Du Ciel á L´enfer [Capítulo 5]

Du Ciel á L´enfer


Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Nikiitah

Categoría: Saint Seiya

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.

Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia

Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación

Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~

NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)





Capítulo 5: Nécrophilie


Se removía en la cama con una enorme sonrisa, descansando plácidamente  más de pronto alguien toca la puerta, el peliverde abre los ojos con sorpresa pues su último recuerdo era que estaba en la universidad.

            —Deggie, ¿no irás al casino hoy? — abre apenas la puerta el pelirrojo que decide  interrogar a su hermano mientras comía una barra de chocolate.

—¿Qué hora es? — sin reparo se quita la ropa quedando en bóxer buscando su uniforme en el armario. —Cielos… no voy a llegar, ¡Camus entro en veinte minutos!— para ese entonces no le interesaba cómo había llegado a casa, solo miró insistente el reloj despertador parlante que se encontraba en el buró junto a la cama.

— Bueno en ese caso mejor habla y reportate enfermo, no te va dar tiempo — Camus suspira cansado del cuento de no acabar, no había día en que Degel no corriera acelerado fuera tarde o temprano para desplazarse al trabajo, tal parecía que el que tenía desórdenes mentales era su hermano mayor y no él. Pero para no entrar en discusión en las exageraciones del peliverde prefiere guardar silencio y retirarse a su habitación a estudiar para su examen de mañana.

—  Sabes que no puedo hacer eso, hace una semana me descompensé  — fue dejado prácticamente con la palabra en la boca pues su hermano en un par de segundos desapareció de la puerta dejándolo terminar de arreglarse — diez minutos… — susurra tomando el corbatín para colocarlo en el cuello de la camisa blanca de manga larga que le daba elegancia al francés.

Toma por ultimo el teléfono celular para meterlo en el bolsillo del pantalón, más una llamada en el transcurso que baja a los tropeles de las escaleras — ¿ Si diga? — el tono de voz tan peculiar del otro lado del auricular le enmarca una pequeña sonrisa — Hola Manigoldo ¿Cómo ha estado? — recarga el teléfono de su mejilla para poder cerrar con llave la casa, un taxi se acerca al frente de la casa de los Darcy, sin embargo, no se detiene a la señal de Degel.

            —Ya lo ves, he estado ocupado con unos asuntos en el hospital, pero hoy pienso ir al casino y espero me traigas tan buena suerte pequeño — el forense pudo  notar que andaba contrariado el bello peliverde  por lo que no perdería oportunidad — ¿ te encuentras bien?, te escuchas aflijido — su gesto fingido de preocupación lo observa con el espejo retrovisor de su auto, pensando en que si lo corrieran del hospital, facilmente podría infiltrarse como “actor “ de televisión.

— Estoy bien, solo es que… bien se me hizo muy tarde no se si pueda estar, si mi jefe de turno está de malas me devolverá a casa — si bien le iba Tatsumi lo dejaría quedarse en otra área, pero estos días el calvo había asumido un papel de jefe arrogante que nadie lo aguantaba, así que sospechaba sería regresado a casa, pero al menos Darcy no se daría por vencido con tal de poder llevar unas monedas a casa.

— No te preocupes, sabes… ando cerca de la avenida Atenea, si quiere te recojo  y te llevo al casino — con toda seriedad ofrece tenderle la mano a Degel, con aparente buena voluntad que en su oportunidad podría cobrarle el favor. Sonriente al escuchar la tímida respuesta afirmativa corta la llamada para encaminarse al lugar indicado. Escasos minutos tardó en aparcar un instante en la esquina prometida, en donde un impaciente Degel sube al automóvil.

            — Eres muy gentil en llevarme, de verdad no se como te voy a recompensar por esto — diez minutos para la entrada a su jornada laboral, el forense aprieta el acelerador a todo lo que daba, obligándose el peliverde en colocarse el cinturón de seguridad para no terminar estampado en el parabrisas.

            — Bueno, no soy de cobrar favores, pero podemos ir a tomar una copa el día de tu descanso, claro después de darme la mejor de las suertes esta noche, porque pienso llevarme el premio mayor — muy seguro de sí mismo responde Manigoldo con su típica risilla traviesa. — Mi querido Degel, hemos llegado — se apresura a bajar del auto para abrir la puerta del francés, al extender la mano para prestarle ayuda, impregna en el dorso de la mano un corto beso galante.

— Gracias … — sonríe amablemente, sin poder ocultar las mejilla sonrojadas por la actitud caballerosa de su nuevo amigo Manigoldo, desde que lo conoció unas noches anteriores en el casino, se había ganado cierta confianza al comportarse y tratarlo de manera especial, educada y diferente al resto de los hombres que frecuentaban el lugar. Hasta cierto punto comenzaba a sentirse atractivo, pues hasta el momento nadie se había interesado en su persona de esa forma desinteresada aparentemente como lo estaba mostrando su nuevo amigo el médico Manigoldo.
Aun sonriendo tímido dio dos pasos en retroceso hacia la puerta de empleados encontrándose con el regañón de Tatsumi, un par de chasqueo de dedos lo sacó de su trance —  Apurate inútil, ya te están esperando en la sala de bingo — no le importó en ese instante los malos tratos de su jefe inmediato, gustoso se colocó el pequeño mandil donde llevaba el forro de boletos de bingo y dinero con el que debía cargar como monto inicial para dar los vueltos de los clientes.

Muy dentro de sus pensamientos se preguntaba si había ganado algo Manigoldo en la sala de póker, esa duda se disipó en cuanto sintió que le tomaban la mano por la espalda —  Quiero un boleto de bingo, quiero probar suerte aquí —  el peliazul se rasca la cabeza tratando de ser simpático, y claro que con tremendo carisma lo lograba, con una enorme sonrisa extiende un boleto Degel, más el forense jala la planilla completa.

Al final de la noche, es decir, ya entrada la madrugada el lugar cerraba, los clientes iban saliendo del local poco a poco, cuando fue el turno de Manigoldo pero antes de salir se acerca al joven Darcy que estaba por entregar la cuenta. —  Pequeño te espero afuera para llevarte a casa, no quiero que te pase nada con el montón de borrachos que se quedan afuera del casino —  Degel ante tanta amabilidad le sonríe y asiente con un sutil movimiento de su rostro, ahora prácticamente corre a donde sus demás compañeros hacían cuentas con el pelón Tatsumi.

Casi media hora después logró salir, Manigoldo no parecía desesperado por la tardanza, el terminaba su delicioso tabaco sentado en el cofre del auto, al ver aparecer a su hermosa presa, tira la colilla, baja del auto y pisa los restos del cigarrillo.

—  Disculpa que haya tardado un poco, es que hubo un lío con un compañero, mi jefe le encontró dinero de las propinas escondido en las calcetas y nos obligó practicamente al resto hasta sacarnos los zapatos —  El francés suspira algo fastidiado al relatar las impertinencias y exigencias ridículas de Tatsumi.

— Nene, deberías cambiar de aires, este tipo abusa de su puesto para explotarlos —  en realidad a Manigoldo poco le importaba si les trataban bien o mal, tan solo le daría por su lado para ir ganándose. —  me dijiste que estabas egresando de Psicología ¿verdad? — como buen samaritano le brindará su apoyo quizá para colocarle en el hospital donde labora, solo era cuestión de mover unas cuantas piezas del tablero de ajedrez para lograr su objetivo.

El auto comenzó su marcha hacia la pequeña residencia Darcy —  Así es , estoy en proceso de mi trabajo recepcional, solo me falta la investigación de campo, hoy por la mañana uno de mis asesores quedó en revisar mi tesis, creo que trabaja en el hospital Ángeles — se lleva la mano a la sien recordando que ese era el mismo hospital que tenía la tarjeta que le dio Manigoldo unas semanas atrás.

—  ¿ah si?  es donde yo estoy, en ese caso, mañana si tienes tiempo ven conmigo y tratamos de avanzar algo del asunto… tengo buenas relaciones con el director del hospital—  una sonrisa torcida se muestra en su rostro, todo estaba a pedir de boca y  lo sabía perfectamente, el destino se ensaña en colocarlo en sus manos.

—  Manigoldo, no quiero abusar de tu gentileza, demasiado has hecho ya por mi —  el auto se detiene frente a casa de Degel, la mirada del forense se posa en esos sensuales labios que nerviosos eran mordisqueados por su dueño, deseando profundamente devorar esa dulce boquita.

— No digas tonterías, ¡así que no se diga mas!, te espero en el hospital a las once de la mañana — palmea el hombro del peliverde para animarlo se deje ayudar por el, aquel suspiro de derrota ante su insistencia le eleva el ego. —  Bueno pequeño, descansa que mañana debes poner tu mejor cara —  se acerca a despedirse dando un beso en la mejilla demasiado cariñoso.

            — Sigo pensando que soy muy abusivo contigo, pero bueno… nos vemos a las once —  le regala la inocente sonrisa que le caracteriza, sin embargo, al sentir ese beso entre su mejilla y la comisura de sus labios, al instante colorea las mejillas en tono carmín. No prolonga ese momento que le pone nervioso, lo más rápido que puede baja del auto para tomar un poco de aire, pues su rostro parecía arder.

No pierde detalle de esas caderas redondeadas que tanto le excitaban, no arranca el auto hasta que lo ve entrar a casa, de solo mirarle el pantalón ya le estaba pasando factura a su entrepierna, pero sabía dónde podría obtener esa sanación que tanto deseaba. Toma el camino hacia “Mundo de los sueños” donde exóticos chicos podrían bajar la calentura que había provocado su bello Degel con tanto inocencia impúdica a sus deseos carnales.

Al llegar al dicho burdel fue directo a la barra para pedir un Whisky para ambientarse más al erótico aroma, los sensuales cuerpos que bailan al ritmo de canciones sugerentes sobre el escenario, a donde mirara podía verse los clientes alcoholizados con alguna ramera semidesnuda en su regazo, sea chica o chico, para todos los gustos se cumplían los deseos.

Una mujer extravagante ya entrada en años pero mostrando sus carnes aun en su lugar era la dueña del mundo de los sueños, Manigoldo hace una señal para que se acerque, no pierde su oportunidad la mujer para restregar sus pechos en el galante hombre —  Quiero a un chico… pero no a cualquiera, no se si tu tengas lo que busco —  al escuchar que lo que buscaba era un varón y no una mujer, la dueña del lugar deja el coqueteo, las palabras del peliazul era reto para ella, no de balde era tan famosa en la ciudad por complacer a todos sus clientes, así que le daría lo que buscaba.

            —  Tu dirás cómo lo quieres… estoy segura que saldrás satisfecho —  el escote del vestido es acomodado al sentarse en el banco cercano a Manigoldo —  Te escucho pues… — 

—  Rasgos finos… cabello lacio, con un bello rostro de inocencia, delgado… cabello verde —  la mujer arruga el entrecejo al escuchar cada detalle descrito por el médico forense, todo eso podría cubrirlo un chico, más no la tonalidad del cabello.

            —  Dame quince minutos y te lo tengo en la habitación roja —  la mujer se puso de pie para buscar al indicado, estaba el jovencito con el baby doll en color purpura, arreglandose el cabello cuando irrumpe la padrota del burdel —  Phantasos… necesitamos hacer unos detalles en tu cabello para que entregues ese culo a un cliente, eso si esta buenisimo y se ve que tiene mucho —  mueve sus dedos haciendo seña a tener bastante dinero. De entre los accesorios saca unas pelucas que servirían para tomarle el pelo a su atractivo cliente, esperando que con ello se cumpliera la fantasía y conociendo lo bueno en su trabajo Phantasos supone no habría queja de los servicios.

Tal y como se comprometió, en el lapso dado, Phantasos entraba a la habitación roja en donde un ansioso Manigoldo esperaba sobándose la entrepierna, la ropa de encaje clareaba la piel lechosa del muchachito que con su andar seductor lograba que su cliente se pusiera más duro. —  Ven aquí pequeño… ¿Cómo te llamas? —  Pregunta libidinoso abriendo la cremallera del pantalón mostrando su enorme atributo palpitando de erecto.

— Mhhh Papi estás muy ansioso… puedes llamarme Phantasos —  la voz chillona del chico no fue muy del agrado de Manigoldo, observa al sexoservidor hincarse a sus pies, los labios del italiano son humectados por su propia lengua húmeda.

—  Bien lindura… no quiero que hables, me harás caso cuando te llame… por Degel ¿oíste?—  lo toma del mentón para intimidar con la mirada al chico de ojos color miel —  Chupala… te vas a tomar la leche, no derrames ninguna gota putita —  acaricia con el pulgar los delgados labios del muchacho que sonreía divertido, el primer reflejo fue lamer el pulgar antes de que sin miramientos el italiano metiera su enorme pedazo en su boca. —  Eso … así Degel aprietalo… mmmhhh —

Quería ahogarlo con su pene, si fuera posible le perforaba la garganta por las fuertes embestidas que daba, al sostener al chico del cabello sus manos se quedan con la peluca verde encolerizando a Manigoldo por la jugarreta de la mujer, un violento orgasmo termina en la boca del rubio, al saberse descargado mira con asco al chico que terminaba por limpiar su boca con el dorso de la mano.

            Manigoldo sale de la habitación sin intención de continuar con una copulación —  Mujer… te pedí un chico de cabello verde no con peluca verde… estúpida —  arroja los billetes en la cara a la tipa antes de abandonar el burdel, entre los callejones oscuros y solitarios refunfuña maldiciones contra esa gente —  Quererme engañar a mi ¡Bah!... sorpresa se va llevar —  cruza la calle hacia donde se encontraba estacionado su auto, del bolsillo saca el control remoto en el cual basta solo una pulsación para que se desvaneciera en un instante, con una sonrisa burlona hace rasgar el aire cubriéndose por una oscura nube que absorbe su cuerpo.

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Apenas pudo despedirse de su aventura cuando escuchó las llaves en la puerta, con la misma velocidad toma al gato en sus brazos que momentos antes se encontraba ronroneando entre las piernas de Camus  feliz de que el intruso se haya retirado de su nueva morada.

Al subir a su habitación  se deja caer en la cama suspirando por la estupidez que acababa de hacer, no tenía ni su teléfono ni nada parecido, solo sabía su nombre y prácticamente le había dado entrada para el siguiente día. Se lleva la mano al flequillo mientras el minino se hace una pequeña rosquilla junto a él sobre el colchón.

Muy temprano por la mañana bajaba las escaleras a la planta baja un Degel zombie dispuesto a preparar el desayuno y despertar a su hermano. La cafetera es llenada justo para dos tazas de café, la tostadora ya trabajaba con dos rebanadas de pan blanco, sobre la tabla la fruta era picada antes de verterla sobre el tazón de yogurt natural  — aouch… rayos — el peliverde lleva la yema de su dedo índice izquierdo a la boca para detener la pequeña gota de sangre que se desprende de la zona al haberse rozado con el cuchillo.

Coloca los platos sobre el pequeño desayunador que tenían en la cocina, la fruta, el café y el pan tostado con mantequilla aguardan al pelirrojo que aun no se digna a bajar para consumir sus alimentos. Aburrido de la espera Degel decide subir a despertar a su dulce hermano. Dos golpes en la puerta resuenan antes de que este gire la perilla, al abrir se encuentra a un perezoso Camus apenas quitándose la cobija de encima — Se te pegaron las sábanas, baja a desayunar para que nos vayamos a la universidad — el peliverde observa como sale de entre las sábanas una bola de pelos —¿Desde cuando tenemos mascota? — levanta una ceja acercándose a tomar al animalito por el lomo.

— Desde anoche Degel… estaba llorando abandonado en el parque ¿ no querrás que lo hecho verdad?— Camus hace por levantarse de la cama, pero una punzada en su cadera, en específico el trasero le hace detenerse y pensar un poco lo que sucedió en toda la noche — mirale los ojitos… quiere que también lo cuides — el chantaje sentimental saca a relucir para que el tonto de Degel salga de su habitación con el animalillo para darle también de comer.

Con sumo cuidado se levanta para ir al baño a asearse rápidamente pues aún conservaba restos de fluidos en su intimidad , en esos momentos da gracias de estudiar medicina, coloca una pomada en la zona que alivia bastante la inflamación ocasionada por su primera vez. Bajó a la cocina lo más pronto posible encontrando una delicia de desayuno como acostumbraba consentirle su hermano mayor .

— Te acompañaré a la escuela pero solo te iré a dejar, tengo una cita en el hospital ángeles para ver si puedo integrarme como practicante — le da la buena noticia al pelirrojo, que sorprendido le mira interesado como pocas veces lo hacía.

— Pues… felicidades, espero que te acepten y quizá después me puedas recomendar para hacer las mías — da una mordida al pan tostado con mantequilla — Vete directo Deggie, yo puedo irme solo no soy un niño — olvidó por unos instantes de sus exquisitos modales en la mesa, pues su gula por el pan con mantequilla rociado con un poco de azúcar no le impidió hablar al mismo tiempo soltando un suspiro en su hermano que desaprobaba esos malos hábitos.
— Esta bien — el peliverde termina su bebida caliente, agacha la mirada observando al gatito beber su leche —¿Le has puesto nombre? — pregunta al menor que parecía sumido en sus pensamientos.

— Kardia… mald… — rezonga al mover el trasero levemente sobre la silla, la molestia aun no desaparecía al ciento por ciento, por mas remedio que se había colocado.

— ¿ Cómo dices? jeje que nombre tan raro, pero bueno… ven Kardia… pequeño, eso es que bello estas— Degel llama al gatito por el nombre que alcanzó a escuchar de los labios de su hermano, a pesar de que este manoteaba negando, más este no entendió porqué tanto alboroto. — Ya me voy hermano, espero que nos alcancemos a ver por la tarde antes que me vaya a trabajar, si no ya sabes que te dejaré la comida en el microondas — con mucho cariño se despide dejando un beso en la frente del menor.




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Dentro del hospital era llamado el médico forense en jefe por la bocina, Manigoldo terminaba de dar la última bocanada del cigarro en la puerta trasera que daba al estacionamiento de empleado, una de las enfermeras que por supuesto se había ofrecido a buscar al guapo italiano le llama para que acuda a su área pues debe recibir un nuevo cuerpo. Con gesto de fastidio el italiano arroja al piso los restos de su tabaco, con aires de grandeza empuja la puerta con amortiguador, antes de bajar al sótano donde el anfiteatro del hospital ángeles estaba ubicado  topa mirada con el popular Milo Thalassinos, esa aura tan brillante podía la detectar a kilómetros, sabía lo que era ese tipo de sonrisa angelical según las tontas enfermeras, la mirada de Milo atraviesa todo obstáculo para sostener la de Manigoldo Rossetti, al igual que el de cabellos cortos Thalassinos observa ese carmesí escondido en esos perversos ojos que un humano no podía verlos.

            «No te metas en líos ángel… así que mantente lejos de mis dominios » apenas un sutil movimiento de los  labios de Manigoldo hace fluir el mensaje a través de una onda de infrasonido.

El entrecejo de Milo se marca al escuchar la advertencia de su enemigo natural «No puedo alterar el juicio de mi señor… tu a lo tuyo mortero, si esas almas van al purgatorio ya no están en nuestras manos, solo no te metas con quien no corresponde » Thalassinos responde por la misma vía a Rossetti, si un alma era juzgada por sus malos actos y esta no se arrepentía  no podía más que dejar que el mortero se la llevara al infierno, solo esperaba que el otro bando no estuviera planeando cosas turbias con las almas inocentes.

Milo se aleja hacia su área , sin embargo, no le quitaría de la lista de sospechosos para reportarlo a sus superiores, llega hasta el elevador el cual aborda para subir hacia su consultorio sin soltar de sus manos el expediente de su adorado humano. 

— Muy bien salgan a almorzar, yo me hago cargo — un par de palmadas resuenan por parte del forense Rossetti a traspasar aquella helada puerta donde almacenan los cuerpos de las personas que han fallecido en el nosocomio. Toma entre sus manos la tabla metálica con los datos del recién ingresado a la morgue  — Morphia,  Phantasos 22 años… mmh, veamos — revisa la etiqueta en el dedo pulgar del pie hasta encontrar al paciente, al levantar la sábana blanca se encuentra con un rostro familiar — ¿ Lo ves preciosura? les dije que terminarían mal — cierra el expediente al leer el supuesto diagnóstico de la muerte “asfixia por broncoaspiración”, camina hasta la puerta la cual asegura con la cerradura de barra. — Deberíamos de corregir tu diagnóstico… Asfixia por semenaspiración — su humor negro no lo dejaba ni en esos momentos, retira toda la sábana del cuerpo del fallecido, de un movimiento brusco coloca a Phantasos boca abajo  tirando de las piernas hasta la orilla de la plancha metálica.

— Seguro que en el hoyo donde tu alma va caer gritarás como la putita que eras — con un chasquido de sus dedos hace aparecer el fuego fatuo correspondiente al alma que extraía en esos momentos — mmhh deliciosa — se saborea aquella pequeña llama azulada que termina por ingerir, más su alimentación no se detendría con ese acto, poco a poco baja la cremallera del pantalón del mismo modo la ropa interior, con lasciva acaricia el cuerpo inerte y frío a la par que sacude su grueso miembro, no había necesidad de preparar nada, tan solo en cuanto se endurece lo inserta en la pequeña entrada que comienza a embestir con delirio, disfrutando cada fibra muerta de Phantasos, dentro se hinchaba cada vez más su virilidad resbalando con más facilidad gracias a los fluidos que su glande supuraba. Su mano derecha la estira hasta topar con los rosados pezones del chico que presentan cierta curvatura gracias a unos pequeños implantes de silicón, sin miramientos los estruja a su antojo, con la mano izquierda golpeaba los glúteos y los amasaba con lujuria, a punto del estallamiento de su semilla en el interior del chico transexual  muerde sus propios labios para ahogar un gemido, tan solo los labios los relame imaginando que el cuerpo que está follando es el del delicioso humano llamado Degel, acto seguido  abre su boca sacando una gran exhalación sin sonido alguno, tras ello sus ojos los volvió a la normalidad después de haberlos blanqueado unos segundo producto del delicioso orgasmo que le ofrecía la muerte.  

Dentro del pantalón su teléfono móvil sonaba con insistencia, un par de pañuelos desechables coge para limpiarse el pene y el trasero del muchacho de la vida galante, lo gira con brusquedad como si se tratase de un muñeco de trapo dejándolo de nueva cuenta en la posición inicial de igual forma que el resto de los muertos.

— Toma el elevador y marca sótano, en cinco minutos te recojo al pie de la salida del elevador — habla en voz alta lo que escribe en ese momento como respuesta al mensaje de Degel que ya le avisa que está entrando por la puerta principal del prestigioso hospital.
Tal y como la indicación leída, Degel toma el elevador y aprieta el botón correspondiente al sótano, antes de que las puertas terminen por cerrarse ve que con prisa corría Milo a alcanzarlo, cuando intenta apretar el botón para abrir de nuevo la puerta extrañamente no responde  y comienzan las poleas el descenso, aún con la esperanza de encontrarse en el mismo piso donde vio a Milo, el peliverde sonríe al abrirse las puertas encontrando a Manigoldo Rossetti con una rosa roja en la mano extendiendola hacia el.


*Phantasos Morphia 22 años, sexoservidor.

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