Du Ciel á L´enfer [Capítulo 6]
Du Ciel á L´enfer
Clasificación: No menores de 18 años
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.
Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia
Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)
Capítulo 6: Larmes
Las risas cantarinas de los niños siempre
llegaban a reconfortarlo cuando vivió su exilio en la tierra. Podía sentir cómo
su energía se recuperaba con cada niño que se acercaba a él. La inocencia de
los niños siempre lograban enternecerlo y le recordaba a su humano, aunque
ahora, varios años después se volvían a ver aún escuchar esas risas le
encantaban.
Con una sonrisa
atendía a cada pequeño que llegaba a su consultorio, más su sonrisa había
quedado estática al ver a Degel dirigirse hacia el ascensor, y no era el hecho
de verlo lo que le perturbaba. Más bien lo que había a unos pisos abajo. Ver a
ese demonio le había dejado un sabor amargo en la boca, y aunque, intentó
alcanzarlo las puertas se cerraron impidiendo ir a su encuentro. Frunció el
entrecejo y dio una patada en la pared frustrado. Temía por la seguridad de
Degel. Manigoldo no era como los otros demonios que había enfrentado, éste era
peligroso.
—Señor
Thalassinos — la voz algo tímida de uno de los enfermeros lo sacó de su trance.
Giró un poco su rostro para ver a Hyoga que estaba encogido de hombros sin
saber exactamente cómo actuar frente -al siempre tranquilo- doctor.
— ¿Ocurre algo? —
intentaba relajarse pero aún se sentía incómodo al no saber porque Degel había
bajado hacia la sala del forense.
— Albafica ya
llegó, está en el área B — Milo se masajeó el puente de su nariz y asintió.
Según Minos era necesario tener un compañero para que le ayudara con Degel,
aunque él había insistido que no necesitaba a nadie, el arcángel era muy
testarudo, incluso le había amenazado con quitarle sus manzanas, (alimento
favorito desde que estuvo en el mundo humano).
— Ahora voy a
buscarlo... — susurró, tal vez él podría ayudarlo para alejar a Degel de
Manigoldo.
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Degel estaba algo confundido, ver a Milo y luego
estar con Manigoldo a solas hacía que su mente corazón se confunde más. Cada
vez que estaba con Milo sentía que estaba en paz, y su corazón latía con
fuerza, pero cuando estaba cerca Manigoldo el sentimiento era similar. ¿Se
podría estar enamorado de dos personas? Miró la rosa que traía en sus manos y
acarició con delicadeza los suaves pétalos.
— Estas muy
callado — la voz de Manigoldo lo sacó de sus pensamientos. Mantenía su sonrisa
ladina, mientras que se acercaba hasta casi rozar sus labios.— Tranquilo no
pienso comerte.... Por lo menos no ahora.
— ¿Qué? — susurró
sintiendo su rostro arder al sentir el cálido aliento chocar contra su rostro —
Manigoldo.... — el peliazul lo acorraló contra la pared y metió una de sus
piernas entre las suyas logrando sacarle un gemido de placer. La sonrisa de
Manigoldo se amplió más cuando logró su cometido. Sus labios se abrieron un
poco y se acercó para poder atrapar la blanca piel de su cuello cuando el un
carraspeo se escuchó. Chasqueo la lengua al ser interrumpido y giro para poder
encarar a esa persona. Más sus ojos se abrieron al toparse con unos ojos
celestes tan puros y a la vez fríos.
— Tú... — el
recién llegado rodó los ojos exasperado y se acercó, ignorando olímpicamente la
presencia de Degel, que estaba rojo de pies a cabeza.
— Siempre tan
listo — susurró con sarcasmo. Se quedó a unos centímetros de su rostro y le
extendió los papeles — El director quiere que me ayudes en la autopsia del
nuevo cadáver — miró a Degel con indiferencia y su entrecejo se frunció — Y
deja tus deseos carnales para un hotel.
— Tsk, Calla
Alba-chan — se acercó a Degel hasta quedar a unos centímetros de su rostro —
Hablaremos después querido.
Degel asintió sin
saber muy bien lo que pasaba. Ese muchacho de cabellos celestes le ponía de
nervios. La mirada fría y la suave y sedosa voz que más parecía a un siseo le
daba escalofríos. Se fue al ascensor y marchó hacia el quinto piso. Esperaba
poder ver a Milo de nuevo. Mientras tanto, Manigoldo se cruzó de brazos y miró
con diversión a su compañero.
— No creí que los
ángeles serían tan celosos, Alba-chan — el aludido soltó un bufido inconforme y
se apoyó en la pared sin mirarlo — Tú no eres de los que interrumpen... ¿Acaso
Degel es tan valioso para ti? No me digas que piensas hacer tijeras cariño.
— Idiota —
masculló entre dientes — Lee los archivos que te di y ayúdame con el cadáver.
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Milo Thalassinos era conocido por sus compañeros
como un hombre amable y divertido, que solía siempre tener una gran sonrisa en sus
labios, pero hoy, por una extraña razón, estaba de mal humor. Incluso ningún
niño se le acercó en todo el día. Había enviado a Albafica hace unos minutos
para que interrumpiera lo que sea que estuviera planeando Manigoldo pero no
creyó que le tomaría mucho tiempo. Sin poder evitar más, salió de su oficina y
corrió hacia el ascensor donde iría directo al sótano.
— ¡...! — se
quedó paralizado al ver a un sorprendido Degel que estaba a unos centímetros de
su rostro.
— Milo... —
susurró sintiendo sus mejillas arder. Degel podía sentir como su corazón latía
con fuerza y tomó las manos de Milo inconscientemente — Me alegra verte...
Yo... Creo que me dormí lo Lamento — se inclinó un poco mientras que sus ojos
se cerraban con fuerza. Por su parte Milo sonrió divertido jalandolo hacia su cuerpo.
— Me alegro que
estés bien... — susurró aliviado.
— ¿Por qué no
estaría bien? — la pregunta le dio curiosidad. Milo al percatarse de eso se
mordió el labio inferior.
— A lo que me
refiero es...por lo de la otra vez — dijo con una sonrisa nerviosa — Te veías
cansado y tuve que llevarte a tu casa.
— Ohh — las
mejillas pálidas de Degel empezaron a colorearse — Gracias... — susurró con una
pequeña sonrisa.
— Ven... ¿Por qué
no vamos a mi oficina? Así podemos hablar más de tu tesis y de paso podemos
conocernos mejor... — guiñó un ojo y le sonreía divertido.
— C-Claro...
El cambio de
humor de Milo fue notable. Hyoga miraba sorprendido desde la recepción al notar
ese brillo en la mirada turquesa de su superior. Una extraña punzada atravesó
su pecho y agachó la mirada para volver a sus actividades. Después de todo…
Milo solo era su superior, y él un simple estudiante.
Cuando Milo llegó a su oficina, Degel se quedó
maravillado por las paredes color crema decoradas con un aire infantil. En
algunas, había dibujos que los niños del hospital realizaban, e incluso otros
pertenecían a los niños del orfanato “Angels”.
— ¿Te gusta? —
preguntó Milo con una sonrisa, caminó con lentitud hacia Degel y agarró uno de
los cuadros — Este dibujo me lo hizo un niño de 8 años… un día vino sintiéndose
mal del estómago, por haber comido tantas frituras, su hígado no le dejaba
tranquilo. Tuve que hacerle un tratamiento y una dieta ligera para que no
devolviera la comida. Al final estuvo tan agradecido que me regaló este dibujo.
— miró a Degel unos segundos y sonrió apenado — Lo siento… debo de estar
aburriendote.
— No… es solo que
me parece algo muy tierno — comentó con un leve sonrojo — ¿No te gustaría tener
hijos algún día? — esa pregunta había tomado desprevenido a Milo que al
principio lo miró con sorpresa para luego sonreír divertido.
— Me encantaría…
pero… — pero un ángel no puede tener
hijos pensó con algo de tristeza. Había vivido tanto tiempo en el mundo
humano que a veces llegaba a pensar que era uno, y podía ser libre como ellos.
Porque… ser un ángel no era tan bello como solían describirlos, todo tenía un
precio.
— ¿Dije algo
malo? — la voz preocupada de Degel le devolvió a la realidad. Era mejor no
pensar más en ello, ahora su único objetivo era poder proteger al bello joven
de los ojos amatistas.
—No… solo pensaba
— dejó el cuadro en su lugar y se sentó en la silla.
Degel no sabía
qué era lo que le había impulsado, pero tenía la necesidad de ir a abrazarlo, y
así lo hizo. Ahora que lo pensaba bien, cuando estaba cerca suyo el sentimiento
era muy diferente, solo que no lograba saber exactamente qué era, pero Milo
lograba tranquilizarlo, tenía algo que lo atraía. Milo al sentir los brazos de
Degel rodearlo lo miró sorprendido, más no lo apartó. Necesitaba sentir su
cuerpo junto al suyo. Se mantuvieron unos minutos más unidos y suspiró
tranquilo ¿hacia cuanto tiempo que no sentía el calor de Degel?
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Hace 14 años atrás...
Otra vez escuchaba su suave risa, al final aunque
lo negara, para él, era como el canto de los ángeles, a veces sentía que pecaba
al sentir ese extraño amor hacia ese niño ¡Tan solo tenía 8 años! pero aunque
sabía que pecaba, no podía evitar sentir ese amor por él. La pelota con la que
jugaba cayó a unos centímetros de sus pies descalzos. Milo alzó la mirada solo
para encontrarse con aquellos amatistas. El niño le sonrió y se acercó a él sin
temor alguno. Milo desvió la mirada, no deseaba dejar claro sus sentimientos
recién descubiertos.
—Hola — la voz
suave de Degel se pudo apreciar. Milo lo miró de reojo y suspiró, ya no podía
ignorarlo.
— ¿Tus padres
nunca te dijeron que no deberías hablar con extraños? —susurró intentando
alejarse del niño. Miró hacia la copa del árbol y se animó a subir, pero la
manita de Degel agarraba con fuerza su túnica.
— No eres un
extraño —dijo aun manteniendo su sonrisa — ¡Eres mi ángel guardián!
—¡...! —Milo
enmudeció y volteó a mirar al muchacho de los ojos amatistas ¿cómo sabía que
era su ángel? Desde que me fue asignado, había procurado la discreción. — No se
que hablas...
— Si lo sé...
Eres mi ángel... Vi tus alas ¡son hermosas! Grandes y blancas...
— ¡Basta! No
sabes que hablas — gruñó Milo empezando a escalar el gran árbol. Necesitaba
dormir un poco.
— ¿Por qué huyes
de mí? ¿No se supone que tienes que cuidarme? — el pequeño empezó a escalar sin
éxito. Siempre que llegaba a separarse caía al suelo. En su último intento cayó
tan fuerte que se dobló el tobillo. Las lágrimas empezaron a caer por sus pálidas
mejillas y empezó a llorar en silencio. Milo que había presenciado todo soltó
un largo suspiro y de un sólo salto aterrizó frente al niño que no dejaba de
sollozar.
— Tsk eres
desesperante — susurró levantándolo en brazos. El pequeño se aferró a su pecho
instintivamente, alzando un poco su cabecita — Deja de llorar, Degel... Te
mostraré una vista que nunca haz visto.
Desplegó las
majestuosas alas blancas. Sus ropas, antes oscuras, se transformaron de color
blanco con decorados azules. Llevaba una túnica blanca con una armadura de
color azul oscuro que forman parte. En su oreja izquierda llevaba un zarcillo
color azul. Degel quedó maravillado al ver aquella apariencia. Una sonrisa
apareció, junTo al tenue sonrojo. ¡Era maravilloso! Se aferró más al amplio
pecho.
— Eres
maravilloso, ángel — dijo. Acarició las blancas alas con cuidado, suaves y algo
esponjosas.
— Milo... — Degel
dejó de acariciar las alas y lo miró con curiosidad. Milo desvió la mirada y
volvió a hablar — Ese es mi nombre... Me llamo Milo.
— Es un bello
nombre — dijo Degel, sus ojos empezaron a brillar emocionados, haciendo
enternecer al joven ángel, que sentía como su corazón empezaba a palpitar con
fuerza.
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— ¿Milo? — susurró Degel tocando con suavidad el
rostro. El aludido parpadeó un par de veces, despertando de su ensoñación.
Recordar el pasado, y ver a su amado tormento hecho un hombre le perturbaba.
Era un amor prohibido. Aunque... Sea sólo por parte de él.
— Lo lamento...
Me distraje... ¿En que nos quedamos?
— ¿Es por lo que
dije? Lo siento... Se que no es de mi incumbencia... — Degel empezó a jugar con
sus dedos. Temía haberlo ofendido con sus palabras. Miró de reojo a Milo que
sonrió.
— Es sólo que no
encuentro a la persona indicada — dijo intentando retomar el tema de
conversación. Colocó una mano en la cabeza de Degel y la acarició con suavidad.
— ¿Cómo es su
tipo? — preguntó Degel, sintiendo más confianza que antes. Al escuchar eso Milo
recordó al pequeño Degel que ya era un hombre y sonrió.
— Es... — no pudo
completar su frase, un estruendo se escuchó afuera— Quédate aquí...
Al salir pudo ver
a Hyoga en el suelo, debajo de un hombre parecido a él. Milo suspiró al
reconocerlo ¿por qué justo hoy tenía que interrumpir su momento a solas con
Degel?
— Aiacos... — el
aludido alzó la mirada y sonrió divertido.
— Hola Milo...
Vengo de parte del gruñón... Ya sabes que no se le puede negar nada cuando está
en sus días...
Milo soltó un
bufido inconforme y se cruzó de brazos. Miró hacia atrás encontrándose con
Degel que lucía ligeramente decepcionado por la interrupción.
— Tendrás que esperar
— habló sin ninguna emoción Milo — Tengo una cita.
El sonrojo de
Degel no se hizo esperar, que ya estaba siendo arrastrado al interior con Milo.
— Milo... —
susurró bajito.
— Quiero verte
más seguido — confesó haciendo latir el corazón de Degel con fuerza. Sin
pensarlo dos veces, el joven estudiante sacó de su bolsillo una pequeña tarjeta
con la dirección de su actual trabajo.
— Sé que tal vez
usted no le guste este tipo de ambiente, pero... Me gustaría que fuera a...
Verme — susurró apenado. Milo sonrió de lado y aceptó la tarjeta. Degel más
emocionado, sonrió. Pero todo lo bueno debía terminar. Al ver la hora su
semblante cambió. Sólo tenía una hora para ir a su trabajo. — Debo irme... No
puedo llegar tarde...
— Entonces déjame
llevarte — ofreció Milo. Degel intentó detenerlo pero el peliazul ya tenía sus
llaves y su abrigo en manos.— Vamos...
— ¡Claro! — con
renovadas energías salió detrás. Sin ser consciente de sus actos se agarró del
brazo de Milo y con una sonrisa dibujada en sus labios salieron rumbo al
estacionamiento.
A unos metros de
distancia se encontraba Manigoldo, que había presenciado todo. No tenía esa
sonrisa burlona que siempre llevaba en su rostro. Ahora lucía serio y algo
molesto. Su presa se estaba yendo con aquel ángel. Ahora podía entender porque
Albafica había intervenido. Miró de reojo al peliceleste, éste tenía su rostro
molesto y malhumorado, algo extraño en él que solía siempre mostrarse
indiferente a todos. Albafica se dio media vuelta yendo hacia una de las habitaciones
vacías. Decidió seguirlo en silencio presenciando algo en verdad único. Una
lágrima de ese hombre tan frío.
Tal vez fue su
impulso, pero él sabía que lo deseaba. Desde que entró al mundo humano y vio a
Albafica entrar por aquella puerta de madera, luciendo más delgado que ahora,
deseaba poder tocarlo. Sentir aquella suave piel atrapada debajo del suyo. Pero
Albafica era inalcanzable, tal vez igual o más que el propio Degel. Ambos
hombres que jamás podrá tocar.
— ¿Que haces? —
el suave gruñido de Albafica lo despertó. ¡Lo tenía entre sus brazos! Era tan
suave como lo había imaginado — Suéltame Manigoldo... No soy un reemplazo de
Degel — la suave petición fue completamente ignorada. Manigoldo aferró más el
agarre y cerró sus ojos.
— Déjame
disfrutarte... — susurró en su oído, estaba preparado para lo que venía, pero
no le importó ahora. La esencia de aquel hombre, su esencia espiritual
encerrada al haber matado a su propio humano, manchado por el veneno de la
culpa. Manigoldo deseaba descubrir más sobre ese misterioso hombre.
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--Albafica: ángel acusado de haber matado a su
propio humano. Escapó del reino de los cielos y creó una identidad falsa para
ocultar su esencia. Amigo de Milo.
--Hyoga: Estudiante universitario, mano derecha
de Milo.
--Aiacos: Demonio que ayuda a Milo, es la
conexión entre el ángel y Aspros (uno de los hijos favoritos de Lucifer)
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