Du Ciel á L´enfer [Capítulo 3]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)





Capítulo 3: Lien



Aún dolía, pero eso no le iba a detener hasta que dejara a Milo en el salón donde los ángeles estaban reunidos para juzgar su insolencia. A su lado Kanon lo miraba de reojo agarrando con fuerza las cadenas que apresaban a Milo, podía notar como los nudillos de su ala gemela estaban blancos por la presión y sonrió para tranquilizarlo. Él también llevaba en manos las cadenas de oro, su mirada fría y calculadora ocultaba sus verdaderas intenciones. No por nada era un ser astuto y peligroso.

Milo fue arrojado en medio del salón de los juicios, donde, al igual que Kardia, los ángeles de diferentes rangos ya estaban presentes, solo que esta vez había alguien más, un ser a quien le debía mucho, su dios. No levantó la vista, no quería ver los ojos decepcionados de quien lo salvó hace ya miles de años atrás. Saga, quien estaba a su lado lo hizo avanzar un poco más, halando de sus cadenas hasta que quedó a pocos metros de su señor. Aspros miraba con serenidad al ser celestial que empezaría a ser juzgado, ya había ordenado su sentencia, pero no podía actuar hasta que su señor le diera las últimas palabras a aquel ángel.

—Milo… —la voz grave de Dios resonó por todo el gran salón— Atacar a un arcángel es un pecado, y más a ser cómplice de un ángel renegado —la frialdad de sus palabras calaron hasta lo más profundo de su ser. Había condenado su propio destino al estar de lado de Kardia, pero eso no le importaba. Lo volvería a hacer si era necesario. Aceptaría su destino sin rechistar. Milo miró a los ojos celestes de su Dios y sintió un escalofrío— Has perdido una vez tus alas, y aun sabiendo que te las puedo quitar has enfrentado a los arcángeles. No permitiré esta insolencia.

Aspros sujetó sus hombros y dio la orden a Asmita para que empezara. Tal y como lo hizo con Kardia, agarró la daga dorada y agarró el ala derecha. Dio un leve vistazo a Milo que tenía sus pupilas ensombrecidas, ya no había rastro de aquel ángel alegre y juguetón que solía ser. Soltando un leve suspiró lo arrancó de un solo tajo, escuchando como de los labios de Milo, un gemido de dolor escapó, sin darle una oportunidad de recuperarse, arrancó el ala izquierda.

—Tendrás una sentencia similar a la de Kardia, vagarás en el mundo terrenal y vivirás y sufrirás como ellos, pero sobre todo… lo harás lejos de tu preciado humano, si desobedeces, el castigo será peor.

Los ojos de Milo se agrandaron por la sorpresa y en un intento de desesperación intentó librarse del agarre de Aspros que apretaba con fuerza sus hombros y miró con suplica a su señor. Las cadenas de oro se aferraban a su cuerpo causándole cortes profundos en su piel, pero para Milo el dolor físico era irrelevante al saber que ya no volvería a ver a Degel.

— ¡No! Por favor… No me aleje de Degel… por favor. —la sangre escurría y sucuerpo temblaba. Milo sentía su alma destrozada al igual que su corazón que ya estaba hecho añicos. Su mirada se posó en Aspros que lo miraba con lástima para luego ver a Saga que, aunque no lo demostrara, podía vislumbrar el destello de burla de sus ojos.



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Los años lo habían endurecido. Había aprendido el dolor y la crueldad de los humanos, pero también le había enseñado la bondad que podía existir. Ya no había rastros de aquel sonriente y juguetón ángel que solía ser cuando estaba al lado de su ala gemela. Frente a él, se podía apreciar a un ser indiferente y orgulloso, aunque también solitario. Milo sabía que ese día volvería a tener sus funciones como ángel guardián, sus alas habían sido devueltas, pero aún no se acostumbraba del todo. Había olvidado lo pesadas que eran cuando eran nuevas. Incluso al verse en el reflejo del agua pensaba que eran más grandes que las anteriores.

En la tierra el sol empezaba a ocultarse y desde el techo en donde se encontraba podía apreciar la belleza del atardecer. Sonrió apenas y cerró los ojos dejando que el viento empezara a juguetear con sus cabellos. Un destello dorado apareció rodeando su cuerpo y giró su cabeza para encontrar el origen de ese extraño sentimiento que creyó no volver a sentir. Sin saber por qué sus ojos lo guiaron hacia abajo, donde un humano de cabellos verdes caminaba con elegancia. Sintió una opresión en su pecho y se acercó con sigilo para apreciarlo. Tenía la sensación de haberlo visto antes, de conocerlo. Quiso acercarse pero la presencia de otro ser apareció rondando al humano, sin que este estuviera consciente de ello.

Buscó con la mirada la extraña presencia mas no lo encontró, un extraño sentimiento de nostalgia lo invadió al percatarse que ese muchacho de larga cabellera se había marchado.

— ¡Aquí estas! —dio un leve respingo al escuchar la voz molesta de Lune, alzó su mirada para encontrarse con los amatistas de su superior, atrás de él a unos metros de distancia se encontraba Kanon que contenía sus carcajadas.

— ¿Ocurre algo Lune? —preguntó con naturalidad sin sentirse cohibido por la furiosa mirada que le dirigía.

— ¡Y todavía lo preguntas Milo! ¿Sabes la hora que es? ¡Ya es tarde!

—Ya déjalo Lune —habló por fin Kanon que se veía más tranquilo, aunque aun así no quitaba la sonrisa de sus labios— Debemos irnos, vas a volver a tener a tu humano de vuelta…

Aquellas palabras hicieron que los ojos de Milo volviesen a brillar, aunque su rostro indiferente no lo demostrara, estaba contento de saber que podría reunirse con su amado humano. Abrió sus alas y sin esperar por sus dos amigos, se dirigió hacia el cielo, donde el palacio abría sus puertas por su llegada. Kanon y Lune compartieron una mirada asombrada por la velocidad que adquirió Milo para su vuelo.

—Ni siquiera me dejó terminar —ambos arcángeles soltaron un suspiro resignado, aunque no lo admitieran, ya extrañaban al revoltoso ángel que era Milo.

—Ya se enterara cuando hable con nuestro señor… regresemos.

Alzaron vuelo rumbo al cielo. Milo ya estaba a unos metros de llegar hacia el salón principal donde su señor le esperaba para indicarle sus nuevas órdenes, pero en eso fue detenido por Minos que tenía los brazos cruzados y su rostro relajado.

—Minos… —el arcángel abrió sus ojos que casi siempre solían estar tapados por su flequillo y lo miró unos segundos para luego sonreírle con burla.

—Sigues siendo un perezoso, tienes suerte que soy benevolente e intenté distraer a nuestro señor y a Saga.

— ¿Él… él está ahí? —Minos pudo notar el leve temblor en la voz de Milo y arqueo una de sus cejas.

—Sí… ¿sucede algo? —Milo se quedó en silencio y negó con rapidez la cabeza para luego sonreírle.

—Voy a entrar, con tu permiso… —dio unos cuantos pasos hacia adelante, pero fue detenido por el agarre de su brazo. Miró a Minos sin entender lo que pasaba.

—No seas impulsivo a hacer tu deber Milo. Si el humano asignado, es llevado a la oscuridad perderás tus alas y serás condenado al exilio en la tierra, hasta el día que muera tu protegido. —Milo no habló más, sus ojos volvieron a ensombrecerse y abrió las enormes puertas doradas, con decorados marrones, donde podía apreciar la belleza de aquellos ángeles que lucharon contra los demonios, hijos de Lucifer.

—Milo… —la voz grave de Saga lo sacó de sus pensamientos, los ojos verdes de ese arcángel siempre lo inquietaban. — Nuestro señor te está esperando. —Milo caminó con parsimonia y se hincó a los pies del supremo. Escuchando atento a cada palabra de lo que su señor le indicaba. Sería una misión difícil encontrar a su humano, pero debía tener fe en su lazo con él.

— ¿Lo has entendido? —preguntó su señor al finalizar, Milo asintió con suavidad y se levantó. No recordaba el rostro de aquel niño ni recordaba su nombre, su castigo era alejarse de su humano, y como Saga había sugerido le borraron parte de sus recuerdos con él.

Salió del recinto con pasos apresurados sintiendo que aquel vacío era reemplazado con un extraño cosquilleo. No miró hacia atrás, no miró a su Dios que tenía una leve sonrisa, ni a Saga que había fruncido el entrecejo.
Sus alas largas y enormes, hermosas para el ojo humano, pesadas para él, era una prueba más que el destino le tenía previsto. Sus ojos cerrados, siendo guiado únicamente por su intuición, estaban relajados. Según lo que su señor le había ordenado, debía sentir el lazo que lo unía con su humano, y para eso necesitaba concentrarse. El viento jugueteaba con sus cabellos y por unos momentos se sintió libre, completo. Al abrir los ojos sonrió con orgullo cuando encontró la luz a través de su propio túnel negro.

Aterrizando con elegancia ocultó sus alas y cambió de vestimenta, ahora lo único que faltaba era hallar a su humano y empezar con su destino.



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UNIVERSIDAD DE ATENAS



Degel Lamarck era un joven estudiante de la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, tenía veintidós años y tenía un hermano menor de dieciocho años llamado Camus, su vida había cambiado desde que era un niño. Sus padres habían muerto hace algunos años dejándolo a muy temprana edad al cuidado de Camus.
Su vida había sido muy dura y difícil para el muchacho que tenía que trabajar las veinticuatro horas para que Camus tuviera una vida normal y plena. Estaba ya en su último ciclo apunto de realizar su tesis que lo ayudaría a entrar a trabajar en la Universidad en el área de pediatría, y poder ayudar a los niños.

—Muy bien Degel… me tomé el atrevimiento de invitar a otro colega para que le demos un vistazo, dame una semana y vienes para que te defina la fecha —habló el asesor de titulación, el cual le tenía mucha fe al trabajo del galo.

—Se lo agradezco… Entonces yo lo busco el próximo martes doctor — con una suave reverencia, se despidió del Doctor y su amigo que lo atendían en una de las aulas de la universidad.

Su mente empezó a divagar entre los dolorosos recuerdos de su infancia. Para Degel, Camus era y es lo más importante de su vida, y saber que casi lo había perdido cuando eran niños le oprimía el corazón y le destruía el alma.

—Oh dios, perdón —susurró al chocar contra alguien.

—Tsk —el desconocido chasqueo la lengua fastidiado, se agachó para recoger los papeles que traía consigo siendo ayudado por Degel que lucía apenado por su torpeza.

—Estaba muy distraído… de verdad discúlpeme joven —juntó los documentos notando que en uno de los papeles tenía su foto, extrañado por ello parpadeó un par de veces para luego señalar su foto—  Perdón la intromisión… pero este soy yo — a alzar su mirada, se topó con las turquesas del desconocido, un extraño sentimiento de nostalgia lo invadió. El muchacho le sonrió haciéndolo sonrojar— ¿Es usted uno de mis sinodales para mi examen final? ¡Qué educación la mía! Soy Degel Darcy —extendió la mano al momento de levantarse, esperando a que el otro le estrechara.

—No importa… —susurró intentando calmar sus nervios que lo atormentaban al no saber cómo encontrar a su protegido al alzar la mirada quedó embelesado por la belleza que aquel muchacho desprendía, y sin darse cuenta sonrió— Es un placer joven Darcy. Mi nombre es Milo Thalassinos, es un gusto. —al tomar su mano podía sentir como una corriente eléctrica recorría su cuerpo entero. Un recuerdo lejano, oculto entre las sombras de un olvidado pasado, apareció en su mente. Un niño de grandes amatistas le sonreía con inocencia, haciendo que su corazón latiera con fuerza y su cuerpo se estremeciera. El ángel ensanchó su sonrisa cuando encontró a su joven protegido. Degel había cambiado bastante desde la última vez que se vieron, su vestimenta era de colores sobrios, como el gris y el blanco, usaba unas gafas rectangulares que lo hacía ver más atractivo de lo que ya era y su cabello tan largo que se encontraba sujeta a una media coleta. — Si… Espero buenos resultados…

—Emmm no entiendo ¿buenos resultados sobre…? —Sus ojos se agrandaron por la sorpresa al saber que el joven frente a él sería el encargado de revisar su tesis— Mejor dígame profesor cuando puedo tener una cita con usted para que me dé sus puntos de vista y esto quede perfecto.

—Cuando desee joven Darcy. Será todo un placer. —ambos empezaron a caminar cuando Milo hizo una seña. La universidad era enorme y no había muchos estudiantes deambulando en los pasillos, dándole una oportunidad para estar al tanto de la vida de Degel. — Háblame un poco más de tu tesis —mientras más avanzaban más sentía que empezaba a recordar un pasado distante.



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NOTAS:

Lune: (Arcángel Sariel) = Trabaja junto a Ramiel, pues él es quien juzga la bondad y la maldad de los corazones.

Minos: (Arcángel Ramiel) = Es el encargado de quienes pueden reencarnar y quiénes no.

Aspros: (Arcángel Miguel)  Jefe del ejército celestial, abogado del pueblo de dios

Asmita: (Arcángel Rafael) Sanador, medicina de dios, (se traduce como limpiador de pecados)

Kanon: (Arcángel Raguel) = Quien observa a todos los ángeles que estén haciendo bien su trabajo con los mortales según la voluntad de ordenes divinos.

Aiacos: (Demonio) = Uno de los hijos de Lucifer, y el único que ayuda a Milo en el inframundo, cuando éste perdió la primera vez sus alas.



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