miércoles, 30 de diciembre de 2015

Volver a Amar [Capítulo 05]

Volver a Amar


Clasificación: No menores de 18 años (NC-17)

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sino a su respectivo creador Masami Kurumada y Shiori Teshirogi

Género: Romance, Aventura, Drama

Advertencias: Lemon, Muerte de un Personaje

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (hombre/hombre) no leas.

Resumen: Milo y Camus eran la pareja más sólida del santuario, hasta que la llegada de Hyoga, logra separarlos. La traición, el resentimiento y el orgullo serán los obstáculos más difíciles de superar. (Yaoi) (Milo/Camus) 


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V.- ¡La Cita!

La charla con Kanon lo había dejado pensativo, deseaba tanto terminar aquella farsa, estaba enamorado de Milo, y ayer ambos lo habían confesado, bueno, tal vez no con palabras pero sí con sus cuerpos eso era algo ¿verdad? Suspiró otra vez al no tener una respuesta. Miró hacia al frente y vio a Milo que estaba recostado en una de las columnas de su templo. Sus brazos cruzados y los ojos cerrados lo hacían ver tranquilo, y aquellos labios entreabiertos lo hacían apetecible. Se relamió los labios sintiendo deseos de besarlo, pero sabía que si hacía eso, estaría condenado a recibir las 15 agujas en su cuerpo. Lo mejor sería arreglar las cosas, tal y como le había aconsejado Kanon debía disculparse por haber herido a Milo y dejar que éste le dijera lo que una vez le negó. Mientras más se acercaba sus nervios aumentaban cada vez más. Respirando hondamente se dispuso a hablar pero la voz de Milo lo interrumpió.

— ¿Sabes que es una descortesía entrar sin anunciarse? ¿Y encima quedarse viendo a alguien sin saludar?

—Estaba por anunciarme.

—Sí, claro. —respondió con sarcasmo, abrió sus ojos dejando ver aquellos turquesas que lo enloquecían. — ¿A qué se debe el honor de tener en mi templo a Camus de Acuario?

—Vengo a disculparme… por lo de ayer.

— ¿Qué pasó ayer? —Camus lo miró con el entrecejo fruncido ¿acaso Milo jugaba con él?— Si te refieres a lo del sexo pues no me interesa.

— ¿Sexo? Así es como lo llamas luego de hacer…

— ¿Hacer qué? —lo retó a terminar su frase, Camus agachó la mirada sin poder sostener la de Milo. Un nudo se formó en su garganta. — Si has venido por eso, será mejor que te retires… Tengo cosas que hacer.

—Ah sí. Olvidaba que ahora le andas calentando la cama a un chiquillo de 14 años

—Te recuerdo que tú haces lo mismo, pero con uno de 13. —Camus apretó los puños molesto. Había ido a disculparse con Milo pero lo único que éste hacía era irritarlo con sus palabras.

—Quería arreglar las cosas y disculparme por haberte herido…

— ¿Herirme? ¿Quién te ha dicho semejante mentira?

—Milo…

—Acuario tengo cosas que hacer. —A Camus esas palabras le dolieron, pero sabía que ahora razonar con Milo era imposible. Éste se encontraba molesto y no podía hacer más.

—Te dejaré tranquilo entonces…

—Espera —Camus volteó sintiendo una pequeña esperanza, pero Milo aún tenía su rostro indiferente. — La cita… ¿a qué hora será?

—Yo vendré por ti a las ocho de la noche. —Ante esto Milo hizo una mueca inconforme. — Y Shun vendrá por Hyoga así que no te preocupes.

— ¿No sería más fácil recogernos ambos?

—No deseo verlo.

— ¿Y qué te hace pensar que yo deseo verte?

— ¿A que le temes Milo? —Milo se quedó mirándolo y suspiró.

—A ti no. —se acercó hasta Camus quedando a unos centímetros. — Si te tardas te mandaré mis 15 agujas, Acuario. —Se dio media vuelta para adentrarse a sus aposentos.

Camus suspiró y se fue a su casa. Sus planes habían fallado… otra vez. Milo al sentir el cosmo de Camus lejos de su templo, se recostó en su cama y empezó a llorar, a pesar de saberse usado por el francés aún lo amaba, pero su orgullo no le permitía permanecer a su lado.

—Camus…



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                        TEMPLO DE VIRGO



Shaka daba vueltas en su habitación, algo extraño en él. Por más que intentaba meditar y concentrarse la mirada entristecida de Mu aparecía en sus pensamientos, hace ya un tiempo que no lo veía ya que éste se encontraba entrenando a Kiki en Tíbet, el único que tenía comunicación con el lemuriano era Aldebarán  y aunque intentara preguntarle cuando regresaba Mu al santuario, nunca lograba sacarle información. Ya ni sus charlas por telepatía funcionaban, ya que ambos siempre tenían cosas que hacer, o por lo general Mu paraba ocupado y ahora que se veían el pelilila se va de nuevo.

—A ver Shaka, piensa. —Se decía así mismo. — ¿Qué habrá pasado para que Mu esté así? —trataba de encontrar algo pero nada. Lo único que se le venía a la mente era esa pequeña conversación, donde Mu mencionó su cita con Aioria y… ¡eso era! ¡La cita! Cuando Mu había mencionado la cita que tuvo con Aioria tenía una sonrisa entristecida.

—Mu… —susurró. — ¿Te has enamorado de Aioria?

                        Apretando sus puños salió de su habitación para ir a meditar. Por alguna razón al saber que Mu estaba enamorado de Aioria lo irritaba. Estaba muy seguro que él no amaba a Aioria, lo había comprobado cuando fueron a la cita, entonces, eso solo significaba que estaba molesto por Mu y su enamoramiento hacia Aioria. Sus pasos se hacían más lentos cuando pensaba en esa posibilidad. Mu era su mejor amigo. La única persona con la cual se sentía en paz. Siempre había sido así desde que ellos eran niños. Incluso nunca permitía que nadie más se le acercara a parte de Aldebarán, o tal vez de Milo, Camus y Aioria con quienes frecuentaba más.

—No puede ser… —susurró mientras abría los ojos, dejando ver el color del cielo. — Estoy… estoy enamorado de Mu. —al decir esto un extraño calor apareció en su corazón. Soltó un suspiro y una sonrisa enternecida apareció.

—Pero Mu ama a Aioria. —cerró los ojos y se sentó para meditar un poco.

                        Unos pasos acercándose a velocidad podían escuchar, sin poder evitarlo ya tenía un pequeño peso sobre él.

—Oh lo siento maestro Shaka. —El santo de virgo abrió los ojos al reconocer la aniñada voz de Kiki. — ¿Por qué está meditando en medio del camino?

                        Solo en ese momento Shaka se percató que no estaba en su acostumbrado lugar de meditación. Ayudando al pequeño discípulo de su amigo a levantarse, sacudió sus ropas.

—Lo siento… ¿Qué hacías corriendo?

— ¡Ah sí! —Gritó emocionado, Shaka cerró un ojo al escucharlo pero aun así sonrió. — Deseaba hablar con usted acerca de mi maestro —Shaka lo miró, atento.

— ¿Qué ocurre con Mu? ¿Le pasó algo malo? —Kiki movió su cabeza negando.

—Parece que mi maestro no se ha sentido bien desde ayer en la tarde ¿Podría tratar de hablar con él?

— ¿Eh…? —su corazón latió con fuerza en su pecho, desde la tarde de ayer fue el día en que Mu se fue cabizbajo al saber lo de la cita.

—Mi maestro anda muy distraído y se aísla de todo… derrama su café y rompe algunas armaduras que debía reparar y por más que trato de animarlo y peguntarle que le pasa, él me dice que no es nada. Aldebarán dice que tal vez es algo de lo que no pueda hablar porque soy un niño, así que pensé, tal vez mi maestro sea capaz de hablar fácilmente contigo.

—…Sí, tal vez… —con la manera en que Kiki lo estaba mirando con evidente esperanza en sus ojos, no podía negárselo. No podía decirle que probablemente la culpa era suya por haber estado en una cita con Aioria, aunque él no sabía que Mu estaba enamorado de Aioria.

Sin embargo, Kiki parecía más aliviado sabiendo que Shaka se encargaría. — ¡Se lo agradezco maestro Shaka!

                        Sintiendo la adrenalina recorrer por sus venas, se abrazó con fuerza al cuerpo del hindú, Shaka estaba sorprendido por la muestra de afecto que el menor le procesaba en esos instantes no supo qué hacer. Al separarse del mayor Kiki le regaló una enorme sonrisa. — ¡Por favor cuide de él! Nos vemos más tarde.

—Adiós~

                        Al quedarse solo nuevamente, se sentó a meditar, esta vez en los sales gemelos. Necesitaba hablar con Buda, pedirles sus consejos, porque francamente y por primera vez, no sabía que decir o qué hacer.



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Respiraba agitadamente. Se limpió los rastros de sudor que caía sobre su frente y mejillas. Mientras intentaba en vano relajarse. ¿Y cómo podía hacerlo? Ayer se había enterado que su mejor amigo estaba enamorado de él. ¿Cómo no se dio cuenta antes? Él siempre se había sentido atraído hacia Shaka que había ignorado los sentimientos de Shura. Se miró al espejo otra vez, estaba cansado. Hace unas horas que evitaba a Shura, aunque claro, el décimo custodio no hacía mucho esfuerzo por querer entablar una conversación con él.

— ¿Qué voy a hacer? —Susurró mirando con insistencia su reflejo, como si este pudiera darle una respuesta. — ¡Soy tan idiota por no haberme dado cuenta, antes!

— ¡Vaya! En eso estamos de acuerdo, gato. —Aioria miró a través del espejo hacia la puerta, donde se encontraba Milo de brazos cruzados y apoyado en el marco de la puerta.

— ¿Qué quieres Milo?— preguntó fastidiado. ¡Lo único que le faltaba! Ser víctima de las burlas del escorpión.

— ¡Qué mal amigo! Y yo que venía a ver que te pasaba, pero bueno, si no deseas mi presencia me voy. —cuando ya se había dado la vuelta Aioria reaccionó a tiempo y lo detuvo de brazo.

— ¡Espera! —Milo lo miró indiferente pero esperó a que Aioria hablase. — Ayúdame Milo.

—Por eso estoy aquí idiota. —dijo divertido el octavo custodio.

                        Aioria y Milo se fueron hacia la pequeña cocina. Milo miró la cocina con curiosidad al encontrarla limpia y ordenada, algo extraño ya que Aioria solía ser algo desordenado con sus cosas.

—Aioros me mantiene vigilado las veinticuatro horas desde que revivimos, por eso mi casa está más ordenada. —comentó Aioria, poniendo una taza de chocolate frente a Milo.

—Aioros siempre fue un maniático de la limpieza y el orden, no me sorprende que te haya obligado. —susurró divertido, ante la mueca de disgusto del castaño.

— ¡No me lo recuerdes! —Milo rio a carcajadas, como hace tiempo no lo hacía, pero luego cayó de repente para mirar a su compatriota.

— ¿Qué pasó entre Shura y tú? —Aioria suspiró apoyando su rostro encima de su mano, que estaba apoyada en la mesa.

—Me dijo que me amaba. —Milo se sorprendió al escucharlo. ¡Al fin Shura se lo había dicho! Pero por lo que notaba no había salido nada bien.

— ¿Lo rechazaste? —preguntó, temiendo por la salud emocional de su hermano español.

—No… —susurró apenas el de leo.

—Entonces lo aceptaste.

—Tampoco —Aioria volvió a suspirar, esta vez agarrándose la cabeza con ambas manos. — ¡No le dije nada! Solo… solo salí corriendo.

— ¡Que valiente! —dijo con sarcasmo Milo, Aioria lo miró con mala cara. Milo era la personificación de la delicadeza, pensó con sarcasmo Aioria.

— ¡Cállate o no te digo nada! —Milo chasqueo la lengua fastidiado pero no dijo nada más. — Desde ese momento ninguno de los dos ha vuelto a acercarse al otro.

                        Por la expresión derrotada de Aioria, hacía pensar a Milo. Era cierto que Aioria era un hombre muy despistado cuando al romance se tratara, y tal vez, aún no se haya dado cuenta de lo que realmente siente por Shura.

—Oye Gato… ¿no te has puesto a pensar en lo que sientes por Shura?

— ¡Él es mi mejor amigo! —Milo alzó una ceja incrédulo al escuchar esas palabras. — Aparte de ti, claro.

—Si amistad es lo que sientes, ¿Por qué no lo has rechazado? —Aioria enmudeció ante la lógica de Milo— Pero si no lo has hecho hasta ahora, es porque te gusta Shura, o por lo menos sientes algo más hacia él.

— ¿Desde cuándo te has vuelto sabio? —preguntó con cierta desconfianza el quinto custodio. Milo frunció el entrecejo y levantándose de su asiento le dio un golpe en la cabeza a su amigo. — ¡Ey!

— ¡Idiota! —diciendo esto salió rumbo a su templo. Miró la hora y suspiró, quedaban menos de tres horas para la cita doble y no deseaba demorar más.

                        Subir las escaleras hacia su templo era un martirio. Deseaba tanto que el tiempo se detuviera en ese instante, cerró sus ojos y se apoyó en una columna destruida, entre las casas de libra y escorpio.

— ¡Ey! ¿Qué te ocurre pequeño? —abrió sus ojos al reconocer aquella voz. Sorprendido miró a su interlocutor.

— ¡Saga! —Al decir su nombre se abalanzó hacia el mayor como cuando era un niño, apoyando su cabeza en el amplio pecho del mayor. — ¡Hace tiempo que no hablaba contigo!

El rostro feliz de Milo enterneció a Saga que sonrió como antaño, dejó de lado esa máscara fría y seria que solía poner ante los demás. Se alegraba de haber pasado por libra. Luego del intento fallido de hacer un trío con Aioros y Kanon, donde su gemelo se fue molesto por la pelea que tuvo con el arquero, decidió que lo mejor era irse y darle un espacio a su igual.

— ¿Vamos a Escorpio? —el menor asintió emocionado. Tal vez Saga podría ayudarlo.

Al llegar a su templo Milo dirigió al mayor hacia su habitación, donde ambos se sentaron en la cama del dueño. En ese momento Milo sintió que volvía a ser ese niño de seis años que corría a los brazos protectores del geminiano cada vez que se sentía triste.

— ¿Hace cuánto que no nos reunimos los dos? —preguntó Saga, acariciando los cabellos rebeldes de Milo.

—Desde que desapareciste y decidiste ser Arles. —Susurró Milo cerrando sus ojos. Había apoyado su cabeza en las piernas del mayor, que detuvo sus caricias. — ¿Saga?

— ¿Te decepcioné? —preguntó mostrando su rostro desencajado, esperando la respuesta del menor.

—Un poco… —susurró acurrucándose. — Pero luego, cuando luchaste con nosotros en el muro de los lamentos, mi decepción fue disminuyendo.

Saga levantó a Milo y ambos se recostaron, Saga sobre el respaldo de la cama y Milo en su pecho. Las luces estaban apagadas, dejando la habitación en penumbras, alumbrada solamente por la luz de la luna que bañaba el rostro de ambos griegos.

—He escuchado rumores, Milo. —Milo levantó un poco el rostro mirando a Saga sin entender lo que estaba pasando. — ¿Qué ha pasado entre Camus y tú?

—No confía en mí. —susurró la voz empezaba a quebrarse y sus ojos se anegaron con lágrimas que trataban de salir. — Comenzó cuando Hyoga y los demás vinieron al santuario. Él no dejaba de acosarme hasta el punto de hacer que recordara todo los momentos vividos con él, y cuando dije que no paraba de pensar en el cisne, justo Camus había llegado, escuchándolo.

            Un sollozo se escuchó. Saga acarició su espalda transmitiendo su apoyo.

—Pase 2 meses tratando de que me perdonara, pero luego… lo vi besándose con Shun y entonces decidí olvidarme de él, cuando lo vi anunciar su noviazgo con Andrómeda Hyoga y yo anunciamos nuestro falso noviazgo.

—Vaya… qué enredo —comentó Saga suspirando, una parte de él se sentía culpable por no haber estado en esos momentos con Milo y la otra sentía unas ganas enormes de matar a Camus por osar lastimar a su pequeño hermanito.



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                        HACE TRECE AÑOS ATRÁS



Desde que Milo había ingresado al santuario, era un niño muy solitario, incluso no dejaba que nadie se le acercara. Era el único de los 12 aspirantes que había visto cómo sus padres fueron asesinados frente a sus ojos y el trauma lo hacía desconfiar de todos. Incluso era el aspirante más silencioso, ganando a Shaka o incluso al mismo Camus. Su aislamiento no pasó desapercibido por Shion, que le había ordenado a Saga ir a hablar con el pequeño Milo. Al principio Saga, que era tan solo un adolescente en ese entonces, no entendía porque debía ser él quien tuviera que hablar, más no dijo nada, y mientras más se acercaba, más entendía las razones del patriarca.

Milo estaba sentado debajo de un enorme árbol mirando absorto el entrenamiento de los aprendices que no se percató en el momento en que Saga se acercaba. Para el joven aprendiz de Escorpio interactuar con las personas era muy difícil y no tenía intenciones de crear vínculos con otros, ni siquiera con su maestro o los caballeros dorados, para Milo, era una pérdida de tiempo ser un caballero dorado y proteger a una diosa que no conocía, incluso dudaba que existiera.

— ¿No te gustaría acercarte? —preguntó Saga, exaltando a Milo, que volteó mirándolo furibundo. — ¿Qué pasa?

— ¿Nunca te han dicho que no deberías meter tus narices en donde no te llaman? —preguntó con ferocidad, descolocando un poco a Saga que sonrió de nuevo.

— ¡Vaya! Qué carácter guardas Milo.

—No me hables con tanta confianza Géminis —el pequeño se levantó mostrando su mirada seria y señalándolo con su dedo, donde la pequeña uña empezaba a ponerse roja hasta parecer un aguijón, sorprendiendo aún más a Saga que no pensaba que un niño que casi nunca entrenaba pudiera conocer o realizar la Scarlet Needle.

—Tranquilo… solo vengo a hablar. No hay necesidad de ser tan brusco —susurró tratando de ganar la confianza del pequeño, pero Milo no daba su brazo a torcer y chasqueo la lengua, aún más molesto.

—No quiero hablar con nadie, ni siquiera contigo. ¡Déjame solo! —Se levantó de golpe y dio media vuelta dispuesto a irse a otro lugar pero Saga lo agarró del brazo jalándolo hasta abrazarlo. — ¡¿Qué tienes?! ¡Suéltame!

            El alboroto que protagonizaban, llamó la atención de varios aprendices, entre ellos a algunos caballeros dorados que miraban con sorpresa como el joven caballero de Géminis había tenido el valor de acercarse al niño de grandes turquesas.

—No te voy a soltar —susurró cerrando sus ojos, recibiendo cada golpe que Milo lanzaba, no le importaba si tardaba mucho en lograr tranquilizar al niño que no dejaba de quejarse y gritar, Saga haría todo lo posible para que Milo confiara en él. En eso, Milo cansado, deja de luchar y gritar, para dejarse caer sobre Saga. El caballero de Géminis creyó que por fin había logrado algo, más no esperó que Milo llorase en su pecho. — ¿Milo?

—Por favor… ya no más… —el llanto suave y lleno de dolor estrujaba su corazón, sabía que Milo había tenido un horrible pasado, y podía entender que no confiara en nadie por la muerte de sus padres, pero por eso estaba él. Saga ya no veía como una misión, él realmente quería ayudar a Milo.

—Todo estará bien… yo estoy contigo…

— ¡No! No quiero promesas falsas… —susurró aferrando sus deditos en la armadura.

— ¿A qué te refieres? —preguntó frunciendo el entrecejo.

—Él… él me dijo que me ayudaría, pero solo me engañó —susurró enterrando su carita en el amplio pecho del mayor. Saga no supo que decir a eso y solo se limitó a abrazar el cuerpo del menor.

—Milo…

—Él me vendió… me hizo cosas feas… él me usó… —las palabras tan vacías, demostrando solo un profundo dolor y rencor hizo estremecer a Saga ¿Qué decirle a un niño que ha pasado por un cruel pasado que ninguno estuvo consciente?

—Ahora estás a salvo… ese hombre no te hará nada. —trató de tranquilizar Saga, más Milo alzó su mirada dejando, por primera vez, ver sus ojos reflejando el dolor que sentía.

—Yo solo quería estar con mis padres… solo quería volver a lo que era mi antigua vida, pero el pasado no puede volver. —Hizo una pausa y miró a Saga directamente a los ojos. — Una vez que algo ha sido perdido, jamás regresará.

—Milo… —abrazó con fuerza sin llegar a lastimar a su pequeño compañero y cerró los ojos, comprendía en cierta forma a Milo, después de todo, él también era igual que el niño. — No importa lo que pase ahora, yo te juro por mi vida que jamás te defraudaré.



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—Milo… —el suave movimiento en su hombro lo hizo despertar ¿en qué momento se había quedado dormido? Con pereza miró hacia donde estaba Saga que tenía esa sonrisa amable como antaño.

— ¿Qué hora es? —susurró incorporándose, notando que traía solamente su pantalón de dormir, miró a Saga que se acomodaba mejor. Ya no tenía su armadura y al igual que él solo llevaba un pantalón.

—Creo que son las ocho y media —susurró mirando el reloj de la pared.

— ¡¿Qué?! —dijo alterándose, Saga parpadeó un par de veces sin saber la razón por la cual lucía desesperado. Miró con diversión como Milo se levantaba y recogía su ropa, para luego correr a su armario y sacar apresurado todo lo que usaría y ponerlo en la cama. Sin importarle que Saga lo estuviera mirando se empezó a desvestir dejando a la vista la marca en su espalda.

—Esa marca… —Milo se detuvo al escuchar la voz de Saga y giró a ver aquella cicatriz que lo seguiría hasta su muerte.

—No es nada… solo no lo menciones. —Saga asintió y lo ayudó a vestirse. Mientras que Milo se terminaba de abotonar la camisa, el geminiano agarró un cepillo y empezó a peinar cada hebra azulada, amarrándola en una coleta a la mitad.

—Estás listo —ambos sonrieron un poco, y luego de despedirse, Milo salió dejando a Saga solo en su habitación.

            Milo corrió hacia la entrada de su templo, esperando que el plan que tenía con Hyoga no se echara a perder por haberse quedado dormido, pero lo que más le sorprendió era ver a Camus apoyado en una de las columnas con los ojos cerrados. Dejando solamente que la luz de la luna, reflejara su rostro.

— ¿Tuviste buena noche? —susurró con voz sombría.

—Tal vez… pero eso no es algo que deba importarte ¿o sí? —preguntó relajándose para luego caminar hacia él. Camus abrió sus ojos y estiró su brazo para que Milo la rodease, éste frunció el ceño y desviando la mirada camino de frente. — No soy una chica Camus. No trates de ser galante.

—Oh. Creí que te gustaría eso.

—Cállate —Camus bajó su brazo y caminó a la par de Milo, descendiendo ambos por los templos. Sorprendentemente, todo el lugar estaba silencioso y eso que aún era muy temprano. Milo y Camus llegaron hacia la primera casa, encontrándose con Mu que los esperaba.

— ¿Mu? —susurró Milo sin saber por qué él estaba ahí, creyó que estaba en Tíbet.

—Hola Milo. —Miró a Camus que asintió y tomó las manos de ambos para teletransportarlos hacia la entrada de un lujoso restaurante. — Bueno muchachos… me despido. Que tengan una agradable velada.

—Gracias Mu —dijo Camus con una leve sonrisa. El lemuriano asintió y se fue sin decir nada más.

— ¿Qué fue todo eso? ¿Por qué Mu piensa que estoy en una cita contigo? —susurró con desconfianza a Camus que solo se alzó de hombros.

—No sé —la escueta respuesta no le gustó, pero resignándose entró junto a Camus.

            El lugar era elegante, demasiado para el gusto de Milo que no acostumbraba ir a esos lugares. Un restaurante francés con candelarios sobre el techo, música en vivo, tocando melodías suaves y románticas, mesas adornadas con flores y manteles tan blancos que competirían con la nieve. A este lugar solo iba gente elegante y adinerada, gente como Camus, que estaba familiarizado con todo el lugar. Milo sonrió apenas, recordando aquellos tiempos de su niñez, un pasado distante en donde siempre creía que Camus era un príncipe.

—Debí suponerlo —susurró para sí mismo, Camus volteó a verlo pero no dijo nada. Al instante un mesero llegó por ellos y los guió a su mesa donde Hyoga estaba sentado de brazos cruzados y los ojos cerrados, mientras que Shun miraba por la ventana. Al escuchar sus pasos volteó sonriendo.

— ¡Camus! Llegaste —la hermosa sonrisa que le regaló al galo fue correspondida. Milo e Hyoga solo asintieron a modo de saludo y se sentaron juntos.

—No iba a perderme la cita… no porque alguien se quedó dormido junto a un inesperado acompañante —Milo lo miró ceñudo dándole una patada en la pierna, mientras Camus solo sonreía satisfecho. El mismo mesero que los guió, volvió a aparecer trayendo consigo cuatro cartas, entregándoles a cada uno. Milo no entendía nada de lo que decía y suspiró. — ¿Deseas que te ayude?

—No —respondió Milo dándole un suave codazo a Hyoga para que le tradujera los platillos. Ninguno se dio cuenta que Camus y Shun se miraron divertidos y siguieron en su mundo.

—Espero que disfruten esta cena. —Habló Shun trayendo las miradas de ambos que no entendían a que venía eso. — Esta noche es especial… a parte de un gran espectáculo, hoy les diremos una gran noticia.

— ¿Una noticia? —preguntó Hyoga que no había hablado en toda la noche con Shun— ¿Qué clase de noticia?

—Debes esperar a que terminemos de cenar, Hyoga. —la sonrisa de Shun no le gustaba, una vez que ambos decidieron pedir el lugar quedó en completo silencio. Solamente roto por las suaves melodías del piano y los violines.

—He escuchado que su relación va bien. Dime Hyoga… ¿confías en Milo? —Milo alzó una ceja con la extraña pregunta de Camus.

—Claro que confió en Milo —contestó fríamente Hyoga.

—Oh, me alegro oír eso. Creí al principio que no se llevaban bien o que habían tenido una discusión cuando vi a Saga y a Milo dormir juntos. —al escuchar eso, Milo se levantó de golpe de la silla y agarró de la camisa a Camus.

— ¡¿A qué mierda viene eso Camus?! ¡¿Cuál es tu maldito problema con joderme a cada oportunidad?! —la mirada de Camus se endureció y agarró con fuerza la muñeca de Milo.

— ¿Por qué? —Susurró— Porque no entiendo cómo es posible que todo el mundo te crea la persona más perfecta y que me echen la culpa por haber roto tu débil corazón.

—Bastardo… —gruñó Milo abalanzándose sobre él, sin importarle los gritos de horror de las personas. Hyoga se quedó mirándolos sorprendido e intentó detenerlos, pero Shun se impidió.

—Ellos necesitan esto… —susurró mirando como ambos empezaron a golpearse.

—Pero… —al parecer Shun y Camus lo tenían planeado, en otra ocasión Shun hubiera evitado que se pelearan, por eso no se le ocurría otra cosa.

—Retráctate Camus —gritó Milo ahorcándolo, Camus sujetó sus brazos y lo miró con profundo rencor.

—No lo haré… —dijo con dificultad, sintiendo como Milo lo apretaba con más fuerza. — Nunca entenderé porque todos creen que eres la víctima, cuando solo eres un ser débil que siempre traiciona a los demás.

— ¿De qué diablos hablas? —susurró sin entender nada.

—No te hagas el desentendido Milo… yo te vi. Aquella vez hace seis años atrás. Estabas con Saga. Los vi besarse para luego dormir juntos. ¡¿Así decías que me amabas?! —después de decir esas palabras todo se volvió silencioso. Hyoga miraba sin entender a Milo y Shun soltó un suspiro. El agarre que tenía Milo hacia Camus empezó a disminuir. Mientras tanto, el galo respiraba agitadamente, mirando como Milo estaba con la mirada perdida. — ¿La verdad duele? ¿Cuántas veces me habrás engañado y habrás traicionado mi confianza? ¡Responde Milo!

—… —Milo agachó la mirada, ocultando sus ojos a través de su flequillo. Mientras una sola lágrima recorrió su mejilla derecha. — No sabes nada…

— ¿Qué? —Milo alzó la mirada, dejando ver aquellos ojos llenos de dolor y rencor profundo que no mostraba en antaño— ¿Por qué me miras así Milo?

—Me voy —dijo de la nada, miró a Hyoga y se fue del restaurante a toda velocidad, las lágrimas empezaron a brotar, recordando un pasado tormentoso del cual creyó haber dejado atrás.

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