Du Ciel á L´enfer [Capítulo 7]
Du Ciel á L´enfer
Clasificación: No menores de 18 años
Autor: Nikiitah
Categoría: Saint Seiya
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi, yo solo los utilizo por diversión.
Género: Acción, AU, Ciencia Ficción, Drama, Horror, Romántico, Tragedia
Advertencia: Lemon, Mpreg, Muerte de un Personaje, Sadomasoquismo, Tortura, Violación
Aviso: Si no te gusta el Shounen ai (chico x chico) no leas~
NOTAS: Este fic fue hecho en conjunto por athenakyori PrincessIce y yo (Nikiitah)
Capítulo 7: Le Salut Faux
El invernal viento quema sus alas, a pesar de estar
lloviendo no logra sentirla caer sobre su piel, en su mente aparece un grito
desesperado, uno tan desgarrador perteneciente a su ala gemela quien intenta
recuperarlo, el rostro de Milo antes que sus ojos sean cegados, su nombre
constantemente en sus labios, donde una respuesta jamás llega. Es todo tan
confuso, su cuerpo se siente pesado, solo puede mirar el rostro de aquella
criatura, la pesadez en su presencia, lo mantenía en sus brazos, en su rostro
dibujaba una sonrisa de triunfo. Perdió el conocimiento pues su ser ya había
perdido demasiada sangre, al despertar, todo parecía solo una terrible
pesadilla, ya no sentía más frío, las sábanas se apartaron de su piel al
levantarse, cualquier lugar al que miraba le era totalmente desconocido, no
había sido un sueño eso es algo que tenía más que claro. El largo de sus alas
se deslizó por el suelo, su peso le impedía moverse con facilidad a pesar que
sus heridas externas habían sido sanadas, sin mantenerse más tiempo, quiso
salir de la habitación hasta que en su vista se atravesó un enorme espejo, su
paso se detuvo justo en frente viéndose completamente desnudo, todo en su piel
era perfecto, excepto por una sola cosa, había una marca en su costado que
terminaba en gran parte de su espalda, era una marca de bienvenida, una marca
de ´propiedad, una que demostraba que ya no pertenecía al mundo celestial, se
miró con dolor, ya no volvería a ver a su hermano, mucho menos pisar de nuevo
lo que solía llamar hogar. — ¡Agh…!— Un
ardor comenzó a apoderarse de su piel, la marca se volvió de un negro a un rojo
intenso y el dolor se volvió cada vez más insoportable que lo hizo doblarse,
caer incluso de rodillas, lo quemaba por dentro, una verdadera tortura, posó su
mano sobre ella enterrando sus uñas en su costado, quería arrancarse la piel
pero sabía que solo empeoraría todo.
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El eco sonoro del tacón se paseaba por el pasillo, tantos
lujos y nadie quien pudiera disfrutarlos. Esa figura se detuvo en las puertas
del gran comedor, antes de entrar, aspiró la última bocanada de humo de ese
cigarro. El mayordomo anunció su nombre de ese individuo a su amo al abrir las
puertas del comedor, la mesa en el centro del salón estaba completamente llena
de todo tipo de comida, bebida, postres de todos los sabores, todo un banquete
para más de 50 personas, es una lástima que nadie este invitado a ese exquisito
banquete, un hombre de cabellera larga azulada, devoraba las manzanas hasta no
dejar ni siquiera la esencia de lo que fue esa fruta prohibida, sus pies
descansaban sobre la mesa despreocupado, tan solitario, a pesar de estar
rodeado de almas quienes lo servían siendo mucamas, mayordomos, manteniendo en
pie la mansión, una enorme consecuencia por caer en sus manos, por entregarse a la tentación de un pecado. —
¿Debo sentirme honrado por su visita...? — Preguntó con un tono sarcástico en
su voz, su vista aún permanecía en su aperitivo, sin darle el respeto que aquel
hombre merece después de haberle salvado años atrás. El hombre de tez pálida
pasó su mano acariciando el fino mantel de la mesa a cada paso que daba, hasta
quedar a su lado.
—Tan lindo como siempre… Soy un padre que se preocupa por
sus hijos... por eso me gusta venir a
visitarte… al favorito de todos ellos...— El hombre de apariencia añil se
acercó a él tocando su mejilla con la yema de sus dedos, el indomable
escorpión, como lo había comparado en más de una ocasión, amaba tocarlo
indebidamente para verlo arrugar el entrecejo, complacido por el gesto poco
sumiso que le demostraba su mirada, tan desafiante. La mano de Kardia golpeó la
de Luzbel dando hincapié a la falta de respeto, odiaba ser tratado como alguien
inferior, en su corazón aun guardaba ese resentimiento, como si esos años donde
fue un ángel sumiso y débil surgieran nuevamente invadiendo su nuevo ser.
Lucifer se alejó por un momento dándole espacio y no se sintiera tan amenazado
—Hiciste un buen trabajo en esta casa… ninguno de mis hijos es mejor arquitecto
que tu— el semblante del escorpión cambió al darle la espalda, caminó hacia la
salida mientras ese ser supremo lo seguía
—Aún le faltan muchos detalles...— hizo mención orgulloso,
pasó su mano por una de las paredes que al tacto se podían escuchar claramente
como las almas gritan de agonía y dolor —Pienso hacer aún más grande este
lugar... — cada esquina era hecha a base de un alma quienes mantenían su resistencia, era imposible que
fuera penetrado por algún ángel no importa su jerarquía, mucho menos el poder
que poseyera. —Deseo perfeccionarla, traer tantos humanos como me sea posible y
devorarlos a todos al mismo tiempo con toda calma...— se relamió los labios de
sólo escucharse —Comienzo a aburrirme hacerlo con sólo uno... — por otro lado,
sus pensamientos no fueron tan lejos al recordar a ese chico, tenía que
regresar en la noche, es el único humano que ha llamado tanto su atención al
grado de devorarlo poco a poco, como una exquisita manzana, la cual no quería
terminarla de un solo bocado..
—No has cambiado de parecer... pero… puedo percibir que
hay algo que te inquieta, ¿acaso… te has obsesionado con algún humano de
nuevo?— Sus palabras hicieron que Kardia se levantará molesto, encarándolo y
colocando sus manos sobre el pecho del individuo para estrujar el cuello de su
camisa, lo que más odiaba era que su mente fuera invadida, que violaran su
confianza.
— ¿Qué es lo que quieres decirme? ¡Te he demostrado que no
volveré a ser quien fui... No me importa si tengo que llevarme entre los pies a
la humanidad, mi misión cambio... Y no habrá ser sobre ningún plano que me haga
desistir de mi decisión…!— Aquella figura delante suya, comenzó a reír, tan
orgulloso de haber recogido a ese ángel años atrás, sus ojos azules cambiaron a
un tono rojo carmesí, adoraba ver a su escorpión enojado.
—Es gratificante que aún sigas siendo tan terco... — tomó
sus manos depositando su suave cero sobre ellas aunque su objetivo por calmar
su molestia no sirvió de mucho, solo empeoro las cosas encendiendo el odio que
había en su pecho —Me encantaría venir en algún momento cuando hagas una
fiesta... — contestó cuando Kardia se alejó aún con una mueca en el rostro de
desagrado.
—Lo haré siempre y cuando le digas a ese mocoso que deje
de vigilarme— tomó uno de los elegantes jarrones que adornaban el pasillo con
un hermoso ramo de rosas, lo lanzó a un punto de la pared y un alarido de un
gato resaltó en ese silencio.
—¡Oye!— el chico de cabello blanco recriminó al estar
completamente mojado —¡Eres un salvaje, por lo menos hubieras escogido uno sin
agua, mi ropa se arruinó!— fue tomado de la camisa y levantado como a un
pequeño minino, el semblante del primer ángel caído fue de desapruebo —Oh… mi
amo… yo… jejeje… bueno… solo estaba jugando, no me mire así...—
—Yo no lo envié, pero… si eso te hace sentir más
tranquilo, me lo llevaré— el demonio menor tragó saliva, cuando su amo lo
miraba serio, solo significaba una cosa, además que había desobedecido una
orden que se le impuso, Lucifer abrió una de las puertas pero no era la habitación
que conduce hacia el comedor, había abierto un portal. —Esperare con ansias tu
invitación...— le sonrió al entrar y cerrar la puerta tras de sí. Kardia se
apresuró a abrirla para seguirlo, más el portal había desaparecido y esa
habitación estaba intacta.
—Si… por supuesto— emitió antes de darse la vuelta y mirar
el reloj en la pared.
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—Has despertado... — Trabajosamente, Kardia abrió los
ojos, encontrándose con dos gemas púrpuras sobre el rostro del joven que estaba
a su lado, una figura de finos rasgos revisó la marca sobre su espalda la cual
comenzó a sangrar. —Mi señor dice que debes reposar, por lo menos hasta que
permitas que el veneno salga de tu cuerpo... — sus palabras no fueron suficientemente
útiles, no entendía a qué se refería con el "veneno" Se levantó del
suelo con algo de trabajo, se levantó gracias a la ayuda de ese extraño quien
lo regresó de nueva cuenta, ahora que lo miraba mejor, le recordaba a alguien
que de inmediato no supo compararlo.
—Tu... Tú estabas en el puesto de Kanon... Tú eras...— Su
presencia era muy similar a la de ese ángel del que una vez recibió órdenes,
sus palabras fueron directas y a la vez al aire creyendo que ese ángel fuera el
que creía.
—El pasado está en el pasado... Ya no lo soy... Ahora soy
un caído como tu... — colocó una mano sobre la frente de Kardia, concentró algo
de su aura para emitir un aire frío que bajaría la temperatura de su cuerpo y
pudiera soportar cuando la transformación se completara, no siempre el señor de
las tinieblas tenía esa consideración con otro demonio, la fiebre era como una
prueba más, si morían o vivían, era algo que no le importaba. —Mi nombre es
Krest ahora... Estoy a cargo del segundo infierno mientras su verdadero dueño
regresa... —
—¿Cómo es que alguien como tu... Un arcángel... Terminó
aquí? — Pregunto mirando hacia el vacío del techo —Tengo entendido que ustedes
son los preferidos de “él”— señaló hacia arriba, su rostro no mostraba
molestia, mucho menos enojo, era como si sus emociones fueran congeladas y solo
actuara conforme a la razón.
—Por la misma razón que la tuya, amé demasiado... — esta
vez mostró algo de nostalgia —Estoy aquí porque sólo así podré proteger a mi
humano... A demás de... — se quedó callado un momento como si estuviera tentado
a continuar con esa oración —De sus hijos... — terminó por decir, una respuesta
maquillada pero en parte verdad, los ángeles tenían el deber de proteger
incluso a los hijos de quien fueran guardianes, sin embargo ahí fue donde la
duda marcó a Kardia, pues Krest, no fue un ángel guardián, era un arcángel, no
tenía ninguna necesidad, a menos que haya algo más allá.
—Yo... no pude proteger a... ¡Agh...! — el dolor apareció
justo al momento de recordar el rostro de Camus, sus lágrimas aún estaban
presentes dentro de su pecho quemándolo como dagas, miró hacia otro lado aun
emitiendo quejidos de dolor. El ex arcángel a su lado solo movió su cabeza de
un lado a otro negando, los sentimientos eran el verdadero veneno, había
experimentado algo similar hace tiempo.
—Debió ser alguien muy importante ese humano para que tu
marca sea tan grande, los ángeles guardianes son tan fuertes como los
arcángeles, sólo que su fuerza depende del humano a quien protegen... — quito
la mano de su pecho siendo esto suficiente, esa temperatura duraría por lo
menos un par de noches más —Debes olvidarte de ese humano, la marca que te
colocaron limpia la esencia de los ángeles y destruye ese lazo que formaste con
él... Sólo así dejará de atormentarte, no sirve de nada luchar si ya has
decidido tu destino...— Kardia, término mordiéndose los labios y no tuvo más
remedio que soportar lo que era inevitable, dejar ir el dolor y sobre todo el
amor que aun sentía por quien cuidó hasta el último momento. Sabía que Krest
tenía razón, de una manera u otra, había decidido quien sería de ahora en
adelante, dar camino hacia atrás sería un suicidio además que su orgullo no se
lo permitía. Pasaron varias lunas, aguantando, muriendo para regresar con más fuerza.
Sus sentimientos fueron cambiados, distorsionados donde los males del mundo
eran una forma de sobrevivir, le quitaron la venda de los ojos, ahora tenía el
verdadero conocimiento, tanto que se le negaba a saber, tanto que le ocultaron,
donde el plano terrenal no era más que un nido de víboras que se devoran entre
ellas, que sufren por mero gusto y estabilidad. Quien cuidaba de él, regresaba
noche tras noche, bajando la mortal fiebre, a veces le era imposible hacerlo,
aquel muchacho de cabellos oscuros y cortos, lo miraba compadeciéndose, sabía
perfectamente que no era la mejor solución, pero... Los ángeles en esos
momentos, eran aún peores que los mismos demonios, sabía que tarde o temprano
lo encontrarían y terminarían la guerra que una vez comenzaron. La lucha
interna donde Kardia sacaba sus peores demonios terminó una noche de luna
llena, su aura oscura había despojado la luz de su cuerpo, el ángel que una vez
fue terminó en el más oscuro rincón de su corazón. Lo había logrado, sus alas
ahora eran más livianas e incluso desprendían un color más brillante, entre su
cabello se escondían dos grandes e imponentes cuernos, siendo para ellos como
una corona. Tomó la bata negra que había sobre la cama, la cual cubrió su
cuerpo incluso hasta sus fuertes piernas. Su primer pensamiento fue buscar a
Krest para darle la noticia de su nueva vida, los pasillos de ese lugar eran
como un laberinto, cada puerta lo llevaba a un lugar distinto de la gran
mansión, salas de tormento, almas perdidas que vagaban sin un rumbo e incluso
castigos ligados a cada pecado capital. Fue detenido por un chiquillo de
cabello entrecano y ojos color miel, quien de la nada salió al querer abrir una
puerta, una que tenía cadenas a su alrededor y tenía una leyenda en latín que
no pudo terminar de leer.
—Aquí
estás... Te he estado buscando por todas partes, mi amo quiere verte — mencionó
y quiso tomar de su bata, pero el aura que desprendía Kardia lo alejó de
inmediato quemando sus dedos —Wow, increíble, que energía tan poderosa... Y eso
que aún no has devorado un alma... — Kardia mantuvo su postura sin decir una
sola palabra, aunque debía admitir que se sentía algo débil a pesar de todo.
Camino a su lado recordando a la perfección el camino en ese laberinto —Mi
nombre es Cheshire... Tú debes ser Kardia ¿no? Mi amo está muy interesado en
ti, debes tener algún dote en especial... — casi parecía saltar al caminar, no
dejaba de hablar sobre él, así como de su amo, no le interesaba mucho, sólo
pensaba en su cuidador y cómo podría encontrarlo. Finalmente su voz resonó
entre las paredes sin hacer mucho esfuerzo rompiendo ese escándalo que el menor
no dejaba de cacarear
—¿Donde
esta Krest? — preguntó, si tanto se metía en la vida de los demás, tenía que
saber el nombre de todos, sin mencionar que era el sirviente personal de
Lucifer.
—Oh...
Pues... — el chiquillo de sonrisa felina se quedó callado por un instante para
no tartamudear en su mentira, no le estaba permitido hablar y mucho menos de
ese ángel —Él, verás... Fue asesinado por un ángel... o bueno… eso fue lo que
escuché...— movió sus hombros no dándole importancia, terminó por decirle sin
estar realmente seguro que lo creyera, si llegara a decirle a Lucifer que él le
dijo eso, terminaría mas tostado que un humano. Kardia no pregunto más hasta
que llegaron a una enorme puerta roja con grabados dorados, Cheshire dio un
paso hacia atrás para no interponerse más. —Bueno, pasa, no me está permitido
pasar si no he sido llamado a demás que sería reprendido por mi señor al ser
tan entrometido... — Kardia miró con atención la puerta mientras sus pies se
arrastraron, tocó la puerta reconociéndola como si fuese algo real y no otro
sueño que su mente le jugó durante tantos días, empujo suavemente para abrirla,
a su alrededor todo era muy distinto, nada parecido a ese lugar de luz cuando
platicaba con Dios. Un enorme escritorio en medio del lujoso estudio estaba
postrado con orgullo, estantes con libros que ni siquiera en mil años podría
terminar de darles una simple ojeada, a simple vista podría saber que el
alfombrado estaba bordado a mano con destellos de hijo completamente hecho de
oro. Algo inimaginable, así como el decorado artístico que no perdía cada
esquina. Debía imaginarse, pues cada esquina gritaba tentaciones por todos
lados
—Me
siento orgulloso que hayas sido capaz de soportarlo... — La voz suave al oído
fue escuchada por el demonio que arrastraba sus alas por el pasillo, Lucifer
era el único con esa voz que era más lírica que cualquier ángel. —Sobre todo
después de la pérdida de Krest... Quien cuidaba de ti... — bajo del escalón con
un libro sobre su mano, su cabello era entrecano, del mismo tono de aquel chico
que lo había guiado hasta ahí, con la mínima diferencia, que sus ojos eran dos
granates ardientes, su vestimenta color negro hacía un excelente contraste con
lo pálida de su piel. —Aún no soporto que uno de mis mejores hijos haya
terminado así... Él es el segundo en ese puesto... — Sus palabras llamaron la
atención de Kardia —En fin... No quiero hablar sobre eso... — retiro los
anteojos sobre su rostro y se acercó poco a poco cerrando el libro que había en
sus manos, sin ningún problema, pasó sus dedos sobre su barbilla, apreciando el
bello rostro de su nueva adquisición. —Eres perfecto... Tal y como imaginé... —
la mano de Kardia de inmediato retiro sus dedos, detestaba ser tocado como a un
objeto, ni siquiera en el cielo alguien fue capaz de acercarse de esa manera a
él
—¡Sabes
perfectamente porque vine...! Ve de una vez al grano, soporte el mismo infierno
en mi cuerpo, te entregué lo que quedaba de mi esencia, ¿qué más necesito para
demostrarte que no volveré a ser un ángel de él? — sus ojos azules se volvieron
tan opacos que casi podía apreciarse cómo se encendían, incluso aquella marca
brillo con la misma intensidad apreciándose a través de la bata.
—Está
bien... Yo te mostraré el camino... — La sonrisa de Lucifer se amplió dando
inicio a algo que más tarde se sentiría orgulloso, tomo la vida de un ángel a
base de engaños, mentiras y sobre todo dándole las más oscuras tentaciones que
jamás pudo imaginarse, con el tiempo, Kardia comprendió que la única forma de
poseer un cuerpo, seria tomando no solo el cuerpo, si no el alma de un ser
humano.
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Cheshire,
se mantuvo vigilando a Kardia aún después que Lucifer le entregara el segundo
infierno, aún no confiaba totalmente en él, sabía que terminaría
traicionándolo. —Mi amo... Vengo a darle noticias... Yo... Creo que algo está
tramando esta vez... — se inclinó más no perdió esa sonrisa ladina —Nuestro
príncipe conoció a su antiguo humano... Al que protegía... — Sabía que aquella
visita había sido un error, y sobre todo dejarse descubrir por Kardia delante
de su amo, sería un verdadero castigo.
—Eso no
significa nada, Vétala no permitirá que se acerque tanto... Además, aunque lo
sepa, no será una amenaza, el vínculo es importante... Sin él seguirá siendo un
demonio, los demonios no protegen, sólo destruyen...— aquel hombre se quitó la
elegante ropa cambiándose parte de la túnica que descansaba sobre sus hombros
disponiéndose a vestirse para descansar después de un largo camino que recorrió
a través de los infiernos.
—Pero
si... Llegará a saber la verdad... Sólo tal vez... ¿No cree que debería...? —
la voz fuerte de ese ser resonó en las paredes de la habitación, provocando
miedo en Cheshire
—Es
suficiente Cheshire... — interrumpió provocándole escalofríos al menor —Todo
fue perfectamente pensado... Las enfermedades en cada humano de ese ángel fueron
provocados por que así se planeó... El despojo de sus alas, la persecución y
sobre todo sacar del camino a su ala gemela por un tiempo para que no nos
estorbara... De no ser así, nunca hubiéramos podido deshacernos del padre y esa
humana... Ese niño debe seguir sellado o todos seremos destruidos por un simple
soplo suyo… su muerte seria nuestra redención… compréndelo, ya te lo he dicho
en más de una ocasión— Cheshire se retiró sin decir una sola palabra más o
sería castigado por blasfemia, su amo sabía lo que hacía, no por nada era el
amo y señor.
—Cheshire
tiene razón… sigo pensando que fue una mala idea que Kardia terminará siendo un
guardián del infierno... Te traerá muchos problemas después... — La puerta de
la habitación fue cerrada por un ángel de blancas alas quien se escondía detrás
de la puerta, sus ropas eran muy distintas a las que usaba en el cielo. Saga
con paso firme, abrazo por la espalda a ese ser opuesto a él con el amor que se
juraban entre ellos, sus alas lo rodearon protegiéndolo como así había sido
desde que fueron creados. —Aunque… no le servirá de mucho ir a llorar al cielo…
aún hay quienes piensan que tu debiste quedarte en su lugar...— Su calidez le
permite tocarlo, degustar de su aroma, toma su mano para acariciarla sobre sus labios.
—Es mejor
tener a tus seres queridos cerca... — tomó su rostro girando el suyo para
acariciar sus labios con los suyos —Pero es mucho mejor tener a tus enemigos
aún más cerca... — Un ángel tal como lo dijo Krest, tomaba su fuerza de quien
protegía, en su caso, ambos compartían un poder tan grande que cegaron sus ojos
a otros, siendo el uno para el otro, así sus ideas fueran contrarias, sus
sentimientos eran uno solo.
—Arles...
Dime que lo destruya y lo haré... — mencionó uniendo su boca con la suya,
lentamente su lengua se abrió paso a su interior para jugar en el interior de
su cavidad bucal, morder sus labios cuidando de no lastimarlo —Déjame
protegerte como tú lo hiciste conmigo... —
—Todo a
su debido tiempo... Sólo... Continúa vigilando a ese ángel, déjalo que sea
feliz con su humano, es una buena carnada… tarde o temprano… él caerá como su
ala gemela... — giro para rodear sus brazos sobre su cadera y pegar su cuerpo
al suyo —Te prometo que me vengaré por habernos separado... Por cada día que sufrimos...
— el amor entre ellos se hizo más intenso sobre la cama, los gemidos, jadeos e
incluso gritos se llegaron a escuchar en toda la habitación, sus cuerpos se
entregan uno al otro mostrándose devoción, las alas del arcángel se vuelven
opacas cada que el demonio termina marcando su cuerpo como suyo, no solo
físicamente, la lujuria es un pecado al cual se ha entregado sin resistencia.
Esas dos figuras aperladas por tanto deseos que desprenden emiten un aroma a
sexo, sangre que al combinarse no es más que un afrodisiaco.
En otra
época, ambos juraron lealtad a un solo Dios que pronto les dio la espalda,
Arles sin poder soportar más, fue arrojado junto a los demás ángeles, entre
ellos, el mismo Lucifer, tras ser engañado decidieron regresar al cielo a crear
una nueva batalla donde fue sellado por más de mil años, solo así Arles pudo
tomar el control de los infiernos. Los años pasaron y tras la promesa, Lucifer
nuevamente fue soltado, los ángeles caídos estaban ansiosos que su regreso
fuera un nuevo comienzo pero… Arles se encargó de sellarlo nuevamente,
usurpando hasta los días de hoy ese lugar que no le correspondía, Saga por otra
parte, tenía un problema más grave, una profecía que estaba por cumplirse, una
que terminaría de una vez por todas con los males del mundo, terminaría siendo
un equilibrio entre los planos. Fue en ese momento que abrió los ojos a la
verdad, a su parecer Dios estaba equivocado, el planeta aun no tenía que ser
entregado a los humanos por que no tenían la suficiente madurez, mucho menos
comprendían después de tantos años que estaba bien y que era lo malo. Su ala
gemela y él se han dado a la tarea de destruir todo a su paso… si era posible…
incluso si rompían las reglas establecidas entre los planos.
HERIS
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