. Su corazón latía con fuerza por el susto que sintió durante su sueño, miró a su alrededor y se percató que estaba en la pequeña sala de Acuario. No sabía en qué momento se había quedado dormido, lo último que recordaba era haber leído el nuevo libro que Mu le había regalado en su última visita al santuario, a veces extrañaba las pláticas que tenía con él y Shaka, pero había notado el distanciamiento de ambos, y aunque Mu decía que no pasaba nada el rubio se veía cada vez más desesperado, incluso el pequeño Kiki estaba angustiado por el comportamiento de su maestro. Miró de nuevo el libro y suspiró.

— ¡Ey! ¿Y ese suspiro? — la voz alegre de Kanon lo distrajo. El gemelo menor llevaba un vientre abultado que mostraba con orgullo, durante las semanas que buscaban a Milo, al final Kanon tuvo sexo con Saga y Aioros, después de que ambos tanto persiguieron a Kanon, éste esperaba un poco de paz, pero con el embarazo del griego tanto Aioros y Saga parecían la sombra de Kanon.

— Sólo estoy cansado...

— Encontraremos a Milo — dice endulzando la voz, se sentó al lado de Camus y lo abrazó un poco. Él también extrañaba a Milo, después de todo fue el menor quien lo perdonó primero y se volvió su amigo.

— Han pasado varios meses... me gustaría que Milo viera como nuestro hijo empieza a crecer.

— Saga está buscándolo, tú sabes que para él, Milo es como su hermano menor, lo conoce mejor que nadie... — se quedó callado al ver el aura negra que rodeaba a Camus — Lo siento... No quise decir eso...

— No, tienes razón. Saga conoce mejor a Milo que yo — hizo una pausa y lo miró — Él sabía del pasado de Milo, y yo que se supone siempre me enorgullecía conocerlo mejor, no tenía ni la menor idea de lo mucho que había sufrido, y lo peor fue que lo lastimé...

— Oye, Milo también tuvo algo de culpa, en realidad ambos la tienen. No debes echarte tú sólo la culpa.

— Pero...

— Milo no estaba del todo curado de aquella herida, por eso se fue — la tercera voz los hizo sobresaltar. Isaac, el único de sus discípulos que aún mantenía una buena relación con Camus, se acercó a ellos entregándoles un paquete a cada uno — Espero les guste, es de una nueva pastelería.

— Gracias — susurra Camus abriendo la caja donde el aroma de un pay de manzana inundó su olfato, agarrando un trozo le dio una mordida — Mmm delicioso.

— Me alegra que le guste — se sentó en el sillón individual y suspiró con cansancio.

— ¿Ocurre algo? — dijo Kanon con la boca llena de donas — ¿Le pasó algo a Julian?

A pesar de haber engañado al dios del mar y a los generales marinos, Kanon aún mantenía ese lazo especial con ellos a quienes veía como niños, entre ellos a Julian, que para él, era el más pequeño del grupo. Isaac que alzó una ceja divertido se mordió la lengua evitando reír por la actitud de mamá gallina que tomaba cuando se trataba del joven heredero.

— El joven Julian está bien, aunque dudo que los demás no — sonrió divertido al ver la cara de incredulidad del mayor y la indiferencia que mostraba su maestro — Hace un mes Sorrento se sentía mal, obviamente tenía algunos vómitos y se sentía cansado, el señor Julian no estaba presente al ir a un viaje de negocios junto a la señorita Kido así que no pudo ayudarlo. Tuvimos que esperar a su regreso y fue ahí que nos enteramos que tenía dos meses de embarazo y que el padre era el mismo Julian, Athena nos explicó que en el santuario mi maestro y tú también lo estaban así que el señor Julian tuvo que quedarse en el templo submarino.

— ¡Por Athena! Estos jóvenes de ahora si que son precoces — susurra el griego.

— Pero recuerdo que una vez Milo y yo vimos que Saga y tú... — no termino de hablar cuando Kanon le tapó los labios.

— En fin... — dijo con un tenue sonrojo en las mejillas — Pero si Julian está todo el tiempo con Sorrento ¿por qué estás tan cansado?

Isaac tuvo que morderse la lengua para evitar reír ante la graciosa situación, tal vez se equivocaba pero... el embarazo de Kanon y Camus los había hecho más... ¿Adorables? sí, esa podría ser la palabra.

— Tuve que hacer cada una de las actividades de Sorrento, y encima a veces tenía que lidiar con el mal genio que se traía cuando no se cumplía sus caprichos, como dije, el señor Julian se salvaba de ese malhumor, en cambio nosotros no. Además que debía ayudarles más ahora que el bebé de Sorrento es un semidiós ¿no han visto que a veces las tormentas se prolongan más de lo debido?

— Eso explica muchas cosas... — susurra Camus — Por cierto ¿Qué haces aquí? ¿te escapaste del templo submarino?

— En realidad vine en nombre de Poseidón, va a invitar a la señorita Athena y al señor Hades a una reunión para entablar una alianza con los habitantes de Asgard. Como mi señor antes manipuló a la representante de Odín quiere tener el apoyo de Athena para ello.

— Y dejaste que los demás se encarguen del genio de Sorrento... ¡Te felicito! te entrené muy bien! — exclamó Kanon — Por cierto, ¿cómo sabías que estaba aquí?

— Fui a Géminis y al ver al señor Aioros y al señor Saga me di cuenta que te estabas ocultando, y como mi maestro también está embarazado pues... intuí que te ocultarías aquí.

— ¡Pff! ¿siguen buscándome? ¿no tienen vida? — se cruzó de brazos, causando las risas de los otros dos.

— Deberías dejarte consentir por ellos... — habló Camus.

— ¡Oh no! esta vez no seguiré ningún consejo tuyo. La última vez que lo hice quedé así — señala su abultado vientre de 5 meses — ¡Ni siquiera sé cuál de los dos idiotas es el padre!

— Creo que es de tu hermano — habló Isaac — Pareces una enorme pelota de playa.

— ¡¿Qué?! —la risa de Camus solo hizo molestar mas al mayor, sabiendo que estaba en peligro Isaac se levanta con rapidez y se dirige hacia la salida del onceavo templo.

— ¡Oh cierto! — se detiene y voltea a ver a su maestro que había detenido su risa al ver la seriedad en el rostro de Isaac.

— ¿Ocurre algo? — Isaac dudó un poco y luego negó.

— Es solo... que... debería hablar con Hyoga, sé que es un idiota por andar detrás de Milo aún sabiendo que era pareja de usted, pero ahora está aislado de todos. Cuando fui a la mansión Kido, ni siquiera Shun podía acercarse a él. Por favor maestro, sé que está molesto porque todo inició por él pero se lo pido como su alumno que olvide ese rencor y trate de hablar con Hyoga.

— ... — Kanon miró a Camus que parecía meditarlo, siempre era muy difícil cuando se trataba de perdonar a una persona que te ha hecho daño, pero era mejor dejar el pasado atrás para poder avanzar. Milo y él se había equivocado y por eso ambos ahora estaban separados, debía cambiar ahora — Hablaré con él...

— ¿En serio? — dijo con sorpresa Kanon. Isaac sonrió y siguió su camino dejando a ambos adultos solos — Realmente estoy sorprendido Camus...

— Shura me lo dijo una vez, debí dejar mi orgullo hace tiempo atrás.

— Me alegro de oírlo... definitivamente el pequeño tendrá un excelente madre.

— ¿Madre? — Camus sintió como un tic apareció en su ojo izquierdo.

— ¡Claro! tú eres quien lo lleva ¿no? — la tranquilidad con la que hablaba Kanon lo hizo suspirar, no podía reclamarle, cuando algo se le metía en la cabeza era difícil darle la contra, miró su vientre de 7 meses y suspiró, solo esperaba que Milo apareciera durante estos días.



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Alistando su último plato miró a su alrededor, todo estaba bien decorado para esta noche, solo faltaba el invitado especial, tenía todo planeado, incluso su pequeño ayudante estaba listo. Luego de tener una larga charla con su maestro lo había decidido. No le importaba si su amado amaba a otro, él lucharía por enamorarlo, aunque no supiera cómo hacerlo. Siempre había sido una persona fría y arrogante con todos, creyendo que lo tenía todo, pero ahora se daba cuenta lo estúpido que había sido, tomó como ejemplo a sus dos compañeros de armas, Milo y Camus, si ellos se hubieran sincerado desde hace tiempo podrían haber sido felices. Él quería ser feliz al lado del ariano. Miró la hora en su reloj y se mordió el labio inferior ¿había logrado convencerlo? Mu no era una persona desconfiada, pero debió ser raro que justamente ÉL necesite ayuda, sabiendo que era demasiado orgulloso para eso. Tal vez debió ir directamente a decirle que viniera, pero Mu últimamente lo estaba ignorando y más al ver la desesperación de Aioria. Apretó con desesperación los puños y miró para todos lados esperando a que llegara pero ya tardaba. No... debía confiar más en el pequeño sólo él podría convencerlo.

— ¡Maestro Shaka! — el aludido se levantó como resorte y vio al pequeño Kiki que corría jadeante hasta donde llegaba.

— ¿Qué ocurrió? ¿por qué luces cansado?

— Estuve corriendo desde Rodorio hasta aquí — Shaka le dio un vaso de agua mientras que lo miraba con una ceja alzada — ¿Por qué no te teletransportaste?

— ¡...! — el menor se palmeó la cara cuando se percató de ese pequeño detalle causando la risa del mayor que le pareció divertida esa reacción.

— No importa... ¿vendrá? — pregunta ansioso, el menor sonríe y alza su pulgar mientras movía su cabeza afirmativamente — ¿Cómo lo hiciste?

— Es un secreto maestro además... — al escuchar los pasos de su maestro un escalofrío recorre su cuerpo y en un parpadeo desaparece, dejando en su lugar una chalina roja.

— ¿Pero qué...?

— ¡Kiki! — su corazón empezó a latir más fuerte cuando escuchó su voz, al alzar la mirada se encontró con Mu que lo miró impresionado y con un tenue sonrojo adornando sus pálidas mejillas — ¡P-Perdón! Creí que Kiki... bueno... su cosmo...

Al mirar a su alrededor su sonrojo se intensificó más y su mirada empezó a opacarse, agachó su mirada algo nervioso y... ¿desilusionado? ¡Espera! eso significa...

— Lamento interrumpir tu... cita — susurra con dolor — ¿Kiki te interrumpió también? Hablaré con él des... — se quedó en silencio al sentir unos cálidos brazos rodear su cuerpo. El corazón de Mu latió con fuerza cuando el abrazo se hizo más fuerte.

— Te esperaba a ti...

— P-Pero... ¿y Aioria? — apretaste los labios al escuchar la voz de tu rival — Pensé que te gustaba... tuvieron una cita...

— ¿Qué? — se separó de Mu sorprendido y luego sonrió con diversión. Mu lo miró embelesado, era la primera vez que lo veía así — Con Aioria nunca pasó nada... él está enamorado de Shura, solo que es un cabezota como para notarlo...

Esas simples palabras lograron desarmarlo, Mu agachó la mirada mordiendo su labio inferior e intentó no llorar por la emoción que recorría su cuerpo. Shaka levantó su rostro y se acercó para darle un beso en los labios. Un grito de alegría se escuchó debajo de la mesa seguido de un golpe en la cabeza. Al voltear vieron a Kiki escondido con una sonrisa nerviosa por haber interrumpido el momento.

— ¿Lo tenían planeado, eh? — dice Mu sin dejar de sonreír, Shaka lo abraza por la espalda apoyando su mentón encima de su hombro y asiente despacio.

— Fue un trabajo en equipo... — susurra en su oído — Kiki lávate las manos... comeremos los tres...



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— ¡¿Cómo puedes soportar esto?! — tirita — ¡¿Creí que los griegos no soportaban el frío?!

— ¡Deje de quejarse maestro Dohko! — gruñe mientras se frotaba los brazos cubiertos por su enorme casaca — ¡Yo también tengo frío!

— ¡Achú! ¡Jo! creo que ya me enfermé...

— Yo le dije que iba a venir a este lugar... ¡usted quiso acompañarme!

— ¡...! — gira el rostro con un tenue sonrojo por la vergüenza y el frío.

Ambos hombres estaban tapados de pies a cabeza, solo dejando libre sus ojos. Después de ir a la mansión donde Milo había sido encontrado por su maestro decidieron buscar el antiguo orfanato donde los niños se encontraban, Zaki, la única mujer del grupo le dio la bienvenida, se había convertido en la directora del orfanato y con la ayuda de algunos de sus antiguos compañeros de celda, lograron mejorar y extender el orfanato. Muchos de sus antiguos amigos al verlo lo reconocieron, felicitándolo por haberse convertido en un caballero dorado. Dohko que veía la escena decidió apartarse un poco y así darle su espacio. En su camino se encontró con una tumba hecha de piedra con la leyenda: Astreos, el mejor héroe que hubiera existido.

Los niños que pasaban por ahí, daban una pequeña reverencia a la tumba y seguían sus caminos, contando la historia del muchacho que salvó a todos los niños. Dohko se acercó a esa tumba y agradeció en voz baja que haya salvado a Milo en aquella ocasión. Después de todo... ahora podría ser feliz.

La mirada esmeralda de Dohko se posó en Milo, luego de aquella conversación Zaki les había dado la dirección del primo de Astreos. Por el cariño que le tenía a su amigo que falleció tan solo siendo un niño, Milo había decidido visitar a ese pariente e informarle todo lo que había vivido su amigo. Tocó un par de veces la puerta y esperó pacientemente. Dohko miró por todos lados, la cabaña estaba algo lejas del pueblo y eso le había extrañado. Al abrir un cosmo extraño se pudo sentir, miró a Milo que parecía no haberse percatado y luego miró al hombre que estaba ahí. La mirada de ese sujeto brilló con intensidad y sonrió, Dohko solo tuvo un mal presentimiento.


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